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Notícies :: corrupció i poder : educació i societat : pobles i cultures vs poder i estats : dones
Las mujeres en la insurrección revolucionaria en Cuba
03 nov 2017
Investigadorxs e intelectualxs debatieron en un papel sobre las insurrectas en las acciones rebeldes antes de 1959. Aquí un breve texto.
Numerosas mujeres cubanas participaron en la lucha clandestina urbana y en el Ejército Rebelde en las montañas, que derrocó en 1959 al dictador Fulgencio Batista (1901-1973). Pero su impronta permanece a veces olvidada y poco reconocida, coincidieron investigadores e intelectuales reunidos en La Habana.

Esta deuda trascendió en el panel “Mujeres Insurrectas. Sus huellas más allá de las fronteras cubanas”, que se realizó el 19 de octubre en la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí”.

“Hay mujeres de las que nadie habla, a pesar de todo lo que hicieron en el clandestinaje. Arriesgaron su vida para esconder a los perseguidos o para trasladar armas y propaganda política”, dijo la etnóloga Natalia Bolívar.

Ella, que perteneció a un grupo clandestino denominado Mujeres Oposicionistas Unidas, recordó cómo después del ataque al Palacio Presidencial (13 de marzo de 1957) La Habana se convirtió en un lugar muy peligroso, sobre todo para quienes apoyaban las luchas contra el gobierno de facto de Batista.

“Aquello era muy difícil, pero todas nos ayudamos unas a otras y logramos salvar a muchas personas, aunque esas acciones hayan quedado en el olvido”, lamentó.

La reconocida profesora universitaria Isabel Monal, integrante hasta su disolución del Movimiento 26 de julio, relató también sus experiencias, su tiempo en prisión por apoyar la lucha clandestina y su vida en el exilio para huir de la represión.

“Participar en aquellas acciones era muy mal visto”, contó, “la familia quería que una fuera una “muchachita buena”, incluso aunque los padres compartieran las mismas ideas políticas”.

“Si bien muy pocas mujeres ocupaban cargos de dirección dentro del movimiento clandestino, éramos muchas dentro de él. Algunas vivíamos casi de gitanas porque nos buscaba la policía y todo resultaba muy angustioso”, relató Monal.

De acuerdo con el investigador y ensayista Luis Toledo, “es muy triste que tengamos que insistir tanto en defender y reconocer el papel de la mujer cubana en la historia de Cuba”.

Toledo, quien ofreció detalles de vida de la luchadora clandestina Telvia Marin Mederos (1922-2016), apuntó que es “un problema muy serio la invisibilización de la mujer”.

La historia de Norma Porras fue una de las más conmovedoras narradas en el panel, aunque ya era un tanto conocida pues inspiró la película Clandestinos (1987), del cineasta cubano Fernando Pérez.

Cuando se encontraban escondidos de la fuerzas represivas, Porras que entonces estaba embarazada, su compañero Ángel Ameijeiras (Machaco) y otros dos clandestinos fueron sorprendidos por agentes armados. Todavía hoy no se sabe a ciencia cierta cómo ella pudo sobrevivir al cerco de ametralladoras.

Los sucesos de la casa de O’ Farril y Goicuría conmovieron y conmueven desde el cine a generaciones de cubanas y cubanos, pero la película suaviza con un lado romántico la verdad de que a los hombres sobrevivientes se los llevaron presos y los asesinaron después, reveló Porras.

El Comandante Guillermo Jiménez reconoció que muchos combatientes de la clandestinidad le deben su vida a la sección de Mujeres Martianas y a otras muchas del Movimiento 26 de Julio.

Los panelistas destacaron cómo las mujeres a las que estuvo dedicado el panel abrieron un camino para romper relaciones discriminatorias y hasta hoy puede verse una continuidad generacional.

Asimismo, recordaron la vida y obra de mujeres que lucharon en el Ejército Rebelde, que derrotó a Fulgencio Batista en enero de 1959 y cuyos nombres son más conocidos como los de Celia Sánchez (1920-1980), Haydée Santamaría (1923-1980), Melba Hernández (1921-2014) y Vilma Espín (1930-2007).

Ellas no solo participaron en la insurrección, sino que ocuparon cargos en el Gobierno, organizaciones de masas, instituciones culturales, entre otras. Por ejemplo, la obra de Santamaría frente a Casa de las Américas trascendió las fronteras de Cuba y es conocida ahora en todo el continente.

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