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Notícies :: corrupció i poder
Torturas: el testimonio de una detenida Anika Gil Pérez-Nievas
25 nov 2003
<b>Después de leer el testimonio de Anika Gil Pérez-Nievas, que responderías a la pregunta: ¿Se tortura en las comisarias españolas?</b>
Hoy empezaré a escribir sobre nuestra detención ocurrida el 28 de febrero de 2002 y los duros sucesos posteriores. No sé cuándo terminaré, pero continuaré poquito a poco, por un lado porque las compañeras me han dicho que tengo que sacar lo que tengo dentro y por otro, porque quiero hacer un testimonio, porque quiero recordar lo máximo posible. Sé que se me hará muy difícil, ya que todavía no controlo muy bien la noción del tiempo, pero intentaré hacerlo lo mejor posible.

Eran las siete de la mañana cuando me despertaron los golpes. Mi compañero Eneko estaba a mi lado y lo desperté totalmente turbada. Comprendiendo qué eran aquellos golpes, abandonamos la cama de un salto. Eneko salió al pasillo e intentó que dejaran de golpear la puerta, diciéndoles que abriría él. Así lo hizo mientras yo iba a por el niño. La puerta no se abría, no sabía lo que iba a pasar y sentí miedo con el niño en mis brazos. Eneko dijo que la puerta estaba atrancada y que no se podía abrir. Continuaron golpeando. Nos quedamos con el niño mientras aquellos terribles golpes destrozaban la puerta. Al ver que estaba rota empezamos a gritar â¡No disparen, hay un niño! ¡Hay un niño!â?. Entonces escuchamos, â¡Salgan, todos al suelo!â?. Yo dejé al niño en la cuna y salí después de Eneko, volviendo a repetir que había un niño. Me ordenaron que cogiera al niño y fuera a la sala de estar. Así lo hicimos. Una tercera persona salió de otra habitación, le pidieron la documentación y se lo llevaron enseguida. Metieron a Eneko en nuestra habitación. Le preguntaban por un Iñigo. Le pidieron la documentación, se vistió y lo sacaron de allí. No lo volví a ver.

Vi poco de la entrada. Iban con linternas, miraban todas las esquinas, nos apuntaban a la cara y a los ojos. Luego los vi. Eran un montón de policías entrando y saliendo por todas las esquinas de la casa, apuntando hacia todos los lados. Dejaban abiertos todos los balcones y todas las puertas. Todo fue muy rápido. Seguían moviéndose por casa, enseñando sus armas.

Pasé un rato largo en una esquina de la sala de estar. Tenía al niño en brazos enrollado en una manta. En cierto momento vi a una mujer vestida de paisano y sin capucha. Luego un guardia civil vestido de paisano me enseñó un papel diciéndome que era el auto judicial que autorizaba la entrada a nuestra casa. Yo lo leí rápido. Según ponía aquel papel, se ordenaba la detención de Eneko en base a la declaración hecha por Ainara Gorostiaga.

Escuché ruidos. Estaban hablando con Eneko. Mencionaron algo sobre alguna cosa que tuvimos en casa. Entonces me di cuenta de que estaban registrando la casa.

Me vino de nuevo el guardia civil que estaba de paisano y me enseñó otro papel. Según decía, yo también estaba detenida e incomunicada. Oí a Eneko preguntar a una secretaria (según parece la mujer que vi anteriormente) si podíamos dejar al niño con la familia. Después de un rato, me preguntaron si tenía algún familiar al que podía dejar el niño. Con gran pena les di el nombre y el teléfono de una prima.

Según avanzaba el registro iban cambiando a Eneko de habitación, siempre de tal manera que yo no le pudiera ver. Luego me dijeron que había llegado mi familiar. Cogí algunas cosas que le serían necesarias y les tuve que dar el niño. Estaba nerviosa, muy triste, me resulta imposible expresar lo que sentí. Le di un beso al niño y se lo entregué llorando. El corazón me hizo Krak... No podía pensar en otra cosa. Después de darles el niño, una mujer con capucha estuvo conmigo todo el rato. Yo oía ruidos, pero estaba contra la pared de la cocina y no podía ver nada. También oí el ruido que hacen los cristales al romperse.

Pase un buen rato así. Nuestra habitación estaba patas arriba. Luego oí cómo uno de ellos le decía a la chica que estaba conmigo que estaba lista para que me pusiera los grilletes y me llevaran. Yo estaba en pijama y les pedí coger la ropa. Tras un largo rato, con la cabeza agachada, me llevaron a la habitación para que me pudiera vestir. Después de vestirme, me colocaron las esposas y me pusieron contra la pared de la habitación de mi hijo. Después de un rato (¿hacia las 10.30?) sacaron a Eneko. A mí me sacaron a los 5 minutos.

Me costó encontrar la ropa. Nuestra habitación estaba patas arriba. Todo lo del armario estaba fuera y tirado por el suelo. Las cosas que estaban en las baldas de la sala de estar también estaban desperdigadas. No pude ver más, pero pude oír cómo tiraban al suelo las cosas de la cocina.

Cuando me iban a sacar de casa, supuestamente terminado el registro, la guardia civil que me custodiaba me dijo âde aquí en adelante ni se te ocurra mirar a nadie a los ojos, es un consejo que te doy. No mires a nadie a la puta caraâ?. Me agacharon la cabeza, me sacaron de casa y me metieron en un coche.

En el coche también me llevaron agachada. Con la cabeza sobre las rodillas, me producía dolor en la espalda y en el cuello. El coche paró en algún sitio de Iruñea, (supongo que en el cuartel) y mirando para abajo, con la espalda y el cuello agachados, no sabía dónde andaba, tropezándome, me metieron en una celda. Era una celda pequeña. Tenía una especie de camita con un colchón amarillo. Las paredes eran blancas, era rectangular y de una anchura de 1,30 y una largura de 2,30 m. más o menos. Me dejaron mirando contra la pared, pero después de cerrar la puerta me senté sobre el colchón. Enseguida, una brusca voz me preguntó â¿quién te ha dicho que te sientes? !Contra la pared!â? yo, de un salto, puesto que me había dado un buen susto, me puse de pie y mirando a la pared.

Después de un rato, oí el ruido de los cerrojos y entre palabras que no entendía, oí algún golpe y algún grito. Para no oír lo que estaba pasando, me tapé los oídos y empecé a cantar por dentro. Después, abrieron el cerrojo de mi calabozo y por lo menos entró un hombre. Me hizo preguntas. Yo le respondía que no o que no sabía. Entonces, después de darme un golpe en la cabeza, me amenazó âvale, si no quieres colaborar tengo 5 días para hacerte hablar. Te queríamos dar una oportunidad pero alguien tiene que comérselo y si no quieres colaborar lo compartiréis todos, todos iréis para dentroâ?.

Oí ruidos. Me sacaron de la celda y me tomaron las huellas dactilares. Me pareció que pasaba más gente a sacar fotos. Entonces pensé que a lo mejor había más gente detenida. De todas formas, me lo imaginaba. Hasta que pasara todo no lo sabría.

Comenzamos el viaje. Me metieron en la furgoneta de la misma forma, esto es, con la cabeza agachada. Había comenzado el viaje a Madrid. En el camino, no hubo golpes, eso sí, eso de tener que ir agachada, me producía un dolor espantoso, tanto en la espalda como en el cuello. De vez en cuando la mujer me hacia comentarios sobre mi hijo, no podía mantener el llanto, ya que se me hizo muy duro.

El furgón había parado. Yo no sabia si habíamos llegado o no. Cada vez se acercaba más gente haciendo comentarios jocosos sobre nosotros. Antes de bajar me ordenaron quitarme las cuerdas de los zapatos, luego me bajaron del furgón ordenándome cerrar los ojos. Di unos pasos y una mujer me puso un antifaz en los ojos y cogiéndome de los grilletes, empezó a tirar de mí. Viendo que andaba torpemente, dijo, âvenga que no tenemos todo el díaâ?. Me pararon y me pusieron contra la pared, diciendo que no me apoyara. La mujer que me había acompañado todo el trayecto le dijo a la otra que tenia un niño, que era muy bonito, etc. Hacían comentarios como que ellos cogerían al niño, que era mala madre, que era una pena, pero que no volvería a ver a mi hijo, que el pobre, quedaría en manos del Estado mientras yo estuviera en la cárcel, etc. Estaba muy asustada y muy dolida. No sabía qué hora era, si era de día o de noche, no veía nada. Estaba temblando. Uno me preguntó si tenia frío y le contesté que no, entonces dijo âhay qué flojilla, si no nos vas a durar ni dos días!â?. Todavía tenía en mente la entrada en casa y las imágenes de mi hijo. Esa última la tengo todavía.

Al poco rato me llevaron tirándome de los grilletes. Agarrada del brazo bajamos por unas escaleras. No sabía por dónde andaba y caminaba torpemente. De pronto paramos, me quitaron los grilletes (los que llevaba puestos desde que salimos de casa) y me dijo que me quitase el antifaz. Me ordenó que mantuviera los ojos cerrados y que no me moviera del sitio donde me había dejado hasta que me lo dijeran. Cerró la puerta y me dio permiso para que abriera los ojos. Temblando de miedo, me acordaba una y otra vez de los afganos que estaban en Guantánamo, âahora ya sé lo que se siente en una situación semejanteâ? pensé. Al abrir los ojos vi la pared amarilla de frente. Sin moverme durante un rato (tenía mucho miedo), moví la cabeza hacia los lados. A la derecha estaba la misma pared, haciendo esquina, y a la izquierda había una cama de cemento, y encima un colchón de goma espuma cubierto con dos mantas. Estaba en un calabozo. No me atreví a mirar atrás. Lo haría más adelante, tenía un miedo espantoso, tenía dudas de si podría volver a ver. La habitación era rectangular. Tendría unos 4 m de largo y tres de ancho. Mientras tanto podía oír el ruido metálico de otras cerraduras.

También abrieron la cerradura de mi calabozo, de repente entró un hombre, se colocó detrás de mí y empezó a decirme cuáles eran las reglas âen este sitio se responde a todas las preguntas. Cuando alguien te pregunte algo responde sí o no, pero responde. ¿Has entendido? ¿HAS ENTENDIDO?â?. Yo moví la cabeza afirmándolo, y él: â¿SÃ? O NO? ¡RESPONDE!â?. Le conteste que sí. Entonces me nombró las siguientes reglas: No podía mirar para atrás, tampoco hacia la puerta del calabozo. No debía de mirar a nadie a la cara y mucho menos a los ojos. Debía estar de pie, mirando a la pared mientras él no me dijera otra cosa. Cuando ellos dijeran algo desde el otro lado de la puerta o dieran dos porrazos a la puerta, debía dar un salto, como si tuviera un muelle en el culo y colocarme contra la pared. Si quería algo, debía llegar hasta la puerta caminando hacia atrás y dar unos golpecitos a la puerta, siempre manteniendo la mirada hacia delante y debía esperar a que alguno de ellos me diera instrucciones. Me dijo que me podía sentar.

A los 5 minutos (así me lo pareció) oí un ruido en la puerta y â!EN PIE!â?. Me puse en pie, contra la pared de un salto. Entró el hombre y me preguntó sobre la regla, esto es, â¿Estás con la regla?â? yo le respondí que no, me dijo que en caso de necesitar compresas las pidiera âen este sitio pasan cosas que no son normales, cambia el metabolismo así que no te extrañes si empiezas a mancharâ?. Durante los siguientes días, como una obsesión, me volvieron a preguntar una y otra vez â¿Qué, ya has manchado? ¡Ya mancharás, ya!â?.

No sé cuántas veces entró. Había aprendido bien o en ello estaba por lo menos, pero cuando oía ruido en la puerta me entraba miedo. Era como si estuviera en una dinámica militar, en una dinámica vista en tantas películas. Pero esto no era una película, ni yo un soldado

En una de estas, volvieron a entrar, se acercaron y me dieron el antifaz âtoma, ponte estoâ?. Me agarraron de los brazos y me sacaron del calabozo. Escaleras arriba me llevaron donde el forense. Siempre que me llevaban donde él, me quitaban el antifaz para entrar y luego, a la vuelta, al doblar una esquina, me lo volvían a poner. Era un hombre mayor y tras identificarse (me enseñó un carné) me dijo que era el forense de la Audiencia. Me preguntó si quería que me reconocieran. Yo le dije que sí y después de levantarme la camiseta, me bajó los pantalones y me dijo que no tenía marcas en el cuerpo. También me preguntó si estaba tomando medicación. Me tomó la tensión y el pulso. Me dijo que aparte de estar muy nerviosa, no tenía nada. Que me tranquilizara, que me darían de cenar y que luego debía de dormir, que me vería al día siguiente. Al salir me volvieron a poner el antifaz, me llevaron al calabozo y después de colocarme contra la pared me preguntaron qué le había dicho al forense. Aparte de eso, me hicieron innumerables preguntas sobre mi salud, también si tomaba PROZAC. También me preguntó sobre la maternidad y el parto. Todo aquello tuvo gran influencia psicológica. Tenía que repetir todo lo que le había dicho al forense, ¿qué le iba a contar?. Estaba en sus manos.

De aquí en adelante no pude medir el tiempo, cuando me llevaron donde el forense miraba la hora y suponía que había pasado otro día, pero aqeullo no me ayudaba mucho, puesto que venia en horas diferentes, algunas veces por la mañana, otras al mediodía... rompiendo completamente mis cálculos.

Aquella noche no hubo cena como había dicho el forense. Cuando estaba en el calabozo, entraron 3 ó 4 hombres y comenzaron a hacerme preguntas. Yo les respondía, pero mis respuestas no les gustaban. Se enfadaron mucho, y comenzaron a insultarme â¡lista, zorra, hija de puta, te vamos a matar!â?. Me preguntaban sobre mi hijo haciendo comentarios muy duros sobre su situación. También me empujaron, golpeándome contra la pared. Yo estaba llorando y temblando, diciéndoles que les decía la verdad una y otra vez. Me ordenaron que hiciera flexiones, de arriba abajo, hasta que me caí. Y comenzaba otra vez la misma dinámica. No sé cuánto tiempo pasó, pero luego, cuando se fueron, me dijeron que me darían tiempo para pensar y que sería mejor si hablaba, que si no ellos me harían hablar.

No pasó mucho tiempo y volvieron a entrar â¿YA HAS PENSADO?â? Empecé a temblar nada mas oír aquello, porque no sabía lo que querían que dijera. Estaba atemorizada. Esta vez me pusieron el antifaz y me sacaron del calabozo, después de andar un poco subimos las escaleras hasta el piso de arriba, metiéndome en una habitación, me pusieron contra la pared y me quitaron el antifaz. No veía más que la pared, era blanca. Volvieron a empezar con el primer interrogatorio y no creían lo que yo les decía. Cada vez se ponían más violentos. Otra vez golpes en la cabeza, empujones, gritos, flexiones hasta que las piernas no pudieron aguantar más... De pronto uno me ordenó que me desnudara. Yo, asustada y temblando, les dije que no me desnudaría, que no me quitaría la ropa. En la habitación había unos 3 ó 4 hombres y uno de ellos me dijo â¿Qué no? ¡Ya te la quito yo!â? comenzó a quitarme el jersey, luego la camiseta y al final me quitó el sujetador.

Otra vez preguntas. Cuando respondía que no o que no sabia, me golpeaban en la cabeza con la mano abierta, tirándome del pelo me llevaban la cabeza hacia atrás manteniéndomela así mientras me amenazaban o me insultaban, más empujones... Lloraba y me temblaba todo el cuerpo... Me dijeron que me vistiera y me bajaron al calabozo.

Estuve todo el rato de pie y mirando contra la pared y comencé a sentirme cansada, la espalda, el cuello y las piernas las tenia doloridas.

Volvieron a entrar en el calabozo y comenzaron con el interrogatorio allí mismo. Yo seguía diciendo lo mismo. Uno dijo âhay que cambiar de método, ¡QUE SE DESNUDE, QUE SOLO SE QUEDE CON LOS CALCETINES!â?. Me entro un escalofrío y me desnudé entre llantos y temblores, siempre mirando contra la pared, dejando la ropa en el suelo. En sus manos me sentía desnuda tanto por fuera como por dentro, entre las preguntas, me repetían una y otra vez â¡FIRMES!â?, cuando llevaba las manos a cubrir la tripa o la cara. Mientras tanto me daban golpes en la cabeza, me sobaban el cuerpo, más empujones y tirones de pelo. En un momento uno de ellos me dijo que estirara el brazo hacia atrás. Entonces me colocó lo que identifique por el tacto como una pistola y me ordeno que lo cogiera. Me dijo que aquella pistola había sido utilizada para asesinar a un concejal de Zaragoza

No puedo decir cuantas veces (quizás unas 2-3) me interrogaron de forma similar, desnuda, hasta que me caía haciendo flexiones. Entonces me ordenaban que permaneciera un rato de pie, para volver a empezar mas tarde. Tenia las piernas muy pesadas y doloridas. Tocamientos en la tripa, pechos, culo... estaba muy mal, me sentía muy mal...

Volvieron a abrir la puerta del calabozo y me pusieron el antifaz (siempre me lo ponían si me movían de él) y en vez de llevarme a una habitación, me volvieron a llevar al forense. Como la vez anterior vino hacia las 8h, el pensar que había pasado todo un día me alegro, pero no fue así, eran las 12 de la mañana. Me hundí en un agujero negro. Al forense le dije que tenia un miedo espantoso. TEMBLABA AL HABLAR, sentada en la silla, parecía que estuviera saltando. Le dije que si le decía algo me matarían, pero él me contestó que lo que le dijese, solo lo leería el juez. Entonces, muy rápidamente (el tiempo iba pasando y pensaba que cuanto más tiempo pasara peor seria para mí, el tener que contarles a ellos mas tarde me atemorizaba), le conté lo del desnudarme, el no dormir, los golpes, el tener que permanecer de pie y no sé que más. Al verme tan nerviosa me ofreció tranquilizantes. Yo no los acepte. Sin terminar todavía de escribir (escribía muy despacio) con mucho miedo le dije que me sacara. Al sacarme me volvieron a llevar abajo.

Volvieron al calabozo. Cualquier ruido me producía temblores, el corazón me daba un vuelco y comenzaba a temblar. Otra vez el infierno. Desnudarme, tocamientos, flexiones, movimientos obscenos por detrás, golpes en la cabeza... Estaban enfadados y yo no podía hacer nada. Entonces me dijeron que me iban a violar con un vibrador o con un palo. â¿Te has follado a Benganito? ¿Te lo has hecho con fulanito?â?, â¿Has probado alguna vez por detrás?â? me preguntaban. Entonces uno de ellos me empezó a dar un gel o algo parecido en la parte superior del culo, diciendo que serviría de ayuda. Otro le decía que no pusiera nada, âpara que se rompa por dentroâ?. Noté un palo o algo parecido bajando de la espalda hacia el culo. Me dio un ataque de nervios, me ahogaba y tenia que respirar muy rápidamente, mis pies no aguantaron mi peso y me desplomé. Antes de llegar al suelo me agarraron por detrás. Estaba como enloquecida. Entonces, siempre mirando para abajo, agachada, me sentaron un momento. Estaba destrozada, temblando, llorando y respirando con dificultad. No sé cuanto tiempo pase así (¿5 o 10 minutos?). Después me dijeron que me vistiera y se marcharon. Después de pasar un minuto, desde la puerta me ordenaron que me pusiera de pie contra la pared. No puedo describir como estaba. Totalmente destrozada.

En aquella situación, me decían cosas como âllevo mucho tiempo sin estar con una mujer, que deje de temblarte ese culo, que parece que está incitandoâ?.

En otro de los interrogatorios después de desnudarme, haciendo flexiones, recibiendo golpes en la cabeza, insultos, gritos etc. me dijeron que me iban a poner los electrodos. A la pregunta de dónde me los iban a colocar, respondieron con â¿Quieres tener más hijos?â?. Entonces, me echaron agua en la parte inferior del culo. Me hizo una gran impresión y pegué un salto. Se me aceleró el corazón, noté algo, me habían tocado con algo. Me volvió a dar otro ataque, respiraba muy rápido, me faltaba el aire, me temblaba todo el cuerpo... me dejaron en paz.

En todo aquel tiempo me dieron 2 bocadillos y dos piezas de fruta, pero no comí. Por un lado tenia miedo de comer, por otro, tenia mala el estómago. Muchas veces tenia náuseas y en dos ocasiones pedí ir al servicio a devolver la bilis. Al principio no bebía agua, pero al volver del interrogatorio, tenia la boca seca, no podía ni tragar la saliva, tuve que beber agua.

En otro de aquellos interrogatorios, me enseñaron un papel y me dijeron que lo leyera en voz alta. Era el auto que aceptaba la prórroga de mi incomunicación. Estaban muy contentos puesto que tenían dos días mas para hacer lo que quisieran conmigo. Yo sin embargo, estaba hundida porque lo que le había dicho al forense no había tenido ninguna trascendencia.

Cuando me llevaban de vuelta al calabozo, me hicieron parar. Oí una respiración fuerte y rápida, dijeron âescucha, escucha, je, je, je, parece un orgasmo, eh?â?. Entonces me di cuenta que le habían puesto a alguien la bolsa. Me puse muy mal.

Me volvieron a llevar donde el forense. Esta vez le dije que me quería ir, por una parte porque tenia miedo y por otra porque la prórroga de la incomunicación me había desmoralizado. Se sorprendieron mucho al verme salir tan rápidamente. Me dolía la cabeza, como si tuviera una herida en la coronilla, pero aunque al tocar me produjera dolor, me percaté que no había ninguna marca. Tenia miedo y no confiaba en él. Para entonces ya había transcurrido tres días de pie, contra una pared mientras no había interrogatorios y sin dormir. Una vez les pregunte en la celda si me podía sentar, porque a parte de tener dolor en la espalda y en el cuello, estaba muy cansada. Uno me respondió âno te puedes imaginar lo que una persona puede aguantar de pieâ?.

Fue mas o menos en esa época cuando comencé a tener alucinaciones. Al principio fueron las manchas negras que había en la pared, comenzaban a moverse delante de mí. Mas adelante, comenzaron a tomar forma, forma de mujer, de un piojo, de un pastor etc... Luego empezaron a crecer y a coger formas de pupilas de una cara, la puerta de una casa etc. Yo cerraba los ojos y me los frotaba, pero seguían igual

Según pasaba el tiempo, la influencia iba aumentando. En la pared de enfrente, podía ver dibujos de algunos cuentos (como los de Walt Disney) todos juntos, brujas y brujos, reyes y reinas, gnomos, soldados, hadas etc. Dependiendo del momento, cambiaban de imagen. Sobre la cama vi la ropa de un recién nacido, una pequeña camisa, chaquetas con lazo incluido, pantaloncitos. Al principio pensé que los habían colocado ellos, con la intención de hacerme daño e intentaba no mirar para no sufrir. Pero al volver del interrogatorio la cosa empeoró, comenzaron a coger volumen, hasta que los veía en tres dimensiones, como si salieran de la pared. Comencé a tocar la pared dándome cuenta que no tenían volumen. Empecé a pensar que había empezado a desplomarme. Después de un rato, sobre las ropas de bebe, comenzaron a aparecer imágenes de bebes. Al principio uno y cuando comenzaba a moverse, cambiaba y aparecía la imagen de otro bebe. Era muy agobiante, mucho. Intentaba mirar de frente, para no hacer caso a las alucinaciones, pero entonces, la sombra que hacia mi cuerpo en la pared, se convirtió en un espejo y a través del espejo pude ver imágenes, a veces eran como anuncios de la televisión, muy cortos. Otras veces, eran imágenes tranquilas y largas (dos personas desconocidas sobre un bote en un amplio lago, pescando...). En un momento les pregunte si habían puesto algo en el agua, que tenia alucinaciones, veía cosas raras. Entonces me metieron en la celda y comenzaron a reírse de mí, diciendo cosas como âque, ¿te has tomado un tripi o que?â?. Era una situación muy agobiante, no sabia donde mirar, el espacio era muy pequeño para mirar y todo estaba ocupado!. Entonces comencé a mirar hacia arriba, fue peor. Comenzaron a salir los volúmenes de la pared, dándole una imagen de colmena a la celda. En esta situación hasta agradecía que me sacaran del calabozo.

Mientras seguían los interrogatorios. Algunas veces en el mismo calabozo, otras en una habitación o en los váteres. Entonces comenzaron a utilizar otros métodos. Me tenían en una habitación de arriba, a parte de las dos personas que me interrogaban generalmente, había otros. Uno de ellos daba las ordenes y muy enfadado, les decía a los otros que conmigo había que actuar con mayor agresividad, que querían resultados y que me daría una ultima oportunidad antes de actuar mas fuertemente conmigo. Siguió el interrogatorio. Me dijeron que habían comenzado a perder la paciencia. Yo les pregunte qué querían que les respondiera, añadiendo que firmaría un papel. En balde. No me hacían caso ni aun cuando les decía que no sabia nada. Me pusieron una bolsa en la mano y me ordenaron que me la colocara. Yo lo hice, estaba destrozada, quería que todo terminara de una vez. Estaba muy nerviosa, cuándo vieron que me estaba quedando sin respiración, me quitaron la bolsa.

Habitualmente antes de venir donde mi, le hacían una visita a mi compañero. Le sacaban entre ruidos y golpes, diciéndole cosas como âte vas a cagar, ven aquí majeteâ?, para que yo las oyera. También oía las visitas de otras personas, muy parecidas. No paraban los movimientos de las puertas. Siempre esperando a que yo fuera la siguiente, esperando tensamente. Aquello me influía mucho, me producía temblores y lloraba. Era un terrible sufrimiento.

A parte de eso, cuando me llevaban a una habitación, intentaban poner a Eneko o a algún otro en la habitación de al lado, para que yo oyera los golpes, ruidos y gritos. No podía hacer caso a sus preguntas, estaba histérica, me llevaba las manos a los ojos y a los oídos. Para terminar con todo aquello, suplicaba entre temblores y lloros. Aquello si que era insoportable. Entonces se enfadaban mucho, â¿porque tiemblas? ¡DEJA DE TEMBLAR! ¡¡QUE DEJES DE TEMBLAR AHORA MISMO!!â? no podía, no podía controlar la reacción de mi cuerpo. Algunas veces me decían que no era Eneko, que estaban golpeando a algún otro. Pero yo oía como le hacían comentarios sobre nuestro hijo, comentarios como ây ahora que va a pasar con Tomax? ¿no has pensado en el pobre Tomaxico?...â?

En los interrogatorios a parte de hacer flexiones, me ordenaban que levantara los brazos, para mantenerlos en esa posición durante largos periodos de tiempo. Sentía un gran dolor y cuando se me bajan solos, me gritaban â¡QUE SUBAS LAS MANOS!â?. No tenía otra cosa en la cabeza que el dolor de brazos.

Una vez, en el interrogatorio, uno de ellos, muy enfadado, me dijo que no estaba colaborando y que me daba a elegir entre la puerta de salida (esto es el simulacro de una fuga) y la bolsa. Yo les conteste que si pretendían matarme, prefería lo de la puerta. Estaba muy mal. Entonces, no se después de cuantas vueltas (por el recinto, por los pasillos, siempre con el antifaz y agarrada por los brazos), oí el ruido metálico de una puerta y dándome un gran empujón, me gritaron â¡¡CORRE, CORRE!!â?. Yo con el antifaz puesto, sin ver nada, con los cordones de los zapatos sueltos, de alguna forma comencé a correr, gritando y llorando. De repente, uno me paró por detrás. Cuando volví a la realidad me di cuenta que estaba en una sala grande. No había aire, los ruidos producían un pequeño eco y el suelo parecía fino. Estaba en el infierno. En el mismo sitio estaban golpeando a unos compañeros. Oía golpes fuertes, terribles, ruido de palos, gritos espantosos, insultos y gritos de dolor.

Me volvieron a llevar a la celda haber si me tranquilizaba. Pero sin embargo no me dieron tiempo, puesto que volvieron enseguida. Esta vez me sacaron de la celda (como siempre con el antifaz) y me llevaron a otra habitación. Allí, me daba la impresión de que había muchos hombres, aunque el interrogatorio lo llevaran entre los mismos de siempre. De vez en cuando, cuando no les gustaba mis respuestas, âmás duro que aquí se necesita mano dura, si no hablas, te vamos a llevar a donde los otros y esos no tienen nuestra paciencia ni son tan buenos como nosotros, te vamos a mandar con fulanito, que hace tiempo que no está con una mujer...â?. Volvió a aparecer el hombre que daba las ordenes â¡BASTA YA DE TONTERÃ?AS, ENSEÃADLE LA BOLSAâ?, me colocaban la bolsa en la cabeza y comenzaban a interrogarme. Yo al principio podía respirar, no me asusté demasiado, (aparte de la situación en la que estaba) pero después, me apretaban. Me ahogaba. Me volvían a poner la bolsa mientras me interrogaban una y otra vez. Una vez uno me cerró la boca y la nariz mientras me decía â¡QUE NO MUERDAS LA BOLSA!â?. Las piernas me fallaron, perdí la fuerza y lo veía todo negro (la bolsa era de plástico duro, transparente y con letras. A través de ella no podía ver nada especial, pero todo estaba negro). Los temblores eran menores y más seguidos y no oía mas que voces. Sentí pinchazos como los de una aguja a lo largo de todo el cuerpo... me quitaron la bolsa y mientras me volvía la conciencia, me di cuenta que me había caído para atrás, que uno de ellos me sujetaba por detrás, por debajo de los brazos y otros dos colocados uno a cada lado, me controlaban las pulsaciones y los latidos del corazón. Luego, me sacaron de allí, y me llevaron donde estaban golpeando a otro, me arrodillaron y me obligaron a gritar â¡GRITA, GRITA!â?, mientras me daban duros golpes en la cabeza. Yo comencé a llorar mientras gritaba, mientras me percataba que mis gritos eran para asustar y hacer sufrir a Eneko.

Otra vez, hicieron lo mismo, mientras me llevaron a un sitio y me golpeaban, me obligaron a gritar â¡NO ME PEGUES MAS, NO ME PEGUES MAS!â? (los golpes eran en la cabeza, con las manos abiertas, pero luego, los demás ruidos que yo podía oír eran como los de un palo golpeando algo como de cuero, junto a mí, para que pensaran, los que estaban siendo golpeados allí, que me estaban golpeando con un palo). Yo intentaba gritar lo mas bajo posible, pero mis gritos se oían mucho. Cuando me subieron estaba destrozada porque también me habían utilizado para hacerle sufrir a Eneko.

Otra vez el ruido de la puerta y de la cerradura. Tenia los pies como piedras. De vez en cuando me decían que me sentara cinco minutos, pero luego, otra vez me ponían de pie, me dolía mucho y tenia que hacer un gran esfuerzo, tenia muchas agujetas. Me pusieron el antifaz y me movieron. Cuando llegamos a algún lugar, me dijeron que me sentara y sin quitarme el antifaz me dijeron âvamos a leer tu declaración y luego vas a aprenderla de memoria, subiremos arriba y la repetirás ante un abogado de oficioâ?. Y comenzaron a hacer preguntas que yo tenia que responder. Mis respuestas no eran de su gusto y entonces diciéndome que no debía de decir eso, me decían lo que tenia que decir. En un principio protesté, pero luego diciéndome cosas como â¿QUIERES QUE TE PONGAMOS LA BOLSA? TODAVÃ?A NO HAS PROBADO LA BAÃERA NI OTRAS COSAS PEORES. TENEMOS A TU HERMANO LOCALIZADO, ¿QUIERES QUE LO TRAIGAMOS AQUÃ?? ¿QUIERES ABRAZAR A TU HIJO?â? me hicieron pensar que no había nada que hacer, estaba en sus manos y podían hacer lo que quisieran.

Estuvimos un largo rato repitiendo la declaración una y otra vez, hasta que me la aprendí de memoria. Después me dijeron que lo que había aprendido lo tenia que repetir arriba, que harían unas pruebas y que no podría saber cuál era la verdadera. Que si decía algo diferente, entrarían y entonces lo pasaría muy mal, puesto que me quedaban otros dos o tres días más. Así, me subieron arriba y en una oficina me pusieron frente a dos funcionarios. El abogado debió de entrar después, yo no podía mirar para atrás, (me lo habían ordenado ellos) y no vi ni a personas ni documentos. Dije lo que ellos me habían enseñado, y una vez había salido la abogada, me sacaron a mí, me volviera a poner el antifaz, (me lo habían quitado delante de los dos funcionarios) y me bajaron a la celda. Les notaba contentos. Me dijeron que todo había terminado, pero no era verdad.

Mientras estaba en el calabozo, me ofrecieron un cigarro. Yo pensaba que todo había terminado les dije que si y con el cigarro encendido entraron en la celda. Pensaba que me dejarían fumar el cigarro a solas, pero no fue así, comenzaron otra vez a hacerme preguntas aunque en un tono más tranquilo. Yo les dije que me dejaran sola, que ya había hecho la declaración que ellos querían, que me dejaran sola. Se enfadaron mucho. Comenzaron a insultarme, me dieron alguna ostia en la cabeza, empujones, tirones de pelo y gritos â¡LISTA, ZORRA, ESTO SE ACABARÃ? CUANDO NOSOTROS QUERAMOS Y VAS A HACER LAS DECLARACIONES QUE TE DIGAMOS! ¿DÃNDE TE CREES QUE ESTÃ?S, EN UN HOTEL? ESTO ES UNA INSTITUCIÃN MILITAR! ¡¡FIRMES!!â? y siguieron con las preguntas. Yo estaba hundida.

Otra vez, me sacaron del calabozo y me llevaron a otra habitación. Hablaban tranquilamente, como si fueran amigos. Entonces me dijeron que me iban a presentar a un amigo de nombre âBestiaâ?, el guardia civil que golpeaba fuertemente a los detenidos. Oí el ruido de la puerta y una fuerte voz me saludo y me contó algunos pasajes de mi vida. Luego me pidió que colaborara si no quería caer en sus manos, mientras tanto me dijo que debía contar mi vida a los otros y que luego vendría él a comprobarlo. Se fue y los otros comenzaron a interrogarme. Pero cuando se fue, en la habitación de al lado, comencé a oír espantosos ruidos, golpes, y gritos de sufrimiento mezclados con la voz de esa âBestiaâ?. Me puse muy nerviosa, llorando y temblando, con las manos me tapaba los ojos y los oídos. Aunque yo les suplicaba que terminaran con todo aquello, no me hacían caso. No sé cuanto tiempo pasó. Entonces comenzaron a decir que aunque Eneko ya había prestado declaración, creían que sabía mas y haber si le diría yo por nuestro hijo y por mí, que hablara, y que entonces todo terminaría. La situación era muy fuerte, yo estaba destrozada y tenia el corazón roto... Les dije que si, que pararan todo. Cuando me iban a meter sin embargo, les dije que no lo podía hacer, llorando, que aquello no era justo, que no era ético, y que por favor, me dejaran en paz. Me volviera a llevar a la celda, y allí me quedé, llorando, destrozada tanto psicológica como físicamente.

Me volvieron a llevar donde el forense. Era el cuarto día, pero aun tenia que pasar el día y la noche con ellos. Con gran temor, pero pensando que era la ultima oportunidad, le conté rápidamente lo del no dormir, estar de pie, las torturas físicas, psicológicas y sexuales que había sufrido. Le dije que también me mirara los ojos, después de comentarle lo de las alucinaciones. Tras acercar y alejar su dedo de mis ojos, me dijo que los tenia bien. También le comenté el dolor de cabeza, pero después de mirarme me dijo que no tenía nada. Otra vez me dijo que el informe solo lo leería el juez, nadie más. Yo le suplique que no se enteraran, que todavía me quedaba el día y la noche y que si se enteraran de algo me matarían. Cuando salí de ahí me di cuenta que tenia otro gran peso, la filtración de la declaración que le había hecho al juez.

Me metieron en el calabozo y me sacaron con los ojos cerrados. Me llevaron a una habitación, les notaba mas relajados, supongo que al verme destrozada. En aquella habitación, aparte de los que me hacían preguntas había otros hombres. De vez en cuando me hacían preguntas y entre tanto, me decían cosas como que se iban a acostar conmigo, que prefería si con uno o dos... y cosas por el estilo. Luego me llevaron a otra habitación (siempre con los ojos tapados). Allí no se oía ningún ruido. Parecía que estuviera sola con los dos que siempre me interrogaban. Entonces me dijeron que me iban a violar, que me dejarían embarazada, etc. Mientras tanto, oía el ruido del cambio de ropa y uno me hablaba como si estuviera tumbado. Se volvieron a repetir los movimientos y tocamientos. De repente, me ordenaron que cantara el âEusko Gudariakâ?, incluso con el puño en alto y después, repitiendo lo que me decía uno, me hicieron cantar el himno de la Guardia Civil. Antes de llevarme a la celda, me dijeron que en aquel lugar había muchas habitaciones y que en cada una de ellas había algo para hacer daño, que todavía no me habían enseñado todo.

La siguiente vez, vinieron a buscarme y me llevaron a otra habitación, me sentaron en una esquina y me quitaron el antifaz. Me entraron temblores cuando al ver los azulejos marrones, pensé que estábamos en unos váteres. Mientras me hacían preguntas, me contaban los métodos de la bañera o el de los electrodos, me preguntaron si los conocía y me dijeron que me los aplicarían. Entonces abrieron un grifo entre risas, haciendo referencia a la porquería que se puede encontrar en una bañera (caca, orina, vómitos, saliva...). Yo estaba otra vez temblando, temblando y llorando y sin poder respirar. La situación empeoró cuando me echaron agua por el cuello, luego también me mojaron las muñecas. Cuando me esperaba cualquier cosa me quitaron el antifaz y pusieron contra la pared del calabozo.

Otra vez el ruido metálico que me espantaba y me hacia saltar. Con los ojos cubiertos me llevaron a otra habitación. Yo no entendía nada, solo que estaba en sus manos. En aquella situación no había reivindicaciones, ni quejas, no había derechos, tampoco seres humanos. Me pusieron contra otra pared y me dijeron que tenia que escribir. Yo les pregunté si aquello no lo debía hacer delante del juez, entonces comenzaron a golpearme a insultarme y a gritarme otra vez. Estaba muy nerviosa, los temblores eran notables, como si estuviera saltando en la silla. â¡¡QUE NO TIEMBLES!!â? chillaban. En esta situación tras dos minutos para tranquilizarme, me dijeron que me darían un folio y un bolígrafo para que escribiera lo que quisiera. Me pasaron una bandeja de madera, un bolígrafo y me ordenaron que comenzara a escribir Mientras tanto oía como estaban golpeando a mi compañero en la celda de al lado. Estaba muy mal y no podía escribir nada, puesto que mi mano no podía parar. Los golpes me los daban contra la pared y con un periódico o con algo parecido, hacían mucho ruido, uno me cogió por los brazos y me zarandeó bruscamente â¿QUà TE PASA? ¡ESCRIBE!â?. Yo le respondí que no podía hacer nada con tantos ruidos y golpes (no creía que no fuera Eneko). Uno salió de la habitación y al poco rato cesaron los ruidos. Aun así estaba tan nerviosa que me costo mucho incluso escribir media pagina. Tuve que repetir dos o tres veces lo escrito. Luego me enseñaron fotos y me dijeron que tenia que nombrar a la gente que estaba en ellas. De nuevo al calabozo.

Mientras estaba en ello, se volvió a abrir la puerta y a parte de los dos que me interrogaban usualmente entró por lo menos una persona más. Hablaba rápido y parecía que tenia un grado superior a los demás. Me pusieron muchas fotografías en la mano, primero de chicos y luego de chicas. Debía nombrar a la gente que conocía y también de que les conocía. Después de repetir dos o tres veces, se fueron.

Al poco rato, volvieron a aparecer. Me dijeron que me subían para que repitiera las mismas pruebas delante del abogado. Como anteriormente me dijeron que me harían varias pruebas para que no supiera cuál era la verdadera y que si la hacia mal... así que lo hice. Para entonces estaba destrozada moralmente y si no fuera por la tensión, (los temblores no cesaban), cualquiera podría pensar que era un autómata. Sin verle al abogado no podía saber si era de verdad o era falso. De vuelta en la celda y mientras estaba mirando contra la pared, uno me dijo, âbien Ana, pronto volverás a abrazar a quien tú ya sabesâ?. A solas, empecé a llorar.

Parecía que estaban más tranquilos. Me dieron permiso para sentarme, para dormir, aunque no lo conseguí. No tenia apetito, tenia el estomago destrozado. Todo lo que me traían, se lo llevaban tal cual. Pase mucho tiempo así (3 o 4 horas)

De pronto pararon enfrente de mi celda. Mi corazón salto. Mientras daba el golpe y me ponía de pie, diciendo â¡ANIKA QUE LE HAS DICHO AL FORENSE!â? abrieron la puerta y entraron. Estaba muy asustada, aterrorizada. Comencé a temblar pensando que me matarían allí mismo. Estaban muy enfadados, me dieron algún golpe y tirón de pelo, pero lo peor fueron las amenazas y coacciones que me hicieron respecto a mi declaración . Me repetían una y otra vez lo que debía hacer delante del juez. Esto es, afirmar la declaración hecha en comisaría y calificar el trato recibido como correcto. Entonces me dijeron que tenia un hermano detenido y que el niño estaba en sus manos. Que después de hacer la declaración, ellos se enterarían a los pocos minutos y dependiendo de ello dejarían a mi hermano libre. A parte de eso, que debía de andar con cuidado, que me harían diferentes pruebas y que yo no sabría cuál era la verdadera.

Estuvieron un buen rato así. Después me sacaron del calabozo y diciéndome que me iban a hacer diferentes pruebas, me metieron sola en un furgón. Yo estaba convencida de que darían vueltas y me volvería a llevar al mismo lugar y que me harían las pruebas.

Paró el furgón. Con la cabeza baja, no viendo mas que mis zapatos, me bajaron del furgón. Me metieron en una celda. Estaba destrozada, agachada, no me atrevía a mirar a ningún lado. Estaba convencida de que seguía en manos de la Guardia Civil. así encontré a otras tres chicas, que entraron mas tarde. Una de ellas era Vasca y ella me ayudo creer que estaba en la Audiencia Nacional y que no había mas detenciones. Mi hermano no estaba detenido y mi hijo no estaba en sus manos.

Estaba muy mal tanto física como psicológicamente. Mientras estuve en manos de la Guardia Civil utilizaron una y otra vez la situación de mi hijo, para hacerme sufrir. Yo no había visto a mi prima, y como el hijo se lo di a ella, no podía saber dónde estaba. Me repetían una y otra vez que era una mala madre, que no le volvería a ver, que ellos lo educarían, que de verle, seria su novia. Luego me hacían comentarios sobre él, que era muy bonito, que sabia bien hacer la gracia...

Me obligaron a hacer la declaración contra mi compañero. Las situaciones generales, lo de no haber visto nada, lo de estar de pie, los golpes y demás torturas, las alucinaciones... Me dejaban totalmente desorientada. En un momento comencé a golpearme contra la pared, casi cogía daño, pero pare enseguida, mi cuerpo había sufrido una gran tensión, sobre todo al oír los gritos y palizas.

Todavía duermo mal, tengo pesadillas y el dolor de las piernas no me permiten descansar bien. Tengo la vista muy cansada. A menudo tengo dolores de cabeza. No me concentro bien, difícilmente leer y escribir. Me ha costado toda una semana escribir esto, lo he tenido que hacer poquito a poco.

Cuando estaba ante el juez, me pregunto si quería declarar o no. Yo le pregunte que quería decir con eso, y él me volvió a preguntar si quería declarar. El despacho era muy grande, él estaba al otro lado de la mesa y a mi lado, uno a cada lado estaban el fiscal y el abogado. No tuve oportunidad de hablar con el abogado, menos aun con un abogado de mi confianza. Me sentía totalmente perdida. Le pedí al juez que me ayudara, que nunca había estado en una situación parecida y que me explicara. Yo no sabia como empezar la declaración. Entonces comenzó a hacer las preguntas de la declaración policial, y yo le dije entonces que no quería declarar. Entonces, sin saber si lo que estaba haciendo estaba bien, (nadie, ni siquiera mi abogado me lo habían aconsejado), dije que no ratificaría declaración que había hecho a la guardia civil y que esta había sido obtenida bajo torturas físicas, psicológicas y sexuales. Aparte de eso, añadí, que no era miembro de ETA, ni tampoco colaboradora. Después de apuntar, le pregunte si podía nombrar lo que me habían hecho para torturarme, pero el juez en mal tono me pregunto â¿ Qué va a declarar solo lo que usted quiera?â?.Me sentí mal, intimidada y no dije nada más. Entonces los tres comenzaron a hablar sobre mi libertad. Yo le dije al que se suponía era mi abogado, que tenia un niño de 6 meses, y él me contesta âeso haberlo dicho antesâ?. Ahí termino todo. Salí desmoralizada de la sala, sintiendo que no-tenia ninguna protección.

Lo escrito aquí no es suficiente para poder explicarlo. No se pueden nombrar todas las cosas, porque siempre queda algo sin poner. Lo peor, es el terror que se siente y no se puede describir, solo se puede vivir.

Anika Gil Pérez-Nievas

Comentaris

Re: Torturas: el testimonio de una detenida Anika Gil Pérez-Nievas
26 nov 2003
Bueno, esto es un relato que puede que extrañe a alguien pero es lo que está ocurriendo. Gracias Anika. Deberías seguir denunciando todo lo que te acuerdes, sigue escribiendolo.
Te deseo mucho ánimo y que te repongas cuanto antes.
Un abrazo
Re: Torturas: el testimonio de una detenida Anika Gil Pérez-Nievas
29 gen 2004
Y la sociedad desconocedora de este y de otros casos similares.
Anika, un beso, recuperate. COn todos nosotros lo conseguiras.un beso. agur.
Re: Torturas: el testimonio de una detenida Anika Gil Pérez-Nievas
27 ago 2004
Que te den etarra de mierda
Re: Torturas: el testimonio de una detenida Anika Gil Pérez-Nievas
07 oct 2004
Seras gilipollas... puto fascista español...
Re: Torturas: el testimonio de una detenida Anika Gil Pérez-Nievas
08 des 2004
xD
Re: Torturas: el testimonio de una detenida Anika Gil Pérez-Nievas
08 des 2004
La verdad, me parecéis un poquito ingenuos eh?

Aquí lo que se ha narrado es un caso de un asalto legitimo a un piso en el que se encuentran varias personas sospechosas, amparándose en una ley antiterrorista que muchos países no tienen precisamente porque no sufren el terrorismo, y no porque en ellos se disfrute de mayores garantías democráticas.

La ley antiterrorista es dura; es muy dura. Pero más duros son el dolor y el sufrimiento que los atentados terroristas provocan en las víctimas.

¡Qué maleducados Anika! ¿De verdad que echaron la puerta abajo y despertaron al niño?¿qué coño os esperabais? ¿a la policía llamando el día anterior para concertar una cita? ¿a ver si os venía bien, o teníais invitados? Venga ya.

Oh! Lo del niño. Lo del niño es terrible Anika. Me pregunto si tus amigos le dieron a los Guardias Civiles la opción de poner a salvo a sus hijos antes detonar el coche-bomba y echar el edificio abajo, en las casas cuartel de Vic, de Zaragoza, de Santa Pola, etc. A juzgar por el número de hijos de Guardias Civiles asesinados me da que no. Lo sé, lo sé, los hijos de Guardias Civiles no tienen el mismo RH que el tuyo, así que no es lo mismo. Pero reconocerás que esos cabrones tienen motivos para estar resentidos, ¿no?

¡¡Dios!! ¡Torturas, torturas no, pero en qué país vivimos!. Anika, torturas es que te metan electrodos en el cuerpo, que te sumerjan en una bañera llena de mierda o que te violen con un vibrador, y NO QUE TE AMENACEN CON HACERLO. A ver si te enteras.

¡Oh! ¡El aislamiento! ¡El Horror! Que diría el coronel Kurtz, ¡El Horror! El aislamiento es tremendo, eso si que es inhumano oye. Mejor haría la Guardia Civil poniendo a todos los detenidos en la misma sala un rato para que acordaran declaraciones y testimonios, fechas, coartadas, etc. Pero, ¡eso no!, el aislamiento...es muy chungo. Si no que le pregunten al Ortega Lara. Eso de pasar casi dos años metido en un armario me parece que no le sienta nada bien al intelecto. Eso si, matar no lo mataron, pero tiene una baja psiquiátrica vitalicia y se ha quedado casi ciego. Cosas del conflicto vasco. Si no hubiesen bombardeado Gernika...

¡¡Oh!! Los cuartelillos.... tremendo oye, tremendo, aquellos gritos...aquellos chillidos...la que chillaba como una perra era la Irene Villa cuando los bomberos la sacaban del coche. Esa si que gritaba. Pero ya sabéis, era una histérica, estaba en la edad del pavo.

Lo de la declaración forzada no me lo creo, directamente. Lo siento Anika, pero yo creo que a la experiencia real de un interrogatorio necesariamente duro, tú le has añadido algunos detalles de cosecha propia ¿eh?. Lo se, lo se, de algún modo tenias que cubrirte ese culo que la Guardia Civil te tocaba ¿no?

âYo no me chivé Iñaki...¡ellos me obligaron a declarar esto!, palabrita de Sabinoâ?

Y no me vale lo de que te han soltado para que digas que tu no tienes nada que ver con ETA y amigos. Esa es la principal baza de tus compis abertzales. Porque muchas veces la Guardia Civil y la Policía saben que se está poniendo en libertad a culpables, pero que ha de hacerse de ese modo porque las garantías del estado de derecho exigen unas pruebas muy contundentes para condenar a alguien. Todos sabemos que una cosa es que la Policía y la Guardia Civil sepan quién es un colaborador o un etarra, y otra cosa muy distinta es que lo puedan probar en un tribunal.

Sí, un interrogatorio duro, ya te digo. Quizá la Policía debería dar a los detenidos un pacharán y ropa cómoda antes de invitarlos a una barbacoa en el patio de la comisaría para intercambiar amablemente información sobre zulos, coches bomba, y amigos y coleguis en Iparralde. Ya, así fijo que se acababa con el terrorismo en dos telediarios.

El tratar a los detenidos con brusquedad, las amenazas, la presión, la intimidación... Todo eso es necesario en un interrogatorio antiterrorista, y el que no lo vea así es un ingenuo. Gracias a estos interrogatorios han caído muchísimos comandos, y se han salvado muchas vidas.

Y no me vengáis con el sufrimiento del detenido. Sufrimiento de detenido es lo de Miguel Angel Blanco. Que te tengan dos días secuestrado sin darte de beber (él si tenía informe forense, estaba deshidratado cuando lo mataron), y que te aten las manos a la espalda con alambre antes de pegarte dos tiros en la nuca. Eso si que es sufrimiento, Anika, no que te peguen cuatro sopapos en un váter.

¡¡Oh!! ¿Que digo? ¿cuatro sopapos? Golpes durísimos oye....aún te duelen las piernas eh?. Unos galletos de padre y muy señor mío, si...¿Dónde está el informe forense, Anika? Para lo del dolor de cabeza tengo algo mejor: Piensa en lo que sintió el guardia urbano aquel de Barcelona cuando la bala entraba en su cráneo y ya verás como lo tuyo es una minucia.

Así que te sentías âmal, intimidadaâ?...para eso existe la ley antiterrorista Anika, y no para que te sientas bien, envalentonada...

Y aún encima no te rularon un abogado de confianza eh? Claro, tu querías al Iñigo Iruin no? Si, si, el mismo Iñigo Iruin al que la Policía grabó durante una entrevista en la cárcel con uno de sus defendidos en la que decía â¡hay que dar mas caña!, hay que presionar más, hacen falta más accionesâ?. La grabación era ilegal, por lo que no valió como prueba en el juicio y el Iruin ahí sigue, defendiendo a las Anikas de la vida. Vaya, claro ejemplo en el que la Policía sabe que se ha dejado libre a un terrorista, pero no lo puede demostrar en un tribunal. Cosas del estado de derecho.

Y muchas gracias a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, porque aunque hoy en día en la calle la gente pase de su esfuerzo y su sufrimiento, yo no lo hago. Por supuesto, en una conversación de discoteca delante de una tía buena jamás se me ocurriría defender a la Guardia Civil, semejantes torturadores. Pero Internet es anónimo, y puedo decir lo que se me planta en los cojones sin riesgo de perderme un buen polvo.

Lo dicho chavales, que me parecéis unos ingenuos y un poco tontos del nabo. Claro, ahora seré un fascista, o mejor, fijo que voto al PP.

Anika, vete de potes y deja de dar la brasa. Ya caerás zorra.

Muérdanme el miembro, caballeros.
Re: Torturas: el testimonio de una detenida Anika Gil Pérez-Nievas
08 des 2004
La verdad, me parecéis un poquito ingenuos eh?

Aquí lo que se ha narrado es un caso de un asalto legitimo a un piso en el que se encuentran varias personas sospechosas, amparándose en una ley antiterrorista que muchos países no tienen precisamente porque no sufren el terrorismo, y no porque en ellos se disfrute de mayores garantías democráticas.

La ley antiterrorista es dura; es muy dura. Pero más duros son el dolor y el sufrimiento que los atentados terroristas provocan en las víctimas.

¡Qué maleducados Anika! ¿De verdad que echaron la puerta abajo y despertaron al niño?¿qué coño os esperabais? ¿a la policía llamando el día anterior para concertar una cita? ¿a ver si os venía bien, o teníais invitados? Venga ya.

Oh! Lo del niño. Lo del niño es terrible Anika. Me pregunto si tus amigos le dieron a los Guardias Civiles la opción de poner a salvo a sus hijos antes detonar el coche-bomba y echar el edificio abajo, en las casas cuartel de Vic, de Zaragoza, de Santa Pola, etc. A juzgar por el número de hijos de Guardias Civiles asesinados me da que no. Lo sé, lo sé, los hijos de Guardias Civiles no tienen el mismo RH que el tuyo, así que no es lo mismo. Pero reconocerás que esos cabrones tienen motivos para estar resentidos, ¿no?

¡¡Dios!! ¡Torturas, torturas no, pero en qué país vivimos!. Anika, torturas es que te metan electrodos en el cuerpo, que te sumerjan en una bañera llena de mierda o que te violen con un vibrador, y NO QUE TE AMENACEN CON HACERLO. A ver si te enteras.

¡Oh! ¡El aislamiento! ¡El Horror! Que diría el coronel Kurtz, ¡El Horror! El aislamiento es tremendo, eso si que es inhumano oye. Mejor haría la Guardia Civil poniendo a todos los detenidos en la misma sala un rato para que acordaran declaraciones y testimonios, fechas, coartadas, etc. Pero, ¡eso no!, el aislamiento...es muy chungo. Si no que le pregunten al Ortega Lara. Eso de pasar casi dos años metido en un armario me parece que no le sienta nada bien al intelecto. Eso si, matar no lo mataron, pero tiene una baja psiquiátrica vitalicia y se ha quedado casi ciego. Cosas del conflicto vasco. Si no hubiesen bombardeado Gernika...

¡¡Oh!! Los cuartelillos.... tremendo oye, tremendo, aquellos gritos...aquellos chillidos...la que chillaba como una perra era la Irene Villa cuando los bomberos la sacaban del coche. Esa si que gritaba. Pero ya sabéis, era una histérica, estaba en la edad del pavo.

Lo de la declaración forzada no me lo creo, directamente. Lo siento Anika, pero yo creo que a la experiencia real de un interrogatorio necesariamente duro, tú le has añadido algunos detalles de cosecha propia ¿eh?. Lo se, lo se, de algún modo tenias que cubrirte ese culo que la Guardia Civil te tocaba ¿no?

âYo no me chivé Iñaki...¡ellos me obligaron a declarar esto!, palabrita de Sabinoâ?

Y no me vale lo de que te han soltado para que digas que tu no tienes nada que ver con ETA y amigos. Esa es la principal baza de tus compis abertzales. Porque muchas veces la Guardia Civil y la Policía saben que se está poniendo en libertad a culpables, pero que ha de hacerse de ese modo porque las garantías del estado de derecho exigen unas pruebas muy contundentes para condenar a alguien. Todos sabemos que una cosa es que la Policía y la Guardia Civil sepan quién es un colaborador o un etarra, y otra cosa muy distinta es que lo puedan probar en un tribunal.

Sí, un interrogatorio duro, ya te digo. Quizá la Policía debería dar a los detenidos un pacharán y ropa cómoda antes de invitarlos a una barbacoa en el patio de la comisaría para intercambiar amablemente información sobre zulos, coches bomba, y amigos y coleguis en Iparralde. Ya, así fijo que se acababa con el terrorismo en dos telediarios.

El tratar a los detenidos con brusquedad, las amenazas, la presión, la intimidación... Todo eso es necesario en un interrogatorio antiterrorista, y el que no lo vea así es un ingenuo. Gracias a estos interrogatorios han caído muchísimos comandos, y se han salvado muchas vidas.

Y no me vengáis con el sufrimiento del detenido. Sufrimiento de detenido es lo de Miguel Angel Blanco. Que te tengan dos días secuestrado sin darte de beber (él si tenía informe forense, estaba deshidratado cuando lo mataron), y que te aten las manos a la espalda con alambre antes de pegarte dos tiros en la nuca. Eso si que es sufrimiento, Anika, no que te peguen cuatro sopapos en un váter.

¡¡Oh!! ¿Que digo? ¿cuatro sopapos? Golpes durísimos oye....aún te duelen las piernas eh?. Unos galletos de padre y muy señor mío, si...¿Dónde está el informe forense, Anika? Para lo del dolor de cabeza tengo algo mejor: Piensa en lo que sintió el guardia urbano aquel de Barcelona cuando la bala entraba en su cráneo y ya verás como lo tuyo es una minucia.

Así que te sentías âmal, intimidadaâ?...para eso existe la ley antiterrorista Anika, y no para que te sientas bien, envalentonada...

Y aún encima no te rularon un abogado de confianza eh? Claro, tu querías al Iñigo Iruin no? Si, si, el mismo Iñigo Iruin al que la Policía grabó durante una entrevista en la cárcel con uno de sus defendidos en la que decía â¡hay que dar mas caña!, hay que presionar más, hacen falta más accionesâ?. La grabación era ilegal, por lo que no valió como prueba en el juicio y el Iruin ahí sigue, defendiendo a las Anikas de la vida. Vaya, claro ejemplo en el que la Policía sabe que se ha dejado libre a un terrorista, pero no lo puede demostrar en un tribunal. Cosas del estado de derecho.

Y muchas gracias a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, porque aunque hoy en día en la calle la gente pase de su esfuerzo y su sufrimiento, yo no lo hago. Por supuesto, en una conversación de discoteca delante de una tía buena jamás se me ocurriría defender a la Guardia Civil, semejantes torturadores. Pero Internet es anónimo, y puedo decir lo que se me planta en los cojones sin riesgo de perderme un buen polvo.

Lo dicho chavales, que me parecéis unos ingenuos y un poco tontos del nabo. Claro, ahora seré un fascista, o mejor, fijo que voto al PP.

Anika, vete de potes y deja de dar la brasa. Ya caerás zorra.

Muérdanme el miembro, caballeros.
Re: Torturas: el testimonio de una detenida Anika Gil Pérez-Nievas
11 mar 2006
Anika animo y sigue denunciando todo esto. Lamentablemente siempre tiene que haber un desgraciao en internet ocultandose en el anonimato para que no se le caiga la cara de subnormal cuando dice todo chorradas,verdad agapito? Y sinceramente, no creo que te comas muchos roscos en las discotecas si dices tanta sandez. Salu2 payaso. Que lástima que no des tu verdadera cara para lo del miembro porque seguro que no te lo ibamos a morder, maricón.

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