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Anàlisi :: educació i societat
Historia del siglo XX. 10: La transformación social
05 des 2003
Cuando la vida de casi toda la gente del mundo cambió
(Pasajes seleccionados)


Pero, para la mayor parte del planeta, los cambios fueron tan repentinos como cataclísmicos. Para el 80 por 100 de la humanidad, la Edad Media se terminó, de pronto, en los años 50; o, tal vez mejor, «sintió» que se había terminado en los años 60. (...)

Menos de 10 años (1962-1971) separan un Cuzco en donde, fuera de los límites de la ciudad, la mayoría de los indios todavía vestían sus ropas tradicionales, de un Cuzco en donde una parte sustancial de los mismos vestían ya ropas «cholas», es decir, a la europea. A finales de los años 70, los vendedores de los puestos del mercado de un pueblo mexicano ya determinaban los precios a pagar por los clientes con calculadoras de bolsillo japonesas, desconocidas allí a principios de la década. (p 291-292)



El cambio social más drástico y de mayor alcance de la segunda mitad de este siglo, y el que nos separa para siempre del mundo del pasado, es la muerte del campesinado. (...)

Pero el mismo hecho de que, en España y en Portugal, la población dedicada a la agricultura, que constituía algo menos de la mitad de la población total en 1950, se hubiera visto reducida al 14 por 100 y al 17 por 100, respectivamente, al cabo de 30 años habla por sí mismo. (...)

Sólo tres regiones del planeta seguían estando dominadas por sus pueblos y sus campos: el �frica subsahariana, el sur y el sureste de Asia y China. (...)

Lo extraño de ese silencioso éxodo del terruño en la mayoría de los continentes (...) es que sólo en parte se debió al progreso de la agricultura, por lo menos en las antiguas zonas rurales. (...) los países desarrollados industrializados (...) también se convirtieron en los principales productores de productos agrícolas destinados al mercado mundial, y eso al tiempo que reducían su población agrícola (...) Todo eso se logró gracias a un salto extraordinario en la productividad, con un uso intensivo de capital por agricultor. (...)

En las regiones pobres del mundo, la revolución agrícola no estuvo ausente, aunque fue más incompleta. (...) Sin embargo, en conjunto, los países del Tercer mundo y parte del Segundo mundo (socialista) dejaron de alimentarse a sí mismos, y no producían los excedentes alimentarios exportables que serían de esperar (...)

En cambio, las regiones de Asia en donde mejor se ha mantenido el campesinado acaso sean las más densamente pobladas del mundo (...) (p 292- 296)



Casi tan drástico como la decadencia del campesinado, y mucho más universal, fue el auge de las profesiones para las que se necesitaban estudios secundarios y superiores. (...)

Este estallido numérico se dejó sentir sobre todo en la enseñanza universitaria (...)

A primera vista resulta curioso que, en conjunto, la fiebre universitaria fuese menos acusada en los países socialistas, pese a que éstos se enorgulleciesen de su política de educación de las masas (...)

El motivo por el que 1968 (...) no fue la revolución, y nunca pareció que pudiera serlo, fue que los estudiantes, por numerosos y movilizables que fueran, no podían hacerla solos. (...) Desde los años 60, los estudiantes han conseguido a veces actuar así: precipitaron una enorme ola de huelgas obreras en Francia y en Italia en 1968, pero, después de 20 años de mejoras sin paralelo para los asalariados, la revolución era lo último en que pensaban las masas proletarias. (p 297-301)



(...) la clase trabajadora industrial no experimentó cataclismo demográfico alguno, hasta que en los años 80 entró en ostensible decadencia (...)

En los países comunistas que experimentaron una rápida industrialización (...) la cifra de proletarios se multiplicó más de prisa que nunca, al igual que en las zonas del Tercer mundo que emprendieron su propia industrialización (...) En resumen, al final de los años dorados había ciertamente muchísimos más obreros en el mundo (...)

El espejismo del hundimiento de la clase obrera se debió a los cambios internos de la misma y del proceso de producción, más que a una sangría demográfica. Las viejas industrias del siglo XIX y principios del XX entraron en decadencia (...) Los mineros del carbón, que antaño se contaban por cientos de miles (...), acabaron siendo más escasos que los licenciados universitarios. La industria siderúrgica estadounidense empleaba ahora a menos gente que las hamburgueserías McDonald's. Cuando no desaparecían, las industrias tradicionales se iban de los viejos países industriales a otros nuevos. (...)

Las clásicas regiones industriales «posfordianas» (...) no tenían grandes ciudades industriales, empresas dominantes, enormes fábricas. Eran mosaicos o redes de empresas que iban desde industrias caseras hasta modestas fábricas (de alta tecnología, eso sí), dispersas por el campo y la ciudad. (...)

Desde luego, al final (...), la clase obrera acabó siendo víctima de las nuevas tecnologías, especialmente los hombres y mujeres no cualificados (...) O mejor dicho, con el paso de las décadas de la gran expansión económica mundial de los años 50 y 60 a una etapa de problemas económicos mundiales en los años 70 y 80, la industria dejó de expandirse al ritmo de antes, que había hecho crecer la población laboral al mismo tiempo que la tecnología permitía ahorrar trabajo. Las crisis económicas de principios de los años 80 volvieron a generar paro masivo (...) (p 304-306)



Un cambio importante que afectó a la clase obrera (...) fue el papel de una importancia creciente que pasaron a desempeñar las mujeres, y, sobre todo (...) las mujeres casadas. El cambio fue realmente drástico. (...)

Las mujeres hicieron su entrada también, en número impresionante y cada vez mayor, en la enseñanza superior (...) Los estados socialistas, en conjunto, impulsaron, con mayor celeridad, la incorporación femenina al estudio (...) Sin embargo, en 1980, la mitad o más de todos los estudiantes eran mujeres en los EEUU, Canadá y en seis países socialistas (...) y en sólo cuatro países europeos constituían menos del 40 por 100 (...)

La entrada masiva de mujeres casadas (...) en el mercado laboral y la extraordinaria expansión de la enseñanza superior configuraron el telón de fondo, por lo menos en los países desarrollados occidentales, del impresionante renacer de los movimientos feministas a partir de los años 60.

(...) lo que cambió en la revolución social no fue sólo el carácter de las actividades femeninas en la sociedad, sino también el papel desempeñado por la mujer o las expectativas convencionales acerca de cuál debía ser ese papel, y en particular las ideas sobre el papel «público» de la mujer y su prominencia pública. (...)

En el mundo socialista la situación era paradójica. La práctica totalidad de las mujeres formaban parte de la población asalariada de la Europa del Este (...) El comunismo, desde el punto de vista ideológico, era un defensor apasionado de la igualdad y la liberación femeninas, en todos los sentidos, incluido el erótico (...) Pero, con excepciones más bien raras (...), [las mujeres] no destacaban en las primeras filas de la política de sus partidos (...) y en los nuevos estados de gobierno comunista aún eran menos visibles. (...) Al contrario de las feministas occidentales, la mayoría de las mujeres casadas soviéticas, acostumbradas desde hacía tiempo a una vida de asalariadas, soñaba con el lujo de quedarse en casa y tener un solo trabajo.

De hecho, el sueño revolucionario original de transformar las relaciones entre ambos sexos y modificar las instituciones y los hábitos que encarnaban la vieja dominación masculina se quedó, por lo general, en humo de pajas, incluso en los lugares âcomo la URSS en sus primeros años, aunque no en los regímenes comunistas posteriores a 1944â en donde se intentó seriamente convertirlo en realidad. (...) Los heroicos esfuerzos emancipadores de las mujeres no fueron, por supuesto, en vano. [Las ventajas jurídicas y sociales conseguidas] son cambios nada despreciables.

Entre las mujeres pobres o con dificultades económicas, las casadas fueron a trabajar después de 1945 porque sus hijos ya no iban. La mano de obra infantil casi había desaparecido de Occidente (...) «... ahora, al necesitar las familias ingresos adicionales, las madres se pusieron a trabajar en lugar de sus hijos». (...)

Si a estos niveles [la clase media] había alguna motivación para que las mujeres casadas abandonaran el hogar era la demanda de libertad y autonomía: para la mujer casada, el derecho a ser una persona por sí misma y no un apéndice del marido y del hogar (...)
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