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Comentari :: globalització neoliberal : laboral
Italia se moviliza contra la reforma de las pensiones
08 des 2003
El gobierno "popular" está empantanado, pero tras las próximas elecciones, sea cual sea el resultado, aparte de más de lo mismo en sucursalimo local, aquí, también,... ¡AGCS!
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Alemania en la cuenta regresiva

Cirugía compleja

Julio Carreras
Grano de Arena

"Quien no se reforma a sí mismo es reformado por la fuerza", ha repetido el canciller Gerhard Schröder. Esto para significar que los alemanes deben ajustarse los cinturones. Pero, ¿a "la fuerza" de quién se refiere? ¿Qué poder es tan grande como para imponer a un gobierno un plan contrario a lo elegido por la mayoría de su pueblo? Ya se sabe.

"El mercado", este Plutón que reina indiscutidamente, desde mediados de los 80, sobre la humanidad entera. Jamás ningún césar o gobernante tuvo tanta autoridad, ni sus decisiones fueron tan universales. Reunidos en el palacio de Neuhardenberg los miembros del partido Socialdemócrata establecen cuidadosamente los mecanismos progresivos con los que irán aplicando su "Agenda 2010". También anudan alianzas: aparte del apoyo irrestricto de "Los Verdes" (a quienes convirtieron en furgón de cola), obtuvieron por fin el apoyo de la poderosa Democracia Cristiana.

Los cuidados minuciosos con los que se manejan, se deben sin duda a que la "reforma " decidida ha de provocar dolores intensos en gran parte de la población alemana, acostumbrada hasta hace muy poco a una cultura del bienestar material que, de resultar exitoso el plan de Schröder, pronto quedará para muchos en la categoría de sólo un buen recuerdo.

El capitalismo al ataque

Los tecnócratas gubernamentales y los políticos oficialistas dicen que "no se puede continuar con el modelo distributivo actual". Según ellos, el Estado carece de fondos suficientes, ha descendido aún más la tasa de nacimientos y la desocupación crece como un hongo a lo largo y lo ancho de la nación. ¿Qué se proponen, pues? En primer término, "reducir las prestaciones sociales en general, por un lado para ahorrarle costos al Estado pero, por otro, también para disminuir los aportes sociales y con ello abaratar la mano de obra" (1) Como un mecanismo de relojería, pues, el aparato oficial se ha puesto en marcha, para asestar a la población de Alemania lo que será probablemente el más duro golpe económico luego de 1945, cuando le impusieron control extranjero sobre sus finanzas. Este plan, que viene preparándose sigilosamente desde hace más de 10 años, consiste básicamente en el mismo aplicado durante los 90 en la Argentina. Con la única diferencia que aquí se lo introdujo sin anestesia.

Cuáles son sus presupuestos fundamentales:

1) Flexibilización laboral.

2) Privatización de los Servicios Públicos (incluyendo la Previsión Social, la Educación y la Salud)

3) Subsidio estatal y privilegios impositivos para los grandes capitalistas.

El gigantismo de los sindicatos alemanes, la cultura del bienestar gozada durante tantos años por los habitantes de este país, el alto nivel educacional de su pueblo, eran argumentos que hacían dudar a los "reformadores", induciéndolos a largos cabildeos y mucha cautela a la hora de dar los primeros pasos del ajuste. Sea porque los dirigentes sindicales están completamente burocratizados, sea porque el individualismo ha neutralizado completamente el ánimo cuestionador de la población, lo cierto es que este ominoso retroceso colectivo no parece haber despertado resistencias significativas, hasta el momento. Al menos, esto es lo que anuncian con regocijo sus programadores -lo cual puede ser también una percepción favorablemente distorsionada de la realidad. En este sondeo, el oficialismo se asombra de que el sector donde menos resistencia ha encontrado a sus planes reduccionistas... es la juventud.

La muerte en el bolsillo

El jefe de la Redacción berlinesa del semanario "Die Zeit" anuncia pues que "está tomando contornos más concretos lo que al principio sonó como una vaga declaración de intenciones: cómo facilitar los despidos, cuándo acabará el derecho al seguro de desempleo, cuándo, en lugar de la ayuda en caso de desocupación (menor que el seguro de desempleo), comenzará a pagarse asistencia social o cuándo descenderán los sueldos netos debido a que los trabajadores deberán aportar más al seguro de salud". (2) Estas medidas "fundamentales para el proyecto "Agenda 2010"", disminuirán la calidad de vida de millones de alemanes y afianzarán en su crecimiento, en cambio, las inmensas ganancias lucrativas de las multinacionales y sus gerentes internos. Sólo la fusión del seguro de desempleo con la asistencia social perjudicará a más de un millón de personas. Este engendro burocrático, justificado en el descenso de la natalidad -lo cual "afecta el mecanismo redistributivo entre generaciones"-, dejará prácticamente en manos privadas las prestaciones sociales y el sistema de salud. Esto significa que progresivamente los propios trabajadores deberán costear su obra social, su asistencia médica, los medicamentos y todos los servicios sanitarios. También su propia jubilación, aunque ello signifique reducir su nivel de vida presente. ¿Y los desocupados? Pues bien, no tendrán cobertura, ni sanitaria ni social. Es decir: o tienes dinero, o te mueres. Así de simple.

Economía y mitos

Desde el gobierno se ha enunciado claramente que "el Estado debe ser sustituido gradualmente por el Mercado". Es decir que Plutón vuelve ahora su mirada ígnea hacia Alemania. El aparente retroceso de sus beneficios en el Tercer Mundo, debido a una creciente ola de resistencia popular, le obliga a buscar nuevas víctimas entre sus propios hijos. Por nuestra parte no es antojadizo denominar "Plutón" al devastador paradigma que el capitalismo salvaje ha hecho universalmente aceptable bajo la denominación de "Mercado". Se recordará que este dios de los infiernos, llamado Hades por los griegos, recibía asimismo el nombre de "Plutón, el rico ". Hijo de Saturno y Cibeles, tras el triunfo de los dioses sobre los titanes le correspondió el reino de las profundidades. De su padre pudo haberle quedado la reminiscencia de devorar a sus propios hijos. De su madre el gusto por las orgías. Enamorado de la fertilidad de la Tierra, secuestró a Proserpina, hija de Júpiter y Ceres. Su madre, enloquecida de tristeza, provocó el hambre de toda la humanidad. Júpiter entonces obligó entonces Plutón a que permitiera a Proserpina regresar junto a Ceres algunos meses del año. De tal modo la naturaleza recuperaba por cierto tiempo la prosperidad.

Cuando Plutón impera, pues, lo efectúa en base al secuestro de la hija más preciada de las naciones; sus proyectos de desarrollo equilibrado: su soberanía.

Así, cuando Mercado fija sus sanguinolentos ojos en un país, este se verá obligado a soportar la pobreza entre sus habitantes, la destrucción de su sistema ecológico, la mercantilización de su cultura social.

Si un pueblo digno es capaz de encarnar a Júpiter reclamando sus derechos, podrá lograr, eventualmente, que Plutón-Mercado renuncie temporalmente a Proserpina-Soberanía. De tal manera podrá revitalizarse a Ceres-Productividad racional, para aliviar a los humanos. Dependerá de la inteligencia, fuerza y voluntad que logren concitar los pueblos el que puedan recuperar o no su libertad perdida. Plutón-Mercado se propone cerrar otro anillo de fuego de su dominación absoluta sobre Alemania en 2010. El pueblo alemán, ¿se lo permitirá? Está por verse.

* Escritor. Periodista. Coordinador General de SOLIDARIDAD, Asociación para la defensa de los Derechos Humanos, el Consumidor y los Trabajadores.

(1) Gunter Hofmann. El paquete de reformas. Revista Deutschland. S Nº5/2003 - Octubre/Noviembre. Página 10.

(2) Ã?dem anterior.

http://www.rebelion.org/economia/031207alemania.htm

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Todo lo que Ud. siempre quiso saber sobre el AGCS
Génesis del AGCS

El Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (AGCS) es un acuerdo mundial concluido en el año 1994. Lo novedoso es que el mismo se refería a la comercialización de los servicios. Hasta ese año, las negociaciones tenían que ver casi exclusivamente con el desmantelamiento de las barreras al comercio de los bienes, trátese de cuotas o de aranceles. Y estas negociaciones desembocaban a la firma de acuerdos generales sobre aranceles y comercio, mejor conocido como GATT por sus siglas en inglés.

El acuerdo AGCS de 1994 no se firmó de la noche a la mañana. En Estados Unidos, los grandes sectores de los servicios ya habían fundado una âCoalición Americana de Serviciosâ? en 1982. En Europa se observó la creación de un âForo Europeo de Serviciosâ? que mantiene estrechas relaciones con la Comisión Europea y es consultada para tesis que la Comisión podría defender. De hecho, Sir Leon Brittan, ex Comisario Europeo, está muy involucrado en los trabajos del Foro.

Una sola cifra permite explicar por qué las empresas privadas están tan interesadas en la eliminación de las trabas al comercio mundial en el área de los servicios. Así, se estima en unos 6,5 billones de dólares el mercado mundial total del agua, la educación y la salud. Este mercado está básicamente en manos del sector público o regulado por él. De lograr penetrar tan gigantesco mercado, las compañías privadas podrían esperar colosales beneficios y un exponencial aumento de su volumen de negocios.

Las negociaciones en torno al AGCS y sus extensiones se realizan dentro de la Organización Mundial del Comercio, una organización con sede en Ginebra, que cuenta con 140 países miembros, cada uno con un representante y un voto. Si bien, en teoría, las decisiones proceden de un consenso, en la práctica el papel de los países industrializados es importante. La misión de la OMC consiste en asegurar el seguimiento de los acuerdos existentes sobre el libre comercio internacional y en velar por que estén debidamente aplicados. Y el AGCS es tan sólo un ejemplo entre muchos, entre los cuales vale la pena mencionar el Acuerdo sobre Aranceles y Comercio (GATT), el acuerdo sobre Agricultura y aquel referido a la propiedad intelectual, etc.

El AGCS cubre casi todos los servicios

Los servicios son a veces definidos como âtodo lo que no se puede dejar en sus piesâ?. En los países industrializados, los servicios representan alrededor de 60% de toda la actividad económica. Con muy pocas excepciones, todos estos servicios están incluidos en el AGCS, el cual regula los servicios en los que todos pensamos, como los servicios financieros, profesionales o de telecomunicaciones, así como los servicios de educación, la salud, la cultura y el medio ambiente. Asimismo, se considera un servicio la distribución de mercancías (comercio al mayor y al detal), al igual que la administración de obras de construcción o la subcontratación en la construcción.

El caballo de Troya

El acuerdo AGCS de 1994 enuncia algunos principios generales (por ej., la regulación debe ser igualmente transparente para las empresas extranjeras). Además, los Estados miembros de la OMC no tienen la obligación de abrir sus sectores de servicios a la competencia extranjera, pues el texto del acuerdo sólo menciona la posibilidad de apertura por sector, en el marco de negociaciones bilaterales. Por tanto, el acuerdo de 1994 puede parecer anodino de buenas a primeras. Sin embargo, es preciso darse cuenta de la dinámica que en él se induce. En efecto, el mismo acuerdo también estipula que los miembros de la OMC organizarán con regularidad ciclos de negociaciones con miras a liberalizar cada vez más sectores de servicios y definir reglas generales menos limitantes, que los Estados deberán respetar y que garanticen el principio de libre competencia. En caso de que los Estados impongan trabas a la competencia durante un ciclo del AGCS, se ejercerán presiones a partir del siguiente ciclo con miras a la eliminación de dichas trabas. Dicho de otro modo, el AGCS funciona como un caballo de Troya. Todo comienza con aspectos anodinos y principios no vinculantes, pero el objetivo a largo plazo es lograr un tratado mucho más ambicioso. Por esta razón los servicios públicos, así como las diversas formas de regulaciones públicas, están cada vez más en la mira

La huida hacia delante ya no es posible

En los últimos años hemos observado que los tratados de libre comercio firmado en la OMC desde mediados de los años 90 esconden a veces verdaderas trampas. Avezados juristas (muy bien remunerados por el lobby de las empresas) logran redactar textos cuyas consecuencias extremas nadie puede imaginar. Tal es el caso, por ejemplo, del Capítulo 11 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Mucho tiempo después de la ratificación de dicho tratado fue cuando se realizó que el texto autorizaba a las empresas a entablar querellas contra las autoridades públicas en caso de que estas últimas tomasen medidas perjudiciales para el rendimiento o la libertad de las inversiones. Desde entonces, algunas grandes compañías han logrado el pago de indemnizaciones por parte de los gobiernos de Canadá y de Estados Unidos, aun cuando las regulaciones públicas cuestionadas eran benéficas para la protección del medio ambiente o la salud pública.

Pero más grave aún es el hecho de que el AGCS retoma el principio según el cual los acuerdos, una vez concluidos, no podrán ser cuestionados de cualquier manera. En otras palabras: âlo que está hecho, hecho estáâ?. Y aunque luego se realice que la apertura de los mercados tiene consecuencias desastrosas, las autoridades públicas no puede restablecer la protección del marcado así como así. Deben primero indemnizar a los países cuyas empresas ya no tienen acceso al mercado local. Demás está decir que tal sistema es muy hipotético y poco administrable en la práctica, como así lo demuestra claramente el ejemplo de Bolivia. En efecto, con la ayuda del Banco Mundial, el gobierno de ese país había privatizado la distribución del agua, confiándola a la compañía londinense International Waters. Al suscitarse grandes disturbios tras enormes alzas de precios, el gobierno retomó por su cuenta el control de la distribución del agua. Si Bolivia hubiese abierto su mercado en el marco del AGCS, la renacionalización del agua habría dado lugar a una queja ante la OMC y el gobierno boliviano habría tenido que pagar indemnizaciones. Este ejemplo debe instarnos a ser mucho más cautelosos.

La OMC no se limita a dictar reglas. También logra hacerlas vinculantes (contrariamente a la OIT, por ejemplo, que sólo tiene un poder âmoralâ? en caso de violaciones al derecho del trabajo). Este trabajo lo realizan las llamadas âcomisiones de litigiosâ? creadas dentro de la OMC, que son las encargadas de intervenir cuando un país estima que trabas al comercio impuestas por otro país son contrarias a los tratados de la OMC y perjudican sus propias empresas. En la práctica, el litigio pasa por el arbitraje de diplomáticos de la OMC. En estos casos, es frecuente que especialistas en materias comerciales estén llamados a emitir una opinión sobre reglamentos relativos a la salud pública, la protección del medio ambiente, el clima y la protección del trabajo. Si la comisión competente estima que las trabas comerciales son reprensibles, entonces el país querellante tiene derecho a tomar sanciones comerciales contra el país demandado.

Procedimiento de las actuales negociaciones del AGCS

·Primavera de 2002: Los Estados miembros de la OMC deben someter a la OMC listas de solicitudes dirigidas a los países terceros y referidas a la liberalización de determinados sectores y la modificación o eliminación de ciertas reglas que constituyan una traba comercial (por ej., el horario de atención en el sector de la distribución).

·Finales de 2002: Cada Estado examina la lista de solicitudes que reciba de los demás países.

.Enero de 2003: La Comisión Europea formula una propuesta que enumera los sectores que la UE propone liberalizar (como miembro de la UE, Bélgica transfirió a la Comisión las competencias en materia de comercio con países terceros).

·Finales de marzo de 2003: después de las negociaciones entre Estados miembros de la Unión Europea, dicha propuesta de âoferta europeaâ? será comunicada a la OMC.

·Después de marzo de 2003: La OMC confrontará las propuestas recibidas del mundo entero. Este trabajo servirá como base para la continuación de las negociaciones y un nuevo AGCS debería concluirse para finales de 2004

http://www.cmt-wcl.org

Comentaris

Re: Italia se moviliza contra la reforma de las pensiones
08 des 2003
extraido de:

"LAS HUELGAS QUE CUENTAN QUE GANAMOS
REFLEXIONES SOBRE LA DECADENCIA DEL MOVIMIENTO OBRERO"


(...) Hoy en día, la condición de asalariado es general y, en ese sentido, casi todo el mundo es obrero, explotado, dirigido, desposeído o contaminado, pero eso no significa que forme parte de un sujeto histórico o de una clase, que tenga una predisposición particular a la revolución, una misión histórica determinada o un destino. Sólo es uno de esos que «puede votar, pero no elegir», al decir de J. Estefanía (alto ejecutivo de El País). Queda, eso sí, una clase residual, ligada a la antigua producción industrial, es decir, al periodo capitalista precedente, en franco proceso de jubilación. Esa que todavía nos enseñan en los patéticos desfiles del Primero de Mayo cantando La Internacional. En fin, una antigualla de antes de la mundialización.

(...) El desarrollo del capitalismo ha alterado tanto la estructura social proletaria que la masa asalariada ha dejado de ser un agente de la transformación histórica. En efecto, tal aglomerado social no puede ser la negación del capitalismo. Se halla en la misma situación del campesinado que Marx describe en El 18 Brumario: son una masa enorme de población cuyos miembros viven prácticamente de la misma forma, pero sin estar unidos mediante el establecimiento de múltiples interrelaciones. Su trabajo y el espectáculo moderno les aíslan entre sí, en lugar de conducirles hacia relaciones recíprocas. La explotación actual del trabajo no permite ninguna variedad de talentos, ninguna riqueza de relaciones sociales. Viven en condiciones materiales que separan a los unos de los otros, y sí nos atenemos al género de vida, en ese sentido son una clase. Pero no lo son en la medida que no existe entre ellos ningún lazo social, en la medida que la proximidad de sus intereses no crea entre ellos ninguna comunidad, ni menos una organización específica. Así no pueden defender sus supuestos intereses de clase, no pueden representarse a sí mismos y han de ser representados por una clase burocrática exterior. De ella salen sus jefes, de quienes se supone que están obligados a proteger sus intereses y a decidir lo que les conviene. La influencia política de los asalariados encuentra su última expresión en la subordinación de la sociedad a los políticos, o sea, al poder ejecutivo estatal, al Estado. La moderna condición proletaria, por su propia naturaleza, sirve de base a la burocracia que opera desde el Estado, al partido del Estado, y hace de los asalariados un elemento conservador, un agente del orden. Sus remedos de lucha son solamente asunto privado y no representan al interés general de la acción. Son nada más que nulidad política y aburrimiento porque la clase obrera ya no existe en oposición al sistema dominante, sino que forma parte de él. La parte prescindible.

Según los manuales, la mundialización es <<aquella etapa del capitalismo en la cual las economías nacionales se integran de modo progresivo en el marco de la economía internacional, de modo que su evolución dependerá cada vez más de los mercados internacionales y menos de las políticas económicas gubernamentales>>. De entrada fue precedida de una reestructuración generalizada de la industria -la «reconversión» de los ochenta- y acompañada de una automatización no menos general del proceso productivo, con el resultado de la eliminación de una gran parte de los puestos de trabajo y la expulsión de la mayoría de los trabajadores hacia la periferia de la producción o directamente hacia el paro. La mundialización no ha visto erigirse ante sí a un proletariado internacional que se enfrenta al Capital en un terreno más amplio: en todo el mundo. Cabe preguntarse cómo todo ello pudo imponerse con tan poca oposición social y cómo pudo despertar tan pocos comentarios y rumores. Habría que hablar de la degradación de la conciencia consecuente a la incapacidad del proletariado en hacer su revolución, del fracaso de sus asaltos contra la sociedad de clases y del buen hacer de las clases dominantes, las cuales han sabido ir preparando las condiciones laborales, es decir, empeorándolas, jugando con pequeños privilegios políticos y sindicales sin levantar oposiciones insuperables. De una forma u otra, el proletariado se está disolviendo en una masa informe, sin derechos y malpagada, de subempleados, temporeros y parados, simple servicio doméstico de la producción, ejército de reserva del trabajo contra sí misma. Además, las máquinas, diseñadas por expertos, escapan al control de los trabajadores, así que los paros alteran cada vez menos una producción inservible e inabordable; podemos decir que esto es el fin del proletariado, que el proletariadoha muerto. Y ha nacido una clase de criados <<cuya única ocupación es servir sin objeto especial a la persona de su amo y poner así de manifiesto la capacidad de éste de consumir improductivamente una gran cantidad de servicios» (Thorstein Veblen). Los asalariados actuales son incapaces, por su situación, de crear un movimiento autónomo organizado, y los viejos obreros y funcionarios sólo se implicarían en un movimiento corporativo. Pero, alguien dirá que ha habido realmente huelgas generales. Pues no; se trataba simplemente de demostraciones de la capacidad de control de los aparatos sindicales que ocurrían porque el proceso de homogeneización laboral se hacía unilateralmente y en él resultaban afectadas algunas de sus prerrogativas.

(...) Toda una subclase urbana ha aparecido, almacenada en guetos, compuesta por quienes no son aptos para integrarse en el mercado, los excluidos, los marginados, los verdaderamente pobres, rechazados y forzados a permanecer en la periferia de la economía y en el centro de la abundancia. Son una masa de ensayo de otros tipos de economía y de política destinados a rentabilizar la miseria, puesto que la miseria ha venido para quedarse. Por primera vez en la historia, los poderosos no necesitan de grandes masas obreras. Las masas sobran. Son superfluas para el mercado. Por otro lado el trabajo es el único valor de la sociedad moderna, que es una sociedad dé trabajadores. La sociedad desconoce otro tipo de actividades más elevadas y significativas por cuya causa mereciera liberarse del trabajo y no queda ya ningún grupo social portador de otros valores, a partir del cual pudieran restaurarse las demás capacidades humanas. <<Nos enfrentamos con la perspectiva de una sociedad de trabajadores sin trabajo, es decir, Sin la única actividad que les queda. Está claro que nada podría ser peor>>. (Hannah Arendt).

(...) Con la mundialización de la economía, los poderes económicos transnacionales que dirigen el mercado gobiernan, y el gobierno, gestiona. Fin de la política -no hay más política que la economía- y fin del Estado nacional, de los aranceles, de la moneda nacional. Con ello no afirmamos que anteriormente política y economía fuesen realidades separadas e independientes. Desde los tiempos keynesianos de la postguerra, Estado y Capital habían actuado en simbiosis, apoyándose en la existencia de mercados nacionales de trabajo y en capitalismos nacionales protegidos. Esa fusión, auxiliada por el sindicalismo y los partidos obreristas, se conformó como âEstado del bienestarâ?, âcorazón de la civilización europea modernaâ?, si prestamos oídos al periodista de Le Monde, Ignacio Ramonet: la jubilación, el seguro de enfermedad, el de paro, el derecho a la educación, los derechos laborales, etc. Y es este corazón el que la mundialización quiere arrancar instaurando un mercado internacional del trabajo y exigiendo un Estado barato, que es lo mismo que decir un Estado mínimo.

Incluso en cuestiones de orden se confiará más en la policía privada. Así que ante ese moderno anarquismo capitalista no es de extrañar que quienes sacaban su poder del Estado -los políticos, los sindicalistas u otros intermediarios, como los ecologistas o las ONGs- o conservaban un estatus laboral menos deteriorado gracias a sus leyes -los funcionarios o la vieja clase obrera en liquidación, es decir, los pensionistas- les haya entrado una añoranza estatista profunda y defiendan si no un retorno a las idílicas condiciones de consumo y disfrute de poder del periodo anterior del capitalismo, el periodo nacionalista, sí una mundialización que respete, mediante la transacción con un Estado del cual son clientela y que no desean reducido, lo esencial de esas mismas condiciones. Pero la función del Estado moderno es la de defender las condiciones exteriores del modo capitalista de producción precisamente contra los atentados de los obreros y no la de proteger a los obreros contra los atentados del modo de producción capitalista. Esta, digamos, aristocracia obrera se sienta, como aquel que dice, en dos sillas. Son a la vez, obreros y accionistas minoritarios. Trabajan y combaten la desvalorización de su único «capital». Sus intereses son particulares, distintos de los del resto de desposeídos y por eso su lucha -la lucha sindical, y su obtuso estatismo- no puede ser la lucha de todos. Si se manifiesta con contundencia puede ser tomada en serio por el resto de asalariados, pero ¿por qué se detiene en los momentos culminantes? ¿Por qué se imponen los sórdidos argumentos de la supervivencia? Preguntas que se contestarían con otra: ¿Qué harían si venciesen? Si no saben o no quieren responder, mejor negociar y distraerse con simulacros de combate, y al final, contentarse con lo que echen.

(...) El fin de la lucha de clases no es el fin de la historia; se da la paradoja de una aceleración del proceso histórico llevada a cabo por fuerzas sociales antihistóricas. La historia se ha ocultado. En menos de dos décadas, las clases, los partidos que pretendían representarlas y el mismo terreno social se han vuelto gaseosos. De un mismo movimiento, la sociedad se ha hecho irrecuperable y la revuelta, invisible. (...)
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