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Riad: nuevo frente contra Occidente
10 nov 2003
Riad: nuevo frente contra Occidente
Osama Bin Laden tiene gran cantidad de amigos en Arabia Saudita. En la mezquita, entre los jóvenes desencantados, entre las fuerzas de seguridad, incluso -y éste es un tema que Occidente se niega a abordar- en la familia real. Los embajadores sauditas por lo general descartan tales hechos como "carentes de fundamento", pero el devastador ataque del sábado pasado en la capital, Riad, forma parte de una creciente insurrección contra los enemigos de Bin Laden en la casa de Saud.

Sea que los atacantes fueran o no miembros de las fuerzas de seguridad sauditas -el hecho es que que llevaban uniformes del ejército del país-, la versión del gobierno de Riad de la "guerra al terrorismo" provoca todos los días bombazos, balaceras y asesinatos en el reino. Los 11 muertos eran al parecer todos musulmanes, la mayoría trabajadores expatriados.

Los enemigos de la casa de los Saud quieren volver ingobernable el reino, al igual que los enemigos de Estados Unidos en Irak quieren que la ocupación estadunidense se vuelva inefectiva. Las principales víctimas de los ataques con bomba en Bagdad son iraquíes, así como las principales víctimas del sábado en la noche en Riad fueron sauditas.

Está claro que después de años de tardanza, las autoridades sauditas están pasando parte de sus informes de inteligencia a Estados Unidos. Por una vez la más reciente advertencia de Washington -de que el próximo ataque de Al Qaeda iba a pasar de la etapa "teórica" a la "operativa"- fue precisa. Pero la familia real saudita -la parte de ella que necesita aún con desesperación la ayuda estadunidense- proporcionó durante la invasión angloestadunidense a Irak, a principios de este año, abundantes motivos para que sus enemigos árabes la atacaran.

Porque, si bien en público ha sostenido que Washington no debía utilizar instalaciones militares sauditas durante la guerra, en privado permitió que los estadunidenses lanzaran 2 mil 700 vuelos solitarios al día desde la enorme base aérea Príncipe Sultán, y algo mucho más dañino fue que dio autorización en secreto para que 200 aviones estadunidenses de combate lanzaran desde esa base 700 misiones diarias de combate sobre Irak.

Los jordanos sospechan que el ataque con bombas a su embajada en Bagdad, el verano pasado, fue en represalia por una operación militar secreta en la que 26 bombarderos estadunidenses F/A-18 lanzaron misiones desde una base aérea en Jordania para bombardear instalaciones de la fuerza aérea iraquí que podrían haber lanzado misiles contra Israel.

Por consiguiente, el príncipe heredero Abdullah, gobernante verdadero de Arabia Saudita, debe de sentir vientos atemorizadores soplando sobre el desierto saudita este invierno.

Por extraña coincidencia, la meta primordial de Osama Bin Laden de destruir a la familia real es compartida por la ultraderecha estadunidense. Cuando Laurent Murawier, amigo del entonces presidente del consejo de política de defensa, Richard Perle, formuló su rara pero condenatoria evaluación de Saudiarabia como enemiga de Estados Unidos y germen del mal, habló como si hubiera sido vocero de Bin Laden.

Murawier, figura un tanto misteriosa que trabaja en la corporación Rand y ha sido director ejecutivo de Executive Intelligence Revue, cuyo propietario es el criminal convicto Lyndon La Rouche júnior, presentó el año pasado al Pentágono un audiovisual de diapositivas con letreros que incluían las palabras "sacar a los sauditas de Arabia". Afirmó que, de 1745 en adelante, 58 por ciento de los gobernantes sauditas han tenido una muerte violenta, que los demás árabes ven a los sauditas como "perezosos, arrogantes, deshonestos, corruptos", y que "están activos en todos los niveles de la cadena del terrorismo, desde la planeación hasta el financiamiento, desde el cuerpo base de reclutamiento hasta el soldado de a pie, desde el ideólogo hasta el propagandista".

Persiste en Washington la sospecha de que la familia real saudita trata aún de llegar a términos con la jerarquía eclesiástica del país y con sus enemigos de Al Qaeda. El Pentágono y la CIA, por ejemplo, siguen molestos de que clérigos sauditas supuestamente nombrados en uno de los videos de Bin Laden como partidarios de los ataques del 11 de septiembre aún predican con libertad en Saudiarabia.

Los mensajes de Bin Laden siguen llenos de veneno contra la casa de los Saud. De hecho, su objetivo original, y aún el más importante, es hacer lo que Laurent Murawier exigía: sacar a los "sauditas" de Arabia. Y ahora, cuando el lado de la familia real aliado de Washington parece estar en un peligro mucho mayor, da la impresión de que sus antiguos protectores lo han abandonado.

¿Puede llegar a ser verdad? ¿Podrán los estadunidenses sentarse a ver cómo Al Qaeda se adueña de los pozos petroleros de la nación? Hay algunos en la casa de los Saud que se sienten especialmente temerosos de la política de Washington. En el pasado, dicen, los estadunidenses podían sentarse tranquilamente en Saudiarabia y apoderarse de los campos petroleros iraquíes cuando se les antojara cruzar la frontera. Ahora que están en Irak pueden, en caso de una revolución, virar en dirección contraria y capturar los campos petroleros del norte de Saudiarabia, dejando Riad y las demás ciudades en manos de cualquier dictador árabe que se adueñe del poder.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya
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