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Notícies :: criminalització i repressió
Els 'democratics' gossos d'Ibarretxe
17 mar 2004
Article d'un testimoni de l'actuació dels policies autonòmics bascos en les manis contra l'assassinat policial d'angel berrueta i kontxi sanchiz.
José Luis Rezabal (*)
Provocación

Ayer en las calles de Donostia un grupo de ertzainas se dedicó, lisa y llanamente, a provocar. Había más de un agente cuya actitud, gestos y palabras delataban a las claras las ganas que tenían de «intervenir». De hecho, en un momento dado, en voz audible, hubo ertzainas que mostraron su enfado cuando recibieron la orden de no cargar y permitir el desarrollo de la manifestación. Por suerte, la gente que se manifestaba, las personas que más de cerca sufrieron el chaparrón de insultos y acoso, no respondió ni verbalmente. De haberlo hecho, no cabe duda de que se hubiera desencadenado una carga.

En un punto dado, superada la Avenida y fuera de la vista del «respetable», la dotación que iba detrás de la manifestación descendió de la furgona y se situó inmediatamente detrás de la última fila de manifestantes, personas jóvenes en su mayoría, en una actitud cada vez más hostigante. «Venga, venga, ligeritos»; «Venga, agru- paros, que la mierda junta huele menos», azuzaban. La situación se tensó, llegando a darse con- tacto físico de los ertzainas contra la última fila, cayendo incluso más de un golpe de escudo o bocacha sobre unas jóvenes. «¡Cuidado! Que el piso está mojado y os vais a resbalar» fue la mofa constante. A otras personas les pusieron la zancadilla un par de veces; al final de la manifestación una de ellas, joven, fue identificada por los agentes.

Percatándose de lo que ocurría, una serie de personas mayores se fueron situando entre las últimas filas de jóvenes y la dotación policial; un sindicalista solicitó sin éxito a los agentes que se tranquilizasen. Las personas de la última fila tuvimos que oír de todo («subnormales, inútiles, hijos de puta...»). Todas las frases que aquí se recogen se pronunciaron realmente, básicamente por dos agentes, con la intervención ocasional de un tercero, y ante la pasividad absoluta del mando de grupo. Porque se supone que alguien tiene el mando entre los ocupantes de un furgón policial, ¿no?

Se oyó «Que viva España», «Arriba España» y «Viva Zapatero» en más de una ocasión; después vino «Como Angel y Kontxi, todos como ellos»; «En 72 horas terminamos con el problema», «A ver si os va a dar un infarto»Š Y, como tanto la última fila de edad como las personas jóvenes que iban delante no respondían, más provocación: «Qué silencio hay aquí, aquí no se grita; ¡cobardes!». Los agentes escuchaban gritos alusivos a la Ertzaintza desde filas más adelante, y ellos sí comentaban: «Y encima tener que aguantar eso». Insultos directos y el constante hostigamiento escatológico: «juntaros, agruparos, que la mierda junta huele menos». A la altura del Hotel María Cristina una señora que participaba en la manifestación fue increpada con «te gusta tanto chuparla que lo haces gratis y te alimentas de la 'lefa' (semen)».

Según la manifestación avanzaba por la calle Okendo hacia el Bulevar, un agente espetó al sindicalista maduro: «Carca, sepárate cuando llegues al Bulevar, que voy a coger carrerilla contra todos esos chavales». Segundos después, otro ertzaina se despegó del grupo corriendo por el lateral gritando: «¡Están cogiendo piedras! ¡Uno se las ha metido en el bolsillo!»Š algo que nadie más había percibido. Sólo entonces una voz de mando ordenó la retirada e hizo a su pelotón volver al furgón. Pero hasta entonces, insistimos, ni una palabra de reproche o llamada al orden a los agentes que con tanto empeño buscaron provocar un enfrentamiento y se dedicaron a insultar a quienes se manifestaban. Tampoco el resto del pelotón intentó acallar a sus compañeros.

Se sintieron cubiertos por la impunidad. Porque resulta imposible determinar quiénes son los azuzadores: miras a los agentes intentando precisar quién insulta, pero los uniformes negros no presentan ningún signo de identificación (número, placa) que permita a la ciudadanía que padece abusos presentar denuncia, concretándola como se nos exige. Las y los agentes po- liciales pueden identificar a todas las personas que estábamos allí; nosotras, por el contrario, sólo podemos contar, palabra por palabra, lo visto, oído y aguantado. Estamos en clara desventaja. Eso sí, los mandos del Departamento de Interior saben perfectamente qué dotaciones estuvieron ayer en esa ma- nifestación. ¿Serán capa- ces de investigar, aunque sea internamente, esos comportamientos? ¿Es parte de la función policial provocar a manifestantes?

Ayer fue la actitud serena, tragándose la indignación, de las personas que iban a la cola de la manifestación la que evitó males mayores. La gente se contuvo ante un hostigamiento tolerado por quienes estuvieran al mando. Eramos personas maduras, a quienes se nos calienta la sangre pero que somos capaces de medir el valor del silencio antes de caer en una provocación burda. Como mucho, el choque de miradas, sostenerlas sin temor. Pero ¿qué puede pasar en una circunstancia similar con gente joven, lógicamente más propensa a saltar ante el insulto y el hostigamiento? ¿Cómo no va a haber incidentes si al ánimo inflamado se le arrima la cerilla de este tipo de provocaciones y no siempre hay cortafuegos?

No es nuestra intención añadir tensión a una situación trágicamente demasiado cargada. Pero sí creemos que es obligado dar a conocer estas cosas. La denuncia es necesaria para la tan maltratada y escasa «higiene democrática» que se dice desear y defender. Denuncia pública en este caso, pues es la única que nos queda cuando, como decimos, la identificación de los responsables directos es imposible. Con la denuncia, la apelación a la reflexión. La sociedad vasca vive demasiadas tensiones; las muertes de Angel Berrueta y Kontxi Sanchiz están irremediablemente ligadas la una a la otra, aunque las circunstancias de una y otra no sean iguales. Pero ambas exigen ser aclaradas, y a los poderes públicos cabe reclamarles que se investigue, y, también, que no contribuyan con actitudes como las de estos días a echar leña al fuego. -


(*) Firman también el artículo Bea Alkorta, Gotzone Astiazaran, Olatz Arozena, Alex Esnal, Gotzon Etxarri y Teresa Toda.
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