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Comentari :: antifeixisme
Contralobuznez: mi paso por el nazismo
24 jun 2022
Sé muy bien que lo que me atrajo del nazismo fue, primero, la persistente insistencia cultural en meterme en la cabeza que era algo prohibido, algo de lo que hacía mejor no sabiendo absolutamente nada. Desobedecí.
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Sé muy bien que lo que me atrajo del nazismo fue, primero, la persistente insistencia cultural en meterme en la cabeza que era algo prohibido, algo de lo que hacía mejor no sabiendo absolutamente nada. Desobedecí.

Posteriormente, a cuestas siempre con las ideas suicidas, la soledad, el no percibir más que golpes de las demás personas pese a dejarme la salud intentando encajar, anulando mi personalidad para adaptarme a ellas, siempre, siempre, siempre siendo para las demás, resulta que me cansé.

Entonces llevaba más de 10 años siendo un vegano muy estricto, y tuve incluso alguna condena por activismo animalista.

Pero ¡ay!, ya no podía más. Sabía que habría bastado con tener a 1 persona a mi lado con quien hablar, pero por aquel entonces lo corriente era que me pasara semanas e incluso meses sin hacerlo con nadie.

De la escuela me expulsaron con 12 años, después, mis amigos empezaron a hacerme el vacío, y mi familia, una vez roto del todo con 15 años, hicieron lo mismo.

Nunca le dí mucha importancia, pero, entre abandono y abandono, también me pesaba el hecho de ser adoptado. Parecía como si mi destino fuese el abandono.

Pedí ayuda a la psiquiatría y me hicieron adicto al Lorazepam. Mi primer psiquiatra (o camello) me dijo como despedida “vete a la mierda”.

Pedí ayuda contra la adicción y me encerraron en el psiquiátrico. Ahí dentro llegaron a inventarse que me habían encontrado un montón de THC en sangre y me coaccionaban con ello para no dejarme salir. Cuando yo llevaba más de año y medio sin consumir. Cuando era yo quien había decidido por propia voluntad ingresar en un centro de desintoxicación. Los y las residentes de psiquiatría si reían de mí en mi propia cara. Dejaban que me mease encima.

Después de salir de ahí, medicado con antidepresivos y antipsicóticos, más el diagnóstico de esquizofrenia paranoide, dejé a mi pareja y toda esa mierda de medicación. Volverme otra vez un adicto, no sentir absolutamente nada, ser básicamente un vegetal, no me interesaba.

El caso es que, como antes de desintoxicarme, seguí solo, todavía contra mi voluntad. No salía de casa para nada y los ruidos, a los que siempre he sido muy sensible, estaban conmigo 24/7 y me destrozaban la mente.

Nadie quería saber nada de mí cuando yo llevaba toda la vida sacrificándome por los demás.

La idea de acabar de una vez con todo empieza a ilusionarme. El suicidio es un pensamiento que me hace feliz. El único.

Con 32 años me diagnostican cáncer. Y no encuentro comprensión ni cariño en nadie, ni en los médicos ni, tampoco, y como era de esperar, en la familia o “amigos”.

Aquí, poco antes del diagnóstico, cambio el chip. Le pregunto a mi inconsciente: ¿qué quieres que haga para no matarnos? Su respuesta: deja el veganismo.

Una vez dado el paso, abandonado el veganismo después de haber sido una parte fundamental de mí durante tanto tiempo, no me costó caminar por otros senderos, los cuales años antes habría jurado que no seguiría nunca, y me adentré por el mundo de lo prohibido. En mi caso, habiendo sido hasta entonces una persona extremadamente ética, me forcé, con alegría, a explorar el lado opuesto.

La sociedad me negaba. La sociedad me estaba matando. Y el nazismo me ofrecía la oportunidad de ir contra ella. Mi corazón saltaba contento al saberse ahora un verdadero monstruo para la sociedad. Todo el odio arrojado contra mí ahora cobraba un sentido. Ahora podía controlarlo, y alegrarme por ello.

La tortura es lo que me llevó al nazismo.

Y lo dejé.

Y la tortura sigue ahí.
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