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El hipnotismo social
08 des 2019
Hipnotismo social es un término que Tolstoi utilizó en su época para mostrarnos cómo el Poder manipula a las masas para someterlas. Y aunque hace dos siglos del autor de Guerra y Paz, La guerra ruso-japonesa o de La verdadera vida, el concepto está aún más vigente que entonces, cuando no existía la televisión y se leía poco, pero existían bien asentadas las dos fuentes principales del hipnotismo: el estado zarista y represor y los popes “ atontadores”. Hoy tenemos el neoliberalismo destructor social y medioambiental como enfermedad senil del capitalismo, los gobiernos -servidores del becerro de oro en todas partes-como enfermedad senil de la política, las Iglesias seniles como tapadera moral del conjunto y los grandes medios como narcotizantes activos y activistas para hacernos creer entre todos que el mundo está bien como está. El hipnotismo colectivo está servido.
Para que “El Sistema” -en cualquiera de sus expresiones- pueda existir y dirigir en su propio beneficio a millones de personas capaces de pensar, hasta el punto de que un número multimillonario de personas se identifiquen con él, necesita poner en marcha un bombardeo publicitario y propagandístico permanente. Aquí intervienen los innumerables sub-sistemas al servicio de las superestructuras de los poderes políticos, religiosos y económicos para atraparnos en sus redes como inocentes pececillos, porque conocen, desde luego, nuestras debilidades. Las estudian, y luego las explotan a su favor.Para eso las encuestas, los medios de persuasión de masas mal llamados “ de comunicación” colegios y universidades, curas, tertulianos….y los silencios interesados de todos sobre cualquier asunto que pudiera deslucir al conjunto. Aquí todas las piezas deben encajar lo mismo que en un puzle, y las disonancias nunca son bienvenidas, razón por la cual se pretende asociar “antisistema” con “presunto delincuente”, algo que cala sin duda en la médula emocional de los ingenuos y desinformados. Las masas, pues, deben ser adiestradas para desconfiar de cualquier opinión discrepante de las versiones oficiales que pudiera despertarlas del hipnotismo. Si, por ejemplo, el Estado nos dice que restringe nuestra libertad para protegernos del terrorismo, debemos creer que es verdad, y si la Iglesia nos dice que María subió al cielo con cuerpo y todo y es la madre de Dios (y por tanto en un plano superior al mismísimo Creador ) debemos creer a la Iglesia. Contradecir al primero por restringir libertades y derechos puede ser hasta delito; a los segundos, pecado mortal. Ay…

Todos queremos vivir en libertad y tener la capacidad de decidir si no hemos sido seducidos por alguien hasta el punto del atontamiento. Vivir libre es una ley espiritual grabada en nuestra conciencia por el Dios Libre, que nos hizo originalmente a Su imagen y semejanza.Pero si no es posible rescatar nuestra libertad encarcelada por el miedo y los “ mantras” inducidos desde fuera a nuestra conciencia, añadidos a nuestros propios defectos autoprogramados, ¿ podremos gozar de libertad externa?…Se precisan ambas condiciones, pero cuando no existen solemos empezar por reclamar equivocadamente a quienes creemos que tienen en su poder nuestra libertad aparente. Pero ¿qué sistema social, religioso o político puede regalarnos aquello que en realidad poseemos “ de origen”, que por derecho nos pertenece, que es tan propio de nuestra condición espiritual como las hojas lo son del árbol? ¿Por qué pedir libertad justamente a los mismos que tampoco la tienen más que en apariencia y que están ahí para restringir la nuestra para que podamos serles útiles?…Nadie puede darnos aquello que no tiene, ni quedarse con lo que no es suyo.Asumamos nuestra libertad. Eso es todo.La demás, la externa, vendrá necesariamente. Para liberar a un esclavo no basta con quitar sus cadenas físicas; es preciso que elimine las que encadenan su conciencia al miedo, a considerarse inferior que el esclavista, y cosas de esa índole.

Quienes ofician en nombre del Sistema para “ajustar las piezas hipnóticas de nuestro sometimiento” insisten en hacernos creer que desean lo mejor para nosotros los políticos, militares, jueces, periodistas, expertos en esto y aquello, diplomáticos, representantes eclesiásticos o de multinacionales, y otros apéndices medianos y menores de cualquier César de este mundo y de sus aliados. Si acaso, desean lo mejor para sí mismos, para mantenerse en el sitio que están y del que no desean ser desalojados: a la derecha del César de turno, y no a la derecha de Dios.¿Cuántos de ellos se ponen frente al César cuando es injusto, violento, manipulador, mentiroso, inmoral, o decreta la guerra?… Ellos han elegido su bando, sí. Pero ¿ debemos seguir un juego que no es el nuestro?… Porque el nuestro estar despiertos para evitar que el hipnotizador duerma a quienes pueden pedirle cuentas.

Patrocinio Navarro Valero

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