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Notícies :: educació i societat : amèrica llatina : sexualitats : dones
El ejercicio de la crítica y autocrítica, una necesidad para avanzar hacia un feminismo clasista
14 gen 2018
Desde Chile, Laura González en La Haine reconoce que, los escasos avances no son más que la consecuencia de la falta de claridad y propuesta política feminista desde la vereda revolucionaria
Uno de los temas que ha tomado gran fuerza en el debate político de la izquierda revolucionaria tiene relación con el patriarcado y la lucha feminista al interior del movimiento popular. Este incipiente debate no significa que sea un tema nuevo, por el contrario, el patriarcado es una realidad objetiva en la sociedad capitalista y ha sido abordado por diferentes mujeres y hombres al menos hace cien años. Mariátegui en 1924 decía “el feminismo, como idea pura, es esencialmente revolucionario”, es por ello por lo que es fundamental despejar la idea de que este tema que para algunos parece tan novedoso, o una moda reciente, la verdad es que es bastante antiguo.

La dificultad radica en que este problema no ha sido “tema” en nuestra franja hasta hace poco más de algunos años que comenzó a instalarse y a generar la necesidad en las diferentes organizaciones sociales y políticas de la izquierda revolucionaria de tomar posición y tener algo que decir al respecto. En este incipiente recorrido, se visualiza un avance relacionado con el reconocimiento del patriarcado como estructura de dominación que ha generado una condición de doble explotación de la mujer trabajadora y de opresión sobre ella en todos los planos de su vida (social, político, cultural, sexual). Sin embargo, estos avances en la franja no han logrado salir del plano declarativo, es decir, en la incorporación de los principios de las organizaciones, en consignas, en asistencia a marchas, etcétera; pero cosa muy distinta es que se generen avances concretos, prácticos y subjetivos en torno al tema, que no sólo se exprese en trabajo hacia afuera, sino también en la autocrítica al interior de las organizaciones en busca de superar las prácticas patriarcales internas.

Los escasos avances no son más que la consecuencia directa de la falta de claridad y propuesta política feminista desde la vereda de los y las revolucionarias, ya que no se ha logrado avanzar hacia una línea política que genere una síntesis entre feminismo y clasismo. Frente a lo anterior, es posible afirmar que, hasta la fecha, la hegemonía del feminismo la tienen corrientes liberales y burguesas que han influenciado el sinnúmero de tendencias al interior del movimiento feminista, incluyendo en ello una influencia en la franja revolucionaria. Algunos elementos de influencia transversal a mencionar son: instalar las demandas feministas sin cuestionar el capitalismo como sistema de explotación, centrar parte importante de la lucha en la liberación y autonomía sobre el cuerpo (aborto, por ejemplo) y el placer sexual (es decir en el plano individual), desconocer la sociedad de clases, hacer de la mujer una categoría social por sí misma, trascendiendo la clase, luchar contra todas las violencias. Esto es un retroceso si comparamos con Alexandra Kollontai, que hace décadas dijo que el mundo de las mujeres, al igual que el de los hombres, está dividido en “dos bandos”, dos clases sociales, y por lo tanto existen diferencias significativas en torno a los intereses y aspiraciones de las mujeres.

Esta hegemonía influencia al feminismo de organizaciones burguesas, principalmente aquellas vinculadas a las políticas públicas y academia; influencia a las organizaciones de la izquierda reformista vinculada a las organizaciones estudiantiles principalmente.También irradia influencia en el feminismo vinculado a las tendencias anarquistas que, al centrar su lucha en la mujer en tanto individualidad, han llegado a dejar de lado la lucha de clases como marco de desenvolvimiento de las luchas del pueblo, lo cual termina por potenciar un feminismo de conciliación de clases, pues se otorga mayor relevancia a la lucha por la mujer que a entender la diferencia que existe entre una mujer trabajadora y una burguesa. En esa gama de feminismos influenciados por el feminismo liberal burgués, en algunos casos ha abundado una perspectiva de lucha reformista que no cuestiona el capitalismo, y en otros un feminismo más parecido al socialismo utópico, aquel que busca salir del capitalismo, pero termina conviviendo con él sin hacerle ningún daño. En todos los casos no existe feminismo revolucionario.

Es importante mencionar que no se pueden desconocer los esfuerzos de diferentes organizaciones sociales y políticas de la izquierda revolucionaria por avanzar en propuestas para una línea política feminista clasista y revolucionaria, sin embargo, aún se mezclan con perspectivas burguesas, liberales y posmodernas. Esta falencia ha propiciado deformaciones ideológicas, habiendo feministas que han olvidado que mientras no se acabe con el capitalismo no se acabará con el patriarcado, y que para ello la lucha la debe dar la clase en su conjunto. Sin embargo, el problema no radica en estas mujeres, sino más bien en las organizaciones políticas de la franja revolucionaria que no han tenido la capacidad de tener posición política para la construcción de un feminismo de clase, arrastrando a sus militancias a la confusión ideológica frente al tema.

Esto ha generado una serie de perspectivas, prácticas y acciones al interior de la franja que, efectivamente tensionan las organizaciones. Ahora la militancia política es cuestionada por patriarcal, derivando en conflictos en donde se ha incurrido en la develación de militancia de compañeros y compañeras, actitud que más que feminista parece soplonaje reaccionario. Asimismo, la funa de acosadores, abusadores y machistas también se ha transformado en una herramienta sobre utilizada, mediatizando todos estos problemas, sobre exponiendo casos que en general son de gran complejidad en su tratamiento y solución. Sin embargo, y una vez más surge la pregunta: ¿Dónde está la responsabilidad? Nuevamente recae en la carencia de las organizaciones revolucionarias de hacerse cargo del tema, y ya no sólo con una línea política feminista y clasista, sino también con una práctica coherente con ello, lo que implica partir por la profunda autocrítica y el reconocimiento de prácticas patriarcales en el plano organizativo y las respectivas medidas que se deben adoptar para ello.

Ante estos problemas, muchos compañeros han preferido criticar el carácter liberal y divisionista del feminismo en vez de hacerse la autocrítica y asumir lo atrasado que está el sector en este tema, ya que el patriarcado es una realidad material, que no se puede seguir desconociendo y del cual debemos hacernos cargo.

Este diagnóstico nos invita a asumir varias cosas: en primer lugar, el patriarcado es una realidad objetiva y material, del cual la franja revolucionaria no está exenta; en segundo lugar, el feminismo hoy está hegemonizado por corrientes liberales y burguesas, generando confusiones y deformaciones político ideológicas en el mundo popular y revolucionario; en tercer lugar, las organizaciones políticas de la franja revolucionaria no han tenido la capacidad de proponer lineamientos políticos desde una perspectiva clasista y revolucionaria lo que ha derivado en una serie de problemas al interior de las organizaciones sociales y políticas; en cuarto lugar, la franja al no tener claridad política no ha logrado superar el plano declarativo y no ha logrado identificar y erradicar con acciones concretas las prácticas machistas y patriarcales en el seno de sus organizaciones.

Ante este diagnóstico, surge como necesidad imperiosa avanzar en líneas políticas, pero sobre todo en la autocrítica honesta, profunda y real de los compañeros y compañeras frente a las prácticas organizativas y militantes. Es un deber revolucionario avanzar en este plano, asumir el problema en el marco general (patriarcado y capitalismo), pero también e igualmente relevante, avanzar en la exploración interna de las organizaciones en cómo avanzar en lo político y práctico para no hacer de nuestras organizaciones la replicación de la sociedad que queremos destruir.

Hoy parece ilógico y reaccionario no querer avanzar en ello. El patriarcado existe y debe ser derrocado, y es aberrante y repudiable todo aquel compañero que no logre dar el paso en comprender que este problema también lo arrastra la clase trabajadora y que debe extirparse de nuestras organizaciones, porque las mujeres trabajadoras son el 50% de la clase y con ello la mitad del contingente revolucionario. No solidarizar con la condición de doble explotación y opresión de la mujer trabajadora, compañeras de clase y militancia,no combatir hasta acabar con las malas prácticas o “hacer el desvío” al tema, no es más que dejar de ser revolucionario o revolucionaria.

Es lamentable encontrar compañeros que, si bien tienen grandes capacidades políticas, argumentativas, disciplina militante, entre otros, tengan prácticas que obstaculizan el desarrollo del feminismo clasista en vez de asumirlo como una necesidad imperiosa pues forma parte del período en el que nos encontramos, y una revolución en este momento de la historia debe ser feminista o no será revolución. Ese tipo de conductas hablan más de un reaccionario que realmente sí goza y quiere gozar de sus privilegios.

Algunas propuestas para avanzar en el feminismo de clase:

- Entender que capitalismo en tanto sistema de explotación y el patriarcado en tanto estructura de dominación funcionan articuladamente y para destruir uno se debe destruir el otro a través de la lucha de la clase en su conjunto.
- En el capitalismo, la opresión de la mujer surge de manera conjunta con el surgimiento de la propiedad privada, transformándose en un bien más del hombre en tanto dueño del patrimonio familiar. La institución que ha sustentado esto ha sido la familia, que encuentra su origen en el modelo de familia burgués.
- El patriarcado ha servido al capitalismo para utilizar la condición de opresión de la mujer y explotarla por dos, a través del trabajo doméstico y el trabajo asalariado, siendo una característica más propia de la clase trabajadora que burguesa, pues la mujer burguesa no es doblemente explotada, ya que explota a la mujer proletaria para que cumpla las labores domésticas en su hogar
- La condición de opresión de la mujer se expresa también en planos ideológicos como la moral y religión, el rol que cumple al interior de la familia que se caracteriza por la reproducción de vida y fuerza de trabajo, la violencia doméstica, la reducción de su sexualidad al placer del hombre y no a su placer propio, su opresión sexual y las penas del infierno social si decide vivir libremente su sexualidad. Objetivarla sexualmente, tratarla como objeto de disputa entre machos, violarla y matarla. Por último, tratarla de loca, histérica y exagerada cuando levanta la voz y reclama lo justo.
- Junto al desarrollo de línea política es altamente necesario desarrollar prácticas al interior de las organizaciones que sean coherentes con ello, y enfrentar directamente las malas y viejas prácticas patriarcales con educación, pero también con las sanciones que sean necesarias
- El patriarcado se expresa desde lo económico hasta el plano afectivo, por lo tanto, como franja deberemos hacernos cargo de afrontar de frente todo tipo de violencia al interior de las organizaciones, desde el acoso sexual y psicológico hasta la violencia física, sexual y psicológica.
- Por último, las organizaciones deben comenzar a cuestionarse como dejar de marginar a las mujeres de la participación social y política producto de su condición de vida generada por el capitalismo patriarcal y ver las formas de generar las condiciones necesarias para su desarrollo y participación social y política, incorporándolas en tareas que han tendido a ocupar principalmente los hombres.

Revisar regularmente nuestro trabajo, desarrollar durante el proceso de revisión el estilo democrático de trabajo, no temer a la crítica ni a la autocrítica y aplicar aquellas máximas populares chinas tan buenas como di todo lo que sepas y dilo sin reservas, no culpes al que hable, antes bien, toma sus palabras como una advertencia y corrige tus errores, si los has cometido, y guárdate de ellos si no has cometido ninguno: he aquí la única forma eficaz de evitar que el polvo y microbios políticos infecten la mente de nuestros camaradas y el cuerpo de nuestro Partido (Mao Tse Tung).

La Haine

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mm_ss_est_esp.php/el-ejercicio-de-la-critica

This work is in the public domain

Comentaris

Más confusión
14 gen 2018
Con convicción plumbea este señor nos aclara que "el patriarcado es una realidad material". Se podrían escribir cinco bibliotecas de Alejandria con el material de las ideologías variadas con que esta gente define al fantasmático el "El Patriarcado", pero no leerlas porque no hay mente humana capaz de soportarlo sin enloquecer. En este caso, nuestra socialdemócrata "revolucionaria" nos describe más abajo al el El Patriarcado "en tanto estructura de dominación ", (no es el estado, es el "El Patriarcado") que consiste en "el hombre en tanto dueño del patrimonio familiar", y de la mujer misma, siendo finalmente Patriarcado y familia monogámica patrimonárquica de acumulación básicamente lo mismo (hoy, mañana o dos líneas más abajo podrá decir todo lo contrario si le dá la gana y nadie le saldrá al paso). Estos hombres dueños del patrimonio familiar y de las mujeres estructurados como red de propietarios de mujeres serían el El Patriarcado (Las mujeres propietarias de patrimono familiar no constituirían, en cambio, un el El Matriarcado, como no podía ser de otra manera). Luego, además, el "trabajo doméstico" no estaría inscrito como trabajo reproductivo dentro del trabajo productivo (de plusvalía), con los niveles salariales acordes a la fase de la acumulación alcanzada, sino como trabajo no pagado a causa del El Patriarcado. Y por supuesto la reproduccion biológica no es una autorreproducción de las mujeres mismas, y un gasto que deprime la ganancia capitalista a corto y medio plazo, y también a largo plazo cuando las proporciones de la sobrepoblación relativa conducen a que cada vez mayores de sus segmentos sean excedentarios, y su conjunto de menor valor cuando se arriba a un nivel superior de desarrollo de la composición orgánica del capital y de la acumulación, y por ende de la mercantilización de la forma familia y su supeditación al poder de compra de los sujetos como condición de su existencia. Estos problemas no existen ni son el verdadero problema del proletariado, nuestro problema es el El Patriarcado, que se soluciona vendiendo las mujeres su fuerza de trabajo reproductiva en el mercado capitalista, aunque ello conduzca al cese de la reproducción social del proletariado como población humana, por fracciones y secuencialmente, a medida que les interese a la burguesía, el estado, la aristocracia obrera y el gran y pequeño capital durante el proceso de explotación.

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