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¡Paracaidista español hace el amor con una farola!
14 oct 2019
Esta es una señal de que el imperio renace de las cenizas. En el memorable parada de la fiesta nacional, el 12 de octubre, el día de la hispanidad, el día del descubrimiento de América ¡Qué honor!
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El caballero legionario paracaidista Luis Fernando Pozo realizó un salto que dejó atónito al público presente el día de la fiesta nacional. Jamás hubiéramos podido imaginar esta escena tan delirante, pero al mismo tiempo heroica. Observamos como el caballero legionario paracaidista descendía de los cielos volando con un estilo tan precioso y tan preciso que nos heló la sangre. Una verdadera danza nupcial que dejó al respetable con la boca abierta. Por sorpresa en una fenomenal cabriola se lanzó en su paracaídas directamente sobre una atractiva y espigada farola de 5 metros de altura. Y ¡zas! que le mete mano presa de un repentino enamoramiento, quizás amor a primera vista, quizás atracción fatal. Lo cierto es que cuando cupido dispara su flecha siempre da en el blanco. Que cuerpazo el de la farola, que buena está la tía y allí se fue a estrellar el novio de la muerte cual tortolito prendado de su tortolita.

Vimos no sin asombro al caballero legionario paracaidista Luis Fernando Pozo besando desesperado la farola, abrazándola hasta la extenuación, aferrándose apasionadamente a su cintura, y ¡que cintura! se desató la pasión española en vivo y en directo y ante la atenta mirada del palco de autoridades presidido por sus majestades los reyes de España, la familia real y el presidente del gobierno acompañado por las fuerzas vivas del reino. Esa imagen del novio de la muerte amacizado a la farola cubiertos románticamente con la bandera rojigualda permanecerá eternamente en nuestra memoria. Este es el mejor ejemplo de lo que significa la unidad de España. Y al ritmo de la marcha real con que cadencia movía las caderas; casi le da un soponcio, se retorcía de placer, hasta que alcanzó el éxtasis. Vaya acto de porno duro que sin ningún pudor realizaron en vivo y en directo. Un pecado imperdonable porque estaban haciendo el amor frente a las princesas Leonor y Sofia, menores de edad y herederas del imperio católico apostólico y romano. Y digo haciendo el amor porque un caballero español jamás fornica. Pero nadie, nadie se sonrojo, al contrario, todo el mundo aplaudía a rabiar al valeroso paracaidista premiando su pundonor. Desde luego que demostró su inmenso amor por España. Mientras tanto la cabra de la legión marcando el paso con el tercio envidiosa daba saltos ávida por encontrar a su media naranja.

Y que sirva este hecho extraordinario para demostrar que en España no hay racismo, que somos un reino multiétnico y multicultural donde hasta las farolas se merecen toda la consideración y el respeto. Si hay derechos humanos también hay derechos de las farolas, ni más faltaba. El respetable enmudeció al contemplar las escenas más propias del Decamerón de Boccaccio ¡vaya miembro viril de las fuerzas armadas! ¡aplausos! Por supuesto que daba la talla de pe a pa y de qué manera.
Su majestad el rey enfundado en su uniforme de Capitán General, un coloso de 1.97 de estatura mantuvo la serenidad y dio las órdenes precisas a sus subalternos para que recogieran con premura la bandera rojigualda que había caído al suelo en medio de la refriega. El lecho nupcial de los amantes merecía ser preservado para la posteridad. El respetable en estado de shock aplaudía enfervorizado y no podía ser para menos: El orgiástico acoplamiento fue de tal envergadura que una vez concluido su majestad el rey se dignó bajar del palco a felicitar al caballero legionario paracaidista por su antológica faena ¡ole tus huevos! para que luego pongan en entredicho el ardor guerrero de las fuerzas armadas. Esta es una señal de que el imperio renace de las cenizas.

En la memorable parada de la fiesta nacional, el 12 de octubre, el día de la hispanidad, el día del descubrimiento de América ¡Qué honor! El paseo de la Castellana abarrotado de público gritaba ¡Torero! ¡Torero! pañuelos blancos para premiar al novio de la muerte que se merece el máximo galardón: las dos orejas y el rabo, la cruz laureada de San Fernando y un ascenso por tamaño acto de entrega y de valor.

Casi llorando de emoción el caballero legionario paracaidista Luis Fernando Pozo recibió las felicitaciones de su católica majestad. Lo hizo por Dios y por España, ha dejado muy en alto la bandera rojigualda y si hubiera tenido que dar su vida: ¡todo por la patria!

Carlos de Urabá 2019

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