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Notícies :: globalització neoliberal : educació i societat
Contra la Tirania del Tiempo Abstracto
22 gen 2004
Critica anticivilizacion del concepto del tiempo, de su derivacion (el tiempo lineal y matematico) y la implicacion de el sobre nuestras vidas.

www.anticivilizacion.tk
La Tiranía del Tiempo Abstracto.
Antón FDR


âHace tiempo, bastante tiempo, intentar vivir era complicado, mucho más fácil, mucho más fácil que hoy. Oleadas de conflictos, de violencia innecesaria dan claridad a lo mal que va todo.â? Eskorbuto, Los demenciales chicos acelerados.

El Tiempo es una de las reificaciones y mistificaciones que más daño nos hace. Su matemática regula el golpeteo de las máquinas destrozando la tierra. A la par que desquicia nuestras mentes, acelera nuestros corazones, en esta sociedad sincronizada para estresarnos en la velocidad. El Tiempo es una condena, que de la mano de la tecnología, ha generado el mundo que necesitaba para precisamente imposibilitarnos vivir fuera del Tiempo. Nos tortura con su pasado y futuro. Sentimos que âse nos escapa el tiempoâ? y, ¡ay!, el âtiempo no pasa en vanoâ?.

El Tiempo no Existe

Sin embargo el tiempo no es algo real, no es más que una abstracción como los valores bursátiles o los centímetros. Ciertamente sentimos el fluir del cambio, el movimiento, y en el momento vivimos y reconstruimos reinterpretados cada vez los recuerdos. El fluir es lo real, el Tiempo su representación en la cultura simbólica. El Tiempo es una invención humana, social, ideológica e histórica. El es alienación: es el vivir el movimiento a través de su representación. Pero, ¿qué es el tiempo? Agustín de Hipona -uno de los mayores contribuidores a la visión moderna del Tiempo Lineal- nos contesta: âSe lo que es, pero cuando me lo preguntas, no lo séâ?. El científico Albert Einsten parece igualmente incapaz de comprenderlo, al responder irónicamente a la pregunta: âes lo que mide el reloj.â? ¿Pero qué mide el reloj?

John Zerzan analizando el Tiempo que ânecesariamente, fluyeâ?, nos recuerda que todo lo que fluye lo hace en relación al tiempo. âLuego el tiempo fluye con respecto a sí mismo, lo cual carece de sentido: nada puede fluir con respecto a uno mismoâ? El Tiempo es un imposible. Su existencia no es real, si no es en tanto que es convención histórica y cultural, que tanto puede ser construida como abolida. Alan Watts advirtió el sinsentido de la veracidad del Tiempo, afirmando tajantemente que âla eternidad es ahora. El tiempo no existe.â? Y va más allá: âeste es el gran problema de la civilización occidental, de todas las civilizaciones. La civilización es un sistema complejo donde usamos símbolos⦠puedes confundir la medida con lo que estás midiendo⦠Es como confundir el menú con la cena⦠Puedes quedarte tan embelesado por los símbolos que los confundas por completo con la realidad.â?

El Tiempo es una Alienación dolorosa.

Y esto es lo que sucede en todas las civilizaciones, y más profundamente en la Modernidad. Así, en las sociedades donde se manifiestan las condiciones modernas de producción y son adoptadas sus abstracciones, âtodo lo que antes se vivía directamente, se aleja ahora en una representación.â? O en palabras de Gauyau: el fluir del tiempo es âla distinción entre lo que uno necesita y tieneâ?, es decir, âel origen de todo remordimiento o penaâ?. Esta es la enfermedad generalizada de no vivir en el momento, de no fluir con el movimiento (llámese presente), si no encorsetarse en los engranajes del Tiempo.

Un proverbio alemán reza: âDichosos los que no saben de relojesâ?. âMi reloj es mi cerrojoâ?, dice otro proverbio balcánico. Pierre Bourdieu, acerca de las actitudes ante el tiempo del campesino kabileño (en Argelia) nos dice que el reloj se conoce las veces como âel molino del diabloâ?, y que con respecto âal paso del tiempoâ? nadie sueña en âdominar, utilizar o ganarloâ?. De hecho, âla prisa se considera una falta de decoro combinada con una ambición diabólica.â? Al hilo de todo esto, las consideraciones en cuanto a la vida fuera del Tiempo de las sociedades salvajes, y la relación con el âtiempoâ? de las agrarias, deben ser tenidas en cuenta. John Zerzan apunta que âAntes del tiempo y la civilización, eran las propias actividades humanas (por lo general indolentes) las que servían como puntos de referencia; la naturaleza aportaba las señales necesarias con completa independencia del âtiempoâ?. La humanidad debe de haber sido consciente de tener recuerdos y propósitos mucho antes de que se trazaran distinciones cualesquiera entre pasado, presente y futuroâ? . Y en las sociedades campesinas, aunque corrompidas por la dominación, la religión y demás abstracciones alienantes como el Tiempo, la notación de éste, seguía los mismos parámetros, era una âorientación hacia el quehacerâ? , hacia experiencias naturales y rutinas culturales reales. Esta orientación se da incluso en las pequeñas economías industriales locales y domésticas, según Thompson. La aceptación del tiempo abstracto y matematizado no fue bien acogida más que de las clases en el poder. Y esto, entre otras cosas, por la existencia de un modo de vida más relajado que el del frenesí industrial, y porque la orientación a lo real era humanamente más comprensible que la división de la jornada laboral en horas. Por otra parte la precisión matemática del tiempo abría el camino hacia el control, planificación y gestión total de los productores y consumidores, con el Gran Reloj en la cabeza de todos los engranajes de la sociedad mecanizada.

El Gran Reloj: corazón de la industrialización.

Actualmente está clavada en nuestras mentes, como espina que se retuerce, la visión del universo mecánico de Newton, su concepción del âtiempo absoluto, verdadero, matemáticoâ? que âfluye uniformemente sin relación con nada eternoâ?. Los frutos podridos de la revolución científica del XVII, y su prolongación en las ciencias humanistas de la Ilustración, siguen definiendo la Modernidad. ¿Pero cómo pudo ser todo esto posible esto? Los orígenes habría que buscarlos muy remotos, cuando se rompió las armonía de las Anarquía Salvaje pleistoceinica, mediante la aparición del lenguaje reificando (volviendo cosa) el âtiempoâ?, por la creación del fantasmagórico mundo sobrenatural por la religión, y la consiguiente estratificación, división de las tareas⦠hasta la aparición del Trabajo, como actividad mecánica, fragmentaria y autoritaria. Pero para abreviar: centrémonos en el reloj.

Relojes de sol ya los había en tiempos de los romanos. La matematización del tiempo que postula, de seguro es mucho más antigua, coincidiendo con las primeras civilizaciones, que hicieron de la matemática una técnica de control tan efectiva como el látigo. Puede resultar curioso que el número, el perfecto ejemplo del no-cambio, fuese el utilizado para medir el tiempo abstracto. Pero no lo es tanto. El número no es más que una abstracción âal igual que el Tiempo, e igual de falsa. En muchas sociedades no-civilizadas contar animales se consideraba que daba mala suerte, pero para las Megamáquinas sociales el contar era básico para poder gestionar los ârecursos naturalesâ? y ârecursos humanosâ?, y la planificación de la Sociedad de Masas. El número, asumido por los intereses de la jerarquía, pronto significaría la âverdad absolutaâ? âvéase, si no, la relación entre divinidad y número en la religión egipcia faraónica. ¿Qué mejor que el número, que ânunca fallaâ? que es âverdad eternaâ?, para hacer creer en un tiempo abstracto, lineal y monótono, representación mecanizada de la sucesión de experiencias, ahora alienadas por su representación: el Tiempo?

Los primeros relojes mecánicos fueron utilizados en los monasterios medievales para regular el rezo. Disciplinar y controlar, jerárquicamente, es una de las funciones básicas de tiempo matemático. Los primeros relojes mecánicos ya estaban en las ciudades en el siglo XIII . Las catedrales en la ciudad, los campanarios de nobles y de las iglesias en el campo⦠El estruendo de las campanas fue acostumbrando a los campesinos y urbanitas a esta nueva forma de medición del Tiempo (E.P.Thompson, Ibid), que se alejaba de la medida del movimiento y cambio de situaciones, y recuerdo de experiencias basadas en el quehacer y en los fenómenos naturales. Para así convencer de la realidad de la nueva abstracción que escupían las máquinas. Posteriormente, a medida que las sociedades se industrializaban, los dueños de las máquinas exigían cada vez más la aceptación del Tiempo. Así los puritanos predicaban que âperder el tiempoâ? era el peor de los pecados mortales. Un siglo después Ben Franklin diría el célebre axioma: âel tiempo es oroâ?. Ser tan regular como un reloj había sido la premisa de los monjes de los conventos, pronto lo asumieron los burgueses, y a todo el mundo, unos y otros, quisieron imponérselo. Así millones de personas podían ser sincronizadas para hacer girar las máquinas, que hacía la vida de la gente cada vez más artificial, alienada, monótona y alejada de su entorno natural... âEl tiempo abstracto se convirtió en el nuevo ámbito de la existencia. Las mismas funciones orgánicas se regularon por él: se comió, no al sentir hambre, sino impulsado por el reloj. Se durmió, no al sentirse cansado, sino cuando el reloj lo exigió.â? El reloj era la máquina más productiva: producía horas minutos y segundos. De tal forma, lo que realmente era sucesión de acontecimientos naturales, se convirtió en Tiempo. La representación suplantó a la realidad, y la realidad fue vuelta cosa: sucesión horas, minutos, etc. que se convertían en cuantificables. El Tiempo era ahora mercancía más eficiente y fácilmente contabilizable para ser gestionada, vendida y consumida. En el Siglo XIII la Iglesia Católica se oponía a los créditos: a tener que devolver más dinero del que se presta por el hecho de que allá transcurrido âtiempoâ?. La razón dada era que âel tiempo pertenecía a Diosâ?. El Tiempo, éticamente, no se podría comprar ni vender. Sin embargo desde muchos milenios antes se venía haciendo. Ahora el reloj lo justificaba bajo el supuestamente frío, âimparcial y objetivoâ? punto de vista del número, que luego se haría ciencia. La generalización de la mercantilización del Tiempo fue impulsada por el reloj, de ella se sirvieron los industriales: una vez justificado -por el nuevo ser que rige el mundo (el Tiempo Abstracto)- el âtiempo de usuraâ? en los créditos, el âtiempo de trabajoâ? también se generalizó como mercancía, a la par que se mercantilizaron, compraron y vendieron por horas los detentadores de dicha fuerza: los trabajadores. Pasarían entonces a ser âapéndices de la máquinasâ?-en palabras de Marx- bajo el látigo de Reloj, en manos de los poseedores del Tiempo.

El reloj es sin duda âla máquina clave de la moderna sociedad industrialâ? , fue el último asalto a la conciencia de Tiempo Abstracto y lineal. Fue la última estocada del Tiempo-Mercancía, y así donde âel tiempo lo es todo, el hombre es nada; a lo sumo es el esqueleto del tiempoâ?. El Gran Reloj, es la conciencia del tiempo abstracto que hay dentro de nuestras cabezas. Su tiranía es autoimpuesta en el reino de las máquinas y la mercancía. Si bien no es menos cierto que nuestro malestar en el tiempo, nuestra auto-alienación, está circunscrita en un contexto social donde âla experiencia de este mundo esta sometida a una omnipresente presión para que seamos representaciones, para que nos degrademos casi inconscientemente a la condición de símbolos y medidasâ?.

Recuperación del presente.

John Zerzan lamenta la falta de âvocabulario para una explicación abstracta de lo que es el tiempo, a parte del vocabulario que ya lo da por supuestoâ?. Y es esto tan lamentable como la ideología que se oculta en nuestro vocabulario que sí hay en torno al âtiempoâ?. Cuando realmente gozamos solemos decir que âel tiempo se nos pasa volandoâ?, y cuando nos aburrimos âno nos pasa el tiempoâ?. Sin embargo, Marcuse da en el clavo cuando sentencia que la intemporalidad es el ideal del placer. Cuando gozamos no pensamos en el Tiempo, simplemente vivimos fuera de él. Experimentamos el placer tal y como es, no mediante su representación. En cambio cuando nos aburrimos no es que âno pase el tiempoâ?, si no que muchas veces estamos completamente inmersos en él, mirando el reloj a ver cuando termina la situación a la que nos vemos obligados. Ciertamente también se puede aburrir uno sin estar en el Tiempo, a la espera de que llegue otra cosa. Y este es otro problema con el que debemos lidiar: aprender a vivir el presente. Nos pasamos la vida esperando que cambie/llegue otra situación: esperando el bus, esperando que acabe la jornada laboral, esperando que el ascensor baje o suba, que se vaya cierta persona, que llegue otra, que pasen los anuncios de la tele, que nos toque la lotería, etc. Esperando desesperamos.

Puede que sea cierto que ânada nos aliena más profundamente que el tiempo, que nos ha convertido en súbditos regidos por su imperioâ? mientras que su alienación âsigue profundizando la intrusión en nuestra vida diaria, para envilecerla.â? âBien pudiera ser que éste sea el último enemigo que debamos vencer.â? Y esta lucha debemos emprenderla tanto en el plano personal como el social. No es que debamos olvidar la historia, no es que no debamos de ser precavidos cara futuras situaciones, la cuestión es otra: saber vivir el presente. El presente es donde transcurre la acción. El presente es el teatro donde actúan los actores, y el recipiente donde son sentidas las pasiones, ideas, sensaciones⦠Debemos superar la alienación. La propuesta de Watts para llegar a esto es âsaber quien eres y que no existe el tiempo salvo el presenteâ?, y así âalcanzar de pronto el sentido de la realidadâ?, volviendo a ella mediante el paso âdel tiempo a la eternidad, de volver al eterno ahora, que es lo que tenemosâ?.

La deconstrucción del Tiempo Abstracto, para reconectar con la vida que sólo puede ser presente, de todas maneras no puede ser realizada en su plenitud por la vía personal que Watts sostiene. ¿Cómo se puede vivir en el presente, si la sociedad en la que te contextualizas aún vive en el Tiempo, y está diseñada de acuerdo a sus caprichos tecno-espaciales? Es necesario hacer saltar las manijas de los relojes, y sus clavijas en mil pedazos y que su orden no vuelva a imperar. Es necesario desincronizar la Sociedad de Masas, hasta lograr sociedades donde el carpe diem atemporal pueda ser vivido, destrozando previamente para ello las abstracciones, infraestructuras e instituciones que nos condenan a funcionar como engranajes, negándonos así a ser personas fragmentadas por la división del Tiempo y del Trabajo, que delegan su vida en aras a un futuro hipotecado. Debiéramos trascender el imperio de la mercancía y la máquina, y su odiosa puntualidad. De otra forma jamás podremos acercarnos a ser seres plenamente vivos, y seguiremos deslizándonos por el mundo, entre el sudor, la sangre y la frustración, que implica vivir en la alienación civilizada. Pasamos por la vida sobreviviendo más que viviendo, en espera de la siguiente ruptura transitoria con el Tiempo (dormir, follar, jugar, etc), o esperando que se cumplan los milagros que la ciencia, la tecnología y el consumismo nos prometen, pero que nunca llegan. La solución pasa por superar el âmiedo a la libertadâ? que denunciaba Erich Fromm, y nuestra neurótica obsesión por un orden, control y seguridad ilusoria. Nuestra fe ciega en la ideología imperante que dice lo que es y lo que no es ârealistaâ? y âposibleâ?, es la excusa más vergonzosa de la que debemos liberarnos. Nada justifica nuestra esclavitud y alienación, ni lo que nosotros y nuestro desquiciado sistema hace con el resto de planeta. Nadie ha dicho que sea fácil, pero sabiendo que âsi decidiéramos prescindir de los relojes, el tiempo objetivo desaparecería con ellos, y lo que es más importante, si decidiéramos prescindir de la especialización y la tecnología, la alienación en la que vivimos se disiparía por si sola,â? ¿Qué más nos hace falta para plantarle cara a la Civilización? ¿Cuánto tiempo vamos a seguir tragando con la imposición de vivir en el Tiempo? ¿Cuándo dejaremos de existir a través de las representaciones, y reconectaremos directamente con la vida? Lo sé, esta no es una tarea que pueda emprender una persona en solitario. Necesitamos comunidades en lucha, redes de relación, apoyo y creación, que destruyan los ábacos que nos convierten en número y los relojes que nos reducen a horas, minutos y segundos. Puede que todo esto parezca una locura o un imposible, porque no se adapta a la ârealidadâ? que el sistema de dominación nos crea. Pero, hablando su idito, dime, contéstame: ¿Cuántas horas, minutos y segundos vale la Felicidad y Libertad que nos niegan?

Comentaris

Re: Contra la Tirania del Tiempo Abstracto
23 gen 2004
Hay varias flechas del tiempo: La cosmológica, la termodinámica y la psicológica. Existe la cosmológica, el universo se expande, la tierra gira alrededor del sol y de si misma. Está la flecha termodinámica: la que describe la irreversalidad del comportamiento de la materia y por último la psicológica que es la que explicas.

Decir que el tiempo no existe suena muy taoista y hasta da buen karma...pero no puedes negar la experiencia diaria de ver como todo se estropea si no haces nada por evitarlo, con lo que solo consigues retrasar su fin. La tirania que describes es el miedo al desorden, a la crueldad del segundo principio de la termodinámica.

Es el miedo a la muerte. Muerto Dios y sin ninguna metahistoria con la que articular el inexorable destino individual, la sociedad es absolutamente incapaz de enfrentarse a la muerte de sus individuos. Estos se enfrentan a su vida y su muerte destruyendo, devorando y consumiendo. Intentando almacenar experiencias y objetos, buscando destructivamente el presente.

De todas maneras estoy completamente de acuerdo en que necesitamos reconectar con la vida...pero eso es otra historia.
Re: Contra la Tirania del Tiempo Abstracto
23 gen 2004
gracias por pensar en las referencias que han servido al hombre como herramientas para ir acometiendo su vida (al igual que al gato sus colmillos o agilidad).

Otro día con más "tiempo" espero comentar nuestra referencia "sol" como referencia hasta las luz, hasta hoy.

Ya necesitamos nuevas referencias de planos cosmicos reales de conocimiento no acumulativo...

Salud y buen tiempo

G.E.
Re: Contra la Tirania del Tiempo Abstracto
23 gen 2004
No recordo a quina novela el narrador deia:
"le tocó, como a todos los hombres, malos tiempos en los que vivir"
I és que sempre hi ha hagut problemes, misèria i explotació.
Ja em perdonareu però... amb la de problemes que hi ha... a qui li preocupa el temps?
Això no és filofia.org. Amb tots els meus respectes per la filosofia.
Re: Contra la Tirania del Tiempo Abstracto
23 gen 2004
Perdó, volia dir filosofia.org
com estem avui...
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