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Entrevista :: laboral
Entrevista a Fidalgo
14 des 2003
Entrevista en el Diario de Cadiz con Jose María Fidalgo, sindicalista proveedor de la Casa Real.
¿Está normal este hombre o todavía arrastra secuelas del palo de Sintel?
"El sindicalismo es diálogo y convenio colectivo"
José María Fidalgo Velilla. Secretario confederal del sindicato Comisiones Obreras (CC.OO.). El principal responsable del sindicato más importante del país ofrece su particular receta para mejorar la competitividad de las empresas y consolidar el sistema social español, intentando conjugar los legítimos intereses económicos con las no menos importantes reglas para la cohesión. José María Fidalgo asegura que el papel de los sindicatos va más allá de las meras reclamaciones a pie de tajo, y que están llamados a plantear alternativas a la política 'oficial' en defensa de los intereses generales, que obligan a la necesaria vinculación de la iniciativa privada y de los poderes públicos. A pesar de ser uno de los grandes protagonistas del 'pulso' al Gobierno del PP en forma de la huelga general del 20 de junio de 2002, defiende la primacía del diálogo como fuente de avances, y limita el conflicto como el último recurso.



José María Fidalgo presidió el pasado miércoles en Cádiz una asamblea de delegados de CC.OO., a los que les habló del punto de vista de esta organización sindical sobre la situación socioecónomica española.

-La Constitución establece el deber de trabajar y el derecho al trabajo de los españoles. Veinticinco años después de su aprobación, ¿el alto número de parados responde a una dejación de esa obligación por parte de los ciudadanos o a la imposibilidad de garantizar ese derecho?

-La Constitución no garantiza jurídicamente que todos los españoles podamos trabajar, y sí que los poderes públicos deben cuidarse de ese derecho. Es cierto que en los últimos años se ha crecido mucho económicamente y se ha creado mucho empleo, pero seguimos necesitando más, porque seguimos siendo el país europeo con mayor tasa de desempleo y más tasa de temporalidad. Mi tesis es que las Administraciones Públicas deben preocuparse no tanto de que cada persona tenga un trabajo sino de dotar al aparato productivo y a las personas de instrumentos para trabajar. Nuestro país ha generado mucho empleo pero con una productividad muy baja, tiene un aparato productivo acostumbrado a competir exclusivamente por tener unos costes laborales totales que todavía son ventajosos en relación con la media comunitaria. Pero no es un aparato productivo que se haya puesto a invertir en buscar nuevas ventajas competitivas como es la formación, la cualificación de la gente a lo largo de toda su vida, la inversión pública y privada en tecnología, en desarrollo, en innovación y en organización del trabajo. Y éstas son las ventajas competitivas del presente y del futuro. Si la ventaja comparativa de los costes laborales totales fuera la que determinase la balanza comercial habría que preguntarse por qué España es el país que la tiene más negativa de la Unión Europea (UE). Y esto no depende de la Constitución sino de las políticas públicas y de la actitud de la iniciativa privada.

-¿Detecta usted una sintonía en este diagnóstico por parte del mundo empresarial?

-Hay empresas que han aprendido que si quieren ser competitivas tienen que generar mucha productividad a cada puesto de trabajo y por lo tanto hacen inversiones en estos factores de competitividad. Y hay otras que confían exclusivamente en las viejas ventajas comparativas. La consecuencia de esto no es sólo para la balanza comercial, sino la precariedad en el empleo, la inseguridad laboral, la siniestralidad... Este modelo de competitividad debe cambiarse porque no sólo es un problema social: es un problema económico. A nosotros no nos escuece hablar de competitividad porque las empresas deben ser competitivas. Pero sabemos por experiencia que de esta forma no lo son. ¿Qué responsabilidad tienen las empresas? Responsabilidad de invertir en su propio aparato productivo, y no lo están haciendo. La inversión privada en la empresa ha caído mucho en el último período a pesar de que los beneficios y la riqueza han aumentado enormemente. ¿Qué responsabilidad tienen las Administraciones? Que no han tomado la decisión de invertir en estas cosas. Tenemos un presupuesto en educación respecto al PIB que supone el 70 por ciento de la media comunitaria y un capital tecnológico que es el 50 por ciento del de la UE. Nos están ganando en estos factores países de los que se van a incorporar a la UE, como las repúblicas bálticas o la República Checa. Eso es conocido, lo publican los periódicos, lo dice el Foro Económico Mundial y está en la página 'web' del Banco de España.

-¿Por qué momento pasan las relaciones con el Gobierno?

-En esta legislatura hemos tenido un conflicto muy fuerte como consecuencia del 'decretazo', que desencadenó la huelga general del 20 de junio de 2002 y el posterior 'rebobine' del Gobierno de las medidas que ya estaban en vigor. Pero este episodio hay que relacionarlo con lo anterior, porque si se quiere seguir compitiendo deprimiendo el valor del trabajo y los derechos laborales y sociales, cada equis tiempo tendremos un 'decretazo' y un conflicto social. Y registraremos que está creciendo el empleo pero que es poco productivo, que es precario. Y eso no garantiza la cohesión social de un país ni la competitividad de las empresas. Hemos transmitido a la Administración que nos gustaría que cambiase la política fiscal y la política económica y que se dedicaran fondos públicos a incrementar la productividad del capital humano. Pero esto no es sólo necesario aquí sino en toda Europa. Lo dijo la Cumbre de Lisboa, cuando apuntó que si se quería llegar al pleno empleo en 2010 sosteniendo el modelo social y sosteniendo para ello la competitividad de las empresas, los gobiernos deberían invertir en estas cosas. No lo han hecho y la situación de Europa en relación con el empleo y con el modelo social es problemática.

-En ocasiones se tacha a los sindicatos de ejercer como oposición alternativa al Ejecutivo.

-Los sindicatos no somos una oposición alternativa a la oposición parlamentaria. Somos una organización y una institución, y los partidos lo son también y se mueven en el ámbito de la política parlamentaria, que es donde se hace la oposición a la política del gobierno. Los sindicatos hemos sido muy críticos con la política del Gobierno porque creemos que no ha hecho las políticas para salvar los déficit de la economía y la sociedad española. La economía tiene un problema de competitividad y la vía de solución no es la que se está buscando. Y la sociedad española tiene problemas de cohesión, de protección social, de vivienda, de formación, de educación y de integración social, porque se está fragmentando. Y esto corresponde decirlo a los sindicatos y generar una conciencia de que las cosas se deben hacer de otra manera. Quizá por eso se nos vea en oposición a la política del Gobierno del PP. Pero por la política que hace, no por el carácter político que tiene, porque nos hemos enfrentado a gobiernos de izquierda, en el fondo por las mismas cuestiones.

-También se les suele acusar de aparecer como estructuras un tanto trasnochadas.

-Lo que estamos diciendo y haciendo es porque estamos en la realidad actual. El movimiento sindical tiene una gran legitimación: en primer lugar porque tiene un nivel de representatividad altísimo, ya que entre UGT y CC.OO. obtenemos el respaldo del 80 por ciento de las plantillas laborales en las elecciones sindicales; en segundo lugar, porque hemos demostrado capacidad de movilización, aunque no vamos a la movilización de cualquier manera ni por cualquier cosa; y en tercero, porque estamos hablando de intereses generales. No actuamos como sindicatos corporativos o gremiales. Y en este sentido los sindicatos estamos actualizados porque pensamos en la realidad de nuestro país, no sólo en la realidad inmediata del salario de los trabajadores, que también. Hablamos de la realidad económica y social, de competitividad, de cohesión social, de estabilidad social, de superar el viejo conflicto social mediante acuerdos...

-¿Siente una cierta campaña de críticas hacia la labor sindical?

-Hace unos días vivimos un acontecimiento histórico, la primera ocasión en que un representante de la Casa Real acudía a un acto sindical. Lo hizo el Príncipe de España, que reconoció el papel social de los sindicatos, y que en momento muy difíciles habíamos aportado mucho a la sociedad española. Y el Príncipe llamó la atención sobre cosas que nosotros estamos reclamando, como la cohesión, el problema de la vivienda, la siniestralidad y de la mortalidad laboral... Creo que la Casa Real está alejada, no del mundo, sino del sentido partidista de la política. Y cuando una persona como el Príncipe de España habla de estas cosas no lo dice a humo de pajas. No es que nos sintamos maltratados por las críticas, estamos en nuestro papel. Cuando convocamos la huelga general del 20-J se nos dijo que no había motivos para ello, que el 'decretazo' no era causa de una movilización e incluso el presidente del Gobierno deslizó la especie de que lo hacíamos para ensombrecer la imagen de España, casi acusándonos de antiespañoles o antipatriotas. Pero la reforma se deshizo. Por lo tanto, no sería tan necesaria. La huelga general fue un éxito gracias a los 10 millones de trabajadores y trabajadoras que la secundaron, que no es cualquier cosa, ni ir de fiesta. Y costó recomponer el diálogo, pero se hizo sobre la superación de la posición del Gobierno.

-Pero la huelga general debe ser el último recurso.

-A nosotros no nos gusta tener que recurrir a un conflicto tan masivo y tan duro como es la huelga general para imponer lo que creemos que no son nuestras razones sino las de la mayoría de la ciudadanía. El papel de los sindicatos es un papel de pelea, duro, pero hay que hacerlo por el bien de los trabajadores, del país y de la civilización. Porque la civilización es justicia. Es atender a las demandas de la economía, atendiendo también a las demandas de la sociedad. Las demandas de la economía, el beneficio, tienen que convivir con las de la sociedad, la cohesión. Sólo así las sociedades libres pueden seguir siéndolo. El sindicalismo es diálogo y convenio colectivo: mejora de las condiciones de la gente, plasmadas en un papel con una firma y legalizada en el BOE. No he conocido que de una huelga se obtenga más que la verificación del esfuerzo de millones de personas que luchan, pero conozco muchos acuerdos que han producido unos bienes generales enormes.

Comentaris

Los bienes, generales, enormes
15 des 2003
... deben ser los logrados por los vende obreros, desde los de su alcurnia zaplanera, hasta el mas oscuro de los delegados en el mas lugubre feudo pyme-familiar, pasando por todos los hay-untamientos de mesas pariritarias en organismos e instituciones donde es necesario repartir para perpetuarse, porque los demas, los que por sus acuerdos llevamos apretandonos el cinturon, pagando con la vida mientras ellos engondordan, perdiendo derechos para que ellos medren, tenemos otra vision de ellos, de sus amos, de sus alevines, de sus dircursos...
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