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Presentan en Casa Lamm el libro 20 y 10, el fuego de la palabra, de Gloria Muñoz.
11 nov 2003
Presentan en Casa Lamm el libro 20 y 10, el fuego de la palabra, de Gloria Muñoz.
"Veinte años del Ejército Zapatista de Liberación Nacional es muy poco... falta".
Hermann Bellinghausen, periodista, toma un par de frases del libro 20 y 10, el fuego y la palabra, de su colega Gloria Muñoz -editado por la revista Rebeldía y La Jornada- para sugerir la dimensión del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que, a 10 años de distancia, puede ya empezar a medirse en la historia contemporánea:

"Veinte años es muy poco. Falta...", termina el mayor Moisés su entrevista, incluida en el libro. El comandante Abraham, otro veterano de la organización zapatista, es aún más explícito: "Son 20 años, pues. Pero estamos empezando".

Se refieren al ciclo de dos décadas, que se cumplen este 10 de noviembre, cuando echó a andar el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con seis combatientes (cinco hombres y una mujer) en un campamento guerrillero precario en una de las sierras que atraviesan la selva Lacandona.

Continúa Hermann: "Da qué pensar que vean así las cosas algunos de los más antiguos miembros de la organización indígena político-militar que hace 10 años dijo: Ya basta... El salinismo iba en la cúspide de su éxito y de su poder. Y caer de muy alto garantiza que el golpe contra el suelo será más recio".

De esos dos ciclos -los 20 años de la fundación del EZLN y los 10 años de su levantamiento y su irrupción en la escena nacional- trata el libro 20 y 10, de Gloria Muñoz. De eso y más.

La convocatoria fue a las siete de la noche del lunes. Docenas, cientos de personas empezaron a llenar la porfiriana arquitectura sobre la avenida Alvaro Obregón. Abarrotaron las dos alas del salón principal, los pasillos, la escalinata, el patio. Se desparramaron en la oscuridad de los jardines y los más demorados tuvieron que conformarse con los rincones, ya cerca del portón. Se rompían todos los récords de asistencia en los foros de los lunes en Casa Lamm.

A esa misma hora, recordó Gloria Muñoz Ramírez, periodista y autora del libro que hacía su presentación en sociedad, miles de zapatistas velan sus armas, como han hecho desde hace 10 años.

Gloria tenía 26 años en 1994 y empezaba su carrera en el periodismo. A pesar de su juventud, según la ve y la presentó anoche Sergio Rodríguez Lazcano, director de la revista Rebeldía, hizo algo parecido a lo que a principios del siglo pasado un joven reportero gringo, John Reed, que pretendía seguir en el proceso insurgente a Pancho Villa: rompió una vidriera en una de las ciudades tomadas por los villistas y así se hizo de su primera cámara. Con ella siguió los pasos de la Revolución Mexicana y llegó mucho más allá.

Gloria -dijo Rodríguez- tomó una piedra y rompió un vidrio simbólico que le permitió entrar al otro lado del espejo, a la intimidad de las comunidades zapatistas. Diez años después entrega este trabajo.

Ella, la reportera, hoy revela la influencia de otro reportero polaco que quizá rompió en su momento alguna otra vidriera imaginaria en Africa para entregar a generaciones de lectores historias de muchas luchas del tercer mundo, Rysckard Kapuscinsky.

"Dice Kapuscinsky -señaló ella cuando le tocó el turno de la palabra- que un periodista tiene que ser una buena persona. Solo así se puede intentar entender a los demás y ser parte de su destino. Yo no sé si soy buena persona ni buena periodista, pero en estos 10 años puse todo mi empeño en comprender y compartir lo que han hecho decenas de miles de zapatistas."

20 y 10, el fuego y la palabra es -dijo Gloria- "un libro muy zapatista". Y no sólo por el paliacate impreso en su portada, sino porque está hecho "por muchas manos entrelazadas". En efecto, detrás de la pluma de la reportera, que por nueve años guardó un "silencio mediático" para contar esta historia lejos del vértigo del diarismo, están las voces de miles de indígenas, las imágenes de 22 fotógrafos, los trazos de dos artistas del boom gráfico oaxaqueño, los pintores Domi y Antonio Ramírez, y el trabajo de muchos más.

Durante la presentación también se hizo oficial la desclasificación de algunos aspectos de la historia del subcomandante Pedro, un jefe insurgente, segundo en el mando militar durante la toma de siete poblaciones en la madrugada del primero de enero de 1994. Hoy sabemos que era conocido entre tojolabales y tzeltales, que fumaba Alas, que era responsable militar del mayor Moisés, que era querido por los militantes porque tenía una forma muy clara de explicar las cosas y que murió en la toma de Las Margaritas, con varias heridas de bala en el cuerpo. Es parte del lento proceso de develar la historia íntima del EZLN.

Rosario Ibarra de Piedra, del Comité Eureka y "zapatista de hueso colorado", como se define, hizo el elogio del espíritu de la lucha. Y contó un pequeño pasaje de su vida, de cómo el levantamiento del primero de enero la sacó de la depresión que la aquejaba 10 años atrás: "Estaba yo en Monterrey, triste, muy triste. Había muerto mi compañero de 50 años, a quien amé, con quien procreé cuatro hijos. Lloraba porque murió sin que yo pudiera darle la buena noticia de que había encontrado a nuestro hijo desaparecido. Y además tenía pulmonía".

Las noticias de la rebelión -relató- la sacaron de la cama y la llevaron, tambaleante, al Distrito Federal. El 12 de enero, "cayéndome, aferrada del brazo de Sergio (Rodríguez) fui a participar al Zócalo a esa jornada hermosa, el día que paramos la guerra".

Y contó también cómo ella y las demás doñas de Eureka se emocionaron con la aparición en el horizonte del zapatismo, sabiendo que si sus hijos vivieran ahí estarían, en Chiapas.

Bellinghausen, que describió esta obra como "un libro doble, que relata lo que la periodista vio y vivió, y la historia de los que fundaron el EZLN a través de sus entrevistas", puntualizó que los aires de fiesta que marcan las jornadas de celebración por el doble aniversario de los zapatistas "no quitan que no olvidemos que allá, en Chiapas, las comunidades siguen sitiadas, con promesas incumplidas, con sus noches que son más largas y sus 10 años de resistencia".

A su vez, Rodríguez Lazcano hizo una caracterización del zapatismo: "Un movimiento que es síntoma de algo que estaba pasando y está por suceder. Singular entre los procesos y organizaciones por su voluntad de no hegemonizar, por su práctica de escuchar más que hablar, por caminar preguntando, por nadar a contracorriente aun de las fuerzas de izquierda, cuyo objetivo es controlar espacios".

En su turno, Javier Elorriaga, del Frente Zapatista de Liberación Nacional, abordó la habilidad reporteril de Gloria Muñoz, que "cumplió y requetecumplió" con el objetivo de hacer de su mirada la mirada de todos". En su intervención recordó a los dos presos zapatistas de Querétaro, Sergio Jerónimo y Anselmo Robles, dirigentes de la organización popular FIOZ, detenidos por su militancia en el zapatismo civil y sentenciados sin ningún derecho a preliberación desde 1997.

A su vez, Adriana Monjardín describió el libro como una obra que abre rendijas para mirar hacia otra noción del tiempo, "distinta a la de los relojes digitales, que muestran el paso de segundos y minutos de manera puntual y fragmentada; diferente también al concepto estadunidense del time is money; ajena al tiempo efímero del consumo de chatarra".

Juan Bañuelos, el poeta, llamó a Gloria Muñoz "la gran hilandera" que tejió la historia del zapatismo con hilos de palabra.

Habló también de las lecciones dejadas por 10 años de zapatismo que han aportado un nuevo concepto para ver y entender la colonización aún vigente en la continuada militarización, la persistencia de los grupos paramilitares y las amenazas de desalojo, especialmente en Montes Azules.
Mira també:
http://www.jornada.unam.mx/2003/nov03/031111/010n3pol.php?origen=index.html&fly=1

Comentaris

Re: Presentan en Casa Lamm el libro 20 y 10, el fuego de la palabra, de Gloria Muñoz.
11 nov 2003
Mensaje enviado por el Subcomandante Insurgente Marcos al arranque de la
campaña EZLN: 20 y 10, el fuego y la palabra, y a la presentación del libro
del mismo nombre, escrito por Gloria Muñoz Ramírez. En la mesa estuvieron
presentes: Herman Bellinghausen, Rosario Ibarra, Juan Bañuelos, Javier
Elorriaga, Adriana López Monjardin, Sergio Rodríguez Lascano y la autora.


EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACION NACIONAL
MEXICO


10 de noviembre del 2003.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches. Las habla el Sup Marcos. Sean
bienvenidos y bienvenidas todos y todas.

Estamos aquí para iniciar la celebración de una historia y para presentar
un libro que cuenta buena parte de esa historia. Aunque pudiera pensarse lo
contrario, la historia a celebrar y a contar no es sobre los 20 y 10 años del
EZLN. Quiero decir, no sólo. Muchas personas se sentirán partícipes de esos 20
y esos 10. Y no me refiero sólo a los miles de pueblos indígenas rebeldes,
también a miles de hombres, mujeres, niños y ancianos de México y el mundo. La
historia que empezamos a celebrar hoy es también la historia de todos ellos y
ellas.

Las palabras que ahora escribo y digo van dirigidas a todas esas personas
que, sin formar filas en el EZLN, comparten, viven y luchan con nosotros una
idea: la construcción de un mundo donde quepan todos los mundos. Esto pudiera
también enunciarse diciendo que queremos un cumpleaños donde quepan todos los
cumpleaños.

Así que empecemos la fiesta como de por sí se empezaban las fiestas de
cumpleaños en las montañas del sureste mexicano hace 20 años, es decir,
contando historias.

Según nuestro calendario, la historia del EZLN, previa al inicio de la
guerra, tuvo 7 etapas.

La primera de ellas es cuando se seleccionó a quienes formarían parte del
EZLN. Esto fue alrededor de 1982. Se organizaban prácticas de uno o dos meses
en la selva, y en ellas se evaluaba el desempeño de los asistentes para ver
quién podía "dar el ancho". La segunda etapa es la que llamamos
de "implantación", es decir, la fundación propiamente dicha del EZLN.

Hoy es 10 de noviembre del año 2003.

Pido se nos permita imaginar que un día como hoy, pero hace 20 años, en
1983, un grupo de personas preparaba en alguna casa de seguridad los
implementos que habría de llevar a las montañas del sureste mexicano. Tal vez,
hace 20 años, el día transcurría checando la impedimenta, recabando informes
sobre los caminos, las rutas alternativas, los tiempos; detallando
itinerarios, órdenes, dispositivos. Hace 20 años, tal vez a esta hora,
estarían abordando un vehículo e iniciarían el viaje hacia Chiapas. Si
pudiéramos estar ahí, tal vez les preguntaríamos a esas personas qué es lo que
iban a hacer. Y seguro nos hubieran respondido: "fundar el Ejército Zapatista
de Liberación Nacional". Habían esperado 15 años para decir esas palabras.

Supongamos entonces que inician su viaje el 10 de noviembre de 1983. Unos
días después llegan al final de un camino de terracería, bajan sus cosas,
despiden al chofer con un "hasta luego" y, después de acomodar sus mochilas,
inician el ascenso de una de las sierras que atraviesan, inclinadas al
occidente, la Selva Lacandona. Muchas horas después de caminar, con unos 25
kilos de peso en su espalda, montan su primer campamento, ya sierra adentro.
Sí, es posible que ese día hiciera frío y hasta lloviera.

Hoy, hace 20 años, la noche se ha adelantado debajo de los grandes árboles
y, ayudados por lámparas de mano, estos hombres y mujeres ponen techo de
plástico con un cordón como travesaño, amarran sus hamacas, buscan leña seca
y, prendiéndole fuego a una bolsita de plástico, encienden la hoguera. A su
luz, el mando escribe en su diario de campaña algo así como: "17 de noviembre
de 1983. Tantos metros sobre el nivel del mar. Lluvioso. Montamos campamento.
Sin novedad". En la parte superior izquierda de la hoja en la que se escribe,
aparece el nombre que le han puesto a esa primera estación de un viaje que
todos saben muy largo. No ha habido ninguna ceremonia especial, pero ese día y
a esa hora se ha fundado el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Seguramente alguien propuso entonces un nombre para ese campamento, no lo
sabemos. Lo que sí sabemos es que ese grupo estaba formado por 6 personas. Los
primeros 6 insurgentes, cinco hombres y una mujer. De esos 6, tres eran
mestizos y tres indígenas. La proporción de 50% mestizos y 50% indígenas no ha
vuelto a repetirse en los 20 años del EZLN, tampoco la proporción de mujeres
(menos del 20% en esos primeros días). Actualmente, veinte años después de
aquel 17 de noviembre, el porcentaje debe andar por un 98,9% de indígenas y un
1% de mestizos. La proporción de mujeres anda ya cerca del 45%.

¿Cómo se llamó ese primer campamento del EZLN? Al respecto no se ponen de
acuerdo aquellos primeros 6 insurgentes. Según aprendí después, los nombres de
los campamentos se elegían sin ninguna lógica, y, de manera natural y sin
afectaciones, se evitaban los normes apocalípticos o proféticos. Ninguno de
ellos se llamó, por ejemplo, "Primero de enero de 1994".

Según cuentan aquellos primeros 6, un día mandaron a un insurgente a
explorar un sitio para ver si tenía condiciones para acampar. El insurgente
regresó diciendo que el lugar "era un sueño". Los compañeros marcharon hacia
ese rumbo y al llegar se encontraron con un pantano. Le dijeron entonces al
compañero "Esto no es ensueño, es una pesadilla". Ergo, el campamento se llamó
entonces "La Pesadilla". Debe haber sido en los primeros meses de 1984. El
nombre de ese insurgente era Pedro. Después sería subteniente, teniente,
capitán segundo, capitán primero y Subcomandante. Con ese grado y siendo Jefe
del Estado Mayor zapatista, diez años después, cayó en combate el primero de
enero de 1994, en la toma de Las Margaritas, Chiapas, México.

La tercera etapa, siempre previa al alzamiento, es cuando nos dedicamos a
las tareas de supervivencia, es decir, a cazar, a pescar, y a recolectar
frutos y plantas silvestres. En este tiempo nos aplicamos al conocimiento del
terreno, es decir, orientación, caminata, topografía. Y en esta época
estudiamos estrategias y táctica militar en los manuales del ejército
norteamericano y del federal mexicano, y el uso y cuidado de diversas armas de
fuego, demás de las llamadas "artes marciales". También estudiábamos historia
de México y, por cierto, llevábamos una vida cultural muy intensa.

Yo llego a la Selva Lacandona en esta tercera etapa, en 1984. Por ahí de
agosto-septiembre de ese año, unos 9 meses después de que llegara el primer
grupo. Mi llegada fue con dos compañeros más: una compañera indígena chol y un
compañero indígena tzotzil. Si mal no recuerdo, a mi llegada el EZLN tenía 7
elementos de base y dos más que "subían" y "bajaban" a la ciudad con correos y
por abastecimiento. El cruce por los pueblos se hacia de noche y disfrazados
de ingenieros.

Los campamentos de aquella época eran relativamente sencillos: tenían un
área de intendencia o la cocina, los dormitorios, el área de ejercicio, la
posta, el área de 25 y 50, y los campos de fuego para la defensa. Tal vez
alguno de los que me escucha se pregunte qué rayos es el "área de 25 y 50".
Bueno, resulta que para hacer las necesidades que llaman "primarias", había
que alejarse a cierta distancia del campamento. Para ir a orinar había que
retirarse 25 metros; para defecar eran 50 metros, además de hacer un hoyo con
el machete y luego tapar el "producto". Claro que esas disposiciones eran
cuando nosotros éramos, como quien dice, un puñado de hombres y mujeres, es
decir, no pasábamos de 10. Tiempo después, construíamos letrinas en zonas más
alejadas, pero los términos "25" y "50" se quedaron.

Había un campamento que se llamaba "El Fogón", porque ahí fue la primera vez
que construimos uno. Antes de eso, el fuego se hacia a ras del suelo y las
ollas (dos: una para el frijol y otra para el animal que cazáramos o
pescáramos) colgaban de un travesaño amarrado con bejucos. Pero luego ya
éramos más y entonces entramos a "la era del fogón". En ese entonces la
plantilla del EZLN era de 12 combatientes.

Tiempo después, en un campamento llamado "Reclutas" (porque ahí es donde
se entrenaban los nuevos combatientes), entramos a "la era de la rueda". Y es
que labramos, con el machete, una rueda de madera e hicimos una carretilla
para cargar piedra para las trincheras. Deben de haber sido los tiempos,
porque la rueda era bastante cuadrada y terminamos cargando la piedra en el
lomo.

Otro campamento se llamó "Baby Doc", en honor de quien azoló, con el
beneplácito de los Estados Unidos, las tierras haitianas. Resulta que, con una
columna de reclutas, nos estábamos moviendo para acampar cerca de un pueblo.
En el camino topamos una paira de jabalíes, o sea un chingo de puercos
salvajes. La columna guerrillera se desplegó con disciplina y habilidad, es
decir que el que iba de vanguardia grito "puercos" y, con el pánico como motor
y combustible, se subió a un árbol con una habilidad que no le volvimos a ver.
Otros corrieron con valentía. pero hacía el lado contrario de donde estaba el
enemigo, o sea los jabalíes. Algunos tomaron puntería y dieron cuenta de dos
cerdos salvajes. En la retirada enemiga, o sea cuando los puercos se fueron,
quedó abandonado un cerdito, de apenas el tamaño de un gato casero. Lo
adoptamos y le pusimos por nombre "Baby Doc" porque en esas fechas Papá Doc
Duvalier moría y le heredaba la carnicería a su vástago. Acampamos ahí para
aliñar las piezas y comer. El puerquito se encariñó con nosotros, creo que por
el olor.

Otro campamento de aquellos años se llamó "De la Juventud", porque ahí se
formó el primer grupo de jóvenes insurgentes , que se llamó "Jóvenes Rebeldes
del Sur". Una vez por semana los jóvenes insurgentes se reunían para cantar,
bailar, leer, hacer deportes y concursos.

El 17 de noviembre de 1984, hace 19 años fue la primera vez que celebramos
el aniversario del EZLN. Éramos 9. Creo que fue un campamento que se
llamó "Margaret Thatcher" porque habíamos agarrado una changuita que, se los
juro, era el clon de la "Dama de Hierro".

Un año después, en 1985, lo celebramos en un campamento llamado "Watapil",
porque así se llama una planta con cuyas hojas hicimos un cobertizo para los
alimentos.

Yo era capitán segundo, estábamos en la llamada "Sierra del Almendro" y la
columna madre había quedado en otra serranía. Tenía bajo mi mando 3
insurgentes. Si las matemáticas no me fallan, éramos 4 en ese campamento.
Celebramos con tostadas, café, pinole con azúcar y una cójola que matamos en
la mañana. Hubo canciones y poesías. Uno cantaba o declamaba y los otros tres
aplaudían con un aburrimiento digno de mejor causa. En mi turno, con un
discurso solemne les dije, sin más argumentos que los mosquitos y la soledad
que nos envolvía, que un día seríamos miles y que nuestra palabra le daría la
vuelta al mundo. Los otros tres estuvieron de acuerdo en que probablemente la
tostada estaba hongueada, que seguramente me había hecho daño y que por eso
deliraba. Recuerdo que llovió esa noche.

En la que llamamos la cuarta etapa, se hicieron los primeros contactos con
los pueblos de la zona. Primero se hablaba con uno y ése uno hablaba con su
familia. De la familia se pasaba al poblado. Del pablado a la región. Así poco
a poco, nuestra presencia se convirtió en un secreto a voces y en una
conspiración masiva. En esta etapa, que corre paralela en tiempo a la tercera,
el EZLN ya no era lo que habíamos pensado cuando llegamos. Para entonces ya
habíamos sido derrotados por las comunidades indígenas y, producto de esa
derrota, el EZLN empezó a crecer geométricamente y hacerse "muy otro", o sea
que la rueda siguió abollándose hasta que, al fin, fue redonda y pudo hacer lo
que debe hacer una rueda, es decir, rodar.

La quita etapa es la del crecimiento explosivo del EZLN. Debido a las
condiciones políticas y sociales, crecimos más allá de la Selva Lacandona y
llegamos a Los Altos y al norte de Chiapas. La sexta es la de la votación de
la guerra y los preparativos, incluida la llamada "Batalla de la Corralchén",
en mayo de 1993, cuando tuvimos los primeros combates con el ejército federal.

Hace dos años, en la Marcha por la Dignidad Indígena, en alguno de los
lugares que cruzamos, vi una especie de botella gorda, como una olla de boca
angosta. Era de barro, creo, y estaba forrada con pedacitos de espejo. Al
reflejar la luz, cada espejito de la olla-botella devolvía una imagen
particular. Todo a su alrededor tenía en ella su reflejo singular y, al mismo,
tiempo, el conjunto semejaba un arco iris de imágenes. Era como si muchas
pequeñas historias se unieran para, sin perder su ser distintas, formar una
historia más grande. Pensé que, a lo mejor, la historia del EZLN podría ser
contada, mirada y analizada como esa botella-olla.

Hoy, 10 de noviembre del 2003, veinte años después de aquel viaje que
iniciaron los fundadores de nuestra organización, arranca una campaña, a
iniciativa de la Revista Rebeldía, para celebrar el vigésimo cumpleaños del
EZLN, y el décimo aniversario del inicio de la guerra contra el olvido, y se
presenta este libro llamado "EZLN: 20 y 10, el fuego y al palabra", de Gloria
Muñoz Ramírez. Si pudiera sintetizar este libro en una imagen, nada me vendría
mejor que la de la olla-botella forrada de pedacitos de espejo.

En una de las partes del libro, Gloria recoge los testimonios de algunos
compañeros bases de apoyo, responsables, comités e insurgentes que hablan de
su pedacito de espejo en las 5 últimas etapas previas al alzamiento, o sea las
etapas 3, 4, 5, 6 y 7. Es la primera vez que compañeros que llevan más de 19
años en la lucha zapatista abren su corazón y su memoria sobre aquellos años
de silencio. Así, Gloria consigue convertir esos pedacitos de espejo en
pedacitos de cristal que permiten asomarse un poco a los primeros 10 años del
EZLN.

Se puede adivinar así otra historia, una muy diferente a la que
construyeron los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, con
mentiras, con informes policíacos alterados a conveniencia, y con la
complicidad anexa de intelectuales que disfrazaron, bajo la cubierta de
supuestas investigaciones "serias", el cheque y la caricia que recibieron del
Poder para solventar su "objetividad científica".

Con los pedacitos de espejo y cristal que Gloria ha conseguido, el lector
se dará cuenta de que se está asomando apenas a unas cuantas partes de un
rompecabezas gigantesco. Un rompecabezas cuya pieza clave está en el primer
día del año de 1994, cuando México ingresaba, vía el Tratado de Libre
Comercio, al primer mundo.

Antes de ese primero de enero, la víspera, fue la séptima etapa del EZLN.

Recuerdo que la noche del 30 de diciembre de 1993 me encontró en la
carretera Ocosingo- San Cristóbal de las Casas. Ese día había estado en las
posiciones que manteníamos en los alrededores de Ocosingo. Por radio había
checado la situación de nuestras tropas que se estaban concentrando en varios
puntos a borde de carretera, a lo largo de las cañadas de Patiwitz, de Monte
Líbano y de Las Tazas. Estas tropas correspondían al tercer regimiento de
infantería. Eran unos 1,500 combatientes. La misión del tercer regimiento era
la toma de Ocosingo. Pero antes de eso debían, "al paso", tomar las fincas de
la zona y hacerse del armamento de las guardias blancas de los finqueros.
Según me reportaron, sobre el poblado de San Miguel había estado rondando un
helicóptero del ejército federal, seguramente alertado por la multitud de
vehículos que se estaban concentrando en esa población. Desde la madrugada del
día 29, todo vehículo que entraba a las cañadas no salía, todos
fueron "prestados" para movilizar a las tropas del tercer regimiento. En su
totalidad, el tercer regimiento estaba formado por indígenas tzeltales.

Al paso, había yo checado las posiciones del Batallón número 8 (que formaba
parte del Quinto regimiento), que se encargaría de tomar la cabecera municipal
de Altamirano en un primer movimiento. Después, sobre la marcha, tomaría
Chanal, Oxchuc y Huixtán, para luego participar en el ataque al cuartel de
rancho Nuevo, en las afueras de San Cristóbal. El octavo era un batallón
reforzado. Para la toma de Altamirano contaría con unos 600 combatientes, de
los que una parte quedaría en la plaza tomada. En su avance incorporaría a más
compañeros, para llegar a Rancho nuevo con unos 500 de tropa. El Octavo
Batallón estaba formado en su gran mayoría por tzeltales.

Todavía en la carretera hice un alto en una de las zonas más elevadas tomé
contacto radial con el Batallón 24 (también parte del Quinto regimiento), cuya
misión era la toma de la cabecera municipal de San Cristóbal de Las Casas y el
ataque conjunto (en concordancia con el batallón 8) al cuartel militar de
Rancho Nuevo. El Vigésimo Cuarto era también un batallón reforzado. En
números, su tropa llegaba a casi 1,000 combatientes todos de la zona de los
Altos e indígenas tzotziles.

Al llegar a San Cristóbal, bordeé la ciudad y me dirigí a la posición en la
que estaría el Cuartel General de la Comandancia del EZLN. De ahí, me
comuniqué por radio con el mando del Primer Regimiento, Subcomandante
Insurgente Pedro, Jefe del Estado Mayor Zapatista y segundo mando del EZLN. Su
misión era la toma de la cabecera de Las Margaritas y el avance para atacar el
cuartel militar en Comitán. Fuerte en 1,200 combatientes, el Primer regimiento
estaba conformado en su mayoría por tojolabales.

Además, en la llamada "segunda reserva estratégica" quedaba un batallón,
formado por indígenas choles, y en las profundidades de nuestras bases de
despegue, con 3 batallones dispuestos en las zonas tzeltal, tojolabal, tzotzil
y chol, se encontraba la llamada "primera reserva estratégica".

Sí, el EZLN sale a la luz pública con más de 4,500 combatientes en la primera
líneas de fuego, la así llamada Vigésima Primera División de Infantería
Zapatista, y unos 2,000 combatientes permanecían en la reserva.

La madrugada del 31 de diciembre de 1993 confirmé la orden de ataque , la
fecha y al hora . En resumen: el EZLN atacaría simultáneamente 4 cabeceras
municipales y otras 3 más "al paso", reduciría a las tropas policíacas y
militares en esas plazas, y marcharía después a atacar dos grandes cuarteles
del ejército federal. La fecha: 31 de diciembre de 1993. La hora: las 2400.

La mañana del día 31 de diciembre de 1993 se pasó en el desalojo de las
posiciones urbanas que se mantenían en algunos lugares. Alrededor de las 1400
los diferentes regimientos confirmaron por radio a la Comandancia General que
estaban listos. A las 1700 se inició la cuenta regresiva: "Menos 7" se nombró
esa hora. A partir de ahí, se cortó toda comunicación con los regimiento. El
siguiente contacto radial estaba programado para las "Más 7", las 0700 del día
1 de enero de 1994. con los que quedaran vivos.

Lo que siguió después, si no lo saben, lo pueden encontrar en este libro; y si
ya lo saben, lo pueden recordar. En él, la olla-botella se convierte en un
gigantesco tapiz, por fortuna dibujado ya en sus líneas generales por Gloria,
y lleno de esos pedacitos de espejo y cristal de los que están compuestos los
distintos momentos del EZLN en los 10 últimos años, es decir, del periodo que
va del 1 de enero de 1994 al 1 de agosto del 2003. Estoy seguro de que muchos
encontrarán el espejo y el cristal que les corresponde. Precisamente, pensando
en eso, he escrito en la Introducción lo siguiente:


.una mujer de profesión periodista acabó, no sin dificultades, por brincar el
complicado y espeso muro del escepticismo zapatista y se quedó a vivir en las
comunidades indígenas rebeldes. Desde entonces compartió con los compañeros
el sueño y el desvelo, las alegrías y las tristezas, los alimentos y sus
ausencias, las persecuciones y los reposos, las muertes y las vidas. Poco a
poco los compañeros y compañeras la fueron aceptando y haciéndola parte de su
cotidianeidad. No voy a contar su historia. Entre otras cosas, porque ella
ha preferido contar la historia de un movimiento, el zapatista, y no la propia.

El nombre de esta persona es Gloria Muñoz Ramírez. Durante el período que
va de 1994 a 1996 trabajó para el periódico mexicano "Punto", para la agencia
de noticias alemana DPA, para el periódico norteamericano "La Opinión" y para
el diario mexicano "La Jornada". En 1995, en la mañana del 9 de febrero y
junto con Hermann Bellinghausen, realizó para La Jornada la que pudo haber
sido la última entrevista con el Subcomandante Insurgente Marcos. En 1997
dejó su trabajo, su familia, sus amigos (además de cosas que sólo ella sabe),
y se vino a vivir a las comunidades zapatistas. Durante estos 7 años no
publicó nada, pero siguió escribiendo y su olfato periodístico no la
abandonó. Claro que la periodista ya no lo era, o ya no sólo era periodista.
Gloria fue aprendiendo a tener otra mirada, la que está alejada del
deslumbramiento que producen los reflectores, del barullo de los templetes,
del atropellado andar detrás de la nota, de la lucha por la exclusiva. La
mirada que se aprende en las montañas del sureste mexicano. Con paciencia
digna de una bordadora, fue recopilando fragmentos de la realidad de adentro y
de afuera del zapatismo en estos, ahora, 10 años de vida pública del EZLN.

Nosotros no lo sabíamos. Fue hasta que se anunció el nacimiento de los
Caracoles y la creación de las Juntas de Buen Gobierno, que recibimos una
carta de ella, presentando ese bordado de palabras, fechas y memorias, y
poniéndolo a disposición del EZLN.

Leímos el libro, bueno, entonces no era un libro, sino un extenso y
policromado tapiz cuya vista ayudaba bastante a dibujar la complicada silueta
del zapatismo de 1994 a 2003, los 10 años de vida pública del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional. Nos gustó pues. No conocemos ningún
material publicado con esa minuciosidad y tan completo.

Le respondimos a Gloria como de por sí respondemos nosotros, es decir, con
un "Mmhh, ¿y?". Gloria volvió a escribir y habló del doble aniversario (20
años del EZLN y 10 años del inicio de la guerra contra el olvido), de la etapa
que arrancaba con la creación de los caracoles y las Juntas de Buen Gobierno,
algo de un plan de festejos de la revista "Rebeldía", y no recuerdo que tantas
otras cosas más. Entre tanta tarabilla, algo estaba claro: Gloria proponía
publicar el libro para que los jóvenes de ahora conocieran más sobre el
zapatismo.

¿"Los Jóvenes de ahora"?, pensé, y le pregunté al Mayor Moisés "¿Qué
nosotros no somos los jóvenes de ahora?". "De por sí somos", me respondió el
Mayor Moisés sin dejar de ensillar el caballo, mientras yo seguía aceitando mi
silla de ruedas y maldecía que el botiquín de campaña no incluyera Viagra.

¿En qué estaba? ¡Ah sí!, en el libro que no era libro todavía. Gloria no
esperó a que dijéramos que sí, o que quién sabe, o que, con el más puro estilo
zapatista, no respondiéramos. Al contrario, al tapiz, o sea al borrador del
libro que no era libro, Gloria anexaba la solicitud de completar el material
con sendas entrevistas.

Fui con el comité y, sobre el suelo lodoso de septiembre, extendí el tapiz
(o sea el borrador del libro).

Se vieron. Quiero decir, los compañeros se vieron a sí mismos. O sea que,
aparte de ser tapiz, era un espejo. No dijeron nada, pero yo entendí que
había más gente, mucha más, que tal vez también vería y se vería.

Le respondimos a Gloria que "adelante".

Eso fue en agosto o septiembre de este año (o sea, 2003), no muy me
acuerdo,
pero fue después de la fiesta de Los Caracoles. Me acuerdo, sí, que llovía
mucho, que yo iba subiendo una loma repitiendo en cada paso la maldición de
Sísifo, y que el Monarca estaba emperrado en que en Radio Insurgente, "La voz
de los sin voz", pasáramos un remix de "La del moño colorado". Cuando volteé
a decirle al Monarca que tendría que pasar sobre mí para hacer eso, me resbalé
por enésima vez, pero ahora fui a caer sobre un montón de piedras afiladas y
me corté en la pierna. Mientras hacía un recuento de los daños, el Monarca,
como si tal, pasó sobre mí. Esa tarde transmitimos en Radio Insurgente, "La
voz de los sin voz", una versión de "La del Moño Colorado" que, a juzgar por
las llamadas de radio que recibimos, fue un éxito rotundo. Yo suspiré, qué
otra cosa podía hacer.

El libro que el lector o lectora tiene ahora en sus manos es ese tapiz-
espejo, pero disfrazado de libro. No se puede pegar en la pared o colgar en
la recámara, pero usted se puede asomar a él y buscarnos y buscarse. Estoy
seguro de que nos encontrará y se encontrará.

El libro EZLN: 20 Y 10, El Fuego y La Palabra, escrito por Gloria Muñoz
Ramírez se ha editado por el empeño de dos esfuerzos, el de la
revista "Rebeldía" y el del periódico mexicano "La Jornada", que dirige Carmen
Lira. Mmh. Otra mujer. El diseño editorial es de Efraín Herrera y las
ilustraciones son de Antonio Ramírez y Domi. Mmh. más mujeres. Las fotos son
de Adrian Meland, �ngeles Torrejón, Antonio Turok, Araceli Herrera, Arturo
Fuentes, Carlos Cisneros, Carlos Ramos Mamahua, Eduardo Verdugo, Eniac
Martínez, Francisco Olvera, Frida Hartz, Georges Bartoli, Heriberto Rodríguez,
Jesús Ramírez, José Carlo González, José Nuñez, Marco Antonio Cruz, Patricia
Aridjis, Pedro Valtierra, Simona Granati, Víctor Mendiola y Yuriria Pantoja.
La edición fotográfica estuvo a cargo de Yuriria Pantoja y el cuidado de la
edición lo realizó Priscila Pacheco. Mmh. de nuevo más mujeres. Si el lector
ve que las féminas son mayoría, haga lo que yo: rásquese la cabeza y diga "ni
modos".

Hasta donde tengo entendido (hago este escrito a la distancia), el libro
tiene tres partes. En una aparecen entrevistas a compañeros bases de apoyo,
comités y soldados insurgentes. En ellas los compañeros y compañeras hablan
algo de los 10 años previos al alzamiento. Debo deciros que no se trata de
una imagen global, sino de retazos de una memoria que todavía debe esperar a
unirse y presentarse.

Sin embargo, estos pedazos ayudan mucho a entender lo que viene después, o
sea la segunda parte. Ésta contiene una especie de bitácora de las acciones
públicas del zapatismo, desde el inicio de la guerra en la madrugada del
primero de enero de 1994, hasta el nacimiento de los Caracoles y la creación
de las Juntas de Buen Gobierno. Se trata, a mi manera de ver, del más
completo recorrido de lo que ha sido el accionar público del EZLN. En este
periplo, el lector podrá encontrar muchas cosas, pero una salta a la vista: el
ser consecuente de un movimiento. En la tercera parte aparece una entrevista
a yo. Me la mandaron por escrito y hube de contestar frente a una
grabadorita. Yo siempre he pensado que el "rewind" de las grabadoras
es "recordar", así que en esa parte trato de hacer un balance de los 10 años,
además de reflexionar sobre otras cosas. Cuando respondía, solo frente a la
grabadora, afuera llovía y una de las Juntas de Buen Gobierno daba "el grito
de independencia". Fue la madrugada del 16 de septiembre del 2003.

Creo que las tres partes se ligan muy bien. No sólo porque es la misma
pluma la que las dibuja. También porque contienen una mirada que ayuda a
mirar, a mirarnos. Estoy seguro de que, como Gloria, muchos y muchas, al
mirarnos, se mirarán a sí mismos. Y también estoy seguro de que ella, y con
ella muchos y muchas, se sabrán mejores.

Y de eso se trata todo esto, de ser mejores.

Eso fue en la introducción, porque en el prólogo del libro he escrito lo que
sigue:

Hace 10 años, la madrugada del primero de enero de 1994, nos alzamos en armas
por democracia, libertad y justicia para todos los mexicanos. En una acción
simultánea, tomamos 7 cabeceras municipales del suroriental estado mexicano de
Chiapas y le declaramos la guerra al gobierno federal, a su ejército y
policías. Desde entonces el mundo nos conoce por "Ejército Zapatista de
Liberación Nacional".

Pero nosotros ya nos llamábamos así desde antes. El 17 de noviembre del
año
1983, hace 20 años, se fundó el EZLN, y como EZLN empezamos a caminar las
montañas del sureste mexicano, cargando una pequeña bandera de fondo negro con
una estrella roja de cinco puntas y las letras "EZLN", también en rojo, al pie
de la estrella. Aún cargo esa bandera. Está llena de remiendos y maltratada,
pero todavía ondea airosa en la Comandancia General del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional.

También nosotros llevamos remiendos en el alma, heridas que suponemos
cicatrizadas, pero que se abren cuando menos lo esperamos.

Durante 10 años nos preparamos para esos primeros minutos del año 1994.
Allá se mira Enero del 2004. Pronto serán 10 años de guerra. 10 años de
preparación y 10 años de guerra, 20 años.

Pero no voy a hablar ni de los primeros 10 años, ni de los de después,
ni de
los 20 sumados. Es más, no voy a hablar de años, de fechas, de calendarios.
Voy a hablar de un hombre, un soldado insurgente, un zapatista. No voy a
hablar mucho. No puedo. No todavía. Se llamaba Pedro y murió combatiendo.
Tenía el grado de subcomandante y era, en el momento de su caída, jefe del
estado mayor del EZLN y mi segundo al mando. No voy a decir que no ha
muerto. Está muerto de por sí y yo no quisiera que estuviera muerto. Pero,
como todos nuestros muertos, Pedro camina por acá y cada tanto se aparece y
habla y bromea y se pone serio y pide más café y enciende el enésimo
cigarrillo. Ahora está aquí. Es 26 de octubre y es su cumpleaños. Le
digo "salud al cumpleañero". Él levanta su pocillo de café y dice "salud
Sub". Yo no sé por qué me puse "Marcos" si nadie me dice así, todos me
dicen "Sub" o sus equivalentes. Pedro me dice "Sub". Platicamos con Pedro.
Le cuento y me cuenta. Recordamos. Reímos. Nos ponemos serios. A veces lo
regaño. Lo regaño por indisciplinado, porque yo no le ordené que se muriera y
él se murió. No obedeció. Lo regaño pues. Él sólo abre más los ojos y me
dice "ni modos". Sí, ni modos. Entonces le enseño un mapa. De por sí le
gusta ver los mapas. Le señalo lo que hemos crecido. Sonríe.
Josué se acerca, saluda y felicita "felicidades compañero subcomandante
insurgente Pedro". Pedro se ríe y dice "Úta madre, cuando acabas de decir
todo eso yo ya cumplí años de nuevo". Pedro lo mira a Josué y me mira. Yo
asiento en silencio.

De pronto ya no estamos celebrando al cumpleañero. Estamos los tres
subiendo una loma. En un descanso Josué dice "Ya va a salir 10 años del
inicio de la guerra". Pedro no dice nada, sólo enciende el cigarro. Josué
agrega "Y 20 años de que nació el EZLN. Hay que hacer un gran baile".

"20 y 10" repito despacio, y agrego "y los que nos faltan.".

Para esto ya llegamos a la punta de la loma. Josué baja su mochila. Yo
enciendo la pipa y con la mano señalo allá a los lejos. Pedro mira a donde
señalo, se levanta y dice, se dice, nos dice: "Sí, ya se mira el horizonte..."

Se va Pedro. Josué levanta de nuevo su mochila y me dice que tenemos que
seguir.

Y sí, de por sí así es: tenemos que seguir.

¿Qué les estaba diciendo? ¡Ah sí! Nosotros nacimos hace 20 años y hace 10
años nos alzamos en armas por democracia, libertad y justicia. Nos conocen
con el nombre de "Ejército Zapatista de Liberación Nacional" y nuestra alma,
aunque con remiendos y cicatrices, sigue ondeando como esa vieja bandera que
se ve allá arriba, ésa con la estrella roja de cinco puntas sobre fondo negro
y las letras "EZLN".

Nosotros somos los zapatistas, los más pequeños, los que se cubren el
rostro
para ser mirados, los muertos que mueren para vivir. Y todo esto es porque
hace 10 años, un primero de enero, y hace 20 años, un 17 de noviembre, en las
montañas del sureste mexicano.

Ahí termina el prólogo y empieza el escrito por Gloria Muños Ramírez, así
como hoy terminan mis palabras y empieza la campaña "EZLN: 20 y 10, el fuego y
la palabra" con la presentación de un libro que a veces es olla-botella
cubierta de espejos y cristales, que a veces es un tapiz, y que siempre es una
historia que no hay que olvidar, porque olvidándola, nos olvidamos a nosotros
mismos.

Ahora sí, es oficial: felicitamos a todos y todas los que, en estos 20 y
10, han puesto el fuego y la palabra.

Es toda mi palabra. Si se aburrieron, vayan mañana, 11 de noviembre, a la
exposición de arte gráfico que se (la) rifa en la Casa de Cultura Jesús Reyes
Heroles, y al baile el día 14 en el Salón Los �ngeles.

Si como quiera siguen aburridos, es que tiene madera de diputados, para
senadores o para precandidatos a la presidencia de México.

Bueno, ya me voy porque ya se escuchan los primeros acordes de "Cartas
Marcadas" y, seguro, me van a madrugar con el pastel y las bolsitas de dulces.

Vale. Salud y que todos nos encuentren y se encuentren.

Desde las montañas del Sureste Mexicano
e inflando vejigas nomás pa' que no digan que ya no soplo.

Subcomandante Insurgente Marcos
México, Noviembre del 2003. 20 y 10.




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