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Notícies :: guerra
Víctimas de una guerra
14 mar 2004
Editorial de la Asamblea Indyestrecho Granada sobre los atentados del 11-M y las movilizaciones sociales
V?CTIMAS DE UNA GUERRA

Doscientos muertos en una de las peores masacres que podemos recordar no han sido suficientes para que la clase política, y en especial la del Gobierno de José María Aznar, se apee de la demagogia. La ciudadanía ha asistido a unos de los espectáculos más deleznables que hubiéramos podido imaginar pese a los numerosos precedentes: la rentabilización política del atentado de Madrid.
En primer lugar cabe denunciar el uso que el PP ha hecho de la tragedia, lo que resulta más doloroso si tenemos en cuenta que todos los partidos suspendieron, a raíz del atentado, la campaña electoral. José María Aznar, a las pocas horas de la catástrofe, comparecía en los medios para convocar a los españoles a una manifestación que llevara por lema “Con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo?. Muchas y muchos nos quedamos estupefactos. En medio de la indignación y la impotencia, Aznar imponía una pancarta de apoyo no sólo a las víctimas, sino también a la Constitución española. Se nos venía así a decir que quienes no son favorables a la Constitución sí lo son, empero, a los terroristas, tal y como se señaló desde Izquierda Unida (que no quiso ahondar en el asunto). La intención de semejante despropósito no era otro que el de poner en un brete a IU, a los partidos nacionalistas, así como a toda la sociedad civil que aboga por el cambio de la Constitución o se opone a ella. Se hizo a sabiendas de que a tres días de las elecciones generales y autonómicas en Andalucía y con doscientos muertos en la retina cualquier intento de organización alguna por matizar el lema sería utilizado en su contra. Con los inocentes aún muriéndose en los hospitales Aznar, insensible como siempre a las muertes de los no uniformados, utilizaba éstas en su provecho. Cualquier otro ser humano con algo de entrañas se hubiera limitado a un lema que condenara el terrorismo y apoyara a las víctimas.
En cuanto al resto de los grande partidos cabe afirmar que no supieron estar a la altura que las circunstancias requerían. El PSOE, como es habitual, habló mucho y no dijo nada, lo que por tanto no merece mayor comentario. Por su parte Izquierda Unida, para sorpresa de tantas y tantos, se sumó a la orgía disparatada del uso partidista. Por un lado manifestaba su malestar con el lema escogido, pero por otro afirmaba que la mejor manera de demostrar a las terroristas que no podían doblegarnos era acudiendo el 14 de marzo a las urnas. El error, aunque de otras dimensiones y calado, es similar al del PP con su lema: identifica una única postura (la de votar en este caso) con la lucha contra el terrorismo. Son muchos los esfuerzos que este partido ha realizado en los últimos tiempos para convencernos de que se encuentra cada vez en mayor sintonía con los movimientos y colectivos de base. Pero en cuanto sus líderes hubieron de hablar sin estrategias preconcebidas se desenmascararon. ¿Por qué no se limitaron a decir que cada mujer y hombre con derecho a voto debía actuar, simplemente, en conciencia? La abstención también es un acto consciente, y no implica condescendencia de ningún tipo con el terrorismo.
En este contexto, las manifestaciones que en todo el Estado tuvieron lugar el 12 de marzo se produjeron en un ambiente enrarecido. Para un gran número de personas acudir a ellas equivalía a un apoyo al gobierno, y no a las víctimas de la matanza. Pero al mismo tiempo, no acudir suponía desaprovechar una ocasión única para hacer oír el repudio unánime hacia lo asesinos. Por si fuera poco, desde el extranjero -como en los peores tiempo de la historia reciente- nos informaban de que era la red de Al-Qaeda y no ETA la perpetradora de la masacre. Poco antes incluso del inicio de las manifestaciones, previstas para las 19 horas, ETA se desvinculaba del atentado. Pero el gobierno nos decía que no debíamos creerlo, igual que tampoco debíamos creer la reivindicación del atentado por parte de un grupo ligado Al-Qaedas, según publicaba un periódico árabe del Reino Unido. El hecho de que una u otra banda terrorista haya masacrado en Madrid no constituye consuelo alguno para las víctimas y sus familiares, pero sí análisis políticos divergentes.
En resumen, si la red de Al-Qaeda es la autora su acción se encuadra dentro de la lógica de guerra global en la que el gobierno de Aznar ha metido de lleno al Estado Español, pese al clamor popular en contra. Miles de iraquíes tan inocentes como las y los trabajadores asesinados en Madrid han sido y son masacrados aún hoy día en Irak. Ninguna bandera ha ondeado a media asta en su memoria pese a que murieron con el apoyo incondicional del gobierno de Aznar, quien debería pensar que si él no escuchó para detener su masacre tampoco la red de Al- Qaeda lo hará para detener la propia. La lógica de guerra, venga de quien venga, sólo trae una consecuencia: la muerte. Y por lo general la de quienes no comparten esa lógica.
Ésta es la lectura que numeras personas hicieron de las noticias que vinculaban a Al- Queda con el atentado. Y entonces sí, decidieron asistir a la manifestación, pero bajo sus propias consignas para que nada en absoluto les ligara al Gobierno genocida de Aznar, pero sí a las víctimas.
En nuestra ciudad, Granada, aquellas personas que portaban pancartas con lemas alejados del impuesto por el Gobierno sufrieron agresiones verbales y físicas. Cabe decir, no obstante, que numerosos concurrentes defendieron espontáneamente a los agredidos congregándose en su derredor y coreando una sola consigna: “Libertad de expresión?. La manifestación acabó por convertirse en un grito desgarrado contra el gobierno y su política de muerte. Aquellas y aquellos que se sentían identificados con los lemas de esas pancartas pudieron encontrarse en torno a las mismas para, al término de la manifestación, concentrarse y expresarse así unánimemente. “Nosotros en Irak, ellos en Madrid?, “La paz no se consigue con guerras?, “Al-Qaeda asesinos, Aznar tú nos has metido en esta sucia guerra? o “Aznar es tu culpa? eran algunas de las frases que se podían leer.
Las evidencias abrumadoras que al día siguiente trascendieron no dejaban lugar a dudas: ETA no había sido. Miles de personas que habían dado crédito al gobierno hasta el último momento se sintieron vilmente manipuladas y salieron de improviso a las calles en todo el país. Frente a las sedes del Partido Popular se acusó al gobierno de habernos metido de plano en una guerra que se ha cobrado 200 víctimas en un pueblo que la rechazó y rechaza frontalmente .
La mentira y la manipulación han sido en estos días más crueles que nunca en los ocho años de gobierno de Aznar. El pensamiento único, independientemente del nuevo Ejecutivo, parece más asentado que en sus peores tiempos. Y las muertes se suceden porque, es cierto, en esos trenes íbamos todos. Todos los que no viajamos en coches oficiales.

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