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Anàlisi :: guerra
Irak revitaliza el extremismo islámico
22 mar 2004
Irak revitaliza el extremismo islámico
El Mundo, 20 de Marzo, 2004
IAN BURUMA
Un año después, la mayoría de las razones que se esgrimieron para invadir Irak han sido desacreditadas. Pero los abogados de la guerra todavía cuentan con un argumento convincente: las tropas estadounidenses no pretenden imponer sus valores, ni tan siquiera los valores occidentales, sino «los universales». El razonamiento subyacente es que Estados Unidos representa, en sí mismo, los mencionados valores universales y que la libertad para buscar la felicidad, para elegir a los nuevos líderes y comercializar en mercados abiertos debería ser compartida por todos, independientemente de su Historia, raza, cultura o credo.
Algunos se preguntarán si Estados Unidos es un ejemplo tan brillante como a menudo afirma de todo lo anteriormente mencionado. Sin embargo, la difusión de esta idea es sin duda una política mucho más llamativa que la de apuntalar a sus dictadores en nombre de la verdadera política. Aún así, la Historia demuestra que la forzosa imposición de ideas, incluso decentes, que reivindican el universalismo tiende al fracaso, creando no conversos sino enemigos que harían cualquier cosa por defender su sangre y su tierra.

Recordemos la Francia napoleónica. La intervención armada de Francia resultó profundamente molesta. Algunas reacciones de los invadidos fueron relativamente benignas: poesía romántica ensalzando el alma nativa o gusto por las raíces folclóricas.Pero en otros casos el alma nativa, especialmente en Alemania, se volvió amarga y se convirtió en antiliberal, anticosmopolita y antisemita. Algunos nacionalistas del siglo XIX afirmaban que Napoleón era judío, no sólo porque liberó a los judíos de sus guetos y declaró que Francia sería su tierra natal, sino también porque los ideales universales que prometen la igualdad para todos a menudo se han asociado con un cosmopolitismo sin raíces, lo que a sus ojos es sinónimo de judío.

Tan pronto como Napoleón Bonaparte fue vencido en Waterloo, la legislación liberal que instituyó en Prusia quedó anulada. Y un siglo después, el resentimiento sembrado por la liberación armada de Napoleón dio sus más amargos frutos en forma de una Alemania nazi.

Puede que los extremistas árabes y musulmanes nunca fuesen tan poderosos y letales como la gran Alemania del siglo XX, pero ya se han cobrado su terrible precio. Una vez más, una nación con la misión universalista de liberar al mundo está creando enemigos peligrosos y una vez más se culpa a los judíos de ello.Esto no procede necesariamente del odio del mundo islámico a la democracia, sino de que el uso de la fuerza armada, combinado con la hipocresía de perseguir a un dictador mientras se mima a otro, el arrogante fanatismo de algunos ideólogos americanos y los fallos de una ocupación torpe y desmañada, está empañando el nombre de la misión democrática de Estados Unidos.

Uno de los problemas de que las tropas estadounidenses liberen Oriente Próximo es que esto confirma la opinión de que tanto los musulmanes como los occidentales ven la Guerra de Irak como parte de una guerra religiosa -un «choque de civilizaciones», según palabras del politólogo Samuel Huntington-. Aparentemente, no obstante, ésta parece una hipótesis poco probable. Sadam no gobernó un estado islámico; fue mucho más allá asesinando a un gran número de musulmanes. Sean cuales sean sus valores, sería un insulto afirmar que representan a la civilización árabe. Y aunque Tony Blair -también un aficionado a estos «valores universales»- y George W. Bush sean cristianos, la religión no parece desempeñar un papel principal en sus objetivos bélicos.

Pero para muchos musulmanes árabes de dentro y fuera de Irak, ésta no es una guerra desatada por «sionistas y cruzados» para mantener dominados a los musulmanes o, lo que es peor, para imponer una civilización extranjera a una nación árabe. Esta es más bien la forma en que los extremistas islámicos lo ven, porque ellos siempre creyeron en la tesis de Huntington.

No obstante, los islamistas no representan a la civilización musulmana no árabe de la misma forma que la Coalición Cristiana o los sionistas no representan a Occidente. Irak es el ejemplo perfecto de cómo se levantan las barreras étnicas, religiosas y culturales dentro de las fronteras nacionales. El futuro de Irak no se está forjando a partir de una batalla entre Oriente y Occidente o entre musulmanes y cristianos, sino a partir de una pugna entre chiíes y suníes, kurdos y árabes, baazistas y demócratas. La principal barrera que atraviesa la mayor parte de sociedades musulmanas no es siquiera la que existe entre laicos y religiosos, sino la que hay entre musulmanes con distintas ideas.

Los islamistas que representan a Al Qaeda son revolucionarios religiosos. Pero es perfectamente posible que un musulmán practicante se manifieste en contra de la intervención estadounidense, su capitalismo de mercado, la libertad sexual y la importación de películas de Hollywood sin contenido revolucionario teocrático.Una persona así podría ser un reformador moderado que cree, como creían muchos europeos hasta hace tan sólo unas décadas, que la política democrática se organiza mejor sobre unas directrices religiosas.

La verdadera pregunta que hay que plantear a los universalistas occidentales es si la causa de los musulmanes moderados se ve fortalecida por la guerra revolucionaria que han disparado Estados Unidos y sus aliados británicos dado que la Guerra de Irak es eso: no un choque de civilizaciones, sino una revolución desencadenada por fuerzas externas.

No parece haber muchas dudas de que la mayoría de los iraquíes se alegraron de la desaparición de Sadam Husein. Muchos de ellos habrían agradecido a EEUU y Gran Bretaña su ayuda si las fuerzas de coalición hubiesen regresado a casa de forma más rápida, dejando en Irak una administración que funcionase, electricidad, agua corriente y calles seguras. Esto, por supuesto, no habría sido posible incluso aunque Gran Bretaña y Estados Unidos hubieran hecho todo a la perfección. El hecho de que la coalición se equivocara de forma tan espectacular no hizo más que empeorar las cosas.

Irak es ahora un lugar tan violento y caótico que la retirada de las tropas resultaría completamente irresponsable, y es posible que diese lugar a la aparición de más partidarios de Huntington, sobre todo entre los árabes que viven fuera de Irak y que nunca sintieron el azote del látigo de Sadam Husein en su espalda.

Ante lo que se considera como una continua agresión occidental, resulta duro para los musulmanes de cualquier país adoptar una postura fuerte contra los compañeros musulmanes por temor a ser tildados de traidores. La Red Islámica Liberal, por ejemplo, ha realizado un trabajo digno de mención al promocionar una forma moderada del islam en Indonesia, donde los extremistas volaron una discoteca de Bali en el año 2002. Estos musulmanes liberales abogaban por la separación entre Iglesia y Estado y por una interpretación no literal del Corán. Luchaban contra el extremismo sin resultar títeres americanos, hasta que las tropas estadounidenses invadieron un país musulmán.

«Cuando se produjeron los bombardeos en Bali, pensé que los grupos fundamentalistas se desvanecerían porque la gente se daría cuenta de su error», afirmó una miembro del grupo Nong Darol Mahmada.«Pero ahora la Guerra de Irak se convierte en una nueva justificación para la actitud fundamentalista hacia Estados Unidos y Occidente.Aquello por lo que hemos trabajado (la democracia, la libertad de pensamiento) parece haberse desvanecido». Tal vez se equivoque.Pero por el momento, en Irak y más allá de sus fronteras, la misión neoconservadora está logrando objetivos opuestos a los que se planteó.

Ian Buruma es experto en asuntos asiáticos, catedrático en el Bard College y coautor del libro Occidentalism: The West in the Eyes of the Enemies (Occidente en los ojos de sus enemigos), que aparecerá en los próximos días en Estados Unidos.
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