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Jeanne Deroin, la mujer que plantó cara a Proudhon
29 oct 2019
Jeanne Deroin (Jeanne-François Deroin) nace en París el 31 de diciembre de 1805, y muere en Londres el 2 de abril de 1894. Destaca por su labor política, periodística y feminista, pionera de las ideas socialistas y los derechos de las mujeres, en el siglo XIX. Fue costurera autodidacta en sus principios, iniciándose luego al periodismo militante, para luchar por la emancipación femenina y los derechos de las mujeres. Empieza a estar políticamente activa cuando participa en la difusión y prensa periodística que más adelante señalaré. Se casa en 1832, pero no llevará los apellidos del marido, se niega, por ello se hizo una ceremonia civil. Su marido fue Antoine Ulysse Descroches, compañero sansimoniano; y fue madre de tres hijos.
Como veremos a continuación, realizó una labor social y política muy importante, y es por ello por lo que su persona debe ser recuperada. En La Cosaca queríamos relatar apuntes biográficos, recogiendo citas de su vida y su labor, recalcando su acción de protesta en 1846 que nos sirve de acontecimiento simbólico de la lucha feminista, junto con el enfrentamiento que tuvo con el anarquista P. J. Proudhon. Al final del artículo se realizará una pequeña reflexión final de prácticas machistas bajo la óptica anarquista.

Labor social y política de Jeanne Deroin
Jeanne Deroin participó en el diario La femme libre, la primera publicación feminista escrita por únicamente mujeres. Dirigió un periódico socialista llamado La Voix des Femmes con Eugénie Niboyet y Désirée Gay. Fundó el Club de l’Emancipation des Femmes. Participó en la creación de la Union des associations ouvrières (Unión de las asociaciones de trabajadores). Fundó también dos periódicos La Politique des Femmes y L’Opinion des Femmes, junto con Pauline Roland. Ambas, fueron acusadas de atentar contra el orden público y la pena de cárcel de Jeanne Deroin fue de seis meses (más tarde contamos el caso de Janne). Escribe y difunde principalmente artículos periodísticos, panfletos, cartas dirigidas.

Destacamos que escribió un ensayo inspirado en la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana de Olympe de Gougues. Allí, Deroin argumentó en contra de la idea de que las mujeres eran inferiores a los hombres. También aportó reflexiones sobre las diferencias entre sexos, y si éstas justificaban la subyugación de la mujer. Comparó el matrimonio con la esclavitud. Esto precisamente, podemos verlo en la discusión entre Pierre Joseph Proudhon, que luego expondré.

Su prioridad, como hemos visto, eran los derechos de las mujeres en el trabajo remunerado o productivo como hoy lo entendemos. Para Jeanne Deroin, las mujeres merecían la igualdad civil y política, así como su posición de ciudadanas. Es decir, la libertad social y la igualdad era lo que ella quería para las mujeres, casadas o no.

Jeanne Deroin escribe el 28 de enero de 1849 un texto en L’Opinion des Femmes, donde escribe que al grabar las palabras Libertad, Igualdad y Fraternidad en la bandera de Francia, la Revolución de Febrero reconoció los derechos del pueblo y los derechos de la mujer. Pero no fue así porque los derechos de las mujeres no vinieron junto con otros derechos sociales y civiles que sí disfrutaban los hombres. Por otro lado, Deroin argumenta en contra de la moral religiosa.

“No entienden que la salvación de la humanidad depende del triunfo de la ley de Dios, los derechos del pueblo y de las mujeres. Nuestro deseo más ardiente es que esta verdad, de la que depende nuestro futuro, se grabe en cada corazón. Es hacer que las mujeres comprendan que para ellas no es sólo un derecho sino una obligación intervenir en estas luchas desagradables, el triste resultado de la opresión, el sufrimiento, la miseria y el egoísmo. Sólo ellas pueden elevarse por encima de estos odios sectarios y que dividen a los hombres, y pueden enseñar a todos cómo debe practicarse la fraternidad.”

En otro texto publicado el 10 de mayo de 1849, en el periódico de opinión que fundó (que podemos leer también en la referencia anterior) escribe que la política no ha sido el arte de gobernar a la gente sino más bien de oprimirlos, y que por esta razón los gobiernos pueden mantenerse sólo por la fuerza de las bayonetas. Seguidamente dice:

“Gobernar es reprimir más o menos inteligentemente, más o menos brutalmente, según el tiempo y las circunstancias. Es por eso que las mujeres han sido declaradas incapaces y por eso deben exigir el derecho a intervenir para ayudar a los hombres inteligentes e inteligentes a transformar esta política de violencia y represión que sólo produce odio profundo y combate incesante y que causa todo sufrimiento y miseria social.” [1]

Es importante destacar, que en la última edición de L’Opinion des Femmes de agosto de 1849, Deroin llamó a la formación de la Asociación Fraternelle viéndola como una oportunidad para transformar el movimiento cooperativo libre en una unión general revolucionaria que podría organizar el trabajo a través de sus asociaciones afiliadas, eliminar los salarios y controlar la economía.[2]

Contexto
Debemos situar a Jeanne Deroin en el contexto del siglo XIX: auge del imperio Napoleónico, auge también de alternativas socialistas y anarquistas y feministas. Momento en que estos movimientos exigen igualdad y libertad en rasgos comunes y de carácter internacional, pero que también habrán lecturas e ideas diferentes en cuanto a la libertad, política, derechos, etc. Pero no nos extenderemos aquí. Las bases ideológicas de estos movimientos tienen una idea en común y es la voluntad de transformar las sociedades y hacerlas justas. Transformar las relaciones sociales, el matrimonio, el amor, etc. Algunos decían por ejemplo, que la mujer debía tomar parte de la lucha sindical: recordemos a Fany Wright, discípula de Rober Owen, también activista del movimiento en contra de la esclavitud, que reivindicó los derechos de sus compañeras. En aquellos tiempos había debates abiertos y luchas latentes, y Jeanne Deroin es una figura de la lucha por la igualdad. Se enfrentó con el poder patriarcal y el poder legislativo.

Reivindicaciones y prensa
En el contexto de las revoluciones de 1930 y 1948, las reivindicaciones de las mujeres tenían continuidad temporal, es decir, la lucha de las mujeres antepasadas y de la ilustración continuaba. Pero fue en la prensa (donde las reivindicaciones fueron constantes, mediante periódicos, órganos de opinión…) escrita por mujeres, y dichas reivindicaciones continuaron latentes. Cabe decir que la prensa fue un medio de comunicación y de difusión muy importante para la época y contexto del siglo XIX.

Algunas mujeres adquieren una conciencia femenina inspirada en ideas del socialismo utópico y la organización obrera (de clase) entre otras cosas. Así, en este contexto, Janne Deroin se unió a la corriente sansimoniana o sansimonismo. Posteriormente se adhiere a la escuela de Fourier en 1847 y a la Unión Comunista de Marx y Engels.

En este contexto es importante hablar de la legislación de la época. El Código Civil bajo el régimen Napoleónico, hace que se produzca un retroceso en los avances que se habían logrado durante la revolución respecto a las mujeres.

Este código civil era el afianzamiento de las conquistas de la Revolución Francesa de 1789: la igualdad jurídica para todos los ciudadanos, la individualidad de la propiedad, la libertad de trabajo, el principio de laicidad, la libertad de conciencia, la separación en 3 poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). También fue importante que se remarcara que la ley debía ser escrita y expresada en la forma más clara posible para que los ciudadanos pudieran entenderla. No menos importante resultó también la legislación en materia comercial y económica. El Código Napoleónico agrupó las reglas propias del Comercio Marítimo y el Terrestre en un solo cuerpo legal. Con ello el derecho mercantil dejaba de ser un derecho subjetivo para convertirse en un derecho objetivo. Se facilitaban así los intercambios mercantiles y se liberalizaba en cierto modo la economía.

Mediante este Código Civil se consolidaba el espíritu revolucionario de la burguesía. Existía libertad económica y personal, igualdad ante la ley, carácter individual de la propiedad, matrimonio civil y divorcio. El Estado tenía un carácter laico y las leyes religiosas no tenían cabida en el terreno estatal; era la prueba de la separación definitiva entre la Iglesia y el Estado. Se garantizaban los intercambios mercantiles y se establecía una legislación para facilitar la libertad económica. Normas que abolían el Antiguo Régimen y daban paso a una nueva sociedad cuyo reflejo se observa en la actualidad, lo que se llama contemporaneidad.[3]

La realidad es que la sociedad era patriarcal, sexista, machista y misógina, aunque siempre debemos comprender y situar el contexto. Por eso, recogeremos el enfrentamiento que tuvo con Proudhon, que es una muestra de cómo la ideología, aunque socialista o anarquista, por muy igualitarias que pretendían ser en el siglo XIX, mantenían ideas y prácticas machistas entre compañeros.

Condición de las mujeres
La ideología de la época reprimía a las mujeres, no les daba libertad, se las relegaba al hogar y las esclavizaba. El propio Napoleón tenía una opinión del sexo femenino que era del todo discriminatoria y seguía con las costumbres más tradicionales. En el Código Civil, las mujeres quedaban bajo el poder del marido, si éstas se casaban; las solteras estaban mal vistas, y la prostitución bien pudo ser un camino para abandonar el paso del matrimonio-hogar-esclava-madre. Si miramos algunos artículos del Código Civil:

Art. 213: «El marido debe protección a su mujer, la mujer obediencia a su marido».

Art. 214: «La mujer está obligada a habitar con su marido y debe seguirle adonde él estime conveniente deberán vivir».

Art. 215: «La mujer no puede estar en juicio sin la autorización de su marido».

Art. 217: «La mujer, aunque los bienes sean comunes o separados, no puede donar, vender, hipotecar, adquirir, a título gratuito u oneroso, sin la autorización de su marido en el acto o su autorización por escrito».

Art. 226: «La mujer puede testar sin la autorización de su marido».

Se establece el consentimiento paterno de nuevo para el matrimonio en las mujeres, hasta los 21 años. Y desde los 21 a los 25 debían cursar “actas respetuosas” pidiendo consejo paterno. El Código Civil reafirmaba el poder de los padres, y restableció la autoridad de maridos sobre mujeres.

“El marido tenía la responsabilidad de proteger a su mujer; a su vez, ella le debía obediencia. Las mujeres eran legalmente incompetentes: no aptas para ejercer de testigos en certificados de matrimonio, nacimiento o defunción, incapaces de demandar ante un tribunal de justicia sin el consentimiento de su marido, y de hacer o recibir un regalo, herencia o legado sin el consentimiento de éste. (…) A los maridos de les daba control total sobre la propiedad familiar y sobre los salarios o ganancias de sus esposas, también tenían el poder de determinar todos los aspectos de la vida marital, el tipo y el lugar de residencia, y la escolarización de los hijos. (…) El adulterio de las mujeres era considerado una ofensa criminal, que convertía a la esposa pecadora en merecedora de encarcelamiento por un período de entre tres y dos años y, sin embargo, un marido adúltero solía recibir como máximo una multa”. [4]

(Caine, Sluga, 2000, pp 38-39).

Así pues, las mujeres seguían quedando subordinadas del padre o el marido, consideradas para estar en el hogar, o dedicarse a trabajos remunerados, pero siempre con el permiso del marido. Las mujeres fueron despojadas de algunos derechos tradicionales de herencia y poder dentro de la vida familiar.

Después de situar el contexto del siglo XIX y la condición de las mujeres, pasaremos a relatar unos acontecimientos históricos de la vida de Jeanne Deroin. Volviendo a la vida de nuestra compañera, cuando Luis Napoleón dio el golpe que le permitiría convertirse en Napoleón III, Deroin se exilia a Inglaterra, después del golpe de estado del 2 de diciembre de 1851. Allí siguió su lucha a favor de los derechos de la mujer, y abre una escuela para niños e hijos de refugiados políticos, y trabajó codo con codo con los socialistas franceses, y publicará el Almanach des femmes. [5]

Candidatura femenina ilegal: Las mujeres no podían participar en política
Hace 171 años que Jeanne Deroin protestó e hizo un acto admirable. En 1846 se presenta como candidata a las elecciones para la Asamblea Legislativa que en aquel momento había un gobierno provisional (después sucederá la revolución de julio, y el posterior Manifiesto Comunista, y un largo etcétera…) Jeanne Deroin, sabiendo que la candidatura femenina en la asamblea era ilegal, se presentó. Significa esto un acto de protesta ejemplar que sirve de ejemplo y acto simbólico de la lucha feminista. Con esta medida de protesta se pone en cuestión el sufragio (no universal y masculino).

Por este hecho-protesta, la condenan a seis meses de prisión por atentar contra el orden público. Una vez allí, en prisión, se solidariza con otras compañeras y escribe, como por ejemplo a las Hermanas de América, para transmitir su voluntad de unión y solidaridad de todas.

“¡Hermanas de América! Vuestras hermanas socialistas de Francia están con vosotras en vuestra reivindicación del derecho a la igualdad civil y política de la mujer. Tenemos además la profunda convicción de que solamente con el poder de la asociación basada en la solidaridad (con la unión de las clases trabajadoras de ambos sexos para organizar el trabajo) puede lograrse de forma total y pacífica, la igualdad civil y política de las mujeres, y el derecho social para todos”.

Más tarde, participa en la primera línea de revolución de 1848 junto a otras compañeras como Jenny d’Héricourt. En 1849 se presentó esta vez de candidata convirtiéndose en la primera mujer en Francia a presentarse en unas elecciones generales; representó al Comité Social Demócrata, pero sólo recibió quince votos, en parte, se dice porque no se le habría permitido tomar asiento. [6]

Jeanne Deroin vs Pierre Joseph Proudhon
Janne Deroin llegará a tener un enfrentamiento verbal. Discute en la prensa con Poudhon, éste considerado uno de los padres del anarquismo moderno. Como sabemos, Proudhon, ha sido criticado por misógino como tantos hombres que han pasado a la historia a través de sus ideas, aportaciones y pensamiento, éstos empapados del sistema patriarcal y machista que oprime a personas, no sólo a mujeres.

Proudhon, la declaró no apta para participar en política, argumentando que los órganos de las mujeres eran para alimentar a los bebés, y no para ejercer en política o votar. Jeanne Deroin le contestó, respondiéndole y pidiéndole, que le mostrara el órgano masculino que le permitía votar (palabras y tono muy revolucionario para la época). Esto se puede ver en las cartas que se escribieron y difundieron en la prensa de la del momento.

Carta a Proudhon
La carta de Jeanne Deroin a Proudhon apareció en francés en L’Opinion de Femmes. Se puede encontraren en Gallica, escondido en uno de los volúmenes de Les Révolutions du XIXe Siècle. [7]

La carta a Mr. Proudhon, en 1849, pone en cuestión la naturaleza y la dominación patriarcal, entre otras cosas y desmonta el famoso argumentó de la inferioridad de la mujer. De allí que surgieron personas que se consideraron anti-proudhonianas.

“Sa Lettre à M. Proudhon, en 1849, affirme le caractère politique de la domination patriarcale et ouvre la voie à d’autres anti-proudhoniennes, comme Hubertine Auclert dans le journal suffragiste et anticlérical La Citoyenne et Marguerite Durand dans La Fronde, premier journal entièrement dirigé par des femmes. (…) Elle lui écrit à propos des femmes : « Favorisez le libre développement de leur intelligence ; donnez un noble but à leur activité, les faiblesses du cœur et les écarts de l’imagination ne seront plus à craindre. »Elle fait appel à l’intelligence et à la justice : « Vous demandez quelle sera sa mission en dehors de la famille ? Elle viendra vous aider à rétablir l’ordre dans ce grand ménage qu’est l’État, et substituer une juste répartition des produits du travail à la spoliation permanente des durs labeurs du prolétaire » Et d’ajouter que la femme « fera pour la grande famille sociale ce qu’elle fait dans son intérieur lorsqu’elle agrandira le cercle égoïste des affections domestiques en s’élevant à la hauteur des questions humanitaires.” [8]

Jeanne Deroin le recuerda la igualdad, haciendo hincapié en el derecho de las mujeres, la desigualdad y la moral.

“Usted es uno de los más formidables oponentes del principio de igualdad – un principio que no permite la exclusión de género y los privilegios injustos. Sé que no quiere reconocer el derecho de las mujeres a la igualdad civil y política. Esta ley, que implica la supresión de todas las desigualdades sociales, de todos los privilegios de opresión. Pero también sé que su oposición se basa en un motivo respetable. Teme que la aplicación de este principio socava seriamente la sacrosanta ley de la moral”. [9]

En la carta se ve como quiere eliminar los prejuicios o las trabas del progreso y nos puede hacer reflexionar sobre la dicotomía entre opresores y oprimidos. Se menciona la prostitución como vía de escape del hogar, pero también como resultado de la esclavitud de las mujeres, la ignorancia y la pobreza. Ella quiere la libertad de la mujer y que éstas no estén reprimidas ni dominadas. También argumenta con conceptos de familia, el hombre, los ciudadanos; de los privilegios, de las desigualdades injustas, etc. Cabe decir que La Cosaca, anima a que todas las personas interesadas puedan leer la carta y otros textos, algunos en los enlaces referenciados al final.

En la última parte de la carta, Jeanne expone:

“Usted pregunta: ¿cuál es la misión de la mujer fuera de la familia? Se le ayudará a restaurar el orden en esta grande pero mal administrada casa que llamamos el Estado y para reemplazar el despojo permanente de la fuerza de trabajo del proletariado por una justa distribución de la producción. La madre digna de este nombre está predispuesto a amar a los débiles y los que sufren, sino que también asegura preservar todos sus hijos por el frío y el hambre y para despertar en su corazón simpatía mutua; que requerirá para su gran familia social. (…) Yo deseo íntimamente, señor, que usted comparta mi profunda convicción de que ninguna reforma seria no pueda llevarse a cabo de una manera sostenible sin la aplicación de este gran principio del derecho a la igualdad civil y política de la mujer, que es la base de nuestra redención social ”. [10]

Con estos acontecimientos, se muestra la expresión pública de las mujeres, sobretodo en el contexto de revolución en Francia. Las mujeres participaban en las protestas y eran ejes vertebradores de la sociedad; participaban en la guerra, en las luchas sociales… la historia las ha invisibilizado a lo largo de los tiempos y La Cosaca quiere recuperar a mujeres que son referentes en la lucha feminista. Son muchas las compañeras, anarquistas o no, que han luchado por derechos que hoy disfrutamos nosotras. Los derechos actuales han sido conseguidos gracias a los ideales, y prácticas, anarquistas.

Para concluir, todas las personas sólo por considerarnos anarquistas deberíamos eliminar la violencia patriarcal de nuestra vida cotidiana. En el presente, el machismo continúa instaurado en los espacios libertarios. Como dice Pippo Gurrieri, esto impide que se realicen las ideas emancipatorias, ya que éstas se han de expresar a partir de relaciones entre iguales. «En realidad las pautas patriarcales siguen oprimiéndonos en la familia, la pareja, a los niños y las niñas, en las asambleas libertarias». Pippo en su libro La anarquía explicada a mi hija, en la última parte (Anexo) hace la pregunta:

“¿Por qué formarse sobre la base de textos e ideas que son exclusivamente de hombres, apartando los escritos de las mujeres en la sección de anarcofeminismo? ¿No es esta una manera de reproducir el patriarcado y por lo tanto el dominio? ¿Cuándo van a entender los compañeros, intelectuales, trabajadores y combatientes, que a ellos, los varones, también les afecta y mucho? ¿Cuándo van a entender que si se renuncia al privilegio, a la violencia que eso conlleva, ese será el momento en que tendremos fuerza para luchar juntas?

El mismo Pippo Gurrieri responde que ser o llamarse anarquista no garantiza haber resuelto todas las contradicciones sociales que llevamos dentro, fruto de una educación autoritaria y machista. Él cree, y nosotras compartimos, la idea de que hemos de dotarnos de instrumentos teóricos, prácticos y críticos para empezar a superar esas contradicciones.

“La lucha de un anarquista no se dirige sólo a lo externo, contra la sociedad autoritaria, sino también al interior de uno mismo, contra la cultura autoritaria que nos impide ser mujeres y hombres libres aún cuando declaramos serlo.” (Gurrieri, 2016, p. 114-115).

Ésta es una reflexión que anarquistas de hoy deberíamos hacer entender a Proudhonianos, o al mismo Proudhon si aún viviera. El movimiento anarquista pasado estaba empapado por la moral católica cristiana, y no es raro encontrarse con actitudes machistas y patriarcales. Por eso, actitudes como las de Louise Michel que presentamos la semana pasada, y Emma Goldman (que presentaremos en un futuro en La Cosaca), y otras compañeras están presentes en el movimiento anarquista son fundamentales. Hará falta, pues emplear la memoria histórica para demostrar que individuos o grupos sociales, ya sean hombres o mujeres, han buscado cambiar la sociedad en el sentido libertario.

Acabamos con otra cita de Gurrieri:

“No hay duda de que hace falta más esfuerzo para dar a conocer las elaboraciones y experiencias de las mujeres anarquistas con su rol trascendente en el desarrollo del pensamiento y de la misma historia del anarquismo. El anarcofeminismo quizás muestra cómo está destinado al fracaso aquel feminismo que no sea también sensible a la causa de la liberación social y de la ruptura de las relaciones jerárquicas en general, no solo entre el hombre y la mujer.” (Gurrieri, 2016, p. 116).

Jeanne Deroin, aunque sansimoniana y no anarquista como tal, es un ejemplo para todas nosotras ya que lucho por los derechos de las mujeres, y estuvo activa en la difusión feminista. Protestó en contra del poder, y de actitudes machistas y conservadoras, por parte de sus compañeros socialistas, comunistas y anarquistas, coetáneos del siglo XIX en Francia.

Bibliografía

Caine, Barbara y Sluga, Brenda (2000). Género e história: mujeres en el cambio sociocultural europeo, de 1780 a 1920. Narcea S.A de Ediciones.

Gurrieri, Pippo (2016). La anarquía explicada a mi hija. Editorial Descontrol. En Madrid otra Italia.

Fuentes consultadas (y para ampliar):

-Para más información biográfica,

https://contrun.libertarian-labyrinth.org/adrien-ranvier-jeanne-deroin-a/

-Para más información histórica y cronológica,

http://caminare.free.fr/1848a1880.htm

– Textos de Janne Deroin, http://gallica.bnf.fr/services/engine/search/sru?operation=searchRetriev;Janne%20dEroin»%29&suggest=0

http://womhist.alexanderstreet.com/awrm/doc10b.htm

– Aquí textos de Jeanne Deroin o relativos a ella. Son artículos de prensa, periódicos, y otros textos de la época,

http://gallica.bnf.fr/services/engine/search/sru?operation=searchRetriev;Janne%20dEroin»%29&suggest=0#resultat-id-2

– Textos en L’Oppinion des Femmes. Artículo La misión de las mujeres en el presente y en el futuro (1849). Y el prospecto de L’Opinion des Femmes (1848),

https://www.lafrondeuse.org/category/jeanne-deroin/

– Cartas de Jeanne Deroin y P. J. Proudhon, https://racinesetbranches.wordpress.com/introduction-a/jeanne-derouin/

– Para reflexionar entre anarquismo y feminismo, en el siglo XIX, https://www.nodo50.org/mujerescreativas/LIBERTAR.htm

[1] Traducción propia, extraído de http://womhist.alexanderstreet.com/awrm/doc10b.htm

[2] https://pediaview.com/openpedia/Jeanne_Deroin

[3] http://www.lacrisisdelahistoria.com/codigo-napoleonico/

[4] Barbara Caine y Brenda Sluga.(2000) Género e história: mujeres en el cambio sociocultural europeo, de 1780 a 1920. Narcea S.A de Ediciones.

[5] http://itinerairesdecitoyennete.org/journees/8_mars/portrait/Jeanne_Dero

[6] https://pediaview.com/openpedia/Jeanne_Deroin

[7] http://gallica.bnf.fr/services/engine/search/sru?operation=searchRetriev=(gallica%20all%20″Les%20Révolutions%20du%20XIXe%20Siècle»)

[8] http://itinerairesdecitoyennete.org/journees/8_mars/portrait/Jeanne_Dero

[9] Traducción propia de la Carta a Proudhon, extraída de https://racinesetbranches.wordpress.com/introduction-a/jeanne-derouin/

[10] Traducción propia, intentando traducir sus palabras, pero si hay algún error, y lo quieres compartir, escríbenos y ponte en contacto.

Anna L.B.

Fuente: https://www.regeneracionlibertaria.org/jeanne-deroin-la-mujer-que-planto

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Comentaris

Re: Jeanne Deroin, la mujer que plantó cara a Proudhon
29 oct 2019
Buenas Señora Aliss:

Lo siento pero no hay ninguna garantía de que Jeanne Deroin no fuera una Ada Colau del siglo diezynueve.

Usted tras dos años poniendo textos de perfil comunista, aunque hilados para reforzar la socialdemocracia, y tras un año de giro hacia el anarquismo, aunque sin abandonar la socialdemocracia, ha seguido sin embargo una pauta de fondo que no parece querer cambiar. En todas las publicaciones sobre este santoral de figuras y figurones de mujeres socialdemócratas invariablemente incluye la idea-fuerza de que en el siglo XIX las mujeres estaban recluidas en casa por el El Patriarcado, y además su participación política y social estaba prohibida.

Pareciera que usted quiere litografiarnos en el cerebro esas dos ideas-fuerza, junto a la idea de lo maravilloso que es el abortismo, pero hay un problema, estas dos posiciones NO CUADRAN con la historia documentada del movimiento proletario: La misma I Internacional se enfrentó al trabajo infantil y de las mujeres, además de propugnar la jornada de ocho horas. Si las mujeres estaban recluidas en casa y no se las dejaba trabajar fuera del hogar ¿por qué el movimiento proletario internacional luchaba por sacar a las mujeres del trabajo exterior al hogar?

En realidad, pasaban cosas como que, cuando bajaba el ciclo industrial, las mujeres y los niños trabajaban en las fábricas, 10, 12, 14 horas diarias, y los hombres en paro se quedaban cuidando a los infantes, porque el trabajo de niños y mujeres era mas barato que el de los hombres. Era la busqueda de ganancia y no el “El Patriarcado” lo que generaba esas situaciones. Las mujeres proletarias trabajaban fuera del hogar en la industria, las minas, como sirgueras, costureras hasta morir. También trabajaban en el hogar cardando lana, haciendo velas, emsamblando piezas industriales, junto a los niños, hasta la extenuación. Y algunas de las que corrían mejor suerte trabajaban fuera del hogar sirviendo de jóvenes en el hogar de otras mujeres, hasta que algunas de ellas se independizaban y lograban trabajar en su propio hogar.

¿No ve usted la seria contradicción que hay entre el movimiento proletario que lucha por sacar del trabajo fuera del hogar y, más en general, del trabajo asalariado industrial a las mujeres, y las sufragistas que luchaban por trabajar fuera del hogar? Precisamente, el caso de Jeanne quizás pueda arrojar luz sobre esta misteriosa contradicción; Jeanne trabajó de costurera asalariada hasta los 22 años, luego se formó de formó autodidacta como periodista sufraguista y se quedó en ese empleo. Se entiende pues que a lo que se referían las sufraguistas era a lo deseable para las mujeres (e incluso para los hombres proletaros) del trabajo cualificado fuera del hogar. Esto es, las sufragistas se referían a la movilidad social ascendente, posible para muchas mujeres pero siempre una minoría de las mujeres, siendo en esa época el caso más repetido que entre muchas mujeres proletarias la cuestión de dejar de trabajar fuera del hogar era de vida o muerte. ¿No se da cuenta usted de que a la larga no es posible agiornar este interclasismo de conciliación entre las mujeres proletarias y las mujeres de clase media y/o burguesas? Lo que se esconde tras estas visiones polítias e ideas fuerza supuestamente feminista no es otra cosa que el programa político de las clases medias que, no obstante, se está agotando históricamente tanto más cuanto el trabajo fuera del hogar deviene cada vez más explotado y con mayores costos personales para las mujeres proletarias e incluso de muchas de clases medias.

Por otra parte, la idea-fuerza de que los compañeros estas mujeres eran su enemigo no parece muy anarquista, lo que si parece es que su fomento estaba en el interés de la burguesía y las clases medias, primero sufraguistas y malthusianas y luego desembozadamente neomalthusianas. ¿No sabe usted que hasta finales de siglo la mayoría de los hombres no tenía derecho a voto en función de su no disposición de la renta suficiente para ello? Esto nunca se menciona pero es sustantivo, tanto por su contenido económico como por sus significado político; burguesía y clases medias no compartian el poder del voto hasta que no garantizaban que la fracción a la que se le concedía estaba estratégicamente controlada o resultaba necesaria para ganar tiempo. Y yo en esto no veo una historia política de liberación interclasista de las mujeres, así, en abstracto, sino secuencias concretas de la historia de la universalización del salariado.

Y en este análisis pues resulta que no, señora Aliss, que trabajar fuera del hogar asalariadamente no libera ni al hombre ni a la mujer, al contrario de lo que usted insiste en seguir contándonos.
Sindicat