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Comentari :: corrupció i poder
Elecciones en pie de guerra
09 mar 2004
Las Elecciones Generales al Congreso y al Senado del 14 de marzo se celebran MIENTRAS ESPAÃA ESTÃ? EN GUERRA contra un país extranjero âIrak- al que invadió (por consentimiento y apoyo) a través de la maquinaria bélica de Estados Unidos, con los que nuestro país colabora âahora sí, con soldados propios- en el mantenimiento de la ocupación.
Mas lo grave de esta situación es que a ella se ha llegado saltándose y violando el ordenamiento jurídico internacional: con el ninguneo de la ONU, de las resoluciones de su Consejo de Seguridad y hasta con el espionaje del Secretario General y su entorno y de los inspectores de la ONU enviados a Irak. Pretendieron Estados Unidos, el Reino Unido y España, el trío de las Azores, intoxicar a los ciudadanos con una sarta de mentiras sobre la posesión por parte de Irak de armas de destrucción masiva y sobre la vinculación de Sadam Hussein con Bin Laden (no olvidemos, antiguos protegidos ambos de USA). Una guerra, pues, justificada? con mentiras.

El Gobierno de España ha violado claramente en este caso el artículo 20 de la Constitución que garantiza a los ciudadanos el derecho a recibir información veraz e impone al Gobierno el deber de facilitársela.

Por consiguiente, si no se tiene en cuenta y no se debate por parte de candidatos y electores esta situación real de guerra en que nos encontramos, y, si los ciudadanos siguen otorgando su confianza al partido del Gobierno que nos ha llevado a ella, serán los ciudadanos, con su refrendo en las urnas, responsables de la guerra y de las consecuencias que para nuestro país y para el mundo puedan derivarse de la misma.

Pero aún hay más. Estados Unidos unilateralmente ha declarado legítimo âsu derechoâ? a la guerra preventiva contra todos los Gobiernos, países u organizaciones que ellos califiquen como peligrosos enemigos. Decisión que, en una actitud más de seguidismo,el Gobierno español ha dado por buena, y que, a través de los acuerdos USA-España, nos implica a todos. En lo sucesivo tendríamos âtendremos- que aceptar y apoyar todas las veleidades bélicas en que USA decida embarcarse, ganándonos como enemigos a cuantos se sientan ultrajados por ellos.

Pero âmás grave todavía- el destrozo llega a las conciencias. Porque, con insistencia machacona y fomentando el miedo, se ha llegado a convencer a todos de que la seguridad de los pueblos y naciones no se puede concebir ni apoyar en la mutua lealtad sino que ha de ir necesariamente asociada a un poderío militar tal que disuada al posible enemigo, que, en hipótesis puede ser cualquiera. Todos, como medida cautelar, deben considerarse como potenciales enemigos. Todos somos así enemigos de todos.

¡Vieja, errónea y perversa pretensión la de querer mantener la paz sobre la punta de las bayonetas¡

La desconfianza mutua instalada en la médula de las relaciones entre pueblos y naciones. Todo hay que disponerlo para aplastar al enemigo. Por eso, hoy, el mundo gasta 850.000 millones de dólares al año en armamento; la mitad, Estados Unidos.

¡Qué disonante y demagógica mientras tanto la ONU que osa afirmar que con el 5% de esa cantidad asegurarían lo esencial para la vida todos los habitantes del planeta¡

Mas âsigamos nuestro razonamiento- no hay enemigo pequeño, y la fuerza del débil es la astucia, cuando no la desesperación. Por eso no es casual que estos días nos desayunemos con titulares en la prensa como los que siguen: âLa proliferación y el terrorismo nuclear encarnan, hoy más que nunca, un grave riesgo para la seguridad mundialâ?; âEspaña en la red del mercado negro nuclearâ?; âLa renuncia de Gaddafi al arma atómica destapa una trama mundial de contrabando con centro en el Golfoâ?.

Así pues, cuando hoy cualquier asociación mafiosa puede acceder al arma atómica ¿tiene sentido propiciar el armamentismo y creer posible la defensa propia desde la posesión de más y mejores armas?

Renunciamos, para no alargarnos excesivamente, a enumerar los más de 50 conflictos armados existentes en el mundo y en muchos de los cuales, por exigencia geoestratégica, por motivos comerciales o financieros o por asegurar el subministro de energía y materias primas, está implicado nuestro país y nuestro Gobierno.

En este clima bélico, sin duda, la forma más inhumana y cruel de guerra es el terrorismo, también el practicado por los gobiernos (Del específico nuestro, el etarra, ya nos pronunciamos en el editorial del número anterior de La Hora de Mañana y a él nos remitimos).

Ahora bien, es el propio Annan, Secretario General de Naciones Unidas, quien advierte de que la guerra contra el terrorismo aumenta la desigualdad. Comprende âdice él- que los países âmás privilegiadosâ? de la ONU âestén preocupados con el terrorismo y las armas de destrucción masivaâ?, pero la ONU âdebe proteger también a millones de personas de las amenazas más familiares de la pobrezaâ? y cuyas consecuencias afectan a todos.

Porque las guerras, por lo general, las genera y nutre la injusticia, ante la cual toda persona siente una innata rebelión. Y no estamos solos en esta apreciación. No únicamente el Secretario General de la ONU sino también una nutrida serie de personalidades, poco tachables de demagógicas y revolucionarias, ven una clara relación entre injusticia y terrorismo. Así, por citar algunos, Juan Pablo II, Federico Mayor Zaragoza, Baltasar Garzónâ¦

Mientras no se llene el foso de la cruenta desigualdad entre personas, pueblos y naciones (más de 2.000 millones de personas ânos repiten en una ya manida y tópica cantinela los medios de comunicación- subsisten con menos de dos dólares diarios y más de 1.000 millones con menos de uno), mientras no se llene el foso de la injusticia la guerra y el terrorismo estarán servidos. Y ante esto no valen gimoteos de beatos ni anatemas de fariseos. O justicia o guerra.

Porque, además ây esto hay que gritarlo alto y claro- vivimos en una economía de guerra. Y no tanto porque esté orientada âque lo está- a la producción y venta de armamento cuanto porque, por sí misma, es una economía de enfrentamiento, de lucha âde competencia y competitividad, dicen los maquilladores del lenguaje- por apoderarse del máximo posible de recursos.

No vamos a narrar con detalle la historia de la progresiva concentración del poder económico que, hoy, ha terminado en el poder omnímodo de las empresas y conglomerados financieros transnacionales, capaces que han sido de hacer estallar la mayoría de las llamados âsoberanías nacionalesâ?, y que, por ahora, respetan la de la potencia hegemónica porque se ha puesto a su servicio.

Por aquí, por este nuestro país, andan obreros, Autonomías y Gobierno apesadumbrados, entre la rabia y el desconsuelo, porque las multinacionales que se asentaron entre nosotros cuando éramos más pobres se marchan ahora a países que, en estos momentos, lo son más que nosotros. Hasta otros soles y otras playas, más baratas o más empobrecidas, pueden hacer peligrar el turismo, hoy una de nuestras más firmes fuentes de trabajo y riqueza.

Quedaba un reducto donde parecía que, armados de la correspondiente tecnología, se podía ir a robar sin consecuencias: la naturaleza, el planeta y sus recursos. Pero, precisamente aquí, resultó peligroso para la especie humana âe, incluso, para su supervivencia- hacer la guerra, vencer y destruir como a enemigo a la propia madre que nos sustenta a todos.

La guerra llega aquí al final. Por esta senda no se puede ya avanzar, es calle cortada. Ahora bien, este sinsalida pone en cuestión todo el camino hasta aquí recorrido, porque una y otra vez, en cuanto lo seguimos, nos devuelve al mismo callejón. Los mismos empresarios se ven obligados a reconocerlo. âLas exigencias medioambientales colocan a España ây al mundo, añadimos nosotros- ante el dilema de incumplirlas o abrir una grave crisis industrial. Estamos atrapados en los compromisos de Kiotoâ?.

âEn los últimos años se han rebasado en un 25% los límites de emisiones de CO2 fijados para 2012. Las consecuencias económicas amenazan seriamente la economía españolaâ?.

Acelor, el primer productor mundial de acero, cuya filial española es Aceralia, amenaza con trasladar algunas de sus factorías fuera de Europa para evitar tener que cumplir los límites obligados de emisión de gases contaminantes.

Salir de estas guerras debería ser el anhelo de la sociedad española ây de todas-, y la función de los políticos y sus partidos, proponer caminos y ofrecer soluciones para una sociedad en paz y pacificada dentro de un mundo también en paz.
Pero estos gravísimos problemas están ausentes o superficial y demagógicamente tratados en la campaña electoral, y, tal vez, ausentes también de la preocupación de los ciudadanos; todos entretenidos en cómo nos adentramos un poco más en el consumismo hedonista, aun a costa de destruir el futuro de quienes vienen detra de nosotros.
El lema de la mayoría de nosotros parece ser el bíblico âcomamos y bebamos que mañana moriremosâ? y el de los políticos, âdespués de mí, el diluvioâ?.

En estas circunstancias, nos sigue pareciendo la opción de voto más responsable y sensata la del VOTO EN BLANCO, como expresión de rechazo a la deriva político-social en que los políticos al uso nos han metido.
Mira també:
http://www.lahorade.com/
http://www.lahorade.com/verarticulo.php?id=266&rev=12

Comentaris

Re: Elecciones en pie de guerra
09 mar 2004
Asanar al TPI, ja¡
Sindicat