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Por qué los pobres votan a los ricos
18 mar 2004
Por qué los pobres votan a los ricos
Fecha Jueves, 11 marzo a las 08:51:49

http://www.red-libertaria.net/portada/index.php
Por qué los pobres votan a los ricos
Fecha Jueves, 11 marzo a las 08:51:49

Que la democracia formal se ha convertido en el medio más eficaz que tienen los poderosos para legitimar su explotación, es algo que cada vez ofrece menos dudas. Los ricos están en el poder porque les votan voluntariamente los pobres. No porque, como antaño, se impongan por la fuerza de las armas, hagan trampas con las votaciones o compren a los electores. De todo eso sigue habiendo, pero ya no es lo esencial. Hoy los de arriba no tienen necesidad de actuar como simples energúmenos. Las cosas están de tal forma que el gobierno de una minoría rica sobre la inmensa mayoría empobrecida constituye una cotidianeidad democrática. En España nunca ha habido diez millones de ricos que votan al Partido Popular
El nuevo paradigma de las sociedades de consumo es un hombre un voto y el poder para los de siempre. Pero, ¿cómo hemos llegado a esto?. Hemos llegado a esto a través de un proceso de claudicaciones, fracasos, extravíos y derrotas. Pero sobre todo porque el ciudadano actual ha renunciado a la solidaridad con su entorno, asimilando como propia la cultura basura que brinda el sistema. Existe un hombre nuevo, pero es tan decadente como el propio capitalismo y sus registros más alienantes. Hoy el ciudadano común es un paria sin saberlo. Porque la gran victoria del poder es comprar su adhesión haciéndole sentir como todo un señor.
La madre de todas las derrotas que ha dibujado este escenario deriva de una revolución triunfante. La única que han conocido los últimos siglos. La revolución burguesa que apuntaló al feudalismo para dar paso al Estado-Nación, el sufragio censatario como expresión política y el mercado. Sobre estos parámetros levantó sus pilares la cultura democrática occidental. Lo que sucede es que durante un tiempo, mientras el aparato productivo era aún precario y se mostraba incapaz de satisfacer el exceso de demanda, la clase trabajadora se construyó sobre un mundo propio de valores, resistencias e intereses comunes.
Hasta que llegó la producción masiva, la automatización y la sociedad de consumo. Entonces el trabajador fue abandonando su primitiva posición a la contra para incorporarse, siquiera sea virtualmente, a la cultura de la ideología dominante. Es ahí donde nace el ciudadano postmoderno, un ser con mentalidad de propietario, encapsulado en su propia identidad y orgullosamente insolidario. Un ciudadano pasivo, consumista por encima de todo, que entrega la capacidad política a las clases gobernantes con la esperanza de que le permitan seguir acaparando sin perturbaciones en su mediocre confort.
Es en éste contexto, coincidente con el derrumbe estrepitoso del Capitalismo de Estado practicado en los países del Este, donde se inscribe la fase operativa de destrucción del llamado Estado de Bienestar e incluso del desmantelamiento del Estado de Derecho. El Estado Social de Derecho, que visualizaba la superioridad política, moral y material del sistema de libre mercado frente al colectivista, se convirtió de la noche a la mañana en un obstáculo para lo planes de expansión del neocapitalismo global. La única seguridad jurídica que interesaba mantener era la que afectara al sistema de mercado autorregulado.
De ahí que, tras un bucle de más de dos siglos, los mecanismos de control político del poder sigan en la misma estela del primitivo sufragismo censatario, aunque en la actualidad el voto se haya universalizado y generalizado, popularizado. En teoría el canon prescribe que un hombre es un voto, lo que en buena lógica debería significar que las mayorías que representan a los sectores más desfavorecidos de la sociedad no han de entregar el gobierno a los ricos. Pero sucede todo lo contrario. Son los pobres, imbuidos de esa mentalidad de nuevos ricos virtuales, quienes votan a los poderosos, aportando de paso plena legitimidad a su explotación. La lógica del Poder elimina de su doble contabilidad a los abstencionistas, aunque cada vez sean más el partido más votado.
Estabulada la democracia en un ritual de votación cada cuatro años, sin participación real en la esfera pública, se logra pacífica y libremente la institucionalización de lo que Le Boitie llamó la âservidumbre voluntariaâ?. La democracia realmente existente como mutación de la democracia verdadera, que no es sino la acción directa de una ciudadanía responsable. Lo que Fukuyama elucubró como su teoría del fin de la historia.
Los ejemplos de esta perversión son muchos. Quizás el más revelador de este soberanismo del individualismo propietario radique en la aprobación por amplios sectores de las clases medias y bajas de políticas de regresividad fiscal. Son innumerables los trabajadores que votan a la derecha porque promete bajar los impuestos, en la creencia de que esa vuelta a la desigualdad de oportunidades beneficiará a los que tienen algo suyo, casa, coche, trabajo fijo, vacaciones o simplemente deudas. Petrificada la democracia en un ritual de votación cada cuatro años, sin capilaridad social para los asuntos públicos, se logra una coreografía de víctimas ensalzando a sus verdugos.
Pero no toda la culpa de esa falsa conciencia que hace a los de abajo echarse en brazos de los de arriba se debe al solipsismo rampante. La gente, como ayer hacían los púlpitos, ha sido educada en la resignación y la integración por partidos políticos de izquierda y organizaciones sindicales más atentas a crecer como estructura de poder que a mantener una dialéctica de ilustración y progreso social con sus referentes. En su renuncia a una cultura propia, con primacía de valores humanos frente a los del mercado, estas organizaciones no han hecho más que reproducir el sistema competitivo-destructivo del capital. Al oligopolio que gobierna en el mercado se superpone el oligopolio plutocrático en la política.
Por eso se da el contrasentido de que ni las bases sindicales juntas, ni los parados suman votos suficientes para derrotar a la derecha. Se puede ser obrero y reaccionario. Es la postmodernidad. Ya no esta claro que la emancipación de los trabajadores sea siempre obra de los trabajadores mismos.
De ahí que todo lo que se base únicamente en buscar salidas biográficas en una democracia cuantitativa, sin conllevar un cambio radical en los valores, esté condenado a consolidar el statu quo. Aunque tampoco caben acrobacias mentales que pretendan el más difícil todavía de una transformación total ignorando la base social vigente y la psicología de las masas. Normalmente esas piruetas terminan en repuntes de sociedades fascistizadas. Como se cansaron de repetir algunos sabios libertarios, la verdadera revolución es la evolución continua, porque sólo los valores asumidos, que se metabolizan como cultura vital durante generaciones, producen auténticos hombres nuevos. La revelación siempre precede a la revolución.
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Comentaris

Re: Por qué los pobres votan a los ricos
18 mar 2004
Buen analisis!

La verdadera revolución es la evolución continua, porque sólo los valores asumidos, que se metabolizan como cultura vital durante generaciones, producen auténticos hombres nuevos. La revelación siempre precede a la revolución.

De aquí la Telebasura y una educación reaccinaria... opio para el pueblo.

Finiquitada la religión.... se inventa salsa rosa i los 60.000 € por un sms de 2€

A ver quien es capaz de aguantar el bombardeo de las TV's?

El primer objetivo de la revolución es ya la television.

O no?
Re: Por qué los pobres votan a los ricos
19 mar 2004
Acertado diagnóstico sobre el análises de la realidad, pero yo no he podido evitar ir a votar contra la derecha del sistema por primera vez a los 50 años.
Soy un trabajador de tve y no sabes lo difícil que es hacer la revolución aquí dentro contra los comisarios de los gobiernos de turno, todos los sus ayudantes y trabajadores peseteros.
salud
Sindicat Terrassa