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Notícies :: amèrica llatina
De Bolivia a México
26 nov 2003
De Bolivia a México
México D.F. Miércoles 26 de noviembre de 2003


El pasado 14 de noviembre, en Bolivia, el presidente Fox no quiso desperdiciar la oportunidad de cometer algunos errores notables y asumir una actitud que podía tomarse equivocadamente como arrogancia. Pero no fue arrogancia, solamente sordera y ceguera. En la jornada inaugural de la decimatercera Cumbre Iberoamericana el indígena boliviano Carlos Eduardo Medina se dirigió a los jefes de Estado y de gobierno en nombre de numerosas organizaciones indígenas que celebraron un Encuentro Social Alternativo en Santa Cruz de la Sierra. Carlos Eduardo Medina leyó los puntos de acuerdo esenciales que lograron representantes indígenas de Bolivia, Belice, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, Nicaragua, Perú, Panamá y Venezuela. En su mensaje se destacó, particularmente, el rechazo al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y al modelo neoliberal, porque "ha profundizado la pobreza en América Latina".

Era lógico, después de las magnas movilizaciones sociales bolivianas, expresar ahí el rechazo a la globalización y al empobrecimiento que surge en todos los sitios donde se imponen las reglas de los consorcios trasnacionales. Explicó: "somos cientos de millones; no es una cifra que puedan darse el lujo de ignorar". La cifra no alude a la población indígena del continente, por supuesto, sino a los desheredados, pero podemos hablar de una población indígena continental de más de 60 millones de personas, cifra superior a la población total de varios países latinoamericanos. Al concluir su participación todos aplaudieron, incluidos el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Kofi Annan, y el rey de España, Juan Carlos de Borbón, menos José María Aznar, jefe de gobierno de España, y Vicente Fox, aún nuestro presidente formal.

El gesto fue elocuente: no estaban de acuerdo con el expositor y se negaron a otorgar el más mínimo reconocimiento a su participación. José María Aznar tenía de su lado una sinrazón: el movimiento indígena boliviano que derrocó a Gonzalo Sánchez de Lozada perjudicó a una compañía española trasnacional y para Aznar ahí estaba uno de los causantes, o mejor, uno de los culpables, y por tanto, un "enemigo" del poder español.

Pero en el caso de Vicente Fox, ¿cuál era la sinrazón o el agravio? En el fondo, no pienso que sea difícil saberlo. Una explicación podía ser, por ejemplo, que había acudido a esa cumbre con el firme propósito de impulsar el ALCA, como él mismo se encargó de revelarlo posteriormente, acuerdo que se vino abajo en la reunión de ministros de Economía celebrada en Cancún poco después de la cumbre.

Pero asombra que en Bolivia perdiera el presidente Fox la oportunidad de al menos despertar un instante de cierto aturdimiento político. Primero, porque la presencia del representante indígena debía recordarle la fuerza del movimiento social que hacía muy poco tiempo había logrado sustituir al presidente en la república donde él precisamente se encontraba. El expositor indígena representaba esa fuerza social que por sobradas razones merecía la atención del nuevo presidente de Bolivia, Carlos Mesa, sobre todo cuando él expuso en la cumbre que lo ocurrido en Bolivia en los meses anteriores podía suceder en otros países. "Nuestras democracias", dijo, "en algún sentido han estado en los pasados 10 años bajo sitio, y lo que ha ocurrido en territorio boliviano no es un tema aislado; ojalá seamos capaces de entender que debemos ser flexibles, que los dogmas son a veces peligrosos, que corremos riesgos si creemos que solamente hay una razón. ¡Podríamos estrellarnos frente a la realidad que nos dice que hay otras razones!" Así habló Carlos Mesa, presidente de Bolivia, y por ello, el anfitrión mismo de Vicente Fox. No darse cuenta de que la presencia del expositor indígena era uno de los compromisos evidentes de su anfitrión con la fuerza social y política indígena boliviana sólo puede significar ceguera y sordera, no arrogancia, ciertamente.

Pero este descuido de Vicente Fox desconcierta por otro aspecto: olvidó que en nuestro país él enfrenta una lucha indígena que no han podido doblegar tres presidentes y que él mismo no ha logrado sofocar mediática, política ni ideológicamente. Pareciera, con esa actitud, que él nunca aseguró al país y al mundo que resolvería en 15 minutos el conflicto en Chiapas. Bolivia era un buen sitio para recordar que en México sigue pendiente una reforma constitucional en materia de derechos indígenas y de autonomía de los pueblos indios. Pudo haberle sido útil escuchar allá lo que se ha negado a escuchar aquí. ¿O se trata de una sordera peculiar del presidente Fox? ¿Será que, como el viejo símbolo de los discos de la RCA Víctor, sólo sabe escuchar en el traspatio donde nos encontramos las voces de Bush, de Colin Powell o de los consorcios trasnacionales? Lo grave sería que se tratara no de un aturdimiento, sino de una respuesta a todos, a indios bolivianos y a zapatistas chiapanecos, una variante presidencial mexicana de ni los veo ni los oigo.

Estos nexos que no entendió Vicente Fox entre la voz indígena de Bolivia y la voz indígena de México, la entendió, en cambio, perfectamente, un anciano dirigente aimara de 70 años de edad, llamado Crispín Marín Mamani, de la provincia de Pacajes, uno de los mallku, autoridades tradicionales a quienes se reconoce una "mayor razón" y que conforman el consejo de ancianos. El 21 de octubre de este año, en Bolivia, dijo a La Jornada: "Nosotros, nación aimara, somos la absoluta mayoría. Y quiero mandarles un saludo a los hermanos indígenas de la provincia de México, a los hermanos zapatistas, que también han luchado como nosotros".

Sorprende que para este anciano la lucha guerrillera zapatista sea equivalente a la lucha de los aimaras bolivianos, que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional aparezca como una lucha civil semejante a la que en Bolivia derrocó al presidente de la república. Esto se debe a que la aportación fundamental del EZLN sigue siendo la revaloración de los derechos de los pueblos indígenas, algo no sólo importante para México, sino para el continente. También porque el EZLN organizó los primeros encuentros internacionales contra la globalización que los bolivianos han enfrentado ahora.

Para el anciano aimara era natural esta relación esencial entre ellos y los zapatistas. Para Vicente Fox, que no es un mallku ni un indígena, era natural cerrar los ojos a los acontecimientos de Bolivia y mantenerlos cerrados en México. Grave el descuido de Fox, allá, lejos. Pero ahora, aquí, entre nosotros, han comenzado a arribar caravanas de varias regiones para participar en la megamarcha del 27 de noviembre en la capital del país. En Bolivia las marchas y protestas comenzaron contra la construcción del gasoducto que serviría para entregar el gas boliviano al mercado de Estados Unidos por conducto de puertos de Chile y de

México. Aquí, en nuestro caso, están llegando las caravanas para oponerse a la privatización del sector energético y al modelo económico de Vicente Fox, modelo que recibe con obediencia de los consorcios trasnacionales vía Enron, Texaco, Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Ahora, en México, él no debería perderse la oportunidad de ver que hay un aire de familia en las movilizaciones populares de Bolivia y en las manifestaciones que se inician aquí. Sería conveniente que escuchara las otras voces que empiezan a sonar en el traspatio, antes de que la sordera se convierta en un mal no sólo incurable, sino inservible.
Mira també:
http://www.jornada.unam.mx/2003/nov03/031126/016a1pol.php?origen=opinion.php&fly=1

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