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Diez horas con la globalización-La desbocada avidez de conocimiento productivo.
26 abr 2019
Europa, con indiscutible capacidad por sus antecedentes culturales, debería tomar la delantera, en la creación de “núcleos” de asimilación y orientación del conocimiento, en sus múltiples áreas, que posibilitarían un relanzamiento del inevitable proceso de globalización más allá de sus actuales coordenadas económicas que lo empobrecen totalmente.
Diez horas con la globalización-La desbocada avidez de conocimiento productivo.
Ideas extraidas de mi libro “Diez horas con la globalización”(Google books) escrito hace 20 años.

Oscar Sánchez Fernández de la Vega

Alvin Toffler llama primera ola de cambio a la que se inició con la agricultura hace diez mil años, segunda ola a la que se inició aproximadamente hace tres siglos y medio con la Revolución Industrial y el Urbanismo y tercera ola a la que estamos atravesando en este momento, un último cambio que es más profundo que las anteriores porque es global y además es extraordinariamente rápido.
Una de las características más importantes de esta tercera ola es la proliferación de información y la posibilidad de transmitirla e intercambiarla por la red. Este fenómeno es tan importante que solo afectando aún a solo el 15 % de la población mundial, ya le ha dado nombre a la nueva sociedad.
El gran reto es verificar la información, validarla dentro de unas coordenadas no solo científicas sino éticas y crear los instrumentos adecuados para transformarla en conocimiento útil para la humanidad.
La información masiva crece exponencialmente y fluye por las redes de comunicación de manera aleatoria y desordenada, sobrepasando nuestra capacidad para procesarla por falta de tiempo, e imposibilitándonos conocer la trascendencia del conocimiento que tan rápidamente se está generando. Se bloqueá en muchos casos la aparición de conocimiento científicamente correcto y paradójicamente nos sumimos en una relativa ignorancia. El exceso de información puede dar lugar a una falta de conocimiento.
Hace unos meses leía un artículo en un diario que tenía el siguiente titular: “La catarata de nuevos genes pone en evidencia la anarquía en sus nombres”. Parece ser que los genes que ejercen la misma función en diferentes organismos, tienen la mayoría de las veces varias denominaciones, en ocasiones hasta veinticinco.
Todo parece indicar que lo más lógico es recuperar una cierta tranquilidad para valorar la información y el alcance del conocimiento, pero no parece ser que a tal actitud se le quiera dar cabida en un mundo gobernado por una vertiginosa competitividad, que se aleja cada día más de una conveniente cooperación, hacia la que parecía caminar la Humanidad después de las dos Guerras Mundiales. Existe un acumulación de información extraordinaria y tal vez haya llegado el momento de objetivizarla, de racionalizarla para que la misma se convierta en conocimiento útil que podamos administrar, gestionar y aplicar sistemáticamente, a objetivos previamente definidos y que satisfagan necesidades de la nueva sociedad global.
Hasta cierto punto estamos ante una necesidad de compilación y codificación de información , de verificación de logros , similar a la que desarrolló el helenismo alejandrino en le siglo III a.C., o los traductores benedictinos de Monte Casino, los traductores de Salerno y Toledo en la Baja Edad Media. Sin ellos probablemente no surgiese el Renacimiento y sin una selección bajo criterios de control de calidad y codificación del saber acumulado al día de hoy, difícilmente surgirá un nuevo renacimiento, un nuevo humanismo, que de paso a una nueva modernidad.
Necesitamos nuevas instituciones públicas, privadas o mixtas, que dediquen su tiempo a seleccionar, clasificar y jerarquizar la información, orientando las síntesis a la creación de conocimientos capaces de solucionar problemáticas humanas concretas de interés global
. Europa, que en las últimas décadas fue claramente superada por EE.UU. en el terreno tecnológico, con indiscutible capacidad por sus antecedentes culturales, debería tomar la delantera, en la creación de “núcleos” de asimilación y orientación del conocimiento, en sus múltiples áreas, que posibilitarían un relanzamiento del inevitable proceso de globalización más allá de sus actuales coordenadas económicas que lo empobrecen totalmente.
También el mercado deberá ser modulado por la sociedad global y por parte de los poderes públicos, para limitar su desbocada avidez de conocimiento productivo. Varios son los grandes dilemas que están surgiendo en relación al conocimiento : ¿debemos seguir creando conocimiento de manera incontrolada y exponencial?,¿tienen algo que ver las supuestas fuerzas de un mercado cada vez más omnipotente con la regulación de la génesis del conocimiento, cuya verificación científica comienza a estar fuera de control?, ¿deberíamos centrarnos más en la administración de los logros alcanzados y orientar la creación del conocimiento hacia objetivos bien definidos de potencial interés para toda la Humanidad, siempre compatibles con los derechos fundamentales colectivos e individuales, y sometidos a regulación universal?
Por el momento no hay indicios de que ni siquiera se planteen tan importantes cuestiones, y lo que si parece detectarse es una tendencia a considerar que el conocimiento solo parece justificarse si logra significar algo dentro de las esferas tecnoproductivas y del mercado, y esta es una visión reduccionista.

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