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Anàlisi :: dones
Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Cada generación tiene unos rasgos caracteriológicos que la distinguen por lo menos de la anterior y de la siguiente.
La mía, la nuestra, por lo visto y oído, es la generación llamada "machista". Una generación en la que en las familias acomodadas (porque en la clase trabajadora hay de todo y los roles en la pareja son por definición intercambiables), la mujer no gobernaba pero reinaba, no decidía pero influía, no gritaba pero se imponía, no trabajaba fuera de casa pero organizaba la familia, educaba y se cultivaba a sí misma. Esto lo ha venido haciendo así la mujer tradicional desde los tiempos de Adán. Y no le iría ido tan mal cuando, teniendo la clave de los cambios posibles para corregir el pensar de los hijos a través de la cercanía de su maternidad, no se ha decidido a hacer en la sociedad esos cambios psicológicos y de todo orden hasta hace poco más de una centuria en los países llamados libres, y un cuarto de siglo en España. Y no me refiero a la deseable equiparación jurídica y organizativa social, naturalmente, si no a la actitud que va más allá de lo legislativo y lo teórico.

En cualquier caso aceptamos que se nos tilde de "masculinistas", pero si se nos quiere seguir distinguiendo por el predominio, en nosotros y en relación a la pareja, de los genitales sobre el raciocinio, el movimiento que se opone y enfrenta al machismo no es el "feminismo": es el "hembrismo". Empezamos por que aspirar a dignificarse rebajando la entidad del oponente a lo genital, es una bajeza que la mujer bien nacida no se permite.

Ahora la mujer no sólo reina, también gobierna; no sólo influye, también decide; no sólo se impone, también grita... Ahora, ella lo es todo y lo ocupa todo. Tanto es, que el hombre se está batiendo en retirada, con los consiguientes costos biológicos y quizá genéticos que habrá que calcular. Si es el precio que se cobra la mujer por esa supuesta y larguísima postergación, también ella lo sabrá pues lo domina todo. Y tampoco me refiero a la odiosa cuestión de las cuotas... Allá ella, pero mucho me temo que el debilitamiento moral de la sociedad española ha empezado ya por su culpa. De todos modos, lo peor del feminismo hembrista es que imita lo peor del tipo de varón que persigue cervalmente: su modo vestir, su sexualidad exacerbada y su carácter. Por eso mismo, no puede ser convincente su causa, porque, primero, el feminismo hembrista piensa sólo en la hembra aisladamente considerada, segundo, porque si fuesen sinceras sus reivindicaciones se preocuparía más de acentuar las cualidades y virtudes específicas de la mujer (intuición, astucia e inteligencia serena no provocativa...), y tercero, porque no se empeñaría tanto en imitar los detestables rasgos masculinos procedentes de su mayor cantidad de testosterona.

El resultado de los extremismos a que está llevando la confrontación de género antes de que la violencia de género y que tantos estragos están ocasionando, se verá dentro de unas cuantas generaciones. Serán nuestros descendientes quienes deberán valorar si mereció la pena llevar tan lejos el predominio forzado de la hembra sobre el macho, y sin embargo no ser capaces esos movimientos de evitar las guerras ni de contribuir a la pacificación de la sociedad occidental y el debido respeto a otras culturas....

En cualquier caso lo dicho. Quédense las feministas al uso con su razón, con sus razones, acúsenme de misógino, de resentido, y de lo que quieran. Les reconozco su derecho a pensar como quieran, a insultar y hasta distorsionar torpemente sus aspiraciones y su filosofía de vida, pero les conmino a que abandonen de una vez la palabra "feminismo" para denominar un movimiento y actitudes que encierran exigencias de hembra frente al macho, no de mujer frente al varón.

Comentaris

Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
ho sento, o no, ets un fastigós arrossegat. Penses el mateix que els nostres opressors. Ets un masclet que només mereix ser "begut".
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Carme nadal es un ejemplo de lo que comentábamos antes.
Gracias Carme, por hacerte "notar".
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Hola comañero.

Desconozco desde que planeta escribes, en todo caso lo que está claro es que nos encontramos ante el primer contacto con seres extraterrestres.

Para alimentar este intercambio entre civilizaciones, te daré unas pocas pinceladas acerca de cómo funcionan las cosas por estos andurriales galácticos:

– En este planeta existe una institución llamada Patriarcado*. Se trata de una forma de organización social, vigente desde tiempos inmemoriales, en virtud de la cual el hombre, en relación con la mujer, ejerce el poder en los terrenos fundamentales y/o fundacionales de la sociedad, es decir en lo político, lo económico, lo espiritual/religioso y en el seno de la família (en cualquiera de sus formas). El patriarcado, a pesar de su marcado carácter implícito, y a pesar de no disponer de organizaciones ad hoc (o precisamente por ello), se mantiene vigente gracias a una legislación fuertemente orientada a su perpetuación y gracias también a una socialización adecuada.

* Para más información sobre el tema, hay una extensa bibliografía que podrás consultar con facilidad, visto que desde tu planeta podéis acceder a nuestra red (debe tratarse de un muy avanzado y masculino wireless).

– La concreción cotidiana de la ordenación social patriarcal se manifiesta en una desigualdad estructural (que no esencial) entre los terráqueos y las terráqueas. Si bien hay diferencias de matiz entre diferentes zonas geográficas, esto no nos impide afirmar que la práctica totalidad de nuestro planeta se rige por esta desigualdad. Para una comprensión esquemática de sus implicaciones puedes consultar ordenación jurídica, datos comparativos sobre empleo y salario y estadísticas sobre asesinatos y maltratos a mujeres. A partir de ahí verás cómo se produce un efecto cascada, de datos objetivos que confirman esa desigualdad, acerca de diversos aspectos de la vida. Es posible que descubras que, en varios casos, el ordenamiento jurídico no se corresponde con la realidad. No has consultado nada de manera equivocada, se trata de una característica de la sociedad terráquea aplicable también a otros ámbitos: una cosa es lo que se escribe y otra lo que ocurre.

– Para seguir con este interesante encuentro interplanetario es interesante que sepas que los argumentos que das, así como su estética, son considerados, en nuestro planeta, propios de una persona idelógicamente reaccionaria. Con esto no quiero decir que tú lo seas (posiblemente tus argumentos se justifican plenamente por la perversa alevosidad de las hembras de tu planeta), simplemente trato de situarte. Hay ejemplos de ello en otros campos de discusión, por ejemplo: cuando un reccionario quiere deslegitimar discursivamente una revuelta de clase, tiende a acusar a sus protagonistas de moverse por ambición o envidia, eludiendo así analizar las causas de la revuelta.


Tras estas pinceladas, voy a ofrecerte una recomendación: yo de tí cancelaría el programa de aproximación a la realidad terrestre. Entiendo tu desesperación en la búsqueda de formas de vida no hembristas, para aprender de ellas y aplicarlas en tu planeta, pero te aseguro que con la Tierra te has equivocado. Por muy malas malosas que sean las hembras de tu tierra, seguro que desarrollan una organización social mucho menos basada en la dominación, la violencia y la desigualdad que la que tenemos por aquí.

Un abrazo via satélite.

Salud.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
d'on a surtit aqest paio??
jo la veritat preferixo qe em dirigeixi 1 dona qe no pas 1 retrassat mental com aqest!!
chaval evoluciona...
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Como comprenderás, me sé perfectamente la tesis "dura" feminista de tu planeta y a eso es a lo que contesto. Ya veo que eres un adelantado de la "causa"... Hay muchísimos. Es una suerte que "Otros hombres" la defiendan con tanto fervor, tanta ciencia y quizá tanta experiencia...
Reaccionario, progresista... como feminista o hembrista no son más que palabras que nada significan por sí mismas si no van a compañadas de un sinfín de aclaraciones y, en su caso, de actitudes. Y resulta que en general las actitudes en la vieja Europa van derivando poco a poco a rescatar fórmulas que aquí se tienen por transnochadas, reaccionarias, retrógradas y degradantes. ¡Vaya por Dios!
Desde mi planeta vemos que en este país los fenómenos de todo tipo, también los sociológicos y los conductuales y los biológicos van siempre por definición y por el peso de la Historia por detrás de países donde disfrutan de la igualdad entre los sexos con carácter secular sin trastornos tan acusados porque están acostumbrados y forman parte de su piel.
De esto se trata, terrícola. No de negar lo obvio, lo equitativo y lo razonable.

De todos modos, para ponerse mínimamente de acuerdo en este asunto -en sí mismo provocador dado cómo está el patio, y yo ya lo sabía-,dos interlocutares han de compartir previamente algo de lo que se denomina, todavía, "sensibilidad", y que aquí se va reemplazando a marchas forzadas por "sensación". Si no, no hay nada qué hacer. Y el diálogo es una jaula de grillos. Un tema largo, terrícola...
Un tema largo, espinoso, jodido... pero que de vez en cuando hay que agitar para que no se duerman en los laureles l@s conquistadores de causas que responden más a una moda que a una verdadera convicción.
Dada la naturaleza del asunto, no creo que valga la pena ahondar más en él ni removerlo más. Sería tan extenuante como inútil.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Como comprenderás, me sé perfectamente la tesis "dura" feminista de tu planeta y a eso es a lo que contesto. Ya veo que eres un adelantado de la "causa"... Hay muchísimos. Es una suerte que "Otros hombres" la defiendan con tanto fervor, tanta ciencia y quizá tanta experiencia...
Reaccionario, progresista... como feminista o hembrista no son más que palabras que nada significan por sí mismas si no van a compañadas de un sinfín de aclaraciones y, en su caso, de actitudes. Y resulta que en general las actitudes en la vieja Europa van derivando poco a poco a rescatar fórmulas que aquí se tienen por transnochadas, reaccionarias, retrógradas y degradantes. ¡Vaya por Dios!
Desde mi planeta vemos que en este país los fenómenos de todo tipo, también los sociológicos y los conductuales y los biológicos van siempre por definición y por el peso de la Historia por detrás de países donde disfrutan de la igualdad entre los sexos con carácter secular sin trastornos tan acusados porque están acostumbrados y forman parte de su piel.
De esto se trata, terrícola. No de negar lo obvio, lo equitativo y lo razonable.

De todos modos, para ponerse mínimamente de acuerdo en este asunto -en sí mismo provocador dado cómo está el patio, y yo ya lo sabía-,dos interlocutares han de compartir previamente algo de lo que se denomina, todavía, "sensibilidad", y que aquí se va reemplazando a marchas forzadas por "sensación". Si no, no hay nada qué hacer. Y el diálogo es una jaula de grillos. Un tema largo, terrícola...
Un tema largo, espinoso, jodido... pero que de vez en cuando hay que agitar para que no se duerman en los laureles l@s conquistadores de causas que responden más a una moda que a una verdadera convicción.
Dada la naturaleza del asunto, no creo que valga la pena ahondar más en él ni removerlo más. Sería tan extenuante como inútil.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Hay asuntos que, como el desnudo en el Arte, un@s aprecian la belleza, otr@s permanecen indiferentes, otr@ no le prestan ninguna atención y otr@s se ponen cachond@s. Y éste es uno de ellos.
Después de millones y millones de esfuerzos y razonamientos sobre el "feminismo" y su causa, nadie pretende tocar ni una coma. Se trata de que las apabullantes ideas sobre los motivos que tiene la hembra para equipararse al macho, después de 30 años, me tiene hasta los cojones, y añado una pincelada más.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Estoy contenta, porque creo que este debate sobre feminismos, patriarcado y ejemplo de tipos bien machistas debe darse en indymedia, y en esta semana ya ha habido dos debates más o menos interesantes.
De estos quiero destacar que la participación de los hombres ha estado muy interesante. "Otro hombre" yo no podría haber respondido tan bien como tú, muy bueno... Y normalmente cuando participan los hombres suelen aportar una buena dosis de argumentos sólidos.
No es el caso de "Un hombre" por supuesto, al que le doy las gracias solamente por haber abierto el debate.
Y ahora intentaré aportar algo, sobre todo para el amigo "Un hombre".
Primero me gustaría que me hablaras de esas sociedades avanzadas en las que se vive en igualdad?????? Luego te diré que para mi la igualdad, como feminista, no consiste en ser ejecutiva agresiva de una empresa, política electa, o super trabajadora explotada. Así como no me parece que ser la mujer que gobierna en el hogar, la gran mujer que siempre existe detrás de un gran hombre y la que manda callando sea ningún tipo de privilegio.
Así que para mi la liberación de la mujer (no la igualdad, esa palabra no me gusta) sería ser sujeto activo de nuestras propias vidas, sin que esta de describiera, se rigiera o dependiera de ninguna otra persona... marido, padre, hijos/as, vecina o vecino, es decir que pudieramos actuar siempre sin tener que justificarnos ante nadie (y muchas veces ante nosotras mismas) y sin que nuestras acciones causaran tal tipo de revuelo, simplemente porque nos salimos de la norma.
Norma, te recuerdo, heteropatriarcal, capitalista, occidental... y unívoca e imperialista.
Bueno aquí lo dejo. Ojalá siga el debate y si se pasa de la columna de la derecha ojalá lo habra otra persona (con algo más que aportar, por favor, que "un hombre")
También estaría bueno una debate potente entre mujeres, autocriticanos un poco, pero este no es el momento
os apetece?
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Sería un necio o, como uno dice por ahí, un retrasado mental si pretendiese seguidores o una aclamación por mi comentario.
Con un@ sol@ que comprenda qué es exactamente lo que quiero decir me doy por satisfecho.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
¿machista?...no ,tú eres un pobre dinosaurio en extinción (afortunadamente).Habría que enseñarte en los Museos como resto de Atapuerca.¡Pobre mujer la que caiga en tus manos...!Un acomplejado que seguro la tiene pequeña !
Feministas al poder !
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Acojonadito está con su cosita colgando...Pobret!quisiera que todas fueran como su Mamá,sumisas y calladas para servir al Señor...¡Si nos temes,cascatela!
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Seguramente el protagonista de esa peli tambien va de víctima...pero cada día mueren mujeres a manos de "machos" como éste ejemplar.Que te vayan dando,estás fuera de época.¡¡¡Ni un paso atrás mujeres !!!!
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Cuentaselo al Doctor Freud...seguro que te descubre un complejo de Edipo y buscas la teta de mamá.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
olé ahí vuestra inteligencia!
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
O sea, que os ponéis de los nervios y a juzgar por vuestras reacciones seríais capaces de lincharme, ¡y todo porque digo que lo que llaman "feminismo" debiera llamarse "hembrismo"!. Pues lo tenéis claro. Vaya ganado
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Molts dels comentaris més agressius em sembla que provenen de la mateixa persona. Hi ha molta gent que ho ha llegit i simplement no expressem el que ens sembla. Jo, particularment, no acabo d'entendre el que vols dir, per això no em pronuncio.

Per cert, tu ets un home?
o tan sols ho representes?
atrapat en els rols
13 feb 2004
Nomes dir-te que aquesta critica que fas a un suposat determinat rol que tindrien unes dones, tot i que no defineixes massa be que es el que tant et molesta i tot i que obvies la llibertat personal que te cadascun i cadascuna d'actuar de la manera que li doni la gana, no va acompanyat a la critica a un altre rol social, aquest imperant, el del mascle fort, executiu, competitiu, dur i bromista etc, complementat pel de la dona submissa, sensible, frivola etc. És en aquest joc absurd (o no tant) que has de buscar on es solen -i remarco solen- donar les causes entorn a les agressions a les dones, lacra social que es la punta visible de l'iceberg del patriarcat, fet social que ampliament ha explicat en "otro hombre".

Ja que en el fons sembla que critiques un suposat determinat rol, has provat mai tu canviar el teu? No es que et diguis "nena" a tu mateixa (que perque no) sino valorar parts teves que, al ser un home, has amagat. La sensibilitat (sense esperar que algu digui oh que sensible que ets) la frivolitat, el saber callar i deixar fer els altres o les altres (sobretot en temes que el protagonisme l'ha de o el pot tenir altra gent).
(Sempre he pensat que el feminisme era alliberament de les dones, peró tambe alliberament per a tothom, incloent-hi nosaltres els homes, ja que ens treu de sobre aquesta obligació social inconscient de comportar-nos d'una manera determinada, entre d'altres)

Aquesta mateixa critica (amb tot el requitzell conceptual que li has afegit) quan te l'has feta tu en el teu rol masculí? Amb l'agreujant que de la manera que ho plantejes ja he dit que obvia que la persistencia d'aquest rol provoca una realitat opressiva i plena d'agressions. Miga en ojo ajeno...

I recordar-te que escrius aixo en un moment en que les agressions semblen una constant diaria esfereidora. I que per tant, qualsevol plantejament de critica a determinats rols que algun o alguna pugui o no assumir, ha de tenir en compte els mecanismes de autodefensa individual i col·lectiva de les dones.
aclariment
13 feb 2004
He escrit aixo anterior abans que veies la teva resposta ("vaya ganado"). Em confirma quin es el teu rol. Dubto que ho hagues escrit d'aquesta manera.

Per cert, sobre parauletes et dire que seria com criticar la paraula socialisme o anarquisme, ja que el feminisme, paraula inclosa, té uns 150 anys d'història. Et recomano que facis algunes lectures. Pots començar fent una recerca des del Google amb aquesta paraula o "feminisme historic"
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 feb 2004
Digo simplemente obviedades que a veces se olvidan a fuerza de darlas por supuestas:
1º que el antónimo de "machismo" no es "feminismo" sino "hembrismo.
2º que el movimiento radical "pro mujer", no se reduce a reivindicar lo lógico y razonable en estos tiempos de igualdades que hay que celebrar. Pero, aunque no lo pretenda, ese movimiento intangible acaba produciendo un efecto emulador de lo peor del comportamiento y actitudes del hombre "machista", con lo que muchas mujeres terminan incurriendo en los mismos defectos repulsivos del hombre que se denuncia y se persigue.
3º que una cosa es la igualdad y otra la identidad entre entidades biológicamente heterogéneas que no se pueden compensar con nada. El gigante no puede hacer lo que hace el de talla normal y éste no puede hacer lo que hace ni el gigante ni el enano.
4º me considero tan hombre como el que más y el más considerado de los hombres, tanto con otros hombres como por supuesto con las mujeres a las que adoro. En la aventura individual de cada cual, pero en la vida social, todo se solventa por razones de afinidades y entendimiento mutuo, no por corrientes más o menos extensas de opinión o de moda.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2004
Hola "un hombre",

Aquest última comentari és una cosa (crec que és un bon plantejament en el que es pot entrar a discutir), però el comentari inicial era una altra ben diferent, on hi havia perles del tipus:

"Ahora la mujer no sólo reina, también gobierna; no sólo influye, también decide; no sólo se impone, también grita... Ahora, ella lo es todo y lo ocupa todo. Tanto es, que el hombre se está batiendo en retirada, con los consiguientes costos biológicos y quizá genéticos que habrá que calcular."

"Allá ella [la dona], pero mucho me temo que el debilitamiento moral de la sociedad española ha empezado ya por su culpa."

"Serán nuestros descendientes quienes deberán valorar si mereció la pena llevar tan lejos el predominio forzado de la hembra sobre el macho"

Això és una cosa totalment diferent. No em semble just que ens tractis als altres com si fossim burros, perquè aquestes frases les hem entès perfectament. Jo crec que justifiquen plenament la majoria de coses que has hagut de llegir aquí i que algú pensi que vius en un altre planeta.

Seria un bon exercici d'humiltat que valoressis si t'has explicat bé. Potser no tot es redueix a que la gent te prejudicis o que és imbècil. Potser tú t'expliques malament. Ho has pensat?

Salut
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2004
per que tots els morts en accidents laborals, dos o tres cada dia, son homes? Ningu critica aquesta discriminacio laboral.M'agradaria sentir a les feministes.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2004
Pere,

Així doncs, estaries més content amb la seguretat a la feina si es morissin també 3 o 4 dones al dia?

Amb el tema de la seguretat a la feina, és aquest el problema? No estaràs pixant fora de test?

Salut.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2004
Tienes razón. Estaba redactado con la intención de controvertir el asunto. Voy a hacer un ejercicio de humildad y me voy a explicar bien.
La aclaración a las 05:20 del 14 estaba redactada sobre la marcha. La he pulido un poco y es ésta:
Quiero aclarar esto porque lo anterior está escrito sobre la marcha y mal explicado:
Digo simplemente obviedades, elementalidades, que se olvidan a fuerza de repetirlas maquinalmente:

1º que el antónimo de "machismo" no es "feminismo" sino "hembrismo, y el de "feminismo", "masculinismo".

2 que âmachismoâ? atiende a lo primario del hombre y en cambio âfeminismoâ? a lo cultural de la mujer. Por lo que de entrada el término es agresivo.

3º que el movimiento radical sobre la igualdad de la mujer no se acaba en las reivindicaciones lógicas y razonables que hoy nadie, ni yo, discute ni regatea. Pero en nuestro país, como verde está la democracia, el movimiento está aún verde y demasiado enfatizado. Y al ser el referente de este movimiento el hombre, con quien ese tipo de mujer permanentemente reivindicativa se mide y equipara, ésta termina imitando de él lo peor de sus rasgos diferenciales. Así sucede que la mayoría de las mujeres beligerantes termina incurriendo en los mismos defectos repulsivos del hombre âmachistaâ?: prepotencia, despotismo y cerrazón al diálogo y en definitiva más violencia.

3º que una cosa es la igualdad y otra la identidad. Y muchas diferencias entre entidades biológicamente heterogéneas no se pueden compensar con nada, más que nominalmente. El gigante no puede hacer lo que puede hacer quien tiene una estatura media y éste no puede hacer lo que hacen el gigante y el enano

4º que me considero tan hombre como el que más y el más considerado de los hombres, tanto con otros hombres como con las mujeres a las que adoro. Pero todo, en la medida de la absoluta reciprocidad exigible a toda relación humana

En la aventura individual de cada cual pero también en la vida social, todo debe solventarse por convicciones personales y con criterio, y también por razón de afinidad y de entendimiento mutuo con el otro, no recurriendo rígidamente a los planteamientos de las corrientes más o menos extensas de opinión o que están de moda.
Un saludo
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2004
Tienes razón. Estaba redactado con la intención de controvertir el asunto. Voy a hacer un ejercicio de humildad y me voy a explicar bien.
La aclaración a las 05:20 del 14 estaba redactada sobre la marcha. La he pulido un poco y es ésta:
Quiero aclarar esto porque lo anterior está escrito sobre la marcha y mal explicado:
Digo simplemente obviedades, elementalidades, que se olvidan a fuerza de repetirlas maquinalmente:

1º que el antónimo de "machismo" no es "feminismo" sino "hembrismo, y el de "feminismo", "masculinismo".

2 que âmachismoâ? atiende a lo primario del hombre y en cambio âfeminismoâ? a lo cultural de la mujer. Por lo que de entrada el término es agresivo.

3º que el movimiento radical sobre la igualdad de la mujer no se acaba en las reivindicaciones lógicas y razonables que hoy nadie, ni yo, discute ni regatea. Pero en nuestro país, como verde está la democracia, el movimiento está aún verde y demasiado enfatizado. Y al ser el referente de este movimiento el hombre, con quien ese tipo de mujer permanentemente reivindicativa se mide y equipara, ésta termina imitando de él lo peor de sus rasgos diferenciales. Así sucede que la mayoría de las mujeres beligerantes termina incurriendo en los mismos defectos repulsivos del hombre âmachistaâ?: prepotencia, despotismo y cerrazón al diálogo y en definitiva más violencia.

3º que una cosa es la igualdad y otra la identidad. Y muchas diferencias entre entidades biológicamente heterogéneas no se pueden compensar con nada, más que nominalmente. El gigante no puede hacer lo que puede hacer quien tiene una estatura media y éste no puede hacer lo que hacen el gigante y el enano

4º que me considero tan hombre como el que más y el más considerado de los hombres, tanto con otros hombres como con las mujeres a las que adoro. Pero todo, en la medida de la absoluta reciprocidad exigible a toda relación humana

En la aventura individual de cada cual pero también en la vida social, todo debe solventarse por convicciones personales y con criterio, y también por razón de afinidad y de entendimiento mutuo con el otro, no recurriendo rígidamente a los planteamientos de las corrientes más o menos extensas de opinión o que están de moda.
Un saludo
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2004
Esta claro, como parece decir "un hombre" en algún punto de su discurso, que el feminismo de la igualdad debería estar ya totalmente superado. Como feminista no me convence ese feminismo igualitario que hoy en día ya defienden hasta las Anas Botellas. No quiero ser igual a los hombres, no quiero liderar guerras ni promover desastres naturales desde altos cargos. No quiero ser agresiva ni competidora...tantos adjetivos considerados positivos para el hombre ( me refiero a lo que tradicionalmente se viene considerando como masculino).
Esto creo ya se ha superado dentro del discurso feminista. Hoy las mujeres queremos ser diferentes, somos diferentes, nuestros valores son diferentes, nuestras metas también. Creo que, lo que tradicionalmente se viene considerando como femenino, inferior y negativo, debe cobrar la relevancia que realmente tiene y todos hombres y mujeres debemos luchar desde el feminismo, es decir desde una perspectiva contraria al machismo de la sociedad patriarcal ,para que la jerarquía de valores, lo que se considera superior e inferior, positivo y negativo cambie definitivamente. Y esto creo debe ser así, desde la lucha personal individual para cambiar las cosas cada una en su entorno, y entre todas y todos para denunciar las injusticias que se cometen contra la mujer.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2004
¿y tu serias el pastor del rebaño?
Para "ganado" el tuyo...más bien "piara".
Y a "R",no se como entras a explicarle cosas a un tío que te ha llamado "ganado"(y aun nos llama agresivas ¡que morro!)
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2004
Doncs,no...si aquest exemplar d'home pot insultar a totes les dones,¿perqué vos permitiu criticar a qui le respon amb el mateix llenguatge?...que tenim que ser sempre pasives i mimoses,i patir en silenci ?
N'estic d'acord am les dones que parlaven més amunt,d'un complexe freudiá : té por a les dones (independents i segures de nosaltres mateixas)
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2004
no discutais por cosas destas, simplemente creo ke deberia haber entera igualdad entre hombres y mujeres, es decir no tolerar la violencia de genero pero tampoco tolerar las injusticias que se hacen a los hombres, porke ellos tb lo padecen. Desde mi punto de vista creo que no deberian existir ya estos movimientos, ke si machismo ke si femenismo..... deberia haber igualdad entre nosotros, somos ciudadanos del mundo todos!! habria ke preocuparse antes de otros temas, komo el hambre del mundo, la guerra de irak (ke aun kontinua!!), la tremenda espekulacion ke hay en barcelona con lo del forum 2004 y muchisimos otros mas temas de actualidad ke kreo ke son mucho mas importantes ke el de dicutir feminismo o hembrismo o kosas de estas. Con esto no kiero dejar de lado el grave problema de la violencia de genero, que conste, por ke eso es abominable "un hombre" dice ke las mujeres dominan y no se ke pollas (con perdon) pero es ke hay ke pensar ke igualmente los hombres siguen dominando mucho sobre las mujeres, utilizando su fuerza, porke el intelecto es igual para todos

Simplemente para concluir ya, dire ke es preferible ke no hayan disputas entre sexos, al reves, tenemos ke unirnos para combatir al enemigo que es el fascismo, el nacionalismo, la especulacion, el capitalismo, la prision, etc... Muchos besos compañeros y haya paz entre hombres y mujeres..........
vet-ho aqui
14 feb 2004
tu el que ets es un cap de fava que no veus l'evidencia més absoluta i tens por d'assumir que ets una persona i no un tros de carn amb polla.
A cagar. No tens nassos de veure a tu mateix com un esser humà (deus tenir un complexe dels greus)i estas tota l'estona emmerdant la troca. A cagar i pren unes vitemaines per al cervell. No cal discutir amb un tros d'ase com tu. Mira que t'ho han explicat de les mes bones maneres i tu dale que dale. Doncs ves al Deu que et va parir. Mira les noticies. Mira al teu voltant tros d'imbecil. Fixa't amb la vida. I si tens dos dits de cervell entendras alguna cosa. I sino que et bombin desgraciat

I contra violacio castracio.

Jo no soc dona, pero davant de burros com aquest entenc molt més que l'unica solucio que tenen les dones es l'autoorganitzacio.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
15 feb 2004
Sòc dona i m'agradat moltíssim aquest ultim...Espere que cada vegada més homes com tú "JO"...!
El gilipolles eixe "un hombre"es dedica a enviar a Indymedia les seues cagades mentals,quan deuria estar en mans d'un psiquiatra (i encara hi ha dones que tracten de debatre amb ell !)
Com a dona espere que cada vegada haja més homes com "JO" i menys com eixe "hombre acomplexat"
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
15 feb 2004
Fas una curiosa mescla de coses contra les quals lluitar...capitalisme,feixisme etc...i ¿nacionalisme?
Suposse que et refereixes al "nacionalisme espanyol".
¡Per l'alliberament de les dones i els Pobles !
Es una mateixa lluita no ho oblidem !!!
resposta d hombre en altra noticia sobre aqet tema
22 feb 2004
¿Opinión... o criterio?
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/70877/index.php
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
16 abr 2004
ERIN PIZZEY
http://www.adiospapa.org/autores/pizzey.htm
Escritora, periodista y, ante todo, precursora del movimiento mundial
de albergues para mujeres maltratadas. Hija de un diplomático
británico, Erin Patricia Margaret Carney nació en China en 1939, y alternó sus
primeros años entre los diversos destinos de su padre en ultramar y una
estricta escuela religiosa de Inglaterra. En 1961 se casó con el
periodista Jack Pizzey. Divorciada, en 1979 contrajo matrimonio con el
psicólogo Jeffrey Shapiro, en cuya colaboración escribió Prone to violence
("Proclives a la violencia") (1982).
En 1971 fundó el primer albergue moderno de mujeres maltratadas en
Chiswick, cerca de Londres, y conoce de primera mano el mundo de la
violencia doméstica. El albergue de Chiswick, en el que Erin Pizzey mantuvo a
toda costa una política de puertas abiertas, pronto se vio desbordado
por la gran afluencia de mujeres y niños. Las autoridades no tardaron
en preocuparse por las condiciones sanitarias y de hacinamiento, que
costaron a su promotora interminables procesos judiciales. Sólo la
intervención directa de la Reina evitó el cierre de la institución. A lo
largo de diez años, Erin Pizzey trató con más de 5.000 mujeres y sus hijos,
acogidos en su albergue.
Erin Pizzey comprendió desde el primer momento que existía una clara
distinción entre las mujeres que, accidentalmente, habían emprendido una
relación con un compañero violento al que deseaban abandonar
definitivamente y las mujeres que, por profundas razones psicológicas
generalmente relacionadas con experiencias infantiles de violencia, buscaban una o
sucesivas relaciones violentas, sin intención de abandonarlas. A ese
respecto, Erin Pizzey afirma: "... es esencial comprender el diferente
significado con que utilizamos las palabras 'maltratadas' y 'proclives a
la violencia'. Para nosotros, una persona maltratada es la víctima
inocente de la violencia de otra persona; mientras que una persona
proclive a la violencia es la víctima de su propia adicción a la violenciaâ?.
Ambos tipos de mujeres necesitan tipos de ayuda totalmente distintos.
Según sus conclusiones, 62 de las primeras 100 mujeres que llegaron al
albergue eran tanto o más violentas que los compañeros de los que huían,
"y
a cuyo lado acababan volviendo una y otra vez debido a su adicción al
dolor y a la violencia".
Erin Pizzey ha escrito varios libros sobre la violencia doméstica,
entre los que destaca el mencionado Prone to violence, que recoge la
experiencia de esos diez años de trabajo en el albergue. Tras la publicación
del libro, Erin Pizzey recibió amenazas de muerte contra sí misma y
contra su familia, y se le aconsejó que, durante la gira de promoción del
libro, viajase acompañada de escolta policial. El volumen desapareció
pronto de los estantes de las bibliotecas y librerías, y el editor se
arruinó. El acoso alcanzó tales proporciones que Erin Pizzey acabó
exiliándose en Santa Fe (Nuevo México) y no volvió al Inglaterra hasta 1997.
Según los resultados de una investigación realizada en 1996 en todas
las bibliotecas del mundo accesibles desde la Biblioteca del Congreso
estadounidense a través de la red Inter-Library, en esa fecha sólo
existían 13 ejemplares en todo el mundo.
La extrema reacción suscitada por la obra de Erin Pizzey demuestra que
ha tocado una verdad fundamental que el feminismo radical trata de
ocultar desesperadamente. Hace tiempo que las feministas observaron que la
violencia doméstica contiene tanto aspectos físicos como psicológicos.
Pero tratan de ocultar el hecho de que la violencia psicológica es más
frecuente entre las mujeres. En su artículo Working with violent women
("Trabajando con mujeres violentas"), la autora afirma: "Tenemos miles
de estudios internacionales sobre la violencia masculina, pero existen
muy pocos sobre las causas o las formas de la violencia femenina. Al
parecer, un manto de silencio cubre las enormes cifras de la violencia
ejercida por mujeres". Con gran objetividad, Erin Pizzey estudia los
aspectos patológicos de estos comportamientos, ajena a toda parcialidad
sexista: "Según mi experiencia -dice-, tanto los hombres como las mujeres
incurren igualmente en los comportamientos descritos, pero en conjunto,
debido a que sólo las disfunciones del comportamiento masculino se
estudian y son objeto de informes, la gente no comprende que, en la misma
medida, las mujeres son igualmente responsables de ese tipo de
conductas violentas".
Para reforzar su conclusión de que las mujeres pueden ser tan violentas
como los hombres, en su artículo When did you last beat your wife?
("¿Cuándo golpeó Ud. a su mujer por última vez?") (The Observer, 3 de julio
de 1998) señala que "la peor forma de violencia no tiene lugar entre
hombres y mujeres, sino entre mujeres y mujeres. La violencia lesbiana
destaca por su intensidad y resulta muy incómoda para el movimiento
feminista radical". En ese artículo observa también , en referencia a la
discriminación ejercida contra los hombres en los sistemas judiciales
canadiense y estadounidense que "las mujeres comenzaron a falsear la
información y a acusar a sus parejas de violencia doméstica como preámbulo
para solicitar el divorcio. Los hombres fueron acusados de abusar
sexualmente de sus hijos y muchos acabaron en la cárcel sin que existiesen
pruebas contra ellos. Para expulsar a un hombre de su hogar, bastaba con
que su pareja alegase que tenía 'miedo'".
Especialmente significativo es su artículo No more war ("No más
guerra") (Irish Times, 9 de junio de 2000), donde recurre a su experiencia
infantil para insistir en las causas patológicas de la violencia
doméstica, que puede ser ejercida en igual medida por hombres y mujeres. "La
experiencia personal me había enseñado que mi madre era tan violenta como
mi padre. Siempre pensé que era una terrorista doméstica. [...] Mi
madre, sin embargo, gozaba de gran estima, ya que se comportaba como un
ángel en la calle y como el mismo demonio apenas traspasaba el umbral de
su casa". Otra frase significativa de ese artículo: "A finales de 1974
ya me había dado cuenta de que no se podía prestar apoyo general al
movimiento feminista inglés, por su radical odio a la familia y a los
hombres. Sabía que buscaban una causa legítima para justificar su odio a
los hombres y obtener ayuda económica".
En alguna ocasión, Erin Pizzey se ha definido a sí misma como
"reformadora social", y es la experiencia de su labor en la comunidad la que
sirve de trasfondo a muchos de sus textos. En ellos se desnudan y sacan a
la luz algunos de los aspectos más incómodos y deliberadamente
ignorados del comportamiento humano. Cada época tiene sus dogmas y tabúes. En
la nuestra se ha impuesto un concepto dogmático y unidireccional de la
violencia doméstica. Pero cuando ese concepto se confronta con la
versión de los protagonistas -activos y pasivos- de esa violencia y la
objetividad de sus testigos directos, el "dogma oficial" salta en pedazos, y
de nada vale seguir cubriendo la amarga realidad con más velos y
tabúes. La verdad tiene sus espinas. Quizás por eso la obra -social y
literaria- de Erin Pizzey ha molestado tanto en los círculos políticamente
correctos y entre los administradores del pensamiento, aparentemente
múltiple, pero realmente único.
Enlaces en español:
"Al abrigo de la realidad": Entrevista con Erin Pizzey (por Donna
Laframboise)
"De lo personal a lo político" (capitulo del libro "¿Quiénes son las
victimas, los hombres o las mujeres?")
"No más guerra" (artículo de prensa)
"¿Quiénes son las víctimas, los hombres o las mujeres?" (reseña del
libro del mismo título)
"Trabajando con mujeres violentas"
--
HEMBRISMO POLÃ?TICAMENTE CORRECTO.
En la propaganda hembrista (que muchos tienen interiorizada de tal
forma que es difícil librarse de prejuicios) se hace de tal forma que las
mujeres aparecen como las víctimas, tanto si ocurre una cosa o su
contrario.

Voy a poner ahora una cuestión práctica y veamos como se valora según
ocurra una cosa u otra. Ocurra lo que ocurra, siempre se valorará a la
mujer como víctima.

Se trata de un caso imaginario pero que posiblemente se haya planteado
algunas veces en la realidad.


Sea un matrimonio, en el que los dos cónyuges trabajan en la misma
empresa. La empresa va a hacer reducción de plantilla y los dos cónyuges
saben que en unos meses serán despedidos de la empresa. Por tanto, se
ponen a buscar trabajo. Ambos reciben cada uno una oferta de trabajo, pero
en distintas ciudades. Uno de ellos recibe una oferta para trabajar en
Santander y el otro una oferta para trabajar en Cádiz.

Si cada uno acepta el trabajo que le ofrecen, tendrían que irse a vivir
a ciudades muy alejadas y solo podrían verse (y eso con mucha
dificultad) los fines de semana. Esto les parece inaceptable a ambos.

Entonces deciden que uno de ellos aceptará el trabajo que le ofrecen (y
el otro no) y ambos se irán a vivir juntos a la misma ciudad. Uno de
ellos para trabajar y el otro estará en paro una temporada mientras
encuentra otro trabajo en la misma ciudad o en una ciudad cercana. Pero de
momento uno de ellos estará en paro y, evidentemente, se mantendrán con
el dinero que gane el único cónyuge que trabaje. Supongo que la
decisión de cual de ellos aceptará el trabajo y cual se quedará en paro se
toma de común acuerdo.

¿Cómo se valorará esta situación? Pues bien, tanto si es el varón o la
mujer la persona que acepta el trabajo la situación se describirá
SIEMPRE de tal forma que el varón hace el papel de malo y la mujer el papel
de víctima.

1º Supongamos que es el hombre el que acepta el trabajo y ambos se van
a vivir a la ciudad donde él va a trabajar. La mujer, evidentemente,
estará en paro puesto que, para vivir juntos, ella no puede aceptar la
oferta de trabajo que le hicieron.

En ese caso las cosas que se dirían sería algo así como:

Como siempre, es la mujer la que tiene que renunciar al trabajo y
subordinarlo todo a la vida profesional de su marido. Es siempre la mujer la
que tiene que renunciar a su profesión.
(Lo que le ocurre a la mujer se le llama "renuncia", "sacrificio").

2º Supongamos el caso inverso. La mujer acepta el trabajo. Para poder
vivir juntos, el hombre no acepta la oferta de trabajo que le hicieron.
Por tanto, el hombre se queda en paro para poder vivir en la misma
ciudad que su esposa.

En este otro caso las cosas que se dirían sería algo así como:

Ese hombre es un caradura que va a vivir a costa de su mujer. La mujer
ahora tiene que sacrificarse y trabajar duramente para alimentar a un
caradura.
(Lo que le ocurre a la mujer se le llama "sacrificio").

Por tanto, tanto si ocurre una cosa o lo contrario, lo que le ocurra a
la mujer se le llama siempre "sacrificio". La mujer es una víctima
tanto si está en paro y vive a costa de su marido, como si trabaja para
mantener a su marido.

Y, tanto si ocurre una cosa o lo contrario, lo que le ocurra al hombre
(y que cuando le ocurre a la mujer se llama "sacrificio") se le llama
siempre "caradura". El hombre es un caradura si se queda en paro y vive
a costa de su mujer. Pero si trabaja para mantener a su mujer, es
también un caradura que ha impuesto a su mujer la renuncia a su profesión.

Conclusión: ocurra una cosa o lo contrario, el hombre es siempre el
malo y la mujer siempre la víctima.
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Feminismo radical
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Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
30 abr 2004
PATRIARCADO Y FEMINISMO

    El dominio del hombre (el patriarcado) ha sido patente desde el principio de la humanidad. La mujer ha ocupado una posición subordinada a lo largo de toda la historia.

    Por patriarcado se entiende toda organización política, religiosa, económica o social que relaciona la idea de autoridad y liderazgo con el varón y en la que éste desempeña la gran mayoría de los puestos de dirección.

    Todos los antropólogos coinciden en que el patriarcado es universal y antiquísimo, pues a pesar de la gran variedad de sistemas políticos, religiosos, económicos y sociales que a lo largo de la historia han existido, no ha habido un solo ejemplo en el que no se haya dado el patriarcado, es decir, en el que la autoridad no haya recaído en el hombre.

    Las feministas sostienen que si no hay constancia de la existencia de sociedades dominadas por mujeres es debido a que, según ellas, la historia ha sido escrita por los hombres; argumento ridículo porque es tanto como admitir que los hombres han sido capaces de escribir algo (la historia) que las mujeres no han sabido igualar.

    Lo cierto es que el patriarcado ha existido siempre. Así, en las sociedades primitivas, en las que las necesidades alimentarias tenían que cubrirse con el propio trabajo, las mujeres solían encargarse de las tareas agrícolas y los varones de las que requerían fuerza y rapidez, como la caza, el apacentamiento del ganado y la guerra. Además, ejercían la autoridad.

    Grecia continuó también con el régimen patriarcal. Con los griegos, la mujer estuvo relegada al cuidado del hogar y excluida de la educación y de las decisiones políticas. Más tarde, Roma no hizo sino consolidar ese patriarcado. La legislación romana (base de la europea y estadounidense) sometió a la mujer a la patria potestad del marido, siendo considerada como de su posesión. No tenía control legal sobre su persona, ni sobre sus tierras, su dinero o sus hijos.

    No obstante, también hubo en la antigüedad algunas excepciones en cuanto a la posición secundaria de la mujer. Así, en Babilonia y en Egipto, las mujeres tenían derecho a la propiedad y podían ser reinas. Y en los pueblos germanos, gozaban de los mismos derechos que los varones y podían participar en la vida pública.

    En la Edad Media, la legislación feudal fusionó el derecho romano y el germano, de manera que la mujer vio suavizada su situación, aunque siguió estando considerada como un ser inferior. Así, como las tierras se heredaban por línea masculina (lo que implicaba un cierto poder político), la subordinación de la mujer continuó existiendo. Aún así, podía formar parte de los gremios artesanos.

    Pero a finales de la Edad Media (siglo XIII), debido a la influencia de la Iglesia, hubo un retroceso en la consideración de la mujer, al regresarse a los principios del Derecho Romano. Precisamente, a la influencia de la Iglesia y a su tribunal, la Inquisición, se debió la enloquecida caza de brujas, iniciada en Alemania en el siglo XIV y continuada en toda Europa hasta el siglo XVII.

    Las feministas sostienen que la quema masiva de brujas no sólo fue un hecho de índole religiosa, sino también un movimiento de rechazo de la mujer. De hecho, el 85 por ciento de las personas condenadas a la hoguera fueron de sexo femenino.

    En el siglo XV, una mujer, Christine de Pisan, escribió un libro titulado El libro de la Ciudad de las Mujeres, que es considerado como el primer tratado feminista europeo y su autora, como una de las precursoras del feminismo

    En la sociedad de finales del siglo XVIII (el Siglo de las Luces) se produjeron dos importante acontecimientos que acabarían siendo decisivos para el futuro de la humanidad y para el nacimiento del feminismo: la Revolución Industrial inglesa de 1750 y la Revolución francesa de 1789, ambas curiosamente impulsadas por varones.

    La Revolución francesa significó la caída de la Nobleza de los centros de poder, la ascensión a ellos de la burguesía y la implantación de un clima de igualdad que se vio interrumpido con la aprobación del Código Napoleónico, basado en el Derecho Romano.

    Por su parte, la Revolución Industrial, con el descubrimiento de la máquina de vapor, trajo consigo la mecanización agrícola. La agricultura comenzó a prescindir de una gran parte de mano de obra que se vio obligada a refugiarse en la industria. Poblaciones enteras empezaron a emigrar de los campos a los talleres manufacturados.

    Los cambios producidos en la industria, junto a los primeros avances de la ciencia en lo referente al control de natalidad, llevaron a las mujeres de clase baja a integrarse en el mundo del trabajo asalariado. Y es que, mientras que el trabajo humano estuvo basado en la fuerza física, y mientras que la mayor causa de morta lidad femenina estuvo provocada por la maternidad, la posición tradicional de la mujer no se cuestionó. Pero a partir del desarrollo del sistema industrial (sustitución de la energía física por mecánica) y del avance de la ciencia en lo referente al control de natalidad, la posición tradicional de la mujer empezó a quedar vacía de contenido.

    La incorporación de las mujeres al trabajo asalariado supuso el comienzo de su independencia y liberación. Aunque pronto se dieron cuenta de que el camino no iba a ser fácil. Porque lejos de lograr la igualdad con el varón, vieron que se enfrentaban a tres tipos de discriminación: la económica (cobraban menos por idéntico trabajo y no tenían acceso a ciertas áreas de decisión), la jurídica (las leyes subordinaban sus derechos a los de sus maridos, estando sus salarios controlados legalmente por ellos) y la política (no tenían derecho a voto).

    Para luchar contra esta situación, las mujeres de dos de los países más industrializados y de mayoría protestante (Estados Unidos y Gran Bretaña) iniciaron el movimiento feminista (también conocido como movimiento por la liberación de la mujer). Las feministas eran mujeres cultas de clase media. Su objetivo era acabar con la dominación histórica del hombre sobre la mujer, dominación que atribuían a la desigualdad de derechos y oportunidades.

    El feminismo se desarrolló primero en los EE.UU. Sus mujeres fueron pioneras para las del resto del planeta. Se inició, tras la Guerra de la Independencia de 1776. Primero reivindicaron el derecho a la propiedad y, más tarde, al sufragio (al voto), por lo que fueron llamadas "sufragistas". Precisamente, en la consecu ción de este derecho es en lo que se centró el movimiento feminista durante los siglo XVIII, XIX y XX.

    Hay que recordar, no obstante, que el derecho al voto de la mujer sólo empezó a constituir un problema cuando amplios sectores de la población masculina, que hasta entonces tampoco habían tenido ese privilegio, lo obtuvieron con la llegada de las democracias representativas, surgidas después de las revoluciones liberales y democráticas de los siglos XVIII y XIX. Porque no hay que olvidar que con las formas de gobierno autocrático que habían existido hasta ese momento, tanto en la época antigua, como bajo los regímenes feudales, el sufragio había estado restringido incluso entre los varones. En Grecia, la mitad de la población, que era esclava, no votaba. Y en Roma sólo los patricios, que constituían la tercera parte de la población, tenían derecho a voto.

    Las sufragistas poco a poco fueron extendiendo sus demandas a muchas otras áreas de la sociedad. Porque hay que tener en cuenta que, en aquella época, las mujeres no sólo no podían votar, sino que tampoco podían afiliarse a grupos políticos, ni ocupar cargos públicos. Y en la esfera económica tenían también grandes dificultades, pues todas las propiedades eran de los maridos y de los padres. No podían poseer negocios propios ni realizar movimientos de dinero sin contar con la autorización de ellos. Asimismo, su educación era deliberadamente descuidada, por lo que el porcentaje de analfabetismo entre ellas era muy grande.

    Durante la primera mitad del siglo XIX, las sufragistas norteamericanas ejercieron la lucha por sus derechos dentro del movimiento abolicionista (antiesclavista). Pero más tarde, decidieron crear un movimiento propio, dedicado exclusivamente a salvaguardar los derechos femeninos.

    En 1848, más de 100 mujeres celebraron en la capilla de Séneca Falls de Nueva York, la primera convención sobre los derechos de la mujer. Dirigida por la abolicionista Lucretia Mott y por la feminista Elizabeth Cady Stanton, entre sus principales exigencias estaban el derecho a votar en las elecciones y a desempeñar cargos públicos. Sin embargo, en EE.UU., el derecho a voto para la mujer no se consiguió hasta el año 1920. Efectivamente, poco después de la I Guerra Mundial, el Congreso norteamericano aprobó la 19ª Enmienda a la Constitución, que determinaba que "ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberá negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo". La 19ª enmienda se convirtió en ley nacional en el año 1920.

    Por esa época (final de la I Guerra Mundial), el acceso de la mujer a los estudios universitarios y a las diversas profesiones era ya posible en EE.UU. y Europa, y su participación en algunas de esas profesiones, como la médica y la de derecho, era considerable.

    En Gran Bretaña, el movimiento a favor del sufragio femenino se desarrolló de forma paralela al de Estados Unidos, aunque en las últimas etapas utilizaron tácticas más enérgicas y violentas (boicoteos, bombas, piquetes, roturas de ventanas).

    La gran figura británica, pionera en la lucha por los derechos de la mujer, fue la escritora Mary Wollstonecraft. Su obra más importante, Vindicación de los derechos de la mujer (1792), es uno de los documentos feministas más relevantes del siglo XVIII. La autora desafiaba la idea del filósofo francés Rousseau de que las mujeres pensaban de forma distinta. "Las almas no tienen sexo", declaró.

    En Gran Bretaña, la primera reunión por los derechos femeninos tuvo lugar en 1855. La publicación (1869) de Sobre la esclavitud de las mujeres, de John Stuart Mill, atrajo la atención del público hacia la causa feminista británica, sobre todo en lo relativo al derecho de voto.

    Los pensadores socialistas también aportaron sus primeras formulaciones a la causa del feminismo, con obras como La mujer ante el socialismo (1883), de August Bebel, o El origen de la familia, la sociedad privada y del Estado (1884), de Friedrich Engels.

    En 1918, cerca ya del final de la I Guerra Mundial, el Parlamento británico concedió el derecho a voto a todas las mujeres que fueran cabeza de familia, esposas del cabeza de familia y graduadas universitarias de más de 30 años. En 1928, lo amplió a la edad de 21 años.

    Nuestro país concedió el voto a las mujeres en el año 1931, durante la II República. Asimismo, la Constitución actual de 1978 establece la igualdad ante la ley, sin distinción de sexo. La única discriminación que, según las feministas, perdura en el texto constitucional se encuentra en el artículo 57, que al regular la sucesión a la Corona prefiere el varón a la hembra. Hay que explicar, no obstante, que esto tiene una cierta lógica. Y es que, como el Rey es al mismo tiempo Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y como las mujeres no hacían la "mili", no era lógico que pudieran ocupar la más alta jerarquía en el ejército sin ocupar también los escalones más bajos (la tropa). Es decir, no era lógico aspirar a tener los mismos derechos sin tener también las mismas obligaciones. Y es que, donde sí ha existido discriminación es en la aplicación del artículo 14 de la Constitución, el que se refiere a la igualdad de todos los españoles ante la ley sin distinción de sexo, pues la mujer, sólo por serlo, ha estado siempre exenta del servicio militar.

    Desde el nacimiento del feminismo hasta hoy, la mayoría de las naciones han ido promulgando leyes en favor del sufragio femenino. En la actualidad, las mujeres pueden votar ya prácticamente en todo el mundo, con la excepción de algunos países musulmanes (Kuwait, Jordania y Arabia Saudí), en los que aún no tienen reconocido ese derecho .

    Con la extensión generalizada del voto femenino durante el siglo XX, apareció un nuevo feminismo centrado en aspectos ligados a la condición social, económica y política de la mujer. Como textos clave de esta segunda ola figuran El segundo sexo (1949), de Simone de Beauvoir; La mística de la femineidad(1963), de Betty Friedan; Política sexual (1969), de Kate Millett; El eunuco femenino (1970), de Germaine Greer; Nacida mujer (1977), de Adrienne Rich, y Ginecología (1979), de Mary Daly. Textos más recientes son El mito de la belleza(1990), de Naomi Wolf, y Reacción (1992), de Susan Faludi.

    Desde 1910, cada 8 de marzo se celebra en todo el mundo el Día Internacio nal de la Mujer. El origen de esta fiesta se encuentra en el suceso ocurrido en el año 1908, cuando 129 trabajadoras de la empresa Cotton de Nueva York se declararon en huelga y ocuparon la fábrica en la que trabajaban para reclamar algunos derechos laborales. Ante su negativa a desalojar las instalaciones de la empresa, fueron atacadas con bombas incendiarias, muriendo calcinadas todas ellas en el interior del edificio.

    Dos años más tarde, en 1910, el II Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, celebrado en Copenhague, y a propuesta de la feminista alemana, Clara Zetkin, proclamó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

    Lentamente, y a medida que el feminismo ha ido cobrando fuerza en todo el mundo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora ha ido perdiendo su carácter obrero para convertirse en una jornada de lucha por los derechos de la mujer y, últimamente, casi en una jornada de lucha contra el hombre. Año tras año, miles de mujeres salen a las calles de todo el mundo para demandar nuevos derechos, defender los ya conquistados, luchar contra aquellas leyes que las discriminan o que rechazan el principio de igualdad entre sexos y proferir lemas agresivos contra el varón.

    Según las feministas, las mujeres sufren una opresión no compartida por los hombres y de la que, por lo general, son ellos los beneficiarios políticos, económicos, sociales y emocionales. Para las feministas, la opresión de la mujer es, de todas las existentes, la más universal, pues, según ellas, dentro de todos los sectores marginales existe otra opresión interior más: la de la mujer. Ãsta se convierte en la marginada del marginado.

    Hoy día, debido a los métodos anticonceptivos (que han liberado en gran parte a la mujer de la maternidad), a la carestía de la vida (que lleva a muchas familias a necesitar dos salarios para vivir) y al gran número de parejas que se divorcian, la afluencia de mujeres al mercado de trabajo es mayoritaria. Por eso, las reivindicaciones por las que pelean hoy los grupos feministas tienen mucho que ver con esta situación. Por ejemplo, el derecho a la igualdad de salarios y oportunidades en el mundo laboral; el reconocimiento de las tareas del hogar por parte del Estado y la lucha contra el acoso sexual en el trabajo.

    Ahora bien, existen otras reivindicaciones, igualmente importantes. Por ejemplo, la lucha contra los malos tratos y las violaciones. O la cruzada contra la discriminación de la mujer dentro del integrismo islámico. O contra la mutilación genital practicada todavía en muchos países (Pakistán, Egipto, casi todo el Oriente Medio y varios de los países del Ã?frica subsahariana, como Etiopía, Sudán, Kenia, Somalia, etc.). Se supone que hay unos 100 millones de mujeres a las que les han sido mutilados sus órganos genitales, y se calcula que cada año, unos dos millones de niñas sufren este trato. Hay que recordar, no obstante, que quienes realizan esta práctica salvaje son precisamente mujeres; mujeres ancianas, experimentadas o comadronas, que transmiten esa tradición de madres a hijas. Por tanto, la mutilación genital no puede ser atribuida exclusivamente al machismo universal, dado que quienes la llevan a cabo son personas de sexo femenino. Más bien debe ser achacada a las costumbres bárbaras y atrasadas de esos pueblos.

    De todas formas, la reivindicación principal del movimiento feminista sigue siendo el acceso de la mujer al poder. No hay que olvidar que sólo 24 mujeres han llegado a gobernar su país a lo largo de toda la historia de la humanidad.
   
    Las feministas afirman que el hecho de que la mujer represente más de la mitad del electorado (el 54%) y que, pese a ello, sigan siendo los hombres los que gobiernan casi todos los países, es una prueba de la discriminación existente. Y es que, pese a que el sexo femenino puede ocupar ya cargos públicos en la mayoría de los países desarrollados, continúa siendo el varón el que ostenta el poder en casi todos ellos. Así, en la mayoría de las monarquías actuales, las mujeres solamente asumen el poder cuando no existe un varón equivalente (es el caso, por ejemplo, de la monarquía española). Y en los países no monárquicos, pero con democracia representativa, aunque ha habido mujeres que han llegado a alcanzar la más alta jerarquía en ellos (Golda Meir en Israel, de 1969 a 1974; Indira Ganhdi en la India, de 1966 a 1977 y de 1980 a 1984; Margaret Thatcher en Gran Bretaña, de 1979 a 1990; Benazir Bhutto en Pakistán, de 1988 a 1990 y de 1993 a 1996, y Corazón Aquino en Filipinas, de 1986 a 1992, entre otras), lo cierto es que las cifras globales continúan siendo irrisorias. Además, incluso en esos países, el hombre ha seguido ejerciendo la autoridad en proporciones abrumadoras, ya que la mayor parte de los puestos de mando han continuado estando en sus manos. En España, por ejemplo, más de las 3/4 partes de los parlamentarios siguen siendo varones.

    Pero la situación jerárquica del hombre no sólo se da en la política, sino en cualquiera de los ámbitos de la sociedad. Así, por ejemplo, los grandes banqueros, los grandes empresarios y los grandes millonarios son varones. Y las universidades, los hospitales, los medios de comunicación, etc. están también en manos masculinas.

    En definitiva, el buen funcionamiento de la sociedad depende del varón. Por ejemplo, la economía. Las principales actividades económicas están integradas exclusiva o mayoritariamente por los hombres: la pesca (los barcos de pesca), la industria maderera (muebles y papel), la industria de la construcción, la agricultu ra, la ganadería, el transporte urbano (autobuses, taxis), el transporte por carretera (camiones), el transporte marítimo (barcos mercantes), el transporte aéreo (pilotos), la industria del automóvil, los talleres mecánicos, la carga y descarga, las minas, las canteras, las extracciones petrolíferas, etc. Los varones, como se ve, abarcan todos los sectores del mercado laboral, mientras que el 80 por ciento del empleo femenino se concentra en el sector servicios (enseñanza, sanidad y oficinas).

    En España, las mujeres constituyen el 70 por ciento de los profesionales de la enseñanza. De hecho, representan el 82 por ciento del profesorado de educación infantil, el 60 por ciento del de primaria y el 50 por ciento del de bachillerato. Pero, pese a ello, la presencia femenina en los escalones más altos de la docencia es minoritaria. Así, sólo el 34 por ciento de los profesores universitarios que hay en España son mujeres. Y el 15 por ciento de los catedráticos de facultades y escuelas universitarias son femeninos. Asimismo, de los 68 rectores de universidad que hay en nuestro país (cargo elegido entre los catedráticos), únicamente 4 son mujeres.

    En EE.UU., el 83 por ciento de los maestros de primera infancia son mujeres; sin embargo, el 81 por ciento de los directores de los colegios son hombres.

    Otro tanto ocurre en la sanidad. El 96 por ciento de las enfermeras de EE.UU. son mujeres, pero casi todos los directores de hospitales son hombres. Y en la antigua URSS, la mayoría de los médicos eran femeninos, sin embargo, a medida que se ascendía en los puestos directivos dentro de la Medicina, el porcentaje de mujeres iba decreciendo, hasta llegar a la cúspide, en donde los hombres eran ya la mayoría.

    En la justicia la situación es exacta. Cierto que en España cada día hay más jueces que son mujeres, pero éstas siguen sin llegar al Tribunal Supremo y al Constitucional. No hay ninguna mujer en el primero y sólo una en el segundo.

    Como se ve, cuanto más alto es el nivel de mando, tanto mayor es el desequilibrio existente entre hombres y mujeres, incluso en profesiones en que ellas son mayoría.

    Los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) también están dirigidos por varones. Las feministas ven en esto una discriminación, así como en el hecho de que en ellos se dedique más espacio al hombre que a la mujer, tanto en informaciones generales, como en artículos firmados o en fotos (sólo el 9% de los nombres propios que aparecen en la prensa diaria son femeninos).

    Pero, claro, esto sería una discriminación si el acceso a la dirección de los medios informativos estuviera vedado a la mujer (cosa que no es cierta) y si el protagonismo del sexo femenino en la sociedad fuera tan grande como el masculino (que tampoco lo es). Porque lo que sí es cierto (como hemos visto más atrás) es que los grandes banqueros, los grandes empresarios, los grandes millonarios, los grandes políticos, los grandes científicos, los grandes periodistas, los grandes presentadores de radio y televisión, los grandes actores, los grandes directores de cine y teatro, los grandes grupos musicales, los grandes deportistas, los grandes cocineros, etc. lo son.

    El hombre, pues, ejerce la autoridad no sólo en la política, sino en todos los ámbitos de la sociedad. Y no sólo eso. Cualquier sociedad concede más categoría a los roles masculinos que a los femeninos. Cierto que, salvo excepciones, cada rol es masculino en unas sociedades y femenino en otras. Pero cuando una mujer ocupa un puesto que tradicionalmente está considerado en una sociedad como masculino, aquel pierde valor a los ojos de la sociedad. Por ejemplo, la profesión de maestro era antiguamente muy respetada; sin embargo, ahora que la mayoría de los maestros son mujeres, la profesión ya no suscita la misma consideración. Por eso, las feministas han comenzado a decir que el exceso de mujeres en la enseñanza es perjudicial para la sociedad, porque, según dicen, las chicas y los chicos han acabado creyendo que es una profesión de mujeres y por ello los chicos no quieren dedicarse a ella.

    Los varones ocupan el poder; pero lo cierto es que las mujeres tienen el 54 por ciento de los votos en las elecciones generales. Por tanto, difícilmente pueden quejarse de estar siendo marginadas en la toma de decisiones políticas. Si no llegan al poder será por otras razones, pero no por falta de participación.

    Y es que, al hablar las feministas de discriminación en el acceso al poder, están dando por sentado que es posible convencer a todas las mujeres para que voten en las elecciones a otra mujer. Sin embargo, esta suposición es muy de poner en duda, ya que, como más adelante se verá, el ser humano relaciona la idea de autoridad precisamente con el varón. Esto es así y explica la situación jerárquica del hombre no sólo en la política, sino en cualquiera de los ámbitos de la sociedad.

    La idea de autoridad está asociada al varón porque para él la jerarquía y la dominación forman parte de su naturaleza. La autoridad ejerce una atracción más fuerte en los hombres que en las mujeres. Ellos están más dispuestos que ellas a sacrificar su propia vida y otras recompensas por lograr una posición de dominio.
Precisamente, la mayor vulnerabilidad de los hombres a las enfermedades coronarias puede estar relacionada con que las respuestas de estrés neuroendocrino a las exigencias del éxito son más intensas y más frecuentes en ellos.

    En el dominio masculino de la sociedad (el patriarcado) influye también la diferente mentalidad existente entre los sexos. A los hombres les interesa el poder y el dinero mucho más que a las mujeres. De hecho, hablan de ambas cosas mucho más que ellas.




    EL PATRIARCADO TIENE BASE CIENTÃ?FICA

    Las feministas, sin embargo, dicen que no hay nada en la naturaleza de los seres humanos que decrete que tengan que ser los hombres los que dirijan todas las sociedades y que ello es simplemente debido a la mentalización que se practica desde la niñez. Aseguran que las diferencias de comportamiento entre los sexos son producto de las diferencias existentes en la socialización. Es decir, que somos lo que somos debido a nuestros padres y profesores que, a su vez, son un reflejo de la sociedad. Algo así como que los bebés nacen con una mente en blanco donde padres, profesores, etc. van escribiendo lo que quieren.

    Creen esto por la influencia que, durante los dos primeros tercios del siglo XX, tuvieron, sobre la conducta animal, las opiniones del fisiólogo ruso Iván Pavlov (descubridor de los reflejos condicionados) y de los psicólogos conductistas americanos, John B. Watson y Burrhus F. Skinner. Todos ellos consideraban que los animales (y en especial los seres humanos) venían al mundo ayunos de programación genética en su cerebro y que su conducta no era más que el resultado del aprendizaje y del condicionamiento social al que eran sometidos.

    Ahora bien, esta opinión fue poco a poco perdiendo prestigio por su evidente incompatibilidad con la teoría evolucionista de Darwin y por los descubrimientos logrados en disciplinas académicas tales como la etología (estudio del comportamiento animal), la fisiología (sobre todo, por los descubrimientos logrados por los fisiólogos Lorenz, Tinbergen y Von Frisch, premiados en 1973 con el Nobel de Medicina) y la sociobiología (estudio de la base biológica de la conducta social), fundamentalmente, gracias a los avances llevados a cabo por el naturalista Wilson.

    Y es que, el argumento de la socialización como justificación válida para explicar las diferencias de comportamiento entre el hombre y la mujer se enfrenta a varios problemas. En primer lugar, olvida que tales diferencias son universales, y tal uniformidad intercultural es un fenómeno de difícil explicación sin remitirse a algún elemento subyacente de la psique humana. Nuestras diferencias en la conducta se heredan generación tras generación y prácticamente no existen diferencias entre unos pueblos y otros.

    En segundo lugar, la socialización no demuestra nada, solamente nos lleva a hacernos otras preguntas: ¿por qué la socialización se orienta siempre en la misma dirección? ¿por qué, si se han estudiado todo tipo de culturas, con todo tipo de grado de desarrollo, no ha habido un solo ejemplo de sociedad matriarcal?

    Las feministas dicen que la diferencia universal de los rasgos temperamen tales del hombre y la mujer puede atribuirse al hecho de que todos los habitantes del planeta han evolucionado a partir de un pequeño grupo progenitor, y que sus comportamientos han ido traspasándose generación tras generación. Sin embargo, esta argumentación plantea otra pregunta: ¿por qué el grupo progenitor decidió que las reglas iniciales fueran ésas? Una explicación más lógica sería admitir que hay algo en la naturaleza humana que conduce siempre a la misma respuesta.

    La socialización además no puede ser la causa del patriarcado porque en la socialización de toda persona la mujer ocupa el papel principal. El comportamiento de todo ser humano depende en gran medida de lo que aprende de su madre, dado que es con ella con quien establece la primera relación. El bebé no percibe más realidad que la de una madre que le alimenta, le proporciona afecto y le habla. El bebé no entiende el significado de las frases de su madre, pero su cerebro va adquiriendo poco a poco, día a día, el programa de ese idioma. Por eso se habla de "lengua materna" y debería decirse además "cultura materna". Y no sólo eso, sino que más adelante, cuando los niños van al colegio, también se encuentran ahí mayoritariamente con mujeres, pues son éstas las que ocupan el 95 por ciento del profesorado de educación infantil y el 60 por ciento del de primaria. Por tanto, si las diferencias de comportamiento entre los sexos son debidas a la mentalización que se practica en la niñez, habrá que concluir que la culpa de ello la tiene la mujer.

    Quizá lo que más se aproxima a una prueba hecha en laboratorio de las hipótesis sobre la socialización sean los kibbutzs de Israel. Los progresistas kibbutzs israelíes, con la idea de eliminar los roles sexuales, crearon en 1910 unas sociedades comunitarias en las que los niños y niñas eran educados colectivamen te, sin padres definidos ni patrones de género de ningún tipo, exactamente igual los unos que las otras. En su afán por desterrar el sexismo, incitaron a los varones a jugar con muñecas y a las niñas a participar en juegos físicos. El resultado fue un estrepitoso fracaso. Los niños, naturalmente, y en contra de las indicaciones de sus maestros, se separaban de las niñas para jugar entre ellos a la guerra y competir por su destreza física y fuerza bruta, y las niñas elegían actividades más comunicacio nales. Y otra cosa importante: desde el primer momento, los hombres ocuparon la mayor parte de los cargos de autoridad.
   
    No es, pues, la socialización la causante del patriarcado, sino la biología. Si las niñas y los niños creciesen en una isla desierta en la que no existiese ningún tipo de sociedad organizada, las niñas seguirían abrazándose entre sí y jugando con muñecas mientras que los niños intentarían competir física y mentalmente entre ellos y tenderían a la formación de grupos con una clara jerarquía. A los animales nadie les enseña nada y, sin embargo, el comportamiento entre los machos y las hembras es completamente distinto.

    A lo largo de las tres últimas décadas, el trabajo teórico y empírico realizado en varias disciplinas independientes (neurología, psicología, genética, sociobiolo gía, antropología, paleontología y etología) ha servido para demostrar que el comportamiento humano está en gran medida prefijado por la biología. Así, investigaciones llevadas a cabo en el campo de la genética del comportamiento han puesto de manifiesto que, efectivamente, las diferencias temperamentales tienen un fundamento biológico mucho mayor de lo que se pensaba.

    Los métodos de los genetistas del comportamiento para estimar los efectos de los genes y del medio ambiente en el temperamento de los sexos han consistido en examinar los rasgos de los gemelos y de los hijos adoptados.

    Los estudios sobre gemelos han partido de la base de que los gemelos iguales (o monozigóticos) son prácticamente idénticos desde el punto de vista genético, puesto que son el resultado de la división de un único huevo fertilizado (el zigoto), mientras que los gemelos fraternos (o dizigóticos), que son el resultado de la fertilización de dos óvulos por dos espermatozoides, no son más iguales genéticamente que cualquier otro par de hermanos. Pues bien, se ha comprobado que el comportamiento de los gemelos idénticos (monozigóticos) es más parecido entre sí que el de los gemelos fraternos del mismo sexo,

    Otro método para comprobar la influencia de la biología en el comporta miento humano ha sido el de comparar el parecido entre sí de gemelos idénticos criados juntos y el parecido de ese tipo de gemelos criados por separado. Se ha demostrado que el comportamiento de los gemelos criados por separado sigue siendo tan similar entre sí como el de los gemelos criados juntos, lo que permite deducir que las influencias ambientales son relativamente poco importantes y que el rasgo temperamental está claramente marcado por la biología.

    Por último, los genetistas del comportamiento han utilizado dos métodos más: uno ha sido el de comparar el parecido temperamental de hermanos adoptados criados por separado y otro, el de comparar el parecido de esos niños adoptados con el de sus hermanos sin parentesco consanguíneo. Si los hermanos adoptados criados en hogares distintos se siguen pareciendo entre sí más de lo que se parecen a sus hermanos sin parentesco consanguíneo, eso demuestra una vez más que el rasgo temperamental está claramente influido por los genes.

    Queda claro, pues, que antes de que la sociedad pueda influir en nuestro cerebro, ya lo ha hecho la biología. Y como además la influencia biológica es inevitable, la conclusión a la que se llega es que el patriarcado es inevitable.

    Decir que el patriarcado es inevitable significa que lo es por razones biológicas, esto es, que la biología excluye la posibilidad de que exista un solo sistema social en el que la autoridad no sea patrimonio de los hombres y en el que la conducta masculina no se manifieste en forma de dominio y de éxito para conseguir los roles y posiciones de poder.
   
    La inevitabilidad del patriarcado tiene como base el razonamiento científico.
Una de las principales aportaciones de las últimas investigaciones científicas es la confirmación de que existen importantes diferencias cerebrales entre el hombre y la mujer. Estudios hechos tanto sobre animales como sobre seres humanos han dejado claro que las hormonas sexuales tienen un efecto sustancial en el comportamiento. Los estudios realizados sobre niños pequeños han puesto de manifiesto que el comportamiento marcado por el sexo se desarrolla a tan temprana edad que no es razonable una explicación basada únicamente en el condiciona miento social.

    Los niños desarrollan preferencias de tipo sexual antes de aprender los estereotipos del rol al que pertenecen. Hay en ellos, por ejemplo, una tendencia innata a jugar con los de su mismo sexo, cosa que también vemos en los primates no humanos, entre los que, como es lógico, la transmisión cultural es mínima. La tendencia de los niños a preferir compañeros de juego del mismo sexo se debe a la diferente forma de interactuar unos con otros. Esta tendencia se inicia tan pronto que ya se observa a los 3 años.

    Todos los descubrimientos científicos apuntan hacia un fundamento biológico del comportamiento, y tomados conjuntamente resultan aplastantes. El hombre y la mujer son física, biológica y psicológicamente muy diferentes, y son estas diferencias las que dan al varón el dominio de la sociedad. Los hombres, por ejemplo (como todos los demás machos animales), son por naturaleza más agresivos. También es propio de los ellos la defensa del territorio que consideran de su propiedad. Son más susceptibles de generar dependencias negativas, es decir, se enganchan con más facilidad al tabaco, a las drogas, al alcohol, al juego o al sexo. Las mujeres, por su parte, son más proclives a desarrollar conductas adictivas relacionadas con la estética (bulimia o anorexia) o con las compras. En España se calcula que hay medio millón de personas afectadas de anorexia, de las cuales, el 90 por ciento son mujeres, especialmente adolescentes. Y los psiquiatras han constatado una mayor adicción patológica de las mujeres a las tiendas y a la cleptomanía (impulso a robar), manifestaciones que se activan alrededor de la menstruación y durante el embarazo.
   
    De todas formas, una cosa debe quedar clara y es que la ciencia no podrá llegar nunca a demostrar que un sexo es superior a otro. Un juicio general sobre la superioridad o inferioridad de los sexos no tiene sentido más que en el contexto de la escala personal de valores de cada uno. Se puede hablar de superioridad en un sector específico. Por ejemplo, los hombres son superiores en estatura y las mujeres lo son cuando se trata de alcanzar las notas más agudas en el canto. La objetividad científica se pierde cuando se dice que los varones son superiores en general. Para demostrar esto hay que seleccionar subjetivamente un conjunto de criterios.




    DIFERENCIAS FÃ?SICAS

    Lo que sí es cierto es que el cuerpo del hombre es por término medio un 8 por ciento más grande, un 10 por ciento más pesado y un 7 por ciento más alto que el de la mujer. Esto hace que, en promedio, el macho humano sea un 30 por ciento más fuerte que la hembra, ya que su tejido muscular pesa poco más o menos el doble (alrededor de 26 kg de músculos en él frente a los aproximadamente 15 kg en ella). Además, es más rápido y posee una mayor resistencia a la fatiga.

    La menor talla de la mujer (y de la mayoría de las hembras animales) es debida a la producción en sus ovarios de estrógenos (hormona femenina), que frenan el crecimiento del cuerpo, mientras que los andrógenos u hormonas masculinas (de las cuales, la principal es la testosterona, aunque hay otras, como la nandrolona, mesterolona, estanozolol, etc.) fortalecen el cuerpo y aumentan el crecimiento de músculos y huesos.

    La desventaja física de la mujer es evidente. En cualquier disciplina deportiva, ya sea de velocidad, resistencia o fuerza, las diferencias entre los registros conseguidos por los hombres y los de las mujeres son del orden del 10 por ciento. Y esto es debido a las desigualdades hormonales, es decir, al hecho de que las chicas, debido a los estrógenos, terminen el crecimiento dos años antes que los chicos. Esta es la principal desventaja física de la mujer respecto del hombre.

    Pero hay otras más. Los hombres, debido también a la testosterona, poseen una mayor masa muscular. Por eso, algunos atletas ingieren testosterona como anabolizante esteróideo con el fin de aumentar su musculatura. Además, el corazón y los pulmones masculinos son de mayor tamaño y mueven una superior cantidad de sangre (5 litros de promedio en ellos y 4,5 en ellas), lo que se traduce en un mayor transporte de oxígeno a los músculos. Esto, unido a que el hombre posee también un mejor transporte de calcio al interior de las células, hace que el rendimiento del músculo masculino sea superior al femenino en un 10 por ciento.

    Los varones, además, tienen la mitad de grasa que las mujeres. La testosterona ayuda a que el varón tenga una proporción corporal de grasa de un 12 por ciento, frente a un 40 por ciento de proteínas. Sin embargo, en las chicas es distinto. Como sus hormonas (estrógenos y progesterona) distribuyen las grasas y las proteínas por todo el cuerpo, tienen una proporción de un 25 por ciento de grasa frente a un 23 por ciento de proteínas. En los deportistas profesionales, el porcentaje de grasa corporal en los hombres es de un 4 por ciento y en las mujeres, de un 9 por ciento. Y téngase en cuenta que la grasa representa una sobrecarga inútil, un lastre que hay que desplazar y que, al contrario que el músculo, es incapaz de generar fuerza o movimiento. La grasa dota al cuerpo femenino de una de sus señales más características: la curvatura de la silueta.

    Por otro lado, dado que las mujeres dan a luz entre las piernas, la naturaleza las ha dotado de una pelvis mucho más ancha para el momento del parto. Y es que, al ir aumentando la inteligencia de los homínidos, el tamaño cerebral de las crías fue creciendo, lo que provocó el incremento de la distancia de las cabezas de los fémures femeninos para adecuarse al momento del nacimiento; del nacimiento de unas crías cuyo cerebro era cada vez mayor. El parto fue haciéndose progresiva mente más traumático, hasta convertirse en la primera causa de muerte de las hembras humanas. La pelvis ancha trajo consigo también la separación de sus piernas y la particular forma femenina de caminar, con su característico balanceo de caderas. Ahora bien, esta configuración ósea disminuye la eficacia mecánica de las piernas en la carrera y propende a un mayor riesgo de lesiones de rodilla.

    Todas estas circunstancias hacen que la capacidad física del varón sea claramente superior a la de la mujer. Es decir, no sólo hay diferencias físicas entre el hombre y la mujer, hay además una evidente jerarquía física entre ambos, jerarquía que ha creado la naturaleza.

    Las feministas, empero, dicen que el mayor tamaño del sexo masculino no le coloca en una posición de superioridad, sino todo lo contrario, pues a más talla, más necesidad de alimentos. Y para demostrarlo, ponen como ejemplo el caso de los dinosaurios, a los que su talla, dicen, acabó resultándoles un problema para su supervivencia.

    Pero, claro, hay que tener en cuenta que si bien es cierto que la mayor talla se traduce en una superior necesidad de alimentos, también es verdad que el hombre ha sabido compensar siempre esa mayor demanda, con una superior capacidad para conseguirlos.

    Y en cuanto a comparar a los dinosaurios con el hombre, es simplemente absurdo. Primero, porque no es cierto que la talla de los dinosaurios se convirtiera en un problema para ellos, sino al contrario. Gracias a su tamaño, los dinosaurios eran los reyes del planeta. Segundo, porque la desaparición de esos animales no fue debida a su gran tamaño, sino al impacto sobre la Tierra de un meteorito. Los dinosaurios tenían, en efecto, un gran tamaño, pero poseían un cerebro muy pequeño en relación con su cuerpo. El varón, en cambio, dispone de un cerebro totalmente proporcionado a su tamaño; un cerebro, por cierto, que es un 14 por ciento más grande que el de la mujer.

    Las feministas tampoco consideran que la mayor fuerza muscular del hombre sea una ventaja para él, pues, según dicen, los beneficios que el varón ha podido sacar de su mayor fortaleza en el pasado, han quedado totalmente supera dos en la actualidad, con las máquinas existentes, ya que éstas realizan ahora casi todo el trabajo que antes se hacía a base de músculos.

    Pero esto no es cierto, porque está demostrado que la fuerza muscular es útil para muchas cosas. Por ejemplo, para encontrar empleo. Porque todavía hay trabajos en los que la fuerza muscular es necesaria para realizarlos, como albañil, minero, mecánico, bombero, repartidor de gas y muchos otros. Precisamente ésta es una de las razones por las que el desempleo afecta más al sexo femenino que al masculino (el número de mujeres en paro es el doble que el de hombres. Concretamente, en España el porcentaje de mujeres en paro es del 20,2 por ciento y el de hombres, del 9,3 %). Y es que, como hemos visto antes, los varones, gracias a su mayor fortaleza, pueden abarcan todos los sectores del mercado laboral, mientras que las féminas sólo buscan trabajo en actividades que les resultan cómodas: enseñanza, sanidad y oficinas. No hay casi mujeres en la industria (13%), ni en la agricultura (6%), ni en la construcción (1%). No hay, pues, casi mujeres que sean albañiles, mineras, mecánicas, camioneras, taxistas, repartidoras de gas, fontaneras, soldadoras, barrenderas, sepultureras, limpiadoras de alcantarillas, vigilantes jurados, policías o bomberas.
   
    En cualquier caso, queda claro que la fuerza muscular es útil, entre otras cosas, para encontrar trabajo. Pero no sólo sirve para esto; también, por ejemplo, para defenderse de los demás. No se olvide que hoy, como siempre, el máximo peligro en la sociedad es el propio ser humano. La fuerza física sigue siendo muy útil, por tanto, para luchar contra las agresiones de todo tipo, incluidos los malos tratos domésticos y las violaciones. Téngase en cuenta que la violencia doméstica se cobra cada año una media de 60 víctimas femeninas por 7 masculinas.

    Las feministas aseguran que la fuerza muscular no es la causante de los malos tratos. Para ellas, esta violencia es ideológica. Está basada, dicen, en la relación de poder del varón sobre la hembra y en la falta de independencia económica de la mujer casada respecto del marido. Afirman, asimismo, que las violaciones están causadas por la falta de respeto del hombre hacia la mujer.

    Pero no es cierto. Los malos tratos se producen porque el sexo masculino es más fuerte y violento que el femenino. Y las violaciones, por ese mismo motivo y por una razón obvia: porque el varón tiene pene y es sexualmente más agresivo. Y es que, si el hombre fuera más débil que la mujer, no podría maltratarla ni violarla (a no ser en grupo), pues en el forcejeo saldría malparado. Y si el hombre tuviese vagina y la mujer pene, por mucha falta de respeto que sintiera hacia la mujer, tampoco podría violarla, habida cuenta que no se consigue una erección con intimidación, sino al contrario.

    Hay una cosa que debe decirse y que es políticamente incorrecta. A las chicas jóvenes les gusta reclamar la atención de los chicos mediante el uso erótico de su cuerpo (falda muy corta, ropa muy ajustada), porque saben consciente o inconscientemente que el cuerpo femenino es un cebo infalible para los hombres. Y están en su derecho de hacerlo. Ahora bien, deberían saber también (y parecen no saberlo) que viven en una sociedad plagada de malas personas que no respetan los derechos de los demás. Por ejemplo, todos los coches que hay en la calle tienen sus dueños; pero no por ello éstos los dejan abiertos. Al contrario, compran sistemas antirrobo para evitar que se los lleven. Y los artículos que hay en los grandes almacenes son de éstos; pero no por ello dejan de adoptar medidas de seguridad para evitar robos. Del mismo modo, aunque las chicas tienen todo el derecho del mundo a ir vestidas como les dé la gana, deben ser conscientes de que no todas las personas que hay en la sociedad van a respetar ese derecho.

    En cualquier caso, que se convenzan las feministas: la principal razón por la que se producen los malos tratos y las violaciones es la mayor fuerza y agresividad del varón. En consecuencia, sólo podrá acabarse con ambas cosas cuando logre terminarse con los malos tratos del fuerte al débil, del superior al inferior, del adulto al niño, etc.; es decir, desgraciada y probablemente, nunca. Y una prueba de que esto es así la tenemos en esas imágenes ofrecidas por la televisión en las que se ve a chicas que trabajan de "canguro" golpeando a los bebés que tienen a su cargo. Esas imágenes ponen de manifiesto que la mujer también abusa de su mayor fuerza física y agresividad cuando puede.

    La violencia doméstica no se explica, pues, sólo con el manido recurso a la mentalidad machista. Un 54 por ciento de las parejas de lesbianas reconoce que existe violencia en su relación, frente a un 11 por ciento de las parejas heterose xuales.

    Y es que, no debería ignorarse que los humanos compartimos el 99 por ciento de los genes con un animal: el chimpancé. De modo que, por muchas normas éticas que nos inventemos, por mucha educación condicionadora que le demos a nuestra descendencia, siempre habrá humanos en los que predomine ese cerebro bestial que todos tenemos dentro. Es decir, siempre habrá dictadores, criminales, violadores, chantajistas...; todos ellos muy humanos.

    De todas formas, lo que está claro es que el hombre y la mujer son físicamente muy diferentes. Ejemplos evidentes de esas diferencias son:

        Hombre:     Tamaño grande            
                Aparato genital exterior        
                Voz grave
                Barba y vello en todo el cuerpo

        Mujer:     Tamaño pequeño
            Aparato genital interior
                Voz aguda
                Ni barba, ni bigote, ni casi vello en el cuerpo




    DIFERENCIAS BIOLÃGICAS

    Pero entre el hombre y la mujer no sólo hay importantes diferencias físicas, las hay también biológicas. Por ejemplo:

    La mujer ovula sin tener consciencia de ello y sin poder evitarlo. La naturaleza no la ha dotado de la posibilidad de elegir el momento de su ovulación. El hombre, en cambio, eyacula solamente si se lo propone.

    La mujer es menos fértil que el varón. Así, mientras que éste puede fecundar todos y cada uno de los días del año y a mujeres diferentes y dejar embarazadas simultáneamente a más de una mujer al año, ella sólo puede ser fecundada 2 ó 3 días al mes (cuando tiene la ovulación) y únicamente puede tener un embarazo cada 9 meses y de un sólo hombre. Además, goza también de menos años de vida fértil que el varón.

    Por todo ello, una mujer que tuviera un hijo cada 9 meses, desde los 12 a los 50 años (promedio de vida fértil), llegaría a tener un total de 50 hijos; mientras que un hombre que viviera hasta los 70 años, si fecundara a una mujer distinta cada día, podría llegar a tener más de 20.000 hijos.

    Precisamente, la menor fertilidad femenina es la causa de que la ciencia haya orientado el estudio de los anticonceptivos hacia el cuerpo de la mujer. Las feministas se quejan de esto y lo atribuyen al manido machismo de la sociedad. Pero no es cierto. Lo que sucede es que, para la ciencia, es más fácil controlar una sola célula al mes (el óvulo), que casi 120 millones de ellas al día (los espermato zoides). Por tanto, es normal que sea la mujer la que deba tomar los anticoncepti vos. Y si esto resulta un fastidio, recuérdese que durante muchos años ha sido el hombre el que ha estado practicando la anticoncepción, poniéndose el preservativo y realizando el coito interruptus. Además, hoy también se investiga en anti conceptivos para el varón.

    No obstante, la contradicción en la que incurren las feministas es que, por un lado, se quejan de que sea la mujer la que deba tomar los anticonceptivos y, por otro, se lamentan de que la mujer no haya podido disfrutar del sexo hasta la llegada de los anticonceptivos, es decir, hasta que la ciencia ha logrado separar la reproducción de la sexualidad. Pero esto tampoco ha sido una discriminación, sino el tributo que la mujer ha tenido que pagar por su biología.

    El varón es el que determina el sexo de los hijos, pues sus células cuentan con dos cromosomas sexuales distintos (X-Y), mientras que en la mujer los dos cromosomas son del mismo tipo (X-X).

    El hombre, para poder ser padre, sólo tiene que dedicar unos minutos de su vida. La mujer, en cambio, para poder ser madre, tiene que soportar 9 meses de embarazo y fuertes dolores en el parto, con peligro incluso de muerte en él. Además, después de dar a luz, suele padecer algunas secuelas psicológicas provocadas por el brusco descenso del nivel de progesterona en su cuerpo, como la depresión post-parto (el 84% de la mujeres la sufren); y algunas secuelas físicas, como la incontinencia urinaria.

    Es decir, el varón, puede ser padre sin pagar precio alguno a la naturaleza, mientras que la mujer tiene que arriesgar incluso su vida. Asimismo, la naturaleza ha decretado que, una vez nacido el niño, sea la madre la que deba encargarse de él, dado que después del parto, y sin que ella pueda evitarlo, su cuerpo se pondrá a fabricar leche con el único objetivo de servir de primer alimento para el recién nacido.    

    Por todo ello, algunas feministas radicales creen que la discriminación de la mujer sólo desaparecerá cuando sean las máquinas las que se encarguen de los embarazos y los partos. Es más, piensan que promover los embarazos es una forma masculina de tener controlada a la mujer.

    Pero como lo que caracteriza al feminismo es su capacidad para mantener una cosa y la contraria, hay otras feministas que aseguran que la capacidad de concebir de la mujer no sólo no es una desventaja biológica, sino un privilegio indiscutible. Y afirman que si bien hay mujeres que piensan que la menstruación, el embarazo y el parto son impedimentos biológicos evidentes, es debido, según dicen, a que los hombres las han inducido a creer tal cosa, dada la envidia que, para las feministas, tienen los varones de no poder concebir ellos.

    Pero tampoco esto es verdad. En primer lugar, porque, si lo fuera, significaría que las mujeres son tontas, al haberse dejado engañar por los hombres. Yen segundo lugar, porque la mujer, por sí sola, no es capaz de concebir, sino que son ambos sexos (varón y hembra) los que, juntos, provocan los procesos que dan lugar a la concepción.

    Lo que sí es cierto es que la menstruación, el embarazo y el parto son desventajas biológicas indiscutibles. Y para comprobarlo no hay más que analizarlo.

    La menstruación lo es porque, además de ser un poco molesta y llegar siempre en el peor momento, predispone a las mujeres a la anemia por carencia de hierro (un elemento esencial para la vida. ) y, como consecuencia de ello, a falta de fuerza y a una mayor facilidad para contraer enfermedades.

    La menstruación es un producto de la evolución humana. Surgió al desaparecer el celo en las hembras de los homínidos, lo que tuvo unas implicacio nes muy profundas, pues a partir de ese momento, la sexualidad y la reproducción se disociaron.

    La sexualidad de los simios está ligada exclusivamente a la reproducción. Las hembras de los gorilas, chimpancés, etc. tienen épocas de celo durante las cuales son sexualmente receptivas, pero pasan después por periodos de entre 3 y 6 años en los que no lo son, y durante los que rechazan al macho si éste intenta copular con ellas.

    En cambio, la sexualidad de la mujer no está regida por el celo. La mujer es capaz de mantener relaciones sexuales sin importar en qué momento del ciclo biológico se encuentre. Puede estar receptiva hacia el hombre durante los 365 días del año, incluso en los periodos menstruales, en el embarazo y después de la menopausia. En pocas palabras, la sexualidad de los simios está orientada hacia la reproducción y la de la especie humana existe también al margen de ella.

    Ahora bien, al desaparecer el celo en los homínidos se hizo dominante un nuevo rasgo sexual: la menstruación, que no es ni más ni menos que la elimina ción, cada 28 días, de los tejidos descamados del endometrio (pared interna del útero), algo que va acompañado de pérdidas de sangre.

    Pero es que, además, el ciclo menstrual provoca en la mujer algunos trastornos emocionales. Porque el hipotálamo femenino (el hipotálamo es la parte central de la base del cerebro que se encarga del control del funcionamiento de las glándulas y, por tanto, de las hormonas) produce grandes fluctuaciones en la concentración de hormonas y, por ello, grandes fluctuaciones en el comportamien to de la mujer. El hipotálamo femenino crea un ciclo de, aproximadamente, 28 días, al principio del cual (esto es, durante los 21 días siguientes a la menstrua ción), el nivel de estrógeno va aumentando hasta provocar la ovulación. Esta fase coincide con una sensación de bienestar. A partir de ahí, entra en una fase en la que se producen ciertos trastornos emocionales conocidos como "síndrome pre- menstrual". Así, entre los 21 y 24 días después de la menstruación, el nivel de estrógeno empieza a bajar y comienza a subir la concentración de progesterona. Esta segunda fase se relaciona con un descenso en su tono emocional que puede ir desde una simple tristeza a la depresión. Y finalmente, 4 ó 5 días antes de la siguiente menstruación, baja en picado tanto el nivel de estrógenos como de progesterona. En esta fase, el comportamiento de la mujer puede pasar de la simple hostilidad hasta la agresión. No en vano, en el código penal de algunos países (Francia, entre otros), la tensión pre-menstrual está considerada como un atenuante o eximente de responsabilidad penal, pues está catalogada dentro de lo que en psiquiatría se llama enajenación mental transitoria.

    Existen estadísticas que demuestran que las mujeres cuando delinquen lo hacen en los días previos a la menstruación. Y estudios realizados en los hospitales han puesto de manifiesto que más del triple de los accidentes de circulación que sufren las mujeres se producen durante los días inmediatamente anteriores al inicio de la menstruación.

    El síndrome pre-menstrual es uno de los problemas más importantes de la mujer moderna, ya que sus antepasadas no lo padecían. Hasta no hace mucho, las mujeres solían estar embarazadas la mayor parte del tiempo, lo que significaba que una mujer normal sólo padecía problemas pre-menstruales de 10 a 20 veces en toda su vida, frente a las 12 veces al año que lo padece en la actualidad; es decir, de 350 a 400 veces entre los 12 y 50 años (promedio de vida fértil), y si no tiene hijos, esta cantidad asciende a 500 veces.

    Hasta que el fisiólogo norteamericano Gregory Pincus introdujo la píldora anticonceptiva en la década de los sesenta, nadie se había fijado en que la mujer presentaba altibajos en su carácter.

    Por su parte, el embarazo es molesto porque coloca a la mujer en una situación sumamente delicada, dado que durante él se produce una transformación de todo su organismo (temperatura, sangre, sistema nervioso y aparatos circulato rio, respiratorio, digestivo y urinario), aparte de que, durante el embarazo, la mujer está expuesta a numerosas enfermedades.

    Y en cuanto al parto, baste decir que hasta principios del siglo XX, la principal causa de mortalidad femenina ha sido la maternidad. Incluso hoy día, con todos los adelantos científicos que existen, sigue causando en el mundo medio millón de muertes al año, según cifras de la OMS.

    Pero la menstruación, el embarazo y el parto no sólo son desventajas biológicas, sino también sociales. Por eso, la mujer tiene más dificultades que el hombre para encontrar trabajo, pues los empresarios (que a veces son del sexo femenino - el 26% -) siguen teniendo pánico a los embarazos, por el absentismo laboral que provocan, y a los partos, por el tiempo que obligan a las trabajadoras a estar de baja maternal. Esta es la razón por la que algunas mujeres confiesan hoy un profundo rechazo por la maternidad y una falta total de instinto maternal; la misma razón por la que las feministas aseguran que la maternidad ha dejado de ser ya, con la ayuda de los anticonceptivos, una cuestión inevitable, inherente a la condición de la mujer. De hecho, según el Instituto Nacional de Estadística español, una de cada 2 mujeres entre los 15 y los 49 años no tiene hijos. Y en Estados Unidos, un 21 por ciento de las mujeres asegura que nunca tendrá un hijo. Las feministas dicen que el día que las leyes apoyen económicamente a las mujeres que desean ser madres, el número de nacimientos aumentará.

    Pero en esta permanente actitud de las feministas de decir una cosa y la contraria, por un lado afirman que existe una frágil protección social a un derecho (el de ser madre) inalienable para la realización personal de la mujer y, por otro, aseguran que las mujeres se ven presionadas por la sociedad a ser madres, dado que, según dicen, las mujeres sin hijos son consideradas como incompletas. ¿En qué quedamos?

    En cualquier caso, queda claro que la menstruación, el embarazo y el parto no son ventajas sociales, sino al contrario. Las feministas consideran todo lo anterior discriminatorio. Es decir, piensan que es injusto que el hecho de que la mujer sea físicamente más débil y que tenga la menstruación, los embarazos y los partos sea la causa de que, a lo largo de la historia, haya tenido más dificultades que el hombre para trabajar fuera de casa. Pero lo cierto es que es así. Y no es una discriminación, sino un reparto de funciones entre los sexos, reparto realizado de mutuo acuerdo por ambos porque resultaba beneficioso para los dos. Que hoy esto parezca exista no significa que no sea verdad. Y es que, los dos siglos de sociedad industrializada que llevamos no son más que un punto insignificante en el desarrollo evolutivo del ser humano. Durante millones de años hemos vivido en una sociedad sexista. No podemos cargarnos nuestra evolución de la noche a la mañana.

    Además, si el reparto de funciones ha perjudicado a alguien, ha sido al varón, que ha tenido que jugarse la vida en la caza y en la guerra. Las feministas dicen que si las mujeres hubieran gobernado no habría habido guerras, lo cual no es cierto. Porque las pocas mujeres que han llegado al poder, han declarado igual mente guerras, como, por ejemplo, la de las Malvinas, iniciada por Margaret Thatcher. Pero con una diferencia, que si bien los hombres han declarado las guerras, han sido ellos también los que más las han padecido, habida cuenta que los ejércitos han estado formados siempre por varones. Sin embargo, las mujeres que han gobernado y han provocado guerras no han enviado a ellas a mujeres, sino también a hombres, manteniendo así el ancestral reparto de funciones.

    Y es que, el reparto de funciones en la sociedad tiene un origen biológico, no social. Cualquier grupo humano (y hasta no humano, como las abejas, las hormigas, los leones o los lobos) subsiste precisamente gracias a una división racional del trabajo, hecha ésta en virtud de las posibilidades físicas y mentales de cada uno de sus componentes. Así, en las sociedades en las que las necesidades alimentarias tienen que cubrirse con el propio esfuerzo, las mujeres suelen encargarse de las tareas agrícolas y los varones de las que requieren fuerza y rapidez, como la caza, el apacentamiento del ganado o la guerra. Además, ejercen la autoridad. Esto ha sido así toda la vida, como puede comprobarse estudiando los actuales pueblos primitivos.

    Por cierto, que, de un tiempo a esta parte, ha empezado a ponerse de moda la idea de que las pinturas rupestres debieron ser realizadas por mujeres, dado que eran ellas las que más tiempo permanecían en las cuevas. Pero, claro, también podría mantenerse lo contrario, es decir, que las pintaron los hombres, porque eran ellos los que más conocían a los animales.

    En fin, el caso es que en las primeras sociedades humanas, las mujeres solían encargarse de las tareas agrícolas y los varones de las actividades que requerían fuerza y rapidez, como la caza o el apacentamiento del ganado.

    Cuando, más adelante, el ser humano empezó a conseguir de los rebaños y las cosechas más de lo necesario para vivir, nació el comercio. Ãste, como a veces requería el abandono del poblado, era desempeñado también por los hombres, ya que ellos podían desligarse de la actividad reproductiva y de crianza.

    Posteriormente, comienzan a surgir los primeros oficios (carpintero, herrero, etc.), siendo éstos realizados por los varones, en tanto que las mujeres seguían estando responsabilizadas del hogar y de los hijos.

    Y finalmente se llega a la Revolución Industrial, inicio del capitalismo moderno. A partir de ese momento, las máquinas comienzan a realizar los trabajos más duros. Esto unido a que, por esa época, la ciencia aprende a saber controlar la natalidad, origina que las mujeres empiezan a salir del hogar y a integrarse en el mundo del trabajo asalariado. Y así, hasta hoy.

    Antes de la incorporación de la mujer al mercado laboral, las feministas defendían la idea marxista, derivada de la obra de Engels, de considerar al sexo femenino como una clase social más. Para Engels, la desigualdad entre los dos sexos era el primer antagonismo existente dentro de la especie humana. Considera ba el dominio de un sexo sobre el otro como la base más antigua y universal de la injusticia humana. En su libro El origen de la familia, la propiedad privada y del Estado, Engels defendía la idea de que la opresión de la mujer tenía un origen económico (la propiedad privada), pues, según él, con el capitalismo, el varón empezó a trabajar por un salario y pasó con ello a convertirse en el principal miembro de la familia, dado que era él quien aportaba todo el dinero necesario para vivir. Por el contrario, la mujer pasó a situarse en una posición de absoluta dependiente del marido, al no poseer ella independencia económica. Por tanto, Engels creía que la opresión de la mujer desaparecería cuando ésta se integrara en el mundo del trabajo asalariado.

    Sin embargo, con la incorporación de la mujer al mercado laboral, no sólo no ha mejorado su situación, sino que, para algunas feministas, ha empeorado, porque tiene que seguir llevando también la organización del hogar. Téngase en cuenta que, por ejemplo, en España, las mujeres dedican 5 horas diarias más que sus maridos a esas tareas (8 horas de ellas por 3 de ellos).

    La solución a este problema está, según las feministas, en que el hombre intervenga tanto como la mujer en las labores de la casa. Pero, claro, tal cosa no es fácil de conseguir. Porque las razones por las que los varones intervienen menos que sus parejas en las labores domésticas son complejas. En primer lugar, el hombre está ligado al hogar mucho menos que la mujer, dado que él ni da a luz ni amamanta a los hijos. Esto le lleva a asociar inconscientemente ese trabajo con el sexo femenino.

    Pero cuenta también el aspecto biológico. Hoy se sabe que el hecho de que a las niñas les guste jugar a mamás, cuiden y acunen muñecos, se disfracen de princesas y utilicen cocinitas, lo mismo que la tendencia de los niños a luchar con sables y pistolas, a ordenar ejércitos de soldados y de indios y a disfrazarse de guerreros, bomberos y futbolistas, no es solamente una consecuencia de la educación, sino que viene determinado (como lue
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
30 abr 2004
viene determinado (como luego veremos) por la biología, es decir, por la influencia de las hormonas sexuales en la formación del cerebro. La biología parece demostrar que las labores del hogar están más relacionadas con la psicología femenina que con la masculina.

    Esto no es aceptado por las feministas. Para ellas, la menor dedicación masculina a las tareas del hogar no es sino una prueba más de la opresión contra la mujer. Por eso, para algunas feministas radicales, la liberación femenina ha de pasar por la desaparición de la familia, dado que, para ellas, es ahí donde radica la discriminación, pues, según dicen, si la mujer se dedica a la familia no puede acceder a un trabajo fuera de casa, sin el cual no tiene independencia económica; y si combina ambas esferas, sale perjudicada, al no poder atender eficazmente el trabajo fuera de casa.

    Pero la desaparición de la familia no es algo que pueda ocurrir así como así, porque la institución familiar va estrechamente unida a la evolución social del ser humano. Así, en la prehistoria, el tipo de familia existente era el compuesto tan sólo por la madre y sus hijos, engendrados por los machos mejor dotados físicamente. La unión macho-hembra se producía sólo fugazmente y con el único propósito de cubrir las necesidades biológicas de ambos. Cada sexo necesitaba lo que el otro tenía por naturaleza. Pero la transformación que fue experimentando la cadera de los homínidos, al adoptar la posición erecta, repercutió en el adelantamiento de la vagina de las hembras y en la reducción de su canal del parto, lo que se tradujo en una mayor dificultad para parir. Además, las crías comenzaron a nacer en un estado de desarrollo más inmaduro, necesitando muchos cuidados, limitando así los desplazamientos de las hembras, lo que condujo al establecimien to de relaciones de protección y colaboración entre machos y hembras, para asegurar la supervivencia. En cuanto percibieron las ventajas del apoyo mutuo, la cooperación y del reparto de funciones (en tiempos del homo habilis), los sexos iniciaron relaciones monógamas, las parejas efímeras dejaron de existir, para dar paso a formas de unión más duraderas, como la familia tradicional (también llamada nuclear), la formada por el padre, la madre y los hijos. Empezaron a crearse los primeros poblados, con lo cual se hizo necesario organizar la conviven cia, formalizada en matrimonios. Bajo este contrato de género, cada sexo hacía lo necesario para beneficiar al otro. Las mujeres cuidaban de los hijos, de la cueva y se encargaban de recolectar productos vegetales, y los hombres aportaban seguridad y trabajo duro, como la caza de grandes mamíferos, que a menudo daba como resultado la muerte o el acortamiento de su vida. Estas relaciones fueron patriarcales. No es relevante que lo fueran naturalmente o artificialmente. Lo que sí es relevante es que el patriarcado y el amanecer de la civilización surgieron simultáneamente. La misma estructura de la sociedad depende de la viabilidad de este "contrato".

    Por tanto, la familia es algo tan arraigado en la especie humana que su desaparición, en contra de lo que creen las feministas, no es algo que pueda pro ducirse tan fácilmente.

    Algunas feministas defienden la idea de que la sociedad necesita cambiar el paradigma actual para incluir el modelo de "amo de casa". Sin embargo, el conocimiento de las diferencias psicológicas entre los sexos revela la ingenuidad de tal creencia. El deseo que sienten los hombres por el prestigio y las gratificacio nes tangibles tiene un arraigo biológico y se sitúa en un plano más profundo que un mero paradigma social. Y lo mismo ocurre con el deseo de las mujeres por hombres de gran prestigio. Para las mujeres de todo el mundo, el atractivo de un varón está ligado a su posición social. Existe una alta correlación entre el éxito social de un hombre y su acceso a las mujeres. Para las mujeres, el éxito masculino es un gran afrodisiaco.

    La idea de que una gran cantidad de mujeres ejecutivas y con profesiones liberales estarían dispuestas a casarse con hombres que se quedaran en casa y atendieran a los hijos no está muy lejos de ser una simple fantasía. Las mujeres de éxito no sólo quieren maridos que trabajen, quieren (y en mayor medida que los hombres) parejas que también tengan mucho éxito. Es raro el hombre que está dispuesto a quedarse en casa con los hijos y ser mantenido por la esposa durante un largo período; pero es más raro aún la esposa dispuesta a mantener a un marido así y que además lo encuentre sexualmente atractivo.

    Otras feministas sostienen que, ya que la mujer es la que realiza la mayor parte de las labores de la casa, ese trabajo debería estar remunerado. Pero esto es más difícil de lograr de lo que parece. Por varias razones.

    En primer lugar, porque el dinero para el sueldo de las ama de casa tendría que salir del Estado y, por tanto, para que éste pudiera contar con ese dinero, todos deberíamos pagar más impuestos.

    En segundo lugar, porque, como es un trabajo que no requiere ninguna cualificación, si estuviera remunerado sería necesariamente de los peor pagados.

    En tercer lugar, porque el trabajo del hogar no constituye, en el sentido socioeconómico del término, un trabajo en sí mismo, ya que por tal se entiende vender parte de nuestro tiempo libre a alguien (un patrón o un cliente) a cambio de dinero.

    Sin embargo, el ama de casa no realiza las labores domésticas para otro, sino para ella misma, para su casa y para su familia. Barrer, planchar, fregar, hacer las camas, limpiar el polvo, hacer la comida, etc. solamente está retribuido cuando es realizado para otro. Es lo que hacen, por ejemplo, las empleadas de hogar.

    El cuidado de los hijos es visto por las feministas también como parte del trabajo del hogar. Y aseguran que, como dicho cuidado no cuenta con ingresos propios, esa es unas de las razones por las que algunas mujeres no sienten hoy el deseo de ser madres. Dicen las feministas que el día que la maternidad cotice en la Seguridad Social como un trabajo a jornada completa, el número de mujeres deseosas de tener hijos aumentará.

    Pero, al igual que las labores domésticas, la madre que cuida de sus hijos no realiza ese trabajo para otro, sino para ella misma, para sus hijos, para la familia que ha creado. Hacer la comida de los niños, darlos de comer, vestirlos, cuidarlos, etc., lo mismo que ocurre con barrer, planchar, fregar, hacer las camas, limpiar el polvo, etc., solamente está retribuido cuando es realizado para otro.

    Pongamos un ejemplo. Un mecánico de automóviles cobra un sueldo por hacer su trabajo. Pero si en su tiempo libre se dedica a arreglar su coche, eso ya no es un trabajo (porque es realizado para él mismo) y por eso no cobra por ello. Y este ejemplo puede hacerse extensivo a una "canguro", a una planchadora, a una barrendera y a una prostituta. Todas ellas, cuando ejercen su actividad lo hacen para otro, y por eso reciben un salario; pero cuando hacen esos trabajos para sí mismas, no reciben nada.

    Si una mujer no quiere hacer su cama o su comida o planchar su ropa, que no lo haga; porque, al fin y al cabo, si no lo hace, a quien va perjudicar es a ella misma. Y si no quiere cuidar de sus hijos, que no los tenga. Hay millones de mujeres dispuestas a cuidar de sus propios hijos sin sentirse por ello explotadas.

    Y si alguna mujer casada piensa que al hacer las labores de la casa y al cuidar de sus hijos está trabajando para su marido, porque luego éste se beneficia de lo realizado por ella, entonces él puede pensar igualmente que al trabajar fuera de casa está haciéndolo, además de para su empresa, para su esposa, dado que luego ella se beneficia del dinero ganado por él. Pero el hombre cobra sólo de su empresa, no lo hace también del Estado.

    En cuarto lugar, el trabajo de ama de casa no puede tener un sueldo porque, si éste existiera, la realización del trabajo tendría que justificarse ante alguien, pues a toda persona que trabaja se le exigen unos resultados, y a las amas de casa, en la actualidad, nadie les revisa lo que hacen. Además, si fuera considerado un trabajo como otro cualquiera ¿qué horario tendría? ¿quién controlaría la hora de entrada y la de salida? ¿quién haría las labores de la casa fuera de ese horario? ¿qué días de descanso tendría? ¿quién haría el trabajo en los días de descanso? ¿qué pasaría con el derecho de huelga? ¿contra quién se ejercería? ¿quién controlaría el absentismo laboral? ¿qué pasaría en caso de baja por enfermedad? ¿quién haría el trabajo?...

    Y en quinto lugar, si ser ama de casa estuviera pagado, muchos hombres y mujeres que trabajan fuera de su hogar, dejarían de hacerlo para trabajar en casa, que es más cómodo.

    En cualquier caso, lo que es evidente es que Engels no llevaba razón cuando decía que la discriminación de la mujer desaparecería en el momento en que ésta se incorporara al trabajo asalariado. Ni tampoco acertaba cuando atribuía la opresión de la mujer al capitalismo, pues en los países socialistas (en los antiguos y en los actuales), su situación era y es exactamente la misma. Ni tampoco tenía razón cuando manifestaba que la mujer era una clase social más, porque las clases sociales no se diferencian por sus hormonas, sino por su economía. La clase social, además, es algo que puede cambiarse a lo largo de una vida, porque puede nacerse dentro de una y, con los años, pasar a pertenecer a otra. Sin embargo, la mujer, por mucho que se lo proponga, no puede dejar de serlo.

    La división de la sociedad en hombres y mujeres no obedece, pues, a razones políticas, sino biológicas. Y son éstas razones las causantes del reparto de funciones. Sin embargo, con el paso del tiempo se creó una inercia histórica que terminó olvidando el verdadero origen de dicho reparto (las diferencias biológi cas), para acabar atribuyéndolo a razones de otro tipo, como una supuesta inferioridad intelectual de la mujer respecto del hombre. Esta inercia hizo que se acabara viendo como normal el que la mujer no tuviera derecho al trabajo asalariado, ni al voto, ni al estudio, etc.

    Por eso, aunque la causa de que la mujer estuviera excluida de la enseñanza durante mucho tiempo estribaba en el hecho de que era ella la que debía permanecer en casa al cuidado de los hijos, cuando esa situación cambió y empezó a ir a la Universidad (después de la I Guerra Mundial), no comenzó haciéndolo en las mismas condiciones que el varón, pues mientras que éste estudiaba las carreras más influyentes, como Medicina, Ingeniería, Arquitectura, Derecho, etc., ella se inclinaba por los estudios conceptuados como femeninos (literarios, humanísticos y artísticos), apartándose de las carreras científicas; y las pocas que cursaban alguna de esas carreras, lo hacían en las relacionadas con el mundo femenino, como Ginecología, Pediatría, Psicología, Enfermería y Pedagogía. Pero tal situación no estaba motivada por una discriminación hacia las mujeres, sino por un error de inercia histórica y por su propia inclinación intelectual (leen mejor la personalidad de la gente y se interesan más por los demás, como luego veremos). De hecho, ellas siguen constituyendo hoy día el 70 por ciento de los profesionales de la enseñanza y el 80 por ciento de los que se dedican a las ciencias de la salud (Medicina, Veterinaria).

    Las feministas se quejan de que la mujer, que actualmente tiene acceso ya, en los países desarrollados, a cualquiera de los estudios universitarios, siga estando apartada de la enseñanza sacerdotal, reservada ésta al varón. Pero esto es debido a que en la Biblia esa función está claramente asignada al hombre, como más adelante se verá.

    Como se ve, muchas de las situaciones que las feministas tachan de discriminatorias tienen su origen en las diferencias biológicas entre el hombre y la mujer. Sin embargo, para las feministas, esas diferencias no sólo no colocan al sexo femenino en un plano inferior al masculino, sino que, por el contrario, demuestran, dicen, que la mujer es biológicamente superior al hombre. Y citan como ejemplo el hecho de que las mujeres vivan más años que los hombres en todo el mundo. El número de muertes afecta siempre más al sexo masculino que al femenino, independientemente de la edad, el país, las costumbres alimenticias, la cultura o el grado de desarrollo. Y es que, como casi todos los mamíferos, los varones humanos tienen menos expectativas de vida que las hembras. En los países desarrollados, la esperanza de vida media femenina supera en unos 7 años a la masculina. Y en los países en vías de desarrollo existe una diferencia de 2 ó 3 años a favor de las mujeres.

    Esta desigualdad se manifiesta ya mucho antes de nacer: los embriones masculinos son más proclives a sufrir un aborto espontáneo que los femeninos. Esto es debido a que, para la naturaleza, la tarea de hacer hombres es más compleja que la de hacer mujeres. Como luego veremos, se necesita una ayuda adicional (la de la testosterona) para lograr que lo masculino haga su aparición.

    Por ello, para compensar tal dificultad, la sabia naturaleza hace que por cada 100 embriones fecundados de niña haya entre 107 y 124 de niño. Y al nacer, la ventaja sigue siendo para los niños (105 bebés masculinos por cada 100 femeni nos). Pero a la edad de 30 años ya hay tantas mujeres como hombres, y a partir de entonces, el número de mujeres aumenta muy claramente. Superados los 80 años, ellas son el doble. Y a los 85 años, hay tres veces más mujeres que hombres. Y es que, las causas de muerte más comunes en el mundo (infarto, cáncer de pulmón, cirrosis hepáticas, neumonía, etc.), afectan el doble al sexo masculino que al femenino. Por una razón, porque los estrógenos (una hormona sexual femenina) protegen a la mujer contra algunas de esas enfermedades, entre otras, contra el infarto. Las mujeres sufren menos infartos gracias a los efectos beneficiosos de esa hormona sobre la presión arterial y a su capacidad de impedir que se formen placas de colesterol en las arterias.

    Pero existen también otras muchas enfermedades no mortales que afectan más al hombre que a la mujer, por ejemplo, la hemofilia, el daltonismo, la sordera congénita, los quistes de piel, la miopía, la enfermedad de Parkinson, la diabetes o el desprendimiento de retina. La explicación está en que muchos de estos trastornos son transmitidos por el cromosoma X. Es decir, si el hombre hereda de su madre una de esas enfermedades, no puede defenderse de ella, al no tener más que un sólo cromosoma X; mientras que la mujer, si hereda de la madre alguno de los trastornos mencionados, como posee dos cromosomas X, no llega a padecerlo, al quedar anulado por el otro cromosoma X, heredado del padre; salvo, claro está, que este otro cromosoma sea también portador de dicha enfermedad, hecho realmente poco frecuente.

    De todas formas, las mujeres padecen más que los hombres algunas enfermedades. Por ejemplo, la depresión, las enfermedades crónicas y los trastornos auto-inmunes, desde la artritis reumatoide, a la esclerosis múltiple.

    Las mujeres, pues, viven más años y parecen más resistentes a muchas enfermedades. En este aspecto, tienen razón las feministas: la mujer es biológica mente superior al hombre. Pero, claro, no se trata de ver cuál de los dos sexos vive más que el otro, pues hay animales, como la tortuga, que viven hasta 200 años y no por eso son considerados superiores al hombre. Y es que, cuando se afirma que el ser humano es el rey de la naturaleza, se dice tal cosa porque es la especie que domina el planeta, no porque viva más años que las demás. Es decir, lo que determina la superioridad de un ser vivo respecto de otro no es su longevidad, sino el dominio que ejerce sobre él. Por tanto, de lo que se trata no es de ver cuál de los dos sexos vive más, sino de cuál ejerce el liderazgo en vida.

    Sobre la superioridad biológica de la mujer, las feministas dicen también que la mujer es sexualmente superior al hombre. Pero al opinar así están seleccionando inconscientemente unos determinados aspectos sexuales en detrimento de otros. Por ejemplo, la mujer es superior al hombre en cuanto a la posibilidad de tener orgasmos múltiples y en cuanto a su menor desgaste físico. Pero también podría decirse que el varón es sexualmente superior a la mujer porque su apetito sexual es más fuerte y estable que el de ella (no pasa por ciclos) y porque tiene una mayor facilidad para llegar al orgasmo, dado que se excita más fácilmente que ella. Precisamente, por eso, al hombre le atrae el sexo más que a la mujer: porque tiene garantía de satisfacción. Hay pocos hombres incapaces de lograr el orgasmo, mientras que sólo la quinta parte de las mujeres afirma que lo logra siempre. De hecho, ha sido la naturaleza la que ha querido dotar al hombre de esa facilidad. Y lo ha hecho para perpetuar la especie. Porque a la naturaleza le interesa que el varón pueda llegar fácilmente al orgasmo, para que, al eyacular, pueda fecundar a la mujer. Y es que, el hombre necesita eyacular para poder procrear. En él, la reproducción (eyaculación) y la sexualidad (orgasmo) van unidos. En la mujer, en cambio, no. En ella, la reproducción (ovulación) y la sexualidad (orgasmo) no tienen nada que ver. La mujer puede quedar embarazada sin tener orgasmo alguno. Esta es la razón por la que no ha sido dotada de la misma facilidad que el varón para la excitación y el orgasmo.

    Otro de los aspectos que las feministas ponen como ejemplo de superioridad biológica femenina es la emotividad. Está demostrado que las mujeres soportan el estrés mucho peor que los hombres. También, lloran más fácilmente que ellos. Esto lo sabe todo el mundo. Por eso, pueden llorar en público y en privado más veces que los varones. Por ejemplo, en una discusión entre un hombre y una mujer, ésta puede terminar llorando, sin que ello sea considerado como una muestra de debilidad. Sin embargo, si es el varón el que acaba llorando, tal cosa será vista como algo poco corriente e impropio del sexo masculino. Es decir, la mujer puede hacer uso del llanto en más ocasiones que el hombre porque la naturaleza la ha hecho más proclive a él. Es lo mismo que pasa con los niños. Un pequeño puede llorar para intentar conseguir algo de su padre; pero éste no puede utilizar el llanto para lograr algo de su hijo. Igualmente, esta demostrado que la mujer es más miedosa que el hombre, por eso puede manifestar temor en más ocasiones que él sin que por ello reciba ningún tipo de censura social. Puede, por ejemplo, dar un grito ante la presencia de un ratón. En cambio, un hombre que, en esa misma situación, diera un grito sería inmediatamente tachado de poco varonil. La mujer, pues, puede mostrar temor en más situaciones que el hombre porque la naturaleza la ha hecho más proclive a él.

    Pero el hombre no sólo es menos miedoso que la mujer, además sabe superar el miedo mejor que ella, que es precisamente en lo que consiste el valor. Ahí está el ejemplo de los toreros, los cuales no es que no tengan miedo, sino que saben sobreponerse a él.

    Las mujeres, efectivamente, son más emotivas que los varones. Pero esto no las convierte en superiores; al contrario, las coloca en una situación psicológica mente inferior, porque, al serlo, son también emocionalmente más inestables. El 90 por ciento de las personas que acuden a psicólogos son mujeres. De hecho, la angustia y la depresión afectan mucho más al sexo femenino que al masculino. En todos los países del mundo, las hembras sufren hasta el doble de casos de depresión que los varones. Por eso, hasta el 75 por ciento de las tentativas de suicidio que se producen están protagonizadas por mujeres, aunque curiosamente el 80 por ciento de las muertes producidas por esta causa tienen como víctima a hombres. La razón de esta paradoja está en que, aunque ellas intentan suicidarse mucho más frecuentemente que ellos, como son más miedosas, lo hacen de forma que no acaban muriendo (cortándose las venas, con gas, con pastillas, etc.), mientras que los hombres, cuando deciden acabar con su vida, lo hacen a concien cia y casi siempre mueren (de un disparo, tirándose desde algún sitio, ahorcándose, etc.).
   
    El hombre, pues, es emocionalmente más fuerte que la mujer. Y es que, como el hipotálamo femenino produce oscilaciones en su estado de ánimo, la mujer no puede evitar ser emocionalmente inestable.

    Las feministas sostienen también que la mujer soporta el dolor físico mucho mejor que el hombre. Pero tampoco esto es verdad, porque actualmente se sabe que las mujeres son más sensibles al dolor y reaccionan más rápida y agudamente a él; si bien es verdad que su resistencia al malestar a largo plazo es mayor que en los hombres.

    Lo que pasa es que las mujeres no suelen aceptar que un varón se queje, y cuando lo hace, suelen recurrir a la conocida frase de "si el hombre tuviera que parir..." Pues bien: si el hombre tuviera que parir, como sería algo para lo que la naturaleza le habría capacitado, pariría y ya está; lo mismo que lo hace la mujer, y no pasa nada. De todas formas, si el varón tuviera que parir, ya no sería un varón, sino una hembra.

    Hay además en la constitución de ambos sexos una serie de aspectos que inducen a pensar que la mujer está como en un estado más infantil que el hombre. Esos aspectos son: la complexión física, el vello en el cuerpo, la voz, el sentido del gusto, el miedo, el llanto y el corporativismo. Expliquémoslo:

    Un niño sabe que es inferior a su padre porque es más pequeño, más débil, más lento y porque posee menos fondo físico que él. Pero también lo sabe porque no tiene barba, ni bigote; porque tiene el tono de voz más agudo; porque no le atraen los sabores fuertes; porque llora más fácilmente, porque es más miedoso y porque sólo le interesa el mundo de los niños. Pero sabe también que cuando se haga grande y sea más fuerte, más rápido y con más fondo físico; cuando le crezcan la barba y el bigote; cuando se le alarguen las cuerdas vocales y le cambie la voz; cuando empiece a comer cosas ácidas y amargas y a beber alcohol; cuando no llore tan a menudo y sea más valiente; cuando empiece a preocuparse por el mundo de los adultos; entonces se habrá hecho mayor y será ya igual que su padre.

    Pues bien, si la mujer es más pequeña, más débil, más lenta y posee menos fondo físico que el hombre; si no tiene barba, ni bigote; si tiene el tono de voz más agudo; si no le atraen tanto como al varón los sabores fuertes (es más sensible a los olores y sabores) y el alcohol; si llora más fácilmente y es más miedosa que el hombre; si sólo se interesa por el mundo femenino; es decir, si la mujer es así puede pensarse que es porque la naturaleza la ha querido dejar como en un estado más infantil. Y puede pensarse asimismo que cuando la naturaleza ha hecho eso ha sido, precisamente, porque ha querido establecer una cierta jerarquía entre ambos sexos.

    Y la jerarquía se observa en muchas otras cosas de la vida. Así, cualquier cantante de éxito se ve asediado constantemente por una masa de mujeres que se le ofrecen en bandeja de plata. Muchas de ellas arrojan sus bragas; otras sufren colapsos; algunas luchan por arrancarle una prenda. Pero no sólo ocurre esto con los cantantes; también se produce con los toreros, los actores, los futbolistas, los políticos, etc. Es decir, con todos aquellos varones que triunfan, sea en el terreno que sea. Todos ellos se ven avasallados y solicitados por mujeres que se les ofrecen con canciones como "fulano, capullo, queremos un hijo tuyo".

    Por el contrario, ninguna mujer de las que triunfan es perseguida por los hombres con canciones de ese tipo; ni provoca en ellos colapsos; ni le arrojan prendas interiores.

    De todo esto pueden extraerse dos conclusiones: o que el hombre posee más personalidad que la mujer, o que ésta es algo así como el premio que la naturaleza concede al varón que triunfa. De hecho, este fenómeno se da también en el mundo animal. Un ejemplo clásico de ello lo tenemos en la cornamenta del ciervo. Los machos rara vez utilizan su cornamenta contra los depredadores, sino contra los otros machos de su especie, con quienes compiten por las hembras. Una gran cornamenta proporciona a su poseedor una clara ventaja a la hora de luchar por el apareamiento. Los vencedores se quedan siempre con el botín de las hembras. Los machos con mayor éxito tendrán además más descendientes que las hembras con mayor éxito. Y esto es cierto para los ciervos, para los elefantes, para los seres humanos y para la mayoría de los mamíferos.

    De hecho, para las mujeres de todo el mundo, el atractivo de un varón está ligado a su habilidad, fuerza, valentía, coraje y cualidades similares. Existe una alta correlación entre el éxito social de un hombre y su acceso a las mujeres. El mejor indicador del éxito reproductivo de un hombre es su status social.

    Hay quien defiende que la preferencia de las mujeres por los hombres de éxito no es un producto biológico. Pero si este argumento fuera cierto, conforme las mujeres ascienden en la escala social, debería disminuir su interés por los hombres que triunfan. Sin embargo, ocurre todo lo contrario: las mujeres con mejor posición social dan mayor importancia al status de los hombres, que las que se encuentran en una posición más baja. Y las líderes feministas tanto como las demás. En cambio, esto no se da en los hombres. Los varones de peor posición social no valoran el status de las mujeres más que lo hacen los hombres de éxito. A los varones, lo que realmente les atrae de las mujeres son sus indicios de fertilidad, como la juventud y la belleza. Las mujeres, claro, también dan importancia a las señales de fertilidad masculina, como el tamaño, la fuerza o el valor. Pero además de desear hombres físicamente dominantes, las mujeres encuentran que los hombres con personalidad dominante son sexualmente mucho más atractivos y deseables que los demás; mientras que el hecho de que las mujeres sean dominantes es un rasgo más neutro o negativo a ojos de los hombres.




    DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO
    1.- Las hormonas    

    Aparte de todas las diferencias físicas y biológicas existentes entre el hombre y la mujer, hay también muchas otras desigualdades que afectan a sus cerebros.

    Efectivamente, los hombres no sólo son diferentes a las mujeres en los planos físico y biológico; lo son también en su comportamiento. Y son mentalmen te distintos porque sus cerebros lo son. La mayoría de nosotros siente por intuición que esto es así. El cerebro está organizado de modo diferente en el hombre y en la mujer, lo que se traduce en percepciones, prioridades y comportamientos distintos frente a los mismos estímulos ambientales. Los hombres no sólo se comportan de manera diferente a las mujeres, sino que, además, "piensan" de otro modo y por eso valoran las cosas de forma distinta.
   
    Todos los especialistas del cerebro (biólogos, neurólogos, psicólogos, antropólogos, etólogos, genetistas, etc.), trabajando de forma separada, han produ cido un conjunto de hallazgos asombrosamente coherente que lleva a la conclusión de que el cerebro del hombre es efectivamente distinto del de la mujer. Y la causa está en las hormonas.

    Ahora bien, las hormonas por sí solas no son las responsables de que nos comportemos de modo diferente. La razón exacta se halla en la interacción entre las hormonas y el cerebro (masculino o femenino), pues éste cuenta con instruccio nes previas que le hacen reaccionar de una manera determinada ante la influencia de las hormonas. Veamos todo esto.




    DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO
    2.- Su origen
   
    Para comprender cómo se crea la diferenciación sexual del cerebro es imprescindible conocer su origen. El hecho de que un ser humano nazca hombre o mujer depende de sus cromosomas. Éstos están dentro del núcleo de las células. Cada célula humana contiene 46 cromosomas, agrupados en 23 pares, de los cuales sólo un par contiene los cromosomas sexuales. Los primeros 22 pares (o lo que es lo mismo, los primeros 44 cromosomas) se llaman autosomas, están numerados, tienen el mismo aspecto en todos nosotros y no son distintos según el sexo. Son los responsables de ciertos rasgos del cuerpo, como el color de los ojos, la forma de la nariz, etc. Pero el último par es especial, contienen una información tan relevante que no se etiqueta con ningún número. En su ADN alberga la informa ción que diferencia un sexo del otro: los cromosomas sexuales, que uno tiene forma de X y otro, más pequeño y con menos información genética, en forma de Y. En él está escrita la información que diferencia a los sexos.

    Se ha descubierto que el cromosoma Y, el que define el sexo masculino, es más pequeño que el cromosoma X femenino y tiene bastantes menos genes que él. Quizá tenga dos docenas de genes, frente a los más de 2.000 del cromosoma X. Pero aunque tiene relativamente pocos genes, los genes que encontramos en él son de gran interés y tienen importantes funciones. En él se hallan los genes clave para determinar el sexo masculino y los que dirigen la producción del esperma.
   
    Además, el 95 por ciento del ADN del cromosoma Y no se intercambia jamás con el del otro cromosoma sexual, el X, incluyendo la región que contiene al gen específico de la masculinidad. Esa es la región que ha atraído el interés de los investigadores.

    Tanto el óvulo como el espermatozoide poseen sólo la mitad de cromoso mas, es decir, sólo 23, por eso, al unirse dan lugar a una célula completa (el zigoto), con 46. En el óvulo, los dos cromosomas sexuales son siempre del tipo X, mientras que en el espermatozoide puede ser X o Y. Es decir, de los 23 cromosomas del óvulo, el que hace el número 23 es siempre X, mientras que ese cromosoma 23 en el espermatozoide puede ser X o Y.

    Cuando un óvulo es fecundado por un espermatozoide, si éste aporta un cromosoma X, se unen dos cromosomas X (el suyo más el del óvulo), resultando de ello una hembra. Pero si lo que el espermatozoide aporta es un cromosoma Y, al unirse con el X del óvulo, se engendra un varón.

    Sabemos, pues, que nuestros cromosomas (con sus 30.000 genes dentro) nos hacen ser hombre o mujer. Hoy se sabe que 54 de los genes de nuestros cerebros son distintos en el hombre y en la mujer. Por tanto, los hombres y las mujeres somos distintos en cada una de las células microscópicas de nuestros cuerpos, dado que cada una de las fibras del cuerpo posee un par de cromosomas diferente, diferencia que hace que, en el caso del cerebro, de lugar a, como mínimos, 54 genes diferentes en los cerebros del hombre y de la mujer.

    Pero los cromosomas por sí solos no garantizan el sexo del bebé. Eso depende de otro factor más: la presencia o ausencia de las hormonas. Y es que, sea cual sea la inclinación cromosómica del embrión (XX o XY), el feto sólo se desarrollará como varón si hay en su cuerpo presencia de testosterona (hormona sexual masculina, llamada así porque se produce en los testes = testículos), y sólo lo hará como hembra si la testosterona está ausente. Es decir, la presencia de testosterona cuando el feto está formándose, no sólo ayuda a determinar las características sexuales externas (pene o vulva), sino que potencia la formación de un cerebro masculino, y su ausencia lo feminiza. Porque si un feto femenino, cromosómicamente XX, está expuesto a la influencia de hormonas masculinas durante su desarrollo en la matriz, el bebé nacerá con un perfil psicológico de orientación masculina y el aspecto de un varón normal. Y si a un feto masculino, cromosómicamente XY, se le priva de la acción de las hormonas masculinas, el bebé nacerá con un perfil psicológico de orientación femenina y el aspecto de una hembra normal. Por tanto, en el proceso de diferenciación cerebral tiene mucha mayor trascendencia en líneas generales la acción de las hormonas que la influencia genética.

    El carácter sexual en el ser humano se produce en dos momentos distintos, y se forma de la siguiente manera. Durante las primeras 6 semanas en la matriz (mes y medio), el diminuto embrión no es de modo evidente ni niño ni niña, salvo en los cromosomas de sus células. Pero a partir de la 6ª semana se inicia la diferenciación anatómica y fisiológica. Si el proyecto cromosómico es XY (un niño), el cromosoma Y empezará a producir una sustancia (el antígeno H-Y) que hará que las gónadas o glándulas sexuales del embrión (que hasta ese momento están indefinidas) se transformen en testículos. Por el contrario, si el proyecto cromosómico es XX (una niña), la ausencia del antígeno H-Y provocará que las gónadas continúen su evolución natural hasta convertirse en ovarios.

    Siempre había constituido un enigma para la Medicina el hecho de que la naturaleza corriera tanto (mes y medio) para formar la maquinaria sexual del feto (ovarios o testículos), teniendo en cuenta que su mecanismo reproductor no es utilizado hasta bastantes años después del nacimiento (la pubertad). Ahora se conoce el porqué. Y la respuesta está en que la formación de ovarios o testículos no es un fin en sí mismo, sino que, una vez constituidos, tienen la importante función de producir las hormonas necesarias (estrógenos y progesterona, en la niña, y testosterona, en el niño) para la correcta formación del cerebro que aún no se ha desarrollado. Efectivamente. Sobre la 8ª semana (cuando termina el periodo de embrión y comienza el de feto), si el embrión es cromosómicamente femenino (XX), los ovarios enviarán una dosis de hormonas femeninas al incipiente cerebro del embrión (cerebro que no es más que una vesícula) para que siga desarrollándo se según pautas femeninas. Pero si el embrión es cromosómicamente un niño (XY), la cosa cambia. Hacia la 8ª semana, los recién creados testículos enviarán una descarga de testosterona al cerebro del embrión para que transforme su estructura natural femenina en masculina. De esta forma, a las 9 semanas de embarazo habrá quedado configurada la identidad sexual del individuo, identidad que será permanente e irreversible.

    Es decir, el feto es femenino hasta que empieza a ser lo contrario. Y ese cambio (como todos los demás cambios del cuerpo) depende de las hormonas sexuales. El cerebro de cualquier varón en vías de desarrollo necesita la influencia de la testosterona para formarse según pautas de comportamiento varoniles. Si durante ese período, las hormonas masculinas no hacen acto de presencia, la tendencia natural es la de permanecer como cerebro femenino. En términos generales puede decirse que la plantilla natural del cerebro humano (y del cuerpo) es femenina. Es decir, la primera intención de la naturaleza es la de crear mujeres. La forma femenina puede considerarse como la forma "básica" del ser humano. Por eso los hombres mantienen ciertos rasgos femeninos, como los pezones y las glándula mamarias. Se necesita una ayuda adicional (la de la testosterona) para lograr que lo masculino haga su aparición. Todos los humanos pasan por hembras, pero sólo algunos llegan a machos.

    Como se ve, es más compleja la tarea de hacer hombres. Precisamente por eso, hay más posibilidades de que se produzcan anomalías en la formación de varones que en la de mujeres. Es sabido desde hace años que los machos humanos son más frágiles que las hembras. Los embriones masculinos son más proclives que los femeninos a sufrir un aborto espontáneo. Y es más fácil que salga adelante una niña prematura que un niño.

    Las hormonas, como vemos, determinan la organización masculina o femenina del cerebro, según va desarrollándose en la matriz. Sólo compartimos la misma identidad sexual durante las primeras 8 semanas después de la concepción (el período embrionario). Desde la 8ª semana (segundo mes) hasta la 24ª (sexto mes), los machos humanos alcanzan los niveles más altos de testosterona de toda su vida. Durante ese mismo tiempo, la diferencia de testosterona entre los machos y las hembras es también la mayor de toda su existencia.

    Y otra cosa muy importante. Un cerebro femenino o masculino, normalmen te desarrollado, es inmune a dosis posteriores de hormonas del sexo contrario. Es decir, un cerebro masculino normal no cambia de comportamiento aunque se le inunde de hormonas femeninas, y viceversa. Por tanto, una vez que el cerebro se desarrolla completa y normalmente en su estructura masculina o femenina, no le afecta en absoluto la intervención de hormonas sexuales del otro sexo. Es imposible conseguir variar el comportamiento sexual de un cerebro fuera de los periodos críticos.

    En cambio, un cerebro masculino o femenino, que en el momento de su desarrollo en la matriz haya estado expuesto a la influencia de hormonas del sexo contrario cambiará su comportamiento hacia el de ese sexo si, una vez formado, se ve expuesto a la influencia de tales hormonas.

    Durante el periodo prenatal las hormonas organizan la estructura corporal y nos asignan un sexo, macho o hembra. Pero las hormonas también proveen de sexo al cerebro. Existen diferencias estructurales en el cerebro humano que están asociadas con el hecho de ser hombre o mujer. Mientras el cerebro se está desarrollando en la matriz, las hormonas controlan el modo en que se organizan las redes neuronales. ¿Qué impacto tiene esto en nuestra conducta? La manera en que se forme nuestro cerebro afectará a nuestro modo de pensar, aprender, ver, oler, comunicar, tener éxito, fracasar, sentir, amar o hacer el amor. Las diferencias neuro-anatómicas del cerebro influyen en el sexo (macho o hembra), en la preferencia sexual (heterosexual u homosexual) y en la identidad de género (el transexualismo, por ejemplo, es la identidad de género correspondiente al sexo opuesto. Por eso, más del 20 por ciento de ellos se someten a una operación de cambio de sexo).

    Sin una adecuada descarga materna de testosterona, el feto varón tendrá un déficit de masculinidad cerebral que, probablemente, le impedirá actuar como macho ante una hembra. El estrés es uno de los factores que pueden entorpecer este proceso. Se ha comprobado que, por ejemplo, el estrés que sufren muchas madres en épocas de guerra les puede impedir producir la cantidad adecuada de testosterona. Como consecuencia de ello, el feto podrá llegar a sufrir una masculinización insuficiente que, a su vez, hará que su identidad sexual quede indefinida. En este caso, pueden ocurrir dos cosas. La primera, que el bebé nazca con una estructura cerebral más femenina que masculina, es decir, un niño que seguramente será gay después de la pubertad. La segunda posibilidad es que el bebé, genéticamente masculino, nazca con un cerebro completamente femenino, pero con genitales masculinos. Esta persona será un transexual, por lo que pertenecerá biológicamente a un sexo, pero sabrá que psicológicamente es del otro. El hecho de que la hormona masculina (o su ausencia) tenga un impacto mucho mayor en el cerebro masculino es lo que provoca que la mayoría de los homosexua les sean hombres (1% entre ellas y 8% entre ellos).

    La homosexualidad, pues, no es una opción, sino que está predeterminada antes del nacimiento y determinada a los cinco años de edad. Muchos homosexua les erróneamente creen que su homosexualidad es una elección y aprovechan los programas de radio y televisión para divulgar la palabra "elección", algo que lo único que hace es provocar reacciones negativas en la mayoría de la sociedad.

    Si fuese una elección, como muchos proclaman, ¿por qué una persona en su sano juicio escogería una forma de vida que implica tanto odio, prejuicios y discriminación? No se olvide que, desgraciadamente, las estadísticas muestran que más del 30 por ciento de los suicidios de adolescentes los cometen gays y lesbianas, y que el índice de suicidios entre los transexuales es cinco veces mayor al del resto de la población: 1 de cada 3 se suicida.

    Los condicionamientos sociales tienen menos influencia en la conducta sexual de lo que se pensaba. Los científicos han podido observar que los esfuerzos de los padres por suprimir las tendencias homosexuales en un hijo adolescente prácticamente no tienen ningún resultado.

    Si las asociaciones de gays y lesbianas promoviesen estas evidencias y el sistema educativo se encargara de difundirlas, los homosexuales y transexuales serían mucho más aceptados. La gente se muestra más comprensiva y tolerante al entender que se trata de una conducta innata que de una opción personal. Por ejemplo, los autistas están bien aceptados porque han nacido con esas condiciones, contrariamente a lo que ocurre con los homosexuales, que supuestamente, según dicen ellos, escogen su estilo de vida. ¿Podemos criticar a una persona que es zurda o disléxica?

    Queda claro que los bebés nacen ya con una mente masculina o femenina; vienen ya con una determinada atracción sexual (los machos por las hembras y al contrario). Posteriormente, en la pubertad, esas mismas hormonas volverán a visitar el cerebro para poner en marcha la red que crearon anteriormente. Además, impulsarán la aparición de caracteres sexuales secundarios (barba, senos, etc.) y nos proveerán de la capacidad de reproducción.    

    A lo largo de toda la vida, el cerebro tendrá (en una sutil interacción con las hormonas) un efecto determinante en las actitudes, el comportamiento y el funcionamiento intelectual y emocional de la persona. El mundo significa algo muy distinto para cada sexo.

    De hecho, el que a las niñas les guste jugar a mamás, cuiden y acunen muñecos, se disfracen de princesas y utilicen cocinitas, lo mismo que la tendencia de los niños a luchar con sables y pistolas, a ordenar ejércitos de soldados y de indios, y a disfrazarse de guerreros, bomberos y futbolistas, no constituye solamente una consecuencia de la educación, sino que viene determinado por la biología, es decir, por la influencia de las hormonas sexuales en la formación del cerebro en la fase embrional. Por ejemplo, hoy se sabe que cuando una mujer ve un bebé su cuerpo desprende progesterona. La imagen del bebé en la psicología femenina es tan fuerte que esa reacción hormonal se produce también ante la presencia de cualquier cosa que se parezca a un bebé, como, por ejemplo, un muñeco o un osito de peluche. Esta es la razón por la que este tipos de juguetes tienen tanta aceptación en el mundo femenino. Y es que, la progesterona es la hormona del instinto maternal.

    La prueba de que esto es así es que las hembras de gorila y chimpancé, estudiadas en cautividad, también cuidan a muñecas cuando se les facilitan y se resisten a que se las retiren; mientras que los machos se muestran indiferentes. Este comportamiento de las hembras es innato en el cerebro femenino. Ocurre en todas las hembras animales. Quedó meridianamente claro cuando, en un zoo, un niño cayó en el recinto de los gorilas. Rápidamente fue a por él una hembra, lo protegió de los machos y lo llevó a una puerta para devolvérselo a sus padres.





    DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO
    3.- Cómo se llegó a saber todo esto
   
    Los científicos descubrieron la verdad sobre el origen de las diferencias cerebrales entre el hombre y la mujer de dos fuentes distintas:

    1) De estudios sobre fetos que por una u otra razón habían recibido una dosis anormal de hormonas atípicas en la matriz.

    2) De experimentos con animales.

    Veamos el primer aspecto (la influencia de las hormonas en la formación del cerebro en fetos expuestos a dosis anormales de la matriz). Uno de los ejemplos mejor estudiados de exposición de fetos femeninos a altos niveles de andrógenos es la condición denominada "Hiperplasia Suprarrenal Congénita" (HSC). Aunque la mayor parte de la testosterona procede de los testículos, las glándulas suprarre nales de ambos sexos también producen pequeñas cantidades de ella y, por tanto, hay niveles bajos de testosterona presentes en los fetos femeninos normales. Pues bien, la HSC es el resultado de una excesiva producción de andrógenos por parte de las glándulas suprarrenales femeninas, lo que ocurre a consecuencia de un defecto en la síntesis del cortisol, una hormonal adrenal.

    La exposición del feto femenino con HSC a andrógenos causa la virilización de sus genitales externos, pero esto sucede demasiado tarde como para provocar la virilización del sistema reproductor interno. Al nacer, la niña puede tener pene y escroto, o bien puede tener un clítoris agrandado y los labios mayores parcial mente fundidos.

    Las chicas con HSC son chicas normales que crecen como tales. Pero al compararlas con las demás chicas presentan más comportamientos masculinos que el resto, pues, por ejemplo, prefieren jugar al fútbol antes que hacerlo con muñecas. La mayoría de las niñas con HSC son consideradas hombrunas durante toda la infancia y empiezan a salir con chicos más tarde que las otras chicas, o no muestran ningún interés por hacerlo.

    Otro ejemplo de la determinación biológica en el comportamiento humano lo tenemos en las mujeres que carecen de uno de sus dos cromosomas sexuales X, esto es, las que genéticamente son X0 (algo que se conoce como "Síndrome de Turner"). Estas mujeres poseen un comportamiento exageradamente femenino. Juegan de pequeñas mucho más con muñecas de lo que lo hacen las demás niñas. De adolescentes imitan a la madre y se dedican a las tareas domésticas mucho más que las otras chicas (algo que es muy importante para entender por qué a los hombres les gustan tan poco las labores del hogar). Las chicas con "Síndrome de Turner" son muy románticas, desean tener hijos y con frecuencia les gusta trabajar como "canguros". La actitud de estas mujeres extremadamente femeninas ha llevado a pensar que probablemente las labores del hogar están más relacionadas con la psicología femenina que con la masculina.

    La influencia hormonal en la orientación sexual del cerebro ha sido corroborada por los chicos afectados de la condición conocida como "Síndrome de Insensibilidad Andrógena" (SIA). Así como las chicas con HSC son chicas cromosómicas (XX) que han estado expuestas a altos niveles de andrógenos, los chicos con SIA son chicos cromosómicos (XY) cuyos tejidos son insensibles a la testosterona, lo que provoca que sus genitales externos no se desarrollen. Cuando estos niños nacen suelen parecer niñas. En la pubertad, los estrógenos femeninos (que también producen los machos en los testículos en pequeña proporción como consecuencia de una reacción que sufren los andrógenos) hacen que se les desarrolle el pecho. Es frecuente que el trastorno pase inadvertido hasta observarse que la supuesta "chica" no menstrua, o bien que tiene problemas de fertilidad. Pues bien, los chicos con SIA tienden a interesarse por los niños pequeños y por las muñecas mucho más que los demás chicos.

    Otro ejemplo de la influencia hormonal en la orientación sexual del cerebro lo vemos en esos niños que, debido a una insuficiente concentración de la hormona que impulsa a los órganos sexuales masculinos a descender (la testosterona), nacen con los genitales tan escasamente visibles que a simple vista parecen órganos femeninos. Estos niños, al nacer, por error, son considerados niñas y acaban siendo educados como tales. Sin embargo, al llegar la pubertad, la concentración de testosterona aumenta, los órganos sexuales descienden hasta ocupar su lugar habitual, apareciendo los testículos y el pene, y el comportamiento de estas "supuestas" niñas comienza a parecer inadecuado para su sexo, ya que se visten como hombres y se enamoran de otras chicas. Es decir, estas falsas niñas, pese al condicionamiento educacional recibido, acaban comportándose como todos los demás chicos de su edad. Y es que su cerebro es, desde el nacimiento, un cerebro masculino, pese a estar atrapado en un cuerpo que la sociedad toma por femenino.

    Asimismo, un feto varón puede poseer suficientes hormonas masculinas como para desencadenar el desarrollo de los genitales de su sexo y, sin embargo, es posible que dichos genitales, por un funcionamiento deficiente, no puedan producir la suficiente cantidad de hormonas sexuales masculinas para empujar al cerebro hacia un patrón claramente masculino. En este caso, el cerebro "permane cerá" femenino y el niño nacerá con un cuerpo masculino y un cerebro femenino (homosexualidad).

    Además de factores naturales, también han proporcionado datos interesantes sobre la influencia de la exposición prenatal a las hormonas los estudios sobre fetos cuyas madres habían sido tratadas con hormonas para mantenerles un embarazo de alto riesgo, pues hasta hace unos 30 años, se acostumbraba tratar con hormonas similares a la testosterona a las mujeres embarazadas con peligro de aborto. Los tratamientos con estas hormonas tuvieron el efecto de masculinizar o feminizar sustancialmente al feto, según la hormona tomada. Es decir, el feto de una niña expuesto en la matriz a una dosis accidental de hormonas masculinas puede acabar con un cerebro masculino dentro de un cuerpo femenino (lesbianismo). Y es que, las hormonas son las responsables de nuestras inclinaciones sexuales. Por eso, un desequilibrio hormonal en la matriz puede modificar el comportamiento sexual del futuro.

    Queda claro que las hormonas no sólo influyen en nuestras inclinaciones sexuales, son además las responsables (más que el sexo cromosómico) de la diferenciación psicosexual. Las hormonas hacen que hombres y mujeres tengamos actitudes, reacciones, sentimientos y prioridades distintas. Su influencia explica por qué los hombres y las mujeres pensamos de modo diferente. Y pone de manifiesto la relativa poca influencia en la identidad sexual que tiene el entorno social en la vida del adulto.

    Veamos el segundo aspecto (los experimentos con animales). Los estudios realizados con diversos mamíferos han confirmado claramente lo que se había observado en los estudios con los humanos: que la exposición a la testosterona en un momento crítico del desarrollo fetal es crucial para el adecuado desarrollo del comportamiento de macho. Los estudios demuestran que los machos castrados antes de la época crítica de diferenciación psicosexual, desarrollan comportamien tos femeninos. Inversamente, la exposición de las hembras a andrógenos durante el período crítico fetal conduce a comportamientos masculinos.

    Los animales han ayudado mucho a conocer la influencia de las hormonas en el comportamiento de los seres humanos. Por ejemplo, la rata, ya que su cerebro no se desarrolla completamente en la matriz de la madre, sino que acaba su formación después del nacimiento. Gracias a que esto es así, resulta más fácil ver lo que está ocurriendo en su cerebro y averiguar el porqué. Podemos observar el desarrollo del cerebro de la rata e incluso manipular su naturaleza misma.

    Cuando un macho de rata llega al mundo, su cerebro se encuentra, más o menos, en la misma etapa de desarrollo que el de un embrión humano de 7 semanas. Si los científicos castran a ese macho recién nacido, se convierte psicológica y físicamente en hembra. Ciertamente, ese macho de rata cree ser hembra. Así, a medida que crece es mucho menos agresivo y más sociable que los demás machos, algo que también sucede entre los humanos, como luego veremos. Y si se le mete en un laberinto, encontrará la salida más tarde que cualquiera de los otros machos, algo que les sucede a todas las hembras animales, incluida la humana. Cuanto más tarden en castrarlo, menos femenino será su comportamiento. Por otro lado, una vez que el desarrollo de su cerebro haya terminado de madurar, por más hormonas masculinas que se le añadan, el macho de rata no podrá recuperar su identidad original de macho. Pues bien, esto mismo ocurre con los humanos. Cuanto más expuesto esté un feto varón a la hormona masculina, más masculino será su comportamiento de adulto.

    Pero el experimento con la rata funciona también al revés. Si a una rata hembra recién nacida, cuyo cerebro no ha terminado de desarrollarse, se le inyectan hormonas masculinas, se convierte psicológicamente en una rata macho. Será más agresiva que las otras hembras e intentará montarlas, como si fuera un macho más.

    Otro ejemplo de la influencia de las hormonas en el comportamiento nos lo han proporcionado las aves cantoras. En éstas, el macho canta y la hembra, no. Se puede demostrar que la capacidad de cantar depende de la presencia o ausencia de hormonas masculinas en el cerebro. El de las hembras carece de las conexiones neuronales necesarias para cantar. Pero expuestas a la testosterona, las hembras adquieren las neuronas necesarias y el don del canto. Así, en experimentos reali zados con hembras de canario, aunque éstas por naturaleza no cantan, al ser tratadas con hormonas masculinas empezaron a trinar como los machos de su especie. Además, comenzaron a portarse de forma típicamente masculina: pavo neándose y queriéndose imponer a la concurrencia femenina.

    Una muestra más del poder de las hormonas sobre el comportamiento nos la han dado los monos. En todas las especies de primates que se parecen al hombre (y en general, en todos los animales), los machos son más agresivos que las hembras. Sin embargo, si se inyecta testosterona a las monas desarrollan una agresividad igual a la de los machos.

    Y si se inyecta hormona masculina a una mona embarazada en el momento en que está formándose el cerebro de sus crías, éstas, aunque sean físicamente hembras, se comportarán después de nacer de la misma forma que lo hacen los machos, es decir, serán más agresivas e intentarán montar a otras hembras.

    Todos estos descubrimientos han permitido saber hoy a la ciencia que la hormona masculina modifica la estructura interna del cerebro. Y estos descubri mientos son totalmente aplicables a los humanos, porque no sólo los machos de mono son más agresivos que las hembras, sino también los niños respecto de las niñas. Existe, pues, una estrecha relación entre hormonas, forma del cerebro y comportamiento. Puede decirse incluso que el cerebro es casi un "órgano sexual" más. En definitiva, la sexualidad del ser humano puede orientarse antes del nacimiento con una simple inyección en el momento oportuno.




    DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO
    4.- Diferencias físicas de los cerebros

    Una vez sabida la relación existente entre las hormonas y el cerebro se pasó a buscar las diferencias físicas en su estructura. Como han corroborado los últimos estudios de neurobiología, el cerebro masculino y el femenino albergan algunas diferencias. La más evidente es el tamaño. El cerebro femenino es un 14 por ciento más pequeño que el masculino.

    Pero los científicos encontraron diferencias más sutiles. Con las nuevas técnicas de imagen (microscopio electrónico, resonancia magnética, escáner...), los científicos pudieron confirmar que hombres y mujeres poseen cerebros que trabajan y se desarrollan de manera distinta, tanto anatómica como funcionalmente. Pudieron investigar qué partes del cerebro se activan en cada género, en qué cantidad y para cuál de cada una de las distintas actividades humanas.

    Gracias otra vez a las ratas, los científicos se percataron de que, en efecto, la influencia de las hormonas en momentos críticos del desarrollo embrionario cambiaba no sólo el comportamiento de una hembra en macho y viceversa, sino que incluso modificaba la estructura interna del cerebro.

    Las diferencias se hacen evidentes entre los 4 y los 12 años de edad y se localizan principalmente en el sistema límbico (el responsable de las emociones). Este sistema recibe su nombre del término latino limes, límite, porque representa la frontera entre el cerebro más antiguo, llamado instintivo o reptilíneo, y el cerebro más evolucionado o intelectual, que corresponde al neocórtex. Aparece, pues, en la escala evolutiva desde bien temprano. El varón utiliza el sistema límbico más que la mujer. Ello explica por qué su comportamiento es más rudo y menos delicado. El sistema límbico está formado, entre otros, por el hipotálamo y la amígdala.
   
    Los científicos se dieron cuenta de que la forma del hipotálamo era distinta según el sexo. El hipotálamo, como ya se dijo antes, es la parte central de la base del cerebro que se encarga, entre otras cosas, del control de las hormonas y, por tanto, del comportamiento sexual. Tiene aproximadamente el tamaño de una cereza, pesa unos cuatro gramos y medio y suele ser mayor en los hombres que en las mujeres, los homosexuales y los transexuales.

    El hipotálamo del feto no es al principio ni macho ni hembra, sino que en él conviven un centro masculino y otro femenino. Esta potencial bisexualidad queda virtualmente eliminada hacia la 9ª semana de embarazo, cuando la segunda descarga hormonal desactiva el centro sexual opuesto y deja éste sólo como matizador.

    Una vez producida la diferenciación sexual, el hipotálamo en el hombre intenta mantener el nivel hormonal constante. Pero en la mujer, las cosas son distintas. En ella, el hipotálamo crea un sistema de ciclos de, aproximadamente, 28 días cada uno, durante los cuales se producen grandes fluctuaciones en la concentración de hormonas. Estas variaciones se traducen en grandes oscilaciones en su carácter y en su apetito sexual, oscilaciones que hacen a la mujer emocional mente más inestable y sensible que al hombre.

    El hipotálamo está dividido en distintas áreas y núcleos, algunos de los cuales son el área preóptica y el núcleo ventromedial. El área preóptica tiene una decisiva influencia sobre la conducta sexual. Está asociada con la iniciación del acto sexual, la erección del pene y el periodo refractario después del acto sexual. Debido a la testosterona, el área preóptica en el hombre es el doble de grande y posee el doble de células que el de la mujer. La diferencia del área preoptica en los humanos no se hace evidente hasta la pubertad.

    El núcleo ventromedial es también distinto según el sexo; aunque la diferencia no es debida al tamaño, sino a su complejidad estructural. Las neuronas se comunican entre sí por medio de señales químicas (neurotransmisores) a través de contactos conocidos como sinapsis. Pues bien, en el núcleo ventromedial, la densidad sináptica es mayor en machos que en hembras, y su extensión, número y distribución dependen también de la testosterona.

    El hipotálamo recibe nervios procedentes de las zonas erógenas (los genitales y los pezones). Por eso, la succión del pezón femenino pone en marcha la secreción de la hormona oxitocina, responsable de la producción de la leche. Asimismo, el llanto de un niño puede producir también ese mismo efecto en la mujer.

    El hipotálamo además tiene conexiones externas con la corteza cerebral (el córtex), especie de corteza gris, de 1,25 cm de espesor, que cubre los dos hemisferios cerebrales. Las investigaciones revelaron que había claras diferencias en el córtex de ambos sexos. Gracias a las ratas se descubrió que el lado derecho de esta corteza era sensiblemente más grueso en los machos, mientras que las hembras tenían más grueso el lado izquierdo.

    Por su parte, la amígdala (estructura que controla el hipotálamo) es un 85 por ciento más grande en el hombre que en la mujer. La amígdala es considerada como el centro regulador de las reacciones de miedo, ansiedad y agresividad (se la asocia con el comportamiento agresivo del hombre en la adolescencia); y también juega un importante papel en la conducta sexual.

    Otra diferencia cerebral entre el hombre y la mujer reside en el llamado "cuerpo calloso", conglomerado de fibras nerviosas que une los dos hemisferios y sirve de puente para que ambos estén conectados entre sí e intercambien información. Se ha comprobado que las mujeres tienen un 30 por ciento más de conexiones entre los hemisferios que los hombres.
   



    DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO
    5.- El lenguaje, la capacidad espacial y otras diferencias
   
    Las diferencias cerebrales más importantes entre el hombre y la mujer están en el comportamiento. Las mujeres aprenden a hablar antes que los hombres y lo hacen con mayor soltura, incluso en los años preescolares. Las niñas de 3 años tienen el doble de vocabulario que los niños y su lenguaje es en un 99 por ciento comprensible, mientras que los niños precisan un año más para hablar al mismo nivel (Einstein y Faraday requirieron cinco años para hablar correctamente). Leen y escriben también antes y son mejores a la hora de desarrollar la gramática, la ortografía y para dominar idiomas extranjeros. Hay 4 veces más niños que niñas en clases de retraso en lectura y 5 veces más niños que sufren de dislexia o tartamudez. La tartamudez es un defecto del habla casi exclusivamente masculino. Y las consultas de logopedas están llenas de niños que necesitan ayuda para hablar bien.

    Los varones, en cambio, son diez veces mejores que las hembras en capacidad espacial o pensamiento abstracto. De hecho, la diferencia fundamental entre el cerebro masculino y el femenino es esa: la orientación espacial o pensamiento abstracto. Esto se refiere a la capacidad de reconocer la forma de un objeto en la mano y hacerlo girar mentalmente e imaginar cómo se vería desde otro ángulo, lo que les da a los varones una mayor aptitud para la mecánica. Así, en edades entre los 6 y 19 años, los chicos superan con creces a las chicas en pruebas mecánicas en las que se exige armar y desarmar algo. Por eso, en lo más alto de la escala de aptitudes mecánicas habrá siempre dos veces más varones que hembras. La capacidad espacial dota a los hombres también de un mejor sentido de la perspectiva y orientación, lo que se traduce en una mayor capacidad para el desarrollo pictórico y la composición musical. También les proporciona mayor facilidad para resolver laberintos y para interpretar mapas, así como una mejor puntería. Asimismo, la capacidad espacial o pensamiento abstracto permite a los hombres concentrarse más fácilmente en ideas abstractas y teoremas, lo que les confiere una superior aptitud para la geometría y las matemáticas superiores y para todo lo que tenga que ver con el razonamiento y la lógica. Tan sólo el 10 por ciento de las mujeres presenta excelente capacidad espacial o pensamiento abstracto. La superioridad del varón en el pensamiento abstracto (lo que podría llamarse también pensamiento estratégico), explica, por ejemplo, su total dominio en el mundo del ajedrez, incluso en países como Rusia, donde este juego cuenta, entre sus millones de practicantes, con el mismo número de mujeres que de hombres, pero donde el campeón es siempre un varón.

    La superioridad masculina en cuanto a orientación espacial o pensamiento abstracto es indiscutible. Y lo es porque viene determinada por la influencia en el cerebro de la hormona sexual masculina (la testosterona). Por eso no es sólo propia del hombre, sino común a todos los mamíferos machos. Esto queda muy claro en el ejemplo de esas mujeres a las que les falta uno de sus dos cromosomas sexuales X, es decir, las que cromosómicamente son XO y padecen el Síndrome de Turner. Esas chicas, extremadamente femeninas, consiguen peores resultados que sus compañeras en los test de matemáticas y de orientación espacial; no son capaces de reconocer un objeto en la mano, ni imaginar cómo se vería desde otro ángulo; confunden la izquierda con la derecha (algo que les pasa a casi el 50 por ciento de las mujeres), etc. Esas mujeres han servido para comprobar la influencia de la testosterona en la capacidad espacial o pensamiento abstracto.

    Hasta ahora se había pensado que las niñas aprendían a hablar y a leer antes porque maduraban y se desarrollaban antes que los niños, como queda demostrado en el hecho de que aprenden a gatear y a caminar antes que ellos. Sin embargo, hoy se sabe que no es sólo por eso (aunque también), sino porque las hembras emplean la herramienta adecuada para hacerlo; es decir, el mismo motivo por el que los varones destacan en capacidad espacial o pensamiento abstracto. De hecho, en Inglaterra existen ya colegios que imparten clases separadas para niños y niñas en materias como lengua, matemáticas y ciencias.

    Y es que, los hemisferios cerebrales no son simétricos, algo que empezó a producirse en tiempos del homo habilis (hace 2 millones de años). En 1962, el neurólogo estadounidense, Roger Sparry, ganó el premio Nobel al identificar que los dos hemisferios cerebrales eran responsables de funciones intelectuales diferentes. Así, en el izquierdo predominan las funciones del lenguaje (hablar, leer y escribir) y el cálculo aritméti
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
30 abr 2004
y el cálculo aritmético (que viene a ser lo mismo que unir palabras); y en el derecho, la orientación espacial y geométrica, el razonamiento matemático superior, las funciones artísticas y creativas, el desarrollo pictórico, la composición musical y las aptitudes mecánicas. Aunque hay que decir que todo esto no es más que en términos relativos; es decir, que un hemisferio es, en general, mejor que otro para determinadas cosas, pero eso no significa que el otro sea absolutamente incapaz para esas mismas cosas, sobre todo en el cerebro de la mujer. Porque en ella, los hemisferios cerebrales están mejor comunicados entre sí que en el hombre (la mujer tiene, aproximadamente, un 30 por ciento más de conexiones neuronales, aunque posee 4 billones menos de neuronas en todo el cerebro). El hombre tiene más desarrollado el hemisferio derecho que la mujer y ésta, a su vez, posee los dos hemisferios de similar tamaño y mejor conectados entre sí. Por eso, cuando los hombres y las mujeres sufren lesiones en la misma zona cerebral, acaban siendo afectados de modo distinto. Así, los varones con lesiones en el lado izquierdo del cerebro pierden gran parte del dominio del habla, mientras que las mujeres lo conservan casi enteramente. Y los hombres que se lesionan la parte derecha del cerebro pierden casi por completo el sentido de la orientación y no saben volver a su casa, mientras que las mujeres conservan casi íntegramente ese sentido. Esto ocurre porque, como en ellas los hemisferios cerebrales están mejor comunicados, cuando sufren una lesión en una de las dos mitades de su cerebro, la mitad dañada es compensada parcialmente por la otra mitad.

    Estas diferencias entre los cerebros del hombre y la mujer no son las únicas; hay más. Así, mientras que en los hombres, las habilidades lingüísticas se reparten entre la zona frontal y posterior del hemisferio izquierdo, en las mujeres están concentradas en la parte frontal de ese hemisferio, aunque también utiliza una pequeña zona en la parte frontal de la otra mitad del cerebro. Y mientras que en los varones, la capacidad espacial está concentrada fundamentalmente en la parte frontal del hemisferio derecho, en las mujeres se encuentran repartidas entre las dos mitades, sin localización específica.

    Al carecer el hombre de tantas conexiones neuronales entre sus dos hemisferios como posee la mujer, él está menos preparado para realizar varias tareas al mismo tiempo. A la mujer, por el contrario, le resulta más fácil simulta near cuestiones que se localizan en ambos hemisferios. Por eso, muchas mujeres son capaces de hablar por teléfono, cocinar y ver la televisión al mismo tiempo. Los hombres, mientras tanto, se enfadan porque no pueden hacerlo y bajan el volumen del televisor para concentrarse en una sola tarea.

    Debido a su especial aprovechamiento del hemisferio cerebral izquierdo, las mujeres también destacan por su capacidad para efectuar tareas prácticas no espaciales y por llevar un mejor orden en los aspectos cotidianos de la vida. Esta predisposición, como el resto de la biología, puede ser parcialmente alterada por la práctica y la educación, es decir, los varones pueden desarrollar estas virtudes, lo mismo que puede haber mujeres terriblemente desordenadas. Pero la predisposi ción natural ayuda a explicar por qué, por ejemplo, en el Reino Unido, pese a todas las campañas en pro de la igualdad de los sexos, el 99 por ciento de las secretarias son mujeres.

    Queda claro, por tanto, que el cerebro de la mujer está más intercomunicado que el del varón, pero en cambio es más disperso. El del hombre es más especiali zado y organizado, porque en él cada función tiene su propio lugar; salvo para el lenguaje, que es al contrario. Estas diferencias cerebrales determinan las distintas capacidades intelectuales del hombre y la mujer. Porque hoy se sabe que cuanto más concentrada está una cualidad intelectual en el cerebro, más eficaz resulta.

    Los hombres tienen también una mayor habilidad motora y una superior coordinación entre las manos y los ojos. Esta es la razón por la que a los varones les encantan las cosas con motor, los juegos de ordenador y de videoconsola. En cualquier lugar del mundo, las salas de juegos recreativos y las pistas de monopatín están llenas de chicos poniendo en práctica sus habilidades espaciales.

    La superior capacidad espacial y la mayor habilidad motora explica la supremacía masculina a la hora de conducir. Las feministas dicen que esto no es cierto y que todo es producto del machismo de la sociedad. Porque, según ellas, las cifras de accidentes de coche ponen de manifiesto lo contrario, es decir, que las féminas no sólo no son peores conduciendo que los varones, sino que incluso son mejores que ellos.

    Ahora bien, que el número de accidentes protagonizados por hombres sea superior al de mujeres no significa nada, ya que al estar ellos más horas al volante que ellas y al recorrer más kilómetros, lo lógico es que haya más percances provocados por hombres que por mujeres. No se olvide que los varones recorren al año un 31 por ciento de kilómetros más que las mujeres. Por otra parte, aunque la cantidad de horas y kilómetros fueran los mismos, habría que analizar, no obstante, cómo conducen los unos y cómo lo hacen las otras, ya que a los hombres les gusta conducir de forma arriesgada (combinación de marchas, embrague, freno, etc.) porque así pueden poner a prueba sus habilidades espaciales. Los hombres, pues, sufren más accidentes de coche, no debido a su menor habilidad para manejar el vehículo, que es superior, sino porque su conducta al volante es más atrevida. Así gustan más que las mujeres por el exceso de velocidad; por conducir sin el cinturón de seguridad abrochado; por no guardar la distancia reglamentaria; por no respetar la preferencia de paso y por circular con el semáforo en ámbar. Esta forma de conducir de los hombres está relacionada con su mayor propensión a correr riesgos, y los estudios psicológicos confirman este estereotipo. Existe una clara diferencia entre el hombre y la mujer en cuanto al gusto por el riesgo. Los varones (sobre todo adolescentes y adultos jóvenes) participan desproporcionada mente más que las mujeres en actividades peligrosas, como saltos con esquíes, ala delta, carreras de automóviles o de motos. Una de las actividades más peligrosas que existen, la caza, es una actividad abrumadoramente masculina. Hay abundan tes pruebas interculturales que confirman la afición masculina por el riesgo. Estudios de la Organización Mundial de la Salud sobre el número de fallecimientos por accidentes demuestran una mayor tasa de muertes para los hombres de todos los grupos de edad y de todos los países. Aproximadamente, el doble que la de las mujeres. Desde una temprana edad, ellas muestran una mayor aversión por el riesgo, tanto social como físico. Así pues, el hecho de que los varones protagonicen la mayor parte de los accidentes de tráfico no es debido a su ineptitud a la hora de conducir, sino a su mayor propensión por hacerlo de forma arriesgada.

    Por otro lado, las mujeres no salen prácticamente a la carretera, sino que se mueven casi exclusivamente por la ciudad, en donde el riesgo de accidentes es mucho menor. Los varones, en cambio, lo hacen en ambos lugares.

    En consecuencia, para poder valorar quién conduce mejor, si el hombre o la mujer, tendrían que hacerlo ambos a la misma velocidad, el mismo número de horas, de la misma forma y en los mismos lugares.

    Las feministas afirman que las mujeres conducen más despacio que los hombres porque tienen menos experiencia y porque son más prudentes. Pero las dos afirmaciones son falsas. La primera porque ignora que muchos de los varones que conducen tienen la misma experiencia o menos que muchas de las mujeres conductoras, dado que la experiencia es algo que no puede ser transmitido de unos hombres a otros, sino que es completamente personal. Por lo tanto, si a las mujeres se les nota más la inexperiencia será porque lo hacen peor.

    Y la segunda afirmación también es falsa porque decir que las mujeres conducen más despacio debido a que son más prudentes es confundir la idea de prudencia con la de inseguridad. Viendo conducir a la mujer se ve claramente que está peor dotada para ello que el varón. Suele ir muy despacio, concentrada, sin hablar, como en tensión y sin seguridad en lo que hace. Y esa inseguridad está motivada por tres cosas: 1) por su menor capacidad espacial, 2) porque carece de los reflejos y del valor necesario para ir deprisa, dado que es más miedosa, y 3) porque está peor dotada para todo aquello que requiera el uso coordinado del cuerpo y los ojos. Por eso no hay casi pilotos de avión femeninos (menos del 1%), ni controladoras aéreas (6%), ni conductoras de coches de carreras (menos del 1%); y por eso las mujeres tardan más tiempo que los hombres en sacarse el carnet de conducir y no existen profesores de autoescuela femeninos.

    Precisamente, los profesores de autoescuela han comprobado las siguientes diferencias entre el hombre y la mujer a la hora de aprender a conducir:

    1.- En situaciones en las que se requiere una rápida reacción, el tiempo de respuesta es siempre mayor en las alumnas que en los alumnos. Además, en un porcentaje sensiblemente superior (64% en ellas, frente a un 23% en ellos), su respuesta no es la más adecuada a la situación surgida.

    2.- Cuando la alumna se ve obligada a efectuar una marcha atrás, casi invariablemente (con una frecuencia del 82%), mueve el volante en el sentido equivocado (aunque en el resto de la prueba haya mostrado un nivel suficiente de destreza). La frecuencia de este fallo en los hombres es, en cambio, de sólo el 0.2 por ciento.

    3.- Las aspirantes femeninas incurren en un número mucho mayor de pequeñas colisiones con el espejo retrovisor exterior, por no apreciar correctamen te la distancia lateral que le separa de los otros vehículos.

    4.- Y en ocasiones de peligro extremo, o cuando se presenta un obstáculo peligroso imprevisto, algunas mujeres han llegado a soltar el volante para taparse la cara con las manos. Este caso, sin embargo, no se les ha presentado a los profesores nunca en un alumno hombre.

    En resumen, la mujer está peor capacitada para todo aquello en lo que se requiere el uso coordinado del cuerpo y la mente. Esto, unido a su menor capacidad espacial, explica la superioridad masculina a la hora de conducir.

    Así pues, la consabida idea de que la mayoría de las mujeres aparcan en línea peor que los hombres tiene una explicación racional y científica. Una investigación llevada a cabo por una autoescuela británica reveló que en el Reino Unido los hombres obtenían una media del 82 por ciento de precisión al aparcar su coche en línea cerca de la acera. Las mujeres sólo obtuvieron un 22 por ciento de precisión. Y en Singapur, un estudio de similares características, obtuvo un resultado del 66 por ciento de precisión en el caso de los hombres, mientras que las mujeres sólo representaron un 19 por ciento en el test de precisión.

    La menor coordinación y capacidad espacial femenina explica también la superioridad masculina en juegos como el golf, el billar y el tiro, juegos en los que, para ser bueno, no es necesaria la fuerza muscular, sino la coordinación, el tacto y la capacidad para saber estimar la distancia, los ángulos, la velocidad y la dirección. Por eso, no ha habido una sola mujer campeona en ninguno de esos juegos.

    En cambio, las mujeres pueden leer mejor la personalidad de la gente. Los
estudios muestran de forma palpable que las mujeres están mejor dotadas que los hombres para comprender los sentimientos humanos, una cualidad que aprovechan tanto las psicólogas y educadoras como las adivinadoras y echadoras de cartas, mayoritariamente féminas u homosexuales. Son también más sociables, algo que se pone de manifiesto en muchas situaciones cotidianas, como, por ejemplo, en esa costumbre que tienen de ir juntas al servicio. Sonríen más, son más afectuosas, tienen más paciencia, se interesan más por los demás y, como son más emotivas, sienten la congoja ajena como propia. Son también más empáticas (la empatía es, en psicología, la capacidad de ponerse en el lugar del otro) y reaccionan más rápido que los varones a las necesidades de un niño llorando. Su propensión para la crianza está presente desde muy jóvenes y aumenta con la pubertad. En todo el mundo y a lo largo de toda la historia las mujeres han aparecido siempre como el sexo más dado a la crianza y a realizar las tareas que conllevan el cuidado íntimo de los niños, los enfermos y los ancianos. Parecen estar diseñadas para preocuparse por la gente. Esto explica por qué constituyen el 70 por ciento de los profesionales de la enseñanza y el 80 por ciento de los de las ciencias de la salud (medicina, veterinaria). De hecho, desde el principio de su vida, las niñas muestran un mayor interés por comunicarse con otras personas. Quieren charlar con la gente. Los niños, por el contrario, son menos amables con los desconocidos. Las chicas tienden a atender a las personas, mientras que los chicos tienden a atender a los objetos.

    La preocupación por los demás es innata en el cerebro femenino, no sólo de la mujer, sino de cualquier hembra animal. La prueba de que esto es así (como se ha explicado antes) es que las hembras de gorila y chimpancé, estudiadas en cautividad, también cuidan a muñecas cuando se les facilitan y se resisten a que se las retiren; mientras que los machos se muestran indiferentes. Este comportamiento femenino es consecuencia de las hormonas. De hecho, se ha comprobado que los niños y niñas cuyas madres toman durante el embarazo hormonas masculinas poseen un carácter más varonil: por ejemplo, son más individualistas e indepen dientes. En cambio, si sus madres toman hormonas femeninas, entonces su carácter se feminiza, se hacen más sociables, prefieren las actividades en grupo y dependen más de los otros.

    Otras diferencias de comportamiento entre los dos sexos son, por ejemplo, que las mujeres responden mejor a los estímulos sensoriales. Ellas poseen mayor olfato (por eso no soportan los olores fuertes), distinguen mejor los sabores (no les agradan los sabores ácidos y amargos), oyen más, entonan mejor al cantar (por cada hombre que afina al cantar hay ocho mujeres con aptitud musical), ven mejor en la oscuridad y peor con mucha luz (porque tienen más células receptoras de la luz, llamadas bastones) y sufren menos de daltonismo (la probabilidad de que los hombres se vean afectados por este trastorno es 75 veces superior a la de la mujer; por cada mujer daltónica hay nueve hombres que lo son; de hecho, uno de cada ocho hombres lo sufre). La mayor propensión del varón a padecer daltonismo es debida a que las células receptoras de los colores (llamadas conos) son transmitidas sólo por el cromosoma X, y como la mujer posee dos de esos cromosomas, si uno transmite la enfermedades, el otro la neutralizada. Las mujeres poseen también más memoria que los hombres, si bien les desagrada el proceso intelectual del análisis.

    La biología, pues, explica por qué las mujeres aprenden antes a leer y tienen más facilidad para los idiomas; por qué perciben mejor la personalidad de la gente y están más dotadas para todas las actividades verbales o comunicacionales, como la psicología, el periodismo, las relaciones públicas o la enseñanza, y por qué hay más mujeres ejecutantes de música que compositoras. Pero la biología explica también por qué hay más hombres que mujeres dedicados a las matemáticas, a la arquitectura, a la composición musical, al ajedrez, a la navegación, a la aeronáuti ca, a la mecánica, a la fontanería y a la electricidad; por qué los juegos de los niños son más agresivos que los de las niñas y por qué los hombres son más hábiles a la hora de aparcar un coche. Es decir, la biología explica por qué a lo largo de la historia, no ha habido apenas mujeres compositoras, artistas, filósofas, inventoras; esto es, por qué no ha habido mujeres en las actividades para las que es condición imprescindible la capacidad espacial o pensamiento abstracto. Se calcula que sólo un 10 por ciento de las mujeres tienen buenas habilidades espaciales.

    Los varones, además, muestran una mayor curiosidad por todo lo que les rodea. Son ellos los que se sienten empujados a descubrir el funcionamiento secreto de todo lo existente (las leyes de la física, de la gravedad, del movimiento, o a inventar constituciones). No en vano, en España, el 85 por ciento de las personas que se dedican a la investigación son hombres. Y son ellos también los mecánicos e inventores de la sociedad; son hombres los que solicitan el 99 por ciento de las patentes, y es difícil imaginar qué puede reducir esa cifra al 50 por ciento.
   
    ¿Por qué los hombres son los pensadores, inventores y santos? Hay muchas teorías que aseguran que las diferencias biológicas y cerebrales entre los dos sexos son las culpables de que los hombres posean mayor creatividad y de que entre las mujeres no haya habido genios.

    Tanto en lo que se refiere a santos como en lo concerniente a pecadores, los hombres aparecen en grandes cantidades. Sin embargo, las mujeres, apenas destacan. No existe un Mozart femenino porque no existe tampoco un Jack el Destripador femenino. Lo más alto y lo más bajo, lo mejor y lo peor de la conducta humana tiende a ser exhibido por los varones. Así, aún cuando las mujeres tienen, en promedio, una mayor capacidad verbal y una mayor penetración psicológica que los hombres, los grandes novelistas y los grandes psicólogos han sido siempre varones. Los hombres logran los mayores niveles de éxito intelectual, pero también los mayores niveles de fracaso, en cantidad y en calidad.

    Para demostrar que el genio está limitado, con algunas excepciones, al sexo masculino, tal vez no hay mejor material disponible que la distribución de los premios Nobel entre hombres y mujeres. Como es bien sabido, en 1867, el químico sueco Alfred Nobel inventó la dinamita, un explosivo basado en la nitroglicerina y mucho más potente que la pólvora. El éxito del invento hizo millonario al inventor, pero las muertes producidas por la manipulación y el uso militar de la dinamita amargaron los últimos años de Nobel, que trató de aplacar su mala conciencia dejando su fortuna para premiar los esfuerzos por la paz y el progreso de la humanidad. El 27 de noviembre de 1895, un año antes de su muerte, escribió su testamento, en el que legaba los 33 millones de coronas de su fortuna para la creación de un fondo cuyos intereses anuales se repartirían en cinco partes iguales para premiar a aquellas personas que el año anterior hubieran aportado los mayores beneficios a la humanidad en los campos de la Física, la Química, la Medicina, la Literatura y la Paz. Desde 1969, un premio adicional de Economía viene siendo otorgado en su memoria por el Banco Central de Suecia.

    En primer lugar, demos una revisión a los Premios Nobel en las ciencias durante los años 1943-1995, es decir, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando ya encontramos un número cada vez más grande de estudiantes universita rios femeninos. De un total de 102 laureados en Física, después de la Segunda Guerra Mundial, sólo uno (María Goeppert-Mayer, 1963) fue mujer. Y de los 83 premiados en Química, sólo uno (Dorothy Crowfoot Hodgkin, 1964) fue de sexo femenino. Entre los 120 laureados en Medicina, hubo 6 mujeres (Gerty Theresa Cori, 1947; Rosalyn Yalow, 1977; Barbara Mc Clintock, 1983; Rita Le vi-Montalcini, 1986; Gerturde Belle Elion, 1988 y Christiane Nüsskein-Volhard, 1995). Y si consideramos los premiados en Economía, encontramos 38 varones y ninguna mujer.

    Con sólo ocho mujeres (2,3%) de un total de 343 premiados con el Nobel en Ciencias y Economía en los últimos 50 años, podemos afirmar con toda rotundidad que para la investigación, en su más alto nivel, se requieren testículos.

    Por supuesto que si consideramos la situación de los premios antes de la Segunda Guerra Mundial, es decir entre los años 1901-1939, encontramos que la aportación de la mujer está relacionada con un sólo nombre, a saber, Marie Curie, que junto con su esposo, Pierre Curie, recibieron la mitad del Nobel de Física en 1903 (el premio fue compartido con Henri Becquerel). Después de la muerte de su esposo, Marie Curie (por su propio mérito) recibió el Nobel de Química en 1911. Finalmente, la hija de Marie Curie, Iréne Joliot-Curie recibió el Nobel de Química en 1935, junto con su esposo, Frédéric Joliot. Por tanto, de los 46 laureados en Física, sólo hubo una mujer. Y entre los 40 premiados en Química, sólo hubo dos mujeres. Los 42 premiados en Medicina fueron, en su totalidad, varones. Todo junto da un resultado de 3 mujeres laureadas de un total de 128 premios concedi dos. La misma representación femenina (2,3%) que se da después de la Segunda Guerra Mundial. Por consiguiente, la conclusión a la que se llega es la misma: que para la investigación de primer nivel se requiere una alta dosis de testosterona en la sangre.

    No resulta sorprendente que en el Premio de Literatura la representación de la mujer sea considerablemente mejor que en el campo de las ciencias. De un total de 92 premiados en Literatura en el período 1901-1995, ocho fueron mujeres (Selma Lagerlöf, 1909; Grazia Deledda, 1926; Sigrid Undset, 1928; Pearl Buck, 1938; Gabriela Mistral, 1945; Nelly Sachs, 1966; Nadine Gordimer, 1991 y Toni Morrison, 1993). Esto significa un 8,7 por ciento.

    En total, de los 563 premiados con el Nobel en Ciencias Naturales, Economía y Literatura durante el período 1901-1995, encontramos que sólo 19 son mujeres, o sea, el 3,4 por ciento. La conclusión a la que se llega es que el genio es una característica masculina; lo cual sigue siendo cierto a pesar de incluir la Literatura.

    Si las cosas son así, hay que preguntarse por qué los medios de comunica ción, y en particular las escritoras feministas y las revistas para mujeres, sólo resaltan una parte de la realidad, olvidándose completamente de la otra. Los mejores chef del mundo son hombres. La mejor orquesta del mundo, la Orquesta Sinfónica de Viena, está compuesta totalmente por hombres. Ninguna mujer ha ganado el campeonato mundial de ajedrez, a pesar del fomento de la igualdad de los sexos en muchos países. El 82 por ciento de los santos son hombres. Es rara la ocasión en que una mujer se convierte en una ganadora de mucho renombre; y cuando tal cosa ocurre, resulta que esa mujer ha desarrollado una alta masculinidad y ha perdido su femineidad, razón por la cual, los hombres no se sienten atraídos por ella. ¿Por qué la masculinidad y los logros más altos van de la mano? Algunos investigadores sostienen que todo es cuestión del cromosoma Y, el causante de la testosterona y la masculinidad. El mismo cromosoma que provocan la existencia del inadaptado social es el responsable de la existencia del genio. Las mujeres carecen de ese cromosoma, pues sólo poseen dos cromosomas X; pero los hombres, al poseer uno cromosoma X y otro Y, tienen una mayor variabilidad.
   
    A pesar de las pocas mujeres brillantes que han existido, las feministas siguen manteniendo que no hay nada en el cerebro femenino que justifique tal situación, y que las razones por las que ha ocurrido esto han sido dos: 1) porque la mujer ha estado durante mucho tiempo excluida de la cultura, y 2) porque cuando se le ha permitido entrar no lo ha hecho con las mismas oportunidades que el varón, pues, según dicen, en las áreas en las que ha tenido el mismo trato, como el teatro o el canto, ha dado igual número de primeras figuras que el hombre, como puede comprobarse viendo la cantidad de grandes actrices y cantantes que ha habido.

    Ahora bien, las razones esgrimidas por las feministas no sirven para explicar por sí solas la ausencia de genios femeninos, dado que en terrenos como la música, el arte o la literatura, la mujer ha gozado, desde hace siglos, de las mismas oportunidades que el varón. Sin embargo, ¿cuántas compositoras, instrumentistas, pintoras, escultoras o novelistas de primera clase han existido? ¿cuántas compara bles a Miguel Ã?ngel, Beethoven o Cervantes se conocen? Es evidente que ha habido innumerables grandes actrices y cantantes; pero es que para esas profesio nes no es necesario el pensamiento abstracto, sino simplemente contar con dotes de interpretación y poseer un buen oído y una bonita voz. En cambio, para componer música, para pintar un cuadro, o incluso para escribir teatro, sí se precisa la visión espacial o pensamiento abstracto, y por eso, en tales actividades, el varón ha demostrado una evidente superioridad.




    DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO
    6.- El porqué de las mejores notas femeninas

    Las feministas insisten en que no hay ninguna limitación en el cerebro femenino que justifique la hegemonía intelectual masculina, y que todo lo que se dice no son más que prejuicios misóginos. Aseguran que la mujer no sólo no es mentalmente inferior al hombre, sino que incluso es superior a él. Y para demostrarlo ponen como ejemplo el hecho de que las chicas saquen mejores notas que los chicos en todos los niveles educativos, es decir, tanto en los estudios primarios, como en los secundarios, o en la universidad.

    Pero esto tiene una explicación, además de no ser exacto. La explicación es doble. Por un lado, la educación favorece la tendencia innata de la mente femenina (aceptación pasiva de información comunicada verbalmente). Es decir, el sistema educativo favorece a la mujer y constituye una conspiración contra las aptitudes e inclinaciones mentales del varón. Porque no debe olvidarse que el cerebro humano está programado antes de nacer para tener percepciones y comportamien tos distintos según el sexo. Los niños, por ejemplo, son más activos que las niñas; quieren jugar con cosas y muestran una mayor curiosidad por todo el espacio que habitan. Ellas, en cambio, son más pasivas, se apiñan a un lado en la escuela para hablar entre sí, escuchan y se intercambian secretos. De hecho, a partir de los 4 y hasta los 10 años, los niños y las niñas juegan separados.

    Sin embargo, en la escuela, tanto a las niñas como a los niños se les dice que permanezcan quietos y escuchen. No es de extrañar, pues, que a los chicos se les castigue mucho más que a las chicas. Ni tampoco, que más del 95 por ciento de los pequeños a quienes se les diagnostica hiper-actividad sean varones. Esta condición, en cambio, casi no existe entre las niñas. El cerebro de la mujer, pues, se adapta mejor al rol de alumna.

    Además, los niños en la escuela se ven obligados a tener que leer y escribir, habilidades que favorecen también a la mente femenina. El resultado es que las clases acaban llenándose de niños con problemas de lectura; niños que no aprenden ortografía y que terminan siendo clasificados como disléxicos 4 veces más que las niñas. Téngase en cuenta que niños con problemas de lenguaje fueron, entre otros, Fáraday, Ãdison y Einstein. Se ha causado un gran perjuicio a los niños en su educación, al suponer que su lentitud a la hora de aprender a leer, en relación con las niñas, era debida a su torpeza.

    Por otro lado, la explicación de que las chicas saquen mejores notas que los chicos se debe a que ellas tienen más memoria, más paciencia y son más estudiosas (dedican a esa actividad casi un 20 por ciento más de tiempo que sus compañeros). Por eso, del total de alumnos que acuden hoy a las 47 universidades públicas españolas, casi el 60 por ciento son mujeres. No es sorprendente, pues, que el número de mujeres con titulación universitaria supere actualmente al de varones. Como tampoco es de extrañar que haya más mujeres universitarias trabajando que varones. Ahora bien, lo de las mejores notas femeninas es verdad sólo como promedio (mejores notas medias). Porque la realidad es que los hombres sacan más suspensos, pero también más matrículas.

    Por otro lado, tampoco es exacto que las mujeres obtengan mejores notas que los hombres, porque hay dos importantes excepciones: el nivel de doctorado, en el que los varones son claramente mejores, y las carreras técnicas, en las que los hombres son también muy superiores. Por eso, cuando llegan a la Universidad, los chicos se deciden por carreras como la Física o la Ingeniería, y las chicas, por la Sociología, la Enseñanza o los Idiomas. De hecho hay estudios universitarios, como son los de determinadas ciencias (Matemáticas, Físicas, Geológicas) o las carreras técnicas superiores (Arquitectura, Ingeniería, Informática), en los que las mujeres siguen siendo minoría (20%) y muy pocas las que logran acabarlos. Se trata de campos cuya desigualdad académica y vocacional preocupan en este momento.

    La inferioridad femenina en las carreras técnico-científicas explica también por qué las cátedras que cuentan con mayor número de mujeres son las de Humanidades y las de Ciencias Sociales, mientras que en las carreras técnicas, Ingeniería e Informática, el número de mujeres es mínimo. Y esta es la razón asimismo de que algunos gremios estén totalmente copados por el sexo femenino, como son los vinculados a las ciencias de la salud (Medicina, Veterinaria), en donde 8 de cada 10 profesionales son mujeres; o la enseñanza, en la que el sexo femenino constituye el 70 por ciento de los profesionales, o las carreras jurídicas y sociales, en donde los licenciados han pasado a ser, en su mayoría, licenciadas (2 de cada 3 diplomados pertenecen al sexo femenino).

    En cualquier caso, lo que es evidente es que el sistema educativo favorece y favorecerá a la mujer mientras siga siendo asunto de "yo hablo y tú escuchas". Pero esto no significa que la enseñanza sea sexista, sino que los cerebros del hombre y la mujer lo son. Y aunque es cierto que el sexo del cerebro se determina en la matriz, la diferencia cerebral definitiva no se produce hasta que fluyen las hormonas en la pubertad.

    Así es. Cuando se están desarrollando los fetos, las hormonas establecen ciertas diferencias entre los cerebros del niño y la niña, y ello se nota ya en los primeros años de vida. Pero al llegar la pubertad, esas diferencias, en cuanto a comportamiento, actitudes sociales y capacidades mentales, se convierten en un abismo. La pubertad, pues, acentúa la diferencia cerebral entre los chicos y las chicas. Antes de la pubertad puede decirse que asistimos al desarrollo de dos motores distintos (los cerebros). Pero, pese a todas las diferencias existentes en la infancia, la cantidad de hormonas que circulan por el cuerpo del niño y la niña es casi la misma. Sin embargo, con la llegada de la pubertad, las hormonas invaden la escena por segunda vez y se ve lo que ocurre cuando a esos dos motores (cerebros) se les añade combustible (hormonas). Los cambios entonces son espectaculares.

    En el caso de las niñas, hacia los 8 años, el nivel de hormonas femeninas (estrógenos y progesterona) empieza a subir. Su físico se redondea, los pechos se hinchan y, hacia los 13 años, empieza el ciclo menstrual.

    La hormona de los niños (la testosterona) fluye con fuerza unos dos años más tarde que las hormonas de las niñas (sobre los 10). La concentración de testosterona en los chicos adolescentes sube hasta alcanzar un nivel 20 veces superior al de las chicas, diferencia que se mantiene hasta la vejez. Esa testosterona es la misma sustancia que en la matriz se encargó de dar al cerebro la pauta masculina. Debido al brusco incremento del nivel de testosterona, los chicos adolescentes experimentan un repentino aumento del crecimiento, el tono de voz se les agrava, aparece la nuez, los testículos les bajan a su sitio, aumenta el tamaño de los genitales y todo su equipo sexual adquiere vida propia.

    Pues bien, así como los cambios bioquímicos modifican el cuerpo de los adolescentes, esos cambios modifican también sus percepciones, sus emociones y sus capacidades. Se vuelven más seguros de sí mismos y evitan todo sentimiento susceptible de ser interpretado como debilidad (miedo, llanto, angustia, indecisión, etc.). Pero la hormona masculina también intensifica las habilidades espaciales, mientras que las hormonas femeninas las debilitan. Por eso, las notas de los chicos, en cuanto al cociente intelectual, suben vertiginosamente entre los 14 y 16 años, y las notas de las chicas tienden a estabilizarse o incluso a descender.

    Efectivamente, alcanzada la pubertad se produce algo muy importante: los chicos alcanzan a las chicas en habilidades verbales (aunque no las superarán nunca) y las sobrepasan en capacidad matemática superior, que es una derivación de la marcada superioridad masculina en capacidad espacial o pensamiento abstracto. Por eso, si bien las niñas aprenden antes que los niños a contar, llegada la pubertad, ellos no tardan en mostrar una evidente superioridad en el razonamien to matemático conceptual. Las chicas se ven obligadas a dejar paso a sus compañeros en cuanto el tipo de matemáticas cambia de la simple aritmética a la teoría; es decir, en cuanto las matemáticas pasan de ser una mera habilidad de cálculo, a tener que ver más con conceptos abstractos de teoría y espacio, que son los puntos fuertes innatos masculinos. La proporción de éxito de chicos contra chicas en matemáticas aumenta a medida que sube el nivel de dificultad. En la Universidad de Boston, en EE.UU., se llevó a cabo un estudio de habilidad matemática en niños superdotados de entre 11 y 13 años y se descubrió que cuanto más difíciles eran las pruebas, más ventaja sacaban los niños a las niñas. En las pruebas fáciles, los niños superaban a las niñas 2 a 1; en las pruebas medias, la diferencia era de 4 a 1, y en las más difíciles, los chicos llegaron a situarse 13 a 1.

    Queda claro pues, que al nivel más alto, los mejores niños eclipsan totalmente a las mejores niñas. Ãstas no sólo no pueden superar nunca al mejor niño, sino que por cada niña excepcional hay más de trece niños excepcionales.

    A los chichos, pues, les es más fácil concentrarse en las ideas abstractas y en los teoremas. A las chicas, en cambio, su cerebro las pone en desventaja para resolver problemas que tengan que ver con la percepción espacial y la capacidad matemática.

    Todas estas diferencias temperamentales se refieren al promedio de hombres y mujeres, no a las excepciones, que las hay. Pero la excepción no invalida la regla general media. Al contrario, la excepción confirma la regla. Puede haber una regla sin excepción, pero no puede haber una excepción sin regla. ¿Excepción de qué? La excepción supone y presupone la existencia de una regla. No puede existir la excepción si no existe la regla. La excepción no elimina la regla, sino que la confirma y la refuerza.

    Es como cuando decimos que los hombres son más altos y corpulentos que las mujeres. Por supuesto, algunas mujeres son más altas y corpulentas que algunos hombres, pero desde el punto de vista estadístico, los hombres son en promedio un 7 por ciento más altos que las féminas y un 8 por ciento más corpulentos (esto se ve muy claramente entre hermanos de distinto sexo).

    Por tanto, quien diga que las diferencias temperamentales entre el hombre y la mujer no tienen importancia porque no son ciertas para todos los individuos, también ha de estar dispuesto a decir que las diferencias de estatura entre un sexo y el otro no existen porque tampoco son ciertas para todos los individuos. Sin embargo, si bien la talla media de los hombres y de las mujeres sólo difiere en unos centímetros, el porcentaje de mujeres que se sitúan entre los individuos más altos de la población es mínimo. En EE.UU, por ejemplo, en la talla de 178 centímetros, que es aproximadamente la media de los varones estadounidenses, éstos superan a las mujeres en una proporción de 30 a 1. Sin embargo, a la altura de 183 centímetros, los hombres superan a las mujeres en una proporción de aproximada mente 2000 a 1. Por ello, en toda actividad en que se precise o se premie la altura es previsible que los varones arrollen. Y hay que tener en cuenta que las diferencias estadísticas de las habilidades, aptitudes o capacidades entre el hombre y la mujer son todavía mucho más grandes que las que se refieren a la estatura y demás aspectos físicos.

    Ahora bien , esas diferencias no han de ser vistas como una minusvalora ción de la mujer. Es cierto que la mayoría de las mujeres no pueden leer un mapa igual de bien que la mayoría de los hombres, pero ellas pueden leer mejor la personalidad de la gente.




    DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO
    7.- La agresividad

    La diferencia más obvia, la más llamativa entre el comportamiento masculino y femenino es la agresividad. El hombre es más agresivo que la mujer, como lo son también la mayoría de los machos de las distintas especies animales. Desde el ratón hasta el hombre (con muy pocas excepciones), el macho de toda especie es más agresivo que la hembra. La agresividad tiene una causa abrumado ramente biológica, no social, como lo prueba el hecho de que puede anularse o estimularse con medicamentos o drogas (los neurolépticos la anulan; la cocaína y las anfetaminas la estimulan). Es verdad que también la sociedad puede provocar reacciones agresivas. Por ejemplo, la injusticia conduce a la agresividad. Sin embargo, si la agresividad fuera debida sólo a causas sociales, es decir, si únicamente estuviera motivada por aspectos externos, podrían estudiarse los factores que la desencadenan para acabar con ella. Bastaría, pues, con evitar a los niños frustraciones hasta completar el desarrollo de su personalidad para que de adultos fueran menos agresivos. Sin embargo, se ha comprobado lo contrario. Esto es, niños a los que en el seno familiar se les da gusto en todo para evitarles frus traciones, al salir del hogar y encontrarse con una realidad mucho más hostil, se vuelven agresivos.

    Así pues, la agresividad masculina no es social, sino biológica. Es debida a las hormonas masculinas, sobre todo, a la testosterona. Y es que, los andrógenos no sólo poseen un efecto organizador en la estructura interna del cerebro, sino que tienen también una influencia inmediata sobre el comportamiento. Por ejemplo, los altos niveles de testosterona en los adolescentes guardan relación directa con su excesiva agresividad. Ahora bien, la agresividad no es sólo cuestión de hormonas. Para poder producir agresividad, la testosterona necesita un cerebro masculino sobre el que actuar. Si, por ejemplo, se castra a un macho de rata antes de que sus hormonas le hayan dado un cerebro masculino, no habrá dosis posterior de testosterona que produzca la misma agresividad que en un cerebro masculino. De igual modo, si a una hembra de rata, cuando su cerebro no ha terminado de madurar, se le aplican dosis anormales de hormona masculina, se volverá de adulta tan furiosa y agresiva como un macho. Y lo mismo ocurre con las personas. Una mujer normal no será jamás tan agresiva como un hombre, aunque se le inyecten dosis de testosterona, pues su cerebro no está "programado" para reaccionar ante dicha sustancia de esa forma. En cambio, a los hombres no muy agresivos sí se les puede volver más agresivos con una inyección adicional de hormona masculina.

    Así pues, la testosterona conduce a la agresividad cuando entra en contacto con el cerebro masculino. Por el contrario, una de las hormonas femeninas (el estrógeno) posee una acción neutralizadora sobre el efecto agresivo de la testosterona. No por casualidad, se administra estrógeno a los presos de conducta violenta, consiguiendo así una acusada dulcificación de su carácter.

    Debido a la testosterona, los hombres son considerablemente más violentos y asociales en todas las partes del mundo. En cualquiera de las conductas de marginación social sobresalen los hombres muy por encima de las mujeres. Del total de detenidos por la policía, el 88 por ciento son varones. La población reclusa femenina en España no llega al 10 por ciento. En Estados Unidos, los hombres cometen el 96 por ciento de los robos y el 81 por ciento de los crímenes. Es 5 veces más probable que asesinen ellos a que lo hagan ellas. Sólo en agresividad verbal se igualan los dos sexos. Los psicólogos evolutivos han estudiado los homicidios en todo el mundo y han hallado una pauta consistente: los agresores y víctimas son generalmente personas de sexo masculino, jóvenes y solteros.

    Y es que, desde los 2 años, los niños se muestran más agresivos que las niñas. Los juegos de éstas son en su mayoría de colaboración y no competitivos. Cuando discuten, aunque lo hacen menos que los niños, resuelven las diferencias con palabras. Los niños, en cambio, corretean y muestran una permanente actividad. El interés masculino por mandar y el femenino por mantener las relaciones sociales son perceptibles desde muy temprana edad. La testosterona hace que los niños jueguen siempre a enfrentarse. En un grupo de infantes se perfila una jerarquía que elige con rapidez al líder y en donde el único objetivo es ganar. La agresividad del varón, producida por la testosterona, se canaliza en juegos de acción, peleas, contacto corporal, competitividad, dominio, liderazgo y un cierto conflicto. Quieren tener éxito y dominar. Y a medida que van creciendo, juegan de un modo cada vez más brusco. Los estudios demuestran claramente que los chicos prefieren la competencia a la cooperación y las chicas, la cooperación a la competencia. Los juegos de las chicas son más sociales. Juegan por diversión y lo que pretenden es hacer amigas. Esto se ve también en los animales. A todos los cachorros les gusta jugar a pelear. Pero cuando cumplen un año de vida, las hembras empiezan a separarse de los machos y forman un grupo aparte, en el que practican juegos menos agresivos que los realizados por los machos. Ãstos, a medida que crecen, empiezan a competir por el liderazgo, algo que les permitirá perpetuar su código genético. Los humanos, pues, no hacemos más que repetir los comportamientos de las especies animales.

    El vertiginoso aumento de testosterona en los chicos a partir de los 10 años hace que se vuelvan cada vez más agresivos. A partir de esta edad (la pubertad), las peleas pasan a convertirse en una práctica habitual de su comportamiento. No es extraño, pues, que el grupo de edad con mayor tasa de agresividad sea el comprendido entre los 13 y 17 años. Los chicos de estas edades protagonizan también los índices más altos de criminalidad.

    Después de los 50 años, cuando los niveles de testosterona van bajando, los hombres se van volviendo cada vez menos agresivos y más cariñosos. Por el contrario, las mujeres, al ir disminuyendo sus niveles de estrógeno (con su conocida capacidad neutralizadora de los efectos agresivos de la testosterona, presente en pequeña cantidad en todas ellas), tienden a ser más decididas, seguras y agresivas. Por tanto, en la vejez, conforme los niveles hormonales de hombres y mujeres se van asemejando, sus diferencias de agresividad también.

    Queda claro, pues, que los varones (como, en general, todos los machos animales) son por naturaleza más agresivos que las hembras, lo que tiene una significación mucho mayor de lo que parece, porque explica en gran medida la dominación histórica del varón dentro de la especie humana. Y es que, la testosterona no sólo estimula en el hombre la agresividad, sino que, además, su impacto en el cerebro masculino produce deseo de dominación, decisión y empuje. De ahí que la búsqueda de poder, de dominio y la conquista de los roles de presti gio, sean rasgos abrumadora y universalmente masculinos.

    Las feministas no deberían ignorar esto cuando tratan de explicar por qué la mujer a lo largo de la historia no ha conseguido llegado al poder. Deberían saber que buena parte de las relaciones que existen entre las personas se basan en la capacidad que tienen algunos individuos de influir en la conducta de los demás. Esa capacidad se denomina "poder" y una de sus formas más comunes es el "poder coercitivo". El poder coercitivo se apoya en la fuerza y se basa en la posibilidad que tiene un sujeto o un grupo de ellos de castigar a otro si éste no se deja influir. Pues bien, no cabe ninguna duda de que el varón posee un tipo de fuerza (la física) que le permite ejercer el poder coercitivo sobre la mujer y colocarse en ventaja para acceder a la conquista del poder político y social.

    Ahora bien, los hombres no aprenden la agresividad como una táctica de guerra entre los sexos. Ni enseñan a sus hijos varones a ser más agresivos; de hecho es al contrario: tratan en vano de que los niños sean menos violentos. Y es que, la agresividad masculina supone un problema para los propios varones.

    La agresividad, pues, es un rasgo natural y típicamente masculino, y enfadarse por ello es tan inútil como enfurecerse porque salga el Sol, por la existencia de la gravedad o por la presencia del Himalaya.




    DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO
    8.-Testosterona y sexualidad

    La testosterona no sólo es la hormona de la agresividad y del dominio, es también la hormona del apetito sexual, tanto en los hombres como en las mujeres. Por ejemplo, los chicos, aunque maduran sexualmente más tarde que las chicas, tienen más sueños eróticos, se masturban con mayor frecuencia y tienen relaciones sexuales antes que ellas. Las mujeres, en los días previos a la ovulación (entre los 18 y 21 días después de la última menstruación), experimentan un mayor deseo sexual, aumento que viene provocado precisamente por la producción en sus glándulas suprarrenales de una pequeña cantidad de testosterona.

    La sabia naturaleza ha hecho coincidir el momento de mayor fertilidad femenino (la ovulación) con el de mayor deseo sexual, no sólo en la mujer, sino en todas las demás hembras animales. La diferencia es que mientras que las monas, o las gatas, o las yeguas se defenderán del macho si éste intenta copular cuando ellas no están en celo, la hembra humana es capaz de mantener relaciones sexuales sin importar en qué momento del ciclo biológico se encuentra. En definitiva, la mujer es capaz de disociar el acto sexual de la reproducción.

    Las mujeres que pierden sus ovarios y no pueden producir hormonas femeninas, siguen conservando íntegramente la capacidad de excitación sexual. Pero si pierden las glándulas suprarrenales (que en ambos sexos segregan un pequeño flujo de testosterona), su libido se derrumba y sólo puede restablecerse con inyecciones de hormona masculina.

    Asimismo, ciertas píldoras anticonceptivas provocan a veces en las mujeres una reducción en la tasa de testosterona, lo que acarrea un descenso de su libido. Así pues, el deseo sexual en la mujer está sustentado en la acción de la testostero na.

    La distinta cantidad de hormona masculina entre el hombre y la mujer es también la responsable de que el impulso sexual masculino sea más fuerte que el femenino, al menos antes de lo 40 años, porque a partir de esa edad, a veces, es al contrario. Estas diferencias sexuales son motivo de conflictos en la pareja tanto en la juventud como en la madurez.

    Un estudio del Instituto Kinsey norteamericano concluye que el 37 por ciento de los hombres piensa en el sexo cada 30 minutos, mientras que sólo el 11 por ciento de las mujeres alcanza esa frecuencia. La explicación hay que buscarla en la alta producción de testosterona en el hombre, que le mantiene casi siempre dispuesto al acto sexual, mientras que en la mujer depende más de sus ciclos hormonales. Es conocida la frase, pronunciada por las mujeres, de que "los hombres siempre están pensando en lo mismo". Los varones privados de sexo se vuelven irritables. Las mujeres, en cambio, no experimentan esa misma sensación con el celibato.

    El hombre está diseñado con una sed de sexo muy superior a la de la mujer. El varón tiene instalada una fábrica de semen que trabaja las 24 horas del día. Los testículos son unos laboratorios que fabrican espermatozoides ininterrumpidamente hasta que el almacén de esperma se llena. El cerebro, que tiene noticia puntual del estado de fabricación y almacenamiento de ese producto, cuando detecta que el almacén está lleno activa en el varón la sensación emocional de querer sacar esa mercancía afuera. Pero el programa cerebral encierra además un detallado manual de instrucciones sobre dónde hacerlo, para lo cual, el pene abandona su tamaño flácido y menguado y adopta una rigidez y tamaño mucho más grande. La mujer no tiene una fábrica comparable ni unas ganas periódicas de eliminar una mercancía de parecida naturaleza.

    La influencia de la testosterona en el apetito sexual queda demostrada en los homosexuales. La mayoría de los gay (que producen testosterona en sus testículos) tiene un apetito sexual similar al de los hombres heterosexuales. Y las lesbianas, que también presentan niveles de testosterona mayores que las demás mujeres, poseen un impulso sexual más fuerte.

    La testosterona, pues, influye decisivamente en la sexualidad. Cuanta más haya en el cuerpo, más fuertes serán los impulsos sexuales, ya sean éstos heterosexuales u homosexuales, ortodoxos o desviados. Por eso, entre las mujeres hay menos homosexuales que entre los hombres (1% entre ellas y 8% entre ellos). Y por eso, la mayoría de las personas que sufren trastornos de conducta sexual son hombres. Todas las desviaciones sexuales (travestismo, voyeurismo, exhibicionis mo, sadomasoquismo, fetichismo, etc.) son territorio casi exclusivo de los varones. Las mujeres tampoco violan a criaturas y luego las asesinan. Ni trafican con seres humanos y los obligan a prostituirse. Ni alimentan el viscoso mercado de la pornografía.

    La pornografía (representación gráfica del sexo) es una industria eminente mente masculina. El deseo sexual del hombre se desencadena a partir de estímulos visuales. A los varones ver sexo les excita. Un primer plano de los genitales femeninos es un excitante sexual para los hombres; mientras que las fotos de penes erectos, en general, no estimulan a las mujeres. En ellas, el deseo sexual está más ligado a la palabra que a la imagen. Las mujeres prefieren más las novelas románticas o las eróticas. Ni siquiera los concursos de Mister Universo han suscitado entre el sexo femenino el mismo interés que los de Miss Universo entre los varones. La belleza de la mujer, en la mayoría de las culturas, está más considerada que la del hombre.

    La mayor tasa de testosterona hace también que los hombres sean más promiscuos que las mujeres. El deseo por la novedad sexual es innato en el cerebro masculino. Si no fuera por los condicionamientos sociales, el hombre sería promiscuo, como ya ha sucedido en casi el 80 por ciento de las civilizaciones humanas. Todas las investigaciones demuestran que los hombres buscan más la diversidad sexual. En la mayoría de los animales, los machos tienden a ser polígamos y suelen competir entre ellos por el acceso a las hembras; ellas, en cambio, están menos interesadas por la variedad de compañeros. Las mujeres son, en general, más selectivas que los hombres y no mantienen relaciones sexuales con cualquiera. Para que les guste el sexo necesitan afecto e intimidad. Les gusta el sexo con sentimientos y no el sexo por el sexo. La intimidad, la seguridad y la fidelidad son estímulos eróticos para las mujeres, lo que queda demostrado en el hecho de que la tasa de orgasmos femeninos aumenta 5 veces en la cama matrimonial.

    Que una mujer felizmente casada tenga una aventura es algo excepcional. En el hombre, en cambio, no es tan raro, porque las aventuras extramatrimoniales no tienen la misma importancia para ellos que para ellas. Cuando el matrimonio se basa en el amor, la esposa da sexo (a su marido) y el hombre renuncia a él (con otras mujeres). Algo parecido pasa con la prostitución. La mujer a cambio de dinero da sexo, y el hombre a cambio de sexo da dinero. Los hombres, pues, separan mejor el afecto del sexo. El cerebro masculino (que posee un lugar para cada cosa), parece como si contara con un compartimento para el sexo y otro para las emociones, sin relación entre ellos.

    La diferente promiscuidad entre varones y hembras es lo que ha hecho que a lo largo de la historia no haya estado igual considerada la actividad sexual del hombre y la mujer fuera de la pareja.

    Para las feministas, esta distinta moralidad es debida a que, según ellas, han sido los hombres los que han creado los códigos de conducta sexual, haciéndolos más permisivos para ellos. Pero esto no es cierto. Los códigos de conducta sexual no han sido creados por los varones, sino por toda la sociedad. En todas las épocas, han existido normas sobre la sexualidad. Ãsta no ha estado nunca basada en la promiscuidad, sino sometida a ciertas reglas. Al principio, debió existir una monogamia natural, un emparejamiento cuyo fin debió de ser el de servir de incremento y cuidado de la prole. Pero pronto, las normas sexuales se hicieron más estrictas para la mujer. ¿Por qué? Pues porque, en general, como se ha visto antes, la mujer es menos promiscua que el hombre. Por eso, la que no es así es inmediata mente criticada por la sociedad.

    Las feministas tampoco están de acuerdo con esto. Según ellas, la razón por la que los hombres han creado códigos de conducta sexual más rígidos para la mujer, no es la diferente promiscuidad de ambos sexos, sino el hecho de que los varones no están nunca seguros de ser los verdaderos padres de sus hijos y temen ser engañados.

    Es cierto que los hombres no pueden estar nunca seguros de ser los verdaderos padres de sus hijos; aunque al hacerse éstos mayores, si se les parecen, salen de dudas. Sin embargo, los varones sí saben en todo momento quién es la madre de sus hijos; mientras que las mujeres, si mantiene relaciones sexuales simultáneamente con más de un hombre, no pueden saber con certeza de quién es el hijo.

    Queda claro, pues, que los hombres y las mujeres viven la sexualidad de forma muy distinta. Y la explicación es doble. Por un lado, está la influencia de la testosterona en el cerebro, ya que, dado que los cerebros de los hombres y las mujeres son distintos, la influencia de la hormona masculina en ellos también lo es. Es decir, como el cerebro de los varones está más sintonizado con el efecto de la testosterona, su influencia en él, como estimulante sexual, también lo es. Y esta es la razón por la que el impulso sexual masculino es más fuerte que el femenino.

    Por otro lado, está el hecho de que el varón utiliza más que la mujer el sistema límbico del cerebro (el encargado de los emociones), así como que su hipotálamo es mayor que el femenino. Esto explica por qué el comportamiento del hombre es sexualmente más físico y menos romántico que el de la mujer. Ellos quieren carne y ellas amor; ellos quieren sexo y ellas relaciones.

    Por tanto, el cerebro, el cuerpo y las hormonas conspiran para que los hombres sean sexualmente más agresivos. Ya Freud decía que la mujer es por naturaleza pasiva, y que ello se comprueba en que la vagina espera la llegada del pene y el óvulo, la del espermatozoide. O en la forma más extendida que existe de hacer el amor: el hombre encima y la mujer debajo. Es más, la mujer puede mantener relaciones sexuales sin estar sexualmente excitada. Esto es lo que suelen hacer las prostitutas. De hecho, se considera prostituta a la mujer que busca en el sexo beneficio y no placer. El hombre, en cambio, necesita estar excitado (es decir, con erección) para poder mantener relaciones sexuales. Por eso, la prostitución le está vedada al varón, porque para vivir de la prostitución es necesario poder mantener varias relaciones sexuales cada día. Este intenso ritmo sexual es exclusivo de la mujer, dado que ella no tiene que estar excitada para mantenerlo. Sin embargo, el hombre sólo es capaz de mantener relaciones sexuales (heterose xuales, no homosexuales) con excitación, ya que ningún hombre normal puede lograr una erección si no se encuentra excitado.

    Por tanto, la biología excluye al varón la posibilidad de vivir del sexo. Cierto es que existen los gigolós, pero éstos, primero, no trabajan varias veces al día, y segundo, sólo ejercen su "profesión" mientras son muy jóvenes y enérgicos, limitación que no tienen las prostitutas. Ãstas sólo están limitadas por el deterioro de su físico.

    La prostitución también le está vedada al varón porque como las mujeres son sexualmente más pasivas, no suelen ir en busca de los hombres, cosa que sí ocurre al revés. A las mujeres les gusta más reclamar la atención masculina mediante el uso erótico de su cuerpo, porque saben perfectamente que el cuerpo femenino es un cebo infalible para los varones.

    Las feministas dicen que el hecho de que la mujer sea vista por el hombre como objeto erótico es una discriminación contra el sexo femenino. Olvidan que es la propia mujer la que explota su cuerpo con ese fin. Ahí están, para demostrar lo, la moda, la publicidad, los concursos de belleza y la prostitución. Para las feministas, no obstante, son los hombres los que explotan el cuerpo femenino en esas actividades, lo cual no es cierto. Porque ignoran que los varones también participan en la moda, en la publicidad y en concursos de belleza y, sin embargo, ellos no se sienten explotados por la mujer.

    En cuanto a la prostitución, las feministas aseguran que muchas de las mujeres que se dedican a ella lo hacen porque no tienen trabajo y necesitan dinero para sacar a sus hijos adelante. Pero este argumento no es válido, porque, en primer lugar, también hay muchos hombres sin trabajo y no venden su cuerpo dedicándose a ejercer, por ejemplo, la homosexualidad. Y, en segundo lugar, porque la mayoría de las prostitutas son chicas jóvenes que no tienen hijos que mantener.

    Las feministas afirman que la idea de pasividad en la mujer no es natural, sino que ha sido inventada por el varón. Según ellas, los hombres han creado el concepto de feminidad y han obligado a la mujer a adaptarse a él, asociándolo con la idea de pasividad y sumisión. Y es esta sumisión la que ha hecho, según ellas, que la forma más extendida de hacer el amor sea la del hombre encima y la mujer debajo.

    Pero esto no es cierto. En primer lugar, porque el concepto de feminidad no ha sido creado sólo por el varón, sino por toda la sociedad. La sociedad marca unas pautas de comportamiento y obliga a sus integrantes a adaptarse a ellas. Por ejemplo, es biológicamente normal en las mujeres el vello en las piernas y en las axilas y, sin embargo, ellas gastan grandes sumas de dinero en hacerlo desaparecer. Pero esto no lo dicta el hombre, sino la sociedad entera. Lo mismo que la sociedad ha inventado el concepto de masculinidad y obliga a los hombres a adaptarse a él. Así, se espera de cualquier varón que no sea miedoso y que no llore. Sin embargo, los hombres también sienten miedo y necesitan llorar y pagan un alto precio psicológico por ajustarse a lo que de ellos se espera.

    En segundo lugar, la idea de sumisión (supuestamente inventada por el hombre) no puede ser la responsable de que la forma más extendida de hacer el amor sea la del hombre encima y la mujer debajo, porque en todos los monos, e incluso en todos los mamíferos superiores, es también el macho el que adopta en la cópula el papel activo. Por tanto, es probable que la posición del hombre encima y la mujer debajo obedezca más a influencias biológicas que sociales.

    Según las feministas, la diferente promiscuidad de los sexos no es más que una excusa de los hombres para justificar el haber llegado a fabricar artilugios para la mujer como el cinturón de castidad, el cual estaban obligadas a ponerse cuando sus maridos abandonaban el hogar para ir a luchar en las Cruzadas, con objeto de no poder tener relaciones sexuales con otros hombres. Ahora bien, el cinturón de castidad no sólo era empleado con ese fin; también lo utilizaban las mujeres para que, en ausencia de sus maridos, no pudieran ser violadas por otros hombres. Se sabe que muchas de ellas recurrían al cinturón cuando el esposo iba a estar ausente del hogar durante mucho tiempo.

    El cinturón de castidad estuvo usándose desde el siglo XII hasta el siglo XIX. En un principio, el material empleado para su fabricación fue el cuero, pero más adelante fue sustituido por el aluminio.

    En resumen, que los hombre y las mujeres cuentan con cerebros sustancial mente distintos que provocan comportamientos en ellos claramente diferentes, a veces, contrarios.




    DIFERENCIAS CULTURALES:
    Religión, vestido y lenguaje.

    Pero no sólo la naturaleza ha creado diferencias entre los sexos; también lo ha hecho la cultura, que incluso las ha acentuado. La cultura es propia del ser humano. El ser humano es el único animal que crea cultura. Por ejemplo, todos los animales comen, pero sólo el ser humano cocina. Comer es un fenómeno natural; cocinar es un mecanismo cultural. La cultura sirve para distinguir al ser humano de los demás animales; al mismo tiempo sirve para diferenciar a unos pueblos de otros y, en última instancia, sirve para diferenciar al hombre de la mujer. Hay, pues, diferencias biológicas (agrupadas bajo el rótulo de sexo) y diferencias culturales (agrupadas bajo el rótulo de género).

    Ahora bien, la cultura no sólo ha acentuado las diferencias entre los sexos, ha creado, además, una jerarquía. Ãsta se aprecia sobre todo en la religión, en la vestimenta y en el lenguaje. La jerarquía en la religión se ve en que, para el judeo- cristianismo, Dios es varón. Porque, según la narración bíblica, cuando Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, hizo a un hombre (Adán) y no a una mujer. A ésta (Eva) la creó luego de una costilla de Adán. Y cuando Dios decidió bajar a la tierra lo hizo también con forma de hombre, pues no cabe duda de que Cristo lo era. Además cuando Cristo iba a morir, dirigiéndose a Dios, dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

    Queda claro, pues, que Dios en la Biblia es hombre. Y lo es porque la mente humana relaciona la idea de autoridad con el varón. Un Dios mujer no encaja en nuestro cerebro. Para los humanos, Dios es hombre de los pies a la cabeza, con barba, bigote y voz varonil. Como también lo es el demonio (la máxima autoridad del mal). Por eso se le representa y se le cita con nombres masculinos (Lucifer, Diablo, Demonio, Belcebú, Satanás, Satán, etc.).

    Y es que, para la Biblia, la mujer es por naturaleza "inferior" al hombre. Así, en Génesis, capítulo 3, versículo 16, refiriéndose a ella, se dice: "Estarás bajo la potestad de tu marido y él te dominará". Y en la 1ª carta de San Pablo a los Corintios, en el capítulo 11, versículo 3, se dice: "La cabeza de todo varón es a la de Cristo, y la de toda mujer es a la del varón". En el mismo capítulo, en los versículos del 7 al 9, se dice: "El varón es imagen y gloria de Dios, pero la mujer es gloria del varón, porque éste no procede de la mujer, sino al contrario. Y más aún: el hombre no fue creado por causa de la mujer, sino ésta por causa del varón".

    La idea de un Dios hombre explica por qué la religión ha estado y está dominada por el varón, es decir, por qué no hay mujeres Papas, Dalais Lamas, sacerdotes y rabinos. Téngase en cuenta que incluso el propio Cristo escogió a varones (los apóstoles) para que le representaran.

    Las feministas consideran todo lo anterior discriminatorio y lo atribuyen a que, según ellas, la Biblia no es la palabra de Dios, sino la de los hombres que la escribieron. Y para demostrarlo ponen como ejemplo el hecho de que en ella, Eva es sólo una costilla de Adán, cuando lo natural, dicen, es que fuese al revés, es de cir, que Eva, como hembra, fuera el origen de toda la humanidad. Pero, claro, asegurar que la Biblia no es la palabra de Dios sólo por esto es incurrir en una imperdonable frivolidad sobre un tema tan complejo como éste.

    Otro de los ejemplos que citan las feministas es el de que Eva, al morder la manzana y hacérsela morder a Adán, es presentada en la Biblia como la res ponsable de la mortalidad humana y de la pérdida de su estado de gracia.

    Dicen las feministas que la posición secundaria de la mujer en la Biblia ha sido decisiva para que a lo largo de la historia la mujer no haya podido ocupar en la sociedad una situación equiparable a la del hombre. Pero no es cierto, porque en los países cuya religión no está basada en la Biblia (musulmanes, budistas, hinduistas, etc.), la situación de la mujer es la misma o aún peor.

    Si los hombres deben su posición privilegiada en la sociedad a que, según la
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
30 abr 2004
privilegiada en la sociedad a que, según las feministas, la Biblia ha sido escrita por ellos, ¿por qué las mujeres no han escrito algo similar que fuera más favorable a ellas? Si piensan así, tendrán que admitir al menos que los hombres han sido capaces de escribir algo tan decisivo para ellos como la Biblia que ellas no han sabido igualar.

    La mujer, pues, o rechaza totalmente la Biblia, o la admite en su integridad. Lo que no puede hacer es aceptar como inspirado por Dios todo aquello de la Biblia que le interesa y rechazar como obra de los hombres lo que no le favorece.

    No obstante, hay que decir que la primera imagen que los humanos tuvieron de Dios fue la de una mujer. Esta imagen dominó durante un periodo que va desde 30000 años a.C. (cuando se inicia el concepto de la existencia de Dios), hasta 3000 años a.C., momento a partir del cual comenzó a imponerse el concepto masculino de Dios. Por tanto, cabe asegurar que la imagen masculina de Dios es paralela a la propia evolución del ser humano.

    Otro de los elementos utilizados por la cultura como forma de jerarquía es la vestimenta. La jerarquía en el vestir se observa en que el hombre está obligado a usar unas prendas y la mujer otras. Por ejemplo:

    1.- El hombre debe usar pantalones y la mujer falda. En Escocia los varones visten falda, pero es una falda hecha especialmente para ellos, distinta de la que allí usan las mujeres. Muchas mujeres llevan hoy día pantalones; sin embargo, su prenda sigue siendo la falda. De ahí que, por ejemplo, la Reina, en un acto oficial, no pueda ir vestida con pantalones.

    2.- El hombre debe usar calcetines y la mujer medias. En ningún lugar del mundo los varones van vestidos con medias. La mujer algunas veces usa calcetines, pero en las situaciones formales debe ir vestida con medias. Así, las novias, el día de la boda, las llevan. Y otro tanto pasa con las monjas, las azafatas, las enfermeras, etc.

    3.- El hombre debe usar zapatos de tacón ancho; la mujer puede usarlos de tacón ancho o fino. Ningún varón normal utilizará zapatos de tacón fino, porque a él le están prohibidos.

    4.- El hombre debe usar calzoncillos y la mujer bragas.

    5.- El varón debe usar pijama y la mujer, camisón. Ésta también puede ponerse pijama, pero el camisón le está prohibido al hombre.

    Cuando existe una prenda que es usada por ambos sexos, la cultura obliga a que el varón use un determinado modelo y la mujer otro distinto. Por ejemplo, el hombre debe utilizar un tipo de sombrero y la mujer, otro. Y eso mismo ocurre con la bata, los guantes, el perfume, el reloj, las gafas, el paraguas, etc. En todas estas cosas, existe un modelo para cada sexo.

    La cultura permite a la mujer usar unas determinadas prendas y unos determinados adornos que al hombre le están prohibidos. Por ejemplo, la mujer puede usar combinación, pero el hombre no. Y eso mismo pasa con la mantilla, el pañuelo a la cabeza, la pintura en los labios, el maquillaje, el tinte en el pelo, los pendientes, el bolso, el abanico, el collar, las pestañas postizas, etc.

    Además, la jerarquía permite que la mujer imite al hombre, pero no al revés. Por ejemplo, hoy casi todas las mujeres han comenzado a fumar, a beber, a usar pantalones y a hablar como los hombres. Y no es por casualidad. La mujer imita al hombre porque inconscientemente intenta igualarse a él. Por eso, es muy fre cuente que una mujer se ponga calcetines y zapatos de tacón ancho. No es raro tampoco que se acueste con pijama y que use la bata o el paraguas del marido. Por el contrario, el hombre no puede imitar a la mujer. La naturaleza, por medio de la cultura, nos hace saber en todo momento que el sexo masculino no debe imitar al femenino. Y esto nos lo ha incrustado en el cerebro. Por eso, ningún varón normal se pondrá combinación, ni pañuelo a la cabeza, ni camisón. Y no lo hará (aunque viva solo) porque su cerebro le advertirá inmediatamente que está infringiendo la ley jerárquica.

    La mujer cree que al imitar al varón se está igualando a él. Sin embargo, el resultado es el contrario. Primero, porque al imitarle, lo que hace es reforzar la jerarquía, pues está aceptando una cierta superioridad. Y segundo, porque, con el tiempo, la cultura crea nuevas diferencias. Por ejemplo, en el caso del uso del pantalón, el fenómeno que se ha producido es el de que han aparecido pantalones que antes no existían (rosas, verdes, amarillos, con flores, etc.). Es decir, han surgido pantalones de dos tipos: unos, de hombre, con formas y colores clásicos, y otros, de mujer, más ajustados y con flores o colores extraños. Así, la diferencia ha seguido existiendo y la jerarquía no se ha visto alterada.

    En una época, algunos hombres comenzaron a llevar un pendiente en la oreja, cosa que suponía una clara infracción a la ley jerárquica, pues el pendiente era y es un adorno femenino. Pero no por ello se alteró la jerarquía, pues la diferencia siguió existiendo, ya que las mujeres continuaron llevando dos pendientes y los hombres uno. Más adelante, algunos varones comenzaron a usar dos pendientes, pero tampoco pasó nada, pues ocurrió lo que ya había sucedido anteriormente con los pantalones, es decir, que aparecieron pendientes masculinos y pendientes femeninos, como también ocurrió esto mismo con las esclavas y los bolsos de hombre (las "mariconas"), cuando empezaron a ser usados por los varones. Las esclavas de ellos eran más gruesas y los bolsos de ellos, más pequeños que los de las mujeres.

    La cultura también ha creado diferencias jerárquicas en el lenguaje. La lengua (el lenguaje), como fenómeno cultural que es, cumple el doble objetivo de diferenciación y jerarquización. Así, el nombre de las personas, por ejemplo, sirve para diferenciar y clasificar a los sexos. La lengua, como los demás elementos culturales, no es una creación exclusiva del varón, sino del ser humano; es decir, tanto del hombre como de la mujer. Se habla, pues, como el conjunto de las personas quiere que se hable, dado que la mujer también es inventora de palabras. La lengua tiene unas leyes que hay que respetar y a las que el ser humano está sometido.

    La ley jerárquica en el lenguaje se pone muy claramente de manifiesto en todo lo que se refiere a los genitales, pues los del hombre gozan de más considera ción que los de la mujer. Así, decir de una persona que "tiene un par de cojones", quiere decir que posee mucho valor o mucho temperamento, estableciendo con ello una equivalencia entre los cojones y el valor o el temperamento. No existe, en cambio, la expresión "tiene un buen coño" para aludir a esas cualidades.

    Igualmente, se dice de alguien o de algo que es "cojonudo", creando otra vez una igualdad entre lo bueno y los cojones. No existe, en cambio, la expresión "coñudo" para referirse a lo mismo. Sin embargo, cuando una persona o una situación es muy aburrida, pesada o desagradable se dice de ella que es un "coñazo", estableciendo de esta forma una equivalencia entre lo desagradable y el coño. No existe, por el contrario, la expresión "pichazo" para aludir a lo negativo.

    Asimismo, cuando una persona tiene mucha suerte se dice: "¡qué chorra tie ne!", estableciendo de nuevo una equivalencia entre tener chorra y tener suerte. No existe, en cambio, la expresión: "¡qué coño tiene esa persona!". Y así muchos otros ejemplos que podrían ponerse.

    Las feministas se quejan de que el lenguaje concede al sexo masculino un papel más importante que al femenino, cosa que, según dicen, se ve en muchos ejemplo. Veamos algunos de ellos.

    Un primer ejemplo de sexismo en el lenguaje es que el diccionario dé al sustantivo "hombre" el significado genérico de "ser humano" o "persona". Tachan de sexista el que se diga que "el hombre procede del mono", o que se hable "del hombre de la calle". O que la palabra genio carezca de femenino. Aunque olvidan que, por ejemplo, la palabra estrella tampoco posee masculino.

    En el colmo del radicalismo han llegado a quejarse de que el artículo que precede a todos los números del 1 al 9 sea masculino. Pero olvidan que todas la letras de nuestro alfabeto están precedidas por el artículo femenino y no por ello los hombres se sienten discriminados.

    Un segundo ejemplo de sexismo en el lenguaje es que para referirse en plural a los dos sexos se utilice siempre el genérico masculino. Así, el substantivo plural "los padres" designa, no sólo a los progenitores masculinos, sino al padre y a la madre; lo mismo que el plural "los niños", que sirve para englobar a niños y niñas; o el pronombre plural "nosotros", que vale tanto para referirse a un grupo formado sólo por hombres, como a otro integrado por hombres y mujeres. Igualmente, los gentilicios son genéricos masculinos; así, el gentilicio plural "los franceses" alude, no sólo a los varones de Francia, sino a todas las personas nacidas en ese país. Para solucionar el uso genérico del masculino, las feministas han extendido la costumbre de llamar por dos veces a las mismas personas (ciudadanos y ciudadanas, funcionarios y funcionarias, españoles y españolas,etc.). Pero el hecho de que se utilice el plural masculino como genérico para referirse a los dos sexos ("nosotros", "los padres", "los niños", "los españoles", "los ciudadanos", "los trabajadores", "los funcionarios", "los alumnos", etc.) no es debido a sexismo en el lenguaje, sino a razones gramaticales. De hecho también se utiliza el genérico masculino en los animales (perros, monos, tigres). Y es que, una regla elemental de estilo, sin excepción, prohíbe repetir un término igual dos veces (ciudadanos y ciudadanas, funcionarios y funcionarias, etc.). Por eso, cuando la palabra es igual para ambos sexos (españoles y españolas, etc.), la gramática obliga a utilizar el género gramatical epiceno, que exige usar un solo término para los dos. Habrá que decir, por tanto, "ciudadanos" y no "ciudadanos y ciudadanas", etc. Esta es la razón por la que, genéricamente, se dice "el león vive en la selva" (y se está hablando del león y la leona), o "el perro es el mejor amigo del hombre" (y se está hablando del perro y la perra). Pretender eludir el género epiceno, especificando los dos sexos, nos llevaría a frases como ésta: "el perro y la perra son los mejores amigos y amigas del hombre y la mujer". Para evitar ejemplos como éste es para lo que se ha creado en gramática el género epiceno. Y esta es la causa también de que al ser humano se le llame genéricamente "hombre". No hay que olvidar que la denominación científica del ser humano es la de Homo sapiens (hombre pensante). La palabra Homo se refiere al género y el sapiens, a la especie. El término Homo ("hombre", en el sentido genérico de ser humano) fue empleado por primera vez por Linneo en 1758 para nombrar el género al que pertenece nuestra especie (Homo sapiens). De manera que cuando nos referimos al "hombre" (Homo), nos estamos refiriendo a los humanos (hombres y mujeres); desde los simples humanoides, hasta los hombres actuales.

    El principio de simplificación de la lengua lleva también a usar genéricos femeninos. Por ejemplo, los sustantivos "la gente", "la familia", "la policía", "las personas", "las víctimas", etc sirven para agrupar a hombres y mujeres. El principio de simplificación es también el causante de que se diga "la tortuga", "la araña", "la serpiente", "la foca", "la liebre", etc., es decir, se utilice genéricamente el nombre femenino de estos animales para aludir a los dos sexos; y a nadie se le ocurre pensar que los machos de esas especies estén siendo excluidos o menospre ciados.

    Sólo deben usarse dos términos cuando la palabra usada difiera en su forma según el género al que se refiera. Así, hay que decir hombres y mujeres, machos y hembras, yernos y nueras, padrinos y madrinas, actores y actrices, caballos y yeguas, toros y vacas, etc, porque ninguno de esos términos puede abarcar a los dos sexos.

    Queda claro, pues, que el uso genérico del masculino para ambos sexos, no obedece ni a machismo ni a sexismo ni a discriminación, sino al principio de simplificación que está en la base de toda lengua.

    Si las feministas siguen sintiéndose discriminadas por el uso genérico del masculino y siguen empeñadas en suprimir del castellano ejemplos tales como "los niños", "los "chicos", "los ciudadanos", "los compañeros", "los amigos", etc., obli gando a tener que decir: "los niños y las niñas", "los chicos y las chicas", "los ciudadanos y las ciudadanas", "los compañeros y compañeras", "los amigos y las amigas", etc., entonces los varones pueden perfectamente exigir que esta moda se lleve hasta sus últimas consecuencias y obligar a tener que decir "las personas y los personos", "las víctimas y los víctimos", etc. E igualmente, exigir que se hable de "la tortuga y el tortugo", "la araña y el araño", "la liebre y el liebro", "la serpiente y el serpiento", "la foca y el foco", etc. Y mientras tal cosa no suceda, las femi nistas no tienen por qué pensar que están siendo discriminadas.

    La preocupación por mostrarse políticamente correctos ha llevado a muchos políticos a usar este vicio lingüístico de llamar por dos veces a las mismas personas. Esto ha provocado errores como el de Carmen Romero (mujer de Felipe González), que en un mitin dijo: "jóvenes y jóvenas" (cuando el plural "jóvenes" abarca a los dos sexos); o el de Julio Anguita, que en un discurso dijo "nosotros y nosotras" (cuando, en todo caso, tendría que haber dicho "nosotros y vosotras").

    Un tercer ejemplo de sexismo en el lenguaje es que a las mujeres que ejercen las diversas profesiones se las mencione siempre por el nombre masculino (la ingeniero, la arquitecto, la médico, la músico, la ministro, etc.). Tienen razón las feministas. Es un error gramatical decir o escribir la ingeniero, la arquitecto, la médico, la diputado, la jefe, la ministro, etc. Porque nuestra lengua cuenta con géneros gramaticales (masculino, femenino y neutro). En general, en español, las palabras terminas en o son masculinas y las acabadas en a, femeninas. El femenino suele formarse cambiando la o final masculina por una a más femenina (amo-ama, bueno-buena, etc.). Pues bien, en nuestro idioma, los cargos deben concordar en género y número con el artículo que los precede. Por tanto, cuando sea posible, debe utilizarse la diferenciación genérica formal (el abogado y la abogada, el ingeniero y la ingeniera, el arquitecto y la arquitecta, el médico y la médica, el diputado y la diputada, el ministro y la ministra, etc.).

    Ahora bien. No a todas las palabras se les puede añadir una a final para formar el femenino. Porque hay voces que se escriben igual en femenino y en masculino, como el policía y la policía, el guardia y la guardia, el atleta y la atleta, el profeta y la profeta, el modelo y la modelo, el testigo y la testigo, y todas aquellas que llevan el sufijo "ista" (que significa "pertenencia a un oficio, profesión, escuela o partido"), como el periodista (y no el periodisto), el dentista (y no el dentisto), el pianista, etc. En ellas hay que acudir al artículo para diferenciar el género (el periodista y la periodista, el dentista y la dentista, el pianistas y la pianista, el taxista y la taxista, el artista y la artista, el electricista y la electricista, el futbolista y la futbolista, el violinista y la violinista, el policía y la policía, el guardia y la guardia, el atleta y la atleta, el profeta y la profeta, el modelo y la modelo, el testigo y la testigo).

    Si el masculino termina en a, el femenino puede quedar igual (poeta, policía, guardia, atleta), o sustituir la a final por la terminación esa o isa (poeta- poetisa).

    El artículo, pues, es el que hace posible que puedan utilizarse como masculinas palabras que no terminan en o (el periodista, y no el periodisto; el dentista, y no el dentisto; el mapa, y no el mapo, el clima, y no el climo; etc.); y que puedan usarse como femeninos vocablos que no finalizan en a (la modelo, y no la modela; la testigo, y no la testiga; la mano, y no la mana; etc.).

    Por tanto, para saber si una palabra es masculina o femenina, mejor que fijarse en su terminación, hay que ver el artículo que la acompaña. O mejor todavía, el adjetivo: El arma blanca, el mapa bonito, el ala pequeña, el clima frío, la mano sucia, la modelo alta, la testigo rubia, etc. Es decir, en nuestro idioma adquiere más importancia para determinar el género de una palabra un artículo o un adjetivo que una terminación.

    También surgen problemas con las palabras terminadas en e. Aunque se suele considerar que la terminación en e es masculina, la verdad es que existen muchos vocablos finalizados en e que son femeninos, como la noche, la nube, la nieve, etc. En general, las voces masculinas que acaban en e suelen cambiar la efinal por una a para formar el femenino (presidente-presidenta, asistente-asistenta, infante-infanta, etc.). Otras palabras terminadas en e forman el femenino añadiendo la terminación esa o isa (alcalde-alcaldesa, sacerdote-sacerdotisa).

    Pero hay muchas otras palabras terminadas en e a las que no se les puede cambiar la terminación e por una a para formar el femenino, como, por ejemplo, gerente, vidente, etc. En general, acogen la terminación femenina en a las palabras que hacen de sustantivo (jefe-a, presidente-a, asistente-a, infante-a), y no la admiten las que hacen de adjetivo o de participio activo. El participio es una de las tres formas no personales del verbo que hace las veces de adjetivo (las otras dos son el infinitivo y el gerundio). Se divide en participio activo (o presente), cuya terminación es ante, ente o iente (paseante, oyente, pudiente), y participio pasivo (o pretérito), cuya terminación es ado o ido (amado, leído).

    Por tanto, no pueden cambiar la terminación e por una a para formar el femenino los adjetivos como gerente (del sustantivo gerencia), vidente (del sustantivo videncia), consciente (del sustantivo consciencia), inteligente (del sustantivo inteligencia), diligente (del sustantivo diligencia), diferente (del sustantivo diferencia), ausente (del sustantivo ausencia), etc.; ni tampoco los participios activos, como paseante (del verbo pasear), votante (del verbo votar), oyente (del verbo oír), pudiente (del verbo poder), escribiente (del verbo escribir), ardiente (del verbo arder), etc.

    En resumen, puede formarse la terminación del femenino en a cuando el cargo o el título es un sustantivo (jefa, presidenta, asistenta, infanta) y no puede hacerse cuando es un adjetivo o un verbo (gerente, vidente, inteligente, paseante, oyente, votante). En estos casos hay que recurrir al artículo y al adjetivo para marcar el género: la noche cerrada, la nube negra, la nieve blanca, la gerente guapa, la vidente buena, etc.

    Y lo mismo ocurre con la formación del femenino de las palabras acabadas en consonante (por ejemplo, en l, z, n, r). No debería existir problema alguno al respecto, ya que las voces terminadas en consonante no son ni masculinas ni femeninas. En ellas suele recurrirse al artículo para determinar el género. Así, se dice el juez y la juez (no la jueza), el concejal y la concejal (no la concejala), el fiscal y la fiscal (no la fiscala), el edil y la edil (no la edila), el oficial y la oficial (no la oficiala), el albañil y la albañil (no la albañila), el cónsul y la cónsul (no la cónsula), el joven y la joven (no la jóvena), el mártir y la mártir (no la mártira), etc. Hay que señalar, no obstante, que la Academia (equivocadamente) ha admitido jueza y concejala, atendiendo más a los criterios políticos de las feministas que a los puramente gramaticales. Porque en español hay muchas otras palabras femeninas que terminan en ez y a nadie se le ocurre añadirles una a para formar el femenino, como se hace con jueza. Así, se escribe la nuez (y no la nueza), la esbeltez (y no la esbelteza), la escasez (y no la escaseza), la tirantez (y no la tiranteza), la solidez (y no la solideza). ¿Por qué entonces "la jueza"? No tiene sentido decir "la jueza", porque tampoco se dice "el juezo". Quien escribe la jueza (pese a estar admitido) muestra escasa reflexión sobre el lenguaje. Si se admite la jueza en lugar de la juez, tendría que admitirse también, por ejemplo, la portavoza, en vez de la portavoz. Hay que volver a repetir que en nuestro idioma, para determinar el género de una palabra, adquiere más importancia un artículo o un adjetivo que una terminación.

    Las feministas defienden la idea de que con las palabras terminadas en consonante se siga el mismo criterio que con las acabadas en or, a las que suele añadírseles una a para crear el femenino (director-directora, seguidor-seguidora, constructor-constructora, profesor-profesora, doctor-doctora, etc.).

    Ahora bien, si ellas consideran que el hecho de que actualmente haya mujeres jueces, fiscales, gerentes, etc. es motivo suficiente como para cambiar el final del nombre de esas profesiones por una a más femenina, entonces habrá que decirles a la feministas que también deberá sustituirse el final del nombre de las actividades que acaban en a, por una o más masculina, cuando tales actividades estén ejercidas por hombres, y empezar a decir desde ahora "el periodisto", "el dentisto", "el taxisto", "el electricisto", "el futbolisto", "el pianisto", "el policío", "el guardio", etc. Y mientras esto no se haga, no hay razón alguna para que las mujeres se sientan discriminadas.

    Además, las feministas incurren en una contradicción, y es que cuando una palabra aplicada a los hombres contiene, para ellas, más prestigio que la equivalen te aplicada a las mujeres, cambian de criterio y entonces prefieren ser nombradas por esa palabra masculina antes que por la suya femenina. Esto ocurre con voces como torero y poeta, que las feministas prefieren a las de torera y poetisa. No les importa cometer un evidente error gramatical, pues el femenino de torero es torera y el de poeta es poetisa; al igual que el de portero es portera, el de alcalde, alcaldesa y el de tigre, tigresa.

    En 1995, la ONU acordó la utilización a nivel mundial de la palabra "género" para referirse a la posición de hombres y mujeres en la sociedad. Pero lo cierto es que la expresión "género" chirría en español. En inglés y en francés, los términos gender y genre, respectivamente, pueden admitir un sentido no sólo gramatical, sino también sexista, pero, en español, no; en nuestro idioma, la palabra género tiene un carácter exclusivamente gramatical. Una mesa tiene género, pero no tiene sexo. Se puede hablar de personas de género masculino o femenino, pero no puede usarse la expresión "género" para hablar de sexismo. Por tanto, no puede haber violencia de género, como no puede haberla de subjuntivo.

    Un cuarto ejemplo de sexismo en el lenguaje es que los varones, al referirse a su esposa, digan "mi mujer", pues consideran las feministas que en el adjetivo "mi" existe un cierto sentimiento de propiedad. Pero esto no es exacto. Si se dice "mi mujer" no es por sentido de la propiedad, sino porque es la expresión gramatical correcta. Mí, apócope de mío, es un adjetivo posesivo, como lo son también tuyo, suyo, nuestro y vuestro, con sus formas femeninas y plurales, que, como todos los adjetivos, lo que hace es determinar, precisar y aclarar la relación que existe entre él y el sustantivo al que acompaña. Así, el mi de "mi mujer", lo único que hace es aclarar que esa mujer no es una más, sino exactamente la mía. Decir, en cambio, "voy al cine con la mujer", es cometer una grave incorrección gramatical, pues no se precisa con quién se va (¿con la mujer de quién?). Lo correcto, pues, es decir "con mi mujer". Y no por sentido de la propiedad, sino porque hay que atenerse a las reglas gramaticales. También se dice "mi marido", "mi hijo", "mi hermano", "mi tío", "mi vecino", "mi médico", "mi frutero", "mi jefe", "mi coronel", etc., y es evidente que ni el médico, ni el frutero, ni el jefe, ni el coronel son nuestros.

    Queda claro, pues, que la cultura no hace sino añadir diferencias a las ya creadas por la naturaleza entre el hombre y la mujer.




    DISCREPANCIA ENTRE CIENCIA Y FEMINISMO

    Los hombres y las mujeres son diferentes. Esto no significa que unos sean mejores que otros, sino que, simplemente, son distintos. Viven en mundos diferentes. Tienen visiones, percepciones, sentimientos, valores, prioridades, actitudes, reacciones y comportamientos distintos. Todas las diferencias de comportamiento entre los sexos han sido ya aceptadas por los especialistas del cerebro. La neurología, la psicología, la genética, la antropología, la sociobiología, la paleontología y la etología están repletas de datos que revelan grandes diferencias cerebrales entre el hombre y la mujer. Todas estas disciplinas han puesto de relieve que el feminismo ha estado confundiendo la causa y el efecto. Es decir, que nuestra estructura social patriarcal es el efecto de las diferencias biológicas existentes y no su causa.

    Las diferencias de comportamiento que se ven en la sociedad occidental entre el hombre y la mujer tienen su réplica tanto en el resto de las sociedades humanas, como en todo el mundo de los mamíferos. Son producto de la selección natural y de la interacción entre las hormonas y el cerebro, y no simples creaciones sociales.

    La mayoría de las mujeres ha sabido siempre que esas diferencias existen, es decir, que ellas no son como los hombres, sino que ven el mundo a la luz de valores, prioridades y principios distintos.

    Sin embargo, las feministas han intentado negar la existencia de tales diferencias, porque aceptarlas no ayudaba a la causa de la igualdad, cuando lo cierto es que la igualdad legal es compatible con la diferencia biológica. Se han esforzado por convencernos a todos de que las diferencias de comportamiento entre los sexos son debidas al condicionamiento social; que la socialización es la culpable de las distintas aptitudes e inclinaciones de hombres y mujeres; que los gobiernos, las religiones y los sistemas educativos son una estrategia desarrollada por los hombres para evitar que las mujeres escalen posiciones en la sociedad; que las personas nacen psicológicamente neutras, pero que luego, padres, maestros, políticos y demás seres malvados de la sociedad se ensañan contra la inocente virginidad de su mente. Una especie de complot universal masculino para perpe tuar la condición subordinada de la mujer.

    La creencia feminista en la socialización como justificación del patriarcado da por hecho que el ambiente es capaz de cambiar la biología, cosa que no es cierta, pues aunque en algunos casos pueda parecerlo, la verdad es que la socialización jamás puede alterar la naturaleza humana. Por ejemplo, los sacerdotes eligen el celibato, pero ello no lleva aparejado la desaparición de su "impulso sexual". Asimismo, las mujeres que de forma consciente renuncian a parir y a cuidar hijos se ven acometidas por una angustia irrefrenable cuando bordean la menopausia.

    Las feministas creen que si se cambian los hábitos sociales, las diferencias mentales entre el hombre y la mujer irán poco a poco desapareciendo. Piensan que podemos acabar con el papel tradicional de los sexos simplemente modificando sus respectivas conductas. Es decir, que basta con eliminar el espejo para que la fealdad desaparezca. Pero este modo de interpretar la evolución, propio del lamarckismo, no es científico. El biólogo Lamarck creía que los seres vivos tenían un papel activo en la evolución. Pensaba que las especies evolucionaban en función de los hábitos de vida que llevaran. Para él, las transformaciones producidas en los individuos durante su vida, por el uso de los órganos, eran transmitidas a los hijos. Sin embargo, como posteriormente demostraron dos insignes naturalistas, Darwin y Wallace, los individuos no tienen un papel activo en la evolución, sino que son meros sujetos pasivos en ella. La evolución no depende de la voluntad de los organismos, sino de la "selección natural", que, en palabras de Darwin, conserva las variaciones favorables y destruye las desfavora bles.

    Asimismo, el conocimiento de las leyes de la herencia, desde Mendel hasta hoy, ha servido para descartar los planteamientos lamarckistas. Los organismos vivos poseen rasgos heredables que son obra de sus genes. Los genes que ayudan a la supervivencia prevalecen sobre aquellos que no lo hacen. El proceso de cambio es lo que se llama "evolución por selección natural". Hagamos lo que hagamos, no podemos modificar los genes que heredarán nuestros hijos. Por mucha natación que practiquemos durante nuestra vida, ellos tendrán que empezar de cero.

    Como se ve, lo que somos y el modo en que vivimos está dictado por los mensajes hormonales que moldean y conforman nuestro cerebro. Y esos mensajes son distintos en el hombre y en la mujer. Después están, claro, la educación, la religión, etc. que refuerzan aún más esas diferencias. Esto queda muy claro en la cuestión de la mayor agresividad masculina. Tomemos como ejemplo el caso de la violencia de los jóvenes abertzales vascos. El odio de esos jóvenes que apalean a viandantes, queman autobuses y destrozan cabinas telefónicas no es genético, sino simplemente ideológico, es decir, fruto de lo que les ha sido inculcado por personas (padres, maestros o líderes ideológicos) que debieron educarles correctamente y no lo hicieron. Ahora bien, cuando se ve la televisión puede contemplarse cómo esos grupos de jóvenes que cometen tales tropelías son mayoritariamente masculinos, casi no hay chicas en ellos, cuando resulta que la educación perversa que se imparte en el País Vasco es la misma para chicos y chicas. Este ejemplo demuestra que las diferencias de comportamiento entre los sexos están marcadas por la biología, y que, aunque el ambiente también influye en el comportamiento, lo cierto es que la socialización no es capaz de alterar las tendencias biológicas naturales de cada sexo, sino que las confirma.

    Que a la niñas les regalen muñecas Barbie y a los niños Action Men no afecta ni condiciona su conducta futura tanto como se cree, simplemente refuerza y acentúa las diferencias ya existentes entre ambos. Si ponemos un pato en un lago empezará a nadar. Pero si observamos minuciosamente al pato observaremos que tiene los dedos de sus patas unidos. Y si analizamos su cerebro comprobaremos que el pato tiene un "módulo para nadar" antes de nacer. El lago es sólo una circunstancia que está ahí, pero no es lo que provoca su conducta.

    El feminismo ha prestado siempre poca atención al punto de vista biológico. Los hallazgos de las diferencias cerebrales entre los sexos han sido vistos por las feministas como un fastidio, más que como un progreso. Es como si Colón hubiera considerado el descubrimiento de América como algo sin interés porque lo que él iba buscando eran las Indias (Asia).

    Las feministas, si bien tienen en cuenta a la biología en lo referente a la diferenciación sexual en materia de reproducción, niegan su influencia en todo lo concerniente al comportamiento. Son demasiado arrogantes y creen que las personas no estamos sometidas a los imperativos biológicos de nuestro cuerpo, como lo están todos los demás animales. Pero lo cierto es que los seres humanos somos también animales y, por lo tanto, hemos sido conformados por las mismas fuerzas de la selección natural que han construido a todas las demás especies. La mayor parte de la gente no duda en aceptar que nuestra locomoción erecta y nuestro gran cerebro son producto de la selección natural. Sin embargo, hay quien todavía duda que los mecanismos que conforman el comportamiento humano están regidos por las mismas leyes que modelan la fisiología y anatomía humanas.

    Darwin concentró sus investigaciones fundamentalmente en rasgos físicos como la forma, el tamaño y el color de las especies, pero más tarde observó que los mecanismos psicológicos estaban igualmente sometidos a las fuerzas de la selección natural. Se dio cuenta de que muchos de los rasgos físicos no podían ser simples adaptaciones al medio. Y un ejemplo clásico de esto lo tenemos en la cola del pavo real. La cola larga, emplumada y brillante del pavo real parece poner en peligro su propia supervivencia, al hacerlo más visible para sus depredadores. Darwin llegó a la conclusión de que la cola del pavo real había evolucionado de esa forma porque las pavas reales se sentían atraídas por los machos más ornamentados, una forma de selección que él denominó selección sexual. Es decir, cada sexo presenta al otro sus propios estímulos adaptativos. Estas conductas, llamadas conductas de orientación sexual, son primordiales para las especies, ya que conciernen a su perpetuación, y obviamente son diferentes según el sexo. Dentro de estas conductas se incluyen sus mutuas llamadas de atención, sus actitudes de acercamiento, su estimulación sexual y el apareamiento.

    Pero, además, los animales tienen comportamientos permanentes que son diferentes en ambos sexos; comportamientos conocidos como conductas sexo- diferentes de orientación no sexual. Como ejemplos de estas conductas pueden mencionarse ciertos aspectos del aprendizaje y del juego en la edad juvenil y elementos diferenciales en cuanto a su agresividad y a sus rituales de comunica ción, conductas que son distintas según el sexo de que se trate. En general son más agresivos los machos y también es propio de ellos la marca y defensa del territorio que consideran de su propiedad.

    Los genes, pues, influyen en el comportamiento de los organismos. Las aves emigran, el salmón nada contra corriente para desovar y las madres de los mamíferos crían a sus hijos.

    Las pruebas que demuestran que las diferencias de comportamiento entre los sexos están influidas por la biología son tan claras que si no existieran en el hombre y en la mujer, los seres humanos seríamos un caso único entre las especies con reproducción sexual. El comportamiento es un rasgo sexual, al igual que lo es el vello, la voz, la barba o los genitales.

    Pero las feministas han conseguido que el grueso de la gente las crea. Por eso, hoy somos testigos de dos corrientes de pensamiento contradictorias. Por un lado está el avance de las investigaciones científicas sobre las diferencias cerebrales entre el hombre y la mujer, y por otro, la negación social y política de que tales diferencias existen. Rara vez ha existió una división tan grande entre lo que opina la ciencia (que es que los dos sexos poseen cerebros distintos) y lo que creen personas que pasan por cultas e inteligentes (que es, precisamente, que no es así).

    En el actual ambiente cultural, los partidarios del origen biológico de las diferencias temperamentales entre el hombre y la mujer son los que están obligados a presentar pruebas. Hay tal deseo social de no creer que los dos sexos poseen cerebros distintos, que la afirmación de que tales diferencias existen acarrea la carga de tener que demostrarlo. La afirmación de una causa biológica despierta siempre una respuesta escéptica y la solicitud de pruebas. En cambio, es característico que no se cuestione la afirmación de que esas diferencias las causa la socialización. Los partidarios de la socialización se limitan a afirmar que el origen es social. Y no sólo no atienden a los datos genéticos, neurológicos, hormonales y animales, sino que tampoco lo hacen a la uniformidad intercultural existente, aferrándose tenazmente a la falsa creencia de que hombres y mujeres son distintos porque nosotros queremos que los sean. Según ellos, la sociedad decidió que los hombres debían ser competitivos, agresivos y dados a correr riesgos, y las mujeres, cooperativas, menos agresivas y dadas a la crianza. Consideran que los comportamientos sexuales no son más que estereotipos sociales.

    Pero que existan tales estereotipos sociales no es incompatible con que sean de origen biológico. Por ejemplo, el estereotipo de que los hombres son más altos y fuertes que las mujeres no significa que la mayor estatura y fuerza masculinas sean construcciones sociales. Ni la razón por la que a los chicos les crece la barba y a las chicas no es porque a ellas les digamos que la barba es poco femenina.

    Ahora bien, la influencia de las feministas es tan grande que todavía genera un problema social y resulta políticamente incorrecto reconocer lo que es científicamente cierto; esto es, que los hombres y las mujeres son mentalmente diferentes.

    Muchas personas siguen pensando todavía que el hecho de que los hombres sean los que dirigen todas las sociedades no es debido a la biología, sino a las diferencias sociales existentes.

    Pero, claro, el problema surge cuando se intenta buscar una explicación a esto. Porque si los hombres y mujeres son iguales y lo han sido siempre, en cuanto al modo de utilizar su cerebro, ¿cómo es que el sexo masculino ha logrado con tanto éxito, en todas las culturas y sociedades del mundo, establecer una situación tan claramente hegemónica? ¿ha sido sólo su mayor musculatura lo que le ha dado el dominio sobre la mujer durante miles de años? ¿se ha debido al hecho de que, hasta hace poco tiempo, las mujeres permanecían embarazadas la mayor parte de su vida fértil? ¿o será, según sugieren los hechos, que las diferencias cerebrales son la base de lo que somos y lo que logramos?

    La creencia feminista de que los dos sexos son idénticos ha conducido a gran número de políticas sociales de dudoso tino y efectividad. Las escuelas se han convertido en órganos dedicados a hacer propaganda de que los dos sexos son idénticos. La capacidad militar ha quedado comprometida, al tener que admitirse mujeres para casi todos los puestos, aun a costa de modificar los baremos para la selección de aspirantes. Se ha obligado a las empresas a eliminar las diferencias sexuales entre sus trabajadores, incluso al precio de perder productividad.

    Pero el tipo de personalidad y los logros profesionales guardan una estrecha relación. Las diferencias de comportamiento entre los sexos tienen importantes repercusiones en el trabajo, pese a que el actual debate social sobre el papel de los dos sexos en el trabajo parte del supuesto erróneo de que ambos son temperamen talmente idénticos; es decir, que hay una naturaleza humana que compartimos los dos sexos, en vez de una naturaleza del hombre y otra de la mujer.

    Sin embargo, no es así. Analicemos, por ejemplo, el llamado "techo de cristal" y la llamada "brecha de género". El "techo de cristal" (de cristal porque dicen que existe pero no se ve) es una metáfora que describe la menor presencia de las mujeres en los escalones más altos de la dirección. Y la "brecha de género" se refiere a la diferencia entre los ingresos medios de los trabajadores masculinos y femeninos a jornada completa.

    Pues bien, en Estados Unidos, aunque las mujeres constituyen el 40 por ciento de la fuerza de trabajo, sólo ocupan entre el 5 y el 7 por ciento de los cargos ejecutivos de máxima categoría. La observación empírica de que el ascenso de las mujeres en la jerarquía empresarial tiende a "atascarse" en algún punto, incluye la evidencia de que las causas de que tal cosa ocurra tienen que ver más con las diferencias sexuales de temperamento, que con fuerzas invisibles ajenas a las mujeres. Ellas se preocupan menos que ellos por ascender jerárquicamente. Y es que, la testosterona no sólo estimula en el hombre la agresividad y el impulso sexual, produce además deseo de dominación, decisión y empuje. De ahí que la búsqueda de poder, de dominio y la conquista de los roles de prestigio, sean rasgos abrumadora y universalmente masculinos.

    Los estudios sobre la personalidad y el liderazgo muestran que quienes ascienden a la cumbre de las organizaciones tienden a ser brillantes, enérgicos, persuasivos, tajantes, ambiciosos, con iniciativa y seguros de sí mismos. Pues bien, los rasgos masculinos incluyen la energía, la competitividad, el imponerse a los demás y el resistir bien las presiones, mientras que los rasgos femeninos incluyen el procurar cordialidad y ayudar a los demás. Los hombres tienden a ser competiti vos, mientras que las mujeres tienden a ser más cooperativas. Los hombres quieren ocupar la cumbre de la jerarquía, mientras que las mujeres buscan cimentar las relaciones sociales. Los estudios han llegaba a la conclusión de que los inferiores índices de promoción de las mujeres no son debidos a discriminación, sino a diferencias biológicas y de motivación. Y es que, la jerarquía y la dominación forman parte de la naturaleza del varón. El deseo masculino de prestigio es en gran parte biológico. La autoridad ejerce una atracción más fuerte en el hombre que en la mujer. De hecho, los estudios han demostrado que cuanto más masculinas son las mujeres, mayores son sus logros profesionales.

    La disposición a dedicar tiempo y energías para abrirse paso entre los ejecutivos tiene gran importancia. Todos los estudios que se han realizado han mostrado que entre el 70 y el 80 por ciento de los hombres afirman que lo más importante en sus vidas es el trabajo, a diferencia de las mujeres, que consideran que la familia es lo primordial. Como consecuencia de esto, si una mujer es infeliz en sus relaciones personales es incapaz de concentrarse en su trabajo. Si un hombre está insatisfecho con su trabajo, no puede concentrarse en sus relaciones personales.

    Los hombres están más dispuestos que las mujeres a sacrificar su propia vida y otras recompensas por lograr una posición de dominio. Los estudios han demostrado que las mujeres están menos dispuestas que los hombres a hacer horarios más largos y a trasladarse a otras poblaciones. Esto es lógico, ya que ellas valoran más que ellos su red de relaciones sociales.

    Otro aspecto importante es que las mujeres salen del mercado de trabajo en mucha mayor proporción que los hombres. Y el matrimonio empeora su situación. Porque la mujer está ligada al hogar mucho más que el hombre, dado que es ella quien da a luz y amamanta a los hijos. Precisamente, los estudios han revelado que la mayor diferencia entre los dos sexos se da entre los hombres casados muy motivados y las mujeres casadas muy motivadas. Entre ellos, el matrimonio aumenta el estímulo de perseguir promocionarse, mientras que entre ellas, lo disminuye.

    Y la presencia de hijos exagera aún más las diferencias de promoción. De hecho, una de las principales razones que explican la falta de devoción de las mujeres por su carrera profesional es su dedicación a los hijos. Las mujeres conceden más importancia a participar mucho en la vida de sus hijos. Estas conclusiones son coherentes con la biología y con los datos psicológicos. Por eso, suele ser la mujer, más que el hombre, quien decide abandonar el trabajo por la familia. Ocurre sencillamente que las mujeres tienden a adaptar el trabajo a la familia, mientras que los hombres suelen adaptar la familia al trabajo. Asimismo, los hombres salen del mercado de trabajo menos que las mujeres porque ellos están obligados a trabajar toda su vida; las mujeres, en cambio, pueden hacerlo sólo temporalmente o incluso nunca.

    La maternidad, pues, supone para las mujeres una desventaja laboral evidente. Por eso, ellas tienen más dificultades que los hombres para encontrar trabajo (el paro femenino es el doble que el masculino), pues los empresarios (que a veces también son mujeres) siguen teniendo pánico a la maternidad por el absentismo laboral que provoca. Aunque en el desempleo femenino influye también la menor fuerza muscular de la mujer, ya que todavía hay trabajos en los que se necesita fuerza para realizarlos. Y también influye la distinta mentalidad entre el hombre y la mujer, pues ellos muestran una mayor curiosidad por todo lo que les rodea.

    En cualquier caso, queda claro que el matrimonio y la maternidad son frenos en la promoción profesional de las mujeres. Y es que, si bien los altísimos ejecutivos suelen alcanzar sus puestos alrededor de los 40 ó 50 años, época en que ya hombres y mujeres se han vuelto hormonalmente similares y ellas no pueden ya tener hijos que necesiten sus cuidados, lo cierto es que la trayectoria profesional se establece mucho antes y, por tanto, el hecho de ascender a la cumbre viene a precisar entre 20 y 25 años de recorrido. De modo que los resultados profesionales conseguidos en la madurez están estrechamente relacionados con la inversión profesional realizada durante los años juveniles. Y esto tiene una difícil solución. Porque no hay que olvidar que son las mujeres las que dan a luz y amamantan a los hijos. Y es que, como ya se vio más atrás, la división del trabajo tiene un origen biológico, no social.

    En el ascenso profesional cuenta también la diferente actitud con respecto al riesgo que tienen hombres y mujeres. En la mayor parte de las profesiones, una persona llega a la cumbre si corre riesgos. Los estudios sobre los ejecutivos de éxito han demostrado que normalmente la disposición a correr riesgos es uno de los rasgos que los distinguen. Los puestos de primera línea conllevan mayores riesgos porque el éxito o el fracaso guardan una directa relación con los beneficios de la empresa. Pues bien, a menudo las mujeres se inclinan por los puestos en que se corren menos riesgos. Los hombres, en cambio, gustan de él. La otra cara de su gusto por el riesgo es, claro está, que también son mayoritariamente hombres los que acaban siendo perdedores.

    Si, como se ve, el "techo de cristal" está causado en parte por presentar las mujeres un menor número de rasgos temperamentales y comportamientos que conducen al éxito, entonces, si las mujeres quieren conseguir la paridad profesio nal, una de dos: o cambian los requisitos profesionales, o cambian ellas. Sin embargo, por una multitud de razones, ninguna de estas dos propuestas tiene visos de convertirse en realidad.

    Es improbable que las empresas dejen de premiar a los empleados que demuestran un alto grado de dedicación profesional. El patrón preferirá siempre al trabajador que trabaja más horas; al que está dispuesto a viajar o a trasladarse, y al que no interrumpe su carrera profesional con largas ausencias del mercado de trabajo.

    Así pues, si no es previsible que cambien los valores empresariales, la paridad laboral sólo podrá alcanzarse cuando cambie el comportamiento profesional de las mujeres. Muchas personas defienden la idea de que ese cambio en la mentalidad de la mujeres debe lograrse por medio de la socialización y la educación. Sin embargo, la socialización y la educación son mucho menos importantes en el comportamiento del hombre y la mujer de lo que normalmente se cree.

    Analicemos ahora la llamada "brecha de género", es decir, la diferencia de ingresos entre ambos sexos. La media de lo que ganan las mujeres empleadas a jornada completa viene a ser del orden del 75 por ciento de lo que ganan los varones en las mismas condiciones. Las feministas se quejan de esta circunstancia y la atribuyen a la discriminación. Pero tal cosa no puede ser atribuida simplemente al manido sexismo. Porque lo cierto es que las mujeres empleadas a jornada completa trabajan menos horas que los varones en esas mismas circunstancias, lo que no sólo impide su promoción profesional, sino también la obtención de ingresos más altos. Además, como suelen salir del mercado laboral con mucha mayor frecuencia que los hombres, esas interrupciones, incluso las ocasionales, tienen un efecto negativo en los ingresos de años posteriores, pues esas interrup ciones reducen su antigüedad. El 52 por ciento de las mujeres (comparadas con el 33 por ciento de los hombres) ha trabajado menos de 5 años en los trabajos en los que ha durado más tiempo. Esto, más que ninguna otra cosa, explica por qué las mujeres ganan un 25 por ciento menos que los hombres.

    Las diferentes actitudes hacia el riesgo que presentan hombres y mujeres tienen también sus correspondientes consecuencias económicas. Ambos sexos difieren en las condiciones laborales que prefieren. Precisamente, gran parte de la distancia salarial existente entre el hombre y la mujer se debe al hecho de que los varones (por mentalidad y fortaleza) aceptan empleos que son menos atractivos que los que ocupan las mujeres. Como ya se vio más atrás, los varones abarcan todos los sectores del mercado laboral, mientras que las mujeres sólo buscan trabajo en actividades cómodas: enseñanza, sanidad y oficinas.
   
    Las feministas suelen decir que los empleos que conllevan mayor prestigio están ocupados por hombres y los peor pagados, por mujeres. Pero esto no es exactamente así. Porque resulta que en promedio, los trabajos que desempeñan las mujeres tienen un status ligeramente más alto que los de los hombres. Y es que, aunque es cierto que ellos ocupan los trabajos de mayor prestigio, también lo es que ocupan los más bajos. Los hombres tienen prácticamente el monopolio de los trabajos menos atractivos. De la lista de los 25 trabajos más malos que existen, entendiendo por trabajo malo la combinación de salario, estrés, condiciones ambientales, perspectivas de futuro, seguridad y exigencias físicas, 24 de ellos están ocupados por hombres en un 95 por ciento. Como ya se dijo más atrás, no hay mujeres en las minas, ni en las canteras, ni en las extracciones petrolíferas, ni en la construcción, ni en la ganadería, ni en la industria maderera (muebles y papel), ni en la pesca (barcos de pesca), ni en el transporte marítimo (barcos mercantes), ni en el transporte por carretera (camiones), ni en el transporte urbano (autobuses y taxis), ni en la industria del automóvil, ni en los talleres mecánicos, ni en la carga y descarga, etc. No hay mujeres, pues, albañiles, mineras, mecánicas, camioneras, taxistas, repartidoras de gas, fontaneras, soldadoras, barrenderas, sepultureras, limpiadoras de alcantarillas, vigilantes jurados o bomberas.

    Por eso mismo, los hombres protagonizan el 94 por ciento de las muertes ocasionadas por el trabajo, mientras que las desgracias sufridas por las mujeres por esa causa sólo representa el 6 por ciento.

    No es una casualidad que los trabajos más peligrosos estén desempeñados por hombres, ni lo es tampoco que los varones supongan el 94 por ciento de las muertes laborales. Todo es debido a su mentalidad. Pero debe quedar claro que el trabajo peligroso recibirá siempre un salario más alto, de modo que éste es en buena medida una compensación por el riesgo físico asumido.

    En resumen, no cabe ninguna duda que las personas que ponen su prioridad personal en los ingresos tienden a ganar más que quienes conceden menos importancia al éxito económico y más a otros aspectos del empleo.

    Por tanto, cuando las mujeres hagan el mismo tipo de inversión en tiempo, en capital humano y en opciones profesionales que hacen los hombres, sus remuneraciones serán similares a las de ellos. Si las mujeres siguen prefiriendo trabajar menos horas y escogiendo empleos más cómodos seguirán ganando menos.

    Quienes deciden la política pueden seguir actuando en contra de la naturaleza, o hacerlo de acuerdo con ella. Pero es más fácil llegar a soluciones eficaces aceptando las diferencias mentales existentes entre el hombre y la mujer, que empeñándose en la imposible tarea de querer eliminarlas.

    Actualmente existen demasiadas pruebas biológicas como para que el razonamiento feminista siga prevaleciendo. Parece poco realista seguir negando las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino. Porque al igual que hay desigualdades físicas entre el hombre y la mujer, existen diferencias espectaculares en el funcionamiento de sus cerebros. Y esas diferencias, con las que se nace, van aumentando a medida que se crece y se va viendo la vida a través del filtro cerebral que a cada sexo le es más fácil y natural emplear. Con visiones y prioridades tan diferentes, no es extraño que cada sexo sea un enigma para el otro. Se nos enseña a conectar nuestros cuerpos, pero no se nos dice cómo debemos encajar nuestras mentes. Amamos nuestras diferencias físicas, pero despreciamos las mentales. Ha llegado el momento, pues, de hacer trizas el mito feminista de que, en igualdad de condiciones, hombres y mujeres son virtualmente intercambiables. Sostener que son iguales en cuanto a aptitudes, habilidades o comportamiento significa crear una sociedad basada en una mentira científica. Porque la androginia (la posesión de las características físicas y mentales de los dos sexos) es antinatural. Somos iguales en cuanto a los derechos, pero no somos idénticos en cuanto a la biología. Cuando se dice que los hombres y las mujeres son iguales se está confundiendo el concepto de igualdad, que corresponde al ámbito de lo político y lo social, con el concepto de identidad, que pertenece al ámbito de la ciencia.

    La naturaleza se compone de lo masculino y lo femenino. Desde la escala más baja de la creación hasta la más alta (el ser humano), la evolución decidió que la vida debía formarse a partir de la cohesión de dos individuos diferenciados y complementarios. No por casualidad, las especies más bajas de la creación son hermafroditas, mientras que los reptiles, las aves y los mamíferos desarrollaron la bisexualidad, es decir, la diferenciación biológica de dos sexos. La existencia del hombre y de la mujer sólo es el resultado de una evolución que ha llevado millones de años. Sostener que son idénticos es ignorar los importantes descubrimientos llevados a cabo en disciplinas tales como la sociobiología, que sostiene que nuestra conducta se explica gracias a la biología y a la evolución.

    Por tanto, pretender construir el mundo según pautas no sexistas es un acto antinatural, porque quienes organizan el cerebro de las personas no son las fuerzas sociales, sino las hormonas, y éstas, se quiera o no, dan a nuestros respectivos cerebros pautas de comportamiento sexistas. Por eso ha sido sexista el comporta miento del ser humano desde el primer día de su existencia en el planeta.

    Las mujeres han sido engañadas. Con los hallazgos actuales, si tienen un motivo para enfadarse, su rabia debe ir dirigida contra las feministas, por haberlas intentado llevar por un camino equivocado, haciéndolas creer que, una vez liberadas de las supuestas cadenas de la opresión masculina, sus logros iban a ser iguales que los de los varones, y las oportunidades de conquistar el poder, las mismas que las de ellos. Pero, pese a una mayor emancipación en términos de educación, oportunidades y actitudes sociales, los hombres continúan ejerciendo el poder mayoritariamente, y mujeres como Golda Meir, Margaret Thatcher o Corazón Aquino siguen constituyendo una excepción. Lo mismo que siguen monopolizando los hombres las profesiones en las que se requiere capacidad espacial. Millones de mujeres han renunciado a ejercer profesiones en las que hubieran sobresalido fácilmente utilizando sus capacidades cerebrales específicas.

    ¿No sería mejor, pues, que las feministas, en vez de clamar impotentes contra las diferencias cerebrales entre los sexos, las reconocieran, las comprendie ran, las aprovecharan e incluso las disfrutaran?. Es generalmente mejor actuar sobre la base de lo cierto, que sostener que lo que es cierto no tiene derecho a serlo. Entender que la lluvia es un fenómeno natural nos permite aceptar los cambios climáticos y llevar un paraguas o un chubasquero para resolver el problema de mojarse. Del mismo modo, los dos sexos podríamos organizar mejor el mundo, vivir más felices, comprendernos y amarnos más si reconociéramos nuestras diferencias cerebrales.




    EL HEMBRISMO:
    DISCRIMINACIÓN DEL HOMBRE

    La contradicción en la que incurren las feministas es que, por un lado, desean la igualdad con el hombre en todo y luchan por conseguirla, pero, por otro, son ellas las primeras en alimentar la discriminación, al repetir constantemente que las mujeres son mejores que los hombres en muchas de las facetas humanas, como, por ejemplo, en los estudios (no paran de repetir que ellas sacan mejores notas, pese a que los genios son siempre varones); o que son más pacifistas (dicen repetidamente que si ellas gobernaran no habría guerras, a pesar de que el ejemplo de Margaret Thatcher contradice esta opinión), o que son más trabajadoras (aunque haya más hombres que mujeres trabajando), o que son más ecologistas (pese a que son ellas las consumidoras de las pieles de animales).

    Y es que, las feministas actuales no luchan ya contra la discriminación de la mujer; su lucha está dirigida a demostrar la superioridad del sexo femenino sobre el masculino y a lograr que las condiciones sociales sean más favorables para la mujer que para el hombre. A este tipo de feministas no se las puede llamar así; hay que denominarlas hembristas. Porque si el que discrimina a la mujer, creyendo que el macho es superior, es un machista, la que discrimina al hombre, pensando que la hembra es mejor, es una hembrista. Por otro lado, si luchar contra la discriminación femenina es característico del feminismo; luchar contra la discriminación masculina es propio del masculinismo. Es decir, lo contrario al feminismo (justicia) es el machismo (injusticia), y lo equivalente al feminismo es el masculinismo,

    Contra el discurso feminista actual (el hembrismo) es difícil defenderse porque sus ideas están sistematizadas, es decir, están ordenadas, clasificadas y han acabado calando en la mente de las personas hasta convertirse en reflejos condicionados. Si no fuera por esto, podría apreciarse claramente la falsedad del discurso feminista. Un discurso que no es más que un "engaño". Porque presentar a la mujer actual como una víctima impotente de la sociedad es una de las ideas más falsas que han existido jamás.

    Mirando la realidad completa y no la pequeña y distorsionada imagen que las feministas presentan (y aquellos que ellas han embaucado), vemos una realidad completamente diferente. La situación social actual es pro-femenina y an ti-masculina. La misandría (que es el odio a los hombres, a la hombría y a la paternidad) está en todos lados. Las hembristas (mujeres patológicamente agresivas) están en "guerra" contra los hombres. El destrozo de parejas y matrimonios por la propia inestabilidad de la mujer es patente, sin darse cuenta que está siendo "utilizada" por la inmoralidad de las organizaciones feministas y por el propio poder.

    En Europa Occidental y EE.UU, la sociedad maltrata a los varones ante el silencio y complicidad de todos. El hombre está siendo vilipendiado por las feministas, que utilizan a unos cuantos "voceras" de los medios de comunicación y a determinados políticos demagogos para presentar al varón ante el resto de la sociedad como un monstruo, cruel, egoísta y asesino. Este sesgo está tan institucionalizado, que se da por sentado. A todo esto, los hombres están callados, y con su silencio están permitiendo que las mujeres occidentales se conviertan en una especie de vacas sagradas. Son el grupo más grande, más consentido y con mayores privilegios de la Tierra; disfrutando de un nivel de influencia, poder, comodidad y salud nunca antes visto. Este doble standard existe en muchos campos de la realidad actual: relaciones familiares, empleo, legislación, etc.
   
    El feminismo empezó luchando por la igualdad de derechos y oportunidades entre el hombre y la mujer, pero cuando logró sus objetivos no se dio por satisfecho y continuó con reivindicaciones de todo tipo, hasta llegar a la situación actual, donde las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres pero no sus mismas obligaciones. Veamos unos cuantos ejemplos de esto.

    1.- Las mujeres pueden llegar a presidir gobiernos, pero siguen sin querer trabajar en los sectores más duros y arriesgados de la sociedad. Como hemos visto al principio de este estudio, los varones abarcan todos los sectores del mercado laboral, mientras que las mujeres sólo buscan trabajo en actividades que les resultan cómodas. Así, el 80 por ciento del empleo femenino se concentra en el sector servicios (enseñanza, sanidad y oficinas). Las mujeres han pasado de representar en España el 26 por ciento del funcionariado en 1974, a convertirse en el 46 por ciento en 1998. Como se dijo antes, en la industria, sólo trabaja el 13 por ciento de la población femenina; en la agricultura, el 6 por ciento, y en la construcción, el 1 por ciento. Y de los 25 trabajos peor considerados, 24 de ellos son masculinos.

    Y otra cosa más. Como las mujeres no quieren trabajar en estas profesiones, no sufren tampoco los accidentes laborales relacionados con las mismas, lo cual es una sangrante discriminación hacia el varón. Porque no hay que olvidar que los hombres protagonizan el 94 por ciento de las muertes ocasionadas por el trabajo, mientras que las desgracias sufridas por las mujeres por ese mismo motivo sólo representa el 6 por ciento. En España, por ejemplo, se producen más de 1.000.000 de accidentes laborales al año, de los cuales más 1.000 acaban en muerte. El sector peor parado, con mucho, es la construcción, seguido de la pesca y el transporte, tres sectores en los que las mujeres brillan por su ausencia.

    2.- El hombre padece también una discriminación social. Sufre más que la mujer cuando no tiene trabajo, porque sin éste no puede casarse. Ellos están obligados a trabajar toda su vida; ellas pueden hacerlo sólo temporalmente o incluso nunca. Es decir, una mujer puede elegir ser fundamentalmente profesional, tener carrera, familia y trabajar a media jornada, o bien puede optar por ser exclusivamente ama de casa. Los hombres tienen menos alternativas. Se espera de ellos que sean trabajadores a jornada completa y que sean los principales proveedores del pan de la familia. Las mujeres, pues, pueden ser mantenidas toda su vida por un varón, pero tal cosa al revés no ocurre jamás; salvo por enfermedad grave del hombre. Esto supone una evidente discriminación.

    Y es que, en el varón, el matrimonio está socialmente ligado al empleo. Es muy raro que un hombre en paro se case. En cambio, la mujer sí lo hace. Y lo hace, porque está socialmente aceptado que una mujer sin trabajo pueda casarse y vivir del salario del marido, y no lo está que eso mismo pueda hacerlo un varón. Por eso, el hombre sufre más que la mujer cuando no tiene trabajo, porque sin él, entre otras cosas, no puede casarse. Es más, cuando se quiere halagar a un hombre se dice de él que "es muy trabajador", frase que no se suele aplicar a la mujer. Un hombre casado sin empleo es un vago; una mujer casada sin trabajo es una abnegada esposa.

    3.- Los hombres (como casi todos los demás mamíferos) tienen menos expectativas de vida que las mujeres. Es decir, ellas viven más años que ellos en todo el mundo. En España, por ejemplo, la esperanza de vida femenina al nacer es de 6 años más que la masculina (81 años para ellas y 75 para ellos). Sin embargo, esto no se considera un problema social ni hay iniciativas públicas para remediarlo. Al contrario, las mujeres reciben más atenciones médicas que los hombres. El 33 por ciento de los gastos sanitarios son invertidos en ellas. Igualmente, los gastos de las investigaciones médicas demuestran también una clara preferencia por el sexo femenino. El cáncer mamario (uno de los que más padecen las mujeres) y el de próstata (uno de los que más sufren los hombres) matan casi a igual número de mujeres y de hombres respectivamente. Sin embargo, se dedica un 60 por ciento más de dinero en investigaciones sobre cáncer mamario. Aun así, las feministas no paran de gritar que la salud de las mujeres está siendo "descuidada". Por otro lado, si la vida de las mujeres es 6 años más larga que la de los hombres, ¿por qué la edad de jubilación continúa siendo la misma para los dos sexos?

    4.- El hombre padece además una discriminación ideológica. Porque hoy se ha generalizado la idea de que la mujer es lista y el hombre tonto; la mujer es buena y el hombre malo, etc. La mujer, pues, no tiene defectos. Por eso, quien se atreve a criticarla es rápidamente tachado de machista redomado. Por el contrario, las mujeres no paran de hablar mal de los hombres. Y como además constituyen más del 50 por ciento del electorado, ningún político ni medio de comunicación sensato se atreve a criticarlas. De esta forma, poco a poco, se ha ido extendiendo la idea de que la mujer es casi perfecta. En consecuencia, no puede ser culpable de nada, algo que queda muy claro en todo lo que se refiere a la llamada "violencia doméstica", esto es, la que existe dentro de la pareja.

    Cierto que la violencia doméstica se cobra cada año más muertes femeninas que masculinas (una media de 150 víctimas de las primeras por sólo 7 de los segundos). Pero si las mujere
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
30 abr 2004
Pero si las mujeres padecen más que los hombres los malos tratos es porque son más débiles, no mejores. De hecho, ellas también abusan de su fuerza física cuando pueden. Una prueba de que esto es así la tenemos, como ya se dijo antes, en esas imágenes ofrecidas por las televisiones de todo el mundo en las que se ve a chicas que trabajan como "canguro" golpeando a los bebés que tienen a su cargo. O esas madres que abandonan en cubos de basura a sus bebés recién nacidos. O esas otras que matan a sus hijos ahogándolos en la bañera, despeñando los por acantilados, etc.

    Por otro lado, 95 investigaciones académicas y 79 estudios empíricos llevados a cabo en EE.UU. y Canadá han demostrado que las mujeres, en sus relaciones con sus parejas, son físicamente más agresivas. Por ejemplo, el 19 por ciento de ellas reconoció haber abofeteado en algún momento a su pareja, mientras que sólo el 7 por ciento de ellos dijo haberlo hecho. El 13 por ciento de mujeres pateó, mordió, arañó o golpeó a sus varones, mientras que sólo el 3 por ciento de ellos mostró ese comportamiento. Las investigaciones han dejado patente dos cosas: que la mujer ataca al hombre con parecida o mayor frecuencia (de hecho, el 60% de ellas y el 90% de ellos declararon que eran las mujeres las primeras en agredir); y que mientras que los varones golpean con las manos, las féminas lo hacen con armas más peligrosos, como un cuchillo, una plancha candente o aceite hirviendo (las mujeres confesaron haber empleado armas en las peleas 3 veces más que los hombres). Por otro lado, el 54 por ciento de las parejas de lesbianas reconoció la existencia de violencia en su relación, frente a sólo un 11 por ciento de las parejas heterosexuales.

    Pese a estos datos, y debido a la discriminación ideológica que padece el hombre, existe la tendencia a confundir "violencia doméstica" con "violencia contra la mujer" en exclusividad. Por eso, cada vez que una pareja termina peleándose, al margen de quien sea el agresor, el varón es siempre el culpable. Si una mujer golpea o mata a un hombre, la sociedad presupone que lo ha hecho para defenderse; y si quien pega es un hombre, la sociedad lo condena sin escucharlo y la policía comúnmente lo echa de su casa y lo mete en la cárcel. Cuando la palabra del hombre choca con la palabra de la mujer, generalmente se la cree a ella.

    La exagerada preocupación que existe por la mujer ha llevado a aprobar una legislación especial para castigar "la violencia contra las mujeres", como si ésta fuera un crimen más horrendo que el de "la violencia contra los hombres". Sobre todo, teniendo en cuenta que son los varones los que fundamentalmente sufren la agresividad de la sociedad. Son ellos las víctimas del 80 por ciento de los asesinatos que se cometen; del 70 por ciento de los asaltos que se realizan. Constituyen el 85 por ciento de las personas que no tienen hogar; el 90 por ciento de los enfermos de SIDA; el 94 por ciento de los que mueren en el trabajo. Sin embargo, la actitud de la sociedad es: ¿y qué? Si fuera al revés, el clamor sería unánime; se realizarían incontables estudios de todo tipo y ríos de dinero serían invertidos para acabar con esa situación.

    Evidentemente, el sentido común tiene que rebelarse contra esta fácil, estúpida e injusta demagogia hembrista, porque supone un sesgo peligroso en una metodología que debería ser rigurosa e imparcial.

    La mujer no es mejor que el hombre, sino simplemente más débil. En consecuencia, sólo podrá dejar de ser víctima cuando la naturaleza logre acabar con la violencia del fuerte sobre el débil, del superior sobre el inferior, del adulto sobre el niño, etc.; es decir, desgraciada y probablemente, nunca.

    Las feministas dicen que la fuerza física no es la causante de los malos tratos contra la mujer. Para ellas, esta violencia es ideológica. Está basada, dicen, en la relación de poder del hombre sobre la mujer y en la falta de independencia económica de la mujer casada respecto del marido.

    Pero no es cierto. La violencia doméstica (no "contra las mujeres") no se explica sólo con el manido recurso a la mentalidad machista. Esta violencia tiene implicaciones más profundas. No es debida, como creen las feministas, a la maldad intrínseca del varón, ni a la educación machista que se imparte en los colegios. Porque la idea feminista de que a los varones se les enseña en la niñez a no respetar a las mujeres es falsa. Precisamente se les enseña todo lo contrario: que es una indignidad pegar a una mujer.

    Lo que debería hacer reflexionar es qué razones pueden llevan a un hombre normal a pegar o matar a su mujer; es decir, a pegar o matar a la persona de la que estuvo enamorado y a la que, seguramente, más quiso. Tal vez, tenga mucho que ver en ello lo que viene a continuación.

    5.- Actualmente, las leyes discriminan al hombre en casi todos los ámbitos de la sociedad. En primer lugar, las leyes se aplican más duramente con él que con la mujer. Por ejemplo, en EE.UU., donde existe la pena de muerte, fueron ejecutados, de 1930 al 2000, un total de 3.313 varones, por sólo 30 mujeres.

    La aplicación de la ley, generalmente, va dirigida a eliminar cualquier diferencia entre los sexos, a menos que esa diferencia favorezca a la mujer. Por ejemplo: ¿por qué los seguros de automóvil en algunas compañías son más baratos si el conductor es femenino? Y ¿por qué existen locales públicos (bares musicales, discotecas, etc.) donde los varones pagan y las hembras no?

    La ley se utiliza normalmente para favorecer a las mujeres, nunca en la dirección de una igualdad real. La prostitución es un buen ejemplo de este doble standard. Es el único acto delictivo en el cual los compradores de un artículo ilegal son más culpables que los vendedores de ese artículo. Esto es así porque la mayoría de los vendedores del bien son mujeres y los compradores, hombres.

    Pero donde más se nota la discriminación legal contra el hombre es en el tema de las separaciones matrimoniales. Siempre que una pareja con hijos decide separarse, la mujer gana sistemáticamente la custodia infantil en el 95 por ciento de los casos; aunque el padre sea tan buena persona o más que la madre.

    En España, la asignación de la custodia a la madre es automática cuando los hijos son menores de 7 años. Y lo es, entre otras cosas, porque así lo que establece el articulo 1881 de la Ley de Enjuiciamiento Civil: "La mujer casada que se proponga interponer demanda de divorcio, nulidad o separación matrimonial podrá solicitar del Juez de Primera Instancia de su domicilio que se le faculte para separarse provisionalmente de su cónyuge. Ratificada la mujer en su instancia, el Juez concederá la separación provisional y colocará en poder de aquella los hijos del matrimonio menores de siete años".

    El juez, si lo considera oportuno, tendrá en cuenta la preferencia de los hijos, cuando la edad de éstos esté comprendida entre los 7 y 12 años, y estará obligado, por imperativo legal, a considerar la opinión de aquellos cuando superen los 12 años. Pero hay que tener en cuenta que la opinión de los hijos no es vinculante para el juez. Además, si hay algún niño menor de 7 años, la custodia de todos los hijos le será asignada a la madre, al prevalecer siempre el principio de no separar a los hermanos.

    Como se ve, el padre pierde siempre a sus hijos. Y con los hijos, pierde igualmente la casa, que también es para la madre, dado que el juez se la da al progenitor que se queda con los hijos, que es siempre ella. Además, el padre tiene que pasar a la madre una pensión alimenticia para los hijos. Y si ella no trabaja, o si sus ingresos son inferiores a los del marido, éste tiene que pasarle también una pensión compensatoria, para que ella no pierda poder adquisitivo con la separación. Pocas veces le queda al padre suficiente dinero, después de cumplir con las obligaciones que la separación le impone, para poder vivir con comodidad. Con este increíble panorama tan favorable a las mujeres, no es extraño que el 85 por ciento de las demandas de separación sean presentadas por ellas. Ni que el 80 por ciento de las muertes producidas por suicidio estén protagonizadas por hombres.

    Todo esto ocurre porque las feministas han conseguido convencer a la sociedad de que los padres son una carga extra de la que se puede prescindir. Pero los expertos dicen lo contrario. Los profesionales en educación infantil inciden en lo terriblemente mal que lo pasan los niños que crecen en familias sin padre y defienden una legislación que proteja la paternidad. Porque no solamente la madre es, para sus hijos, madre y maestra; también el padre es padre y maestro. Todo niño tiene necesidad de un padre digno de ese nombre. Los hombres tienen derecho a vivir con sus hijos y a educarlos, y los jueces no son nadie para privarles de ese derecho, ni para dejarles sin su propiedad y su dinero.

    Las mujeres son las que deciden romper la relación de la pareja en la mayoría de las ocasiones, porque saben perfectamente que se quedan con todo y porque además hoy ellas tienen muchas más facilidades para cambiar de pareja. Así, hasta los 17 ó 18 años, son las chicas las que peor lo pasan ante un desengaño amoroso, porque aún no han aprendido a sacar partido a su condición femenina. Pero a partir de esa edad, una vez que toman conciencia del poder que tienen, son los hombres los que más sufren ante una ruptura sentimental. Hay muchachos, grandes como castillos, completamente derrumbados porque su novia les ha dejado. De hecho, entre los 13 y los 19 años, las personas que se quitan la vida a causa de una ruptura amorosa son en su mayoría del sexo femenino. Pero de los 20 años en adelante, quienes se suicidan por ese motivo son mayoritariamente varones. Los varones son 3 veces más propensos que las mujeres a suicidarse por una decepción sentimental. Y los hombres divorciados tienden a cometer suicidio 6 veces más que las mujeres divorciadas.

    Precisamente, esta realidad tan negativa e injusta con los hombres tiene mucho que ver en el tema de la violencia doméstica, pues no es de extrañar que algunos varones, en su desesperación, en vez de suicidarse, decidan tomarse la justicia por su mano. No hay que olvidar que el 95 por ciento de las agresiones que se producen en las parejas, y el 85 por ciento de las que acaban en muerte, son llevadas a cabo por maridos que se encuentran separados o en trámites de separación matrimonial, separación que ha iniciado, por supuesto, la esposa. Muchos hombres, aterrorizados tras la ruptura, con la vida hecha añicos, no tienen ningún reparo en atentar contra la vida de su mujer, porque la vida suya ya no vale nada. Se llevan todo por delante en su desesperación. Por eso, si se hiciera realmente justicia, una gran cantidad de hombres ganarían la custodia de los hijos; la seguridad actual de las aspirantes a divorciadas desaparecería; la tasa de divorcios se reduciría drásticamente y el deseo de venganza de algunos hombres, también.

    6.- Las feministas se quejan (y con ellas, toda la sociedad) de que el embara zo y el parto sean considerados desventajas físicas para encontrar trabajo, dado que, según dicen, como tales cosas son naturales en la mujer, no deberían constituir un obstáculo para poder encontrar empleo. Pero, claro, siguiendo este mismo razonamiento, el hecho de que los empresarios prefieran la voz dulce y el cuerpo erótico de las mujeres para trabajos de recepcionista, azafata, dependienta, etc. (trabajos en los que hay que lucir las piernas, el escote o la voz), en vez de las piernas peludas, la ausencia de tetas y la voz grave de los hombres, debería ser considerado también como una discriminación, dado que tales cosas son igualmente naturales en ellos. Sin embargo, los empresarios siguen discriminando a los varones para empleos de ese tipo, prefiriendo contratar a chicas. Por tanto, mientras esto último no cambie, no tiene por qué cambiar lo otro. Y es que, elegir a un hombre en vez de a una mujer (o viceversa) para un determinado trabajo es tan "lógico" (aunque sea injusto) como preferir a una persona joven antes que a una mayor o viceversa para una actividad concreta, y nadie se rasga las vestiduras por ello ni dice que hay que cambiar la legislación laboral para impedir que esto ocurra.

    No debería olvidarse que la división fundamental de toda sociedad está basada precisamente en el sexo y en la edad. La división en hombres y mujeres viene dada precisamente por la circunstancia de que son ellas las que dan a luz y amamantan a los hijos, lo que las liga al hogar durante la mayor parte de su vida fértil, haciéndolas más vulnerables y sedentarias. Ha sido así desde los orígenes de la humanidad hasta hoy.

    Y es en esa división en donde se encuentra el origen de la familia, la tradicional, la formada por el padre, la madre y los hijos. La institución familiar, pues, está estrechamente unida al ser humano. Y lo está porque cumple varias funciones, entre ellas, la educacional y porque es una unidad económica en la que se establece una división del trabajo basada fundamentalmente en el sexo y en la edad.

    7.- Otra discriminación hacia el varón la constituye la nueva figura jurídica que se conoce como "discriminación positiva". Consiste en que, en igualdad de condiciones para un puesto de trabajo, ha de elegirse obligatoriamente a una mujer antes que a un hombre. En España, por ejemplo, las hembras que desean incorporarse a los cuerpos de seguridad del Estado (policía nacional, autonómica, municipal y Guardia Civil) pasan pruebas físicas más fáciles y pueden ser más bajitas que sus compañeros varones. A esto lo llaman "discriminación positiva". Pero ya la propia expresión lleva implícita una gran carga de manipulación. Porque, vamos a ver: "positiva" ¿para quién? Para los hombres, no. La discrimina ción positiva lo es sólo para las mujeres. Para ellos es evidentemente "discrimina ción negativa".

    La discriminación positiva supone una absoluta injusticia, porque no puede pretender justificarse diciendo que como antes quien sufría la discriminación era la mujer, ahora quien debe padecerla es el hombre, ya que esto es tan absurdo como decir que como antiguamente quien sufría la esclavitud era la raza negra, ahora quien debe padecerla es la blanca. ¿Qué pasaría si a partir de ahora se decretara que, de aquí en adelante, todos los hijos de matrimonios divorciados fueran a parar a los padres, hasta que su número fuera igual al de los asignados a las madres? ¿O si se exigiera que los equipos profesionales de baloncesto tuvieran que estar compuestos obligatoriamente por un 70 por ciento de blancos?

    La discriminación positiva (así como la política de cuotas) es inaceptable, y lo es porque con ella no sólo no se consigue reparar la injusticia histórica a la que ha estado sometida la mujer, sino que se comete una injusticia más; esta vez contra el varón. Y es que, los hombres actuales no pueden ser los responsable de los errores cometidos por los varones del pasado, dado que no han tenido nada que ver en ellos. Es como hacer pagar a un cura actual las atrocidades cometidas por la inquisición.

    8.- El hombre está también discriminado en su sexualidad. Así, cuando la pareja es joven, como el impulso sexual de él es más fuerte que el de ella, la mujer se queja de ser "utilizada" sexualmente por su pareja. Pero cuando pasan los años y el apetito sexual de ambos se equipara o incluso es más fuerte en la mujer (algo que ocurre entre los 36 y 38 años en ella y después de los 40 en él), al hombre no le está socialmente permitido quejarse de ser utilizado por su mujer, sino que se ve obligado a tener que "cumplir" para quedar "como un hombre". Es decir, la mujer puede quejarse de ser sexualmente utilizada y el varón no, y la mujer no está obligada a "cumplir" y el varón sí. O lo que es lo mismo: la mujer puede quejarse y exigir y el varón, no. Como se ve, también en esto hay una evidente discrimina ción hacia el hombre.

    Por otro lado, las hembristas también discriminan sexualmente al hombre con el falso mensaje de que "no hay mujer frígida, sino hombre inexperto", algo que no es cierto, pues hay un 32 por ciento de mujeres que padecen falta de interés por el sexo y un 26 por ciento que son incapaces de llegar al orgasmo, según los resultados del mayor estudio sobre conductas sexuales llevado a cabo hasta ahora en Occidente. Este estudio, realizado en 1999, basado en 3.200 encuestas efectuadas a hombres y mujeres de entre 18 y 59 años, demostró que hay más mujeres que hombres (4 de cada 10 mujeres y 3 de cada 10 hombres) que sufren lo que los expertos definen como "disfunción sexual", y cuyos problemas más comunes son los siguientes:

        Hombre                     Mujer
Eyaculación precoz (31%)             Falta de interés por el sexo (32%)
Falta de interés por el sexo (15%)         Incapacidad para el orgasmo (26%)
Dificultad de mantener la erección (10%)Sexo no placentero (23%)            
Incapacidad para el orgasmo (8%)     Dificultad de lubricación (21%)
Sexo no placentero (8%)             Dolor durante el coito (16%)        

    Como se ve, la realidad es bastante diferente a lo manifestado por las feministas. La idea de que "no hay mujer frígida, sino hombre inexperto" (actualmente, aunque falsa, muy extendida entre el sexo femenino) obliga a los varones a realizar un sobre-esfuerzo para intentar satisfacer sexualmente a las mujeres, al tener que adaptar su sexualidad a la de ellas, manteniendo la erección o aguantando la eyaculación más tiempo del deseado por ellos. Porque no ha de olvidarse que, incluso en personas sanas, la excitación sexual sigue curvas muy diferentes en el hombre y en la mujer. Es más rápida en él y más duradera en ella. Podría decirse que mientras que en el hombre es como una cocina de gas, que se enciende y apaga rápido, en la mujer es como un horno eléctrico, que se calienta y enfría despacio.

    En suma, que en la excitación sexual de la mujer no sólo influye el bien hacer del hombre, sino también y sobre todo su propia biología. Y es que, las mujeres, en una actitud infantil, descargan toda la responsabilidad de sus orgasmos en los hombres; es decir, hacen al varón responsable de su disfrute sexual, cosa que no ocurre al revés. Por eso, para ellas, el mejor amante es aquel que las procura placer del modo más hábil, inmediato y duradero. En esto hay una evidente discriminación, porque a las mujeres no se les exige adaptarse a la sexualidad masculina, es decir, no están obligadas a tener que excitarse tan fácilmente como los hombres. Tampoco se dice que "no hay hombre impotente, sino mujer inexperta"; y eso que hay menos hombres con dificultades para mantener la erección (10%), que mujeres anorgásmicas (26%). El hombre es responsable de su sexualidad y no necesita del bien hacer de una mujer para obtener placer. Para él, una mujer es buena como amante simplemente con que en la cama no se comporte como un cadáver.

    Otro punto de conflicto sexual entre el hombre y la mujer es que después del orgasmo el comportamiento de ambos es diferente. Las mujeres se quejan de que a los hombres les apetece dormir después de hacer el amor, mientras que ellas desean hablar y ser acariciadas. En este distinto comportamiento influye también la biología. El cerebro de los varones, después del orgasmo, segrega endorfinas, una especie de opio natural que induce al sueño. Por el contrario, las mujeres segregan oxitocina, una sustancia que dispara los niveles de estrógenos, la hormona del tacto, lo que les hace sentirse queridas y con deseos de que ser acariciadas. Por tanto, la crítica de las mujeres a los hombres por el deseo de éstos de dormir después de hacer el amor es injusta y discriminatoria, pues, una vez más, juzgan el comportamiento sexual del varón desde la óptica biológica femenina.

    También se analiza el pene del hombre con lupa. Según las estadísticas, el tamaño medio del pene es de 13,58 centímetros de longitud y de 3,82 de diámetro. Se considera un micropene el que no lega a 7,1 centímetros. Sin embargo, no hay estadísticas que indiquen cuál debe ser el tamaño medio de los pechos de una mujer, ni de los labios mayores o menores de su vulva, ni de su clítoris, ni del diámetro de su vagina. En la mujer, todo vale. En el hombre, no. Ãl está obligado a pasar un examen cada vez que tiene una relación sexual.

    9.- Otra evidente discriminación contra el hombre se produce en el tema de la paternidad. Cuando una mujer queda embarazada, si decide tener ese hijo, la sociedad entera, la ley y ella misma consideran que el hombre (el padre) es tan responsable como ella de ese embarazo y, por tanto, debe asumir las obligaciones inherentes a su paternidad, haciéndose cargo de los gastos y obligaciones que un hijo impone. Pero si, por el contrario, la mujer decide no tener ese hijo, entonces el criterio de la sociedad cambia y el padre pasa a ser un cero a la izquierda, se le niega todo derecho sobre el futuro de ese hijo y su paternidad pasa a importar un bledo a la sociedad entera, a la ley y a la propia mujer, arrogándose ésta el derecho a decidir ella sola sobre el futuro de ese hijo. El ejemplo más claro de indefensión del hombre sobre la mujer, en este tema, lo tenemos en el ejemplo del tenista Boris Brcker y la modelo-tenista Ã?ngela Ermakova. Ãsta le hizo padre de la siguiente forma. Coincidió con él en el trastero del hotel Metropólitan de Londres, donde le practicó una felación, cuyo fruto guardó en la boca, después en hielo y de ahí al interior de su vagina. Como consecuencia de ello, los espermatozoides conforma ron una niña a quien la ley ya ha adjudicado parte de la herencia ¿Es Boris Brcker el padre de esa niña? Genéticamente sí, pero desde el punto de vista moral, es evidente que no. Como se ve, que, en última instancia, sean las mujeres las que puedan decidir sobre la paternidad de los hombres, deja a éstos en un estado de indefensión absoluta.

    10.- La mujer puede hoy acceder libremente al ejército profesional. Sin embargo, en la mayoría de los países del mundo sigue sin hacer la "mili" obligatoria, es decir, sin ser incorporada forzosamente al ejército. Salvo en Israel (en donde el servicio militar es forzoso tanto para los hombres como para las mujeres), en todos los demás países desarrollados del mundo, las chicas o no hacen la "mili" o la hacen sólo con carácter voluntario y en cuerpos especiales, más cómodos. ¿Por qué los jóvenes machos han de realizar el servicio militar obligatorio (± 1 año) mientras que sus amigas, hermanas, esposas o madres completan su formación académica o van de rebajas?

    El hecho de que en los países con servicio militar obligatorio, la mujer no haga la "mili" contraviene el principio de que todos los ciudadanos han de ser iguales ante la ley, sin distinción de sexo. En todos esos países, los chicos, llegada una edad, tienen que incorporarse forzosamente a la "mili", mientras que las chicas, solamente por ser mujeres, no la hacen. En esto también existe una evidente discriminación contra el varón.

    Como se ve, las feministas reclaman querer la "igualdad", pero estos ejemplos demuestran lo que la "igualdad" significa para ellas: trato preferencial dirigido a sus intereses. Ahora bien, como dijo el presidente americano Lincoln: "Se puede engañar a todo el mundo durante un tiempo; se puede engañar a unos cuantos durante todo el tiempo; pero no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo".
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
30 abr 2004
Los 4 artículos anteriores son el resumen extraído de los siguientes textos:

Libros:
    "Separación, divorcio nulidad y parejas de hecho", de Adrián Pérez Mayor (Ediciones Folio).
    "Todo sobre separación, divorcio y convivencia", de Elena Galán (Editorial de Vecchi).
    "El voto femenino", de Asunción Doménech (Cuadernos de historia 16).
    "Las mujeres en busca de un nuevo humanismo", de Monserrat Roig (Salvat Temas Clave).
    "La mujer en el mundo", de Rosalía Díez Celaya (Acento Editorial).
    "El varón domado", de Esthar Vilar, (Grijalbo Mondadori).
    "La mujer sexo fuerte", de Ashley Montagu (Ediciones Guadarrama).
    "Actitudes Patriarcales: Las mujeres en la sociedad", de Eva Figes (Alianza Editorial).
    "Las reglas del juego: Los sexos", de J. A. Jáuregui (Planeta).
    "La inevitabilidad del Patriarcado", de Steven Goldeber (Alianza Editorial).
    "El sexo en el cerebro", de Anne Moir y David Jeseel (Planeta).
    "Porqué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas", de Allan y Barbara Pease (Amat Editorial).
    "Cerebro de hombre, cerebro de mujer", de Hugo Liaño (Ediciones Grupo Zeta).
    "El alfabeto contra la diosa", de Leonard Shalain, (Debate Pensamiento).
    "Trabajos distintos. Una aproximación evolucionista a las mujeres en el trabajo", de Kingsley Browne (Editorial Crítica).
    "Masculino y femenino. Claves de la sexualidad", de Desmond Morris (Plaza & Janás).
    "El estilo del periodista", de Ã?lex Grijelmo (Taurus).
    "El dardo en la palabra", de Fernando Lázaro Carreter (Círculo de Lectores).

Artículos:
    "Fines de la APFS", de la Asociación de Padres de Familia Separados.
    "Con el divorcio al cuello", de Joaquín Vidal (Interviú).
    "Los perjudicados son los hijos", de Altamira Gonzalo Valgañón (El País).
    "El crepúsculo de los padres", de Ramón Pastor Quirant (El País).
    "Los problemas matrimoniales en España", de Jesús Seligrat Martínez (El País).
    "La ley se alía con los padres separados", de Santiago Castaño (Diario 16).
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
30 abr 2004
"Hombre", un saludo por tu valentía. Pero es cierto lo que dices, lo intolerantes que hablan en nombre de la tolerancia; los liberticicdas que hablan en nombre de la libertad, los dictatoriales que hablan en nombre de la democracia, los discriminadores hembristas que hablan en nombre de la igualdad feminista, si pudieran te matataban. Son así. No admiten la discrepancia. Contra tus argumentos (equivocados o no)sólo esgrimen el insulto. Son peligrosos.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
29 mai 2004
soy una adolescente de 17 años que ha caido aquí accidentalmente en busca de información objetiva sobre el hembrismo (q, a propósito, no he logrado encontrar). Yo estoy creciendo en un mundo que se está librando de una carga machista que acarreaba desde hace siglos. Le cuesta, pero poco a poco se hace más igualitario. Por haberme desarrollado en una creciente igualdad de condiciones no soy capaz de entender la actitud de superioridad que siguen manteniendo ciertos hombres. Sin embargo, comprendo a la perfección el hembrismo, movimiento creado en respuesta los ataques a nuestra libertad. el hembrismo es una herramienta para defender nuestros derechos, pero no lo veo como un objetivo a largo plazo.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
01 jun 2004
Ana, yo tuve que ir a la mili por la desgracia de haber nacido macho. Las mujeres no mueren caidas de los andamios (tres hombres diarios), mis manos estan llenas de callos, ¿como estan las tuyas?......
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
04 jun 2004
El verano pasado, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentenció que no se puede considerar discriminación de sexo el hecho de que sólo los varones tengan que hacer el servicio militar obligatorio. El mismo tribunal había declarado, naturalmente, que sí es discriminación de sexo el que las mujeres no puedan ser militares profesionales. ¿Alguien ha visto la más mínima información sobre esta noticia en nuestros medios de comunicación?
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
05 jun 2004
Trabajo en una empresa de limpieza y soy el unico hombre. Cuando llegan los sacos de detergente de 20 kilos me los hacen cargar a mi porque las mujeres dicen que no pueden, yo solo peso 52 kilos y soy debil. ¿es eso justo?
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
05 jun 2004
alucino...
es imposible contestar a tanto texto, necesitaria poner un mogollon d texto.

soy feminista pero entiendo el cambio conseguido conjuntamente con el hombre. no creo q la mujer sea buena o superior por naturaleza. no veo al feminismo como acumulacion d poder, ni imitacion al estilo del hombre, a la dominacion. busco la igualdad d derechos y responsabilidades para tod*s.

pepe : soy antimilitarista por lo q en vez d pedir q hombres y mujeres hiciesen la mili, pediria q ningun* lo haga.

manuel : no dejes q te discriminen. reivindica tus derechos. otra cosa tambien seria el intercambio. si tu tienes mas fuerza, a cambio d utilizarla pide q hagan otra cosa del trabajo donde ellas sean mas habiles.

no tengo verdades absolutas y lo q busco es la liberacion del ser humano d roles preestablecidos.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
07 jun 2004
Desde luego que no desearía yo que las mujeres se pusiesen a hacer también el servicio militar, pero estoy absolutamente seguro de que si las organizaciones feministas, con su inmenso peso, hubiesen denunciado el sexismo de esta institución, ésta hubiera desaparecido mucho antes. En Estados Unidos el principal argumento legal que acabó con el servicio militar obligatorio fue, precisamente, su discriminación sexista. En Europa, por el contrario, las organizaciones feministas han colaborado muy activamente en que este argumento se ignore. Es más, muchas de las principales organizaciones feministas se sirvieron alegremente de mano de obra masculina esclava (los llamados "prestadores sociales") sin que en ningún medio de comunicación se escuchase la más mínima ironía. Todas y cada una de las diputadas socialistas, por cierto, votaron por aquella ley en la que se especificaba que el servicio militar era exclusivamente para los varones..., y esas son nuestras políticas feministas. Nuestra actual vicepresidenta, tan feminista ella, fue una de las personas que más actividad desarrolló para que los insumisos fuesen castigados lo más duramente posible, y para que la prestación social resultase cuanto más gravosa mejor.

Coincido al cien por cien con el objetivo de "liberar al ser humano de roles preestablecidos", pero me parece bastante obvio que ese no es el objetivo real de las organizaciones feministas, al menos de las que tienen poder en los partidos políticos y en los medios de comunicación.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
16 jun 2004
Sólo quiero decir que debería existir una igualdad entre el hombre y la mujer, porque todos somos hijos de un solo Dios, somos como las olas de un solo mar, como las hojas de un solo árbol, el mundo es como un país, y la humanidad, sus ciudadanos. Esas culturas de machismo y hembrismo, deberían acabar, para que haya paz y tranquilidad en el mundo.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
29 jun 2004
no me agrada el feminismo. no soy feminista y de los hombres que se dicen feministas tengo una opinión negativa. no me agrada el feminismo porque està repleto de respuestas, no preguntas, nunca tiene preguntas, sólo respuestas; a veces, primero la respuesta y después la pregunta. el feminismo o el hembrismo, son luchas por el poder y no por igualdad o justicia, no. el feminismo es hipócrita.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
08 jul 2004
some day they will arrive to our perfection, some day they will arrive at our level, some day they will realize what is the happiness of being dominant, but they are making a mistake on the way
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
23 ago 2004
preparaos mujeres que ahora vendrá el islamismo, eso si que es jodido.ja, ja,ja
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
24 ago 2004
Pues, yo prefiero ser mujer de un presidente, que presidente. Mandaria yo, y siempre quedaria mejor que el, pasase lo que pasase......
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
08 set 2004
Creo que el conductas como el hembrismo y el machismo son riesgosas para la sociedad y el mundo. Son responsables del caos actual en la sociedad, crisis de los valores morales y aumento en las ETS. Dividen al genero humano.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
08 set 2004
Creo que el conductas como el hembrismo y el machismo son riesgosas para la sociedad y el mundo. Son responsables del caos actual en la sociedad, crisis de los valores morales y aumento en las ETS. Dividen al genero humano.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
08 set 2004
Creo que el conductas como el hembrismo y el machismo son riesgosas para la sociedad y el mundo. Son responsables del caos actual en la sociedad, crisis de los valores morales y aumento en las ETS. Dividen al genero humano.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
08 set 2004
pues la verdad señores no se que mas esperar, hasta cuando , o que mas vueltas tienes que ahcer para liberar a este pais de esta guerra y esta querrera de carne y hueso con alma de dios para seguir con este sufrimiento, les ofresco una solucion y no la aceptan ya no se que esperar de esta raza humana de frios corazones inmobiles, que no se han de conmover con un rayo de luz, solo por las caras de sus billetes
DESPIERTEN ACABEMOS ESTA GUERRA Y VIVAMOS EN PAZ
QUE ESTAN ESPERANDO, MATARME MAS DIA A DIA ES ESO PAZ]}}}}}'? ES ESO JUSTICIA?
ESTOY ENCERRADA EN 4 PAREDES SIN PODERME EXPRESAR TENIENDO MIL IDEAS MIL COLORES MIL CANCIONES MIL POEMAS INFINITAS CARICIAS Y GANAS DE AMAR Y ME DEJAN ACA? ES ESO JUSTO? ES ESO JUSTO?
SEÑORES PORFAVOR
REACIONEN
ES HORA DE ACTUAR
TENGO EL CORAZON EN LAS MANOS
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
26 oct 2004
muy buena tu página, anque un poco loca

jaja
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
30 oct 2004
Que es una feminazi?.



Tienes que llevar una swastika en el brazo y tener bigote para ser feminazi?. No, una feminazi es alguien que utiliza las tácticas de los nazis pero que se llama a si misma feminista, de ahí el termino feminazi. Y cuales son sus tácticas?. Bien, aquí están algunas definiciones.







Nazismo: La ideología y practica de los Nazis, especialmente la política de racismo nacionalista, expansión nacional, y control estatal de la economía.



Si reemplaza âracismoâ? por âsexismoâ? y cambia ânacionalâ? por âmatriarcalâ?, se encuentra muy cerca de ello. Pero que fue de la âideología y practica de los Nazis?. Bien, fue el fascismo. Exactamente que es esto?.



Fascismo:

1a. Un sistema de gobierno marcado por la centralización de la autoridad en un dictador, rigurosos controles socioeconómicos, supresión de la oposición a través del terror y la censura, y típicamente una policía beligerante con el nacionalismo y el racismo.

1b. Una filosofía política o movimiento basado en o defensor de tal sistema de gobierno.

2.- Control dictatorial opresivo.

Ahora, las feminazis tienen el anteriormente citado âdictadorâ? con la swastika en su brazo. Incluso un adolescente sordomudo que ha crecido en un hogar liderado por una mujer lo descubriría como un problema.



Ahora el NOW y sus grupos hermanos no tienen ningún poder oficial. Pero, desde los políticamente correcto, (ver Totalitarismo) tienen un asombroso nivel de control, del que usted puede escribir un libro, como el que hizo Tammy Bruce âA pesar de la Policiaâ?, o Christina Hoff. Sommer sobre âLa guerra contra los chicosâ? etc.



Por supuesto que todos conocemos que, los medios de comunicación tienen la boca cerrada, también causado por el anti-masculinismo feminista infiltrado en los medios de comunicación, periodistas sin criterio incapaces de pensar por ellos mismos, políticamente correctos, fanáticos del ala izquierda, que controlan los medios de comunicación queriendo meterse en la cama con las feminazis, o que solo tienen miedo de ser el punto de mira de la campaña de desinformación feminazi. De nuevo, cambie racismo por sexismo, por ejemplo, los varones son para el feminismo lo que los Judíos fueron para el Nazismo. De otra forma, No puedo reconocer ninguna diferencia entre los dos grandes opresores.



Como âestrictas medidas de control económicoâ? tenemos âla pensión compensatoriaâ?, âla pensión infantil de alimentosâ?, âlos gastos de divorcioâ?, pagarle âsu abogado para que arruine la vida de tus hijos, y cosas así.



Ya tenemos casi cubierta la âsupresión de la oposición a través del terror y la censura, pero hay también libros sobre el tema, incluyendo los citados previamente.



Las partes restantes de la definición de Nazismo no correlacionadas con el Feminazismo son verdades que son evidentes por si mismas, al menos para aquellas que se han enmancipado ellas mismas del feminismo radical que induce esclavitud mental.



Ahora veamos otra definición de Feminismo.



1.- Creer en la igualdad, social, política y económica de los sexos.

2.- El movimiento organizado alrededor de esta creencia.

Puede alguien con cabeza, realmente pensar que el feminismo promovió âla igualdad de los sexosâ?.alguna vez. Si este es el caso, porque se oponen a la custodia compartida (que el feminismo inicialmente apoyó), y la activa campaña de desinformación para impedirlo?. La custodia Compartida la define Stewart Rein en â Traición a los Niñosâ? como a ambos padres teniendo iguales derechos e iguales responsabilidades. El Feminismo actual esta a favor de los NO derechos de los Varones y la NO responsabilidad de las mujeres, incluso aunque los efectos a largo plazo para las mujeres, los hombres y los niños son asombrosamente devastadores. Puede imaginar a las feminazis, actualmente favoreciendo la igualdad de derechos y responsabilidades?.

Con la swastika en el brazo y un bigote, puede alguien decir Hilary?.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
03 nov 2004
no estoy de acuerdo, la mujer se hizo para LA CASA. Para mas nada.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
18 nov 2004
PUES YO KIERO VER FHOTOS PRUENAS
CONTUNDENTES NO LETRAS
didiet
18 nov 2004
perdona, te veo perdido. creo q tienes q ir a otra web. ......mmmm......m.. cuando crezcas.... vuelves :P
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
20 nov 2004
Cuando me encuentro con polémicas como las que aquí presencio y observo que, quien la inicia es un ser de sexo masculino comentando livianamente en: âcomo estáâ? la mujer en nuestro tiempo y no, en saber simplemente âcomo esâ? la misma. Comprendo su ignorancia pero a la vez, me provoca nauseas, el que aun estén vivos los âpierolapithecus catalaunicusâ? (simios del miocenio medio) que corresponden a unos, 13 millones de años su presencia en la Tierra.

Ãste tipo de seres, no corresponden a otros planetas, como se han dicho por aquí, lamentablemente son producto de éste y no sé, porque extraña química orgánica del mismo, los has generado soberbios, pedantes y fundamentalmente ignorantes.

La mujer no es un âsub productoâ? de ellos, como implícitamente da a entender. Ella se engendró para el complemento del varón â no su suplemento -. Le hizo conocer el amor, la creación y el valor de las cosas importantes de la vida. Todo lo demás âse lo inventó él mismoâ¦â?

Las leyes â âgraciasâ? a su fuerza bruta â prevalecieron hasta hoy y los resultados, basta con saber mirar, están exentos de comentariosâ¦

Al AMOR lo disfrazó para esconder en él, los Siete Pecados Capitales, en concomitancia con las religiones que, con seres de su mismo sexo, lo bastardearon âtraduciendoâ? todo para su propia conveniencia y usufructoâ¦

A la palabra âfidelidadâ? la fusionaron con la de âcautiverioâ? postrando a la mujer a que, asumiera sus designios y/o, menoscabando a aquellas que osaren husmear los caminos que ellos, con total impunidad avasallaron en nombre de Dios y de la Patriaâ¦

Poco a poco, sin embargo, observo que; una Luz Divina que se aproximaâ¦y saben?â¦La Internet será la responsable de tan magno milagroâ¦

Aquí la fuerza bruta queda por fin de lado y poco a poco, âla ciencia postergadaâ? al igual que las artes en la mujer, podrán expresarse sin el acoso masculino.

Si nos remontamos a la historia (escrita por ellos por cierto) aquella mujer que se haya destacado en las ramas citadas, solamente ha venido a ser, la excepción de la regla al igual que, cuando seleccionan a un âgeneral negroâ? en los filmes belicistas norteamericanos, significando con ello que, no existen prejuicios raciales en ese inmaculado paísâ¦

Además, si son reconocidas es tan solo por que se han sumido a lo preestablecido por ellos. Jamás mujer alguna, pudo sobreponerse a tanta ambición y soberbia desmedida por parte de los hombres, a no ser que, quienes lo intentaron, hubieren caído, inmolándose sin poder siquiera, exponer idea alguna que no significara, su destierro en éste planeta.

Quiera Dios que tengamos muchas mujeres , a partir de ahora, de los niveles de Beethoven , Bach, Mozart o los mismos Beatles⦠que sepan marcar un hito en la historia de la música, como así también en la ciencia:Mujeres del nivel de Einstein, Galileo, Franklin, Da Vinchi, siguiendo por las artes plásticas, artistas de la talla de: Rafael, Miguel Ã?ngel, Giotto, Picasso o Reembrand, por nombrar algunos pocosâ¦

Humildemente, nos atrevimos con mi amado esposo (psicólogo él), expresar en una página de Internet de nuestra propiedad, un planteo diferente donde yo expongo mis pareceres y pensamientos con libertad de mujer entera, sobre lo que concibo como felicidad y fidelidad a pleno,. Principios fundamentales con los cuales, juramos votos frente al altar, hasta que ni el infinito nos alcance para amarnos y respetarnos, vale?

Carmen (Dinoseta)

He aquí nuestra dirección en la Web:

http://www.iespana.es/dinosetes/INICIO/INDEX.HTM???
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
20 nov 2004
Cuando me encuentro con polémicas como las que aquí presencio y observo que, quien la inicia es un ser de sexo masculino comentando livianamente en: âcomo estáâ? la mujer en nuestro tiempo y no, en saber simplemente âcomo esâ? la misma. Comprendo su ignorancia pero a la vez, me provoca nauseas, el que aun estén vivos los âpierolapithecus catalaunicusâ? (simios del miocenio medio) que corresponden a unos, 13 millones de años su presencia en la Tierra.

Ãste tipo de seres, no corresponden a otros planetas, como se ha dicho por aquí, lamentablemente son producto de éste y no sé, porque extraña química orgánica del mismo, los ha generado soberbios, pedantes y fundamentalmente ignorantes.

La mujer no es un âsub productoâ? de ellos, como implícitamente da a entender. Ella se engendró para ser el complemento del varón â no su suplemento -. Le hizo conocer el amor, la creación y el valor de las cosas importantes de la vida. Todo lo demás âse lo inventó él mismoâ¦â?

Las leyes â âgraciasâ? a su fuerza bruta â prevalecieron hasta hoy y los resultados⦠basta con saber mirar, están exentos de comentariosâ¦

Al AMOR lo disfrazó para esconder en él, los Siete Pecados Capitales, en concomitancia con las religiones que, con seres de su mismo sexo, lo bastardearon âtraduciendoâ? todo para su propia conveniencia y usufructoâ¦

A la palabra âfidelidadâ? la fusionaron con la de âcautiverioâ? postrando a la mujer, a que asumiera sus designios y/o, menoscabando a aquellas que osaren husmear los caminos que ellos, con total impunidad avasallaron en nombre de Dios y de la Patriaâ¦

Poco a poco, sin embargo, observo que; una Luz Divina se aproximaâ¦y saben?â¦La Internet será la responsable de tan magno milagroâ¦

Aquí la fuerza bruta quedará por fin de lado y poco a poco, âla ciencia postergada de la mujerâ? al igual que en las artes, podrá expresarse sin el acoso masculino.

Si nos remontamos a la historia (escrita por ellos por cierto) aquella mujer que se haya destacado en las ramas citadas, solamente ha venido a ser, la excepción de la regla al igual que, cuando seleccionan a un âgeneral negroâ? en los filmes belicistas norteamericanos, significando con ello que, no existen prejuicios raciales en ese inmaculado paísâ¦

Además, si son reconocidas es tan solo por que se han sumido a lo preestablecido por ellos. Jamás mujer alguna, pudo sobreponerse a tanta ambición y soberbia desmedida por parte de los hombres, a no ser que, quienes lo intentaren, hubiesen caído, inmolándose sin poder siquiera, exponer idea alguna que no significara, su destierro de éste planeta.

Quiera Dios que tengamos muchas mujeres, a partir de ahora, de los niveles de Beethoven , Bach, Mozart o los mismos Beatles⦠que sepan marcar un hito en la historia de la música, como así también en la ciencia: Mujeres del nivel de Einstein, Galileo, Franklin, Da Vinchi, siguiendo por las artes plásticas, artistas de la talla de: Rafael, Miguel Ã?ngel, Giotto, Picasso o Reembrand, por nombrar algunos pocosâ¦

Humildemente, nos atrevimos con mi amado esposo (psicólogo él), expresar en una página de Internet de nuestra propiedad, un planteo diferente donde yo expongo mis pareceres y pensamientos con libertad de mujer entera, sobre lo que concibo como felicidad y fidelidad a pleno,. Principios fundamentales con los cuales, juramos votos frente al altar, hasta que ni el infinito nos alcance para amarnos y respetarnos, vale?

Carmen (Dinoseta)

He aquí nuestra dirección en la Web:

http://www.iespana.es/dinosetes/INICIO/INDEX.HTM???
UN HEMBRISMO TAMBIEN PARA HOMBRES.
22 nov 2004
hola, soy un chico hembrista.
esto no es ni imposible, ni mucho menos contradictorio. queria deciros que no estoy de acuerdo con muchos puntos de lo que se ha explicado se supone es el hombrismo. esta es mi opinion:
el hembrismo proclama la superioridad por naturaleza de la mujer sobre el hombre, pero esto no quiere decir que las mujeres hembristas sean agresivas, violentas, intransigentes, etc... ese es el hembrismo radical, pero tambien hay un hembrismo moderado(en el que creo yo), en el que creemos en la superioridad femenina, pero a pesar de ello, no creemos que los hombres tengamos que ser esclavizados, unicamente, que si los hombres nos dedicamos unicamente a las tareas que son propias de nuestra capacidad, y dejamos a las mujeres, los cargos de importancia y responsabilidad intelectual(q no quiere decir q estos campos nos sean totalmente prohibidos), nuestra sociedad progresara y evolucionara notablemente.
Hay un punto que me ofende: solo se ha referido al hembrismo como un movimiento uicamente femenino. ¡NO! Algunos hombres tambien somos hembristas, no es que seamos homosexuales, es que nsomos capaces de darnos cuenta de que la mujer esta por encima de nosotros, y la apoyamos, no porque queramos ser esclavizados, sino porque eso nos conviene, ya que cuando la revolucion hembrista llegue, y la muer tome el poder, nuestra sociedad se vera autosuperada y y y todos los seres humanos viviran mejor, tanto mujeres como hombres.
AL igual me declaro anarco-comunista, y quiero recordar una de nuestras bases:
``cada uno segun sus capacidades, a cada uno segun sus necesidades´´.
Con esto quiero decir que no es que las mujeres tengan que tener mas derechos, todos tenemos los mismos derechos, dado que por encima de nuestra condicion sexual, somos personas, y nadie elige su sexo al nacer, pero lo que si se diferencia son los deberes, no la cantidad de mas o menos deberes, sino la cualidad de los mismos: los hombres se limitaran a los deberes de su capacidad, basicamente fisicos, y la mujer a los intelectuales.
No quiero extenderme mucho mas, para no aburriros, solo deciros, que el hembrismo no es un extremo ni un movimiento agresivo, sino un movimiento concienciativo, logico, y progresista, y que algun dia, la revolucion hembrista llegara, y los unicos dañados, seran esos sucios machistas, y seran dañados, porque se empeñan en oprimirnos. ¡VENCEREMOS!

P.d.: dejo mi e-mail, por favor escrividme a el para seguir hablando, es un tema interesante.
e-mail: raciondejetaycocacola ARROBA hotmail.com
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
09 des 2004
A mi me parece que machismo y femenismo es una lucha de poder. de hecho muchas feministas tienen un "mujeres al poder" como grito de guerra.

Asi es el mundo, tendemos a luchar por mas poder y por eso nos unimos a nuestros grupos, sexo, edad, nacionalidad, etnia....

El feminismo ha logrado algo que se llama discriminacion positiva, que yo la veo carente de fundamento, pues atiende a numeros y no a personas, ahora bien si vosotros os considerais numeros es otra cosa.

los hombres y las mujeres no son tan diferentes, yo he presenciado en mi infancia como mi padre hacia abuso de poder con mi madre.

Por eso, nunca he sido capaz de abusar de alguien mas debil ni de insultar a una mujer, eso parece buena cosa, pero lo ideal no existe en la practica, algunas mujeres se han aprovechado de esta situacion y se han excedido, por ejemplo varias mujeres me han robado y puesto en la tesitura de usar mi fuerza fisica porque sabian que no la iba a usar. ¡vamos que me roban por toda la Jeta!!! jejeje
entonces las "fuertes" son ellas y no yo, tambien me ha pasado con menores de edad, que tambien se aprovechan muchas veces con su inferioridad. Todos quieren mas poder, mujeres, niños, viejos pueden hacer de su inferioridad una superioridad. Esto parece una tonteria pero lo que me pasa a mi personalmente es lo que le pasa a la nacion con la discriminacion "positiva" lo que yo llamaria el "fracaso" del feminismo.

Y no es tanta tonteria, mi premio por no querer caer en los errores de mi padre ha sido caer en los errores de mi madre. Yo tambien he sido un maltratado, solo psicologicamente, respecto a como maltrata una mujer es muy parecido a como lo hace un hombre ¡no te pegara porque no puede! pero te hara sentir culpable y te amenazara de muerte ¡igualita que un hombre!

lo que quiero decir es que hombre=mujer (como dicen las feministas) asi que...

¡mujeres al poder! (a mi eso no me interesa, por mi como si terminais unos y otros en guerra, pero no me llameis)
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
28 des 2004
El feminismo es..... ni lo sé ni me importa. Pero la prepotencia, en esta pàgina, está en las palabras de los feministas que han escrito.
La respuesta de Raul, es alucinante, es típica del hombre-paràsito, ése que asegura que todo se lo debe a las mujeres. Buena cosa sería plantearse qué dá él a las mujeres, y luego ser consecuente con la respuesta que descubra. Básicamente, Raul, con el rollo de tu inferioridad, descargas tus responsbilidades como ser humano y como persona, en las mujeres. No deja de ser inteligente por tu parte, pero muy falso. Y ten cuidado con las sesiones sadomaso, que conozco a más de uno que acabó con lesiones graves y también dejaban ir discursos parecidos al que tú tienes sobre las mujeres "reinas de la naturaleza" y frases semejantes. No vas a tener más respeto por ser más humilde. Por otra parte, la jerarquización de la sociedad, tenía entendido que era un invento del patriarcado, es decir: de los hombres. Tus argumentos son de lo más "travestidos" .
Adorar a las mujeres, eso sí es infantil y sí es negarse a crecer.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
12 gen 2005
nesesito el trabajo
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
18 gen 2005
Hola:
Soy de Puerto Rico y me considero feminista, NO hembrista porque creo en la igualdad de generos. No estoy completamente de acuerdo contigo, pero creo entender en parte lo que tu dices: de la misma forma que hay muchos hombres que quieren dominar a las mujeres, por ejemplo a la pareja ; hay mujeres que quieren dominar a los hombres.
Yo como caribena, se que aunque no se admita, hay mucho prejuicio contra mi y mi gente.Por lo tanto yo ademas de tener que bregar con el machismo, tengo que bregar con que soy caribena, y entiendo que por mas que yo luche por denunciar y eradicar los prejuicios, tengo que bregar con que va a seguir habiendo prejuicio contra mi, pero tengo que seguir luchando. Digo esto porque por ejemplo en P.R. hay una ley para proteger a las victimas de violencia domestica, y esto tanto para mujeres ,como para ninas, ninos y hombres. Pero que pasa; que en mi pais casi todos los casos de violencia domestica son de hombres contra mujeres, ninas y ninos. Algunos hombres en P.R. se quejan de que las mujeres usamos esta ley en contra de ellos sin razon, ellos piensan que esta ley se debe quitar. Pero quitarla es dejar casi totalmente desprotegidas a muchas personas en mi pais.Ademas si lo que alegan estos senores es cierto(que no me extranaria), de todas formas es como 4 en 1000 casos de violencia domestica.
Me parece un error hecharle la culpa a la liberacion de las mujeres de que la situacion de un pais no avance, cuando entidades como la ONU han expresado que sin la igualdad de las mujeres y de los hombres en un pais, este (el pais) no prospera. Ademas eso de ¨no gritaba pero imponia¨ y demas comentarios, cayan la voz de la mujer, sobre todo ¨no decidia pero influia¨, y es que hay muchas cosas en la historia que hemos hecho los mujeres y que las aprendemos como hechas por hombres.Es como decir que un presidente de E.U. abolio la esclavitud , y olvidarse de la continua lucha que tuvo la gente negra en el mundo. Y no me parece que halla tanta diferencia en la forma de tratar a las mujeres entre gente de dinero y gente que no tiene.
Casi nadie se puede imaginar a un hombre pariendo a un ser humano(usted si?)por lo tanto eso de que yo mujer salgo de la costilla de un hombre me parece un mito muy interesante. Y agrego que no soy cristiana , ni pertenesco a ninguna otra religion.
Para terminar, me parece que usted debe ponerse a estudiar la sociedad y la cultura de Espana y de todo el mundo, tanto la antigua como la actual, y mirar quienes son las que en verdad estan explotadas.
Ayudanos a no seguir siendo explotadas.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
06 mar 2005
No deberían existir ni el machismo ni el feminismo. Lo que existe, lisa y llanamente, es la masculinidad y la feminidad. Punto. Que como diferentes y opuestos (uy, qué machista y qué malo) sólo se encuentran y se igualan (el hombre descubre la mujer que hay en él, y la mujer al hombre que hay en ella) AL RECONOCER SUS DIFERENCIAS Y COMPLEMENTARLAS ENTRE S�.

¿Por qué, si no, se atraen? Son absolutamente complementarios, física, psicológica y espiritualmente hablando. Son yin y yan.

¿Por qué los homosexuales (que no existen como condición, son gente hetero con traumas psicológicos de identidad sexual) son tan misóginos? ¿Por qué tantas lesbianas se incomodan ante la presencia de hombres? Porque la NO COMPLEMENTARIEDAD DE SEXOS (el creerlos iguales en su ser, o el pensar que dos personas de sexo idéntico son complementarias) NO ES NATURAL, NI LÃGICA, NI POSIBLE. No es más que MIEDO AL OTRO SEXO.

A mí no me atraen los hombres, pero NO ME REPELE EL CONTACTO SOCIAL Y AFECTIVO CON ELLOS. Es la amistad y el compañerismo, una forma de amor, lógica y coherente. ¿Por qué, sin embargo, el gay siempre considera a la mujer un ser extraño, ajeno a sí, de cuya influencia conviene huir, o a la que, cuanto menos, intentará utilizar de chacha o mensajera, o como florero-amiga a exhibir? ¿Por qué, SI SUPUESTAMENTE LA HOMOSEXUALIDAD ES NORMAL Y SANA, EN VEZ DE UN FENÃMENO ANÃMALO Y CONTRADICTORIO?

Pues porque LA HOMOSEXUALIDAD ES UN SEXO QUE SE ENCIERRA Y SE RETRAE SOBRE S� MISMO. Es un problema de autoestima e inseguridad sexual infantil y adolescente. De ahí ese tono de voz impostado, esa búsqueda tan patética de la pantomima, de la asunción artificial de roles masculino-femenino...

El machismo y la homosexualidad son caras de la misma moneda. Todo el mundo sabe (aunque pretenda negarlo) lo posesivos, neuróticos y promiscuos que son los homosexuales activos, especialmente los más maduros. El complejo homosexual tiene un origen patológico y unas consecuencias del mismo tipo -anticomplementariedad, heridas en la propia masculinidad o feminidad, que es también lo que hay en el machista y en la "hembrista"-), lo que acarrea una espiral. Por eso los homosexuales defensores del orgullo "gay" más jóvenes son los más entusiastas... hasta que se dan de bruces con la dura realidad, con la espiral interminable de frustración de la que es culpable su pretendida "orientación".

Hecho este inciso, pertinente, sobre la homosexualidad como algo muy relacionado con la guerra de sexos y la no-complementariedad... ¿No os resulta curioso que en las regiones donde la mujer se halla REALMENTE más maltratada y sometida no se de tanto ese feminismo perverso, habitual aquí, que no es sino una reproducción del machismo y una PARTICIPACIÃN, LA MISMA QUE TODOS LOS DEMÃ?S, EN LA LÃGICA DEGENERADA DE UNA SOCIEDAD VOCIFERANTE Y COMPETITIVA EN VEZ DE ARMONIOSA?

En realidad es muy lógico.

Se hicieron experimentos con "kibbutz" (comunidades agrarias israelíes) en los que se educaron de igual forma a los niños que a las niñas. El resultado fue que los niños y niñas, aunque aprendían a interesarse por las labores características del sexo opuesto, seguían mostrando una especial predilección, aptitud y sensibilidad por las tareas y responsabilidades que tradicionalmente se atribuyen a sus correspondientes sexos, decepcionando a los promotores, que esperaban una total identificación (ingenuos ellos... ¿van a dejar las niñas de jugar con muñecas DEBIDO AL INSTINTO MATERNAL QUE LAS DEFINIRÃ? DESPUÃS?).

No quiere decir esto que el hombre no deba cooperar con la mujer, ni la mujer con el hombre. Que un sexo no deba enseñar lo que sabe al otro, que precisamente la conciencia de que lo opuesto es complementario no haga florecer un respeto y plenitud compartidas QUE ES EL AMOR. Que no hayan mujeres con aptitudes más masculinas y hombres más femeninos. Que las fronteras entre uno y otro sean siempre débiles y traspasables.

A la pretensión moderna de equiparar (en el plano configurativo y esencial, no en el plano ético y de justicia) al hombre y la mujer, se le quiere llamar "igualdad". Pero LAS COSAS QUE SON IGUALES NO SE UNEN, SE REPELEN. La igualdad que ha de observarse es profunda, de respeto por las capacidades de cada uno, encajando a todos (forzosamente diversos) dentro de un puzzle que tiene múltiples facetas. En verdad, el igualitarismo, la falsa "igualdad" de los sexos (y quién dice de los sexos, dice de tantas otras cosas), no los reconcilia: los separa todavía más.

¿No admiramos a las mujeres PRECISAMENTE PORQUE NOS PUEDEN ENSEÃAR A DESPERTAR EN NOSOTROS ESA SENSIBILIDAD FEMENINA QUE A MENUDO NOS FALTA?

¿No atrae precisamente a las mujeres esa seguridad, cerebralidad (cuando hace falta) y espíritu de ruptura que caracteriza a la masculinidad PORQUE CONTRASTA CON LA MATERNALIDAD, EMOTIVIDAD Y PREDISPOSICIÃN PROTECTORA QUE DEFINE AL PRINCIPIO FEMNENINO?

Por eso son diferentes: porque, al serlo, CADA HOMBRE Y CADA MUJER PUEDE REALIZAR, ASÃ?, LA COMPLEMENTARIEDAD A TRAVÃS DE LA UNIÃN, y así LLEVAR A CABO LA VERDADERA IGUALDAD DE LOS SEXOS. Evidente.

Esto es lo que ha sido válido siempre, más allá de los (ciertos) abusos y manipulaciones... pero por parte de todos los extremos.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
06 mar 2005
Ah, y de Kinsey (alerta roja, va a hacerse una película acerca de él, claramente tendenciosa), haríais bien en no tragaros nada. Los que defienden que no hay identidad sexual predeterminada no hacen sino mentir. Hay hormonas sexuales masculinas y hormonas sexuales femeninas, como es natural y como la ciencia ha determinado siempre. Y por cierto, no se ha descubierto anormalidad alguna en la estructura genética de los homosexuales. En cambio, los psiquiatras están hartos de diagnositcar y tratar (y muchas veces curar, pero no interesa que se sepa) los complejos que están realmente en el origen de esos sentimientos.

De todas formas, ¿a santo de qué negar lo evidente? ¿Tenemos que pedir el permiso de tantos supuestos "progresistas" para reivindicar lo que establece la simple ley natural y el sentido común?

Sé que no me creeréis, porque nos han comido mucho el coco con ese "igualitarismo" de pacotilla y porque está de moda un falso progresismo que tira p'alante con todo lo que le reclamen. Y que dará paso en el futuro a un conservadurismo virulento igual de nocivo en cuanto se noten las fisuras y el péndulo se dirija al extremo contrario...

Qué grandes somos los occidentales. Pero qué grandes.

Andamos muy, muy confundidos. Espero que emerja algo de ya de semejante pájara, porque es que no vemos el caos y las contradicciones ni que nos maten.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
29 mar 2005
Hola. Me llamo Nayet. Soy saharaui mauritana aunque me siento española 100% ya que mis padres eran de la colonia y vivo en España desde que tenía doce años. Alguien ha dicho que el islamismo era peor para las mujeres... No lo entiendo. Hay muchas diferencias entre los "paises islámicos" en cuanto a situación de la mujer. Tantas diferencias que hacen pensar que el Islam no tiene nada que ver.
En mi cultura, las mujeres tenemos derecho a maltratar a los varones. Todos los días durante todas las horas. La casa es nuestra, y podemos hacerla un cielo o un infierno.
Yo he visto mi casa materna hecha un infierno para mi padre. Cuando estaba muriéndose en un hospital de Cádiz, me atreví a preguntarle porque se hizo alcohólico, porque dejó de ir por casa, por qué nos abandonó... Me respondió con lágrimas en los ojos que uno va a donde le quieren, no a donde le odian... Y recordé el trato que mi madre dispensó a mi padre durante todos los días de su vida. Mi madre me dejó sin padre, justo cuando más falta me hacía. Algo que comprendo ahora pero no antes, cuando lo consideraba normal, tanto entre las mujeres de mi cultura como entre las gaditanas entre las que vivo. Parece que de un hombre solo hay que esperar un "alivio" cuando "pica" y el sobre a final de mes, y que si no cumple con ambas premisas, puede ser objeto de maltrato psicológico continuo.

Lo peor es que yo también me he sorprendido maltratando a mi marido, un gaditano guapísimo y buenísimo, que ha estado "partiéndose el lomo" en el puerto mientras yo estudiaba filología semítica, que nunca me ha exigido trabajar aunque siempre me recomendó hacerlo por "auto-estima", que es el mejor padre del mundo para mis dos hijos, y que me ha aguantado (hasta que me he dicho a mi mísma ¡Basta!) humillaciones, vejaciones y hasta bofetadas.

Dicen que las mujeres somos el sexo débil. Quizá sea así. Mi marido es más musculoso que yo. Pero yo he sido infinitamente más cruel y no sé que voy a hacer, ahora que me he dado cuenta de lo que estaba haciendo, para compensar al que es el hombre de mi vida.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
29 abr 2005
Pero bueno, vamos a ver... ¿Estaríamos aquí los hombres sin mujeres o las mujeres sin hombres? La pura biología nos dice que no, porque hemos evolucionado hacia la separación de sexos (si no, el hermafroditismo sería lo normal, y quizá no sería infrecuente el nivel máximo de parentesco entre padres, la autogamia). Por mí, igual se merecen los hombres que joden a las mujeres que las mujeres que lo hacen con los hombres (siempre que la víctima sea inocente, tanto en un sexo como en otro): la muerte. Porque quien no respeta un derecho fundamental como son la libertad, la vida y otros más, no los merece. ¿O acaso es de "justicia" que se suelte a criminales y se diga "LIBRE CON CARGOS" un día sí y otro también en las noticias? ¿Es justo que por ejemplo que a este hombre que ha salido esta semana en las noticias le hayan echado la culpa de haber matado a su mujer, cuando luego se ha demostrado que los restos (14) que había en el patio era (13) óseos de animal (no humano) y uno ni siquiera era resto orgánico? Tanto unos como otros hemos de evolucionar mucho todavía. Si no, difícil veo yo que superemos tanto el mito del "macho ibérico" como el de las amazonas. A ver si llega pronto la primavera en este sentido, porque en esto todavía estamos a mediados del invierno. Salud, Paz y Libertad a to'quisqui.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
17 mai 2005
No he podido leer todo, la verdad que me parece muy interesante y realmente pienso que el termino empleado de machismo es un fuerte maltrato de la mujer hacia el hombre, en realidad elllas no son feministas si no realmente hembristas. En realidad yo soy uno de esos Hombres(sin comillas), que piensan que todo este movimiento hembrista esta muy bien, nos favorece y no nos perjudica en absoluto, sobre todo ahora que ya llega el buen tiempo, y las mujeres se liberan de sus ropas y nos hacen los paseos, los trabajos, etc etc, tan agradables, antes si querias ver unas buenas piernas o unas buenas tetas, te tenias que ir a un cabaret, ahora ya no es necesario, nos lo ofrecen gratis, claro que si, viva la evoluc..... digo la revolucion de la mujer y viva el movimiento hembrista, antes habia que pagarlas ahora salen gratis, y piensan que se nos tiran, una autentica pena, Una frase que he llegado a escuchar y que me llego al alma "Tanta golfa y yo tan viejo", Siento que estas hembristas han perdido los papeles totalmente y ni siquiera se dan cuenta.
Feminismo o Marimachismo
27 mai 2005
Hemos sido educados en una sociedad injusta y contraria al desarroyo de las potencialidades humanas innatas. Os acordais de cuando os hacian repetir "mi mamá me mima mucho" hasta la saciedad cuando ya erais capaces incluso de realizar obras de arte. La actitud machista de que la mujer es el sexo debil, por lo que necesita ser defendida por un hombre, es erronea. ¿Acaso un ser humano es algo comparado con todo un país? ¿Que hacen los neonazis? Son valientes 5 contra 1. Sin embargo habemos muchos hombres más inteligentes e intuitivos que la mayoria de las mujeres. No por ello no ha de haber mujeres mucho mas listas que la mayoria de los hombres. Con esto quiero decir que si una mujer estúpida y mala te quiere buscar un problema, es el hombre en este caso el que tiene las de perder. ¿Donde está la igualdad? Está claro que la mujer en una sociedad machista tiene más poder individualmente que un hombre. ¿Por que no se habla de los hombres que han sido maltratados por sus mujeres? ¿Por qué tanta hipocresía? ¿Por qué le llaman feminismo cuando lo que quieren decir es marimachismo o mejor aún misoginia femenina?

Quiero una mujer de la que pueda enamorarme
Quiero una feminista librepensadora
que esté a mi lado en mis momentos amargos
Si tu eres la mujer de mi vida, por favor
escribeme.

Las formas de poder de una mujer son más sutiles
y retorcidas que las de un hombre. Normalmente.
Pero tened en cuenta una cosa: El ser humano no
es lo máximo en este mundo. No somos la especie
con más poder en el mundo. Tened en cuenta que
existen otros mundos. ¿extraterrestres? Puede ser.

¿Acaso el hombre es perfecto? Igual que la mujer!
No lo es, pero la perfección exsiste. Es mi opinion.

Un saludo a todas las feministas librepensadoras
y que su mayor ambición es hacer feliz al hombre
del que están enamoradas.

Un besazo!
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
21 jun 2005
hmm esta xevere
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
05 ago 2005
deseo 10 ejenplos de heterogeneas
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
05 set 2005
Yo creo que la guerra entre sexos es evidente, y ponerse a pensar en una paz, tregua o pacto entre toda la raza humana en el que se acuerde una armonia impereceredera no es solo una utopia, es una mentira falsa e hipocrita.

Ante esta guerra solo se puede escojer bando, yo, un hombre, me decanto por el bando machista, y aceptare y entendere que una mujer se meta en el bando hembrista. Los que quieran una tregua la solución es obvia: Compraros una montaña, plantad marihuana y sed felices. Mientras, los sobrios, nos dedicaremos a esta lucha de poder, logica y necesaria, en la que trataremos de sacar el mayor beneficio logicamente.

"El hombre es egoista"
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
23 set 2005
para"un hombre ":

lee, por dios, lee.
Entérate bien de que significan palabras como feminismo,feminidad,hembra...que tan a la ligera utilizas.
Por favor...lee...entre paja y paja al menos.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
27 set 2005
Veo que casi ninguna contestación es seria... estoy de acuerdo sólo en parte del texto inicial. Lo que sí me da vergüenza ajena es que tengan que ser de mi mismo género las que contesten aludiendo a los genitales y ese tipo de "agumentos". Os rebajáis vosotras mismas...
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
27 set 2005
Verdades progres:

Sólo los blancos son racistas
Sólo los hombres son sexistas
Sólo la derecha es intolerante
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
01 oct 2005
Edades de los hombres
Antes de los 29 son como el arbusto del jardin, duros y bien dispuestos.
Hasta los 49 son como el roble, fuertes y confiables.
Y a partir de los 50 son como los arbolitos de navidad, con las bolitas de adorno.
Perdeis mas que ganais
01 nov 2005
DECOSNTRUYENDO EL HEMBRISMO
Este será mi último artículo en el weblog. Lo encontré publicado en un foro que ahora no me acuerdo cual es. Supongo que al autor no le importará que lo publique.


PATRIARCADO Y FEMINISMO

El dominio del hombre (el patriarcado) ha sido patente desde el principio de la humanidad. La mujer ha ocupado una posición subordinada a lo largo de toda la historia.

Por patriarcado se entiende toda organización política, religiosa, económica o social que relaciona la idea de autoridad y liderazgo con el varón y en la que éste desempeña la gran mayoría de los puestos de dirección.

Todos los antropólogos coinciden en que el patriarcado es universal y antiquísimo, pues a pesar de la gran variedad de sistemas políticos, religiosos, económicos y sociales que a lo largo de la historia han existido, no ha habido un solo ejemplo en el que no se haya dado el patriarcado, es decir, en el que la autoridad no haya recaído en el hombre.

Las feministas sostienen que si no hay constancia de la existencia de sociedades dominadas por mujeres es debido a que, según ellas, la historia ha sido escrita por los hombres; argumento ridículo porque es tanto como admitir que los hombres han sido capaces de escribir algo (la historia) que las mujeres no han sabido igualar.

Lo cierto es que el patriarcado ha existido siempre. Así, en las sociedades primitivas, en las que las necesidades alimentarias tenían que cubrirse con el propio trabajo, las mujeres solían encargarse de las tareas agrícolas y los varones de las que requerían fuerza y rapidez, como la caza, el apacentamiento del ganado y la guerra. Además, ejercían la autoridad.

Grecia continuó también con el régimen patriarcal. Con los griegos, la mujer estuvo relegada al cuidado del hogar y excluida de la educación y de las decisiones políticas. Más tarde, Roma no hizo sino consolidar ese patriarcado. La legislación romana (base de la europea y estadounidense) sometió a la mujer a la patria potestad del marido, siendo considerada como de su posesión. No tenía control legal sobre su persona, ni sobre sus tierras, su dinero o sus hijos.

No obstante, también hubo en la antigüedad algunas excepciones en cuanto a la posición secundaria de la mujer. Así, en Babilonia y en Egipto, las mujeres tenían derecho a la propiedad y podían ser reinas. Y en los pueblos germanos, gozaban de los mismos derechos que los varones y podían participar en la vida pública.

En la Edad Media, la legislación feudal fusionó el derecho romano y el germano, de manera que la mujer vio suavizada su situación, aunque siguió estando considerada como un ser inferior. Así, como las tierras se heredaban por línea masculina (lo que implicaba un cierto poder político), la subordinación de la mujer continuó existiendo. Aún así, podía formar parte de los gremios artesanos.

Pero a finales de la Edad Media (siglo XIII), debido a la influencia de la Iglesia, hubo un retroceso en la consideración de la mujer, al regresarse a los principios del Derecho Romano. Precisamente, a la influencia de la Iglesia y a su tribunal, la Inquisición, se debió la enloquecida caza de brujas, iniciada en Alemania en el siglo XIV y continuada en toda Europa hasta el siglo XVII.

Las feministas sostienen que la quema masiva de brujas no sólo fue un hecho de índole religiosa, sino también un movimiento de rechazo de la mujer. De hecho, el 85 por ciento de las personas condenadas a la hoguera fueron de sexo femenino.

En el siglo XV, una mujer, Christine de Pisan, escribió un libro titulado El libro de la Ciudad de las Mujeres, que es considerado como el primer tratado feminista europeo y su autora, como una de las precursoras del feminismo

En la sociedad de finales del siglo XVIII (el Siglo de las Luces) se produjeron dos importante acontecimientos que acabarían siendo decisivos para el futuro de la humanidad y para el nacimiento del feminismo: la Revolución Industrial inglesa de 1750 y la Revolución francesa de 1789, ambas curiosamente impulsadas por varones.

La Revolución francesa significó la caída de la Nobleza de los centros de poder, la ascensión a ellos de la burguesía y la implantación de un clima de igualdad que se vio interrumpido con la aprobación del Código Napoleónico, basado en el Derecho Romano.

Por su parte, la Revolución Industrial, con el descubrimiento de la máquina de vapor, trajo consigo la mecanización agrícola. La agricultura comenzó a prescindir de una gran parte de mano de obra que se vio obligada a refugiarse en la industria. Poblaciones enteras empezaron a emigrar de los campos a los talleres manufacturados.

Los cambios producidos en la industria, junto a los primeros avances de la ciencia en lo referente al control de natalidad, llevaron a las mujeres de clase baja a integrarse en el mundo del trabajo asalariado. Y es que, mientras que el trabajo humano estuvo basado en la fuerza física, y mientras que la mayor causa de morta lidad femenina estuvo provocada por la maternidad, la posición tradicional de la mujer no se cuestionó. Pero a partir del desarrollo del sistema industrial (sustitución de la energía física por mecánica) y del avance de la ciencia en lo referente al control de natalidad, la posición tradicional de la mujer empezó a quedar vacía de contenido.

La incorporación de las mujeres al trabajo asalariado supuso el comienzo de su independencia y liberación. Aunque pronto se dieron cuenta de que el camino no iba a ser fácil. Porque lejos de lograr la igualdad con el varón, vieron que se enfrentaban a tres tipos de discriminación: la económica (cobraban menos por idéntico trabajo y no tenían acceso a ciertas áreas de decisión), la jurídica (las leyes subordinaban sus derechos a los de sus maridos, estando sus salarios controlados legalmente por ellos) y la política (no tenían derecho a voto).

Para luchar contra esta situación, las mujeres de dos de los países más industrializados y de mayoría protestante (Estados Unidos y Gran Bretaña) iniciaron el movimiento feminista (también conocido como movimiento por la liberación de la mujer). Las feministas eran mujeres cultas de clase media. Su objetivo era acabar con la dominación histórica del hombre sobre la mujer, dominación que atribuían a la desigualdad de derechos y oportunidades.

El feminismo se desarrolló primero en los EE.UU. Sus mujeres fueron pioneras para las del resto del planeta. Se inició, tras la Guerra de la Independencia de 1776. Primero reivindicaron el derecho a la propiedad y, más tarde, al sufragio (al voto), por lo que fueron llamadas "sufragistas". Precisamente, en la consecu ción de este derecho es en lo que se centró el movimiento feminista durante los siglo XVIII, XIX y XX.

Hay que recordar, no obstante, que el derecho al voto de la mujer sólo empezó a constituir un problema cuando amplios sectores de la población masculina, que hasta entonces tampoco habían tenido ese privilegio, lo obtuvieron con la llegada de las democracias representativas, surgidas después de las revoluciones liberales y democráticas de los siglos XVIII y XIX. Porque no hay que olvidar que con las formas de gobierno autocrático que habían existido hasta ese momento, tanto en la época antigua, como bajo los regímenes feudales, el sufragio había estado restringido incluso entre los varones. En Grecia, la mitad de la población, que era esclava, no votaba. Y en Roma sólo los patricios, que constituían la tercera parte de la población, tenían derecho a voto.

Las sufragistas poco a poco fueron extendiendo sus demandas a muchas otras áreas de la sociedad. Porque hay que tener en cuenta que, en aquella época, las mujeres no sólo no podían votar, sino que tampoco podían afiliarse a grupos políticos, ni ocupar cargos públicos. Y en la esfera económica tenían también grandes dificultades, pues todas las propiedades eran de los maridos y de los padres. No podían poseer negocios propios ni realizar movimientos de dinero sin contar con la autorización de ellos. Asimismo, su educación era deliberadamente descuidada, por lo que el porcentaje de analfabetismo entre ellas era muy grande.

Durante la primera mitad del siglo XIX, las sufragistas norteamericanas ejercieron la lucha por sus derechos dentro del movimiento abolicionista (antiesclavista). Pero más tarde, decidieron crear un movimiento propio, dedicado exclusivamente a salvaguardar los derechos femeninos.

En 1848, más de 100 mujeres celebraron en la capilla de Séneca Falls de Nueva York, la primera convención sobre los derechos de la mujer. Dirigida por la abolicionista Lucretia Mott y por la feminista Elizabeth Cady Stanton, entre sus principales exigencias estaban el derecho a votar en las elecciones y a desempeñar cargos públicos. Sin embargo, en EE.UU., el derecho a voto para la mujer no se consiguió hasta el año 1920. Efectivamente, poco después de la I Guerra Mundial, el Congreso norteamericano aprobó la 19ª Enmienda a la Constitución, que determinaba que "ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberá negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo". La 19ª enmienda se convirtió en ley nacional en el año 1920.

Por esa época (final de la I Guerra Mundial), el acceso de la mujer a los estudios universitarios y a las diversas profesiones era ya posible en EE.UU. y Europa, y su participación en algunas de esas profesiones, como la médica y la de derecho, era considerable.

En Gran Bretaña, el movimiento a favor del sufragio femenino se desarrolló de forma paralela al de Estados Unidos, aunque en las últimas etapas utilizaron tácticas más enérgicas y violentas (boicoteos, bombas, piquetes, roturas de ventanas).

La gran figura británica, pionera en la lucha por los derechos de la mujer, fue la escritora Mary Wollstonecraft. Su obra más importante, Vindicación de los derechos de la mujer (1792), es uno de los documentos feministas más relevantes del siglo XVIII. La autora desafiaba la idea del filósofo francés Rousseau de que las mujeres pensaban de forma distinta. "Las almas no tienen sexo", declaró.

En Gran Bretaña, la primera reunión por los derechos femeninos tuvo lugar en 1855. La publicación (1869) de Sobre la esclavitud de las mujeres, de John Stuart Mill, atrajo la atención del público hacia la causa feminista británica, sobre todo en lo relativo al derecho de voto.

Los pensadores socialistas también aportaron sus primeras formulaciones a la causa del feminismo, con obras como La mujer ante el socialismo (1883), de August Bebel, o El origen de la familia, la sociedad privada y del Estado (1884), de Friedrich Engels.

En 1918, cerca ya del final de la I Guerra Mundial, el Parlamento británico concedió el derecho a voto a todas las mujeres que fueran cabeza de familia, esposas del cabeza de familia y graduadas universitarias de más de 30 años. En 1928, lo amplió a la edad de 21 años.

Nuestro país concedió el voto a las mujeres en el año 1931, durante la II República. Asimismo, la Constitución actual de 1978 establece la igualdad ante la ley, sin distinción de sexo. La única discriminación que, según las feministas, perdura en el texto constitucional se encuentra en el artículo 57, que al regular la sucesión a la Corona prefiere el varón a la hembra. Hay que explicar, no obstante, que esto tiene una cierta lógica. Y es que, como el Rey es al mismo tiempo Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y como las mujeres no hacían la "mili", no era lógico que pudieran ocupar la más alta jerarquía en el ejército sin ocupar también los escalones más bajos (la tropa). Es decir, no era lógico aspirar a tener los mismos derechos sin tener también las mismas obligaciones. Y es que, donde sí ha existido discriminación es en la aplicación del artículo 14 de la Constitución, el que se refiere a la igualdad de todos los españoles ante la ley sin distinción de sexo, pues la mujer, sólo por serlo, ha estado siempre exenta del servicio militar.

Desde el nacimiento del feminismo hasta hoy, la mayoría de las naciones han ido promulgando leyes en favor del sufragio femenino. En la actualidad, las mujeres pueden votar ya prácticamente en todo el mundo, con la excepción de algunos países musulmanes (Kuwait, Jordania y Arabia Saudí), en los que aún no tienen reconocido ese derecho .

Con la extensión generalizada del voto femenino durante el siglo XX, apareció un nuevo feminismo centrado en aspectos ligados a la condición social, económica y política de la mujer. Como textos clave de esta segunda ola figuran El segundo sexo (1949), de Simone de Beauvoir; La mística de la femineidad(1963), de Betty Friedan; Política sexual (1969), de Kate Millett; El eunuco femenino (1970), de Germaine Greer; Nacida mujer (1977), de Adrienne Rich, y Ginecología (1979), de Mary Daly. Textos más recientes son El mito de la belleza(1990), de Naomi Wolf, y Reacción (1992), de Susan Faludi.

Desde 1910, cada 8 de marzo se celebra en todo el mundo el Día Internacio nal de la Mujer. El origen de esta fiesta se encuentra en el suceso ocurrido en el año 1908, cuando 129 trabajadoras de la empresa Cotton de Nueva York se declararon en huelga y ocuparon la fábrica en la que trabajaban para reclamar algunos derechos laborales. Ante su negativa a desalojar las instalaciones de la empresa, fueron atacadas con bombas incendiarias, muriendo calcinadas todas ellas en el interior del edificio.

Dos años más tarde, en 1910, el II Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, celebrado en Copenhague, y a propuesta de la feminista alemana, Clara Zetkin, proclamó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Lentamente, y a medida que el feminismo ha ido cobrando fuerza en todo el mundo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora ha ido perdiendo su carácter obrero para convertirse en una jornada de lucha por los derechos de la mujer y, últimamente, casi en una jornada de lucha contra el hombre. Año tras año, miles de mujeres salen a las calles de todo el mundo para demandar nuevos derechos, defender los ya conquistados, luchar contra aquellas leyes que las discriminan o que rechazan el principio de igualdad entre sexos y proferir lemas agresivos contra el varón.

Según las feministas, las mujeres sufren una opresión no compartida por los hombres y de la que, por lo general, son ellos los beneficiarios políticos, económicos, sociales y emocionales. Para las feministas, la opresión de la mujer es, de todas las existentes, la más universal, pues, según ellas, dentro de todos los sectores marginales existe otra opresión interior más: la de la mujer. Ãsta se convierte en la marginada del marginado.

Hoy día, debido a los métodos anticonceptivos (que han liberado en gran parte a la mujer de la maternidad), a la carestía de la vida (que lleva a muchas familias a necesitar dos salarios para vivir) y al gran número de parejas que se divorcian, la afluencia de mujeres al mercado de trabajo es mayoritaria. Por eso, las reivindicaciones por las que pelean hoy los grupos feministas tienen mucho que ver con esta situación. Por ejemplo, el derecho a la igualdad de salarios y oportunidades en el mundo laboral; el reconocimiento de las tareas del hogar por parte del Estado y la lucha contra el acoso sexual en el trabajo.

Ahora bien, existen otras reivindicaciones, igualmente importantes. Por ejemplo, la lucha contra los malos tratos y las violaciones. O la cruzada contra la discriminación de la mujer dentro del integrismo islámico. O contra la mutilación genital practicada todavía en muchos países (Pakistán, Egipto, casi todo el Oriente Medio y varios de los países del �frica subsahariana, como Etiopía, Sudán, Kenia, Somalia, etc.). Se supone que hay unos 100 millones de mujeres a las que les han sido mutilados sus órganos genitales, y se calcula que cada año, unos dos millones de niñas sufren este trato. Hay que recordar, no obstante, que quienes realizan esta práctica salvaje son precisamente mujeres; mujeres ancianas, experimentadas o comadronas, que transmiten esa tradición de madres a hijas. Por tanto, la mutilación genital no puede ser atribuida exclusivamente al machismo universal, dado que quienes la llevan a cabo son personas de sexo femenino. Más bien debe ser achacada a las costumbres bárbaras y atrasadas de esos pueblos.

De todas formas, la reivindicación principal del movimiento feminista sigue siendo el acceso de la mujer al poder. No hay que olvidar que sólo 24 mujeres han llegado a gobernar su país a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Las feministas afirman que el hecho de que la mujer represente más de la mitad del electorado (el 54%) y que, pese a ello, sigan siendo los hombres los que gobiernan casi todos los países, es una prueba de la discriminación existente. Y es que, pese a que el sexo femenino puede ocupar ya cargos públicos en la mayoría de los países desarrollados, continúa siendo el varón el que ostenta el poder en casi todos ellos. Así, en la mayoría de las monarquías actuales, las mujeres solamente asumen el poder cuando no existe un varón equivalente (es el caso, por ejemplo, de la monarquía española). Y en los países no monárquicos, pero con democracia representativa, aunque ha habido mujeres que han llegado a alcanzar la más alta jerarquía en ellos (Golda Meir en Israel, de 1969 a 1974; Indira Ganhdi en la India, de 1966 a 1977 y de 1980 a 1984; Margaret Thatcher en Gran Bretaña, de 1979 a 1990; Benazir Bhutto en Pakistán, de 1988 a 1990 y de 1993 a 1996, y Corazón Aquino en Filipinas, de 1986 a 1992, entre otras), lo cierto es que las cifras globales continúan siendo irrisorias. Además, incluso en esos países, el hombre ha seguido ejerciendo la autoridad en proporciones abrumadoras, ya que la mayor parte de los puestos de mando han continuado estando en sus manos. En España, por ejemplo, más de las 3/4 partes de los parlamentarios siguen siendo varones.

Pero la situación jerárquica del hombre no sólo se da en la política, sino en cualquiera de los ámbitos de la sociedad. Así, por ejemplo, los grandes banqueros, los grandes empresarios y los grandes millonarios son varones. Y las universidades, los hospitales, los medios de comunicación, etc. están también en manos masculinas.

En definitiva, el buen funcionamiento de la sociedad depende del varón. Por ejemplo, la economía. Las principales actividades económicas están integradas exclusiva o mayoritariamente por los hombres: la pesca (los barcos de pesca), la industria maderera (muebles y papel), la industria de la construcción, la agricultu ra, la ganadería, el transporte urbano (autobuses, taxis), el transporte por carretera (camiones), el transporte marítimo (barcos mercantes), el transporte aéreo (pilotos), la industria del automóvil, los talleres mecánicos, la carga y descarga, las minas, las canteras, las extracciones petrolíferas, etc. Los varones, como se ve, abarcan todos los sectores del mercado laboral, mientras que el 80 por ciento del empleo femenino se concentra en el sector servicios (enseñanza, sanidad y oficinas).

En España, las mujeres constituyen el 70 por ciento de los profesionales de la enseñanza. De hecho, representan el 82 por ciento del profesorado de educación infantil, el 60 por ciento del de primaria y el 50 por ciento del de bachillerato. Pero, pese a ello, la presencia femenina en los escalones más altos de la docencia es minoritaria. Así, sólo el 34 por ciento de los profesores universitarios que hay en España son mujeres. Y el 15 por ciento de los catedráticos de facultades y escuelas universitarias son femeninos. Asimismo, de los 68 rectores de universidad que hay en nuestro país (cargo elegido entre los catedráticos), únicamente 4 son mujeres.

En EE.UU., el 83 por ciento de los maestros de primera infancia son mujeres; sin embargo, el 81 por ciento de los directores de los colegios son hombres.

Otro tanto ocurre en la sanidad. El 96 por ciento de las enfermeras de EE.UU. son mujeres, pero casi todos los directores de hospitales son hombres. Y en la antigua URSS, la mayoría de los médicos eran femeninos, sin embargo, a medida que se ascendía en los puestos directivos dentro de la Medicina, el porcentaje de mujeres iba decreciendo, hasta llegar a la cúspide, en donde los hombres eran ya la mayoría.

En la justicia la situación es exacta. Cierto que en España cada día hay más jueces que son mujeres, pero éstas siguen sin llegar al Tribunal Supremo y al Constitucional. No hay ninguna mujer en el primero y sólo una en el segundo.

Como se ve, cuanto más alto es el nivel de mando, tanto mayor es el desequilibrio existente entre hombres y mujeres, incluso en profesiones en que ellas son mayoría.

Los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) también están dirigidos por varones. Las feministas ven en esto una discriminación, así como en el hecho de que en ellos se dedique más espacio al hombre que a la mujer, tanto en informaciones generales, como en artículos firmados o en fotos (sólo el 9% de los nombres propios que aparecen en la prensa diaria son femeninos).

Pero, claro, esto sería una discriminación si el acceso a la dirección de los medios informativos estuviera vedado a la mujer (cosa que no es cierta) y si el protagonismo del sexo femenino en la sociedad fuera tan grande como el masculino (que tampoco lo es). Porque lo que sí es cierto (como hemos visto más atrás) es que los grandes banqueros, los grandes empresarios, los grandes millonarios, los grandes políticos, los grandes científicos, los grandes periodistas, los grandes presentadores de radio y televisión, los grandes actores, los grandes directores de cine y teatro, los grandes grupos musicales, los grandes deportistas, los grandes cocineros, etc. lo son.

El hombre, pues, ejerce la autoridad no sólo en la política, sino en todos los ámbitos de la sociedad. Y no sólo eso. Cualquier sociedad concede más categoría a los roles masculinos que a los femeninos. Cierto que, salvo excepciones, cada rol es masculino en unas sociedades y femenino en otras. Pero cuando una mujer ocupa un puesto que tradicionalmente está considerado en una sociedad como masculino, aquel pierde valor a los ojos de la sociedad. Por ejemplo, la profesión de maestro era antiguamente muy respetada; sin embargo, ahora que la mayoría de los maestros son mujeres, la profesión ya no suscita la misma consideración. Por eso, las feministas han comenzado a decir que el exceso de mujeres en la enseñanza es perjudicial para la sociedad, porque, según dicen, las chicas y los chicos han acabado creyendo que es una profesión de mujeres y por ello los chicos no quieren dedicarse a ella.

Los varones ocupan el poder; pero lo cierto es que las mujeres tienen el 54 por ciento de los votos en las elecciones generales. Por tanto, difícilmente pueden quejarse de estar siendo marginadas en la toma de decisiones políticas. Si no llegan al poder será por otras razones, pero no por falta de participación.

Y es que, al hablar las feministas de discriminación en el acceso al poder, están dando por sentado que es posible convencer a todas las mujeres para que voten en las elecciones a otra mujer. Sin embargo, esta suposición es muy de poner en duda, ya que, como más adelante se verá, el ser humano relaciona la idea de autoridad precisamente con el varón. Esto es así y explica la situación jerárquica del hombre no sólo en la política, sino en cualquiera de los ámbitos de la sociedad.

La idea de autoridad está asociada al varón porque para él la jerarquía y la dominación forman parte de su naturaleza. La autoridad ejerce una atracción más fuerte en los hombres que en las mujeres. Ellos están más dispuestos que ellas a sacrificar su propia vida y otras recompensas por lograr una posición de dominio.
Precisamente, la mayor vulnerabilidad de los hombres a las enfermedades coronarias puede estar relacionada con que las respuestas de estrés neuroendocrino a las exigencias del éxito son más intensas y más frecuentes en ellos.

En el dominio masculino de la sociedad (el patriarcado) influye también la diferente mentalidad existente entre los sexos. A los hombres les interesa el poder y el dinero mucho más que a las mujeres. De hecho, hablan de ambas cosas mucho más que ellas.



EL PATRIARCADO TIENE BASE CIENTÃ?FICA

Las feministas, sin embargo, dicen que no hay nada en la naturaleza de los seres humanos que decrete que tengan que ser los hombres los que dirijan todas las sociedades y que ello es simplemente debido a la mentalización que se practica desde la niñez. Aseguran que las diferencias de comportamiento entre los sexos son producto de las diferencias existentes en la socialización. Es decir, que somos lo que somos debido a nuestros padres y profesores que, a su vez, son un reflejo de la sociedad. Algo así como que los bebés nacen con una mente en blanco donde padres, profesores, etc. van escribiendo lo que quieren.

Creen esto por la influencia que, durante los dos primeros tercios del siglo XX, tuvieron, sobre la conducta animal, las opiniones del fisiólogo ruso Iván Pavlov (descubridor de los reflejos condicionados) y de los psicólogos conductistas americanos, John B. Watson y Burrhus F. Skinner. Todos ellos consideraban que los animales (y en especial los seres humanos) venían al mundo ayunos de programación genética en su cerebro y que su conducta no era más que el resultado del aprendizaje y del condicionamiento social al que eran sometidos.

Ahora bien, esta opinión fue poco a poco perdiendo prestigio por su evidente incompatibilidad con la teoría evolucionista de Darwin y por los descubrimientos logrados en disciplinas académicas tales como la etología (estudio del comportamiento animal), la fisiología (sobre todo, por los descubrimientos logrados por los fisiólogos Lorenz, Tinbergen y Von Frisch, premiados en 1973 con el Nobel de Medicina) y la sociobiología (estudio de la base biológica de la conducta social), fundamentalmente, gracias a los avances llevados a cabo por el naturalista Wilson.

Y es que, el argumento de la socialización como justificación válida para explicar las diferencias de comportamiento entre el hombre y la mujer se enfrenta a varios problemas. En primer lugar, olvida que tales diferencias son universales, y tal uniformidad intercultural es un fenómeno de difícil explicación sin remitirse a algún elemento subyacente de la psique humana. Nuestras diferencias en la conducta se heredan generación tras generación y prácticamente no existen diferencias entre unos pueblos y otros.

En segundo lugar, la socialización no demuestra nada, solamente nos lleva a hacernos otras preguntas: ¿por qué la socialización se orienta siempre en la misma dirección? ¿por qué, si se han estudiado todo tipo de culturas, con todo tipo de grado de desarrollo, no ha habido un solo ejemplo de sociedad matriarcal?

Las feministas dicen que la diferencia universal de los rasgos temperamen tales del hombre y la mujer puede atribuirse al hecho de que todos los habitantes del planeta han evolucionado a partir de un pequeño grupo progenitor, y que sus comportamientos han ido traspasándose generación tras generación. Sin embargo, esta argumentación plantea otra pregunta: ¿por qué el grupo progenitor decidió que las reglas iniciales fueran ésas? Una explicación más lógica sería admitir que hay algo en la naturaleza humana que conduce siempre a la misma respuesta.

La socialización además no puede ser la causa del patriarcado porque en la socialización de toda persona la mujer ocupa el papel principal. El comportamiento de todo ser humano depende en gran medida de lo que aprende de su madre, dado que es con ella con quien establece la primera relación. El bebé no percibe más realidad que la de una madre que le alimenta, le proporciona afecto y le habla. El bebé no entiende el significado de las frases de su madre, pero su cerebro va adquiriendo poco a poco, día a día, el programa de ese idioma. Por eso se habla de "lengua materna" y debería decirse además "cultura materna". Y no sólo eso, sino que más adelante, cuando los niños van al colegio, también se encuentran ahí mayoritariamente con mujeres, pues son éstas las que ocupan el 95 por ciento del profesorado de educación infantil y el 60 por ciento del de primaria. Por tanto, si las diferencias de comportamiento entre los sexos son debidas a la mentalización que se practica en la niñez, habrá que concluir que la culpa de ello la tiene la mujer.

Quizá lo que más se aproxima a una prueba hecha en laboratorio de las hipótesis sobre la socialización sean los kibbutzs de Israel. Los progresistas kibbutzs israelíes, con la idea de eliminar los roles sexuales, crearon en 1910 unas sociedades comunitarias en las que los niños y niñas eran educados colectivamen te, sin padres definidos ni patrones de género de ningún tipo, exactamente igual los unos que las otras. En su afán por desterrar el sexismo, incitaron a los varones a jugar con muñecas y a las niñas a participar en juegos físicos. El resultado fue un estrepitoso fracaso. Los niños, naturalmente, y en contra de las indicaciones de sus maestros, se separaban de las niñas para jugar entre ellos a la guerra y competir por su destreza física y fuerza bruta, y las niñas elegían actividades más comunicacio nales. Y otra cosa importante: desde el primer momento, los hombres ocuparon la mayor parte de los cargos de autoridad.

No es, pues, la socialización la causante del patriarcado, sino la biología. Si las niñas y los niños creciesen en una isla desierta en la que no existiese ningún tipo de sociedad organizada, las niñas seguirían abrazándose entre sí y jugando con muñecas mientras que los niños intentarían competir física y mentalmente entre ellos y tenderían a la formación de grupos con una clara jerarquía. A los animales nadie les enseña nada y, sin embargo, el comportamiento entre los machos y las hembras es completamente distinto.

A lo largo de las tres últimas décadas, el trabajo teórico y empírico realizado en varias disciplinas independientes (neurología, psicología, genética, sociobiolo gía, antropología, paleontología y etología) ha servido para demostrar que el comportamiento humano está en gran medida prefijado por la biología. Así, investigaciones llevadas a cabo en el campo de la genética del comportamiento han puesto de manifiesto que, efectivamente, las diferencias temperamentales tienen un fundamento biológico mucho mayor de lo que se pensaba.

Los métodos de los genetistas del comportamiento para estimar los efectos de los genes y del medio ambiente en el temperamento de los sexos han consistido en examinar los rasgos de los gemelos y de los hijos adoptados.

Los estudios sobre gemelos han partido de la base de que los gemelos iguales (o monozigóticos) son prácticamente idénticos desde el punto de vista genético, puesto que son el resultado de la división de un único huevo fertilizado (el zigoto), mientras que los gemelos fraternos (o dizigóticos), que son el resultado de la fertilización de dos óvulos por dos espermatozoides, no son más iguales genéticamente que cualquier otro par de hermanos. Pues bien, se ha comprobado que el comportamiento de los gemelos idénticos (monozigóticos) es más parecido entre sí que el de los gemelos fraternos del mismo sexo,

Otro método para comprobar la influencia de la biología en el comporta miento humano ha sido el de comparar el parecido entre sí de gemelos idénticos criados juntos y el parecido de ese tipo de gemelos criados por separado. Se ha demostrado que el comportamiento de los gemelos criados por separado sigue siendo tan similar entre sí como el de los gemelos criados juntos, lo que permite deducir que las influencias ambientales son relativamente poco importantes y que el rasgo temperamental está claramente marcado por la biología.

Por último, los genetistas del comportamiento han utilizado dos métodos más: uno ha sido el de comparar el parecido temperamental de hermanos adoptados criados por separado y otro, el de comparar el parecido de esos niños adoptados con el de sus hermanos sin parentesco consanguíneo. Si los hermanos adoptados criados en hogares distintos se siguen pareciendo entre sí más de lo que se parecen a sus hermanos sin parentesco consanguíneo, eso demuestra una vez más que el rasgo temperamental está claramente influido por los genes.

Queda claro, pues, que antes de que la sociedad pueda influir en nuestro cerebro, ya lo ha hecho la biología. Y como además la influencia biológica es inevitable, la conclusión a la que se llega es que el patriarcado es inevitable.

Decir que el patriarcado es inevitable significa que lo es por razones biológicas, esto es, que la biología excluye la posibilidad de que exista un solo sistema social en el que la autoridad no sea patrimonio de los hombres y en el que la conducta masculina no se manifieste en forma de dominio y de éxito para conseguir los roles y posiciones de poder.

La inevitabilidad del patriarcado tiene como base el razonamiento científico.
Una de las principales aportaciones de las últimas investigaciones científicas es la confirmación de que existen importantes diferencias cerebrales entre el hombre y la mujer. Estudios hechos tanto sobre animales como sobre seres humanos han dejado claro que las hormonas sexuales tienen un efecto sustancial en el comportamiento. Los estudios realizados sobre niños pequeños han puesto de manifiesto que el comportamiento marcado por el sexo se desarrolla a tan temprana edad que no es razonable una explicación basada únicamente en el condiciona miento social.

Los niños desarrollan preferencias de tipo sexual antes de aprender los estereotipos del rol al que pertenecen. Hay en ellos, por ejemplo, una tendencia innata a jugar con los de su mismo sexo, cosa que también vemos en los primates no humanos, entre los que, como es lógico, la transmisión cultural es mínima. La tendencia de los niños a preferir compañeros de juego del mismo sexo se debe a la diferente forma de interactuar unos con otros. Esta tendencia se inicia tan pronto que ya se observa a los 3 años.

Todos los descubrimientos científicos apuntan hacia un fundamento biológico del comportamiento, y tomados conjuntamente resultan aplastantes. El hombre y la mujer son física, biológica y psicológicamente muy diferentes, y son estas diferencias las que dan al varón el dominio de la sociedad. Los hombres, por ejemplo (como todos los demás machos animales), son por naturaleza más agresivos. También es propio de los ellos la defensa del territorio que consideran de su propiedad. Son más susceptibles de generar dependencias negativas, es decir, se enganchan con más facilidad al tabaco, a las drogas, al alcohol, al juego o al sexo. Las mujeres, por su parte, son más proclives a desarrollar conductas adictivas relacionadas con la estética (bulimia o anorexia) o con las compras. En España se calcula que hay medio millón de personas afectadas de anorexia, de las cuales, el 90 por ciento son mujeres, especialmente adolescentes. Y los psiquiatras han constatado una mayor adicción patológica de las mujeres a las tiendas y a la cleptomanía (impulso a robar), manifestaciones que se activan alrededor de la menstruación y durante el embarazo.

De todas formas, una cosa debe quedar clara y es que la ciencia no podrá llegar nunca a demostrar que un sexo es superior a otro. Un juicio general sobre la superioridad o inferioridad de los sexos no tiene sentido más que en el contexto de la escala personal de valores de cada uno. Se puede hablar de superioridad en un sector específico. Por ejemplo, los hombres son superiores en estatura y las mujeres lo son cuando se trata de alcanzar las notas más agudas en el canto. La objetividad científica se pierde cuando se dice que los varones son superiores en general. Para demostrar esto hay que seleccionar subjetivamente un conjunto de criterios.



DIFERENCIAS FÃ?SICAS

Lo que sí es cierto es que el cuerpo del hombre es por término medio un 8 por ciento más grande, un 10 por ciento más pesado y un 7 por ciento más alto que el de la mujer. Esto hace que, en promedio, el macho humano sea un 30 por ciento más fuerte que la hembra, ya que su tejido muscular pesa poco más o menos el doble (alrededor de 26 kg de músculos en él frente a los aproximadamente 15 kg en ella). Además, es más rápido y posee una mayor resistencia a la fatiga.

La menor talla de la mujer (y de la mayoría de las hembras animales) es debida a la producción en sus ovarios de estrógenos (hormona femenina), que frenan el crecimiento del cuerpo, mientras que los andrógenos u hormonas masculinas (de las cuales, la principal es la testosterona, aunque hay otras, como la nandrolona, mesterolona, estanozolol, etc.) fortalecen el cuerpo y aumentan el crecimiento de músculos y huesos.

La desventaja física de la mujer es evidente. En cualquier disciplina deportiva, ya sea de velocidad, resistencia o fuerza, las diferencias entre los registros conseguidos por los hombres y los de las mujeres son del orden del 10 por ciento. Y esto es debido a las desigualdades hormonales, es decir, al hecho de que las chicas, debido a los estrógenos, terminen el crecimiento dos años antes que los chicos. Esta es la principal desventaja física de la mujer respecto del hombre.

Pero hay otras más. Los hombres, debido también a la testosterona, poseen una mayor masa muscular. Por eso, algunos atletas ingieren testosterona como anabolizante esteróideo con el fin de aumentar su musculatura. Además, el corazón y los pulmones masculinos son de mayor tamaño y mueven una superior cantidad de sangre (5 litros de promedio en ellos y 4,5 en ellas), lo que se traduce en un mayor transporte de oxígeno a los músculos. Esto, unido a que el hombre posee también un mejor transporte de calcio al interior de las células, hace que el rendimiento del músculo masculino sea superior al femenino en un 10 por ciento.

Los varones, además, tienen la mitad de grasa que las mujeres. La testosterona ayuda a que el varón tenga una proporción corporal de grasa de un 12 por ciento, frente a un 40 por ciento de proteínas. Sin embargo, en las chicas es distinto. Como sus hormonas (estrógenos y progesterona) distribuyen las grasas y las proteínas por todo el cuerpo, tienen una proporción de un 25 por ciento de grasa frente a un 23 por ciento de proteínas. En los deportistas profesionales, el porcentaje de grasa corporal en los hombres es de un 4 por ciento y en las mujeres, de un 9 por ciento. Y téngase en cuenta que la grasa representa una sobrecarga inútil, un lastre que hay que desplazar y que, al contrario que el músculo, es incapaz de generar fuerza o movimiento. La grasa dota al cuerpo femenino de una de sus señales más características: la curvatura de la silueta.

Por otro lado, dado que las mujeres dan a luz entre las piernas, la naturaleza las ha dotado de una pelvis mucho más ancha para el momento del parto. Y es que, al ir aumentando la inteligencia de los homínidos, el tamaño cerebral de las crías fue creciendo, lo que provocó el incremento de la distancia de las cabezas de los fémures femeninos para adecuarse al momento del nacimiento; del nacimiento de unas crías cuyo cerebro era cada vez mayor. El parto fue haciéndose progresiva mente más traumático, hasta convertirse en la primera causa de muerte de las hembras humanas. La pelvis ancha trajo consigo también la separación de sus piernas y la particular forma femenina de caminar, con su característico balanceo de caderas. Ahora bien, esta configuración ósea disminuye la eficacia mecánica de las piernas en la carrera y propende a un mayor riesgo de lesiones de rodilla.

Todas estas circunstancias hacen que la capacidad física del varón sea claramente superior a la de la mujer. Es decir, no sólo hay diferencias físicas entre el hombre y la mujer, hay además una evidente jerarquía física entre ambos, jerarquía que ha creado la naturaleza.

Las feministas, empero, dicen que el mayor tamaño del sexo masculino no le coloca en una posición de superioridad, sino todo lo contrario, pues a más talla, más necesidad de alimentos. Y para demostrarlo, ponen como ejemplo el caso de los dinosaurios, a los que su talla, dicen, acabó resultándoles un problema para su supervivencia.

Pero, claro, hay que tener en cuenta que si bien es cierto que la mayor talla se traduce en una superior necesidad de alimentos, también es verdad que el hombre ha sabido compensar siempre esa mayor demanda, con una superior capacidad para conseguirlos.

Y en cuanto a comparar a los dinosaurios con el hombre, es simplemente absurdo. Primero, porque no es cierto que la talla de los dinosaurios se convirtiera en un problema para ellos, sino al contrario. Gracias a su tamaño, los dinosaurios eran los reyes del planeta. Segundo, porque la desaparición de esos animales no fue debida a su gran tamaño, sino al impacto sobre la Tierra de un meteorito. Los dinosaurios tenían, en efecto, un gran tamaño, pero poseían un cerebro muy pequeño en relación con su cuerpo. El varón, en cambio, dispone de un cerebro totalmente proporcionado a su tamaño; un cerebro, por cierto, que es un 14 por ciento más grande que el de la mujer.

Las feministas tampoco consideran que la mayor fuerza muscular del hombre sea una ventaja para él, pues, según dicen, los beneficios que el varón ha podido sacar de su mayor fortaleza en el pasado, han quedado totalmente supera dos en la actualidad, con las máquinas existentes, ya que éstas realizan ahora casi todo el trabajo que antes se hacía a base de músculos.

Pero esto no es cierto, porque está demostrado que la fuerza muscular es útil para muchas cosas. Por ejemplo, para encontrar empleo. Porque todavía hay trabajos en los que la fuerza muscular es necesaria para realizarlos, como albañil, minero, mecánico, bombero, repartidor de gas y muchos otros. Precisamente ésta es una de las razones por las que el desempleo afecta más al sexo femenino que al masculino (el número de mujeres en paro es el doble que el de hombres. Concretamente, en España el porcentaje de mujeres en paro es del 20,2 por ciento y el de hombres, del 9,3 %). Y es que, como hemos visto antes, los varones, gracias a su mayor fortaleza, pueden abarcan todos los sectores del mercado laboral, mientras que las féminas sólo buscan trabajo en actividades que les resultan cómodas: enseñanza, sanidad y oficinas. No hay casi mujeres en la industria (13%), ni en la agricultura (6%), ni en la construcción (1%). No hay, pues, casi mujeres que sean albañiles, mineras, mecánicas, camioneras, taxistas, repartidoras de gas, fontaneras, soldadoras, barrenderas, sepultureras, limpiadoras de alcantarillas, vigilantes jurados, policías o bomberas.

En cualquier caso, queda claro que la fuerza muscular es útil, entre otras cosas, para encontrar trabajo. Pero no sólo sirve para esto; también, por ejemplo, para defenderse de los demás. No se olvide que hoy, como siempre, el máximo peligro en la sociedad es el propio ser humano. La fuerza física sigue siendo muy útil, por tanto, para luchar contra las agresiones de todo tipo, incluidos los malos tratos domésticos y las violaciones. Téngase en cuenta que la violencia doméstica se cobra cada año una media de 60 víctimas femeninas por 7 masculinas.

Las feministas aseguran que la fuerza muscular no es la causante de los malos tratos. Para ellas, esta violencia es ideológica. Está basada, dicen, en la relación de poder del varón sobre la hembra y en la falta de independencia económica de la mujer casada respecto del marido. Afirman, asimismo, que las violaciones están causadas por la falta de respeto del hombre hacia la mujer.

Pero no es cierto. Los malos tratos se producen porque el sexo masculino es más fuerte y violento que el femenino. Y las violaciones, por ese mismo motivo y por una razón obvia: porque el varón tiene pene y es sexualmente más agresivo. Y es que, si el hombre fuera más débil que la mujer, no podría maltratarla ni violarla (a no ser en grupo), pues en el forcejeo saldría malparado. Y si el hombre tuviese vagina y la mujer pene, por mucha falta de respeto que sintiera hacia la mujer, tampoco podría violarla, habida cuenta que no se consigue una erección con intimidación, sino al contrario.

Hay una cosa que debe decirse y que es políticamente incorrecta. A las chicas jóvenes les gusta reclamar la atención de los chicos mediante el uso erótico de su cuerpo (falda muy corta, ropa muy ajustada), porque saben consciente o inconscientemente que el cuerpo femenino es un cebo infalible para los hombres. Y están en su derecho de hacerlo. Ahora bien, deberían saber también (y parecen no saberlo) que viven en una sociedad plagada de malas personas que no respetan los derechos de los demás. Por ejemplo, todos los coches que hay en la calle tienen sus dueños; pero no por ello éstos los dejan abiertos. Al contrario, compran sistemas antirrobo para evitar que se los lleven. Y los artículos que hay en los grandes almacenes son de éstos; pero no por ello dejan de adoptar medidas de seguridad para evitar robos. Del mismo modo, aunque las chicas tienen todo el derecho del mundo a ir vestidas como les dé la gana, deben ser conscientes de que no todas las personas que hay en la sociedad van a respetar ese derecho.

En cualquier caso, que se convenzan las feministas: la principal razón por la que se producen los malos tratos y las violaciones es la mayor fuerza y agresividad del varón. En consecuencia, sólo podrá acabarse con ambas cosas cuando logre terminarse con los malos tratos del fuerte al débil, del superior al inferior, del adulto al niño, etc.; es decir, desgraciada y probablemente, nunca. Y una prueba de que esto es así la tenemos en esas imágenes ofrecidas por la televisión en las que se ve a chicas que trabajan de "canguro" golpeando a los bebés que tienen a su cargo. Esas imágenes ponen de manifiesto que la mujer también abusa de su mayor fuerza física y agresividad cuando puede.

La violencia doméstica no se explica, pues, sólo con el manido recurso a la mentalidad machista. Un 54 por ciento de las parejas de lesbianas reconoce que existe violencia en su relación, frente a un 11 por ciento de las parejas heterose xuales.

Y es que, no debería ignorarse que los humanos compartimos el 99 por ciento de los genes con un animal: el chimpancé. De modo que, por muchas normas éticas que nos inventemos, por mucha educación condicionadora que le demos a nuestra descendencia, siempre habrá humanos en los que predomine ese cerebro bestial que todos tenemos dentro. Es decir, siempre habrá dictadores, criminales, violadores, chantajistas...; todos ellos muy humanos.

De todas formas, lo que está claro es que el hombre y la mujer son físicamente muy diferentes. Ejemplos evidentes de esas diferencias son:

Hombre: Tamaño grande
Aparato genital exterior
Voz grave
Barba y vello en todo el cuerpo

Mujer: Tamaño pequeño
Aparato genital interior
Voz aguda
Ni barba, ni bigote, ni casi vello en el cuerpo



DIFERENCIAS BIOLÃGICAS

Pero entre el hombre y la mujer no sólo hay importantes diferencias físicas, las hay también biológicas. Por ejemplo:

La mujer ovula sin tener consciencia de ello y sin poder evitarlo. La naturaleza no la ha dotado de la posibilidad de elegir el momento de su ovulación. El hombre, en cambio, eyacula solamente si se lo propone.

La mujer es menos fértil que el varón. Así, mientras que éste puede fecundar todos y cada uno de los días del año y a mujeres diferentes y dejar embarazadas simultáneamente a más de una mujer al año, ella sólo puede ser fecundada 2 ó 3 días al mes (cuando tiene la ovulación) y únicamente puede tener un embarazo cada 9 meses y de un sólo hombre. Además, goza también de menos años de vida fértil que el varón.

Por todo ello, una mujer que tuviera un hijo cada 9 meses, desde los 12 a los 50 años (promedio de vida fértil), llegaría a tener un total de 50 hijos; mientras que un hombre que viviera hasta los 70 años, si fecundara a una mujer distinta cada día, podría llegar a tener más de 20.000 hijos.

Precisamente, la menor fertilidad femenina es la causa de que la ciencia haya orientado el estudio de los anticonceptivos hacia el cuerpo de la mujer. Las feministas se quejan de esto y lo atribuyen al manido machismo de la sociedad. Pero no es cierto. Lo que sucede es que, para la ciencia, es más fácil controlar una sola célula al mes (el óvulo), que casi 120 millones de ellas al día (los espermato zoides). Por tanto, es normal que sea la mujer la que deba tomar los anticoncepti vos. Y si esto resulta un fastidio, recuérdese que durante muchos años ha sido el hombre el que ha estado practicando la anticoncepción, poniéndose el preservativo y realizando el coito interruptus. Además, hoy también se investiga en anti conceptivos para el varón.

No obstante, la contradicción en la que incurren las feministas es que, por un lado, se quejan de que sea la mujer la que deba tomar los anticonceptivos y, por otro, se lamentan de que la mujer no haya podido disfrutar del sexo hasta la llegada de los anticonceptivos, es decir, hasta que la ciencia ha logrado separar la reproducción de la sexualidad. Pero esto tampoco ha sido una discriminación, sino el tributo que la mujer ha tenido que pagar por su biología.

El varón es el que determina el sexo de los hijos, pues sus células cuentan con dos cromosomas sexuales distintos (X-Y), mientras que en la mujer los dos cromosomas son del mismo tipo (X-X).

El hombre, para poder ser padre, sólo tiene que dedicar unos minutos de su vida. La mujer, en cambio, para poder ser madre, tiene que soportar 9 meses de embarazo y fuertes dolores en el parto, con peligro incluso de muerte en él. Además, después de dar a luz, suele padecer algunas secuelas psicológicas provocadas por el brusco descenso del nivel de progesterona en su cuerpo, como la depresión post-parto (el 84% de la mujeres la sufren); y algunas secuelas físicas, como la incontinencia urinaria.

Es decir, el varón, puede ser padre sin pagar precio alguno a la naturaleza, mientras que la mujer tiene que arriesgar incluso su vida. Asimismo, la naturaleza ha decretado que, una vez nacido el niño, sea la madre la que deba encargarse de él, dado que después del parto, y sin que ella pueda evitarlo, su cuerpo se pondrá a fabricar leche con el único objetivo de servir de primer alimento para el recién nacido.

Por todo ello, algunas feministas radicales creen que la discriminación de la mujer sólo desaparecerá cuando sean las máquinas las que se encarguen de los embarazos y los partos. Es más, piensan que promover los embarazos es una forma masculina de tener controlada a la mujer.

Pero como lo que caracteriza al feminismo es su capacidad para mantener una cosa y la contraria, hay otras feministas que aseguran que la capacidad de concebir de la mujer no sólo no es una desventaja biológica, sino un privilegio indiscutible. Y afirman que si bien hay mujeres que piensan que la menstruación, el embarazo y el parto son impedimentos biológicos evidentes, es debido, según dicen, a que los hombres las han inducido a creer tal cosa, dada la envidia que, para las feministas, tienen los varones de no poder concebir ellos.

Pero tampoco esto es verdad. En primer lugar, porque, si lo fuera, significaría que las mujeres son tontas, al haberse dejado engañar por los hombres. Yen segundo lugar, porque la mujer, por sí sola, no es capaz de concebir, sino que son ambos sexos (varón y hembra) los que, juntos, provocan los procesos que dan lugar a la concepción.

Lo que sí es cierto es que la menstruación, el embarazo y el parto son desventajas biológicas indiscutibles. Y para comprobarlo no hay más que analizarlo.

La menstruación lo es porque, además de ser un poco molesta y llegar siempre en el peor momento, predispone a las mujeres a la anemia por carencia de hierro (un elemento esencial para la vida. ) y, como consecuencia de ello, a falta de fuerza y a una mayor facilidad para contraer enfermedades.

La menstruación es un producto de la evolución humana. Surgió al desaparecer el celo en las hembras de los homínidos, lo que tuvo unas implicacio nes muy profundas, pues a partir de ese momento, la sexualidad y la reproducción se disociaron.

La sexualidad de los simios está ligada exclusivamente a la reproducción. Las hembras de los gorilas, chimpancés, etc. tienen épocas de celo durante las cuales son sexualmente receptivas, pero pasan después por periodos de entre 3 y 6 años en los que no lo son, y durante los que rechazan al macho si éste intenta copular con ellas.

En cambio, la sexualidad de la mujer no está regida por el celo. La mujer es capaz de mantener relaciones sexuales sin importar en qué momento del ciclo biológico se encuentre. Puede estar receptiva hacia el hombre durante los 365 días del año, incluso en los periodos menstruales, en el embarazo y después de la menopausia. En pocas palabras, la sexualidad de los simios está orientada hacia la reproducción y la de la especie humana existe también al margen de ella.

Ahora bien, al desaparecer el celo en los homínidos se hizo dominante un nuevo rasgo sexual: la menstruación, que no es ni más ni menos que la elimina ción, cada 28 días, de los tejidos descamados del endometrio (pared interna del útero), algo que va acompañado de pérdidas de sangre.

Pero es que, además, el ciclo menstrual provoca en la mujer algunos trastornos emocionales. Porque el hipotálamo femenino (el hipotálamo es la parte central de la base del cerebro que se encarga del control del funcionamiento de las glándulas y, por tanto, de las hormonas) produce grandes fluctuaciones en la concentración de hormonas y, por ello, grandes fluctuaciones en el comportamien to de la mujer. El hipotálamo femenino crea un ciclo de, aproximadamente, 28 días, al principio del cual (esto es, durante los 21 días siguientes a la menstrua ción), el nivel de estrógeno va aumentando hasta provocar la ovulación. Esta fase coincide con una sensación de bienestar. A partir de ahí, entra en una fase en la que se producen ciertos trastornos emocionales conocidos como "síndrome pre- menstrual". Así, entre los 21 y 24 días después de la menstruación, el nivel de estrógeno empieza a bajar y comienza a subir la concentración de progesterona. Esta segunda fase se relaciona con un descenso en su tono emocional que puede ir desde una simple tristeza a la depresión. Y finalmente, 4 ó 5 días antes de la siguiente menstruación, baja en picado tanto el nivel de estrógenos como de progesterona. En esta fase, el comportamiento de la mujer puede pasar de la simple hostilidad hasta la agresión. No en vano, en el código penal de algunos países (Francia, entre otros), la tensión pre-menstrual está considerada como un atenuante o eximente de responsabilidad penal, pues está catalogada dentro de lo que en psiquiatría se llama enajenación mental transitoria.

Existen estadísticas que demuestran que las mujeres cuando delinquen lo hacen en los días previos a la menstruación. Y estudios realizados en los hospitales han puesto de manifiesto que más del triple de los accidentes de circulación que sufren las mujeres se producen durante los días inmediatamente anteriores al inicio de la menstruación.

El síndrome pre-menstrual es uno de los problemas más importantes de la mujer moderna, ya que sus antepasadas no lo padecían. Hasta no hace mucho, las mujeres solían estar embarazadas la mayor parte del tiempo, lo que significaba que una mujer normal sólo padecía problemas pre-menstruales de 10 a 20 veces en toda su vida, frente a las 12 veces al año que lo padece en la actualidad; es decir, de 350 a 400 veces entre los 12 y 50 años (promedio de vida fértil), y si no tiene hijos, esta cantidad asciende a 500 veces.

Hasta que el fisiólogo norteamericano Gregory Pincus introdujo la píldora anticonceptiva en la década de los sesenta, nadie se había fijado en que la mujer presentaba altibajos en su carácter.

Por su parte, el embarazo es molesto porque coloca a la mujer en una situación sumamente delicada, dado que durante él se produce una transformación de todo su organismo (temperatura, sangre, sistema nervioso y aparatos circulato rio, respiratorio, digestivo y urinario), aparte de que, durante el embarazo, la mujer está expuesta a numerosas enfermedades.

Y en cuanto al parto, baste decir que hasta principios del siglo XX, la principal causa de mortalidad femenina ha sido la maternidad. Incluso hoy día, con todos los adelantos científicos que existen, sigue causando en el mundo medio millón de muertes al año, según cifras de la OMS.

Pero la menstruación, el embarazo y el parto no sólo son desventajas biológicas, sino también sociales. Por eso, la mujer tiene más dificultades que el hombre para encontrar trabajo, pues los empresarios (que a veces son del sexo femenino - el 26% -) siguen teniendo pánico a los embarazos, por el absentismo laboral que provocan, y a los partos, por el tiempo que obligan a las trabajadoras a estar de baja maternal. Esta es la razón por la que algunas mujeres confiesan hoy un profundo rechazo por la maternidad y una falta total de instinto maternal; la misma razón por la que las feministas aseguran que la maternidad ha dejado de ser ya, con la ayuda de los anticonceptivos, una cuestión inevitable, inherente a la condición de la mujer. De hecho, según el Instituto Nacional de Estadística español, una de cada 2 mujeres entre los 15 y los 49 años no tiene hijos. Y en Estados Unidos, un 21 por ciento de las mujeres asegura que nunca tendrá un hijo. Las feministas dicen que el día que las leyes apoyen económicamente a las mujeres que desean ser madres, el número de nacimientos aumentará.

Pero en esta permanente actitud de las feministas de decir una cosa y la contraria, por un lado afirman que existe una frágil protección social a un derecho (el de ser madre) inalienable para la realización personal de la mujer y, por otro, aseguran que las mujeres se ven presionadas por la sociedad a ser madres, dado que, según dicen, las mujeres sin hijos son consideradas como incompletas. ¿En qué quedamos?

En cualquier caso, queda claro que la menstruación, el embarazo y el parto no son ventajas sociales, sino al contrario. Las feministas consideran todo lo anterior discriminatorio. Es decir, piensan que es injusto que el hecho de que la mujer sea físicamente más débil y que tenga la menstruación, los embarazos y los partos sea la causa de que, a lo largo de la historia, haya tenido más dificultades que el hombre para trabajar fuera de casa. Pero lo cierto es que es así. Y no es una discriminación, sino un reparto de funciones entre los sexos, reparto realizado de mutuo acuerdo por ambos porque resultaba beneficioso para los dos. Que hoy esto parezca exista no significa que no sea verdad. Y es que, los dos siglos de sociedad industrializada que llevamos no son más que un punto insignificante en el desarrollo evolutivo del ser humano. Durante millones de años hemos vivido en una sociedad sexista. No podemos cargarnos nuestra evolución de la noche a la mañana.

Además, si el reparto de funciones ha perjudicado a alguien, ha sido al varón, que ha tenido que jugarse la vida en la caza y en la guerra. Las feministas dicen que si las mujeres hubieran gobernado no habría habido guerras, lo cual no es cierto. Porque las pocas mujeres que han llegado al poder, han declarado igual mente guerras, como, por ejemplo, la de las Malvinas, iniciada por Margaret Thatcher. Pero con una diferencia, que si bien los hombres han declarado las guerras, han sido ellos también los que más las han padecido, habida cuenta que los ejércitos han estado formados siempre por varones. Sin embargo, las mujeres que han gobernado y han provocado guerras no han enviado a ellas a mujeres, sino también a hombres, manteniendo así el ancestral reparto de funciones.

Y es que, el reparto de funciones en la sociedad tiene un origen biológico, no social. Cualquier grupo humano (y hasta no humano, como las abejas, las hormigas, los leones o los lobos) subsiste precisamente gracias a una división racional del trabajo, hecha ésta en virtud de las posibilidades físicas y mentales de cada uno de sus componentes. Así, en las sociedades en las que las necesidades alimentarias tienen que cubrirse con el propio esfuerzo, las mujeres suelen encargarse de las tareas agrícolas y los varones de las que requieren fuerza y rapidez, como la caza, el apacentamiento del ganado o la guerra. Además, ejercen la autoridad. Esto ha sido así toda la vida, como puede comprobarse estudiando los actuales pueblos primitivos.

Por cierto, que, de un tiempo a esta parte, ha empezado a ponerse de moda la idea de que las pinturas rupestres debieron ser realizadas por mujeres, dado que eran ellas las que más tiempo permanecían en las cuevas. Pero, claro, también podría mantenerse lo contrario, es decir, que las pintaron los hombres, porque eran ellos los que más conocían a los animales.

En fin, el caso es que en las primeras sociedades humanas, las mujeres solían encargarse de las tareas agrícolas y los varones de las actividades que requerían fuerza y rapidez, como la caza o el apacentamiento del ganado.

Cuando, más adelante, el ser humano empezó a conseguir de los rebaños y las cosechas más de lo necesario para vivir, nació el comercio. Ãste, como a veces requería el abandono del poblado, era desempeñado también por los hombres, ya que ellos podían desligarse de la actividad reproductiva y de crianza.

Posteriormente, comienzan a surgir los primeros oficios (carpintero, herrero, etc.), siendo éstos realizados por los varones, en tanto que las mujeres seguían estando responsabilizadas del hogar y de los hijos.

Y finalmente se llega a la Revolución Industrial, inicio del capitalismo moderno. A partir de ese momento, las máquinas comienzan a realizar los trabajos más duros. Esto unido a que, por esa época, la ciencia aprende a saber controlar la natalidad, origina que las mujeres empiezan a salir del hogar y a integrarse en el mundo del trabajo asalariado. Y así, hasta hoy.

Antes de la incorporación de la mujer al mercado laboral, las feministas defendían la idea marxista, derivada de la obra de Engels, de considerar al sexo femenino como una clase social más. Para Engels, la desigualdad entre los dos sexos era el primer antagonismo existente dentro de la especie humana. Considera ba el dominio de un sexo sobre el otro como la base más antigua y universal de la injusticia humana. En su libro El origen de la familia, la propiedad privada y del Estado, Engels defendía la idea de que la opresión de la mujer tenía un origen económico (la propiedad privada), pues, según él, con el capitalismo, el varón empezó a trabajar por un salario y pasó con ello a convertirse en el principal miembro de la familia, dado que era él quien aportaba todo el dinero necesario para vivir. Por el contrario, la mujer pasó a situarse en una posición de absoluta dependiente del marido, al no poseer ella independencia económica. Por tanto, Engels creía que la opresión de la mujer desaparecería cuando ésta se integrara en el mundo del trabajo asalariado.

Sin embargo, con la incorporación de la mujer al mercado laboral, no sólo no ha mejorado su situación, sino que, para algunas feministas, ha empeorado, porque tiene que seguir llevando también la organización del hogar. Téngase en cuenta que, por ejemplo, en España, las mujeres dedican 5 horas diarias más que sus maridos a esas tareas (8 horas de ellas por 3 de ellos).

La solución a este problema está, según las feministas, en que el hombre intervenga tanto como la mujer en las labores de la casa. Pero, claro, tal cosa no es fácil de conseguir. Porque las razones por las que los varones intervienen menos que sus parejas en las labores domésticas son complejas. En primer lugar, el hombre está ligado al hogar mucho menos que la mujer, dado que él ni da a luz ni amamanta a los hijos. Esto le lleva a asociar inconscientemente ese trabajo con el sexo femenino.

Pero cuenta también el aspecto biológico. Hoy se sabe que el hecho de que a las niñas les guste jugar a mamás, cuiden y acunen muñecos, se disfracen de princesas y utilicen cocinitas, lo mismo que la tendencia de los niños a luchar con sables y pistolas, a ordenar ejércitos de soldados y de indios y a disfrazarse de guerreros, bomberos y futbolistas, no es solamente una consecuencia de la educación, sino que viene determinado (como
Perdeis mas que ganais
01 nov 2005
DECOSNTRUYENDO EL HEMBRISMO
Este será mi último artículo en el weblog. Lo encontré publicado en un foro que ahora no me acuerdo cual es. Supongo que al autor no le importará que lo publique.


PATRIARCADO Y FEMINISMO

El dominio del hombre (el patriarcado) ha sido patente desde el principio de la humanidad. La mujer ha ocupado una posición subordinada a lo largo de toda la historia.

Por patriarcado se entiende toda organización política, religiosa, económica o social que relaciona la idea de autoridad y liderazgo con el varón y en la que éste desempeña la gran mayoría de los puestos de dirección.

Todos los antropólogos coinciden en que el patriarcado es universal y antiquísimo, pues a pesar de la gran variedad de sistemas políticos, religiosos, económicos y sociales que a lo largo de la historia han existido, no ha habido un solo ejemplo en el que no se haya dado el patriarcado, es decir, en el que la autoridad no haya recaído en el hombre.

Las feministas sostienen que si no hay constancia de la existencia de sociedades dominadas por mujeres es debido a que, según ellas, la historia ha sido escrita por los hombres; argumento ridículo porque es tanto como admitir que los hombres han sido capaces de escribir algo (la historia) que las mujeres no han sabido igualar.

Lo cierto es que el patriarcado ha existido siempre. Así, en las sociedades primitivas, en las que las necesidades alimentarias tenían que cubrirse con el propio trabajo, las mujeres solían encargarse de las tareas agrícolas y los varones de las que requerían fuerza y rapidez, como la caza, el apacentamiento del ganado y la guerra. Además, ejercían la autoridad.

Grecia continuó también con el régimen patriarcal. Con los griegos, la mujer estuvo relegada al cuidado del hogar y excluida de la educación y de las decisiones políticas. Más tarde, Roma no hizo sino consolidar ese patriarcado. La legislación romana (base de la europea y estadounidense) sometió a la mujer a la patria potestad del marido, siendo considerada como de su posesión. No tenía control legal sobre su persona, ni sobre sus tierras, su dinero o sus hijos.

No obstante, también hubo en la antigüedad algunas excepciones en cuanto a la posición secundaria de la mujer. Así, en Babilonia y en Egipto, las mujeres tenían derecho a la propiedad y podían ser reinas. Y en los pueblos germanos, gozaban de los mismos derechos que los varones y podían participar en la vida pública.

En la Edad Media, la legislación feudal fusionó el derecho romano y el germano, de manera que la mujer vio suavizada su situación, aunque siguió estando considerada como un ser inferior. Así, como las tierras se heredaban por línea masculina (lo que implicaba un cierto poder político), la subordinación de la mujer continuó existiendo. Aún así, podía formar parte de los gremios artesanos.

Pero a finales de la Edad Media (siglo XIII), debido a la influencia de la Iglesia, hubo un retroceso en la consideración de la mujer, al regresarse a los principios del Derecho Romano. Precisamente, a la influencia de la Iglesia y a su tribunal, la Inquisición, se debió la enloquecida caza de brujas, iniciada en Alemania en el siglo XIV y continuada en toda Europa hasta el siglo XVII.

Las feministas sostienen que la quema masiva de brujas no sólo fue un hecho de índole religiosa, sino también un movimiento de rechazo de la mujer. De hecho, el 85 por ciento de las personas condenadas a la hoguera fueron de sexo femenino.

En el siglo XV, una mujer, Christine de Pisan, escribió un libro titulado El libro de la Ciudad de las Mujeres, que es considerado como el primer tratado feminista europeo y su autora, como una de las precursoras del feminismo

En la sociedad de finales del siglo XVIII (el Siglo de las Luces) se produjeron dos importante acontecimientos que acabarían siendo decisivos para el futuro de la humanidad y para el nacimiento del feminismo: la Revolución Industrial inglesa de 1750 y la Revolución francesa de 1789, ambas curiosamente impulsadas por varones.

La Revolución francesa significó la caída de la Nobleza de los centros de poder, la ascensión a ellos de la burguesía y la implantación de un clima de igualdad que se vio interrumpido con la aprobación del Código Napoleónico, basado en el Derecho Romano.

Por su parte, la Revolución Industrial, con el descubrimiento de la máquina de vapor, trajo consigo la mecanización agrícola. La agricultura comenzó a prescindir de una gran parte de mano de obra que se vio obligada a refugiarse en la industria. Poblaciones enteras empezaron a emigrar de los campos a los talleres manufacturados.

Los cambios producidos en la industria, junto a los primeros avances de la ciencia en lo referente al control de natalidad, llevaron a las mujeres de clase baja a integrarse en el mundo del trabajo asalariado. Y es que, mientras que el trabajo humano estuvo basado en la fuerza física, y mientras que la mayor causa de morta lidad femenina estuvo provocada por la maternidad, la posición tradicional de la mujer no se cuestionó. Pero a partir del desarrollo del sistema industrial (sustitución de la energía física por mecánica) y del avance de la ciencia en lo referente al control de natalidad, la posición tradicional de la mujer empezó a quedar vacía de contenido.

La incorporación de las mujeres al trabajo asalariado supuso el comienzo de su independencia y liberación. Aunque pronto se dieron cuenta de que el camino no iba a ser fácil. Porque lejos de lograr la igualdad con el varón, vieron que se enfrentaban a tres tipos de discriminación: la económica (cobraban menos por idéntico trabajo y no tenían acceso a ciertas áreas de decisión), la jurídica (las leyes subordinaban sus derechos a los de sus maridos, estando sus salarios controlados legalmente por ellos) y la política (no tenían derecho a voto).

Para luchar contra esta situación, las mujeres de dos de los países más industrializados y de mayoría protestante (Estados Unidos y Gran Bretaña) iniciaron el movimiento feminista (también conocido como movimiento por la liberación de la mujer). Las feministas eran mujeres cultas de clase media. Su objetivo era acabar con la dominación histórica del hombre sobre la mujer, dominación que atribuían a la desigualdad de derechos y oportunidades.

El feminismo se desarrolló primero en los EE.UU. Sus mujeres fueron pioneras para las del resto del planeta. Se inició, tras la Guerra de la Independencia de 1776. Primero reivindicaron el derecho a la propiedad y, más tarde, al sufragio (al voto), por lo que fueron llamadas "sufragistas". Precisamente, en la consecu ción de este derecho es en lo que se centró el movimiento feminista durante los siglo XVIII, XIX y XX.

Hay que recordar, no obstante, que el derecho al voto de la mujer sólo empezó a constituir un problema cuando amplios sectores de la población masculina, que hasta entonces tampoco habían tenido ese privilegio, lo obtuvieron con la llegada de las democracias representativas, surgidas después de las revoluciones liberales y democráticas de los siglos XVIII y XIX. Porque no hay que olvidar que con las formas de gobierno autocrático que habían existido hasta ese momento, tanto en la época antigua, como bajo los regímenes feudales, el sufragio había estado restringido incluso entre los varones. En Grecia, la mitad de la población, que era esclava, no votaba. Y en Roma sólo los patricios, que constituían la tercera parte de la población, tenían derecho a voto.

Las sufragistas poco a poco fueron extendiendo sus demandas a muchas otras áreas de la sociedad. Porque hay que tener en cuenta que, en aquella época, las mujeres no sólo no podían votar, sino que tampoco podían afiliarse a grupos políticos, ni ocupar cargos públicos. Y en la esfera económica tenían también grandes dificultades, pues todas las propiedades eran de los maridos y de los padres. No podían poseer negocios propios ni realizar movimientos de dinero sin contar con la autorización de ellos. Asimismo, su educación era deliberadamente descuidada, por lo que el porcentaje de analfabetismo entre ellas era muy grande.

Durante la primera mitad del siglo XIX, las sufragistas norteamericanas ejercieron la lucha por sus derechos dentro del movimiento abolicionista (antiesclavista). Pero más tarde, decidieron crear un movimiento propio, dedicado exclusivamente a salvaguardar los derechos femeninos.

En 1848, más de 100 mujeres celebraron en la capilla de Séneca Falls de Nueva York, la primera convención sobre los derechos de la mujer. Dirigida por la abolicionista Lucretia Mott y por la feminista Elizabeth Cady Stanton, entre sus principales exigencias estaban el derecho a votar en las elecciones y a desempeñar cargos públicos. Sin embargo, en EE.UU., el derecho a voto para la mujer no se consiguió hasta el año 1920. Efectivamente, poco después de la I Guerra Mundial, el Congreso norteamericano aprobó la 19ª Enmienda a la Constitución, que determinaba que "ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberá negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo". La 19ª enmienda se convirtió en ley nacional en el año 1920.

Por esa época (final de la I Guerra Mundial), el acceso de la mujer a los estudios universitarios y a las diversas profesiones era ya posible en EE.UU. y Europa, y su participación en algunas de esas profesiones, como la médica y la de derecho, era considerable.

En Gran Bretaña, el movimiento a favor del sufragio femenino se desarrolló de forma paralela al de Estados Unidos, aunque en las últimas etapas utilizaron tácticas más enérgicas y violentas (boicoteos, bombas, piquetes, roturas de ventanas).

La gran figura británica, pionera en la lucha por los derechos de la mujer, fue la escritora Mary Wollstonecraft. Su obra más importante, Vindicación de los derechos de la mujer (1792), es uno de los documentos feministas más relevantes del siglo XVIII. La autora desafiaba la idea del filósofo francés Rousseau de que las mujeres pensaban de forma distinta. "Las almas no tienen sexo", declaró.

En Gran Bretaña, la primera reunión por los derechos femeninos tuvo lugar en 1855. La publicación (1869) de Sobre la esclavitud de las mujeres, de John Stuart Mill, atrajo la atención del público hacia la causa feminista británica, sobre todo en lo relativo al derecho de voto.

Los pensadores socialistas también aportaron sus primeras formulaciones a la causa del feminismo, con obras como La mujer ante el socialismo (1883), de August Bebel, o El origen de la familia, la sociedad privada y del Estado (1884), de Friedrich Engels.

En 1918, cerca ya del final de la I Guerra Mundial, el Parlamento británico concedió el derecho a voto a todas las mujeres que fueran cabeza de familia, esposas del cabeza de familia y graduadas universitarias de más de 30 años. En 1928, lo amplió a la edad de 21 años.

Nuestro país concedió el voto a las mujeres en el año 1931, durante la II República. Asimismo, la Constitución actual de 1978 establece la igualdad ante la ley, sin distinción de sexo. La única discriminación que, según las feministas, perdura en el texto constitucional se encuentra en el artículo 57, que al regular la sucesión a la Corona prefiere el varón a la hembra. Hay que explicar, no obstante, que esto tiene una cierta lógica. Y es que, como el Rey es al mismo tiempo Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y como las mujeres no hacían la "mili", no era lógico que pudieran ocupar la más alta jerarquía en el ejército sin ocupar también los escalones más bajos (la tropa). Es decir, no era lógico aspirar a tener los mismos derechos sin tener también las mismas obligaciones. Y es que, donde sí ha existido discriminación es en la aplicación del artículo 14 de la Constitución, el que se refiere a la igualdad de todos los españoles ante la ley sin distinción de sexo, pues la mujer, sólo por serlo, ha estado siempre exenta del servicio militar.

Desde el nacimiento del feminismo hasta hoy, la mayoría de las naciones han ido promulgando leyes en favor del sufragio femenino. En la actualidad, las mujeres pueden votar ya prácticamente en todo el mundo, con la excepción de algunos países musulmanes (Kuwait, Jordania y Arabia Saudí), en los que aún no tienen reconocido ese derecho .

Con la extensión generalizada del voto femenino durante el siglo XX, apareció un nuevo feminismo centrado en aspectos ligados a la condición social, económica y política de la mujer. Como textos clave de esta segunda ola figuran El segundo sexo (1949), de Simone de Beauvoir; La mística de la femineidad(1963), de Betty Friedan; Política sexual (1969), de Kate Millett; El eunuco femenino (1970), de Germaine Greer; Nacida mujer (1977), de Adrienne Rich, y Ginecología (1979), de Mary Daly. Textos más recientes son El mito de la belleza(1990), de Naomi Wolf, y Reacción (1992), de Susan Faludi.

Desde 1910, cada 8 de marzo se celebra en todo el mundo el Día Internacio nal de la Mujer. El origen de esta fiesta se encuentra en el suceso ocurrido en el año 1908, cuando 129 trabajadoras de la empresa Cotton de Nueva York se declararon en huelga y ocuparon la fábrica en la que trabajaban para reclamar algunos derechos laborales. Ante su negativa a desalojar las instalaciones de la empresa, fueron atacadas con bombas incendiarias, muriendo calcinadas todas ellas en el interior del edificio.

Dos años más tarde, en 1910, el II Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, celebrado en Copenhague, y a propuesta de la feminista alemana, Clara Zetkin, proclamó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Lentamente, y a medida que el feminismo ha ido cobrando fuerza en todo el mundo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora ha ido perdiendo su carácter obrero para convertirse en una jornada de lucha por los derechos de la mujer y, últimamente, casi en una jornada de lucha contra el hombre. Año tras año, miles de mujeres salen a las calles de todo el mundo para demandar nuevos derechos, defender los ya conquistados, luchar contra aquellas leyes que las discriminan o que rechazan el principio de igualdad entre sexos y proferir lemas agresivos contra el varón.

Según las feministas, las mujeres sufren una opresión no compartida por los hombres y de la que, por lo general, son ellos los beneficiarios políticos, económicos, sociales y emocionales. Para las feministas, la opresión de la mujer es, de todas las existentes, la más universal, pues, según ellas, dentro de todos los sectores marginales existe otra opresión interior más: la de la mujer. Ãsta se convierte en la marginada del marginado.

Hoy día, debido a los métodos anticonceptivos (que han liberado en gran parte a la mujer de la maternidad), a la carestía de la vida (que lleva a muchas familias a necesitar dos salarios para vivir) y al gran número de parejas que se divorcian, la afluencia de mujeres al mercado de trabajo es mayoritaria. Por eso, las reivindicaciones por las que pelean hoy los grupos feministas tienen mucho que ver con esta situación. Por ejemplo, el derecho a la igualdad de salarios y oportunidades en el mundo laboral; el reconocimiento de las tareas del hogar por parte del Estado y la lucha contra el acoso sexual en el trabajo.

Ahora bien, existen otras reivindicaciones, igualmente importantes. Por ejemplo, la lucha contra los malos tratos y las violaciones. O la cruzada contra la discriminación de la mujer dentro del integrismo islámico. O contra la mutilación genital practicada todavía en muchos países (Pakistán, Egipto, casi todo el Oriente Medio y varios de los países del �frica subsahariana, como Etiopía, Sudán, Kenia, Somalia, etc.). Se supone que hay unos 100 millones de mujeres a las que les han sido mutilados sus órganos genitales, y se calcula que cada año, unos dos millones de niñas sufren este trato. Hay que recordar, no obstante, que quienes realizan esta práctica salvaje son precisamente mujeres; mujeres ancianas, experimentadas o comadronas, que transmiten esa tradición de madres a hijas. Por tanto, la mutilación genital no puede ser atribuida exclusivamente al machismo universal, dado que quienes la llevan a cabo son personas de sexo femenino. Más bien debe ser achacada a las costumbres bárbaras y atrasadas de esos pueblos.

De todas formas, la reivindicación principal del movimiento feminista sigue siendo el acceso de la mujer al poder. No hay que olvidar que sólo 24 mujeres han llegado a gobernar su país a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Las feministas afirman que el hecho de que la mujer represente más de la mitad del electorado (el 54%) y que, pese a ello, sigan siendo los hombres los que gobiernan casi todos los países, es una prueba de la discriminación existente. Y es que, pese a que el sexo femenino puede ocupar ya cargos públicos en la mayoría de los países desarrollados, continúa siendo el varón el que ostenta el poder en casi todos ellos. Así, en la mayoría de las monarquías actuales, las mujeres solamente asumen el poder cuando no existe un varón equivalente (es el caso, por ejemplo, de la monarquía española). Y en los países no monárquicos, pero con democracia representativa, aunque ha habido mujeres que han llegado a alcanzar la más alta jerarquía en ellos (Golda Meir en Israel, de 1969 a 1974; Indira Ganhdi en la India, de 1966 a 1977 y de 1980 a 1984; Margaret Thatcher en Gran Bretaña, de 1979 a 1990; Benazir Bhutto en Pakistán, de 1988 a 1990 y de 1993 a 1996, y Corazón Aquino en Filipinas, de 1986 a 1992, entre otras), lo cierto es que las cifras globales continúan siendo irrisorias. Además, incluso en esos países, el hombre ha seguido ejerciendo la autoridad en proporciones abrumadoras, ya que la mayor parte de los puestos de mando han continuado estando en sus manos. En España, por ejemplo, más de las 3/4 partes de los parlamentarios siguen siendo varones.

Pero la situación jerárquica del hombre no sólo se da en la política, sino en cualquiera de los ámbitos de la sociedad. Así, por ejemplo, los grandes banqueros, los grandes empresarios y los grandes millonarios son varones. Y las universidades, los hospitales, los medios de comunicación, etc. están también en manos masculinas.

En definitiva, el buen funcionamiento de la sociedad depende del varón. Por ejemplo, la economía. Las principales actividades económicas están integradas exclusiva o mayoritariamente por los hombres: la pesca (los barcos de pesca), la industria maderera (muebles y papel), la industria de la construcción, la agricultu ra, la ganadería, el transporte urbano (autobuses, taxis), el transporte por carretera (camiones), el transporte marítimo (barcos mercantes), el transporte aéreo (pilotos), la industria del automóvil, los talleres mecánicos, la carga y descarga, las minas, las canteras, las extracciones petrolíferas, etc. Los varones, como se ve, abarcan todos los sectores del mercado laboral, mientras que el 80 por ciento del empleo femenino se concentra en el sector servicios (enseñanza, sanidad y oficinas).

En España, las mujeres constituyen el 70 por ciento de los profesionales de la enseñanza. De hecho, representan el 82 por ciento del profesorado de educación infantil, el 60 por ciento del de primaria y el 50 por ciento del de bachillerato. Pero, pese a ello, la presencia femenina en los escalones más altos de la docencia es minoritaria. Así, sólo el 34 por ciento de los profesores universitarios que hay en España son mujeres. Y el 15 por ciento de los catedráticos de facultades y escuelas universitarias son femeninos. Asimismo, de los 68 rectores de universidad que hay en nuestro país (cargo elegido entre los catedráticos), únicamente 4 son mujeres.

En EE.UU., el 83 por ciento de los maestros de primera infancia son mujeres; sin embargo, el 81 por ciento de los directores de los colegios son hombres.

Otro tanto ocurre en la sanidad. El 96 por ciento de las enfermeras de EE.UU. son mujeres, pero casi todos los directores de hospitales son hombres. Y en la antigua URSS, la mayoría de los médicos eran femeninos, sin embargo, a medida que se ascendía en los puestos directivos dentro de la Medicina, el porcentaje de mujeres iba decreciendo, hasta llegar a la cúspide, en donde los hombres eran ya la mayoría.

En la justicia la situación es exacta. Cierto que en España cada día hay más jueces que son mujeres, pero éstas siguen sin llegar al Tribunal Supremo y al Constitucional. No hay ninguna mujer en el primero y sólo una en el segundo.

Como se ve, cuanto más alto es el nivel de mando, tanto mayor es el desequilibrio existente entre hombres y mujeres, incluso en profesiones en que ellas son mayoría.

Los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) también están dirigidos por varones. Las feministas ven en esto una discriminación, así como en el hecho de que en ellos se dedique más espacio al hombre que a la mujer, tanto en informaciones generales, como en artículos firmados o en fotos (sólo el 9% de los nombres propios que aparecen en la prensa diaria son femeninos).

Pero, claro, esto sería una discriminación si el acceso a la dirección de los medios informativos estuviera vedado a la mujer (cosa que no es cierta) y si el protagonismo del sexo femenino en la sociedad fuera tan grande como el masculino (que tampoco lo es). Porque lo que sí es cierto (como hemos visto más atrás) es que los grandes banqueros, los grandes empresarios, los grandes millonarios, los grandes políticos, los grandes científicos, los grandes periodistas, los grandes presentadores de radio y televisión, los grandes actores, los grandes directores de cine y teatro, los grandes grupos musicales, los grandes deportistas, los grandes cocineros, etc. lo son.

El hombre, pues, ejerce la autoridad no sólo en la política, sino en todos los ámbitos de la sociedad. Y no sólo eso. Cualquier sociedad concede más categoría a los roles masculinos que a los femeninos. Cierto que, salvo excepciones, cada rol es masculino en unas sociedades y femenino en otras. Pero cuando una mujer ocupa un puesto que tradicionalmente está considerado en una sociedad como masculino, aquel pierde valor a los ojos de la sociedad. Por ejemplo, la profesión de maestro era antiguamente muy respetada; sin embargo, ahora que la mayoría de los maestros son mujeres, la profesión ya no suscita la misma consideración. Por eso, las feministas han comenzado a decir que el exceso de mujeres en la enseñanza es perjudicial para la sociedad, porque, según dicen, las chicas y los chicos han acabado creyendo que es una profesión de mujeres y por ello los chicos no quieren dedicarse a ella.

Los varones ocupan el poder; pero lo cierto es que las mujeres tienen el 54 por ciento de los votos en las elecciones generales. Por tanto, difícilmente pueden quejarse de estar siendo marginadas en la toma de decisiones políticas. Si no llegan al poder será por otras razones, pero no por falta de participación.

Y es que, al hablar las feministas de discriminación en el acceso al poder, están dando por sentado que es posible convencer a todas las mujeres para que voten en las elecciones a otra mujer. Sin embargo, esta suposición es muy de poner en duda, ya que, como más adelante se verá, el ser humano relaciona la idea de autoridad precisamente con el varón. Esto es así y explica la situación jerárquica del hombre no sólo en la política, sino en cualquiera de los ámbitos de la sociedad.

La idea de autoridad está asociada al varón porque para él la jerarquía y la dominación forman parte de su naturaleza. La autoridad ejerce una atracción más fuerte en los hombres que en las mujeres. Ellos están más dispuestos que ellas a sacrificar su propia vida y otras recompensas por lograr una posición de dominio.
Precisamente, la mayor vulnerabilidad de los hombres a las enfermedades coronarias puede estar relacionada con que las respuestas de estrés neuroendocrino a las exigencias del éxito son más intensas y más frecuentes en ellos.

En el dominio masculino de la sociedad (el patriarcado) influye también la diferente mentalidad existente entre los sexos. A los hombres les interesa el poder y el dinero mucho más que a las mujeres. De hecho, hablan de ambas cosas mucho más que ellas.



EL PATRIARCADO TIENE BASE CIENTÃ?FICA

Las feministas, sin embargo, dicen que no hay nada en la naturaleza de los seres humanos que decrete que tengan que ser los hombres los que dirijan todas las sociedades y que ello es simplemente debido a la mentalización que se practica desde la niñez. Aseguran que las diferencias de comportamiento entre los sexos son producto de las diferencias existentes en la socialización. Es decir, que somos lo que somos debido a nuestros padres y profesores que, a su vez, son un reflejo de la sociedad. Algo así como que los bebés nacen con una mente en blanco donde padres, profesores, etc. van escribiendo lo que quieren.

Creen esto por la influencia que, durante los dos primeros tercios del siglo XX, tuvieron, sobre la conducta animal, las opiniones del fisiólogo ruso Iván Pavlov (descubridor de los reflejos condicionados) y de los psicólogos conductistas americanos, John B. Watson y Burrhus F. Skinner. Todos ellos consideraban que los animales (y en especial los seres humanos) venían al mundo ayunos de programación genética en su cerebro y que su conducta no era más que el resultado del aprendizaje y del condicionamiento social al que eran sometidos.

Ahora bien, esta opinión fue poco a poco perdiendo prestigio por su evidente incompatibilidad con la teoría evolucionista de Darwin y por los descubrimientos logrados en disciplinas académicas tales como la etología (estudio del comportamiento animal), la fisiología (sobre todo, por los descubrimientos logrados por los fisiólogos Lorenz, Tinbergen y Von Frisch, premiados en 1973 con el Nobel de Medicina) y la sociobiología (estudio de la base biológica de la conducta social), fundamentalmente, gracias a los avances llevados a cabo por el naturalista Wilson.

Y es que, el argumento de la socialización como justificación válida para explicar las diferencias de comportamiento entre el hombre y la mujer se enfrenta a varios problemas. En primer lugar, olvida que tales diferencias son universales, y tal uniformidad intercultural es un fenómeno de difícil explicación sin remitirse a algún elemento subyacente de la psique humana. Nuestras diferencias en la conducta se heredan generación tras generación y prácticamente no existen diferencias entre unos pueblos y otros.

En segundo lugar, la socialización no demuestra nada, solamente nos lleva a hacernos otras preguntas: ¿por qué la socialización se orienta siempre en la misma dirección? ¿por qué, si se han estudiado todo tipo de culturas, con todo tipo de grado de desarrollo, no ha habido un solo ejemplo de sociedad matriarcal?

Las feministas dicen que la diferencia universal de los rasgos temperamen tales del hombre y la mujer puede atribuirse al hecho de que todos los habitantes del planeta han evolucionado a partir de un pequeño grupo progenitor, y que sus comportamientos han ido traspasándose generación tras generación. Sin embargo, esta argumentación plantea otra pregunta: ¿por qué el grupo progenitor decidió que las reglas iniciales fueran ésas? Una explicación más lógica sería admitir que hay algo en la naturaleza humana que conduce siempre a la misma respuesta.

La socialización además no puede ser la causa del patriarcado porque en la socialización de toda persona la mujer ocupa el papel principal. El comportamiento de todo ser humano depende en gran medida de lo que aprende de su madre, dado que es con ella con quien establece la primera relación. El bebé no percibe más realidad que la de una madre que le alimenta, le proporciona afecto y le habla. El bebé no entiende el significado de las frases de su madre, pero su cerebro va adquiriendo poco a poco, día a día, el programa de ese idioma. Por eso se habla de "lengua materna" y debería decirse además "cultura materna". Y no sólo eso, sino que más adelante, cuando los niños van al colegio, también se encuentran ahí mayoritariamente con mujeres, pues son éstas las que ocupan el 95 por ciento del profesorado de educación infantil y el 60 por ciento del de primaria. Por tanto, si las diferencias de comportamiento entre los sexos son debidas a la mentalización que se practica en la niñez, habrá que concluir que la culpa de ello la tiene la mujer.

Quizá lo que más se aproxima a una prueba hecha en laboratorio de las hipótesis sobre la socialización sean los kibbutzs de Israel. Los progresistas kibbutzs israelíes, con la idea de eliminar los roles sexuales, crearon en 1910 unas sociedades comunitarias en las que los niños y niñas eran educados colectivamen te, sin padres definidos ni patrones de género de ningún tipo, exactamente igual los unos que las otras. En su afán por desterrar el sexismo, incitaron a los varones a jugar con muñecas y a las niñas a participar en juegos físicos. El resultado fue un estrepitoso fracaso. Los niños, naturalmente, y en contra de las indicaciones de sus maestros, se separaban de las niñas para jugar entre ellos a la guerra y competir por su destreza física y fuerza bruta, y las niñas elegían actividades más comunicacio nales. Y otra cosa importante: desde el primer momento, los hombres ocuparon la mayor parte de los cargos de autoridad.

No es, pues, la socialización la causante del patriarcado, sino la biología. Si las niñas y los niños creciesen en una isla desierta en la que no existiese ningún tipo de sociedad organizada, las niñas seguirían abrazándose entre sí y jugando con muñecas mientras que los niños intentarían competir física y mentalmente entre ellos y tenderían a la formación de grupos con una clara jerarquía. A los animales nadie les enseña nada y, sin embargo, el comportamiento entre los machos y las hembras es completamente distinto.

A lo largo de las tres últimas décadas, el trabajo teórico y empírico realizado en varias disciplinas independientes (neurología, psicología, genética, sociobiolo gía, antropología, paleontología y etología) ha servido para demostrar que el comportamiento humano está en gran medida prefijado por la biología. Así, investigaciones llevadas a cabo en el campo de la genética del comportamiento han puesto de manifiesto que, efectivamente, las diferencias temperamentales tienen un fundamento biológico mucho mayor de lo que se pensaba.

Los métodos de los genetistas del comportamiento para estimar los efectos de los genes y del medio ambiente en el temperamento de los sexos han consistido en examinar los rasgos de los gemelos y de los hijos adoptados.

Los estudios sobre gemelos han partido de la base de que los gemelos iguales (o monozigóticos) son prácticamente idénticos desde el punto de vista genético, puesto que son el resultado de la división de un único huevo fertilizado (el zigoto), mientras que los gemelos fraternos (o dizigóticos), que son el resultado de la fertilización de dos óvulos por dos espermatozoides, no son más iguales genéticamente que cualquier otro par de hermanos. Pues bien, se ha comprobado que el comportamiento de los gemelos idénticos (monozigóticos) es más parecido entre sí que el de los gemelos fraternos del mismo sexo,

Otro método para comprobar la influencia de la biología en el comporta miento humano ha sido el de comparar el parecido entre sí de gemelos idénticos criados juntos y el parecido de ese tipo de gemelos criados por separado. Se ha demostrado que el comportamiento de los gemelos criados por separado sigue siendo tan similar entre sí como el de los gemelos criados juntos, lo que permite deducir que las influencias ambientales son relativamente poco importantes y que el rasgo temperamental está claramente marcado por la biología.

Por último, los genetistas del comportamiento han utilizado dos métodos más: uno ha sido el de comparar el parecido temperamental de hermanos adoptados criados por separado y otro, el de comparar el parecido de esos niños adoptados con el de sus hermanos sin parentesco consanguíneo. Si los hermanos adoptados criados en hogares distintos se siguen pareciendo entre sí más de lo que se parecen a sus hermanos sin parentesco consanguíneo, eso demuestra una vez más que el rasgo temperamental está claramente influido por los genes.

Queda claro, pues, que antes de que la sociedad pueda influir en nuestro cerebro, ya lo ha hecho la biología. Y como además la influencia biológica es inevitable, la conclusión a la que se llega es que el patriarcado es inevitable.

Decir que el patriarcado es inevitable significa que lo es por razones biológicas, esto es, que la biología excluye la posibilidad de que exista un solo sistema social en el que la autoridad no sea patrimonio de los hombres y en el que la conducta masculina no se manifieste en forma de dominio y de éxito para conseguir los roles y posiciones de poder.

La inevitabilidad del patriarcado tiene como base el razonamiento científico.
Una de las principales aportaciones de las últimas investigaciones científicas es la confirmación de que existen importantes diferencias cerebrales entre el hombre y la mujer. Estudios hechos tanto sobre animales como sobre seres humanos han dejado claro que las hormonas sexuales tienen un efecto sustancial en el comportamiento. Los estudios realizados sobre niños pequeños han puesto de manifiesto que el comportamiento marcado por el sexo se desarrolla a tan temprana edad que no es razonable una explicación basada únicamente en el condiciona miento social.

Los niños desarrollan preferencias de tipo sexual antes de aprender los estereotipos del rol al que pertenecen. Hay en ellos, por ejemplo, una tendencia innata a jugar con los de su mismo sexo, cosa que también vemos en los primates no humanos, entre los que, como es lógico, la transmisión cultural es mínima. La tendencia de los niños a preferir compañeros de juego del mismo sexo se debe a la diferente forma de interactuar unos con otros. Esta tendencia se inicia tan pronto que ya se observa a los 3 años.

Todos los descubrimientos científicos apuntan hacia un fundamento biológico del comportamiento, y tomados conjuntamente resultan aplastantes. El hombre y la mujer son física, biológica y psicológicamente muy diferentes, y son estas diferencias las que dan al varón el dominio de la sociedad. Los hombres, por ejemplo (como todos los demás machos animales), son por naturaleza más agresivos. También es propio de los ellos la defensa del territorio que consideran de su propiedad. Son más susceptibles de generar dependencias negativas, es decir, se enganchan con más facilidad al tabaco, a las drogas, al alcohol, al juego o al sexo. Las mujeres, por su parte, son más proclives a desarrollar conductas adictivas relacionadas con la estética (bulimia o anorexia) o con las compras. En España se calcula que hay medio millón de personas afectadas de anorexia, de las cuales, el 90 por ciento son mujeres, especialmente adolescentes. Y los psiquiatras han constatado una mayor adicción patológica de las mujeres a las tiendas y a la cleptomanía (impulso a robar), manifestaciones que se activan alrededor de la menstruación y durante el embarazo.

De todas formas, una cosa debe quedar clara y es que la ciencia no podrá llegar nunca a demostrar que un sexo es superior a otro. Un juicio general sobre la superioridad o inferioridad de los sexos no tiene sentido más que en el contexto de la escala personal de valores de cada uno. Se puede hablar de superioridad en un sector específico. Por ejemplo, los hombres son superiores en estatura y las mujeres lo son cuando se trata de alcanzar las notas más agudas en el canto. La objetividad científica se pierde cuando se dice que los varones son superiores en general. Para demostrar esto hay que seleccionar subjetivamente un conjunto de criterios.



DIFERENCIAS FÃ?SICAS

Lo que sí es cierto es que el cuerpo del hombre es por término medio un 8 por ciento más grande, un 10 por ciento más pesado y un 7 por ciento más alto que el de la mujer. Esto hace que, en promedio, el macho humano sea un 30 por ciento más fuerte que la hembra, ya que su tejido muscular pesa poco más o menos el doble (alrededor de 26 kg de músculos en él frente a los aproximadamente 15 kg en ella). Además, es más rápido y posee una mayor resistencia a la fatiga.

La menor talla de la mujer (y de la mayoría de las hembras animales) es debida a la producción en sus ovarios de estrógenos (hormona femenina), que frenan el crecimiento del cuerpo, mientras que los andrógenos u hormonas masculinas (de las cuales, la principal es la testosterona, aunque hay otras, como la nandrolona, mesterolona, estanozolol, etc.) fortalecen el cuerpo y aumentan el crecimiento de músculos y huesos.

La desventaja física de la mujer es evidente. En cualquier disciplina deportiva, ya sea de velocidad, resistencia o fuerza, las diferencias entre los registros conseguidos por los hombres y los de las mujeres son del orden del 10 por ciento. Y esto es debido a las desigualdades hormonales, es decir, al hecho de que las chicas, debido a los estrógenos, terminen el crecimiento dos años antes que los chicos. Esta es la principal desventaja física de la mujer respecto del hombre.

Pero hay otras más. Los hombres, debido también a la testosterona, poseen una mayor masa muscular. Por eso, algunos atletas ingieren testosterona como anabolizante esteróideo con el fin de aumentar su musculatura. Además, el corazón y los pulmones masculinos son de mayor tamaño y mueven una superior cantidad de sangre (5 litros de promedio en ellos y 4,5 en ellas), lo que se traduce en un mayor transporte de oxígeno a los músculos. Esto, unido a que el hombre posee también un mejor transporte de calcio al interior de las células, hace que el rendimiento del músculo masculino sea superior al femenino en un 10 por ciento.

Los varones, además, tienen la mitad de grasa que las mujeres. La testosterona ayuda a que el varón tenga una proporción corporal de grasa de un 12 por ciento, frente a un 40 por ciento de proteínas. Sin embargo, en las chicas es distinto. Como sus hormonas (estrógenos y progesterona) distribuyen las grasas y las proteínas por todo el cuerpo, tienen una proporción de un 25 por ciento de grasa frente a un 23 por ciento de proteínas. En los deportistas profesionales, el porcentaje de grasa corporal en los hombres es de un 4 por ciento y en las mujeres, de un 9 por ciento. Y téngase en cuenta que la grasa representa una sobrecarga inútil, un lastre que hay que desplazar y que, al contrario que el músculo, es incapaz de generar fuerza o movimiento. La grasa dota al cuerpo femenino de una de sus señales más características: la curvatura de la silueta.

Por otro lado, dado que las mujeres dan a luz entre las piernas, la naturaleza las ha dotado de una pelvis mucho más ancha para el momento del parto. Y es que, al ir aumentando la inteligencia de los homínidos, el tamaño cerebral de las crías fue creciendo, lo que provocó el incremento de la distancia de las cabezas de los fémures femeninos para adecuarse al momento del nacimiento; del nacimiento de unas crías cuyo cerebro era cada vez mayor. El parto fue haciéndose progresiva mente más traumático, hasta convertirse en la primera causa de muerte de las hembras humanas. La pelvis ancha trajo consigo también la separación de sus piernas y la particular forma femenina de caminar, con su característico balanceo de caderas. Ahora bien, esta configuración ósea disminuye la eficacia mecánica de las piernas en la carrera y propende a un mayor riesgo de lesiones de rodilla.

Todas estas circunstancias hacen que la capacidad física del varón sea claramente superior a la de la mujer. Es decir, no sólo hay diferencias físicas entre el hombre y la mujer, hay además una evidente jerarquía física entre ambos, jerarquía que ha creado la naturaleza.

Las feministas, empero, dicen que el mayor tamaño del sexo masculino no le coloca en una posición de superioridad, sino todo lo contrario, pues a más talla, más necesidad de alimentos. Y para demostrarlo, ponen como ejemplo el caso de los dinosaurios, a los que su talla, dicen, acabó resultándoles un problema para su supervivencia.

Pero, claro, hay que tener en cuenta que si bien es cierto que la mayor talla se traduce en una superior necesidad de alimentos, también es verdad que el hombre ha sabido compensar siempre esa mayor demanda, con una superior capacidad para conseguirlos.

Y en cuanto a comparar a los dinosaurios con el hombre, es simplemente absurdo. Primero, porque no es cierto que la talla de los dinosaurios se convirtiera en un problema para ellos, sino al contrario. Gracias a su tamaño, los dinosaurios eran los reyes del planeta. Segundo, porque la desaparición de esos animales no fue debida a su gran tamaño, sino al impacto sobre la Tierra de un meteorito. Los dinosaurios tenían, en efecto, un gran tamaño, pero poseían un cerebro muy pequeño en relación con su cuerpo. El varón, en cambio, dispone de un cerebro totalmente proporcionado a su tamaño; un cerebro, por cierto, que es un 14 por ciento más grande que el de la mujer.

Las feministas tampoco consideran que la mayor fuerza muscular del hombre sea una ventaja para él, pues, según dicen, los beneficios que el varón ha podido sacar de su mayor fortaleza en el pasado, han quedado totalmente supera dos en la actualidad, con las máquinas existentes, ya que éstas realizan ahora casi todo el trabajo que antes se hacía a base de músculos.

Pero esto no es cierto, porque está demostrado que la fuerza muscular es útil para muchas cosas. Por ejemplo, para encontrar empleo. Porque todavía hay trabajos en los que la fuerza muscular es necesaria para realizarlos, como albañil, minero, mecánico, bombero, repartidor de gas y muchos otros. Precisamente ésta es una de las razones por las que el desempleo afecta más al sexo femenino que al masculino (el número de mujeres en paro es el doble que el de hombres. Concretamente, en España el porcentaje de mujeres en paro es del 20,2 por ciento y el de hombres, del 9,3 %). Y es que, como hemos visto antes, los varones, gracias a su mayor fortaleza, pueden abarcan todos los sectores del mercado laboral, mientras que las féminas sólo buscan trabajo en actividades que les resultan cómodas: enseñanza, sanidad y oficinas. No hay casi mujeres en la industria (13%), ni en la agricultura (6%), ni en la construcción (1%). No hay, pues, casi mujeres que sean albañiles, mineras, mecánicas, camioneras, taxistas, repartidoras de gas, fontaneras, soldadoras, barrenderas, sepultureras, limpiadoras de alcantarillas, vigilantes jurados, policías o bomberas.

En cualquier caso, queda claro que la fuerza muscular es útil, entre otras cosas, para encontrar trabajo. Pero no sólo sirve para esto; también, por ejemplo, para defenderse de los demás. No se olvide que hoy, como siempre, el máximo peligro en la sociedad es el propio ser humano. La fuerza física sigue siendo muy útil, por tanto, para luchar contra las agresiones de todo tipo, incluidos los malos tratos domésticos y las violaciones. Téngase en cuenta que la violencia doméstica se cobra cada año una media de 60 víctimas femeninas por 7 masculinas.

Las feministas aseguran que la fuerza muscular no es la causante de los malos tratos. Para ellas, esta violencia es ideológica. Está basada, dicen, en la relación de poder del varón sobre la hembra y en la falta de independencia económica de la mujer casada respecto del marido. Afirman, asimismo, que las violaciones están causadas por la falta de respeto del hombre hacia la mujer.

Pero no es cierto. Los malos tratos se producen porque el sexo masculino es más fuerte y violento que el femenino. Y las violaciones, por ese mismo motivo y por una razón obvia: porque el varón tiene pene y es sexualmente más agresivo. Y es que, si el hombre fuera más débil que la mujer, no podría maltratarla ni violarla (a no ser en grupo), pues en el forcejeo saldría malparado. Y si el hombre tuviese vagina y la mujer pene, por mucha falta de respeto que sintiera hacia la mujer, tampoco podría violarla, habida cuenta que no se consigue una erección con intimidación, sino al contrario.

Hay una cosa que debe decirse y que es políticamente incorrecta. A las chicas jóvenes les gusta reclamar la atención de los chicos mediante el uso erótico de su cuerpo (falda muy corta, ropa muy ajustada), porque saben consciente o inconscientemente que el cuerpo femenino es un cebo infalible para los hombres. Y están en su derecho de hacerlo. Ahora bien, deberían saber también (y parecen no saberlo) que viven en una sociedad plagada de malas personas que no respetan los derechos de los demás. Por ejemplo, todos los coches que hay en la calle tienen sus dueños; pero no por ello éstos los dejan abiertos. Al contrario, compran sistemas antirrobo para evitar que se los lleven. Y los artículos que hay en los grandes almacenes son de éstos; pero no por ello dejan de adoptar medidas de seguridad para evitar robos. Del mismo modo, aunque las chicas tienen todo el derecho del mundo a ir vestidas como les dé la gana, deben ser conscientes de que no todas las personas que hay en la sociedad van a respetar ese derecho.

En cualquier caso, que se convenzan las feministas: la principal razón por la que se producen los malos tratos y las violaciones es la mayor fuerza y agresividad del varón. En consecuencia, sólo podrá acabarse con ambas cosas cuando logre terminarse con los malos tratos del fuerte al débil, del superior al inferior, del adulto al niño, etc.; es decir, desgraciada y probablemente, nunca. Y una prueba de que esto es así la tenemos en esas imágenes ofrecidas por la televisión en las que se ve a chicas que trabajan de "canguro" golpeando a los bebés que tienen a su cargo. Esas imágenes ponen de manifiesto que la mujer también abusa de su mayor fuerza física y agresividad cuando puede.

La violencia doméstica no se explica, pues, sólo con el manido recurso a la mentalidad machista. Un 54 por ciento de las parejas de lesbianas reconoce que existe violencia en su relación, frente a un 11 por ciento de las parejas heterose xuales.

Y es que, no debería ignorarse que los humanos compartimos el 99 por ciento de los genes con un animal: el chimpancé. De modo que, por muchas normas éticas que nos inventemos, por mucha educación condicionadora que le demos a nuestra descendencia, siempre habrá humanos en los que predomine ese cerebro bestial que todos tenemos dentro. Es decir, siempre habrá dictadores, criminales, violadores, chantajistas...; todos ellos muy humanos.

De todas formas, lo que está claro es que el hombre y la mujer son físicamente muy diferentes. Ejemplos evidentes de esas diferencias son:

Hombre: Tamaño grande
Aparato genital exterior
Voz grave
Barba y vello en todo el cuerpo

Mujer: Tamaño pequeño
Aparato genital interior
Voz aguda
Ni barba, ni bigote, ni casi vello en el cuerpo



DIFERENCIAS BIOLÃGICAS

Pero entre el hombre y la mujer no sólo hay importantes diferencias físicas, las hay también biológicas. Por ejemplo:

La mujer ovula sin tener consciencia de ello y sin poder evitarlo. La naturaleza no la ha dotado de la posibilidad de elegir el momento de su ovulación. El hombre, en cambio, eyacula solamente si se lo propone.

La mujer es menos fértil que el varón. Así, mientras que éste puede fecundar todos y cada uno de los días del año y a mujeres diferentes y dejar embarazadas simultáneamente a más de una mujer al año, ella sólo puede ser fecundada 2 ó 3 días al mes (cuando tiene la ovulación) y únicamente puede tener un embarazo cada 9 meses y de un sólo hombre. Además, goza también de menos años de vida fértil que el varón.

Por todo ello, una mujer que tuviera un hijo cada 9 meses, desde los 12 a los 50 años (promedio de vida fértil), llegaría a tener un total de 50 hijos; mientras que un hombre que viviera hasta los 70 años, si fecundara a una mujer distinta cada día, podría llegar a tener más de 20.000 hijos.

Precisamente, la menor fertilidad femenina es la causa de que la ciencia haya orientado el estudio de los anticonceptivos hacia el cuerpo de la mujer. Las feministas se quejan de esto y lo atribuyen al manido machismo de la sociedad. Pero no es cierto. Lo que sucede es que, para la ciencia, es más fácil controlar una sola célula al mes (el óvulo), que casi 120 millones de ellas al día (los espermato zoides). Por tanto, es normal que sea la mujer la que deba tomar los anticoncepti vos. Y si esto resulta un fastidio, recuérdese que durante muchos años ha sido el hombre el que ha estado practicando la anticoncepción, poniéndose el preservativo y realizando el coito interruptus. Además, hoy también se investiga en anti conceptivos para el varón.

No obstante, la contradicción en la que incurren las feministas es que, por un lado, se quejan de que sea la mujer la que deba tomar los anticonceptivos y, por otro, se lamentan de que la mujer no haya podido disfrutar del sexo hasta la llegada de los anticonceptivos, es decir, hasta que la ciencia ha logrado separar la reproducción de la sexualidad. Pero esto tampoco ha sido una discriminación, sino el tributo que la mujer ha tenido que pagar por su biología.

El varón es el que determina el sexo de los hijos, pues sus células cuentan con dos cromosomas sexuales distintos (X-Y), mientras que en la mujer los dos cromosomas son del mismo tipo (X-X).

El hombre, para poder ser padre, sólo tiene que dedicar unos minutos de su vida. La mujer, en cambio, para poder ser madre, tiene que soportar 9 meses de embarazo y fuertes dolores en el parto, con peligro incluso de muerte en él. Además, después de dar a luz, suele padecer algunas secuelas psicológicas provocadas por el brusco descenso del nivel de progesterona en su cuerpo, como la depresión post-parto (el 84% de la mujeres la sufren); y algunas secuelas físicas, como la incontinencia urinaria.

Es decir, el varón, puede ser padre sin pagar precio alguno a la naturaleza, mientras que la mujer tiene que arriesgar incluso su vida. Asimismo, la naturaleza ha decretado que, una vez nacido el niño, sea la madre la que deba encargarse de él, dado que después del parto, y sin que ella pueda evitarlo, su cuerpo se pondrá a fabricar leche con el único objetivo de servir de primer alimento para el recién nacido.

Por todo ello, algunas feministas radicales creen que la discriminación de la mujer sólo desaparecerá cuando sean las máquinas las que se encarguen de los embarazos y los partos. Es más, piensan que promover los embarazos es una forma masculina de tener controlada a la mujer.

Pero como lo que caracteriza al feminismo es su capacidad para mantener una cosa y la contraria, hay otras feministas que aseguran que la capacidad de concebir de la mujer no sólo no es una desventaja biológica, sino un privilegio indiscutible. Y afirman que si bien hay mujeres que piensan que la menstruación, el embarazo y el parto son impedimentos biológicos evidentes, es debido, según dicen, a que los hombres las han inducido a creer tal cosa, dada la envidia que, para las feministas, tienen los varones de no poder concebir ellos.

Pero tampoco esto es verdad. En primer lugar, porque, si lo fuera, significaría que las mujeres son tontas, al haberse dejado engañar por los hombres. Yen segundo lugar, porque la mujer, por sí sola, no es capaz de concebir, sino que son ambos sexos (varón y hembra) los que, juntos, provocan los procesos que dan lugar a la concepción.

Lo que sí es cierto es que la menstruación, el embarazo y el parto son desventajas biológicas indiscutibles. Y para comprobarlo no hay más que analizarlo.

La menstruación lo es porque, además de ser un poco molesta y llegar siempre en el peor momento, predispone a las mujeres a la anemia por carencia de hierro (un elemento esencial para la vida. ) y, como consecuencia de ello, a falta de fuerza y a una mayor facilidad para contraer enfermedades.

La menstruación es un producto de la evolución humana. Surgió al desaparecer el celo en las hembras de los homínidos, lo que tuvo unas implicacio nes muy profundas, pues a partir de ese momento, la sexualidad y la reproducción se disociaron.

La sexualidad de los simios está ligada exclusivamente a la reproducción. Las hembras de los gorilas, chimpancés, etc. tienen épocas de celo durante las cuales son sexualmente receptivas, pero pasan después por periodos de entre 3 y 6 años en los que no lo son, y durante los que rechazan al macho si éste intenta copular con ellas.

En cambio, la sexualidad de la mujer no está regida por el celo. La mujer es capaz de mantener relaciones sexuales sin importar en qué momento del ciclo biológico se encuentre. Puede estar receptiva hacia el hombre durante los 365 días del año, incluso en los periodos menstruales, en el embarazo y después de la menopausia. En pocas palabras, la sexualidad de los simios está orientada hacia la reproducción y la de la especie humana existe también al margen de ella.

Ahora bien, al desaparecer el celo en los homínidos se hizo dominante un nuevo rasgo sexual: la menstruación, que no es ni más ni menos que la elimina ción, cada 28 días, de los tejidos descamados del endometrio (pared interna del útero), algo que va acompañado de pérdidas de sangre.

Pero es que, además, el ciclo menstrual provoca en la mujer algunos trastornos emocionales. Porque el hipotálamo femenino (el hipotálamo es la parte central de la base del cerebro que se encarga del control del funcionamiento de las glándulas y, por tanto, de las hormonas) produce grandes fluctuaciones en la concentración de hormonas y, por ello, grandes fluctuaciones en el comportamien to de la mujer. El hipotálamo femenino crea un ciclo de, aproximadamente, 28 días, al principio del cual (esto es, durante los 21 días siguientes a la menstrua ción), el nivel de estrógeno va aumentando hasta provocar la ovulación. Esta fase coincide con una sensación de bienestar. A partir de ahí, entra en una fase en la que se producen ciertos trastornos emocionales conocidos como "síndrome pre- menstrual". Así, entre los 21 y 24 días después de la menstruación, el nivel de estrógeno empieza a bajar y comienza a subir la concentración de progesterona. Esta segunda fase se relaciona con un descenso en su tono emocional que puede ir desde una simple tristeza a la depresión. Y finalmente, 4 ó 5 días antes de la siguiente menstruación, baja en picado tanto el nivel de estrógenos como de progesterona. En esta fase, el comportamiento de la mujer puede pasar de la simple hostilidad hasta la agresión. No en vano, en el código penal de algunos países (Francia, entre otros), la tensión pre-menstrual está considerada como un atenuante o eximente de responsabilidad penal, pues está catalogada dentro de lo que en psiquiatría se llama enajenación mental transitoria.

Existen estadísticas que demuestran que las mujeres cuando delinquen lo hacen en los días previos a la menstruación. Y estudios realizados en los hospitales han puesto de manifiesto que más del triple de los accidentes de circulación que sufren las mujeres se producen durante los días inmediatamente anteriores al inicio de la menstruación.

El síndrome pre-menstrual es uno de los problemas más importantes de la mujer moderna, ya que sus antepasadas no lo padecían. Hasta no hace mucho, las mujeres solían estar embarazadas la mayor parte del tiempo, lo que significaba que una mujer normal sólo padecía problemas pre-menstruales de 10 a 20 veces en toda su vida, frente a las 12 veces al año que lo padece en la actualidad; es decir, de 350 a 400 veces entre los 12 y 50 años (promedio de vida fértil), y si no tiene hijos, esta cantidad asciende a 500 veces.

Hasta que el fisiólogo norteamericano Gregory Pincus introdujo la píldora anticonceptiva en la década de los sesenta, nadie se había fijado en que la mujer presentaba altibajos en su carácter.

Por su parte, el embarazo es molesto porque coloca a la mujer en una situación sumamente delicada, dado que durante él se produce una transformación de todo su organismo (temperatura, sangre, sistema nervioso y aparatos circulato rio, respiratorio, digestivo y urinario), aparte de que, durante el embarazo, la mujer está expuesta a numerosas enfermedades.

Y en cuanto al parto, baste decir que hasta principios del siglo XX, la principal causa de mortalidad femenina ha sido la maternidad. Incluso hoy día, con todos los adelantos científicos que existen, sigue causando en el mundo medio millón de muertes al año, según cifras de la OMS.

Pero la menstruación, el embarazo y el parto no sólo son desventajas biológicas, sino también sociales. Por eso, la mujer tiene más dificultades que el hombre para encontrar trabajo, pues los empresarios (que a veces son del sexo femenino - el 26% -) siguen teniendo pánico a los embarazos, por el absentismo laboral que provocan, y a los partos, por el tiempo que obligan a las trabajadoras a estar de baja maternal. Esta es la razón por la que algunas mujeres confiesan hoy un profundo rechazo por la maternidad y una falta total de instinto maternal; la misma razón por la que las feministas aseguran que la maternidad ha dejado de ser ya, con la ayuda de los anticonceptivos, una cuestión inevitable, inherente a la condición de la mujer. De hecho, según el Instituto Nacional de Estadística español, una de cada 2 mujeres entre los 15 y los 49 años no tiene hijos. Y en Estados Unidos, un 21 por ciento de las mujeres asegura que nunca tendrá un hijo. Las feministas dicen que el día que las leyes apoyen económicamente a las mujeres que desean ser madres, el número de nacimientos aumentará.

Pero en esta permanente actitud de las feministas de decir una cosa y la contraria, por un lado afirman que existe una frágil protección social a un derecho (el de ser madre) inalienable para la realización personal de la mujer y, por otro, aseguran que las mujeres se ven presionadas por la sociedad a ser madres, dado que, según dicen, las mujeres sin hijos son consideradas como incompletas. ¿En qué quedamos?

En cualquier caso, queda claro que la menstruación, el embarazo y el parto no son ventajas sociales, sino al contrario. Las feministas consideran todo lo anterior discriminatorio. Es decir, piensan que es injusto que el hecho de que la mujer sea físicamente más débil y que tenga la menstruación, los embarazos y los partos sea la causa de que, a lo largo de la historia, haya tenido más dificultades que el hombre para trabajar fuera de casa. Pero lo cierto es que es así. Y no es una discriminación, sino un reparto de funciones entre los sexos, reparto realizado de mutuo acuerdo por ambos porque resultaba beneficioso para los dos. Que hoy esto parezca exista no significa que no sea verdad. Y es que, los dos siglos de sociedad industrializada que llevamos no son más que un punto insignificante en el desarrollo evolutivo del ser humano. Durante millones de años hemos vivido en una sociedad sexista. No podemos cargarnos nuestra evolución de la noche a la mañana.

Además, si el reparto de funciones ha perjudicado a alguien, ha sido al varón, que ha tenido que jugarse la vida en la caza y en la guerra. Las feministas dicen que si las mujeres hubieran gobernado no habría habido guerras, lo cual no es cierto. Porque las pocas mujeres que han llegado al poder, han declarado igual mente guerras, como, por ejemplo, la de las Malvinas, iniciada por Margaret Thatcher. Pero con una diferencia, que si bien los hombres han declarado las guerras, han sido ellos también los que más las han padecido, habida cuenta que los ejércitos han estado formados siempre por varones. Sin embargo, las mujeres que han gobernado y han provocado guerras no han enviado a ellas a mujeres, sino también a hombres, manteniendo así el ancestral reparto de funciones.

Y es que, el reparto de funciones en la sociedad tiene un origen biológico, no social. Cualquier grupo humano (y hasta no humano, como las abejas, las hormigas, los leones o los lobos) subsiste precisamente gracias a una división racional del trabajo, hecha ésta en virtud de las posibilidades físicas y mentales de cada uno de sus componentes. Así, en las sociedades en las que las necesidades alimentarias tienen que cubrirse con el propio esfuerzo, las mujeres suelen encargarse de las tareas agrícolas y los varones de las que requieren fuerza y rapidez, como la caza, el apacentamiento del ganado o la guerra. Además, ejercen la autoridad. Esto ha sido así toda la vida, como puede comprobarse estudiando los actuales pueblos primitivos.

Por cierto, que, de un tiempo a esta parte, ha empezado a ponerse de moda la idea de que las pinturas rupestres debieron ser realizadas por mujeres, dado que eran ellas las que más tiempo permanecían en las cuevas. Pero, claro, también podría mantenerse lo contrario, es decir, que las pintaron los hombres, porque eran ellos los que más conocían a los animales.

En fin, el caso es que en las primeras sociedades humanas, las mujeres solían encargarse de las tareas agrícolas y los varones de las actividades que requerían fuerza y rapidez, como la caza o el apacentamiento del ganado.

Cuando, más adelante, el ser humano empezó a conseguir de los rebaños y las cosechas más de lo necesario para vivir, nació el comercio. Ãste, como a veces requería el abandono del poblado, era desempeñado también por los hombres, ya que ellos podían desligarse de la actividad reproductiva y de crianza.

Posteriormente, comienzan a surgir los primeros oficios (carpintero, herrero, etc.), siendo éstos realizados por los varones, en tanto que las mujeres seguían estando responsabilizadas del hogar y de los hijos.

Y finalmente se llega a la Revolución Industrial, inicio del capitalismo moderno. A partir de ese momento, las máquinas comienzan a realizar los trabajos más duros. Esto unido a que, por esa época, la ciencia aprende a saber controlar la natalidad, origina que las mujeres empiezan a salir del hogar y a integrarse en el mundo del trabajo asalariado. Y así, hasta hoy.

Antes de la incorporación de la mujer al mercado laboral, las feministas defendían la idea marxista, derivada de la obra de Engels, de considerar al sexo femenino como una clase social más. Para Engels, la desigualdad entre los dos sexos era el primer antagonismo existente dentro de la especie humana. Considera ba el dominio de un sexo sobre el otro como la base más antigua y universal de la injusticia humana. En su libro El origen de la familia, la propiedad privada y del Estado, Engels defendía la idea de que la opresión de la mujer tenía un origen económico (la propiedad privada), pues, según él, con el capitalismo, el varón empezó a trabajar por un salario y pasó con ello a convertirse en el principal miembro de la familia, dado que era él quien aportaba todo el dinero necesario para vivir. Por el contrario, la mujer pasó a situarse en una posición de absoluta dependiente del marido, al no poseer ella independencia económica. Por tanto, Engels creía que la opresión de la mujer desaparecería cuando ésta se integrara en el mundo del trabajo asalariado.

Sin embargo, con la incorporación de la mujer al mercado laboral, no sólo no ha mejorado su situación, sino que, para algunas feministas, ha empeorado, porque tiene que seguir llevando también la organización del hogar. Téngase en cuenta que, por ejemplo, en España, las mujeres dedican 5 horas diarias más que sus maridos a esas tareas (8 horas de ellas por 3 de ellos).

La solución a este problema está, según las feministas, en que el hombre intervenga tanto como la mujer en las labores de la casa. Pero, claro, tal cosa no es fácil de conseguir. Porque las razones por las que los varones intervienen menos que sus parejas en las labores domésticas son complejas. En primer lugar, el hombre está ligado al hogar mucho menos que la mujer, dado que él ni da a luz ni amamanta a los hijos. Esto le lleva a asociar inconscientemente ese trabajo con el sexo femenino.

Pero cuenta también el aspecto biológico. Hoy se sabe que el hecho de que a las niñas les guste jugar a mamás, cuiden y acunen muñecos, se disfracen de princesas y utilicen cocinitas, lo mismo que la tendencia de los niños a luchar con sables y pistolas, a ordenar ejércitos de soldados y de indios y a disfrazarse de guerreros, bomberos y futbolistas, no es solamente una consecuencia de la educación, sino que viene determinado (como
Perdeis mas que ganais
01 nov 2005
Os dejo la direccion, no cabe todo
http://www.mariocarbonell.com/weblog/archives/000170.html
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
09 nov 2005
José, tu artículo lo publiqué yo en este foro en mayo de 2004, De todas formas, gracias porque te haya gustado. Un saludo.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
18 nov 2005
Bien quiesiera contactarte.

Soy alumno de una prepa de Mexico, donde el hembrismo más que una astuta realidad escondida en el antifas llamado feminismo, resulta un esquema y forma de vida inperceptible ante los juicios socialmente aceptados auqí donde se vive de manera rigurosa con ese esquema que todos sabemos pero pocos se pueden jactar de percibir o aceptar como tal.

Realizo una investigación de cómo funciona el hembrismo en Mexico y cuales son las razones reales de la supuesta debilidad femenina que no se limite solo a lo anatomico y de como su supuesta defensa no hace más que acentuar su poder y de cómo la debilidad no es debilidad en sí, al contrario, un recurso más para el poder implicito de la mujer.

Si quiesieras contactarme podías mandar un correo cualquiera de estas direcciones:
lobitor_7 ARROBA hotmail.com
crpnopio ARROBA yahoo.com.mx
cronopiory ARROBA hotmail.com
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
01 des 2005
Te deseo suerte, Jàcome, en tu empresa por desentrañar los "secretos" de eso que llamàis hembrismo. Te deseo suerte porque la vas a necesitar. Desde luego, yo no puedo saber de qué ambiente estás hablando ya que no he estado en México. Tampoco lo llamaría hembrismo, pero la verdad es que, si me ciño a mi experiencia propia, no puedo decir que las mujeres que he conocido tengan menos poder que los hombres. Eso sí, esta percepción sólo parece ser mía. Si la expongo públicamente, me llueven chuzos de punta, me vapulean verbalmente, claro. De hecho, si la capacidad de observación no estuviese bajo mínimos, eso, ya sería una demostración para cualquiera, de que mi percepción no es tanto fruto de misoginias o de machismos o de miedos a las mujeres...etc, como les gusta decir a los defensores de la mujer como víctima, sino de la realidad.
Tengo ante mí un libro de título "los jabalis tambien se besan en la boca", de Pilar Cristóbal. Es un libro intrascendente, escrito con más intencón de divertir que de informar, sobre las costumbres sexuales de los animales que, por lo visto, pueden llegar a ser tan pervertidas como las que practicamos los humanos. Y en estas relaciones, tambien existen cosas parecidas a la guerra de sexos, a la violación y a la violencia de género. Pues bien, cuando son las hembras de la especie animal que sea, la agresiva o la asesina, la autora no duda en justificar tal comportamiento o en hallarle algun tipo de eximente, calificándolo de necesario o de apropiado. A los machos, los califica sin dudar, sin conceder el menor espacio a la comprensión que se podía esperar de un observador alejado física y psicologicamente de los hechos que describe, commo vagos, maleantes, violadores, haraganes; y cuando son agredidos por las hembras en las circunstancias que sean, escribe tranquilamente que "se lo tienen merecido". Esto, ya te digo, se trata de un libro divulgativo que tan sólo pretende mostrar que la sexualidad humana no es algo tan alejado de lo animal, y viceversa -Lo cual podria hacer pensar a más de uno de ésos partidarios de la idea de que todo el comportamiento sexual humano es producto de su "culturización" , no de ninguna naturaleza, las feministas entre ellos, precisamente, pueden estar equivocados- y que por tanto no cabe esperar ninguna conclusión más allá de lo que se entiende como distendido o entretenido. Sin embargo sus mensajes son claros. Y como eso, otras cosas.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
01 des 2005
Te deseo suerte, Jàcome, en tu empresa por desentrañar los "secretos" de eso que llamàis hembrismo. Te deseo suerte porque la vas a necesitar. Desde luego, yo no puedo saber de qué ambiente estás hablando ya que no he estado en México. Tampoco lo llamaría hembrismo, pero la verdad es que, si me ciño a mi experiencia propia, no puedo decir que las mujeres que he conocido tengan menos poder que los hombres. Eso sí, esta percepción sólo parece ser mía. Si la expongo públicamente, me llueven chuzos de punta, me vapulean verbalmente, claro. De hecho, si la capacidad de observación no estuviese bajo mínimos, eso, ya sería una demostración para cualquiera, de que mi percepción no es tanto fruto de misoginias o de machismos o de miedos a las mujeres...etc, como les gusta decir a los defensores de la mujer como víctima, sino de la realidad.
Tengo ante mí un libro de título "los jabalis tambien se besan en la boca", de Pilar Cristóbal. Es un libro intrascendente, escrito con más intencón de divertir que de informar, sobre las costumbres sexuales de los animales que, por lo visto, pueden llegar a ser tan pervertidas como las que practicamos los humanos. Y en estas relaciones, tambien existen cosas parecidas a la guerra de sexos, a la violación y a la violencia de género. Pues bien, cuando son las hembras de la especie animal que sea, la agresiva o la asesina, la autora no duda en justificar tal comportamiento o en hallarle algun tipo de eximente, calificándolo de necesario o de apropiado. A los machos, los califica sin dudar, sin conceder el menor espacio a la comprensión que se podía esperar de un observador alejado física y psicologicamente de los hechos que describe, commo vagos, maleantes, violadores, haraganes; y cuando son agredidos por las hembras en las circunstancias que sean, escribe tranquilamente que "se lo tienen merecido". Esto, ya te digo, se trata de un libro divulgativo que tan sólo pretende mostrar que la sexualidad humana no es algo tan alejado de lo animal, y viceversa -Lo cual podria hacer pensar a más de uno de ésos partidarios de la idea de que todo el comportamiento sexual humano es producto de su "culturización" , no de ninguna naturaleza, las feministas entre ellos, precisamente, pueden estar equivocados- y que por tanto no cabe esperar ninguna conclusión más allá de lo que se entiende como distendido o entretenido. Sin embargo sus mensajes son claros. Y como eso, otras cosas.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
09 des 2005
Efectivamente, es hembrismo. Igualmente si estamos en España se debe decir Lerida o Gerona y no Lleida o Girona, puesto que yo no digo London o New York cuando hablo de Londres o Nueva York.
Asi que hembrismo ó masculinismo y Lerida y La Coruña.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
13 des 2005
La familia, a través del patriarcado es la escuela de la dominación, desde las primeras fases de desarrollo de la civilización.

El capitalismo moderno, con su necesidad permanente de expansión del mercado, ha incorporado a la mujer al merdado de trabajo: como esta situación genera un evidente conflicto con el esquema machista, el capital ha financiado el feminismo, que no es otra cosa sino un intento de reproducir el esquema ideológico de la dominación, pero desde el lado femenino.

El machismo y el feminismo, en tanto que ideologías de dominación son contrarias a la verdadera libertad humana.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
22 des 2005
desde luego el liberalismo ( por ser un subproducto de la logica )es un sistema nefasto para la coexistencia simbiotica entre el hombre y la mujer por poner en competencia ambos sexos , pero con que fin ? el desarrollo tecnologico y me pregunto donde entra nuestra propia especie que se autodestruye persiguiendo fines meramente materiales y es usada por el "sistema" para satisfacer sus propias metas , estos errores ya han sido cometidos en otras sociedades como por ejemplo en la ex URSS con consecuencias muy perjudiciales el sistema de gobierno opto por estudiar las caracteristicas que le son propias a cada genero para tratar de hacer un desarrollo mas armonico y no antagonico copiando el modelo de paises mas tradicionales como Japon .
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
23 des 2005
Sin duda cabe que la mujer ha sufrido mucho por culpa del hombre durante toda la historia de la humanidad y hasta hace pocos años el hombre tenia el poder absoluto, pero hemos cometido un error: ceder parte de este poder a la mujer.
¿porque es un error? porque la mujer tiene una venganza historica contra el hombre y esa venganza se la estamos poniendo en bandeja de oro. si os fijais realmente la mujer no ha hecho nada por la humanidad (exceptuando la funcion reproductiva) o mejor dicho por la sociedad, la mujer solo ha hecho cosas por la mujer, en cambio el hombre siempre ha inventado cosas para todos.
-podria explayarme muchisimo mas pero tampoco es plan, unicamente voy a poner un ejemplo de este ensalzamiento absurdo q hacen las hembras (mujeres) de ellas mismas hoy en dia:
Se dice, y cierto es, que el futbol es el reflejo de la sociedad. fijaros, la liga española de futbol es la mejor del mundo, donde estan los mejores futbolistas, su nombre es L.F.P (Liga de Futbol Profesional) en cambio la liga de mujeres es de un nivel muy bajo, y comparada con la de los hombres es muy muy inferior (por cuestiones fisicas entre otras) aun así esta liga se llama Superliga Femenina, jaja increible. venga no me jodas!!! si mi bisabuelo levantara cabeza... bufff!
luego nos extrañamos de tantas muertes de mujeres a manos de sus maridos, no me extraña.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
27 des 2005
López demuestra claramente que se puede escribir y ser un perfecto imébecil.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
27 des 2005
manga de pelotudos,porque no se dejan de hablar tantan idioteces.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
28 des 2005
Esta pregunta solo la pueden hacer los hombres que, primero, no tienen ni idea de qué es el feminismo y, segundo, necesitan desahogar la rabia y el miedo que les da que las mujeres tengamos y ejerzamos nuestros derechos

el discurso de la igualdad está pensado para los hombres, para que vayan bajando sus niveles de privilegios patriarcales y de paso su agresividad a la hora de plantear sus argumentos que es donde más se nota el machismo.

el hembrismo es su correspondiente en las mujeres y las hay que siguen justificando que los hombres han de cuidarlas y protegerlas para no aceptar su autonomía como mujeres

sin machismo ni hembrismo estaríamos mejor pero estos conceptos nada tienen que ver con el feminismo que no es un movimiento social reivindicativo, eso es cosa de las politicas de igualdad de los servicios sociales, por el contrario es más bien una propuesta filosofica, ética y politica, ésta última que todavía no se ha plasmado nunca en la practica,

nos confunden los conceptos
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
28 des 2005
Anda xupadme la tita todos y todas conio.

A las tias estas lo que necesitan, es ... el que? pues todo el mundo lo sabe, no es menester repetirlo, pues un cacho polla bien grande en su bujero. Esto pa empezar.

Y todos los demas, soy unos mojigatos, autenticos maestros en el arte de cogersela con papel de fumar.

Y a la niña esa que dice, que dius nen, de que parles i tal. Primero señalarte que tu porvenir y destino es indiscutiblemente casarte con 1. UN rico, 2 un ejecutivo 3. alguien con la tita grande como yo, o alguien que te satisfaga realmente. Recalco lo de realmente, porque los dildos no valen. Osea, que estara en una casa con tus 14 hijos fregando y susituiras tu pañelo con la bandera de catalunya y tus pantalones a rayas por un gorro de xaxa y un delantal. Queda clarito, vale, pues si no queda claro ya sabes, a xuparme la butifarra y no hay mas.

Bueno cambiando de menesteres. Me importa un cojon la historia i los opiniones racionamientos y intelectuailidades de mierda escritas por frikis medio calvos con pelo castaño y fino y gafas cutres que son realmente maricas. que siempre dicen eso de , hombre, yo creo que... con voz de pedo de culo petado y ahogadizo que sale de entre los mofletes del culo a traves del ojal estriado.

Osea, vais a una pagina porno y eso es lo que hay que mucho quejarse pero al final las xurris se piran por un tita grande por muxo que digasn.

Y ahora seguro que me saltara la niña esa con la bandera de ERC y dira ai nenn. Aprende a hablar coño de una puta vez que solo sabes que uejarte

Folla mas con tios con tita enorme y por fin dejanos en paz coño. Almenos a mi.

COn todo respecto.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
28 des 2005
Ah y no me extrañe que en el caso de existir, que existe pero bueno, el machismo, no me extraña su existencia habiendo tias como tu, que siempre estan quejosas, o defienden banderas de anarkia i fuman petas y toda esa mierda, o que son unas pijas orgullosas de ellas mismas que tienen la cabeza tan alta que parece que se les haya dislocado el cuello, pero sobretodo tias como tu, me parece que te llamas jo de nick. Pues si te lo digo a ti. Porque llega un punto que un hombre o cualquier persona viviente se cansa ya de oir gilipolleces. Siempre saltan i dicen ai pero neeeen, joder que parecen niñas pequeñas, entonces cuando les metes una bufa, simple y yanamente pàra que se callen un poco, ya uhhhhhh. Joder es una bufa justificada, de aprendizaje, no es una llave de kunfu ni una patada en los guevos, que de eso si que recivimos

el feminismo es dañino , bromas a parte, mucho!, para unos y otras.

Es mas maligno que un cancer. Tendriais que agradecerme esta aclaracion las feministas de alli.

HAy alguein que le guste la hamburguesa sola? el cafe descafeinado? el tabaco ultralight? el papel de vater perfumado? (haha), el Drambuie? Venga por favor Onbre.mas tetas menos carretas
.

Lo dice uno que no folla muxo, pero estoy aprendiendo grcias a este foro. No mas niñatas independentisatas ni mas " Ai nen" de real mierda.

Adios.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
28 des 2005
Pues yo creo que... eres un capullo. Y lo de capullo lo digo en el sentido positivista de la palabra. Particularmente, debo decirte que, más que chuparte la polla, lo que yo haría sería modértela hasta arrancártela, lo que provocaría sin duda, una situación harto enojosa, no sólo para tí, estimado bstard, sino también para la señora de la limpieza, puesto que se vería obligada a limpiar del suelo toda la enorme cantidad de sangre que, sin duda, vertirias. Y, francamente, por no violentar a una mujer, -algo que me está estrictamente prohibido dada mi condición de hombre liberado- con tamáña debacle orgànica, preferiría chupártela.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
28 des 2005
Estimado y humilde-sumiso lector maricon.

Me alegra enormemente su respuesta i mis mas sincera alegria por ver que hay gente aun mas capuya que yo. Mis alabansas van para Uve de.

yo creo que he escrito este mensaje porque lo que en el foro se expone son xorradas, vilmente expuestas a la intemperie de este vasto campo virtual denominado internet.

De paso , y si se me permite este breve inciso, me gustaria exponerle asi a bote pronto ( cáspita, de donde habré sacado yo esa palabra denostante de una bajez cultural sin precedentes en la historia de las publicaciones de un servidor y su respectivo ego.) El tema, con alto contenido social que es el de la ecología.

Los ecologistas actualmente, desde mi prisma particular...

Doy rabia. Petame. Por favor.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
29 des 2005
Debo expresar mi más sincera y cálida aprobación a sus palabras tan bellamente escritas aunque, si me permite usted decirlo, no acaban de quedar resueltas en la última parte con la misma brillantez expositiva con la que abre su intervención. Debo confesarle que no entiendo nada de las frases con las que acaba el párrafo. Deduzco, desde las limitaciones del medio y mi posición lejana, que siente usted rabia. Especialmente en el apartado en que le aseguro que "preferiria chupársela"... . Más rabia incluso que en el momento en que procedo a denominarle con la palabra "capullo", término este que usted no rechaza en ningún momento. Incluso, creo que siente más rabia usted que la que pueda inspirar a otros, yo mismo sin ir más lejos. Le aseguro que yo tambien entiendo este foro y todo cuanto en él se dice con el mismo adjetivo que emplea para definirlo. Pero eso no es grave ni censurable. Hablar y expresar es lo verdaderamente útil.
Francamente estoy con usted, en sentido estrictamente emocional, de manera más directa de lo que usted cree.
Y lo de petarle... pero por favor hombre, !!! El feminismo o el hembrismo, son la expresión de emociones, no una ideologia o filosofia o metodologia o ética o moralidad o.... Es pura emoción. Y como todas las emociones, tiene una importante carga de negatividad y de capacidad destructiva. A los hombres nos van a destruir, y no en un sentido simbólico. Usted lo ve y eso le enfurece; le enfurece que un tipo diga que prefiere "chupársela" antes que violentar a una mujer... lo cuál relñaciona, acertadamente, con sumisión y con una postura impropia de alguien que sienta orgullo o autoestima. Estoy de acuerdo. La homosexualidad de los hombres se puede comparar bastante bien con la sumisión a lo femenino, a las mujeres; así como el lesbianismo se relaciona con la liberación de éstas, de las féminas. Seguro que algo así es lo que a usted le encabrona. A mí sí me encabronaba, aunque he aprendido a prescindir de semejantes consideraciones. Haga usted lo mismo y libérese de su rabia. Digo esto no con intención de darle lecciones, pero... mire por donde, le encuentro simpático.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
08 gen 2006
Como colectivo, parece que algunos hombres no hemos querido reconocer la parte del machismo que nos afecta a nosotros como personas, ni mucho menos al resto de las demàs personas (mujeres, y muchos y muchas más). Lamento tal amnesia histórica. Mujeres machistas hay, hembristas también, y ambas cosas - Hombres han habido desde tiempo inmemorial-. Que haya feministas que se contradigan tambien hay. Pero nada de eso descalifica las críticas que las feministas han hecho al capitalismo patriarcal, y de las que son solidarios los hombres antisexistas. El desconocimiento del daño causado por el Patriarcado nos vuelve cómplices del mismo a hombres y mujeres (heterosexuales y/o homosexuales), pero esta complicidad no lo justifica. Ni siquiera en nombre de la mala conciencia, la autoindulgencia o la culpa. No ayuda tampoco plantear en forma patriarcal el tema en termino de "mujeres" contra "hombres", pues el debate no es sobre contingencias entre personas, sino sobre formas de acción social de caracter estructural, es decir, aquellas reproducidas en el sistema social ESTABLECIDO del que todas y todos formamos parte en la medida que no lo impugnemos y trastoquemos. ¿Con qué moral un hombre de tendencias misóginas va a criticar el autoritarismo de una supuesta "feminista", si ambos siguen reproduciendo el Patriarcado? CONICIDEN en su normativa machista, por lo que son antagónicos sólo en apariencia. Ahora, si con todas sus contradicciones, alguna feminista vive en proceso de emancipación -lo que implica una dosis de coraje y de honestidad personales, y de cambios de comportamiento personal y social (por ejemplo, no profesar ni autoritarismo, ni homofobia, ni misoginia, ni MISOANDRIA)-, ese paso más allá de los establecido puede ser seguido por algun varon, emancipandose ambos. Quizá desde este esfuerzo personal y conjunto, desde esta visión y práctica trastocadoras, pueda superarse esa distorsión del debate (bajo la forma "guerra de los sexos") para comprendernos que tanto unas como otros somos aplastados material y simbólicamente bajo una misma política (el patriarcado) y una misma ideologia (el machismo), con todas sus derivaciones psicosociales. Y ya no será el debate entre "un hombre" y las feministas "hembristas", sino entre feministas + profeministas ante toda una ideologia la cual es reproducida en concreto gracias a c/u por nuestra inconciencia e insensibilidad ante la problematica de la situación machista en la cual cotidianamente vivimos, lo que muestra que tan sumergid.s estamos aún en la cosmovision del capitalismo patriarcal.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
08 gen 2006
Como colectivo, parece que algunos hombres no hemos querido reconocer la parte del machismo que nos afecta a nosotros como personas, ni mucho menos al resto de las demàs personas (mujeres, y muchos y muchas más). Lamento tal amnesia histórica. Mujeres machistas hay, hembristas también, y ambas cosas - Hombres han habido desde tiempo inmemorial-. Que haya feministas que se contradigan tambien hay. Pero nada de eso descalifica las críticas que las feministas han hecho al capitalismo patriarcal, y de las que son solidarios los hombres antisexistas. El desconocimiento del daño causado por el Patriarcado nos vuelve cómplices del mismo a hombres y mujeres (heterosexuales y/o homosexuales), pero esta complicidad no lo justifica. Ni siquiera en nombre de la mala conciencia, la autoindulgencia o la culpa. No ayuda tampoco plantear en forma patriarcal el tema en termino de "mujeres" contra "hombres", pues el debate no es sobre contingencias entre personas, sino sobre formas de acción social de caracter estructural, es decir, aquellas reproducidas en el sistema social ESTABLECIDO del que todas y todos formamos parte en la medida que no lo impugnemos y trastoquemos. ¿Con qué moral un hombre de tendencias misóginas va a criticar el autoritarismo de una supuesta "feminista", si ambos siguen reproduciendo el Patriarcado? CONICIDEN en su normativa machista, por lo que son antagónicos sólo en apariencia. Ahora, si con todas sus contradicciones, alguna feminista vive en proceso de emancipación -lo que implica una dosis de coraje y de honestidad personales, y de cambios de comportamiento personal y social (por ejemplo, no profesar ni autoritarismo, ni homofobia, ni misoginia, ni MISOANDRIA)-, ese paso más allá de los establecido puede ser seguido por algun varon, emancipandose ambos. Quizá desde este esfuerzo personal y conjunto, desde esta visión y práctica trastocadoras, pueda superarse esa distorsión del debate (bajo la forma "guerra de los sexos") para comprendernos que tanto unas como otros somos aplastados material y simbólicamente bajo una misma política (el patriarcado) y una misma ideologia (el machismo), con todas sus derivaciones psicosociales. Y ya no será el debate entre "un hombre" y las feministas "hembristas", sino entre feministas + profeministas ante toda una ideologia la cual es reproducida en concreto gracias a c/u por nuestra inconciencia e insensibilidad ante la problematica de la situación machista en la cual cotidianamente vivimos, lo que muestra que tan sumergid.s estamos aún en la cosmovision del capitalismo patriarcal.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
15 gen 2006
Yo pienso que los hombres necesitamos un "nuevo" modelo de masculinidad, más positivo y con el que sentirnos más cómodos. He puesto antes nuevo entre comillas, porque pienso que los valores positivos de la masculinidad han existido siempre, lo que ocurre es que quedaron eclipsados por el mal hacer en el uso y el abuso de las normas sociales de cada momento histórico.

Por eso pienso, que lo que tendríamos que hacer los hombres es "desenterrar" y recuperar lo que de positivo tiene ser hombre en la sociedad y no permitir que el mensaje negativo y catastrofista que sobre el hombre, se desprende de muchos de los mensajes feministas al uso, por los medios sociales y de comunicación, nos invada y acabemos aceptándolo como algo normal o inevitable de la condición masculina.

He aprendido mucho de lo poco que he leído sobre el feminismo. Y creo que en muchos aspectos comparto lo que ese movimiento defiende, a pesar de lo cual, no creo que merezca ser calificado de profeminista, pues cualquier parecido con la realidad sería pura coincidencia, ya que de lo que se trata para mí y por tanto, lo que no soy, es un mal nacido. Por lo que yo defiendo para ellas los mismos derechos, deberes, oportunidades, dificultades y/o facilidades que para nosotros. Ahora bien, lo que sí soy, es pro-masculino, es decir que poseo una idea positiva de lo que significa ser hombre en la sociedad y esta idea, pienso yo, es la que debemos fomentar los hombres en nuestra acción cotidiana.

Ser pro-masculino significa ser positivo respecto a los hombres; creer que los hombres podemos cambiar; apoyar los esfuerzos de cada hombre por lograr un cambio positivo. Significa construir relaciones íntimas y alianzas de apoyo entre hombres. Es reconocer los muchos actos de compasión y nobleza de los hombres. Es resistirnos a sentir desesperanza respecto a los hombres y a descalificarnos, y es rechazar la idea de que los hombres somos intrínsecamente malos, opresivos o sexistas.

Ser pro-masculino es darnos cuenta de que los hombres individuales no son responsables ni pueden ser culpados por las estructuras y valores sociales tales como la construcción social de la masculinidad o la historia de la opresión de las mujeres. Esto debe ser equilibrado con el reconocimiento de que cada hombres es responsable de su conducta opresiva (como la violencia) y puede escoger cambiarla. Si un hombre es sexista u homofóbico, una respuesta positivamente masculina sería ayudarlo y motivarlo a tratar de cambiar esto, y desafiar la conducta, en lugar de atacarlo.

Ser pro-masculino también tiene que ver con el reconocimiento y la apreciación de los aspectos positivos de la masculinidad. La fortaleza, la determinación y el valor son todos aspectos de la masculinidad tradicional y, sin embargo, son características útiles para la habilidad de los hombres para cambiar la sociedad.

El ser pro-masculino está equilibrado por el pro-feminismo. Ser positivamente masculino no significa, por supuesto, apoyar cualquier cosa que los hombres hacen. Debemos mantener un código de ética o valores, y evaluar a los hombres y las masculinidades de acuerdo a éste. Para dar un simple ejemplo, una masculinidad violenta es inaceptable porque la violencia es éticamente inaceptable.

Finalmente, ser pro-masculino es compatible con criticar los aspectos opresivos o destructivos de los grupos o los movimientos de hombres.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
10 feb 2006
Escribo porque acabo de tener una dixcusión con un compañero y a tal indignación, he estado buscado por internet "feminismo" y he encontrado esto.A pesar de ser bastante joven y por tener las ideas claras gracias a mi experiencia me pisotean y discriminan por ello, por ser diferente a ellos, aunque eso no ace falta que lo diga.Te pones a discutir con la gente, ( que a veces me pregunto porque me molesto),y te dicen !QUE HAY IGUALDAD¡. Vamos yo no es por nada pero se tiene el prejuicio de que feminismo es antonimo de machismo, (mujer mas que hombre) cuando cualquiera que tenga un mínimo de conocimientos sabe que no es asi y que solo se dice para tachar al feminismo y que no se extienda.
Gracias por este pequeño espacio.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
14 feb 2006
no sé de qué discutes lamoreniya2... pero discutir implica igualdad. Lo que no te gusta es que no te den la razón. Que expongas tus quejas y que el "compañero" te lleve la contraria. El problema es tuyo.
JUstemente aqui, al principio del "debate" este, lo que se propone es usar las palabra adecuadas y no confundir feminismo con hembrismo, que vendria a ser la palabra equivalente a machismo.

Si el feminismo es otra cosa... pues que lo sea. El hembrismo es lo más común.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
16 feb 2006
Crec que hem de recordar una cosa que sembla que tothom ha oblidat:

Masclisme: Es suposa de la superioritat de l´home sobre la dona

Feminisme: es suposa de la superioritat de la dona sobre l´Home

Perquè avui dia una dona pot dir que els homes som tontos y un home no pot dir que les dones son tontes?

Es que no és possible que les dos posicions siguin radicals i que el que no és correcte per a un sexe no ho sigui per a l´altre??

Jo soc igualitari,

Crec en l´igualtat entre home-dona, y cualsevol intent de superioritat em fa fástic, igual de fástic em fa un masclista que creu que les dones no valen res, com una feminista que creu que els homes no valen res

I es que s´està abusant desde el cantó femení de la susceptibilitat. S´està convertint els homes en el mal d´aquesta societat només com a venjança d´algu que van fer els nostres antepassats, jo no soc el meu avi, ni soc mascliste, perquè haig de pagar pel que va fer el meu avi.

Perquè només per haver nascut home m´haig de sentir malament? perquè haig de sentirme culpable de tot el que pasa al món, perquè haig de presuposar que la dona, cualsevol dona es superior a mi en tots els aspectes? No és just del que us queixaveu les dones ara fa 20 anys?

Es que voleu ser igual d´injustes del que eren els masclistes?

Si feu el mateix que el que feien els masclistes, en què us converteix això?

Es possible viure en igualtat? o Tan sols pot manar un sexe? Es que ningú se n´adona que l´important en aquesta vida no es ser superior a l´altre sexe? que els homes son homes y les dones son dones y l´important es tenir al teu voltant homes y dones que t´estimin, et respectin, tels estimis i els respectis?

Només una opinió d´un home fart de sentir que es el pitjor, tonto, que no sap fer dues coses a l´hora, que pensa amb el rabo, que les dones el superen en tot, y un larg etc que tots ja debeu saber

Visca la Igualtat!!
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
19 feb 2006
A pesar de los interesantes y valiosos comentrarios de las diferentes partes, debo hacer notar un error en el uso del termino "hembrismo". El hembrismo propiamente dicho constituye el complemento del machismo por parte de la mujer. Es decir, la actitud que la mujer toma dentro de un sistema patriarcal como son: pasividad, dependencia, ausencia de gratificación sexual, exuberancia en las redondeces anatómicas, coqueteo, entre otros. Hembrismo y machismo hacen referencia a roles complementarios en la hembra y el macho dentro de sociedades patriarcales o comunmente denominadas machistas.

La palabra hembrista fue acuñada -desde tiempos recientes- para nombrar de mejor modo a una mujer mal llamada "machista", como se lo solía hacer.

En tanto que el feminismo se entiende por el movimiento social que tiene como principios la emancipación, liberación femenina e igualdad entre géneros.

Sin embargo, la degeneración de este movimiento, es decir un feminismo extremista, es lo que erroneamente el autor del artículo denominó "hembrismo".

Finalmente declaro que tras leer varias de las respuestas expuestas me he dado cuenta que quienes manifiestan algo realmente útil son poquísimos, el resto caen en absurdas peleas o peor aún pierden su tiempo escribiendo bobadas indescriptibles -chequeen lo que escribió el tal López y me entenderán-. Por favor evitemos tal pérdida de tiempo, no destruyamos esta oportunidad de debatir temas de interés ni la transformemos en un chat cualquiera.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
19 feb 2006
Che, no puedo estar mas deacuerdo con vos. Me robaste las palabras. En primer lugar es cierto que el termino hembrista esta mal utilizado y en segundo, como puede existir un "ser humano" (por tener cierta consideración) como aquel Lopez, b'star, entre otros que no tengan verguenza de mostrar su nivel de estupidez a la gente.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
20 feb 2006
existe este mismo debate en www.wicodatos.org seria buebo que pasaras por alla y aportaras mas datos a la esta controversia.

gracxias
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
23 feb 2006
No se tu troll, pero yo nunca he vivido en una igualdad, solo en mi casa; y aunque para discutir algo hace falta esa igualdad ( en eso te doy la razon),con quien discutes nunca la aceptará, y el problema no es que me den la razon o no, como tu dices, es que al intentar dar tu punto de vista y conclusiones te callan diciendo:" tu te callas que no tienes ni idea porque eres una mujer" y eso querido amigo es lo que me provoca tal indignacion, que te desprecien, te rechacen por ser lo que eres.
Por ultimo decirte, que lo de dar la razon es una jilipollez(con perdon) porque no creo que seas capaz de convencer a las personas de lo que tu piensas y que lo piensen ellos tambien,cada uno tiene sus inclinaciones y con ellas se queda.
A ver si vuelvo pronto por aqui.XAO
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
25 feb 2006
Claro que no puedo convencer a las personas de lo que yo deseo, y menos durante una discusión. En otros paises, tal vez, se discuta de maneras menos acaloradas, pero en éste pais, españa, no tiene nada raro una discusión que acabe a golpes, o, en el mejor de los casos, insultos y amenazas. Por otra parte, durante una discusión, nadie, absolutamente nadie de los participantes, hace el menor esfuerzo en "comprender" el punto de vista del interlocutor. Todos parten del principio de imposición, no de escuchar. Si te sueltan eso que dices que te han soltado, pues la verdad es que no tiene nada de extraño. Si eres aficionada a discutir, estoy seguro que si haces exàmen de lo que de tus labios ha salido, descubrirás improperios y frases que no tenían más intención que la de dañar el ego de quién tenías delante. Es así unas 999.999 discusiones al día, aunque siempre hay un espacio para la sorpresa. Por lo respecta a sentirme "pisado" por ser quién soy, por ser lo que eres, ... no las he contado, pero bastantes. Y yo soy un hombre. Si creemos lo que dicen las feministas de los hombres y esta sociedad que hemos creado para "nuestro uso y disfrute", tales cosas no me sucederían. En cambio me suceden. Esas y otras. Si alguien quiere descalificarte, insultarte, lo hace usando aquellos términos y conceptos más "hirientes" que tú les muestres. En un mundo no sexista commo se quiere, una discusión acalorada y con insultos, no te descalificarian usando tu condición de mujer, sino otra, tan real y tan hiriente... Y en cierto modo, volveríamos a estar en lo mismo.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
16 mar 2006
Está muy bien que antiguallas como ese tipo opinen eso, con su habitual y sangrante desconocimiento del drama que ha supuesto y supone la discriminación y la violencia contra la mujer.

Eso significa que tienen miedo, miedo de mirar a una mujer que ya no acepta esos papeles donde la sociedad machista las encasilla, quieran o no: "consejera del varón", "ama de casa", "madre-cuidadora del niño"...

La igualdad da miedo, la libertad da miedo... sobre todo cuando uno es cobarde y quiere sentirse superior sólo por lo que se es.

Y la retórica barata de "feminismo" y "hembrismo" no puede ocultar el significado,que es muy simple: da miedo que las mujeres puedan superar a un hombre con complejo de crío malcriado.

Somos seis mil millones de personas en el mundo, la mitad mujeres,la mitad hombres,con los mismos derechos, con la misma opción de elegir lo que queremos.

Pero aún quedan millones de hombres que niegan esos derechos y opciones a las mujeres.

Y esos millones de hombres tiemblan cuando se les viene el invento abajo.

Lo siento, tíos, ya no cuela.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
18 mar 2006
Parece ser que las que tienen miedo a la igualdad son las mujeres hembristas, porque no paran de sacar leyes discriminatorias; no paran de desacreditar a cuanto hombre las critica (sin tolerar ser criticadas a su vez por criticar a un hombre); no paran de robarle derechos a los hombres; de robar libertad de expresión y de acción; están difundiendo una imagen del hombre degradada y falsa, culpabilizable de cuanto se antoje.
Lo que veo en la tele y lo que veo en las estadísticas no es el mundo real, YO NO SOY ESO QUE DICEN QUE SOY, no me parezco en nada, no tengo culpa de nada de lo que dicen que soy culpable... por el mero hecho de ser hombre.
¿Por qué tengo que ser yo discriminado por mi género? ¿vosotros os dejais culpabilizar y tolerais que os discrimien? ¿sois maltratadores?... si odiais el maltrato y la discriminación ¿por qué apoyais a unas mujeres que maltratan y discriminan a TODOS los hombres, y encubren a las que son como ellas?

Lo que no cuela es el cuento del machismo, ya no cuela.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
20 mar 2006
A quién llamas antigualla Pedro?. Si te refieres a mí, pues me parece bien que me llames antigualla ya que pienso que tú eres un gilipollas integral, así que estaríamos en paz. Por otra parte, si te refieres al tipo que inició el debate, pues mira, él sabe tanto como puedes saber tú. Eres el típico hombre-liberado que va por ahí señalando con el dedito a los que estan fuera de la ortodoxia, "judio-converso". No, no te respeto, eres un bocazas, además de todo lo que te he dicho.
Re: Feminismo... ¿o hembrismo?
29 mar 2006
tanto empeño tanto empeño, jajaja, a ver, si somos iguales no entiendo varias cosas, por favor que alguna hembrista me lo explique, si luchan por la igualdad porque en las pruebas de oposiciones libres de, los distintos ayuntamientos, generalitat, dipitaciones, ejercito, policia nacional o municipal, militares profesionales, etc etc, no luchan si se quejan por la igualdad? porque mientras nosotros tenemos que levantar 45 kg ellas 25 kg, porque en vez de correr 1500 m corren 1000 m? porque en vez de subir 7 metros de cuerda lisa suben 5 metros? mis queridas henmbristas, hermosas todas, marcando tipin, las que puedan, claro, (otras parecen morcillas de burgos, sobre todo cuando al agacharse se asoma la cuerda del tanga por detras, jajaja),porque no os quejais ante esta desigualdad en todas estas pruebas?, porque en un trabajo una mujer no puede levantar mas de 13 kg? jajaja, teneis una jeta que os la pisais, y a los hombres (creo que vamos quedando pocos) despertad de una puta vez, nos estan tomando el pelo, y algunas no pararan hasta ver como los hombres fregan las escaleras con una bayeta y de rodillas, jajjaja, pasando a otro tema que seguramente solo los separados o divorciados entenderan. Uno se casa por convencimiento de ellas y de ganas que tienen de lucir trajecito de novia y ser el centro de atencion durante un dia enterito, sin importarles una mierda lo que se gasta en ese dia, y todo lo que ello supone tanto a la pareja, familiares y amigos, asi que un dia te encuentras casado, hipotecado hasta las cejas, teniendo que trabajar 30 horas al dia, para que no falte de na, y de repente que aparecen los instintos maternales de la doña y quiere ser madre, pues nada, despues de tus problemas aun te metes en mas, porque quien le dice que no, primero por que llevas tres meses sin nojar el churro, cosa que eso no ocurria cuando estabais de novios, bueno pues de repente te encuentras con la hipoteca, una mujer inaguantable caprichosa y mimada, y ademas un hijo, la mayor alegria que puede tener un padre, los dias pasan y resulta que hay una cosa que se llama depresion postparto, que de eso entienden que no veas, te hacen ir de culo, tus gastos se van incrementando cada dia mas, entr unas cosas y otras, el niño la hipoteca, las deudas el especialista de tu mujer, etc etc, en fin para llegar un dia y que te planteen, me estoy dando cuenta de que ya no te quiero, no siento lo mismo de antes o simplemente no me gusta como miras a la vecina del 5º, asi que ves buscando un buen abogado y puedes darte por jodido doblemente, por la que va a ser tu exmujer y por tu abodado, de la noche a la mañana te encuentras en la puta calle, por que el usufructo de la vivienda es para ella y tu hijo, tu tienes que seguir pagando la hipoteca claro, de esa vivienda que con tanta ilusion mirabais ella y tu como ladrillo tras ladrillo se iva construyendo y todos lo proyectos de , pondremos una lampara roja y unas cortinas verdes en el salon (siempre lo que a ella le gusta), con un poco de suerte podras tener a tu hijo, un fin de semana al mes, eso si haciendo mala sangre cuando vas a buscarlo, ya que hasta que te lo bajan, tienes que esperar de 3 a 6 horas, (segun el grado de borde que esta ella ese dia o segun la juerga a tu costa que se ha corrido la noche anterior, vacilando y liberando sus apetitos sexuales con otros hombres), tendras que pasarle una pension a ella de tu hijo, y otra para ella, si es capaz de demostrar que no trabaja o que tiene ingresos inderiores a los tuyos, ademas si tienes coche y no llegas a ningun a cuerdo deberas de darle la mitad de lo que vale en ese momento tu coche que por supuesto, para ella seran 12000 euros, cuando realmente vale 500 euros, total que de repente, te envuentras, en la calle pagando a todas caras, trabajando 50 horas al dia, y como que no te llega, vaya tema que tenemos eh? hombres? un matrimonio no es para toda la vida, pero un divorcio y un hijo si. y pensais que merece la pena casarse tal y como estan las cosas, jajajaja.
El hombre necesita sexo coño, no arruinarse, jajajaja y eso esta en la calle gratis, nos lo dan ellas, yo tengo 25 años, y os garantizo que todas las noches hay alguna liberada por ahi suelta, casadasm novias, hasta a punto de casarse, jajaja , una autentica verguenza, aprovechar la ocasion todo lo que podais y dejar los matrimonios para las hembristas, que esas son las que mejor se lo montan, por cierto conozco varias y la mayoria son divorciadas y estan sangrando bien a sus exmaridos.

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