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marxisme i anarquisme
22 gen 2004
Gran text sobre marxisme i anarquisme
Izquierda a debate
Marxismo, izquierda abertzale, anarquismo...
Iñaki Gil de San Vicente (Red Vasca Roja) [22.01.2004 01:25] - 7 lecturas - 0 comentarios

EL MARXISMO COMO TEORÃ?A ABERTZALE.

Si hay algo especialmente tergiversado y falsificado en el campo del pensamiento humano y en el campo de la historia concreta en el último siglo y medio, eso es el marxismo. De hecho, el marxismo, en cuanto teoría que retoma crítica y creativamente lo mejor del pensamiento humano anterior a él, fue atacado desde su mismo inicio con una ferocidad que no sufrieron otras teorías socialistas, como el anarquismo en cuanto síntesis mínima que se puede hacer de la enorme cantidad de corrientes dispersas que de algún modo se incluyen en el movimiento libertario, por ejemplo. Es como si la burguesía hubiera sabido de la diferencia entre ambos y de la mayor peligrosidad para ella del método marxista en comparación al anarquista. Lo más significativo es que el anarquismo surgió antes que el marxismo, y que en los primeros tiempos hubo entre ambos una estrecha relación. También es muy significativo que no existan diferencias cualitativas entre ellos en lo concerniente a los objetivos últimos y a muchas cuestiones decisivas. Las diferencias, más que todo, son de táctica, lo que en modo alguno niega o minimiza su importancia pues estas diferencias tácticas han resultado desastrosas para las clases y naciones oprimidas dado que en determinados momentos cruciales para la emancipación humana, el anarquismo ha fallado estrepitosamente cuando precisamente tenía en sus manos el poder revolucionario.

En este sentido, el decisivo por cuanto no es otro que el veredicto de la práctica, los hechos confirman la superioridad del marxismo aunque, a diario, la industria político-mediática capitalista se esfuerza en sostener lo contrario. Sin embargo, el marxismo tiene en contra cuatro grandes obstáculos para poder demostrar su superioridad:

Uno, la losa de plomo de la socialdemocracia y del stalinismo. La máquina intelectual burguesa no ha parado nunca de decir que, por un lado, el reformismo socialdemócrata iniciado incluso en vida de Marx y Engels, "demuestra" la naturaleza anticientífica del marxismo, pues fueron sus primeros y más fieles (sic) discípulos los que antes que nadie se cercioraron de los errores del marxismo. Sin embargo, a la altura del conocimiento histórico y teórico actual, esta afirmación es absolutamente insostenible, de no ser que se quiera legitimar el orden capitalista. Y por otro lado, esa misma maquinaria intelectual, más la propia socialdemocracia, sostienen que el stalinismo es el auténtico marxismo, y que el fracaso de la URSS es la certificación de la "muerte del marxismo". No podemos responder ahora a estas afirmaciones. Mientras, el anarquismo, bastante menos atacado por la prensa especializada burguesa, puede ocultar su absoluto fracaso práctico desde antes incluso de la formación del marxismo. La intelectualidad burguesa y la reformista en modo alguno entran a saco de la experiencia histórica anarquista, sino que sólo atacan el comportamiento de los grupos anarquistas cuando se producen oleadas de contestación generalmente juvenil y estudiantil. Lo que busca la burguesía no es entrar a un debate a fondo, sino en movilizar reaccionariamente a la sociedad contra la juventud, nada más.

Dos, la relativa dificultad del aprendizaje del método marxista, científicamente riguroso y exigente con la metodología del pensamiento dialéctico, hace que muchos jóvenes militantes desistan de aprender el manejo intelectual del marxismo. Además, a esto hay que unir las consecuencias del punto anterior en lo relativo a la perniciosa vulgarización superficial, mecanicista y dogmática impuesta por el stalinismo. Pero lo peor no es el vaciamiento interno del marxismo sino el hecho de que los partidos stalinistas impusieron una absoluta separación entre la práctica y la teoría, rompiendo y prohibiendo la crítica dialéctica, de modo que las "escuelas de formación de cuadros" eran mecanismos de imposición dogmática. Si a esto unimos el silenciamiento y la represión de las aportaciones teóricas de centenares de marxistas no stalinistas, no sólo de los anti-stalinistas, entonces comprendemos que la mayoría de la juventud militante se tope con grandes obstáculos para aprender a usar en su práctica la teoría marxista. Mientras, el anarquismo tiene la "ventaja" de una palabrería fácil, superficial y llena de tópicos heredados del socialismo utópico de los dos primeros tercios del siglo XIX. Resulta muy fácil, comparado con el marxismo, usar la terminología anarquista porque, como veremos luego, proviene en un simple endurecimiento por la izquierda de lo más radical, originario y progresista del democraticismo y del socialismo utópico.

Tres, la disciplina consciente y el rigor práctico de la militancia marxista tan arduas y ásperas para los anarquistas, nacen de los análisis estratégicos de contexto y los tácticos de coyuntura, e imponen criterios de prioridad a determinadas cuestiones y de secundariedad a otras, con los problemas de explicación teórico-política y de organización táctica que ello implica. El marxismo no concibe ninguna lucha sin un análisis concreto de su realidad concreta, y sin la práctica consecuente de las lecciones que se han extraído del estudio. Tal exigencia, esencial en el método dialéctico y materialista, conlleva el que la práctica posterior se acerque lo más posible a la estrategia y la táctica sustentadas en dicho estudio. La disciplina consciente es aquí decisiva, como también lo es la explicación democrática, científica y fácil de las razones y de los objetivos. Mientras, el anarquismo permite una "libertad" de interpretaciones y conclusiones que a su vez propician otra "libertad" similar en los campos y formas de acción. Más aún, en el caso de la juventud, el anarquismo tiene la "ventaja" de que, en apariencia pero sólo en apariencia, va directamente al fondo del problema al moverse con conceptos vagos y absolutos como "individuo", "libertad", "tiranía", "opresión", etc. El marxismo también los emplea pero dentro de una totalidad teórica que les dotan de contenidos mucho más ricos, y por ello obliga al que los usa --desde el marxismo-- a una sofisticación teórica y rigor práctico muy superiores. Cuando la juventud acude en masa a la lucha lo primero que busca y necesita es la acción práctica, y está bien que así sea. Aparece claramente entonces la "ventaja" del anarquismo sobre el marxismo. Los dos insisten en la acción, pero el primero no insiste tanto como el segundo en la teoría, y éste, el marxismo, sin menospreciar nunca la acción, sí insiste en saber guiarla teóricamente, en saber invertir mejor las fuerzas, en saber cuáles son los eslabones débiles de la cadena opresora, porqué golpearlos y no perder el tiempo en los eslabones fuertes, cómo golpearlos y qué hacer después de romper la cadena.

Y cuatro, la exigencia marxista de verificación práctica y autocrítica de los resultados obtenidos en la lucha, exigencia que viene de la esencia revolucionaria y científica del método dialéctico, sólo puede realizarse eficazmente si existe un medio organizado de debate y de práctica relacionada internamente con la teoría; es decir, si la organización revolucionaria está pensada para asegurar la metodología democrática de investigación y debate. Toda organización exige una disciplina de funcionamiento, y todo método riguroso de debate autocrítico exige de una disciplina colectiva anterior, simultánea y posterior. Del mismo modo que cualquier ciencia concreta, salvando las distancias, tiene sus necesarios protocolos e impone por ello una metodología disciplinadora del proceso científico, exactamente sucede lo mismo en el marxismo, pero con el agravante de que aquí la relación entre las condiciones objetivas y la conciencia subjetiva es mucho más compleja. Además, nada de esto se entiende si se le aísla de los tres puntos antes vistos pues se trata de una totalidad, de un sistema. Pues bien, cuando la juventud sin apenas formación ni experiencia se involucra en la lucha, no se detiene a pensar en lo aquí dicho porque la gran mayoría de los jóvenes buscan en primer lugar los resultados inmediatos, desanimándose si estos no llegan o cansándose y hasta abandonando ante las presiones del poder adulto, familiar, estudiantil, etc. Conocemos de sobra con qué facilidad aparecen, engordan, se estancan, enflaquecen y se extinguen organizaciones juveniles anarquistas y no marxistas, e incluso "marxistas" dogmáticas. La gran "ventaja" del anarquismo es que está en gran medida libre de esas autoexigencias permitiendo que cada cual aplique criterios muy laxos e individualistas de autodisciplina y autocrítica.

Pese a estos iniciales obstáculos y desventajas del marxismo en comparación al anarquismo, la balanza de la experiencia histórica se ha inclinado a favor del marxismo. Las causas hay que buscarlas precisamente en que dichos obstáculos iniciales son en realidad fuerzas tendenciales de crecimiento a medio y largo plazo. Consideradas a grandes rasgos ocho diferencias tácticas entre el marxismo y el anarquismo, podemos ver cómo todas y cada una de ellas han terminado por reforzar la teoría marxista.

La primera hace referencia a la primacía que el marxismo otorga a la dialéctica de las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, como núcleo duro de la concepción materialista de la historia. El anarquismo, que inicialmente estaba de acuerdo en todo con esta concepción, sin embargo se fue distanciando no de ella en cuanto tal, sino de su aplicación práctica en los análisis estratégicos y en las síntesis teórico-prácticas consiguientes. Muchas buenas obras anarquistas, sin embargo, adolecen de una sustentación científico-crítica, en el sentido marxista. Y esta debilidad es manifiesta en todo lo relacionado con la crítica radical de la economía política burguesa, de las leyes de movimiento de las contradicciones irreconciliables que minan al capitalismo. Siglo y medio de lucha revolucionaria ha concluido por cerrar definitivamente el debate.

La segunda hace referencia a la otra primacía irrenunciable del marxismo, que es la que otorga a la dialéctica materialista en cuanto método de pensamiento capaz de captar las leyes básicas y generales del movimiento de la naturaleza, de la sociedad y del conocimiento humano. El anarquismo prestó mucha menor atención a esta otra prioridad del marxismo. De hecho, el conocimiento de la dialéctica hegeliana y de la filosofía idealista alemana era muy precario y superficial en los primeros y decisivos fundadores del anarquismo, y esta preocupante limitación inicial se ha ido agravando con los años pese a que todos los avances científicos posteriores han confirmado y mejorado --síntesis dialéctica-- las primeras bases de la dialéctica materialista, muchas de ellas enunciadas con restringida base de sustentación empírica y epistemológica pero con suficiente solidez hipotética.

La tercera hace referencia a la importancia que el marxismo otorga a la organización política estable dedicada a expandir la conciencia revolucionaria dentro del pueblo trabajador. Es cierto que algunas corrientes anarquistas también se estructuran en forma de organización con algunas inquietudes políticas, pero el anarquismo no presta apenas atención a la política en cuanto síntesis y quintaesencia de las relaciones antagónicas entre la explotación y la liberación, que es como la entiende el marxismo. Esta diferencia es muy importante porque se sustenta, a su vez, en una teoría sobre la conciencia de clase que inicialmente estaba apuntada sólo en sus puntos nodales pero que fue enriqueciéndose y ampliándose con las experiencias posteriores, avance teórico que no se aprecia en el anarquismo. Y la teoría básica de la conciencia de clase, de las clases mismas, llevaba en su interior también el embrión de una teoría de la psicología humana en el capitalismo --la decisiva teoría de la alienación-- que ha demostrado su valía al engarzar con el mejor psicoanálisis, con la antipsiquiatría y con la psiquiatría crítica. Desde el marxismo, que no desde el stalinismo y la socialdemocracia, la acción política revolucionaria es inseparable de la desalienación y de la superación de la falsa conciencia, de la reificación y cosificación. El anarquismo ha avanzado muy poco en este decisivo tema pese a la insistencia que hace en la "libertad individual".

La cuarta hace referencia al paso siguiente en la lógica de lo político como quintaesencia de las contradicciones sociales, a saber, la teoría de la organización revolucionaria como expresión material en el capitalismo de la democracia socialista y de la dictadura del proletariado. En contra de la fácil y hueca palabrería, el funcionamiento burocrático, vertical y dirigista de una organización, eso que eufemísticamente se licúa con la excusa del llamado "culto a la personalidad", esa degeneración está tan presente en la mayoría de los anarquismos como en el stalinismo, mientras que apenas aparece o lo hace con mucha menos intensidad en las organizaciones y/o partidos revolucionarios marxistas. La burocratización y el dirigismo vertical son tanto más fáciles cuanto menor es el funcionamiento práctico de las cuatro desventajas del marxismo con respecto al anarquismo arriba vistas, que son efectivas garantías del funcionamiento interno adecuado a las necesidades revolucionarias. O dicho a la inversa, cuanto más se aplican las "ventajas" del anarquismo más fácil es el dirigismo vertical y burocrático de un líder, y más difícil es obtener el equilibrio entre la necesidad de la crítica y la necesidad de la cohesión práctica.

La quinta hace referencia al problema de las relaciones con el pueblo trabajador, con los diferentes sectores de la clase obrera y con el movimiento obrero organizado en sindicatos sean reformistas y amarillos, sean revolucionarios y sociopolíticos. El marxismo ha sido desde siempre tajante desde su concepción política y su profundo conocimiento de la complejidad siempre cambiante de la fuerza de trabajo social y de las relaciones entre la conciencia-en-sí y de la conciencia-para-sí de la clase obrera. En este sentido, las críticas a los sindicatos y a sus limitaciones son permanentes desde hace siglo y medio, pero a la vez la insistencia en llevar una tenaz práctica concienciadora político-económica que supere la tendencia al economicismo reformista. Recuérdese que hablamos de marxismo y no de stalinismo y menos aún de socialdemocracia. Por el contrario, el anarquismo en su conjunto tampoco ha prestado tanta atención a esta problemática decisiva, y a lo sumo ha desarrollado el sindicalismo-revolucionario destinado a suplantar a la "politiquería" de los partidos, y avanzar dentro de la sociedad capitalista algunas de las características de la sociedad anarquista del futuro.

La sexta hace referencia a la importancia que el marxismo otorga a la acción revolucionaria en el frente electoral e institucional, frente secundario pero que refleja aproximadamente, entre otras cosas, la relación de fuerzas existente en cada momento. Al ser un frente secundario, es por ello mismo un frente no siempre obligado ni necesario ciegamente, dependiendo de la coyuntura y del contexto en el que se realice. Y este frente va unido al problema permanente de la relación entre las reformas y las conquistas parciales, entre los objetivos tácticos y los fines estratégicos, entre los avances parciales y la imposibilidad última de mejorar cualitativamente la situación del pueblo trabajador en el capitalismo. Una de las bazas del reformismo ha sido la del desprecio por parte de las izquierdas revolucionarias de estas problemáticas y de las posibilidades relativas que ofrece. Pero, de entre las izquierdas, el anarquismo se ha caracterizado por su total desprecio y hasta por su ridiculización. Por el contrario, las izquierdas que sí se han preocupado por intervenir también ahí lo han hecho, en la mayoría de los casos, insistiendo correctamente en que lo decisivo de cualquier práctica electoral e institucional radica en la dinámica de calle, de fábrica, etc., en la creación de un poder popular de base que controle desde la práctica la intervención institucional y electoral. Sin embargo, el anarquismo se desentiende de esta problemática.

La séptima y última diferencia es la que concierne a la teoría del Estado. Ambos afirman muy correctamente que hay que avanzar hacia la extinción histórica del Estado pero la diferencia surge en el cómo y en el cuándo. El marxismo sostiene que a la vez que se destruye rápida y definitivamente el Estado burgués, garante de la dictadura del capital, hay que mantener sin embargo un Estado obrero en proceso de autoextinción desde el primer día de su existencia, y que el Estado obrero en autoextinción es necesario para garantizar la democracia socialista y asegurar el desarrollo revolucionario. El anarquismo sostiene que hay que destruir el Estado burgués pero que no hay que crear a la vez ningún otro obrero en autoextinción porque, de ser así, se regenerarían de inmediato los peores vicios autoritarios del ser humano. En la apariencia de las frases pomposas y carentes de contrastación histórica, la tesis anarquista es más atrayente y fácil de imaginar que la marxista que exige, como en todo, una explicación teórica. Sin embargo, este debate que tenía importancia en la segunda mitad del siglo XIX, fue perdiendo valor en la medida en que todo el siglo XX ha demostrado que las clases, naciones y mujeres oprimidas necesitan objetiva y subjetivamente de un aparato estatal en autoextinción cualitativamente diferente al capitalista. Nada de la experiencia y de los logros revolucionarios --que los ha habido y muchos-- realizados en este período por las masas explotadas se comprende sin el apoyo de un poder popular revolucionario que ha tomado, entre otras, la forma de Estado obrero.

Como se comprueba no hemos calificado como "diferencia táctica" lo que muchos anarquistas achacan al marxismo de haber abandonado la cotidianeidad, la relación entre la vida privada y la pública, la emancipación del cuerpo y de la sexualidad, la lucha por otra sanidad, pedagogía, etc. No es cierta esta acusación. El marxismo ha prestado tanta o más atención a estos problemas como el anarquismo. Más aún, lo ha hecho con contundente superioridad teórica y científica provenientes de la superioridad de su método teórico. Una vez más, se confunde interesada y tramposamente la dogmática autoritaria del stalinismo con el marxismo, e incluso el stalinismo no se atrevió a liquidar del todo las conquistas prácticas impresionantes logradas en estas reivindicaciones por y en los procesos revolucionarios. Otro tanto hay que decir de las relaciones del marxismo con los feminismos, con el ecologismo, etc. Aquí, como en otras cosas, es llamativa la coincidencia de las críticas anarquistas al marxismo con las tergiversaciones de la historia real que hace la historiografía burguesa.

En la práctica, las siete diferencias tácticas se han plasmado en un hecho innegable: los procesos revolucionarios habidos hasta el presente, y todo indica que seguirá siendo así, se han caracterizado por ir esencialmente unidos a su ubicación, contenido y continente nacional. Es decir, como ya se indicó en los primeros textos marxistas de antes de la mitad del siglo XIX, los procesos revolucionarios se moverían en la dialéctica de lo nacional e internacional, como ha sido, está siendo y será. Pero el anarquismo, a excepción de genéricas afirmaciones sin concreción material, ha despreciado olímpicamente la llamada "cuestión nacional", tema que sin embargo está en el núcleo duro del materialismo histórico y de la dialéctica del desarrollo desigual y combinado, componentes esenciales del marxismo. Más aún, la experiencia histórica muestra, primero, que los procesos revolucionarios que han triunfado han sido aquellos en los que la opresión nacional era una contradicción antagónica asumida conscientemente por las organizaciones revolucionarias; segundo, que los procesos revolucionarios que han menospreciado estos problemas o que han pospuesto su resolución para un futuro indefinido, han terminado por estancarse y fracasar; tercero, que las izquierdas que han dejado en manos de las derechas los profundos y complejos sentimientos nacionales, populares, culturales, simbólicos, etc., en realidad han dejado en manos de la clase dominante un polifacético y polivalente campo de manipulación y control social; y, cuarto, que en las crisis prerrevolucionarias el capitalismo, monopolizador de los contradictorios sentimientos nacionales despreciados por las izquierdas, los ha manipulado, ha aplastado sus contenidos democráticos y progresistas desarrollando y oficializando sus contenidos reaccionarios, racistas y machistas para, con la fuerza irracional así activada, proceder a aniquilar mediante el terror y con el apoyo de las masas alienadas a las organizaciones revolucionarias.

La experiencia abertzale no niega nada de esto sino que lo confirma, y no vamos a extendernos en la responsabilidad reaccionaria del stalinismo español en todas sus variantes y sobre todo del eurocomunismo, en la década de 1970 y posterior. Pero tampoco tenemos que olvidar el comportamiento del anarquismo con su indiferencia suicida ante la opresión nacional, lo abstracto de sus tesis y, en la práctica, lo beneficioso que ha sido para el Estado nacionalmente opresor tal indiferencia. En este sentido, la experiencia abertzale confirma también que el marxismo es la teoría que más ayuda a la independencia nacional del pueblo trabajador, como lo ha sido, con todos sus problemas, en el resto de luchas de liberación nacional y social. El anarquismo, si quiere aportar ideas cualitativamente innovadoras y decisivas para la emancipación vasca, debe introducir en su cuerpo teórico ideas que surgieron después de su formación, ideas a las que se ha enfrentado desde entonces. No es una tarea fácil sino prácticamente imposible porque para lograrlo el anarquismo debería reestructurar de arriba abajo y también en su interior el modelo entero de su ideario. Podríamos usar el símil del edificio viejo que debe albergar además de nuevos sistemas de electricidad, agua, ascensores, muebles, sistemas aislantes y seguros contra terremotos e incendios, etc., también y sobre todo a mucha más gente sin tocar los cimientos, las paredes y las habitaciones. Imposible.

Sin embargo, el marxismo sí puede integrar y asumir el grueso de las aportaciones anarquistas, que también las hay, porque su estructura conceptual lo permite y lo exige. El ejemplo más valido es precisamente el de la independencia de Euskal Herria. El pueblo trabajador vasco necesita asumir todos los logros y avances progresistas provenientes de las luchas y experiencias. Lo necesita por el mismo contenido dialéctico del proceso revolucionario. De hecho, eso es lo que la izquierda abertzale lleva haciendo en todos los campos en los que otras organizaciones no abertzales han tenido la razón y han comenzado antes la lucha. La izquierda abertzale ha sabido y podido integrar esas aportaciones porque dispone de una verdadera ventaja estratégica consistente en haber acertado antes que nadie la naturaleza del proceso independentista y socialista. Es la dialéctica del todo y de las partes. El todo lo pensó y lo desarrolla la izquierda abertzale, y algunas partes de las contradicciones que nos afectan las han pensado y aportado izquierdas no abertzales. A otra escala, sucede lo mismo entre el marxismo y el anarquismo.

Iñaki Gil de San Vicente
EUSKAL HERRIA 2002/3/9

Comentaris

Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
ESTE ES UN PRODUCTO NATURAL
COLORANTE AUTORIZADO

PITUFO...

QUIERES SABER LA SOLUCION
A TODOS LOS PROBLEMAS?
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
cada uno en su ambito,
marxismo en economia, anarquismo en politica
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
cada uno en su ámbito: marxismo en la realidad, anarquismo en el país de las maravillas
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
en la realidad, desobedientzia
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
Trotsko ke el comunismo ya se ha demostrado ke no funciona pero si kieres seguirte engañando adelante tu mismo pero recordarte ke los comunistas aki mataban a comunistas del poum x lo ke mejor estais calladitos ahora dime ke me centro en el pasado vale pues mira como esta cuba ke ha Fidel Castro no creo ke pase hambre como la mayoria de la poblacion cubana, el comunismo es basura esta mas ke demostrado y hay engañados como tu ke lo defienden kieres mas actualidad mira a Pique de comunista a fascista vamos ke el comunismo apesta
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
Jo soc anarco en la vida privada, marxista en el treball, i independentista en la questio nacinal, agafo de cada teoria en que trobo mes adient a cada situacio concreta.
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
por ... Gómez, obrero de la construcción, miembro de la CNT.
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En los años de los 70 me di cuenta de que existían. Eran los viejos de la CNT. Se trataba de hombres en su mayor parte, también algunas mujeres, de manos grandes, piel tostada y y profundas arrugas, que estaban llegando a la edad en que un obrero se jubila. Cada viejo tenía un relato que contar, y se trataba casi siempre de un recuerdo interesante, jugoso. Veías pasar a González, un escayolista de culo gordo, mono blanco y sucio, y andar patoso. Había corrido como la pólvora el rumor de que en una obra había entrado "el jefe" pegando voces e insultando a todo el mundo. El tal González se había bajado de su andamio, se había dirigido hacia él, y le había dado un solo guantazo sin mediar palabra, que restalló en todo el edificio
implantando un silencio serio, espeso y muy educado. Eran tiempos negros de Dictadura franquista, miles de hombres estaban en la cárcel por menos que eso. Pero el jefe no denunció a González. ¿Por qué?

Empecé a inadagar, y encontré otra historia, una historia que no tenía que ver con el partido comunista y con Rusia. Era siempre la historia de unos obreros manuales, de los que hoy serían llamados iletrados e incultos. Yo buscaba a los intelectuales, a los científicos, a los grandes líderes de extracción burguesa, y no los encontraba. Por motivos misteriosos, en los años veinte y treinta del siglo XX estos obreros se habían organizado en torno a un sindicato -la CNT-. ¿Por qué estábais en la CNT? -les preguntaba. -¿Por qué? Porque sí, qué tiene de raro -me contestaba Pedro.

Afiliándose al sindicato ellos mismos eran la CNT, y la CNT al mismo tiempo que existía por ellos, les daba vida otra vida a ellos. Escuelas, grupos de teatro, periódicos, bibliotecas, grupos de acción, de discusión... estaban muy organizados. Y habían sido derrotados en una guerra. Los supervivientes arrastraban el peso infame de esa derrota, con la marca del vencido que no se rinde, pero que ha perdido la esperanza. Eran tercos, pero los jóvenes tenían otros referentes: el partido, Mao, Cuba, desarrollo de las fuerzas productivas, imperialismo, alienación... Esos hombres y mujeres, que se decían de la CNT, anarcosindicalistas, eran "aliados objetivos de la reacción" según los cultos marxistas. ¿Reaccionarios? Pues a mí no me daba esa impresión. Parecían trabajadores corrientes.

Empecé a hablar con ellos, y siempre me sorprendían. Este se afilió con nueve años, porque con nueve años empezó a trabajar, y estaba deseando empezar a cotizar para ser un hombre. Esta mujer de rostro simpático me cuenta que en unos tiempos de moral rígida, siendo mocita bastaba con decir en casa que iban a la asamblea del sindicato, o que acudían al ateneo, para poder regresar a cualquier hora, porque el padre de mirada severa transigía con la tardanza si se realizaba al amparo del sindicato. Aquel me comenta cómo destruyeron una segadora burlando a la guardia, y cómo a raíz de aquello en la siega se implantó la jornada de cuatro horas. Otro más me enseña un revólver que parece sacado de una película del Oeste, "un recuerdo", me comenta. Uno estuvo en Mathausen, aquel en la liberación de París, este firmó el convenio de las treinta y seis horas semanales en el ramo de la construcción, José defendió Coria de los fascistas porque apañó un fusil y acabó en el campo de concentración de Albatera. Al "cojo" le dieron "el paseo", le dijeron que echara a andar para tirarle por la espalda, y cogió tal carrera que ni un galgo lo pillaba, y todos se ríen. "El niño de la Juani", fue el tesorero de la cooperativa, aquí están las cuentas. Bermejo me enseña cómo se parte un bloque de granito para darle el tamaño necesario con un mazo de tres kilos. Julián me explica cómo el sindicato designaba a los empresarios el número de parados a los que tenían que pagarle un jornal diario, trabajasen o no -eso lo dejábamos a cuidado del empresario, peor para él si no te daba faena-... Una foto con muchas mujeres sonrientes vestidas de negro... -son las compañeras, recogiendo fondos -me explica Luis "el camionero"-, nosotros estábamos en la cárcel... Fuimos a implantar el Comunismo Libertario, y nos confundimos de día y de hora, -y se ríen otra vez- ¡qué lío nos hicimos con las claves! Hicimos esta carretera, me escapé de la cárcel, fui un maquis, escribí un manifiesto, me dieron una paliza, a mí otra, y a mí otra, "alguien" mató al bicho del teniente... ¿Pero qué queríais? -les pregunto-... El precio de nuestro trabajo, la tierra, levantar casas, la libertad, destruir al Estado, fumar un cigarro, quemar el dinero, que no hubiera guardia civil, hacer un viaje, un vestido estampado, queríamos esto -y abre los brazos abarcando la habitación...

Lo más curioso, era el relato frío que hacían de una larga sucesión de pulsos y derrotas. Huelgas perdidas, despidos, listas negras... Estaban acostumbrados -me decían. Si te tumban, es sólo cuestión de ponerse en pie, no pasa nada. ¿Y qué es el anarquismo, qué puedo leer? -les preguntaba. El anarquismo es esto -me respondían golpeándome la frente con el índice-, lee lo que quieras. Podemos hacer todo lo que pretendamos en este mundo -afirmaban- basta con quererlo, joder. ¿Y por qué ya nadie es anarquista?... Entonces me miraban con tristeza apagada, furiosa. -Hubo una guerra. Murieron, los mataron, los exiliaron, y sólo nos salvamos nosotros, que tuvimos más suerte, o más cuidado, o más miedo... no sabemos por qué no vuelven los jóvenes, a nadie parece interesarle el sindicato, será culpa nuestra.

Los jóvenes que reorganizábamos "el sindicato", soló levantábamos su sombra. Eran los tiempos de "los sindicatos", de las banderas rojas, del partido, de la doctrina correcta y la interpretación científica de la Historia. La CNT no salía del raquitismo, y así sigue dignamente delgada en su fanatismo. Sus hombres y mujeres de la generación de la guerra, hoy en su mayor parte desaparecidos, fueron como los últimos mastodontes, seres a extinguir por la modernidad. Y los Historiadores se están encargando de cumplir la misión de enterradores, con un dictamen seco y contundente: lo que dicen esos hombres, es mentira. No existieron. Son obreros, no saben escribir, no entienden de ciencia, somos nosotros, que no estuvimos allí, los que podemos explicar qué pasó, y por qué ocurrió lo que ocurrió, que en realidad no pasó. Yo he escrito una tesis. Olvidaros de ellos, allí donde triunfaron llevaron la sociedad al desastre. Eso dicen los científicos, los intelectuales, los listillos.

Pero yo sé que eso es falso. Yo lo certifico. Yo los vi. Yo los toqué. Yo los escuché. No hubo personas en el mundo con más desprecio por la mentira que los viejos de la CNT. Para lo bueno y para lo malo, fueron veraces. Existieron, se organizaron, lucharon, vivieron, rieron y amaron. Todo es posible, ellos lo demostraron. Esa fue su herencia. Para silenciarlos, los tuvieron que matar.

Siempre en pie, la CNT.
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
A la CNT y al anarquismo ibérico se los cargaron sus propias contradicciones... sus dirigentes cuando tuvieron oportunidad no asumieron el poder (porque eso es de bolcheviques autoritarios!) y encima luego colaboraron con el gobierno burgués, manteniéndolo hasta que los estalinistas y los burgueses pudieron quitarselos de encima... Quien se pregunte porqué la CNT no es lo que era llegará a la misma conclusion: el anarquismo no solo no es revolucionario, es contrarevolucionario...
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
A la CNT y al anarquismo ibérico se los cargaron sus propias contradicciones... sus dirigentes cuando tuvieron oportunidad no asumieron el poder (porque eso es de bolcheviques autoritarios!) y encima luego colaboraron con el gobierno burgués, manteniéndolo hasta que los estalinistas y los burgueses pudieron quitarselos de encima... Quien se pregunte porqué la CNT no es lo que era llegará a la misma conclusion: el anarquismo no solo no es revolucionario, es contrarevolucionario...
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
I telefonica kien la ataco y kien kiso retirar todas las armas de la poblacion civil kien se kedaba las mejores armas en sitios donde no servian para nada vamos hombre aprte de todo esto tu ves todo lo ke lian todos los partidos politicos pues uno solo ni te cuento la ke puede liar como no los hechas a no ser ke sea x las armas a vivir y el pueblo ke se joda eso es lo ke en verdad es el comunismo porke de pensamientos buenos puede tener mucho pero cuando se vea con poder se corrompera y x eso el comunismo no funcionara nunca y aprte los humanos demostraremos ke somos la especie mas inteligente del planeta cuando dejemos de tener machos dominantes(politicos)y empecemos a pensar solos no a pensar lo ke nos diga un cara de mierda ke no sabe como esta el pueblo por ke el puede comerse un chuleto cada dia aunke el pueblo se muera de hambre
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
Glups, menuda afirmacion no? EL ANARQUISMO ES CONTRAREVOLUCIONARIO. No se, lo podrias explicar un pokito mas, simplemente por saber lo que estoy haciendo con mi vida, no vaya a ser que este haciendo el canelo.

Encefalogramas planos en buska de la sabiduria
Re: a Trosko
22 gen 2004
Estas navegando, leyendo y escribiendo en páginas que no son del pais de las Maravillas... por favor, rompe las fronteras que tienes en tu cabecita.
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
l'anarquisme es pur, el marxisme es dolent i viceversa i al contrari

a vegades, més que discussions sobre idees sembleu una colla de holigans...
El text que han posat es potllegir, criticar, discutir ... no cal fer claca o linxar-l'ho, perque no deixeu les etiquetes pels productes del super i aprofondiu una mica... ? Va... no és tan dificil raonar i , a més, és gratis. Ei, nomes és una idea.
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
Mientras discutís,¿son galgos o podencos?...como en la Fábula,viene el cazador y mata ala liebre.
Pues aquí igual,la izquierda dandose de hostias...y el PP ganando por mayoría absoluta ! ¡Sois de un espabilao!!!!
Re: marxisme i anarquisme
22 gen 2004
Em de mirar de ser una mica més constructius, crec ke el futur de comunistes i anarkistes és anar juntes, com hem d´anar sinò, l´enemic sempre hi va, no podem ser pas idiotes nosaltres!!!
El ke passa és ke molts anarkistes catalans (entre els ke no m´hi incloc jo) o bascos sempre han tingut una espècie d´autoodi pel ke fa a la küestió nacional, i això és un error, des de l´anarkisme cal assumir les reivindicacions nacionals, doncs akestes són el pont cap a la revolució!
Re: marxisme i anarquisme
23 gen 2004
Si els anarquistes exquisits es plantejen coses com la qüestió nacional, haurien de començar a considerar altres coses "contaminants" pel seu esperit pur i immaculat...
colla d'imbècils
23 gen 2004
vaja, sembla que fins que no mori la vostra/nostra generació NO FOTREM RES DE BÓ. quina colla d'imbècils, barallant-se ENCARA sobre què va passar a la guerra civil de España iniciada per un alçament armat de feixistes.. Qui mana ara?

Tots/es volem el mateix, igualtat. La unió fot la força.
Re: marxisme i anarquisme
23 gen 2004
Està clar que s'ha de ser constructiu. El comunisme no ha existit mai. Han existit partits comunistes en el poder, que han fet o van fer coses que estaven bé o d'altres d'horribles. Però el comunisme no ha existit mai, perque simplement és un projecte internacionalista que s'ha d'aplicar arreu. Per exemple, jo crec que la Unió Soviètica no hauria d'haver desaparegut. Heu vist com estan allà ara? Ja no ténen la DIGNITAT que tenien, ni l'educació (fonamental per a tot projecte revolucionari). I a la resta del món s'ens menja el monstre capitalista, que mentre existia la URSS es va mantenir a ratlla.

Bé. El comunisme no era allò. NI molt menys. Però era un inici, una experiència obrera i camperola per damunt de tot que servirà, si la humanitat té educació i treballa, per a construïr una societat mundial justa i democràtica.

Per cert: ahir es van cumplir 80 anys de la mort del gran Vladimir Ulianov, més conegut com Lenin. El món necessita Lenins, què voleu que us digui....
Re: marxisme i anarquisme
23 gen 2004
M'AGRADA PERQUÈ FEU SERVIR IDEOLOGIES GERMANES, EN TANT QUE ANTICAPITALISTES, AMB VOLUNTAT DE CONFRONTACIÓ PER OBRA I GRÀCIA DEL VOSTRE DOGMATISME. UN DOGMATISME QUE FA PUDOR BURGESA.

LLUITA AUTÒNOMA ANTICAPITALISTA!!!
Re: marxisme i anarquisme
23 gen 2004
ja em diràs q vols dir amb lluita autònoma...
Re: marxisme i anarquisme
08 feb 2004
Viejas batallas, ya lo decía ese viejo anarquista lo único que tenemos para ser humanos (anrquistas decía él) es el cerebro!!!!

Parece mentira que en lugar de buscar lo que nos une nos empeñemos en remarcar lo que nos separa así nos va!!!

Salud para los que luchan!!

www.kaosenlared.net
Re: marxisme i anarquisme
03 mar 2004
Salut!
Sindicat Terrassa