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Anàlisi :: educació i societat
La permanencia del lenguaje da paso a la historia del ser humano-Diez horas con la globalización
13 ago 2019
Desde que el mundo se hizo palabra, dando paso a la historia hasta la medicina de precisión con sus terapias dirigidas, todo lo hemos inventado los individuos interpretando, manipulando y soñando la realidad, anticipando el futuro, siempre incierto y también siempre dominados por un sentimiento básico: la búsqueda del afianzamiento del sentimiento de seguridad. La razón individual y la permanencia del lenguaje hizo posible la convivencia y esta nos sugirió la base democrática que nos permitió gracias al diálogo ofrecernos unos a otros un estado de derecho con base a unos contratos sociales
La permanencia del lenguaje da paso a la historia del ser humano.
Oscar Sánchez Fernández de la Vega (Autor de “Diez horas con la globalización”)

«Vivimos en mitad de la noche. y desde hace años, a mí, en la noche, sólo me ilumina la luz de Hölderlin», (Walter Benjamin)


Las personas tenemos unas relaciones con nosotros mismos, entre “mente (parte funcional del cerebro)” y "cuerpo", y asimismo nos relacionamos con el ambiente externo: físico, químico y microbiológico/biológico, siendo fundamental en este último aspecto, las relaciones con los demás. El ser humano exige, de un modo esencial y decisivo, el encuentro con el prójimo; lo exige nuestra estructura ontológica esencial concluye Martin Heidegger al tratar de elucidar la verbalización iluminadora de Hölderlin. (Hölderlin y la esencia de la poesía-Martin Heidegger ,1936). El gran poeta romántico alemán había descubierto que “mucho ha sido lo que el hombre ha experimentado desde que somos un diálogo. Entonces, el mundo se hace palabra. los poetas dan permanencia al lenguaje, y separan al individuo de la especie humana de la arrebatada corriente del devenir, instalándolo en la realidad histórica”.
Juan Rof Carballo, introductor de la medicina psicosomática en España, evocado por varias generaciones de psiquiatras, en su obra “Urdimbre afectiva y enfermedad: una introducción a la medicina dialógica” (1961), persevera sobre la realidad dialógica del hombre. Refiriéndose a esta obra calificada como “Volumen catedralicio” por Ortega y Gasset, el filósofo Celestino Fernández de la Vega considera que muchos ámbitos de la biología, de la medicina y de la antropología ha explorado Juan Rof Carballo para tomar conciencia que, por razones psicobiológicas, el hombre es constitutivamente un diálogo con sus antepasados (urdimbre constitutiva-primigenia), un diálogo con el mundo histórico que lo recibe (urdimbre de orden-socializadora) y un diálogo con el prójimo, algo que le permitirá llegar a conocerse y reconocerse dentro de la sociedad (urdimbre de identidad-individualizadora). A grandes rasgos lo que nos viene a decir Rof es que la vida del individuo de la especie humana, se teje sobre unas urdimbres afectivas que descansan sobre una continuidad psicobiológica, formadas por unas complejas relaciones de tipo transaccional (De influencia recíproca). El que constituyamos en el tiempo, de manera armónica y sostenida nuestra urdimbre afectiva, tendrá un efecto favorecedor en nuestra maduración personal tanto física como mental, y en su defecto la evolución patológica se constituirá como una amenaza cierta para nuestra salud.
Juan Rof Carballo en un dialogo epistolar con el ensayista gallego Ramón Piñeiro dice “Lo que no creo que el hombre sea nunca, es dos cosas: una con raíz individual y otra con raíz dialógica”. Con este comentario Rof Carballo nos sitúa en la dicotomía “genética” versus “adquirido” o lo que es lo mismo “genes y ambiente”. Para Rof Carballo, existen dos acciones constitutivas, que no finalizan con la mielinización cerebral, sino que continúan toda la vida: la trasmisión genética y la forma en que se expresan las pautas heredadas. Los genes, lo hereditario, no son realidades absolutas sino pautas para organizar lo que se encuentra en el afuera. No tendría sentido si estas pautas no se encontrasen con algo que hay que organizar: proteínas, vitaminas, paisaje, tradición, sociedad....”. La reflexión anterior realizada a mediados del siglo pasado anuncia marcos conceptuales tan relevantes como lo son hoy en día: el genoma (conjunto de la secuencia del ADN), el epigenóma (interlocución entre la genética y el ambiente, y que explica entre otros temas, la acción del estilo de vida sobre los genes), el transcriptoma (capacidad de un gen para gestionar la producción de proteínas específicas, en una célula específica), el proteoma o la biologización de la mente (se puede decir que en la medida que modificamos nuestros pensamientos estamos modificando nuestra biología). Es decir, los genes en su regulación se activan y desactivan en función de su interactuación con el entorno, y estos se expresan en proteínas a través de fenómenos que pueden ser regulados a nivel transcripcional.
Abundando en lo que nos anticipó Rof Carballo, varias décadas después, el biólogo especialista en genética PJ. Craig Venter, pionero del Proyecto del Genoma Humano en una conferencia impartida en la XLI Lección Conmemorativa de la Fundación Jiménez Díaz titulada “Proyecto Genoma Humano. Perspectivas en el siglo XXI” (2008), concreta y abunda en lo que nos anticipó Rof. “La biología humana es mucho más complicada de lo que nos imaginamos. Todos hablan de los genes que reciben de su madre y padre, para explicar un rasgo u otro. Pero en realidad, esos genes tienen un impacto mínimo en los resultados de vida. Nuestra biología es demasiada complicada para ello. Los genes no son absolutamente nuestra suerte o destino; ellos nos pueden dar una información útil acerca del riesgo para contraer una enfermedad por ejemplo, pero en la mayoría de casos estos genes no van a determinar el actual curso de la misma, o la incidencia de que alguien la adquiera. En gran medida nuestra biología proviene de las complejas interrelaciones de todas las células y proteínas, interactuando conjuntamente con factores ambientales, y no guiadas directamente por el código genético”. La genética nos brinda parte de la explicación del proceso de enfermar pero no alcanza aquello a lo que estamos destinados a padecer. Existen circunstancias epigenéticas que favorecen o contrarrestan la aparición de enfermedades. Es decir existen causas ambientales que producen a cambios químicos en el ADN, que no alteran la secuencia del genoma, pero modifican la posibilidad de que un gen se exprese.
Además hoy sabemos también que el cerebro es la interfase entre nosotros y el ambiente. Desde los últimos años del siglo pasado, numerosas fueron las investigaciones científicas en las que se observaron que las emociones y los comportamientos modulan y median en las funciones endocrinas e inmunológicas. Todo parece indicar que mente (entendiéndola como una parte funcional del cerebro), sistema nervioso, sistema endocrino, y sistema inmune interactúan, propiciándonos un resultado de salud.
Dentro del ámbito de la salud, en las dos últimas décadas adquirió protagonismo una nueva concepción de salud, un hecho objetivo y no retórico, ante el cual la comunidad científica acepta el paradigma biologicista, biotecnológico, apoyado en la neurociencia en general y en particular en la genética, la biología molecular, la psiconeuro-inmunoendocrinología, o la neuroimagen estructural y funcional, entre otros novedades en el ámbito de la salud. Hablamos de una nueva medicina situada ya dentro de las nuevas coordenadas de la medicina personalizada enmarcada en la praxis de la investigación traslacional (de acercamiento recíproco de la investigación básica a la clínica), que evoluciona a la precisión y a la aplicación de terapias dirigidas que permitan la utilización de tratamientos seleccionados ajustados a las características genéticas y moleculares del paciente (personalización.) Unas terapias dirigidas que han adquirido un protagonismo reconocido ya en el campo de la oncología, la inmunología y en menor medida en el espectro cardiovascular, pero que se expande paulatinamente a otras especialidades de la medicina, e incluso a la organización y gestión de las organizaciones sanitarias.
La historia clásica o universal (oficial- referencia cronológica a personajes y acontecimientos destacados), se acompañó de otra historia que se corresponde con “las grandes creaciones humanas (Culturas y civilizaciones). Ambas, en gran medida, se olvidaron de una tercera historia, la del protagonista de las dos anteriores el individuo de la especie humana, de la epopeya vital que fue su evolución, con su mundo vivencial específico, con todas sus emociones y comportamientos. Y esto humana y culturalmente es un gran error. No nos olvidemos que en la génesis de la filosofía, la democracia, la república está el individuo en el que coexisten tres mundos diferenciados pero totalmente interrelacionados: un mundo instintivo, un mundo intelectual y un mundo emocional. Desde que el mundo se hizo palabra, dando paso a la historia hasta la medicina de precisión con sus terapias dirigidas, todo lo hemos inventado los individuos interpretando, manipulando y soñando la realidad, anticipando el futuro, siempre incierto y también siempre dominados por un sentimiento básico: la búsqueda del afianzamiento del sentimiento de seguridad. La razón individual y la permanencia del lenguaje hizo posible la convivencia y esta nos sugirió la base democrática que nos permitió gracias al diálogo ofrecernos unos a otros un estado de derecho con base a unos contratos sociales.
Derechos Humanos posibles y universalmente aceptados. Esa sería la “globalización

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