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Notícies :: guerra
El «presidente de guerra» se hunde en el lodazal
22 feb 2004
Comentario Nº 131, 15 de febrero de 2004
El 8 de febrero de 2004 George W. Bush le dijo a Tim Russert en el Encuentro con la Prensa de la NBC: "Soy un presidente de guerra". Esa afirmación no hace más que debilitar su posición. Su antiguo secretario del Tesoro, Paul O'Neill, ha testificado que la guerra contra Iraq formaba parte de la agenda del gobierno desde el día en que Bush entró en funciones. Así pues, no fue el 11 de Septiembre lo que le impulsó a seguir esa vía. Y habiendo dicho al pueblo estadounidense y al mundo, no una vez sino muchas, que las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein suponían una amenaza inminente para Estados Unidos y el mundo, Bush ha tenido que oír cómo la persona que él mismo había escogido para presidir el Grupo de Supervisión sobre Iraq, David Kay, encargado de encontrar las armas de Saddam Hussein, testificaba ante el Congreso estadounidense que no había podido encontrar ninguna y que ahora creía que Saddam Hussein había renunciado a ellas ya en 1991.

La aceptación de Bush en las encuestas cayó inmediatamente, y hasta comentaristas muy conservadores se han sentido muy molestos por las revelaciones de Kay y por el hecho de que Estados Unidos fuera a la guerra con falsas excusas. Ahora todos quieren saber cómo es que se equivocó la inteligencia estadounidense, como si ése fuera el problema. Está claro que sus datos, que ya eran erróneos, fueron exagerados por la administración Bush para satisfacer sus objetivos premeditados. Y no es cierto que todo el mundo estuviera equivocado. Después de todo, hubo antes voces muy claras –las del director general de la Asociación Internacional de Energía Atómica [Mohammed El-Baradey], Scott Ritter y otros– que dijeron que no había pruebas de que existieran esas armas.

Bush está a la defensiva. La camarilla que lo rodea ofrece diferentes historias. Colin Powell no está seguro ahora de que hubiera tales armas, como el propio Bush. Cheney y Rumsfeld siguen diciendo que esperan encontrarlas. Pero no importa. La excusa ha cambiado. Bush nos dice ahora que Saddam Hussein tenía "la capacidad de producir armas". Además "era un tipo peligroso", y "éste es un mundo peligroso". Saddam Hussein es/era un "loco" que podía quizá fabricar un arma y "luego dejar que ese arma cayera en manos de una tenebrosa red terrorista". Además, "cuando Estados Unidos dice que habrá serias consecuencias, si no hay serias consecuencias, se crean adversas consecuencias". Finalmente, ¿quién sabe?, podría haber fabricado un arma nuclear y entonces Estados Unidos "se habría visto sometido a un chantaje".

Todo eso se ha convertido en una explicación tan pobre que Estados Unidos ha perdido hoy día toda credibilidad, probablemente incluso con Tony Blair, quien por desgracia no lo admitirá nunca. Entretanto, las cosas no van nada bien en Iraq para Estados Unidos. Cada semana mueren entre cinco y diez estadounidenses, y es muy peligroso tratar de incorporarse a la fuerza policial iraquí. Las mujeres iraquíes temen ahora salir de sus casas debido a las presiones fundamentalistas. El código iraquí con respecto a las mujeres, que antes era el más progresista del mundo árabe, acaba de ser abrogado por la autoridad provisional iraquí sustituyéndolo por la sharia. A Estados Unidos le gustaría salir cuanto antes del cenagal en el que decía que nunca caería. Le gustaría devolver la soberanía a un gobierno iraquí el 30 de junio. Le gustaría que las Naciones Unidas se encargaran de supervisar las negociaciones políticas entre los iraquíes a partir de junio. Le gustaría que la OTAN asumiera la gestión de una fuerza de estabilización. No está claro que pueda alcanzar ninguno de esos deseos.

La devolución el 30 de junio a los iraquíes está bloqueada en este momento debido a que los chiíes insisten en la celebración de elecciones (lo de la democracia, ¿recuerdan?), que ellos ganarían sin duda. Los kurdos insisten en la autodeterminación. Y los sunníes insisten en no perderlo todo. Los chiíes y los kurdos cuentan con unidades militares propias, y los sunníes están sin duda a punto de crear una. Estados Unidos ha aparecido de repente con un documento que muestra que ese conflicto étnico es un complot de Al Qaeda. La verdad es que sería un milagro si después de junio no se produce una guerra civil bastante desagradable. Si Estados Unidos cree que Kofi Annan y la OTAN quieren verse atrapados en semejante avispero, haría mejor en pensárselo dos veces. El principal periódico suizo, Neue Zürcher Zeitung, que difícilmente se puede conceptuar como hostil a Estados Unidos, acaba de publicar una viñeta que muestra una hormigonera con el letrero "reconstrucción de Iraq" descargando su contenido sobre George W. Bush con uniforme militar y medio enterrado ya en el hormigón. A su alrededor hay estupefactos espectadores con las etiquetas ONU y Europa, a los que Bush dice con cierta desesperación: "Bueno, si realmente insisten en echarme una mano..."

El problema es que George Bush no tiene adónde ir. Tiene pronto unas difíciles elecciones, y mucho que explicar sobre lo que hacía durante la guerra de Vietnam. Puede cacarear cuanto quiera vociferando que la proliferación nuclear es un peligro tan grande que todos deberían dejar de utilizar el combustible nuclear incluso para aplicaciones pacíficas o afrontar las consecuencias. Al mismo tiempo propone expandir la capacidad bélica nuclear de Estados Unidos, lo que sin duda animará a muchos países a abandonar precipitadamente la producción de combustible nuclear.

Y luego está la pequeña cuestión de la fosa económica que está excavando para Estados Unidos. Si se devuelve la mayor parte de los impuestos y se expanden poderosamente los gastos de guerra, nadie podrá extrañarse de que el déficit cobre proporciones astronómicas. Bush está alarmando tremendamente a los capitalistas serios del mundo. Hasta sus conservadores ultraderechistas del Congreso amenazan con abstenerse en las próximas elecciones debido al imparable aumento del déficit.

Bush nos dejó un último consuelo en esa entrevista con Tim Russert en la NBC. Dijo que "un Iraq libre cambiará el mundo". Por mi parte espero que un Iraq libre, si es que los iraquíes y nosotros llegamos a verlo alguna vez, pueda llegar a cambiar incluso a Estados Unidos. ¿Quién sabe? Puede que ése sea el legado de Bush.

Immanuel Wallerstein (15 de febrero de 2004).

© Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.

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