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Notícies :: pobles i cultures vs poder i estats
Pánico a la res-pública
29 nov 2003
Los resultados de las elecciones autonómicas catalanas, convirtiendo en árbitro del parquet político a una formación con acusado perfil antirégimen, han desatado todas las alarmas entre ideología dominante, que como es sabido es la ideología de la clase dominante.
Hablan de riesgo de "fractura nacional". De "horror al vacío". De "ruptura". Y de todo un estúpido argumentario que no sirve siquiera para esconder la realidad de lo que les produce pavor. O sea, la irrupción en el panorama político de una partido como ERC que amenaza sus intereses oligárquicos hilvanados durante 25 años con la horma del consenso a costa de la auténtica soberanía popular.

Lo ven como un amenaza al pensamiento único que han practicado al unísono gobierno y oposición desde el final del franquismo como débito de los pactos de la transición. Un cuerpo de doctrina nunca reconocido expresamente por las cúpulas de los partidos empotrados en la monarquía del 18 de julio, cuya última escenificación ha sido el modelo restauración lustrado por el tandem Aznar-Zapatero bajo el imperativo legal de presuntas "razones de Estado".

A semejante panal, incluso, habían llegado a abrevar últimamente otros agentes sociales como los sindicatos y la iglesia, en alegre y caprichosa compaña. Todos a una, como Fuenteovejuna, pero al revés.

Pero este suculento y proceloso tinglado se ha visto de pronto cuestionado con el brusco posicionamiento de una parte de la población catalana el 16-N. Empresarios, clase política, hombres de negocios, profesionales del besamanos, periodistas unívocos, cortesanos, neofranquistas reciclados, financieros facinerosos y los eternos poderes fácticos han interpretado el veredicto de las urnas como el anuncio de un despedida. La denostada ruptura y el libre pensamiento que la transición expulsó por la ventana, con nocturnidad y alevosía, volvían así por la puerta grande de la demanda popular.

Porque lo que preocupa a la clase dominante y sus asimilados no es sólo la victoria moral de ERC. Eso, con ser grave, podría tener su antídoto. Bien presentada, con el consabido apoyo de los medios de comunicación y sus brunetes basura, se podría intentar una deslegitimación que, piano piano, llevara a su exclusión legal del marco constitucional. Ya advirtió Torquemada Oreja que los republicanos eran a CiU lo que ETA al PNV. Jueces para esa faena los hay sobrados en España, y con sobrada experiencia tras el ensayo general de la nueva ley de partidos para defenestrar a HB/EH y , de paso, dejar sin representación a una parte del pueblo vasco. Pero han llegado tarde y ahora para pararlo sería necesario aplicar otro 23-F sin anestesia.

En cualquier caso, lo que más preocupa en las salas de banderas, en las cúpulas de los partidos hegemónicos, en los consejos de administración de la banca, en la plana mayor de la iglesia y en el soez panóptico en que se han convertido la mayoría de los medios de comunicación públicos y privados -¿quién se salva?- es el mal ejemplo que ofrece el Plan Carod-Rovira a una sociedad domada para los fastos de la boda entre el Príncipe y la telepresentadora. Y es que, como decía Brassen, a esta gente no le gusta que uno tenga su propia fe; la independencia tiene mala reputación.

El temor en las sacristías del sistema es que a rebufo del sorpasso republicano despierte la bicha de la memoria histórica que con tanto empeño tantos y desde tantos lados han intentado negar, y que con ella se produzca por primera vez desde la guerra civil un entendimiento ético, cultural, político y estético entre la generación de la vieja resistencia antifranquista y la joven resistencia de la antiglobalización en la trinchera común de la sociedad civil. Engolfados en denigrar el supuesto atavismo de un PNV tradicionalista, no han sabido prever el inminente desbordamiento radical en la periferia más dinámica y europeista de la piel de toro. Gajes de la política preventiva hecha con la mirada puesta en el espejo retrovisor.

Sin embargo, Catalunya no es el Euskadi de Sabino Arana y las sotanas irredentistas. Cuando Catalunya estornuda, España suele coger un resfriado (Cambó dixit). Además, si a esos augurios añadimos la Declaración de Barcelona, que tanto recuerda a la alianza entre las nacionalidades históricas (Galeuzca), que junto con el Pacto de San Sebastián de 1931 trajo la II República, no es raro que a algunos el mazazo del 16-N les quite el sueño. Sueño que se convertirá en pesadilla cuando el Príncipe Felipe sea investido como Felipe VI, sucesor nominal del primer Borbón de la dinastía, aquel que zanjó brutalmente las libertades de los catalanes. Cosas que pasan cuando desde sus amuralladas almenas los poderosos disparan contra a quemarropa contra la res-publica.
Rafael Cid

EXTRAIDO DE:http://www.red-libertaria.net/
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