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Anàlisi :: ecologia
La era de los incendios que ya no podemos apagar
29 nov 2022
06-08-2021 / Con los incendios actuales estamos entrando en una nueva realidad. Son incendios que pueden arder durante semanas o meses y que solo se apagan cuando llueve.
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La era de los incendios que ya no podemos apagar.pdf (47,75 KiB)
Este año, las llamas vuelven a devorar millones de hectáreas en distintos puntos del globo terráqueo. Y lo hacen de una forma que parece cada vez más voraz. Siberia, que lleva ardiendo desde mayo, ostenta el récord de área quemada con unos dos millones de hectáreas. Canadá y California se han enfrentado a unos incendios fuera de estación (esto es, que ocurren antes de lo habitual) que han obligado a evacuar a miles de personas.

España ya ha sufrido sus primeros grandes incendios de la temporada y ahora vemos cómo el fuego amenaza zonas turísticas en Grecia y Turquía. También observamos cómo el fuego está volviendo a la Amazonia.

¿Qué está pasando? ¿Por qué ocurren cada vez con más frecuencia estos incendios catastróficos y qué consecuencias tienen? Y, sobre todo, ¿tienen algún límite los incendios actuales o seguirán aumentando?

Incendios que no se pueden apagar

Con los incendios actuales estamos entrando en una nueva realidad. Se trata de incendios que ya no podemos apagar. Son incendios que pueden arder durante semanas o meses y que solo se apagan cuando llueve.

Lo vimos en los grandes incendios de Sídney en 2020, cuando ardió el 21% de los bosques a lo largo de todo un verano. Esos incendios solo se extinguieron con la llegada de las lluvias. Huelga decir que los incendios que se extienden por el 21 % del área forestal no son normales. Hasta entonces, lo habitual era que quemaran menos del 1 % anualmente. Se trata, por tanto, de incendios sin precedentes.

Algo parecido está ocurriendo estos días en Turquía donde, salvando las distancias, algunas zonas llevan afectadas por incendios casi dos semanas en el momento de escribir estas líneas. En el Mediterráneo, esto es algo inaudito.

En Grecia se han llegado a sufrir 81 incendios en un día. No hay sistema de extinción capaz de abordar tantos frentes a la vez. A ello debemos sumar que muchos de estos incendios tienen un comportamiento tan errático e impredecible que llegan a poner en peligro la propia seguridad del sistema de extinción. Es decir, que ni se dispone del personal ni de los medios para apagar tantos incendios y, el disponible, en muchas ocasiones, no puede ni tan siquiera acercarse.

El principal causante de esta nueva ola de incendios lo encontramos en el estado de la atmósfera. Una atmósfera que está cada vez más cargada de energía procedente de la quema de combustibles fósiles. Una atmósfera, por tanto, con un poder desecante extraordinario que se acentúa en las jornadas con olas de calor como las que se viven estos días en Grecia y Turquía.

Un problema que irá a más

Se ha repetido en numerosas ocasiones que el problema de los incendios yace en las colillas, en los pirómanos, en los eucaliptos o en los pinos. Se habla de terrorismo incendiario y se distrae la atención del problema principal. Los bulos y los intereses de distintos grupos de presión han generado debates artificiales que han favorecido el inmovilismo y la inacción. Y ahora, seguramente, ya es demasiado tarde.

Si se tratara de un cáncer, se podría decir que estamos entrando en la fase cuatro: metástasis. Si hubo un tiempo en el que los incendios, o por lo menos una parte importante, se podían prevenir a través de la gestión forestal, ese tiempo se está acabando. Décadas de dejadez en la gestión del territorio forestal y rural han creado un problema tan expandido que la solución es cada vez más lejana y ya raya el punto de ser irreversible.

Nos estamos acercando al punto en el que el potencial desecante de la atmósfera es tal que se tornan inflamables zonas que, hasta ahora, no podían arder debido a su elevada humedad o a su escasa carga de combustible. Volviendo al caso de Sídney, el 66 % del área quemada había experimentado un incendio recientemente, por lo que no habían tenido tiempo de acumular grandes cantidades de combustible.

Incendios sin límites

Ahora el gran peligro lo tenemos en las zonas de gran continuidad boscosa: Pirineos o Selva Negra en Europa y en las montañas andinas en Sudamérica. En uno de nuestros estudios más recientes hemos cuantificado el margen de seguridad que aporta la humedad elevada en estos ambientes. Dicho de otro modo, hemos medido cuánto se tiene que secar la atmósfera para que esas masas boscosas ardan como una pila de cerillas.

Y los resultados no son esperanzadores. En Pirineos, por ejemplo, los grandes incendios forestales se dispararán en esas zonas si las olas de calor aumentan entre 3℃ y 8℃. Es decir, olas de calor como las que se viven ahora en Grecia, o como las que se vivieron en el pueblo de Lytton (Canadá) cuando el 90 % de sus casas fueron calcinadas hace unas semanas.

No quiero acabar este artículo sin recordar que el problema de los incendios no es un problema ecológico, sino humano, social y económico. El bosque suele volver tras el incendio. El problema principal son las vidas humanas que se pierden, y después las casas y propiedades que se consumen. Pero también es un problema de salud pública de primer orden para los pueblos y ciudades cercanas a los incendios. La inhalación de humos actúa como inmunodepresor y conlleva enfermedades respiratorias, particularmente graves en mujeres embarazadas y neonatos, así como en las personas mayores.

Bienvenidos a una nueva era de incendios forestales.

* Víctor Resco de Dios, Profesor de Incendios y Cambio Global en PVCF-Agrotecnio, Universitat de Lleida.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original https://theconversation.com/la-era-de-los-incendios-que-ya-no-podemos-ap

fuente: https://www.climatica.lamarea.com/era-incendios-no-podemos-apagar

republicado (con PDF y Audio): https://ecotropia.noblogs.org/2022/11/6692

This work is in the public domain

Comentaris

Re: La era de los incendios que ya no podemos apagar
30 nov 2022
Se nota que no has trabajado en bomberos, porque ignoras que la mayoría de incendios forestales nunca se pudieron apagar con nuestros medios. Ni ahora ni nunca.

Los indencios forestales por lo general sólo se pueden reconducir, frenar, y lo que más se cacarea es que se controlan. Al final el incendio tiene que agotar sus recursos, y se busca en qué parte o en qué momento es viable buscar su detención o control.

Un incendio se extingue cuando se muere, y no porque echemos billones de toneladas de agua ni enterremos todo un valle, lo cual es imposible.

Y una última cosa: La continuidad de los bosques es necesaria para la supervivencia de los animales. Ya sabes... eso de que puedan encontrar otros miembros de la especie para reproducirse o incluso para buscar de comer. El corte del territorio con urbanizaciones y carreteras a nivel sólo camina hacia la extinción.
Re: La era de los incendios que ya no podemos apagar
01 des 2022
Hola, este articulo ha escrito un profesor? Vaya chorrada! Si las perdidas humanas, de casas y propiedades son lo más importante para ese genio, supongo que nunca ha pisado un bosque, ni sabe nada de las verdaderas causas de los incendios. La 'cultura' de la tierra quemada que se practica mediante la política y economía desde las villas burgueses con sus ayuntamientos de mierda turnando quien da la cara más idiota y hipócrita es la causa numero uno de los incendios!
Las explicaciones que nos da ese 'cientifico' son las que el poder interesa que la gente debe que 'opinar' para que nadie cree en las 'conspiraciones' de los pirómanos profesionales. Pura estrategia de lavar los cerebros del personal y parece que funciona perfectamente...!
No todos los crimenes humanos pueden ser atribuidos al 'cambio climatico' (que en realidad es también un crimen humano), solamente los/las ignorantes de la realidad creen que todos son malas rachas o casualidades lo que toca, pero todo está relacionado, no hay que creer sus mentiras! Quieren que todo sigue igual y nadie se rebela contra el sistema o la civilización de nuestra plaga! Que arden los palacios y centros comerciales!
Re: La era de los incendios que ya no podemos apagar
03 des 2022
Parece que el sarcasmo ha entrado en "la escuela de incendios", el profesor nos da la "bienvenida" y nos prepara anticipando "una nueva era de incendios forestales". Su segundo apellido y dedicarse al "cambio global", son las partes complementarias del sarcasmo. Si no fuera real, hasta parecería que se están burlando en nuestras narices.

Habría que informar a este profesor que sin incendios, esas preocupaciones por las dolencias de salud pública provocadas por ellos, no existirían y por tanto no sería lo prioritario. Es cierto que es alarmante el efecto inmunodepresor de la inhalación de humos, tanto como el efecto nocivo que produce la misma explotación laboral o la vida en precario, pero de estas cuestiones ni se acuerdan y no nos recuerdan que también es preciso erradicarlas.

Estoy de acuerdo con "bumberillu", el fuego, dirigido por el viento y mantenido por la temperatura de la tierra, se detiene porque devora todo lo que encuentra a su paso hasta que ya no queda nada más que arrasar. Las actuaciones de forestales, bomberos y toda suerte de recursos, son encomiables y no se pueden subestimar, pero no suele ser lo que acaba determinando la extinción del incendio en un bosque. Solo hay que recordar el papel principal que juegan el viento o la lluvia en la extinción o su expansión.

El abandono de los entornos naturales por parte de ayuntamientos y todo tipo de administraciones, es determinante, pues el fuego tiene todo el combustible posible, como para mantenerse activo por tiempo indeterminado y alcanzar proporciones desconocidas hasta hace un tiempo.

Antaño, cuando todavía había vida y alegría en las zonas rurales, lxs lugareñxs se encargaban de no dejarle espacio al fuego. A medida que paulatinamente se fueron despoblando y abandonando los pueblos, los ayuntamientos prefirieron invertir las recaudaciones de impuestos en destruir los montes, en vez de cuidarlos y en ser parte del espectáculo turístico.

Es así cuando, tras emigrar a las grandes ciudades y conseguir cierta estabilidad económica, que se crean numerosos planes urbanísticos en espacios naturales, urbanizando, "legal" e "ilegalmente", gran parte de la costa y paulatinamente muchas zonas de montaña, para segundas residencias, complejos hoteleros y estancias o villas turísticas y vacacionales e incluso multitudinarias actividades deportivas y de ocio.

Los entornos naturales han soportado el peso de una masificación explotadora descontrolada y desenfrenada, que se ha desplazado hasta los territorios antes salvajes, dejando a su paso un paisaje poblado con sus basuras y desperdicios. Los masificados desplazamientos vacacionales, son un tremendo negocio que enriquece a numerosos sectores productivos y empresariales que, ávidos de codicia, han dejado que se exprese su desmesura con el apoyo institucional de las administraciones, cómplices necesarias para tal desatino.

Nuestra cultura, sostenida desde un sistema de acumulación capitalista y productor de infinitas opresiones y falsas necesidades, hace miles de años que ha dado la espalda a la naturaleza. Y ese es un camino muy complejo para desandar si no existe una mínima conciencia y empatía hacia las múltiples formas de vida, algunas mucho más antiguas que las de los seres humanos.

Y esa conciencia que nos hace sentir una parte más de la naturaleza y no su "dios" vengativo y dominador, necesita desprenderse de actitudes como el individualismo o el sentimiento de propiedad. Alguien puede decidir ser eremita, pero nuestra condición humana es social por naturaleza y eso lo hemos olvidado creando diversas estructuras de jerarquías, que desarrolla la peor versión de la ambición.

La cultura en la que hemos crecido y fortalecido, ha promovido desde su origen, la creación de grandes ciudades y cuanto más grandes, más recursos se han destinado para extenderlas mucho más. Esas políticas de las megalópolis, es lo que ha empobrecido los entornos rurales acaparando sus recursos naturales, provocando la huída de los habitantes de pueblos por la falta de oportunidades y recursos, hacia las grandes ciudades que lo acaparan y devoran todo.

Por lo general, en las ciudades tenemos una falsa e idealizada concepción de la vida en entornos naturales. No es fácil decidirse a abandonar las "comodidades" consumistas de las grandes ciudades, por lugares en los que apenas hay comercios, servicios o lugares para el ocio. Sin embargo fantaseamos con ideas muy bucólicas y desacertadas cuyo romanticismo desaparece inmediatamente cuando te encuentras limpiando un bosque o un pequeño terreno en la montaña, o abriendo un grifo del que no sale agua si últimamente no ha llovido.

La publicidad en toda esta idealización, cumple la perversa función de hacernos soñar con la idea de algún recóndito paraíso. Nos hablan de un remanso de paz y tranquilidad que bruscamente se ve alterada e interrumpida, cuando oyes los gritos constantes de tus vecinxs más cercanxs o los motores y portazos de sus vehículos. Recuerdo que un compañero que se dedicaba a la ganadería autóctona, me decía que ellxs sabían siempre cuando llegaban "els pixapins", nombre que utilizaban para referirse a los urbanitas, pues encontraban desmontadas las cercas que tenían para evitar que las vacas fueran a la carretera, o les oían gritar mientras se divertían en los terrenos que tenían en barbecho. Eso en los mejores casos, pues también entraban con sus vehículos 4X4, como si los campos fueran circuitos de competición o se bañaban en las balsas de agua que recogían para regar los huertos y dar de beber al ganado e incluso algunos colocaban tumbonas para tomar el sol, mientras sus hijxs gritaban mientras jugaban al escondite o a la pelota.

Sinceramente, los seres humanos nos hemos convertido en la plaga más perjudicial de este planeta y nuestra extinción es necesaria para su supervivencia. Eso, o tomar conciencia de que nada es nuestro y que debemos de preservarlo para que quienes nos precedan, aprendan también a vivir con la naturaleza y ser una parte más de ella.

Estoy completamente de acuerdo que "la continuidad de los bosques es necesaria", es más, diría que urgentemente necesaria. Disponemos de elementos tan indispensables como el agua porque los árboles forman parte fundamental de su ciclo. Sin árboles, el ciclo del agua se quiebra, y no podemos olvidar que el agua es vida, de ahí que las misiones espaciales de las grandes potencias económicas, busquen con tanto interés agua en otros planetas, quizás porque ya han puesto fecha de caducidad para este y lo llevan hasta su agotamiento.

Territorios con reservas de agua tan importantes como los del Amazonas, están perdiendo parte de la humedad a causa de las grandes deforestaciones y numerosos incendios provocados, para el beneficio de las industrias madereras o para que los grandes terratenientes y las multinacionales los utilicen en su ganadería o agricultura intensiva y transgénica y sus industrias extractivistas que, además, necesitarán de infraestructuras viarias para el transporte de sus mercancías, provocando una enorme y profunda herida a la selva y la extinción de sus pobladores, algunos de ellos parte de los pueblos conocidos como "no contactados".

No es la sequía la principal responsable de crear las condiciones idóneas para el fuego, sino la deforestación la que hace que el terreno se seque y alcance temperaturas más altas de las habituales y no se reproduzcan las lluvias necesarias para mantener la humedad de los bosques. Cuando el ciclo del agua deja de producirse y aparece el ciclo de la desertización y la permanente devastación que lleva al proceso del cambio climático.

Los incendios, el cambio climático, la sequía, etc..., todos son consecuencias de la actividad humana, principalmente la industrial, todas aplicadas desde la lógica acumulativa capitalista. El profesor alerta de unas consecuencias y, aunque no acierte plenamente en la exposición de los incendios, sólo alude de pasada y sin entrar en detalle, en que "el problema de los incendios" es "humano, social y económico".

Efectivamente, más allá de la inoperancia de medios para la extinción de los incendios, lo fundamental para evitar que se sigan produciendo, es acabar con el capitalismo y sus lógicas productivistas y devastadoras, siendo conscientes de que es preciso cambiar nuestras relaciones con la naturaleza y los seres vivos que habitan en ella. Si lo conseguimos y se produjera algún incendio, probablemente no encontraría la complicidad sistémica contra la naturaleza y se extinguiría con mucho menos esfuerzo y un menor derroche de recursos.

De la misma manera que no podemos permitir que los gobiernos dirijan nuestras vidas, tampoco deberíamos consentir que gestionaran las emergencias que ellos mismos crean. Ya hemos visto las disparatadas medidas que aplican y como protegen siempre los intereses de las grandes corporaciones, sin importarles demasiado nuestras vidas. El pensamiento neoliberal sostiene que las vidas de lxs trabajadorxs, pueden ser reemplazadas y sustituidas, las de las grandes corporaciones o las multinacionales, no. Y para sostenerlo, invierten lo preciso y necesario para domesticarnos.

Alimentar el fuego para que arda el capital, es la principal medida contra el avance del cambio climático y todas las amenazas que penden contra la naturaleza y las vidas que dependemos de ella.

Re: La era de los incendios que ya no podemos apagar
06 des 2022
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Sindicat Terrassa