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Notícies :: educació i societat : immigració : laboral : sexualitats : dones
La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
21 jul 2018
El 28 de junio falleció Domenico Losurdo, uno de los más grandes intelectuales marxistas, colaborador y amigo de La Haine. Aquí se reproduce parte de su escrito 'La lucha de clases. Una historia política y filosófica'
domenico-losurdo1.jpeg
Apartado 4 del primer capítulo del libro de D. Losurdo 'La lucha de clases. Una historia política y filosófica'.

El género de las luchas de clases emancipadoras incluye una tercera especie, además de las dos que hemos visto. Sí, hay otro grupo social, muy numeroso, tan numeroso que es la mitad o más de la población total, un grupo social que padece la «autocracia» y anhela la «liberación» (Befreiung): se trata de las mujeres, sobre quienes pesa la opresión ejercida por el varón entre las cuatro paredes domésticas (MEW, 21; 158). Estoy citando de un texto (El origen de la familia, la propiedad privada y el estado) que Engels publicó en 1884. Es verdad que Marx había muerto hacía un año, pero ya entre 1845 y 1846, en La ideología alemana, texto al que Engels se remite explícitamente, observa que en la familia patriarcal «la esposa y los hijos son los esclavos del hombre» (MEW, 3; 32). A su vez, el Manifiesto, que no se cansa de reprochar a la burguesía la reducción del proletario a máquina e instrumento de trabajo, señala que «para el burgués su propia mujer es un simple instrumento de producción»; pues bien, «se trata justamente de abolir la posición de las mujeres como meros instrumentos de producción» (MEW, 4; 478-479). La categoría utilizada para definir la condición del obrero en la fábrica capitalista también se utiliza para definir la condición de la mujer en el ámbito de la familia patriarcal.

Visto en conjunto, el sistema capitalista se presenta como una se rie de relaciones más o menos serviles impuestas por un pueblo a otro pueblo a escala internacional, por una clase a otra en el ámbito de un país y por el hombre a la mujer en el ámbito de la misma clase. Se comprende entonces la tesis que formula Engels remitiéndose a François-Marie-Charles Fourier y que también defiende Marx, la tesis de que la emancipación femenina es «la medida de la emancipación universal» (MEW, 20; 242 y 32; 583). Para bien y para mal, la relación hombre/mujer es una suerte de microcosmos que refleja el ordenamiento social: en la Rusia ampliamente premoderna, sometidos a una implacable opresión de sus amos, los campesinos –observa Marx– son capaces, a su vez, de dar «horribles palizas mortales a sus mujeres» (MEW, 32; 437).

Veamos ahora la fábrica capitalista: aunque el poder despótico del patrono sojuzga a todos los obreros, lo hace de un modo especialmente humillante con las mujeres: «su fábrica es al mismo tiempo su harén» (MEW, 2; 373).

No es difícil encontrar en la cultura de la época voces que denuncian el carácter opresor de la condición femenina. En 1790 Condorcet (1968, vol. 10, p. 121) dice que la exclusión de la mujer de los derechos políticos es un «acto de tiranía». Al año siguiente la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, escrita por Olympia de Gouges, llama la atención en su artículo 4 sobre la «tiranía perpetua » impuesta por el hombre a la mujer. En Inglaterra, más de medio si glo después, J. S. Mill habla de «esclavitud de la mujer», «tiranía do méstica» y «servidumbre real» (actual bondage) sancionada por la ley (1963-1991, pp. 264. 288 y 323 = Mill 1926, pp. 18, 68 y 139).

Pero ¿cuáles son las causas de esta opresión y de la insensibilidad general frente a ella? Condorcet (1968, vol. 10, p. 121) condena «el po der de la costumbre» que ofusca el sentido de la justicia incluso en los «hombres ilustrados». De un modo parecido argumenta Mill (1963-1991, pp. 263-264 = Mill 1926, pp. 15, 17 y 19), quien remite al conjunto de «costumbres», «prejuicios» y «supersticiones» que es preciso superar o neutralizar con «una sana psicología». Aunque se hace referencia a las relaciones sociales, solo se trata de las «relaciones sociales de ambos sexos», que sancionan la esclavitud o sumisión de la mujer a causa de la «inferioridad de su fuerza muscular» y de la vigencia en este ámbito de la «ley del más fuerte».

No se indaga la relación entre la condición de la mujer y las otras formas de opresión. Es más, a ojos de Mill (1963-1991, pp. 264-265 = Mill 1926, p. 19) la relación hombre/mujer es una especie de isla en la que aún se mantiene la lógica del sometimiento, que ya ha quedado muy atrás en otros ámbitos: «Vivimos, o viven por lo menos una o dos de las naciones más avanzadas del mundo, en un estado en que la ley del más fuerte parece totalmente abolida, y se diría que ya no sirve de norma a los asuntos de los hombres». En cambio, desde el punto de vista de Marx y Engels, la relación entre la metrópoli capitalista (las «naciones más avanzadas del mundo») y las colonias es, más que nunca, una relación de dominio y sometimiento; y en la propia metrópoli capitalista la coacción económica (no ya jurídica) sigue presidiendo las relaciones entre capital y trabajo.

Si acaso es Mary Wollstonecraft (2008, p. 30) quien une la denuncia de la «dependencia servil» que se reserva a la mujer con el cuestionamiento del orden social. El dominio machista parece propio del antiguo régimen. Mientras que los campeones de la lucha por la abolición de la esclavitud denuncian la «aristocracia de la epidermis» o la «nobleza de la piel» (Losurdo 2005, cap. 5, § 6), la militante fe – mi nista critica lo que a su juicio se configura como el poder aristocrático de los varones; la denuncia de este poder va unida a la condena de las «riquezas» hereditarias y de los «honores hereditarios», a la condena de las «absurdas distinciones de estamento». En todo caso, «las mujeres no se liberarán» de verdad «hasta que los estamentos no se mezclen» y «no se establezca más igualdad en toda la sociedad » (Wollstonecraft 2008, pp. 109 y 139). Otras veces parece que la feminista y jacobina inglesa cuestiona la propia sociedad capitalista. Sí, las mujeres deberían «tener representantes en vez de ser gobernadas sin ninguna voz en las deliberaciones del gobierno». Pero no hay que perder de vista que en Inglaterra también los obreros están privados de derechos políticos:

Todo el sistema de representación en este país es solo una cómoda ocasión de despotismo, las mujeres no deberían olvidar que están representadas en la misma medida en que lo está la numerosa clase de los obreros, trabajadores esforzados que pagan por el sustento de la familia real, a pesar de que a duras penas consigue saciar con pan la boca de sus hijos (Wollstonecraft 2008, p. 113).

No faltan los puntos de contacto entre condición obrera y condición femenina: lo mismo que para los miembros de la clase obrera, «los pocos trabajos abiertos a las mujeres, lejos de ser liberales, son serviles». Por último, en el ámbito de esta crítica global de las relaciones de dominio que caracterizan el orden social existente, las propias mujeres (sobre todo las de situación más acomodada) deben hacer examen de conciencia, pues a veces dan muestras de «locura» por «el modo en que tratan a los sirvientes en presencia de los niños, con lo que sus hijos creen que aquellos deben servirles y soportar sus destemplanzas» (Wollstonecraft 2008, pp. 115 y 137).

La «jacobina inglesa», que es una excepción genial, parece en cierto modo precursora de Marx y Engels, quienes establecieron un nexo entre división del trabajo en el ámbito de la familia y división del trabajo en el ámbito de la sociedad. El segundo, en particular, formula la tesis de que «la familia nuclear moderna se basa en la esclavitud doméstica, abierta o disimulada, de la mujer»; en todo caso, «el varón es el burgués, mientras que la mujer representa al proletariado » (MEW, 21; 75).

Entre los contemporáneos de Marx y Engels, quien hace un análi – sis que podría parecerse al suyo no es J. S. Mill sino Nietzsche, aunque con un juicio de valor opuesto. El crítico implacable de la re volución como tal, incluida la revolución feminista, compara la con dición de la mujer con la de los «miserables de los estamentos inferiores», los «esclavos del trabajo (Arbeitssklaven) o los presos» (Genealogía de la moral, III, 18) e indirectamente junta el movimiento feminista con el movimiento obrero y el movimiento abolicionista: los tres buscan afanosamente, para denunciarlas con indignación, las distintas «formas de esclavitud y servidumbre», como si constatarlas no fuese la confirmación de que la esclavitud es «el fundamento de toda civilización superior» (Más allá del bien y del mal, 239).

Evidentemente, el motivo del nexo entre sometimiento de la mujer y opresión social en general está desarrollado de un modo más amplio y orgánico en Engels, remitiéndose siempre a La ideología alemana que escribió con Marx y permaneció inédita mucho tiempo: «la primera opresión de clase coincide con la del sexo femenino por el sexo masculino». Es una larga historia que aún no ha terminado:

La abolición del matriarcado fue la derrota del sexo femenino en el plano histórico universal. El hombre tomó el timón de la casa y la mujer fue envilecida, sometida, convertida en esclava de sus deseos y simple instrumento para hacer hijos (Werkzeug der Kinderzeugung). Este estado de degradación de la mujer […] fue gradualmente adornado y disimulado, a veces tuvo formas más suaves, pero nunca se ha eliminado (MEW, 21; 68 y 61).

Domenico Losurdo - El Viejo Topo
Fuente La Haine

This work is in the public domain

Comentaris

Re: La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
22 jul 2018
extraido de:
http://es.wikipedia.org/wiki/Mary_Wollstonecraft

Uno de los principales argumentos de Wollstonecraft en Vindicación de los derechos de la mujer es que las mujeres deberían ser educadas racionalmente, de modo que pudieran así contribuir a la sociedad. Wollstonecraft contesta así de forma mordaz a escritores como James Fordyce y John Gregory y filósofos educacionales como Jean-Jacques Rousseau, el cual sostiene que la mujer no necesita educación racional. (Rousseau, como es bien conocido, argumenta en Emilio (1762) que la mujer debería ser educada para el placer.)
Contrariamente, Wollstonecraft mantiene que las esposas deberían ser las compañeras racionales de sus maridos. Apunta que si una sociedad decide dejar la educación de sus hijos a las mujeres, éstas deben estar bien educadas para poder pasar el conocimiento a la siguiente generación.50​
Wollstonecraft declara que las mujeres son estúpidas y superficiales (las llama, por ejemplo, "spaniels" o "juguetes" en cierto momento51​), pero dice que no es debido a una deficiencia innata sino a que los hombres les han negado el acceso a la educación. Wollstonecraft está decidida a ilustrar las limitaciones que la falta de educación ha supuesto a las mujeres; poéticamente, escribe: «Enseñadas desde su infancia que la belleza es el cetro de las mujeres, la mente se amolda al cuerpo y, errante en su dorada jaula, solo busca adornar su prisión».52​
La implicación de esta afirmación es que, sin el daño ideológico que anima a las jóvenes desde temprana edad a centrar su atención en la belleza y las mejoras exteriores, las mujeres podrían lograr mucho más.

Puede ser objeto de debate hasta qué punto creía Wollstonecraft en la igualdad de mujeres y hombres; ciertamente no fue una feminista en el sentido moderno de la palabra (las palabras feminista y feminismo no existieron hasta después de 189053​), ya que no pedía igualdad de derechos (por ejemplo no pedía el derecho al sufragio para las mujeres) en sus escritos. Declara que hombres y mujeres son iguales a los ojos de Dios y que están sujetos a las mismas leyes morales.54​
En cualquier caso, las peticiones de igualdad contrastan con sus declaraciones acerca de la superioridad de la fuerza y el valor masculinos.55​
Wollstonecraft mantiene, en la conocida y ambigua frase: "No se concluya que quiero invertir el orden de las cosas; ya he asegurado que, por su constitución, los hombres parecen diseñados por la Providencia para lograr un mayor grado de virtud. Hablo refiriéndome a este sexo en general; pero no veo motivo alguno para concluir que sus virtudes debieran diferir a causa de su naturaleza. De hecho, ¿cómo sería posible si la virtud es una constante eterna? Debo, por tanto, si razono consecuentemente, sostener tan enérgicamente que ellos siguen ese mismo fin como sostengo que Dios existe."56​

Una de las críticas más mordaces de Wollstonecraft en Vindicación de los derechos de la mujer es la que hace contra la falsa y excesiva sensibilidad, particularmente en las mujeres. Argumenta que las mujeres que sucumben a la sensibilidad son «movidas por cualquier ráfaga o sentimiento momentáneo» y debido a que son «presas de sus sentidos» no pueden pensar racionalmente.57​
Y así, declara, no se perjudican solo a sí mismas sino a toda la civilización: éstas no son mujeres que puedan ayudar a perfeccionar la civilización —una idea popular en el siglo XVIII— sino mujeres que colaboran en su destrucción. Wollstonecraft no defiende que la razón y los sentimientos debieran actuar independientemente; cree que deberían servirse la una a la otra.

Además de sus argumentos filosóficos más generales, Wollstonecraft traza un plan educacional específico. En el capítulo 12, "Sobre la educación nacional", sostiene que todos los niños deberían ser enviados a un "internado nacional" al mismo tiempo que se les da cierta educación en casa que "incentive el amor por el hogar y los placeres caseros." También mantiene que esta escolaridad debería ser mixta, ya que hombres y mujeres, cuyos matrimonios son los cimientos de la sociedad, deberían ser "educados según el mismo modelo".

Wollstonecraft dirige su texto a la clase media, a la cual llama "el estado más natural", y Vindicación de los derechos de la mujer está impregnado de la visión burguesa del mundo.58​
Defiende la modestia y la diligencia y ataca la riqueza empleando el mismo lenguaje con el que acusa a las mujeres de falta de utilidad. De todos modos, no es una amiga incondicional de la pobreza; por ejemplo, en su plan nacional de educación sugiere que, después de los nueve años, los pobres deberían ser separados de los ricos y enseñados en otra escuela.59​
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Lo de Wollstonecraft no tiene desperdicio: su mayor logro fue parir a Mary Shelley, que a su vez parió al Monstruo de Frankenstein... que tiene mucho que ver con el feminismo.
Tiempo al tiempo.

Al autor de la nota que cortas y pegas, ni caso. Sobreabundan los marxistas estalinistas reconvertidos al generismo toxico, de feminismo impostado para hacer todo el daño posible a la transformacion social verdadera. Mejor echar un vistazo desapasionado a Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Vietnam o la China del 'socialismo de mercado' para comprobar los efectos de blablabla vacio ante la cruda realidad.
Re: La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
22 jul 2018
Ja, ja, ja, ja..., y para usted cuál es el papel de la mujer en esa supuesta "transformacion social verdadera".

Sus prejuicios contra las mujeres destacan en las pocas palabras que escribe. Cuando usted habla de Mary Shelley, refiriéndose a Frankenstein como "Monstruo", no reconoce su visión burguesa, discriminatoria y llena de prejuicios hacia la alteridad.

Y luego sobre ese hipotético "Monstruo", afirma que "tiene mucho que ver con el feminismo". Es decir, percibe cierta monstruosidad en el feminismo, pero de el machismo, el patriarcado o la masculinidad no señala nada. ¿Tal vez porque si el feminismo tiene que ver con el "Monstruo", el machismo, el patriarcado, lo masculino, etc..., tengan que ver con lo que concibe como "normalidad".

Y sobre Mary Wollstonecraft, usted no ha hecho algo mejor que yo. También ha hecho un recorta y pega, sólo que su "corta" es más bien un "recorta".

Mientras el texto que he colgado es íntegro, usted ha "seleccionado" la parte que le ha interesado destacar con una clara intención, pero sin contextualizar cuál era el pensamiento de la sociedad victoriana del 1800 y darse cuenta que las palabras de Wollstonecraft, que hoy pueden sonar "reaccionarias", en su época iban contra el pensamiento generalizado que relegaba a las mujeres a un mundo cerrado y sometido a la visión androcéntrica de la burguesía, y que las palabras de Mary Wollstonecraft, chocaban brutalmente con la sensibilidad burguesa.

Si usted dijera de Mary Wollstonecraft que su visión del papel de la mujer está superada en muchos aspectos, apenas tendría que objetar, pero cuando usted señala de manera acusatoria a Wollstonecraft, como si sus ideas fueran influyentes en la sociedad, lo que pretende es manipular la realidad.

Esa idea de "apartar a los pobres", es todavía muy actual en el siglo XXI y la sostienen muchos mandatarios y jerarcas, y no por influencia de Mary Wollstonecraft, sino por una cuestión de eugenesia social que el capitalismo adquiere de la concepción de superioridad que el patriarcado tiene sobre la mujer, a la que también recluye fuera del espacio público. Para usted la idea de Mary Wollstonecraft de segregar a los "pobres" es una percepción burguesa. SIn embargo la segregación impuesta a las mujeres, la concibe como algo natural que no merece comentario alguno.

Si usted no sabe ver paralelismos entre "su mundo ideal" y el que prejuzga, juzga, segrega y excluye, es decir, un mundo del privilegio burgués capitalista, es que no es más que un dogmático militante patriarcal, la primera opresión de clase, por tanto no me hable de falsos planteamientos ideológicos, porque cuando apela al "desapasionamiento" me deja claro que el impostor es usted. Sin pasión no hay ni revolución, ni utopía, ni "transformación social verdadera".

Gracias por su comentario. Nos ha dejado las cosas mucho más claras.
Re: La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
22 jul 2018
Más que de “matriarcado” tendríamos que hablar, descubrir, desarrollar, fortalecer la natural línea MATRILINEAL de reproducción y cultura social. Además de colaboración colectiva, trabajo, etc.
Re: La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
23 jul 2018
Una exploración similar chupiguay matrilineal en condiciones sedentarias, de abundancia productiva y de productores superfluos, sobre todo hombres, conllevó en el neolitico a un genocidio masculino masivo en todo el mundo.

Dejando de lado que la matrilinealidad, que es tan natural como la patrilinealidad, se practicaba porque no era posible saber con certeza quién era el padre pero si quién era la madre, y hoy si se puede saber con certeza quienes han sido el padre y la madre de una persona y por esto volver a la matrilinealidad sería reduccionista y no tiene sentido excepto si se busca emplear la matrilienalidad como eje funcional del desarrollo de la industria de la artificialización y mercantilización bioreproductiva en las clases medias con poder de compra y, a la vez, excepto si se busca poder ocultar la identidad de los padres para fomentar aún más la tendencia poligamista de los machos alfa adinerados y de clase media, pregunto ¿hay que repetir aquel genocidio para contentar al sesentayochismo y sus, normalmente feministos, machos alfa polígamos de clase media?

Repito, la ideología sesentayochista comtemporánea basada en el subjetivismo y base de la producción y transformación industrial de deseo que ha dado en los grandes avances en ganaderia humana de estas últimas décadas, es la URSS del siglo XXI, en el mejor de los casos, y sin superarla no puede haber ninguna lucha realmente pro igualitaria y, mucho menos, revolucionaria.
Re: La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
23 jul 2018
Margaret Thatcher, la Reina Isabel II, la Reina Sofia, Beatriz de Holanda, Christine Lagarde, Simone Veil, Elisabeth Badinter, Ana Mato, Esperanza Aguirre, la Cospedal, la San sebastian, Rita Barberá, la de Zara y varios millones de otras oligarcas, solidarias y hermanadas con Alizz en su cruzada con el patriarcado. (Supongo que obtendras algo para tus gastos si les pides educadamente algun estipendio ;)

Ahora también teneis a las Koplovitz y a doña Ana Patricia Botin, dueña del Banco Santander para financiar(os):
https://www.youtube.com/watch?v=FtJI_fXqzco
https://www.google.con.ar/search?q=patricia+botin+feminista&oq=patricia+

mientras tanto, el 94 por ciento de las muertes por accidente laboral siguen siendo varones.
3000 de las 4000 muertes por suicidio en España son de varones (y seguramente tendrán algo que ver en esas cifras las leyes inicuas que promoveis las feminA*iss)
y 9 de cada 'diez homeless' son varones.
pero para eso sirve el femenismo, ¿verdad?
Re: La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
23 jul 2018
Lamentablemente hemos tenido que padecer durante décadas a este tipo de sesentayochistas, y no, Marx no avaló la idea de que las mujeres constituyan una clase social, la primera, esa fue una posición de Engels, sin base teórica correcta ni suficiente, y sin ningún aval o sostención teórica real en la obra de Marx:

Acerca del bluf de que Marx avaló la idea de que las mujeres constituyen una clase social
https://irteen.net/el-bluf-de-que-marx-dijo-que-las-mujeres-constituyen-/

Tengan, por favor, un minuto de seriedad, señores y señoras oportunistas.
Re: La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
24 jul 2018
¿Quienes forman la familia nuclear...? ¿Acaso "la esposa" en la familia nuclear no es mujer?

¿A qué se refiere Engels cuando habla de "moderna familia individual"?

Ilústrenos usted con su minuto de seriedad. Leo que en en esa web que recomienda se habla de "abortismo" y se refiere a quienes están contra el patriarcado como "ideología generista nazifascista".

Vamos entendiendo de qué caverna sale usted con sus teorías de revisionismo histórico e ideológico. El actual presidente del PP, Casado, y usted tienen más de una coincidencia
Re: La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
24 jul 2018
¿Tiene algo de mejor Sanchez? Ya nos conocemos esa trampa. Quédese usted con Engels y el sesentayochismo, que yo me quedaré con Marx y el marxismo.
Re: La condición de la mujer y la "primera opresión de clase"
26 jul 2018
Viva la Federación Anarquista Informal. Frente Revolucionario Internacional @:) Y el sexismo al basurero de la historia

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