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Comentari :: laboral
La megamáquina
14 nov 2003
Per el dret a no treballar.
Trabajando para la Megamaquina
by Anton FDR ⢠Thursday March 13, 2003 at 03:35 AM
antoncnt ARROBA hotmail.com

Texto contra la sociedad vuelta máquina y por la abolición del trabajo. Publica: www.anticivilizacion.cjb.net

Trabajando para la Megamáquina.


Antón FDR




Es curioso que a pesar de ser una de las instituciones de la civilización que más definen nuestras vidas, que más problemas personal-psicológico-materiales nos crea, tan poco sea lo que la gente pensamos en él en lo tocante a su supuesta ânecesidadâ?, sobre su idiosincrasia automutiladora y su posible erradicación, sustitución o mutación.


El Trabajo âcon mayúsculas- es posiblemente la mayor catástrofe âpor lo que es, implica y conlleva- que ha padecido el ser humano. Su ideología âla Ideología del Trabajo- ha sido la mayor catástrofe, sin dudas, que el planeta ecológicamente ha padecido.


No obstante no podemos obviar que el trabajo, su organización y perpetuación, sería imposible sin la Megamáquina. Siguiendo al sociólogo Lewis Munford la primera máquina no fue un compendio de piezas inermes. La primera máquina fue la Megamáquina Social, aparecida con la Civilización hace algo menos de 6000 años. La Megamáquina fue el aparato que hizo posible las construcciones megalíticas y mastodónticas como las pirámides egipcias. Para crear estas infraestructuras tan mastodónticas como precisas, para conseguir sincronizar a tanta gente de forma que se pudiesen llevar a cabo fue y es necesario la Megamáquina; es decir, la sociedad funcionando como una máquina, un todo integrado donde sus piezas son los humanos. Las Megamáquinas (las Gran Máquinas) son formas de integración social que constan de otras tres grandes maquinarias: la maquinaria bélica, la maquinaria del trabajo y la maquinaria burocrática. Cada maquinaria funciona mediante redes jerárquicas donde la perspectiva personal se pierde ante la abstracción de la organización de masas. Cada maquinaria requiere un individuo sumiso que funcione como un resorte, automáticamente, siendo en última instancia el propio sistema quien acaba mandando sobre sus creadores, incluso sobre quienes están en la cima de la pirámide social.


La Megamáquina requiere especialización y profesionalización: requiere una reglamentada y regia división del trabajo que a su vez se vuelve más fuerte cuanto más grande es la Megamáquina. Pero para que este depredador de la autonomía y libertad humana, ese enorme bulldozer destructor de vida, demiurgo transformador de los ecosistemas, siga palpitando fue necesario la aparición del Trabajo y su ideología en concordancia con los requisitos de la Megamáquina: mando y obediencia, jearquización social, sacrificio y sometimiento de lo personal a la causa suprema (el abstractuum, el dios o la sociedad), la sincronización de los movimientos, su regulación y definición mediante los resortes buro-estatales (después perfeccionado gracias al Gran Reloj que matematizó el tiempo). Todo ello siempre para la búsqueda del valor prioritario: la maximización. Siguiendo así el axioma principal de esta ideología cancerígena: el âcrecimiento por y para el crecimientoâ?, esto es, la paradoja irresoluble de complejizar lo social con la pretensión, así imposibilitada, de simplificar la existencia humana, siendo lo único que se simplifica la biodiversidad, destrozando ecosistemas, extinguiendo masivamente especies, rompiendo en mil pedazos la cadena alimenticia de forma suicida.


Es curioso, por tanto, que la gente no nos cuestionemos el Trabajo. El Trabajo es la forma gracia a la cual desperdigamos la mayor parte de nuestras vidas âdiecta o indirectamente-, malgastando otra buena parte en lamentarnos por la existencia del mismo y las relaciones que el genera con compañeros o superiores, malgastando otra buena parte en revolcarse en la angustia e incertidumbre que genera incluso antes de empezar a trabajar: antes de pasar por el traumático status de âdependienteâ? a âindependienteâ? (suplantando el tradicional paso de âjovenâ? a âadultoâ?) donde el ritual mismo es la incorporación a la maquinaria del trabajo.


Damos por sentado que el Trabajo es necesario cayendo en el error de sentir la vida como âuna pesada cargaâ? o âun valle de lágrimasâ?, al aceptar la maldición âdivinaâ? del âganarás el pan con el sudor de tu frenteâ?. Es así que nos desesperamos trabajando, pero no sólo eso sino que la Ideología del Trabajo, de la cual somos fieles devotos, nos convierte en gente mezquina, con ayuda de la moral castradora del cuerpo y adoradora del sacrificio que es la cristiana. En nuestra mezquindad, al estar frustrados por la Maquinaria del Trabajo, no queremos más que el dolor para los demás: queremos que nadie escape de la maquinaria del trabajo, que todos trabajen. Reproduciendo así nuestra propia pesadilla. Por siglos âociosoâ? o âvagoâ? han sido uno de los peores insultos. Por siglos ser trabajador o laborioso una virtud entre las clases que debían trabajar. Ni siquiera Lafargue en su âDerecho a la perezaâ? desde su óptica de lucha de cases escapaba de la Ideología del Trabajo, estando su escrito bañado por la ortodoxa moral judeo-cristiana y en última instancia convirtiendo su escrito en un manifiesto a favor del trabajo, pues si bien constituye una ligera crítica al estúpido âorgullo proletarioâ? (orgullecerse de ser un esclavo) pretende una universalización del trabajo, de la maquinaria laboral, pues este lo ve como inevitable, necesario vivir y para seguir con otra de las muchas maldiciones que hemos heredado de los Ilustrados: El âProgresoâ?.



Es así que hacemos girar esa rueda dentada que mastica nuestros cerebros, combustible del bulldozer social que destroza el Ecosistema que es el Progreso. Olvidamos fácilmente que el ser humano durante el 99% de su existencia no conoció el Trabajo ni la Megamáquina, que se dedicó a no más de 3 ó 4 horas al día a las tareas que hoy consideramos de âsubsistenciaâ? y que no eran interpretados como Trabajo, es decir como sacrificio, sino que daban sentido a la vida y cohesión a la comunidad sin suponer la desintegración individual que conleva la maquinaria del trabajo, y sin necesidad de recurrir a divinizaciones de la jerarquía y a la guerra como válvula de escape (âla guerra es la salud del estadoâ?, decía Nietzsche) como ocurre en las Megamáquinas.


La cuestión finalmente entorno al Trabajo se encuentra en que nadie quiere renegar del âProgresoâ? (tecnológico) pero a fin de cuentas todos querrían verse libres del impuesto funcionamiento en la Maquinaria Laboral. Estas dos posiciones en la sociedad actual se contraponen y es entonces cuando pensamos en la abolición del trabajo, sin librarnos de los cánones de pensamiento de la Megamáquina, y nos ensimismamos con ensoñando de futuras tecno-utopías donde el trabajo sea automatizado mecánicamente al grito de â¡qué trabajen las máquinas!â?. Sin embargo esta tecno-utopía parece un sinsentido desde una visión histórica. La institución del sábado como día festivo (de ruptura con la megamáquina) apareció en los albores de la civilización mesopotámica y la extendieron el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. En tiempos del Egipto faraónico de Ransés II se trabajaba durante 8 días seguidos con otros 2 sin trabajo, pudiendo âlibrarâ? por enfermedad o discusión con la consorte. No ha sido mucho lo que se ha avanzado, desde que nació la Megamáquina. A finales del Siglo XIX la reivindicación obrera principal eran las 40 horas, de la que hoy âgozamosâ?. Y por la jornada de 36 horas se luchó en el Estado Español antes de la Guerra del 1936. Sin lugar a dudas la reducción del funcionamiento dentro de la jornada laboral siempre ha sido un anhelo humano, y lo que no es menos cierto es que ecuación -fundamento de la tecnoutopía- de âmás tecnología menos tiempo de trabajoâ? es completamente falsa. La tecnología lo que sí que ha hecho es el trabajo más rutinario y cada vez más separado de la naturaleza y lo natural; cada vez más diseccionado mediante una división del trabajo que progresivamente nos aliena más de nuestra propia producción fetichizando la mercancía tal y como Karl Marx señalaba. Pero no sólo es cierto que la tecnología nos libera del trabajo sino que es impensable que la megamáquina acabe con el trabajo: el trabajo es un requisito imprescindible para que la gente siga creyendo ây por tanto existiendo- las megamáquinas. Por otra parte no podemos obviar que el proceso de tecnologización y complejización de lo social lleva parejo el incremento de items de consumo para cuya producción, distribución, adquisición, reparación y mantenimiento debemos trabajar. El consumismo es inseparable de la tecnologización: la alineación de lo natural que genera mediante la asimilación de la ideología de la Megamáquina es la que lo crea.


Es por tanto que si que queremos el goce de la destrucción del trabajo que debemos plantear esta abol¡ción en términos verdes, fuera de las grisaceas y fulgurantes tecno-utopías de cartón piedra y neón. Debemos de considerar lo que tenemos y valorar si compensa tenerlo, ya no sólo por su coste sino por lo que renegamos al producirlo. Debemos tener en cuenta que a niveles mayores de complejización social se hace necesario mayor volumen de trabajo para lo que es la mera conservación de la Megamáquina. Hoy en día en torno al 90% del trabajo realizado es o para producir âbienesâ? innecesarios -cuando no perniciosos-, o para hacer funcionar la estructura de la Megamáquina Global y las nacionales, o para producir propaganda de ella misma en sus diferentes facetas (política, consumo, etc.) o para mantener la legión de parásitos de la Megamáquina -líderes de diversos índoles, intermediarios, gestores, directivos, capataces, economistas, abogados, prostitución, deportistas, periodistas, etc., etc.


No obstante, la abolición del Trabajo no debe de contentarse con erradicar este 90%. Esta erradicación supondría una simplificación de la Megamáquina -tal vez, no necesariamente, una destecnologización- pero no debemos conformarnos con mantener una pequeña pirámide en lugar de la colosal que soportamos hoy. La vida debe dejar de ser una pesada carga. La abolición del Trabajo debe ser una postura de reivindicación de liberación de los instintos salvajes, del hedonismo y de vivir la vida como una experiencia sensual, creativa y sin prefijar. La erradicación del 90% del trabajo es un gran paso adelante que debe ser completado con la conversión del 10% restante en experiencia productivo-lúdica voluntaria y no encasillante ni cosificante . Debemos convertir el trabajo en juego.


La Megamáquina âel Sistema- es el enemigo a destruir. Es una locomotora camicace que circula a todo gas por una vía donde a lo lejos (¿cómo de cerca?) se encuentra el final. Una locomotora que va y tiene que descarriar, y en su locura racional se lleva por delante bosques convirtiéndolos en plantaciones industriales de eucalipto, cuando no desiertos; que convierte miles de especies animales y vegetales en extintas formas de vida reducidas a genes y principios activos en cubetas; que convierte el océano en un lodazal de petróleo y demás plásticos y químicos, y al ser humano en un âapédice de la máquinaâ? de la Civilización Capitalista âo lo que es lo mismo, la Civilización del Trabajo.


Debemos cambiar lo existente dando vida a la creatividad de la artesanía y muerte a la estandarización de la industria. Acabar con el mercado como sistema donde des-integrarse y venderse como âfuerza de trabajoâ?, creando para ello comunidades donde el paso de status de niño a adulto se realice fluidamente sin escuelas ni jornadas laborales, y se viva sin el peso sobre los hombros de âlabrarse un porvenirâ?, ahorrar para la vejez, angustiado por la panorámica del paro tanto como la del trabajo, sin reducir la existencia a la faceta económica y la distracción (televisión, espectáculos del sistema, etc.). La vida ha ser algo más que pan y circo.


Es por esto que nuestra utopía es la herejía, síntesis de la anarquía primitiva, el ecologismo y el anticapitalismo posmoderno. Nuestra utopía es el hedonismo amoral. Un río salvaje que libre de los prejuicios que nos mantienen presas corre con el viento para danzar en el mar, bajo las estrellas de un cielo libre de trabajo que grita la proclama: ¡Proletarios del mundo... Disfrutar!



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Publicado por Re-Evolución!

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Comentaris

Re: La megamáquina
14 nov 2003
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Re: La megamáquina
14 nov 2003
Un texto muy interesante, gracias por colgarlo.
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