Imprès des de Indymedia Barcelona : http://barcelona.indymedia.org/
Independent Media Center
Notícies :: criminalització i repressió
Tondar
28 gen 2004
Situacion de presos politicos en Iran, Kurdistan, Turquia y Euskal Herria
Tondar.jpg
GARA 27/01/04 |

Iritzia > Gaurkoa
Mikel Arizaleta - Traductor
«Tondar»

Gefangen und isoliert, presos y aislados, «dos palabras que parecen ir de la mano». Así comienza el libro de Ralf Streck, escrito en alemán y titulado "Tondar. Geschichte und Widerstand politischer Gefangener". Y explica: Aislados de la sociedad y aislados también en la cárcel. La mayoría de las veces son presos políticos. Aislados también de los otros presos. El analiza la situación de los presos políticos en Turquía, Kurdistán, País Vasco e Irán. Pero da casi igual de qué estado del mundo se trate, los políticos, los funcionarios, los medios... negarán que sean presos políticos. Son banda, son terroristas, los terroristas de ETA, los terroristas kurdos, los terroristas palestinos, los terroristas iraquíes, los terroristas chilenos, los terroristas argenti- nos... Antes, en otros tiempos, los señores feudales, la Santa Inquisición, los reyes absolutistas y tiranos apodaron a parecidas gentes como bandoleros, brujas, ateos, indeseables, iluminados, salvajes, parias... Contra ellos, los gobiernos y sus técnicos, de antaño y hogaño, idean medidas de tortura: agravando las condiciones en la cárcel, restrin- giendo las visitas y la comunicación, encerrándolos en páramos lejos de sus casas, torturándolos en comisarías; sin derechos, sin abogados, sin médicos ni cámaras. Aplicándoles leyes es- peciales ideadas expresamente para torturar en el silencio de una celda, acosados por gentes ahora deno- minados funcionarios y antes llamados esbirros. Pero siempre, como dirán los gobiernos, «personal cualificado de la casa que cumplen con su función de orden».

La verdad es que, releyendo el ilustrativo libro de 380 páginas de Streck, no cambia en exceso la situación, ni tampoco el método, bien se trate de Turquía, Kurdistán, País Vasco o Irán. Se vive la misma experiencia. Da casi igual si el gobierno es musulmán, socialista o demócrata cristiano: mismas torturas, mismo lenguaje, mismo hilo conductor y perverso. Visiten ustedes una cárcel francesa, española, turca o alemana y en todas ellas encontrarán presos aislados, con frecuencia en huelga de hambre reclamando derechos mínimos: padecen hambre, frío, les rompen el sueño, les encienden la luz, les prohíben hablar entre sí, registran sus conversaciones, sus cartas, sus celdas, su culo, carecen de contacto, de cercanía, de libros, de música, de conversación, de trato, de pasta de dientes, de salud, de amigos, de Navidad y domingo. Les impiden palparse, abrazarse, les cambian a menudo de celda, les observan como a monos en jaulas, les cierran y les abren, les llevan y traen... Y en su vida diaria abunda la soledad, el miedo, la tortura, el traslado inesperado, las esposas y grilletes, el recuento, la humillación, las palizas, el aislamiento, el castigo, el recuerdo frío de terribles momentos vividos: los electroschocks, la bañera, el agua fría, el estridente ruido en los oídos, la pistola en la vagina, el «a tu puta madre la vamos a violar», las pesadillas... Tratan de matarlos y quitarles las ganas de vivir. Quieren que se cuelguen de las ventanas y se vayan muriendo lentamente. Que se les apague la chispa de los ojos. A esta práctica hace unos años se llamaba inquisición, mazmorra, razzia, escarmiento, silla eléctrica, garrote vil, guillotina, pena de muerte, potro, campo de concentración, Auschwitz... Hoy tiene otros nombres: cárceles especiales, cárceles de alta seguridad, tribunal especial, jueces especiales, plan ZEN, defensa de la vida, leyes antiterroristas, dispersión, leyes de colaboración, arrepentimiento y chivateo, estados de excepción, maniobras militares, guerra preventiva... El objetivo es el mismo: la aniquilación del ciudadano rebelde, molesto, de quienes reclaman derechos o democracia. Se trata de romper el espinazo de la gente para convertirlos en ciudadanos. Lo que en lenguaje técnico se denomina «vulgar reciclaje de basura».

Tondar es una palabra iraní que significa trueno y expresa resistencia y desasosiego. Y el autor del libro, en su análisis, nos recuerda que la persona presa es un ser social y necesita hablar, comunicarse. Ralf cuenta la experiencia de un turco, aislado en la cárcel, comunicándose soplando mediante un tubo en el agua de la taza del water. Más tarde, en el burbujeo del agua estancada de su inodoro, oyó la respuesta. Necesitaba romper su soledad, sentir el aliento. Es una mujer quien narra cómo fue encarcelada a finales de 1981 en Estambul. «Al anochecer me llevaron de nuevo al cuarto de tortura. Y esta vez fueron más bestias. Primero me golpearon y pisaron. Luego me desnudaron dejándome en paños menores. Sufrí elecktrochocks en pechos y cabeza. Luego me arrastraron a otro cuarto y me esposaron a la pared. Cuando quise sentarme tiraron de mis brazos hacia arriba. Sentí un dolor agudo. Al rato se me hincharon e intenté bajarlos. Y de pronto algo crujió, la cadena cedió y mis brazos cayeron hacia el suelo. Fue una sensación agradable... Más tarde me di cuenta de que la cadena cruzaba la pared y, en la otra parte, alguien atado a la misma, había entendido el mensaje». La respuesta.

Streck nos lee la carta de la alemana Ulrike Meinhof desde la profunda soledad de su celda y en estado lastimoso: «Sentía que me iba a estallar la tapa de los sesos, que la médula dorsal se me clavaba en el cerebro, que la celda se movía. Me despierto, abro los ojos: ¡es verdad, la celda se mueve!; a las tardes, cuando el sol me ilumina, parece detenerse un momento. Imposible desprenderse de esta sensación de movimiento. Una delirante agresividad que no encuentra escape. Y lo peor: ser consciente de que no hay posibilidad de sobrevivir, la transmisión de puro fracaso. Las visitas no dejan huella. Media hora más tarde y ya una no sabe si fue hoy o la semana pasada...» Era el resultado de una táctica macabra de años, ideada para su destrucción por psicólogos y políticos malvados. A Ulrike el gobierno alemán y algunos de sus ayudantes la mataron.

"Tondar" abre la puerta de una cárcel iraní y nos narra el maltrato de niños: «Con la detención de las madres los hijos padecían tortura psicológica. Cuenta una mujer: el hijo veía cómo torturaban a su madre y luego le encerraban con ella en una celda aislada. Y en cuanto abrían de nuevo la puerta, el pequeño, sabiendo lo que le esperaba a la madre, comenzaba a gritar y a suplicar. Recuerdo un caso. Un niño de cuatro años fue empujado, y cuando quise recogerlo, me rechazó llorando: ¡No, no, porque si me abrazas agarra- rán a mi madre y le golpearán los pies! ¡Le harán sangre! Lloramos los dos».

También el libro narra lo vivido por Nekane Txapartegi en Tolosa. La detiene gente de paisano. «Me ponen la pistola en la sien y me sacan del coche. Sólo me preguntan si soy Nekane Txapartegi; mi sí significa manos esposadas a la espalda. Me introducen en un coche... una capucha... golpes en la cabeza... ley antiterrorista... soledad. Estás en sus manos y no hay defensa. El registro del piso es destrucción y saqueo. De nuevo la capucha de plástico, la tortura de sensación de ahogo, pérdida de conocimiento, el traslado a un bosque en la soledad de la noche, esposada de pies y manos, la pistola en la boca. 'Si te matamos, nadie se entera'. A Madrid, de nuevo la capucha, nuevos golpes, abuso sexual, tocamientos por doquier, 'te desnudas o desgarramos tus ropas'». Nekane es vasca, de aquí. Y el hecho ocurrió ayer. Y, cómo no, también el Gobierno Vasco guardó un respetuoso silencio, quizá hasta colaboró. No sería el primer caso.

Todos ellos métodos ideados por especialistas de gobiernos socialistas, de gobiernos democristianos, de gobiernos dictatoriales intentando convertir en trapo los sueños nobles de las gentes. "Tondar", resistencia y desasosiego. Un libro solidario, que merece leerse, porque, como dice el autor, estrechando las manos la lucha tiene más sentido y recobra brillo y vigor la pregunta de ¿para qué emplear tanto desvelo y fuerza en torturar al preso, en aislarlo y robarle su identidad? -


http://www.gara.net/orriak/P27012004/art68547.htm
Sindicat