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Notícies :: xarxa i llibertat
Buigrafía de Jean Malaquais
22 nov 2018
Novelista en lengua francesa, autor de "Los Javaneses" y "Planeta sin visado". Polaco, inmigrante y minero; promocionado por André Gide.
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MALAQUAIS, Jean (1908-1998)

Jean Malaquais era el seudónimo utilizado por Vladimir Malacki, nacido en Varsovia el 11 de abril de 1908 en una familia polaca judía, pero no creyente. Su padre, Morduck Malacki, profesor de lenguas clásicas (latín y griego), era un enamorado de los libros. Su madre era militante socialista del Bund judío internacionalista, que se había desarrollado en Polonia. Toda su familia desapareció en los campos de exterminio hitlerianos durante la Segunda guerra mundial. A pesar de sus raíces judías, Malaquais rechazó situarse bajo la estrella de David, llegando a afirmar que “jamás se había considerado judío”.

En 1926, con el título de bachiller en el bolsillo, decidió abandonar Varsovia para salir a descubrir el mundo. Partió con dirección a Francia. Allí encontró por primera vez a su amigo y mentor político Marc Chirick, en un local de la Confederación general del trabajo (CGT) en París, donde buscaba trabajo.

Pese a sus cualidades intelectuales, trabajó como obrero, sobre todo en las minas de Provenza. De esta experiencia, en medio de los parias extranjeros y de los condenados de la tierra, sacó el material para su novela Les Javanais (Los javaneses).

Pronto se interesó por las ideas revolucionarias. El estalinismo le disgustaba tanto como el ambiente nacionalista y xenófobo imperante en Francia. Gravitó en torno a la Liga comunista trotskista, dirigida por Alfred Rosmer, Pierre Frank y Pierre Naville, pero no se afilió, a diferencia de su amigo Marc Chirick. Hacia 1933, Vladimir Malacki, que se hacía llamar Jean Malaquais (como una calle a lo largo del Sena, en París), estableció contacto con los grupos revolucionarios a la izquierda del trotskismo: la Unión Comunista de Henry Chazé (Gaston Davoust), los bordiguistas italianos (reagrupados en torno a las publicaciones Prometeo y Bilan), emigrados a Francia y Bélgica: Ottorino Perrone, Otello Ricceri y Bruno Zecchini.

En París vivía en la miseria, ejerciendo todos los oficios del mundo, incluido el de descargador en el mercado central de Les Halles, sin domicilio fijo. En la biblioteca de Sainte-Geneviève, donde se refugiaba, leyó a Céline y a Gide. Una noche de 1935 cayeron repentinamente bajo sus ojos estas líneas de Gide: “Siento la inferioridad de no haberme ganado nunca el sustento”. Jean Malacki, escandalizado, le escribió para hablarle de las condiciones de quienes no tienen techo y viven en la miseria cotidiana. Gide le respondió a lista de correos de la oficina postal de la calle Cujas (ya que Malaquais no tenía ninguna dirección), y le envió cien francos, que le fueron devueltos. Al fin se encontró con André Gide, en su domicilio: “¿Eres Malacki?”. “¿Tú eres Gide?”. Nadie había osado tutear al gran escritor. Gide olfateó rápidamente a un escritor dotado, apasionado y rico por su experiencia de paria. Gide le dio dinero para que pudiese alquilar una casa en provincias, el tiempo necesario para escribir el libro Les Javanais. Esta novela social sobre la inmigración en la Francia xenófoba de las ligas de extrema derecha y del prefecto Chiappe fue rechazada al principio por Gallimard, luego publicada por Denoël en 1939. La novela fue coronada por el premio Renaudot en 1939, desplazando Le Mur de Jean-Paul Sartre. Fue traducido a varias lenguas.

En agosto de 1936, se fue a España cuando estallaron la revolución y la guerra civil, contactando con las milicias del POUM y la Columna Lenin, cuyo comandante era el bordiguista italiano Enrico Russo (Candiani). Se entrevistó con Kurt Landau, que fue muy pronto asesinado por la GPU; con Andrés Nin, teórico del POUM y otra víctima del GPU, y con Julián Gorkin, dirigente del POUM, que volvió a ver y a tratar en México, durante la Segunda guerra mundial. Tuvo la desgracia de encontrarse un día frente a Ilya Ehrenburg, escritor estalinista ascendido a jefe de Brigada internacional. Estuvo a punto de ser ejecutado como “agente fascista y provocador”. Consiguió regresar a Francia a finales de 1936. Entabló relaciones amistosas con Ante Ciliga y sobre todo con Víctor Serge, ambos huidos del Gulag estalinista.

En septiembre de 1939 Malaquais, aunque apátrida, fue juzgado lo bastante francés como para sacrificarse por la patria. Durante la “guerra de broma” rellenó sus libretas de impresiones al hilo de los días, en un estilo sarcástico, rebelde e iconoclasta; estos cuadernos se convirtieron en sus Carnets de guerre/Libretas de guerra. Prisionero en mayo de 1940, consiguió evadirse. Llegó a Marsella, donde sobrevivió desde 1940 hasta 1942 con su compañera rusa Galy Yurkevich. En la ciudad focea se amontonaban varios hombres de cultura, que huyendo del nazismo, esperaban obtener un hipotético visado para las Américas: los escritores André Breton, Benjamin Péret y Víctor Serge formaban parte de ese lote.

Trabajó en la cooperativa Croque-Fruit, dirigida por trotskistas como Sylvain Itkine, que daban empleo a todo tipo de apátridas: judíos, trotskistas e internacionalistas. Con su amigo Marc Chirick, denunció la explotación en esa cooperativa obrera, recibiendo entonces su liquidación por despido. Marc Laverne (seudónimo de Chirick), que se hizo despedir con él, fue el principal héroe de su segunda novela, publicada en 1947: Planète sans visa/Planeta sin visado. Stepanoff, el otro héroe de la novela, es el ruso Víctor Serge.
Malaquais fue hospedado por Jean Giono, en espera de un posible visado para las Américas, que obtuvo finalmente por obra y gracia del Comité de ayuda a los intelectuales dirigido por Varian Fry. Gide, sobre todo, consiguió arrancarle un billete para un barco con dirección a Venezuela. En octubre de 1942, Malaquais pasó a España, consiguiendo embarcar con Galy para Venezuela. Recibió, por azar, ayuda de una rica familia católica, filántropa, los Schlumberger, que contribuían anónimamente a un Fondo de ayuda a los refugiados antifranquistas españoles, y que incluso subvencionaban las necesidades de la viuda de Trotsky, sin recursos. Desde Caracas partió a México, gracias al apoyo del antiguo cónsul en Marsella, Gilberto Bosques.

En 1943, estuvo en México, como Victor Serge, André Breton, Benjamín Péret, Marceau Pivert y Munis. Denunció ferozmente la guerra imperialista en los dos campos. Redactó sus Libretas de guerra que, partiendo de la “guerra de broma” denuncian cualquier forma de patriotismo y de chovinismo. Trató a la pareja Alice y Otto Rühle antes de su suicidio, y sostuvo al escritor alemán Gustav Regler, acusado por el Partido comunista mexicano – al igual que Munis, Serge y Gorkin - de formar parte de una “quinta columna fascista”. Ofreció conferencias en el Instituto Francés de América Latina (IFAL), en México, dirigido por su amigo en el exilio Marceau Pivert, que era secretario general del IFAL. Escribió, como Péret, en la revista surrealista de Octavio Paz: El hijo pródigo. Sin embargo, Malaquais se enfrentó a los ataques de Péret y, sobre todo de Serge, quienes le calificaban como un pretencioso sin valor, que no tenía nada de revolucionario. Rompió su amistad con Serge, después de que éste le atacase públicamente, tanto a él como a Marceau Pivert.

Malaquais intentó llegar a New York, donde se habían editado sus Libretas de guerra por la Maison francesa. El vicecónsul americano en México, gran aficionado al arte, consiguió que pudiera llegar a Estados Unidos y New York, aunque sus peticiones de visado habían sido rechazadas. Finalmente, en 1946, se le otorgó el visado. Se encontró con Boris Souvarine, pero sin apreciar su evolución política.

Conoció a Albert Camus durante su estancia en New York. También fue el inicio de una larga amistad y colaboración con el escritor norteamericano Norman Mailer, autor de Los desnudos y los muertos, novela que tradujo al francés, y para la cual escribió durante algún tiempo los guiones para Goldwyn Mayer.

En 1947, de regreso en París, se reincorporó al grupo Internationalisme, surgido del bordiguismo, dirigido por Marc Chirik, grupo político en el que participaban Louis Évrard, Robert Salama, Pierre Bessaigner, Philippe Dehan y Serge Bricianer. Malaquais participaba episódicamente en sus actividades bajo el seudónimo de Antoine.

A finales de 1947, regresó a los Estados Unidos, donde enseñó literatura europea hasta 1968, en calidad de profesor visitante, sin estar vinculado a ninguna universidad. Se le otorgó, cuando él ya se consideraba orgullosamente como un extranjero y un apátrida, la nacionalidad americana, conservando su seudónimo literario.

En Estados Unidos estableció fuertes lazos de amistad con el teórico comunista de consejos Paul Mattick, pero también con Raya Dunayevskaya del grupo News and Letters y con el filósofo alemán Herbet Marcuse. Sin ser militante de ninguna organización y como simpatizante de una tendencia comunista libertaria independiente, permaneció en contacto con pensadores comunistas de consejo europeos, como Maximilien Rubel en Francia, Anton Pannekoek y Henk Canne-Meyer en los Países Bajos.

Malaquais fue un destacado traductor, tanto del inglés como del alemán. Tradujo a Norman Mailer, Los desnudos y los muertos; pero continuando su actividad literaria con su última novela, Le Gaffeur (El patoso), publicada en 1953, que retrata un personaje en lucha con la ciudad, que le priva de su domicilio, de su mujer, de su trabajo e incluso de su propia identidad.

También tradujo a Marx, bajo la dirección de su amigo Maximilien Rubel, para la edición publicada en la prestigiosa colección de la Pleïade.

De 1954 a 1960, bajo la dirección del filósofo existencialista Jean Wahl, y para combatir el uso realizado por Sartre, emprendió la elaboración de una tesis sobre Soren Kierkegaard, llegando a aprender danés y a vivir en Copenhague. Esta tesis fue publicada parcialmente. Durante su estancia en París, en los años sesenta, participó en las reuniones del grupo de Maximilien Rubel, centrado en la publicación de los Cahiers pour le socialisme des conseils/Cuadernos por el socialismo de consejos. En esta época conoció a su futura esposa: Elisabteh Deberdt-Malaquais.

Al regreso de su estancia de dos años de enseñanza en la Universidad Monash de Melbourne (Australia), en 1967-1968, se encontró sumergido en los acontecimientos de mayo de 1968, que le entusiasmaron. Volvió, de forma muy natural, a las discusiones con los grupos comunistas de consejos o antiautoritarios.
La huelga de masas de los obreros polacos en agosto de 1980 le incitó a marchar a Polonia, a Dánzig y Varsovia, para discutir con los obreros polacos del nuevo sindicato Solidarnosc (Solidaridad). Desde mediados de los años ochenta, Malaquais se instaló en Ginebra, con su mujer Elisabeth. Guardó sus contactos con París, a donde se desplazaba para llevar la contradicción a las certezas de los pequeños grupos “ultraizquierdistas”, de quienes adoptó no tanto sus posiciones como su visceral rechazo al mito de la Rusia socialista, y de toda forma de Estado. Sin pertenecer concretamente a ningún grupo, Malaquais fue un punto de referencia en lo que ha dado en llamarse corriente ultraizquierdista.

En los años 1966-1968, después de un desinterés de cincuenta años de la edición francesa por su obra, llegó el momento y la ocasión de la reimpresión de sus libros, testimonio vivo de la resistencia de un extranjero alérgico a toda manifestación de patriotismo. Malaquais murió en Ginebra el 22 de diciembre de 1998, poco después de revisar la reedición de su obra maestra: Planète sans visa, publicada en castellano, en 2014, con el título: Sin visado.

Philippe Bourrinet

Publicado en Biografías del 36 por Ediciones Descontrol, 2016

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