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Notícies :: antifeixisme
Revolución!
27 nov 2003
Detrás de esas sentencias de las Audiencias de Pontevedra, de Barcelona y de Córdoba, más que retrógradas provocadoras, está claro quién está detrás.
Visto el rumbo que va tomando la política y las consecuencias que genera la política de los que gobiernan -porque la de oposición no cuenta a estos efectos.
Vista la desfachatez con la que enviaron a España a un conflicto armado sin consultar ni dar cuentas de sus actos.
Visto el descaro con que afrontaron la desgraciada decisión de alejar el Prestige y sus efectos.
Visto lo ocurrido en la Asamblea de Madrid.
Vistas una serie inacabable de medidas, manifestaciones, declaraciones en diversas vertientes de la gobernación... estas sentencias contra trabajadores que perdieron la vida o han contraído gravísimas lesiones en su trabajo, tienen que estar orquestadas por alguien. Las líneas son las típicas de la dureza implacable de la grey fascista. Llevan el sello del desafío.

Si no es con un propósito o una política resueltos, de cortar las pocas alas que le quedan a la clase trabajadora, no cabe en cabeza alguna tamaños disparates. El Fiscal General del Estado en principio no tiene relación jerárquica directa ni influye en la política judicial autonómica, pero él es quien debe estar tocando a rebato. No es necesario prevaricar para poner la impronta personal en cada caso, de acuerdo con la conciencia personal-profesional del juzgador. El juez, las Audiencias están âdentro de la leyâ? en todo caso. Las leyes, elaboradas -un día y siempre- por las clases dominantes, permiten amplísimos márgenes de maniobra a los jueces. De aquí fallos tan divergentes a veces. Pero esto es otra cosa...

La interpretación de las leyes admite distintas orientaciones, y las posibilidades de enfoque son también amplias. Todo depende de dónde se ponga el punto de mira y cuál sea el emplazamiento. Todo en la vida depende del color del cristal con que se mire.


Aquí, en estas afirmaciones no hay demagogia que valga. Aquí lo que se denuncia es un flagrante y cobarde ataque a las precarias condiciones en que vive una parte, la mayor parte, de las clases sociales. Clases sociales que se van saturando cada día un poco más, de esa santa indignación que llevó a las grandes masas en otros tiempos a la insurgencia, a la sedición y a las revoluciones. (Claro que eran otros tiempos en que las gentes no vivían adormecidas)

Un juez conservador no âpuedeâ? arrimar el ascua a la sardina de la clase trabajadora, sencillamente porque su cabeza se sitúa instintiva, ideológicamente, en las conveniencias del empresario. No necesita prevaricar (prevaricar es dictar a sabiendas una sentencia injusta), para favorecer a una de las partes. Sencillamente, en cuanto ve el más mínimo resquicio para favorecer o no perjudicar a una de las dos, lo hará. La cabra tira al monte. Aquí está el quid de la cuestión.

Que un juez o una Audiencia pierdan el norte en un determinado caso no significa necesariamente nada que enlode a la Justicia como institución. Pero estas resoluciones, las tres cortadas por el mismo patrón de tratar al asalariado como si fuera poco menos que un esclavo (aunque en realidad lo es), pasan de castaño a oscuro.

No es necesario ir al detalle de las circunstancias en que sucedieron los accidentes. La mera posición debilitada, dura y en muchos casos humillante de trabajar para otro es -debiera ser- suficiente coartada, siempre, para que un juez, y no digamos una Audiencia, compensase la injusticia radical que reina en la sociedad toda, si pensamos en el injusto reparto de la riqueza y en el de los roles que a cada cual se le asigna en ella. Ya sé que los sabuesos que vigilan la ideología fascista, califican esto de discurso trasnochado decimonónico. Es lo que acostumbran.

Pero lo cierto es que las condiciones en que viven los trabajadores son cada día más parecidas a la vida decimonónica, aunque ahora vayan en coche. Una sociedad en la que, mientras unos cuantos no hacen más que charlatanear y cavilar cómo perpetrar abuso tras abuso contra los más débiles, ejércitos enteros que trabajan para ellos, se dejan la piel y la vida permitiendo que ellos vivan en la opulencia.

Hay que volver a plantearse todo en términos revolucionarios. Si no, cuando se quiera reaccionar, esta gente de mala ralea os habrá convertido en esclavos absolutos sin posibilidades de manumisión.
Sindicato Sindicat