Imprès des de Indymedia Barcelona : http://barcelona.indymedia.org/
Independent Media Center
Notícies :: guerra
Sindromo de fomo.
18 mar 2020
La amenaza del corona virus.
forbidden
¿Han visto a mucha gente en los supermercados salir con sus carritos cargados de rollos de papel higiénico? Si, ¿verdad? Pues para dejar en claro, el corona virus no ocasiona transmisión rectal (¡“Operación Cronos! ¡No podemos decir eso! Bueno, lo digo con léxico más suave y semántico: ¡El coronavirus no entra por el culo! La paranoia, desesperación injustificada de quedar sin algo, el miedo y pavor, el terror psicológico, lleva a que cierta gente no piense, y a que actúe mecánicamente por instinto de sobrevivencia, a tomar medidas irracionales que no concuerdan con la realidad, al interpretar peligros de forma desmesurada, desproporcionada y con una mentalidad egoísta, muy antisocial. ¡Sálvese quien pueda! Exclaman, y pisotean a todo el mundo en aras de obtener su propia salvación. Así se crean las falsas demandas y carencias de artículos de necesidad, que los necios ocasionan en el mercado. El desabastecimiento a su vez afectara a otras personas cuerdas que no caen en el pánico, pero a su vez serán presionadas a comprar esos mismos artículos de primera necesidad, pues ellos tampoco pueden vivir si ellos, así, se crea un círculo vicioso en que una acción empuja a la otra recíprocamente. Peor aún, si el Estado no se hace cargo, y repone esos artículos o los declara de publica necesidad. Racionarlos daría también como resultado la inaccesibilidad a ellos, y situaciones de crisis. No faltan los inescrupulosos criminales que se aprovechan de la situación, y acaparan, acopian y atesoran productos y los revenden más caros, para medrar con las necesidades ajenas, así funciona el mercado capitalista, también. Todavía el sistema de clasificación de trastornos mentales DSM-IV-TR carece de un diagnostico especifico, para caracterizar o diagnosticar este problema, y lo más próximo es la definición “histeria epidémica”. Se menciona también la Enfermedad Psicogénica de masas (MPI), también llamada Enfermedad socio génica masiva o enfermedad socio génica, que es: “la rápida propagación de signos y síntomas de enfermedad que afectan a los miembros de un grupo cohesionado, que se origina de un sistema nervioso que implica excitación, pérdida o alteración de la función, por el cual las quejas físicas que se exhiben inconscientemente no tienen una causa orgánica correspondiente” (Bartholomew, Robert; Wessely, Simon (2002). «Protean nature of mass sociogenic illness». The British Journal of Psychiatry 180: 300-306.) La histeria colectiva injustificada puede tener también origen en los medios de difusión de masas, cuando hay un objetivo en estos a promoverlos, de manipularlos, con una u otra intención. Pero en cuanto a pandemias declaradas como tal por la OMS y expertos a nivel mundial, descarto este caso (el del coronavirus), aunque no descarto que algunos sean beneficiados por el, queriéndose aprovechar de la situación y del miedo colectivo, para sacar agua a su propio molino. De todas formas, aunque pueda parecer exagerada la prensa a menudo, (ellos ganan vendiendo noticias, e incluso fabricándolas o manipulándolas, cuando no también, ocultándolas) es mejor hablar que no hablar del problema. Mejor prevenir que curar, pues negar esta plaga y querer mirar para el costado, es tan necio como querer negar que la pandemia existe. El sol no se tapa con el dedo. Y, además, esto requiere de la cohesión y unidad de todos, concertada y coordinada, contra ese enemigo en común, que amenaza a la humanidad. Que haya además otros peligros tanto o más graves para el mundo (como el peligro de guerra atómica, o la polución y el cambio climático ocasionado por la sociedad capitalista, por ejemplo) es otra cuestión, que no se debe ni posponer, pero tampoco contraponer dicotómicamente a este, abordemos todos los males a la vez al mismo tiempo, luchando contra todos ellos. Una cosa no quita la otra, abordemos todo esto sin estrecheces, pero con visión global, y, sobre todo, previniendo acontecimientos y situaciones futuras. La sociedad está dividida en clases sociales, cada una con sus propios intereses, pero también debe haber intereses comunes en problemas comunes, trascendentales, de supervivencia: el enemigo fundamental que amenaza a todos, inclusive en muchos casos, a la biosfera entera del planeta. Actuemos pues con responsabilidad. Quizás estas experiencias de luchas comunes coyunturales, de emergencia, ayuden al humano a actuar en común, y que los pueblos adquieran experiencia de lucha mancomunada contra todos los males que acechan y amenazan al humano, y no solo hablo de las catástrofes naturales, sino también las catástrofes que genera y puede generar el humano cuando se olvida del semejante, y solo ve, ante todo, sus intereses egoístas e inmediatos, rematando el futuro mediato. ¿Como debe actuar el Estado ante tales situaciones? Esta demás decir que no es fomentando el pánico, y no creo lo haga, por más que siempre surjan los conspiranoicos de siempre, que piensan que el hombre nunca llego a la Luna y de que todo es una farsa e invento. El Estado debe tomar medidas de emergencia, excepcionales, pero tampoco de violación de derechos humanos, aunque a veces se vean restringidos los particulares en necesidad de salvar los generales (la finalidad justifica los medios, pero no siempre es así, si se abusa, y si se aprovecha de la situación por parte de grupos de interés). Creo que el Estado, decía, debiera cubrir las necesidades agudas que requiere la población en cuanto a medicinas, artículos de higiene específicos contra el problema concreto, produciéndolos el mismo, financiándolos y distribuyéndolos entre la población, gratuitamente, si es necesario, ya que la función del Estado es velar por la salud de la población, y no velar a los muertos por inacción. Y agregaría al final, otra consigna, por la que he luchado toda mi vida (contra el peligro de la espada de Damocles de Guerra Mundial Nuclear, que pende sobre la cabeza de los humanos: Mejor activos hoy, ¡que radioactivos mañana!
(Por: Sebastian Bestard, terapeuta en adicciones, con estudios en psicología y psiquiatría.)

This work is in the public domain
Sindicat