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Notícies :: amèrica llatina
HISTORIA(para explicar a los niños porqué se van Goni, sus socios, y el neoliberalismo).
17 oct 2003
sobre la situacion boliviana
HISTORIA
(para explicar a los niños porqué se van Goni, sus socios, y el neoliberalismo).
Dedicado a los mártires de la guerra por el gas, a los heroicos alteños sobre todo.
Huascar C.


En el hemisferio sur de un planeta, había un poblado en particular, que no era muy grande, y los habitantes vivían de cultivar frutas, verduras y todo eso. Todos los campesinos, regaban la tierra con un agua cristalina que venia por un canal que irrigaba a su vez una hermosa pradera donde los niños cazaban mariposas, el agua brotaba de un pequeño arroyo cuya agua no era mucha, pero con un buen reparto había alcanzado para casi todos (algunos en efecto ni tierra tenían).
Un día llego un brujo, que hablaba con acento raro, y que gracias al apoyo de los hortelanos más prósperos, convencieron al poblado para que acepte y adore a sus nuevos dioses.
A los habitantes no les importaba mucho aunque hubo quienes protestaron, pero gracias al aval silencioso de la mayoría se logro imponer todo tal cual quería el Brujo-jefe.
Al poco tiempo el brujo no conforme con imponer sus dioses, decidió cambiar el rumbo del agua en sentido diametralmente opuesto. Y dijo al pueblo que no había que temer, que era mas bien ânecesarioâ? porque tanta agua iba y estaba según él pudriendo las raíces de las plantas, y así pronto esto sería un pantano y otras cosas que en cualquier caso eran peor.
Algunos le dijeron que algo de agua siempre iban a necesitar en ciertas épocas, pero el Brujo-jefe respondió en tono suave y condescendiente que entendiéramos de una vez que los dioses harán que las nubes generosas den el agua necesaria para tales circunstancias, y también que si le obedecían sin tanta queja, los dioses les iban a dar mayor prosperidad, abundancia, y plenitud en sus vidas y en sus almas.
Ante la indiferencia de la mayoría y con algunas protestas, se impuso el cambio de rumbo de las aguas del canal.
Pasó un poco de tiempo, la pradera atravesada antes por el agua cristalina, comenzó a secarse. Algunos reclamaron, pero el Brujo-jefe les dijo que estaban ciegos, y que no pasaba nada, y a tanta insistencia admitió que si había algo era todo por causa de unos cuantos sediciosos que habían hechizado al pasto para que muriera, entonces llamó al resto del poblado para que recen juntos a los dioses y pidan lluvia a las nubes, para que ésta a su vez lave los maleficios de aquellos opositores malignos.
Pasó un poco más de tiempo y poco a poco todos fueron sintiendo la sequía(aunque unos más intensamente que otros), viendo como tristemente se secaban sus campo, y las flores perdían el color, todo se ponía más pálido y oscuro.
Muchos comenzaron a buscar respuestas, algunos fueron donde el brujo y le dijeron de su situación y explicaron que había ya demasiada gente que cuestionaba sus decisiones y por su puesto a sus dioses. El Brujo-jefe dijo: âhabitantes del poblado, yo no entiendo su preocupación, me dicen que hay problemas, que sus tierras se están secando, que el pasto no es tan verde, y esas cosas; yo les quiero decir que me he enterado que un grupo de facinerosos anda por ahí blasfemando contra los dioses y contra mi, nos echan la culpa por la escasez de agua, y lo que pasa es que esa gente miente, sólo quiere dividirnos y destruirnos. La razón por la falta de agua mis queridos habitantes es pues... su falta de fe!, ustedes no rezan lo suficiente, son flojos para rezar y adorar correctamente a los dioses. Yo les convoco a que recemos juntos y dejemos de lado y olvidemos todas esas habladurías que solo quieren hacernos malâ?.
Algunos se quedaron rezando, otros se fueron a sus casas y se miraron el ombligo, pero cada vez había mas gente que no se contentaba con las respuestas mitad chiste de aquel Brujo.
Un grupo de campesinos, cansados de lo que llamaban âlas burlas del brujoâ?, decidió ir a ver que pasó con aquel arroyo olvidado por casi todos y que en tiempos de sequía brindaba el líquido necesario para todo ser viviente; enorme fue su sorpresa cuando vieron allí al claro manantial, transparente y limpio, entonces supieron que era un milagro, una visión, una revelación, pero todo este asombro quedó ofuscado por los descubrimientos posteriores. Uno de ellos descubrió un canal que desviaba el agua que antes iba a la pradera, y lo conducía hacia una quebrada hacia el norte, un poco mas allá de la colina. Luego de un descanso, bajaron hacia la quebrada empeñados en seguir el rumbo y el destino del preciado líquido.
De pronto, raro fue el sentimiento construido con partes de asombro, indignación, rabia, miedo, cuando encontraron que en medio de la gruta de la quebrada se había construido un embalse de agua como una gran piscina, en la que nadaban placidos y contentos el Brujo-Jefe, algunos campesinos prósperos que le apoyaban y unos tipos raros parecidos a los de pueblos del norte, todos disfrutaban de las diáfanas aguas, mientras que la gruta estaba resguardada por feroces perros, a lo que tuvieron que emprender veloz huida.
Cuando volvieron al poblado, organizaron una asamblea, denunciaron al Brujo-jefe, a sus socios, y a sus dioses. Mas tarde el Brujo-jefe desmintió las acusaciones, dijo que todas eran calumnias, instó al que quisiera ir y comprobar la veracidad de tan falaz testimonio sobre una piscina en la quebrada, aclaró por ultimo que el supuesto arroyo había desaparecido tiempo atrás por causas explicables en otro momento. Y para terminar anunció que al día siguiente llovería en abundancia, y ante los rostros incrédulos amenazó con un diluvió con muerte y destrucción. En ese momento hubo muchas dudas, algunos no creían eso de piscina en la gruta, puesto que le brujo lo había desmentido y ellos más le creían al brujo, total sus tierras aún estaban húmedas y fértiles y no les afectaba en nada la carencia de tal arroyo.
Al día siguiente, no pasó casi nada, salvo que muchos fueron a verificar la versión del arroyo y la gruta, y al hacerlo creció la indignación, y la rabia, blasfemaron contra el brujo, sus aliados, y sus dioses.
Cuando volvieron al poblado encontraron a quienes denunciaron la gruta, estaban colgados por el cuello de unos árboles viejos, y les informaron que se les sometió a un juicio justo previamente dado que según la nueva norma del brujo la âblasfemiaâ?sería desde ahora sancionada con pena de muerte, pues resulta que la lluvia no caía debido a que los dioses se âsienten ofendidosâ?por la blasfemia y la poca fe del poblado, a lo cual retenían las gotas de lluvia como castigo educador. Por lo que el Brujo-jefe había decidido que sólo contentando a los dioses habría lluvia, alegría, abundancia, plenitud, y lo decía ante el aplauso de sus socios, y la estupefacción del resto.
Hace tiempo a muchos les importaba poco los asuntos del poblado, pero al ver los muertos surgió un malestar que rápidamente se convirtió en indignación, y después en rabia.
Pues razonaron que si había que matar, para hacer valer el capricho de unos dioses que nunca hicieron llover, ni dieron abundancia, ni prosperidad, ni nada de nada, entonces tales dioses no eran sino demonios, que trajeron sequía pobreza, hambre, y ahora muerte, ahora sangre que era lo dolió en fondo y más que cualquier cosa.
La mañana siguiente, practicaron el significado de la palabra âgritoâ?y con los puños en alto, blasfemaron a voz en cuello contra el Brujo-tirano, y sus socios, y sus dioses. Pero el Brujo-tirano intuyendo este momento se había preparado con artefactos de muerte que derramaron aquella sangre que ahora convocaba a más sangre, mientras el brujo imploraba ayuda a sus dioses y sus socios se tiraban de los cabellos y echaban espuma por la boca intentando escapar por la puerta trasera. En tanto la gente seguía llegando al palacio del tirano, y lo hostigaban, acechaban sus fauces, y sabían que los artefactos de muerte no resistirían, porque estaban dispuestos a derrotar al Brujo-tirano, a sus cómplices, a sus falsos dioses, a su mentira, y sobre todo su infamia.
La noche fue larga mientras se combatía, y antes del alba se prendió fuego al palacio del tirano y a sus socios y a sus dioses, nunca antes sintieron tanta luminosidad que la de aquellas llamas justicieras, que precedieron la llegada de un nuevo día.
Sindicat Terrassa