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Bolivia no existe |
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per matilde |
19 oct 2003 12:44:49
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(...) la plata de Potosà fue, durante más de dos siglos, el principal alimento del desarrollo capitalista de Europa (...) la corporación Pacific LNG, integrada por Repsol, British Gas y Panamerican Gas, parece se quedará con las ganas de ganar, como esperaba, diez dólares por cada dólar de inversión (...) |
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Eduardo Galeano
Página 12
Una inmensa explosión de gas: eso fue el alzamiento popular que sacudió a toda Bolivia y culminó con la renuncia del presidente Sánchez de Lozada, que se fugó dejando tras sà un tendal de muertos. El gas iba a ser enviado a California, a precio ruin y a cambio de mezquinas regalÃas, a través de tierras chilenas que en otros tiempos habÃan sido bolivianas. La salida del gas por un puerto de Chile echó sal a la herida, en un paÃs que desde hace más de un siglo viene exigiendo, en vano, la recuperación del camino hacia el mar que perdió en 1883, en la guerra que Chile ganó.
Pero la ruta del gas no fue el motivo más importante de la furia que ardió por todas partes. Otra fuente esencial tuvo la indignación popular, que el gobierno respondió a balazos, como es costumbre, regando de muertos las calles y los caminos. La gente se ha alzado porque se niega a aceptar que ocurra con el gas lo que antes ocurrió con la plata, el salitre, el estaño y todo lo demás.
La memoria duele y enseña: los recursos naturales no renovables se van sin decir adiós, y jamás regresan.
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Allá por 1870, un diplomático inglés sufrió en Bolivia un desagradable incidente. El dictador Mariano Melgarejo le ofreció un vaso de chicha, la bebida nacional hecha de maÃz fermentado, y el diplomático agradeció pero dijo que preferÃa chocolate. Melgarejo, con su habitual delicadeza, lo obligó a beber una enorme tinaja llena de chocolate y después lo paseó en un burro, montado al revés, por las calles de la ciudad de La Paz. Cuando la reina Victoria, en Londres, se enteró del asunto, mandó traer un mapa, tachó el paÃs con una cruz de tiza y sentenció: "Bolivia no existe".
Varias veces escuché esta historia. ¿Habrá ocurrido asÃ? Puede que sÃ, puede que no.
Pero la frase ésa, atribuida a la arrogancia imperial, se puede leer también como una involuntaria sÃntesis de la atormentada historia del pueblo boliviano. La tragedia se repite, girando como una calesita: desde hace cinco siglos, la fabulosa riqueza de Bolivia maldice a los bolivianos, que son los pobres más pobres de América del Sur. "Bolivia no existe": no existe para sus hijos.
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Allá en la época colonial, la plata de Potosà fue, durante más de dos siglos, el principal alimento del desarrollo capitalista de Europa. "Vale un PotosÃ", se decÃa, para elogiar lo que no tenÃa precio. A mediados del siglo dieciséis, la ciudad más poblada, más cara y más derrochona del mundo brotó y creció al pie de la montaña que manaba plata. Esa montaña, el llamado Cerro Rico, tragaba indios. "Estaban los caminos cubiertos, que parecÃa que se mudaba el reino", escribió un rico minero de PotosÃ: las comunidades se vaciaban de hombres, que de todas partes marchaban, prisioneros, rumbo a la boca que conducÃa a los socavones. Afuera, temperaturas de hielo. Adentro, el infierno. De cada diez que entraban, sólo tres salÃan vivos. Pero los condenados a la mina, que poco duraban, generaban la fortuna de los banqueros flamencos, genoveses y alemanes, acreedores de la corona española, y eran esos indios quienes hacÃan posible la acumulación de capitales que convirtió a Europa en lo que Europa es.
¿Qué quedó en Bolivia, de todo eso? Una montaña hueca, una incontable cantidad de indios asesinados por extenuación y unos cuantos palacios habitados por fantasmas.
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En el siglo diecinueve, cuando Bolivia fue derrotada en la llamada Guerra del PacÃfico, no sólo perdió su salida al mar y quedó acorralada en el corazón de América del Sur. También perdió su salitre.
La historia oficial, que es historia militar, cuenta que Chile ganó esa guerra; pero la historia real comprueba que el vencedor fue el empresario británico John Thomas North. Sin disparar un tiro ni gastar un penique, North conquistó territorios que habÃan sido de Bolivia y de Perú y se convirtió en el rey del salitre, que era por entonces el fertilizante imprescindible para alimentar las cansadas tierras de Europa.
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En el siglo veinte, Bolivia fue el principal abastecedor de estaño en el mercado internacional.
Los envases de hojalata, que dieron fama a Andy Warlhol, provenÃan de las minas que producÃan estaño y viudas. En la profundidad de los socavones, el implacable polvo de sÃlice mataba por asfixia. Los obreros pudrÃan sus pulmones para que el mundo pudiera consumir estaño barato.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Bolivia contribuyó a la causa aliada vendiendo su mineral a un precio diez veces más bajo que el bajo precio de siempre. Los salarios obreros se redujeron a la nada, hubo huelga, las ametralladoras escupieron fuego. Simón Patiño, dueño del negocio y amo del paÃs, no tuvo que pagar indemnizaciones, porque la matanza por metralla no es accidente de trabajo.
Por entonces, don Simón pagaba cincuenta dólares anuales de impuesto a la renta, pero pagaba mucho más al presidente de la nación y a todo su gabinete.
El habÃa sido un muerto de hambre tocado por la varita mágica de la diosa Fortuna. Sus nietas y nietos ingresaron a la nobleza europea. Se casaron con condes, marqueses y parientes de reyes.
Cuando la revolución de 1952 destronó a Patiño y nacionalizó el estaño, era poco el mineral que quedaba. No más que los restos de medio siglo de desaforada explotación al servicio del mercado mundial.
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Hace más de cien años, el historiador Gabriel René Moreno descubrió que el pueblo boliviano era "celularmente incapaz". El habÃa puesto en la balanza el cerebro indÃgena y el cerebro mestizo, y habÃa comprobado que pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca.
Ha pasado el tiempo, y el paÃs que no existe sigue enfermo de racismo. Pero el paÃs que quiere existir, donde la mayorÃa indÃgena no tiene vergüenza de ser lo que es, no escupe al espejo.
Esa Bolivia, harta de vivir en función del progreso ajeno, es el paÃs de verdad. Su historia, ignorada, abunda en derrotas y traiciones, pero también en milagros de esos que son capaces de hacer los despreciados cuando dejan de despreciarse a sà mismos y cuando dejan de pelearse entre ellos.
Hechos asombrosos, de mucho brÃo, están ocurriendo, sin ir más lejos, en estos tiempos que corren.
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En el año 2000, un caso único en el mundo: una pueblada desprivatizó el agua. La llamada "guerra del agua" ocurrió en Cochabamba. Los campesinos marcharon desde los valles y bloquearon la ciudad, y también la ciudad se alzó. Les contestaron con balas y gases, el gobierno decretó el estado de sitio. Pero la rebelión colectiva continuó, imparable, hasta que en la embestida final el agua fue arrancada de manos de la empresa Bechtel y la gente recuperó el riego de sus cuerpos y de sus sembradÃos. (La empresa Bechtel, con sede en California, recibe ahora el consuelo del presidente Bush, que le regala contratos millonarios en Irak.)
Hace unos meses, otra explosión popular, en toda Bolivia, venció nada menos que al Fondo Monetario Internacional. El Fondo vendió cara su derrota, cobró más de treinta vidas asesinadas por las llamadas fuerzas del orden, pero el pueblo cumplió su hazaña. El gobierno no tuvo más remedio que anular el impuesto a los salarios, que el Fondo habÃa mandado aplicar.
Ahora, es la guerra del gas. Bolivia contiene enormes reservas de gas natural. Sánchez de Lozada habÃa llamado capitalización a su privatización mal disimulada, pero el paÃs que quiere existir acaba de demostrar que no tiene mala memoria. ¿Otra vez la vieja historia de la riqueza que se evapora en manos ajenas? "El gas es nuestro derecho", proclamaban las pancartas en las manifestaciones. La gente exigÃa y seguirá exigiendo que el gas se ponga al servicio de Bolivia, en lugar de que Bolivia se someta, una vez más, a la dictadura de su subsuelo. El derecho a la autodeterminación, que tanto se invoca y tan poco se respeta, empieza por ahÃ.
La desobediencia popular ha hecho perder un jugoso negocio a la corporación Pacific LNG, integrada por Repsol, British Gas y Panamerican Gas, que supo ser socia de la empresa Enron, famosa por sus virtuosas costumbres. Todo indica que la corporación se quedará con las ganas de ganar, como esperaba, diez dólares por cada dólar de inversión. Por su parte, el fugitivo Sánchez de Lozada ha perdido la presidencia. Seguramente no ha perdido el sueño. Sobre su conciencia pesa el crimen de más de ochenta manifestantes, pero ésta no ha sido su primera carnicerÃa y este abanderado de la modernización no se atormenta por nada que no sea rentable. Al fin y al cabo, él piensa y habla en inglés, pero no es el inglés de Shakespeare: es el de Bush. |
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Comentaris
cmunoz (nospam) pw.cl
un afectuoso saludo al pueblo boliviano y a todos los pueblos marginados en latinoamerica
fabita_dvs (nospam) hotmal.com
agentesdecambio_bolivia (nospam) yahoo.es
Es indignante como ver una Clase PolÃtica que aGONIza, se baja los pantalones frente a los planteamientos de intereses apátridas y foráneos, es decir de los que desde su constitución consideran que somos su colonia, mediante un decreto que aprobaron incluso los de la inepta oposición que (matando, callando) fueron los cómplices de un acto de violación a la soberanÃa de la Patria.
A estos señores habrÃa que preguntarles si sus descendientes no les recriminarán pues esta comprobado que no tienen conciencia.
CONSIDERAMOS:
Que la SoberanÃa Nacional fue desintegrada y regalado el suelo patrio, puesto que al aprobar la “Impunidad Diplomáticaâ€? se esta gestando otro Irak en Bolivia, pues el Decreto que se aprobó en el denominado “Poder Legislativoâ€? es atentatorio al ciudadano de a pie que tiene Derecho a la “Libre Expresiónâ€? (concepto no entendido para estos Señores que prostituyen la Constitución y las Leyes a su gusto y conveniencia).
Es prioridad del Estado proteger la Integridad Nacional
POR LO EXPUESTO:
No aceptaremos tratados ni convenios que atenten contra los intereses y la SoberanÃa Nacionales y apelamos al principio de SupremacÃa de la C.P.E. (Arts. 228 y 229).
CONVOCAMOS a una de las mayores fuerzas de Sociedad civil, es decir: al denominado “Tercer Sectorâ€?, para constituirnos en la Vanguardia de Verdadero Nacionalismo y defender los intereses de la Patria desde la lógica propositiva del “Hombre y la Mujer Nuev@sâ€?, Defendiendo el Derecho a expresarnos y protestar PacÃficamente sin que nos maten con Carta Blanca los Militares, quienes en vez de matar compatriotas dentro deberÃan estar cuidando las fronteras como lo hacen nuestros vecinos.
Es dado en la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, a los diecisiete dÃas del mes de Enero de dos mil cinco Años.
El Corazón de Latinoamérica ensangrentado, ¡¡¡Ya se ha Levantado!!!
¡¡¡El león Dormido ha despertado!!!,
¡¡ALCArajo las Transnacionales!!
Fraternalmente:
Javier Jesús Torres
ORGANIZACIÓN INTEGRAL
“AGENTES DE CAMBIO�
La Paz - Bolivia
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