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Hambre y pobrteza motorizan la rebelión boliviana
26 set 2003
La Paz, septiembre 26, 2003.- Los pobres se están alzando en Bolivia. Campesinos que subsisten arañando la tierra, obreros con salarios de hambre y jóvenes sin futuro, pero con esperanza, son la punta de lanza de la rebelión popular que ha comenzado asomar en el altiplano boliviano
Unos, metidos en la pampa, bloquean los caminos y están imponiendo su ley a fuerza de piedra, coraje y sangre. Otros, bajo el estandarte sindical, se preparan para las movilizaciones y la previsible lucha callejera. Todos ellos van tras un sueño: que el gas natural sea para los bolivianos y sirva para sacarlos de la postración económica y social en la que se encuentran desde siempre.
Siguiendo las instrucciones del âMallkuâ? Felipe Quispe, las comunidades campesinas del altiplano están entrando por turnos al bloqueo, especialmente en las rutas hacia Copacabana, hacia Warisata, Achacachi y Oruro. Su tarea es tejer una alfombra de piedras en todas las carreteras del occidente y extenderla hacia los valles, donde están los campesinos y cocaleros de Evo Morales, que ingresarían en los bloqueos desde el 6 de octubre, tal como anticipó el diputado y dirigente campesino del Movimiento al Socialismo (MAS), Román Loayza, que hasta ahora parece estar muy a la zaga de lo que ocurre en el altiplano.

MARCHAS SÃ?, HUELGA EN VEREMOS
Los que sí se mueven febrilmente son los dirigentes de la Central Obrera Regional (COR) de El Alto, ubicada en la cabecera superior de la hoyada donde se encuentra la ciudad de La Paz. Ellos quieren paralizar totalmente a la ciudad más joven y más pobre de Bolivia, y de allí descolgarse en multitudes hacia La Paz, pasando por las laderas donde están los desocupados, los fabriles, los gremiales, informales y los vecinos más pobres.
Las organizaciones sociales y sindicales buscan garantizar masivas marchas y manifestaciones de protesta, a partir del martes, según la convocatoria de Evo Morales y el instructivo emanado de la Central Obrera Boliviana (COB) del minero Jaime Solares.
Lo que está en duda, sin embargo, es que se cumpla de inmediato la huelga indefinida en los sectores productivos, especialmente en las fábricas de La Paz y del interior de la República. Los fabriles, no obstante de ello, han prometido âhacer temblar la ciudadâ? cada día desde las seis de la tarde. Los mineros harían lo propio, aunque un ampliado previsto para el lunes en Potosí, definirá cronograma, fecha y hora para que los hombres del subsuelo se vuelquen hacia la ciudades, según informó el dirigente minero Juan Cardozo.
En las otras regiones del país, los preparativos también son intensos y los dirigentes de las organizaciones sociales y laborales casi están seguros de que el mayoritario repudio popular contra Goni y el neoliberalismo se traducirá en protesta callejera y bloqueo de caminos. En Oruro, Cochabamba y Beni, los transportistas también anunciaron que se plegarían a la huelga, según explicó Angel Villacorta de la Confederación de Choferes.
En suma, la rebelión popular está comenzando a cobrar forma y, por sus actores y orientación, ya está claro que sus grandes protagonistas serán, otra vez, el hambre y la pobreza, que se han multiplicado velozmente en los últimos tres años.

EL EJÃRCITO DE POBRES
Y es que el ejército de pobres y descontentos se agiganta sin cesar a un ritmo febril en el centro de Sudamérica: cada hora 20 bolivianos se hunden en la pobreza y siete de ellos en la indigencia y en la marginalidad.
Evaluando la información estadística oficial, Econoticias pudo detectar que hora que pasa 12 bolivianos en el área urbana y 8 en el área rural quedan atrapados en las redes de la pobreza. Este promedio, que se mantiene a lo largo de los últimos tres años, ha contribuido para que ahora dos terceras partes de la población estén por debajo de la línea de la pobreza: un tercio pasando hambre y otro apenas con lo mínimo para comer.
Los nuevos pobres, hombres y mujeres de toda edad, provienen en su mayor parte de los hogares de los desempleados, de las clases medias empobrecidas y en desgracia, de los migrantes de los pueblos del occidente y de los hogares que reproducen constantemente la pobreza en el agro y los barrios marginales.
Las profundas desigualdades sociales, el estancamiento productivo y la debacle económica que agobia a los sectores productivos más importantes de la economía interna han sido de tal magnitud, que en los últimos tres años el número de pobres aumentó en Bolivia en 513 mil personas. Hoy están en la pobreza 5,6 millones de los ocho que viven en el país.

CRECE LA MISERIA EXTREMA
El análisis de la información oficial disponible muestra también que hay un marcado y alarmante deterioro de las condiciones de vida y subsistencia de la población. No sólo que crece la pobreza sino que también se multiplica la extrema pobreza e indigencia.
En la Bolivia de hoy, la pobreza se está volviendo miseria extrema e indigencia. En promedio, cada hora caen en la extrema pobreza por lo menos siete bolivianos.
Según los registros oficiales, en los últimos tres años, 200 mil bolivianos ingresaron al submundo de la pobreza extrema, donde el denominador común es la subalimentación y el hambre. Hoy, más de dos millones de bolivianos pasan hambre.
La precariedad se ha hecho tan extrema, que se estima que la cuarta parte de la población que vive en las ciudades capitales y provinciales sobreviven con menos de 80 centavos de dólar al día. En el área rural, un poco más de la mitad de la población sobrevive con menos de 60 centavos de dólar al día.
.En este segmento poblacional están los hogares de los aproximadamente 350 mil desempleados, que carecen de ingresos, y de cerca de otro millón de trabajadores subocupados en empleos de muy baja calidad, sin protección social ni laboral y con ingresos insuficientes. En el último quinquenio, la tercera parte de los obreros perdió el empleo.

MÃ?S DESIGUALDADES
Pero así como se expande la pobreza extrema en la base de la sociedad, en la cúpula aumentan las riquezas, la corrupción y el despilfarro. Según las cifras oficiales, la quinta parte de las familias más acomodadas del país disponían en el 2002 de un ingreso familiar que era 44 veces mayor al obtenido por la quinta parte más pobre.
Otros indicadores de la creciente inequidad y desigualdad social muestran que cinco mil familias acaudaladas tienen casi 1.700 millones de dólares depositados como ahorros en la banca comercial, mientras que 600 mil familias pobres deben sobrevivir con menos de 50 dólares al mes, según datos del INE y de la Superintendencia de Bancos.
En un lado están los autos de lujo, los viajes a Miami, los sueldos mensuales de 60 mil bolivianos que ganan muchos jerarcas del régimen y los hoteles de cinco estrellas. En el otro, tres millones de personas sin acceso a la luz eléctrica ni agua potable.
Cifras y razones suficientes para que el ejército de pobres y descontentos salga a bloquear los caminos, proteste en las calles de las ciudades y amenace con derrocar al gobierno del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, un millonario que ha hecho fortuna explotando las minas de Oruro y Potosí, las regiones más depauperadas y empobrecidas del país.
Así, detrás de las demandas por recuperar el gas, hoy en manos de las transnacionales, está el sueño de los bolivianos de a pie por tener un empleo digno, por tener el pan de cada día y vivir con dignidad. âNo somos animales, no somos salvajes, somos gente humana (...) el Gobierno debería respetarnos y no balearnosâ?, dice ante las cámaras de la red uno de televisión, un campesino plantado en medio de la carretera que apunta hacia La Paz.
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