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PELIGROS DEL ABSOLUTISMO
21 mar 2004
UNIVERSALIZAR UNA CONDENA DE LA âOBEDIENCIA CIVILâ? LLEVA CONSIGO LOS PELIGROS DEL ABSOLUTISMO
El activista de los derechos civiles e historiador y escritor progresista norteamericano Howard Zinn escribió el siguiente punto de vista:

âLa desobediencia civil no es nuestro problema. Nuestro problema es la obediencia civil. Nuestro problema es aquellos números de gente por todas partes del mundo que han obedecido los dictados de los líderes de sus gobiernos y han ido a la guerra, y millones han sido matados por causa de esta obediencia⦠Nuestro problema es que la gente es obediente por todas partes del mundo en el enfrentamiento de pobreza e inanición y estupidez, y guerra, y crueldad. Nuestro problema es que la gente son obedientes al mismo tiempo que las cárceles están llenas de pequeños ladrones, y todos los grandes ladrones están dirigiendo el país. Ãse es nuestro problema.â?

Vean el texto original en inglés aquí:
http://indymediapr.org/news/2004/03/2087.php

He traducido el pasaje al castellano para que un mayor número de personas tenga acceso a su contenido, y también para contribuir mi reflexión al respecto.

En general, los trabajos de Howard Zinn son para mí instructivos y bienvenidos. Tengo además mucho respeto por su experiencia de historiador y escritor y activo luchador por la justicia social y política.

Lo que a continuación discuto no es para desacreditar su persona ni su trabajo, ni mucho menos. Mi problema es con los argumentos no con las personas. Me parece que tanto el pensamiento de Zinn como el tuyo y el mío y el de todos, una vez que sale a la luz pertenece al dominio público y está sujeto a todos los tipos de interpretaciones. Y supongo también que todos aportamos nuestras opiniones en un espíritu de contribución, pero nunca pensando que nuestras ideas se tomen como verdades labradas en piedras. Es en este espíritu de percepción que yo planteo mi reacción al texto para discutir lo que veo como peligros del absolutismo.

Déjame usar las siglas OC para âobediencia civilâ? y DC para âdesobediencia civilâ? por el amor de simplicidad. Estos dos conceptos, a mi modo de ver, no dependen tanto mucho de las cualidades morales personales como de las circunstancias históricas y concretas en que la gente están inmersas. Pero al mismo tiempo, y paradójicamente, las cualidades morales personales también tienen una opción relativa para rechazar o aceptar el impacto de las fuerzas externas de las circunstancias históricas.

En este contexto de realidad social estoy de acuerdo con Zinn que la OBEDIENCIA CIVIL es un problema muy serio. Y sobretodo, por ser una de las causas por la que millones de gente han ido a las guerras a matar y a morir; por la que nuestras sociedades están plagadas de patologías; por la que la población civil nazi fue cómplice del exterminio judío; y por la que ahora los judíos sionistas han cometido un genocidio en Palestina. OC es también responsable del más grande holocausto cometido por los colonialistas europeos contra la humanidad de la población nativa del continente americano.

Con lo que no estoy de acuerdo, sin embargo, es con el intento de universalizar o absolutizar una condena de la obediencia civil, o de la desobediencia civil. Pongamos el pueblo de Venezuela por ejemplo. El problema para mí en este país no es tanto la obediencia civil de aquella gente que sigue la línea de su presidente y gobierno con la esperanza de que su autodeterminación nacional y su revolución bolivariana se profundicen. Al contrario, el problema mayúsculo en este país es la desobediencia civil de aquella gente en la oposición golpista que quieren derrocar al presidente, y que, para ese fin, desobedecen a su líder de gobierno, pero obedecen a la línea de Washington.

En Cuba pasa lo mismo. Aquí el problema no es OC. El problema es DC. En Cuba, OC es un acto admirable cuando miles de jóvenes y adultos cubanos siguen la línea de su gobierno para llevar miles de vacunas contra la meningitis a los últimos rincones del tercer mundo para combatir la enfermedad en un acto fundamentalmente humanitario. DC, en cambio, es un acto despreciable cuando un número de gente organizada en el âproyecto Varelaâ? desobedece la línea de su gobierno, pero obedece la línea de Washington para derrocar al presidente o atentar contra su vida. Estos señores son desobedientes para adentro pero obedientes para afuera. Ãse es el problema â en Cuba, en Venezuela, y en algunas otras naciones.

Así que, cuando Zinn nos dice que ânuestro problema es aquellos números de gente por todas partes del mundo que han obedecido a los dictados de los líderes de sus gobiernosâ? me resulta una generalización de pensamiento sospechosa de los peligros del absolutismo.

Hay por supuesto otras situaciones en que OC es más el problema que DC. Cuando miles de jóvenes norteamericanos han ido a matar y a morir a las guerras en Vietnam, en Irak, o en centroamérica, el problema serio para el país es OC. El problema es también OC cuando la gente estadounidense ha obedecido históricamente a los valores oficiales del racismo y la esclavitud para discriminar y oprimir a otra gente. Pero cuando la gente norteamericana se ha organizado en las luchas de los movimientos civiles desobedeciendo aquellos valores racistas y de agresión, DC no podría nunca ser el problema del país.

En fin, el intento de universalizar una condena de la âobediencia civil,â? o de la âdesobediencia civil,â? lleva consigo los peligros del absolutismo clásico del imperialismo norteamericano. Tanto OC como DC son dos aspectos objetivos de la existencia social que se determinan mutuamente en sociedades histórico concretas. Querer separar o excluir un concepto del otro para imponer un standard universal, positivo o negativo, yo creo, entraña un acto arbitrario del intelecto. Un acto cuyo absolutismo ignora que en unas circunstancias OC puede ser el problema pero que en otras puede ser la situación ideal; y lo mismo pasa con DC.

--WG.
Sindicat