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Comentari :: antifeixisme : globalització neoliberal
Europa: descolocación y recolocación territorial-"Diez horas con la globalización"(google)
03 oct 2003
PERDÓN POR EL ERROR-ESTE ERA EL ARTICULO
"La necesaria magnificación en el tiempo de la constitución europea, pasa por admitir en un principio cambios en las constituciones de los estados-nación, e inevitablemente la desaparición de los mismas en el tiempo. Las actuales constituciones si verdaderamente creemos en una futura unidad política, económica y social de Europa, no debemos contemplarlas como esquemas inmutables, aristados y eternamente paradigmáticos".
EUROPA: DESCOLOCACION Y RECOLOCACION TERRITORIAL
(Ãltimo capítulo de mi libro "diez horas con la globalización"(google))
Oscar Sánchez Fernández de la Vega

La política en los próximos años deberá centrarse en el diseño y la construcción de instituciones supranacionales,entre ellas Europa, que ayuden a escrutar y mejorar el proceso global.
La realidad es que con lo único que cuenta Europa es con una moneda sin estado. Con una unidad monetaria, en la que hay que lamentar importantes ausencias. No existiendo: ni unidad fiscal, ni económica y por supuesto política. No disponemos de un mecanismo institucional firme que garantice la representación exterior del euro con una sola voz fuerte que se haga oír. La falta de coordinación de las políticas económicas, científicas y fiscales es un hecho incuestionable. Por ejemplo en el tema de política científica no existe una política real europea de investigación, tecnología y científica, sino que se yuxtaponen quince, tantas como estados miembros, lo que lleva multiplicar gastos y esfuerzos, fragmentándose como es lógico los resultados. El problema se agravará con la incorporación de otros países que carecen del mínimo potencial científico o por una parte lo tienen como República Checa, Hungría o Polonia, pero por otra sus infraestructuras son obsoletas, con altos costes de producción.

Si queremos construir políticamente Europa, necesariamente tenemos empezar a analizar como vamos a articular lo local, lo regional y lo supranacional. Además hemos de hablar de una constitución europea. La Carta de Derechos Fundamentales de la U.E., debe convertirse en el primer eslabón del proceso de construcción política de Europa. El camino que no va a ser fácil, debemos comenzar a trazarlo e iniciar su andadura y si ello conlleva él tener que hacer cambios constitucionales en los estado-nación, hagámoslos de manera democrática, cívica y pacífica.
El primer gran problema que se nos presenta es debatir y buscar, en clave de futuro, el tipo de organización política más adecuada. ¿Construimos un Europa formada por estados-nación o por naciones-pueblos, dentro de un marco federal?.
Pienso que, a largo plazo, solo lo segundo puede llevarnos a una Europa sólida y con futuro. Hay que dejar paso a estrategias de integración en la diversidad, de respeto a la pluralidad de los pueblos europeos, porque ello es perfectamente compatible con le proceso de globalización, como vimos en el apartado de âSoberanismo, nacionalismo y globalizaciónâ?. La afirmación es delicada y por ello creo que exige un razonamiento claro y suficiente.
El hecho de que la Unión Europea se conforme políticamente por los actuales Estados-nación, no necesariamente va a implicar la pervivencia de los mismos. Es probable que la formación de una Europa de Estados-nación, sea un paso, incluso necesario, para iniciar el camino de construcción política europea, pero todo parece indicar que el propio proceso global irá dándole fuerza a los pueblos-nación y restándosela a los Estados-nación, que poco a poco, irán perdiendo consistencia para convertirse en meros fuegos de artificio con muy pequeño poder real. Terminarían situándose en el modelo como la monarquía lo hace actualmente en las democracias representativas. Creo que sería un grave error histórico construir una Europa formada por estados-nación, pensando que ese modelo será inmutable, por dos motivos importante, sobre los que vuelvo a insistir. En primer lugar porque cada vez el estado-nación está más desconectado del porvenir y en segundo lugar porque el proceso de globalización hace que lo local cobre significación y que por lo tanto los pueblos y etnonaciones ganen protagonismo.
Hoy, se hace ya evidente el carácter caduco y obsoleto del modelo de estado-nación, que ha sido el paradigma político-jurídico que ha caracterizado a la modernidad.
En las sociedades más significativas de la Europa moderna, la imposición de los estados sobre las naciones tiene una historia de poco más de cinco siglos en el caso de las monarquías absolutas de España, Francia e Inglaterra o de algo más de un siglo en el caso de Alemania e Italia.
El Estado-nación presupuso históricamente un programa de supresión, en mayor o menor medida, de identidades étnicas, lingüísticas, culturales y existenciales. En ocasiones se conformaron como una suma de contratos impuestos por la fuerza y en otras, además, contó con la aquiescencia de partes importantes del pueblo que fueron cediendo voluntariamente sus identidades étnicas, regionales, a una identidad mayor que teóricamente entendían era mas positivo para las partes y que también supuestamente garantizaba el abastecimiento, la cohesión y la seguridad. Digamos que el pueblo cedía su independencia y su libertad a cambio de seguridad.
En épocas de insuficiencia el modelo se justificaba y funcionó, pues la lucha de los seres humanos era básicamente una lucha por la supervivencia. Pero a partir de las revoluciones agrícolas en Holanda e Inglaterra y la posterior Revolución Industrial, paulatinamente, se fue pasando de la era de la insuficiencia a una situación de relativa suficiencia material, algo que continuó mejorando hasta llegar a los momentos actuales en los que los logros materiales alcanzados se están administrando y disfrutando.
En los últimos años los viejos estados-nación están viendo con estupefacción como los pilares fundamentales sobre los que se edificaron se van erosionando paulatinamente, lo que conlleva que estos antiguos proyectos vayan perdieron definición y peso económico, político, cultural y social. Esta situación se debe en gran medida a la pérdida de competencias y protagonismo tanto por arriba, cediendo soberanía a instituciones políticas supraestatales (U.E. en el caso de Europa), como por abajo, cediéndosela a los pueblos-naciones, tradicionalmente definidos desde el Estado como simples âregionesâ? o âautonomíasâ? como en el caso español.
Abundando en este doble vaciamiento podemos decir que los argumentos tradicionales a favor del estado-nación como la idea del autoabastecimiento nacional, la cohesión del estado o la seguridad nacional, saltaron por los aires con la apertura de los mercados, el desarrollo de las comunicaciones, de los transportes, el desarrollo del comercio, de los servicios, con la mundialización de la economía, la eclosión de las nuevas tecnologías y la cobertura planetaria ed las comunicaciones etc..
El empecinarse en el imposible histórico de mantener la estructura tradicional del Estado-nación sobre realidades plurinacionales es hoy en día un anacronismo y si me apuran un signo inequívoco de insuficiencia cultural, en el sentido de que ello implica no solo no conocer el mundo en que se vive, sino carecer de una mínima óptica de futuro.
Otro de los problemas del cual no se puede desprender el Estado-nación es el enorme aparato burocrático-político que no solo resta recursos al poder regional, local y supranacional, sino que contribuye a dificultar la comunicación entre los mismos. La revolución de las comunicaciones cuestiona a los intermediarios inútiles, incluidos los políticos. El método intergubernamental utilizado por Europa hasta ahora no es satisfactorio.
También no nos debemos olvidar que en temas importantes para la humanidad los estados-nación no supieron estar a la altura de las circunstancias, tal es el caso del tema ecológico y el de derechos humanos, dos temas que por si solo justifican el proceso de universalización.
En realidad las crisis de los Estados-nación son las crisis de proyectos identitarios e integradores inconclusos e incoherentes históricamente.
Como bien dice Ruben E. Nájera âlos forzados procesos de integración nacional modernos han sido intentos megalómanos por sobreimponer distintos grados de simplismo ideológico sobre la diversidad humana, histórica, social y cultural.â?
Desde un punto de vista antropológico ningún proyecto se puede mantener en el tiempo si el mismo no admite que los seres humanos formamos parte de distintas realidades naturales y culturales.
Paralelamente a ese debilitamiento por arriba y por abajo del estado-nación se está produciendo un fenómeno político de no menor importancia, que no estaba previsto en los modelos de modernidad y que algunos atribuyen al proceso de la globalización: el creciente protagonismo de los pueblos o etnonaciones. Un fenómeno que probablemente resulte letal para el estado-nación
Lo que parece estar claro es que si bien es cierto que el internacionalismo avanza, no lo es menos que el fortalecimiento de los pueblos-nación es una realidad irreversible e inevitable .Consecuencia lógica de la globalización, se produce un proceso reactivo por parte del ciudadano del mundo que lo lleva a aferrarse mas que nunca a sus raíces mas profundas, en un mecanismo de defensa de su identidad. Por ello, no creo que pueda ser bueno el permitir que la diversidad se reduzca a lo universal, dado que esta situación sería el mejor camino para dar lugar a un importante proceso reactivo de afirmar lo particular contra lo universal. Un proceso que en determinadas circunstancias puede llegar a resultar incluso violento.
Dice Peter Drucker en línea con lo anterior: â la razón de la tendencia al tribalismo no es política ni económica sino que se debe a que el tamaño grande ya no ofrece ventaja. Los pueblos necesitan raíces en un mundo transnacional; necesitan comunidadâ?.
Hoy por hoy, quizás sea demasiado aventurado hablar de la muerte natural o civil de unos Estados-nación, que, parafraseando a Daniel Bell, se han vuelto demasiado pequeños para resolver los problemas globales y que son demasiado grandes para solucionar los problemas locales. A los estados-nación, que desde luego no están en situación de administrar su reinvención, les queda reservado, con carácter transitorio, la función de insertar en lo supranacional aquellas regiones o autonomías no significativas y la realización de políticas microeconómicas e institucionales hasta sus desaparición real en el tiempo.
Volviendo al tema de la constitución europea, creo que la necesaria magnificación de la misma pasa por admitir en un principio cambios en las constituciones de los estados-nación, e inevitablemente la desaparición de las mismas en el tiempo. Las actuales constituciones si verdaderamente creemos en una futura unidad política, económica y social de Europa, no debemos contemplarlas como esquemas inmutables, aristados y eternamente paradigmáticos. La magnificación de la constitución europea pasa por desmagnificar en el tiempo las constituciones de los estados-nación.
En España vamos en sentido contrario, tanto el gobierno actual como la oposición parecen ignorar inconscientemente todo lo anterior. Hasta en Francia, el máximo representante del estado-nación y paradigma del estado más centralista, se está produciendo una tendencia a fortalecer las regiones. En España se palpa una fuerte presión para reducir las competencias reales de las autonomías y de someter a todas a un creciente proceso de centralización, que entra en contradicción con una Europa unida, en la que el papel de las regiones y las autarquías locales deben constituirse en vectores determinantes. El gobierno español debe aceptar que hay independentistas violentos, pero también los hay demócratas. Se puede ser demócrata y, como separatista, no identificarse con la constitución ni con le estado-nación. Se puede ser demócrata y, queriendo permanecer en España , exigir las modificaciones constitucionales que permitan el tránsito a una Europa en la que los pueblos-nación y las autarquías locales tengan el peso que les ofrece el futuro, siempre que todo ello se reivindique pacíficamente, sin violencia contra las personas y las cosas.
Cualquier planteamiento de unidad política supranacional creo que deberá cumplir dos condiciones fundamentales. Por una parte la región o nacionalidad a integrar deberá ser significativa y no trivial, es decir me estoy refiriendo a comunidades conexionadas cultural, lingüística y étnicamente, y por otra parte con posterioridad a la integración hemos de admitir la posibilidad de que se produzcan procesos de recolocación precedidos de posibles procesos de descolocación dentro de los pueblos-naciones miembros. Unos procesos democráticos que pueden ser facilitados y supervisados por el ente supranacional.
Hace ya tiempo Otto Bauer y Ernest Gellner, dos grandes teóricos del nacionalismo coincidían en una cuestión: la autodeterminación es un derecho personal y colectivo pero no territorial. Consideraban que ninguna persona razonable puede oponerse a que todo pueblo tenga derecho a decidir con plena libertad e independencia que forma de organización estatal quiere, y que vínculos de gobierno desea mantener con otros pueblos u organizaciones supranacionales. Estimaban que la complejidad aumentaba a la hora de decidir que es una nación y que el tema se volvía siempre conflictivo cuando había que determinar el territorio objeto de la autodeterminación. Históricamente son numerosos los casos en los que una nación se autodeterminó territorialmente oprimiendo a otra.
Todo lo anterior cobra un nuevo significado en el nuevo contexto global. Creo que tanto Otto Bauer como Ernest Gellner si hubiesen vivido en un entorno global como el actual habrían replanteado todas sus teorías inconclusas . Hoy la universalización es más posible que nunca y hablar de la posibilidad en el tiempo de llegar a un orden mundial no es una locura fabulatoria o discurso ilusorio y sí a una propuesta posible.
Las asperezas en relación a los límites de la territorialidad se pueden ver limadas por el propio proceso global al mejorar la comunicación, la información, y por la propia supervisión y dinámica que genere el propio ente supranacional.
La integración política de las actuales nacionalidades en una entidad supranacional (la Unión Europea en nuestro caso), va a ser un proceso lento y extraordinariamente difícil. Muchas nacionalidades pequeñas tendrán que consolidarse, replantear sus órganos representativos, que deberán ser más democráticos, mas respetuosos con la democracia directa y con el poder local, el único que puede concretar el ideal de democracia directa, de participación libre de todos los ciudadanos.
Creo que lo importante es tomar conciencia de que empezamos a ver posibilidades de encontrar una nueva salida que de sentido a la condición humana, un nuevo proyecto civilizatorio en donde por una parte la universalización sea la consecuencia de la articulación entre lo global y lo local (algo no opuesto sino complementario), y por otra no se excluya la aceptación de una imprescindible intermediación que garantice el debate social, ni la aceptación de una interdependencia recíproca y de respeto a las diferencias culturales e identitarias, con su correspondiente correlato político del derecho a la autodeterminación de los pueblos. Una autodeterminación con fines de integración, no exclusión y universalización. Una autodeterminación inquieta y expectante, pero sin bandera, ni himno, ni patria en el tiempo. Como muy bien sentenció el escritor portugués Miguel Torga, âal final lo universal no es mas que lo local sin fronterasâ?,.

Comentaris

Re: Europa: descolocación y recolocación territorial-
06 oct 2003
Análisis ,a mi juicio, correcto y en sintonía con la actualidad
Re: Europa: descolocación y recolocación territorial-
10 des 2003
Está claro que lo que dice el autor es en estos momentos un bridis al sol- Sin embargo su contenido es importante y no se debe excluir la posibilida de que en un futuro tenga razón- En cualquier caso el artículo sorprende por su sustancialidad.
Sevando Sales
Re: Europa: descolocación y recolocación territorial-"Diez horas con la globalización"(google)
03 mai 2004
Coincido con Servando Sales que hoy por hoy los que dice Oscar Sánchez Fernández de la Vega es una absoluta utopía, pero gratificante y no exenta de cierta base. Artículo de una clarividencia sorprendente. Particularmente me parece excelente. Es una premonición que creo está en sintonía con el porvenir.

Xoel Schez.
Colera camping CNT