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Notícies :: antifeixisme
La paz se gana a hostias
25 oct 2017
El pacifismo burgués se ha instalado en el subconsciente del pueblo hasta límites que serían cómicos si no fuera por lo dramático de la situación. Es ese pacifismo que dice que el hecho de que el Estado someta al pueblo a la más humillante de las violencias no puede ser nunca excusa para que el pueblo deje de ser pacífico. Es ese pacifismo de catequesis que defiende el ‘ojo por ojo’ para pedir castigo hacia quien se rebela contra el poderoso, pero que le pide al oprimido que ponga la otra mejilla para que se siga manteniendo sumiso.
En Euskal Herria llevan décadas dándonos la matraca con aquello de ‘Los Violentos vs. Los Demócratas’ y al final el mensaje acaba calando, hasta el punto de que ya preferimos que nos maten a hostias a que nos califiquen de violentos. Y mientras disfrutamos de nuestra nueva etiqueta de demócratas, se apaga la llama de la lucha al mismo ritmo que se apaga la vida de los presos enfermos, y hacemos manifestaciones masivas o pequeñas al paso del funeral que viene, al de pasear comiendo pipas los domingos, al que marca la horchata que corre por nuestras venas. Después a casa y hasta la próxima vez que una noticia nos llene de indignación y necesitemos dar otro paseo.

Durante el último mes estamos viendo también en Catalunya un claro ejemplo de esto que digo. Tuve el placer de estar en Barcelona el 1 de octubre durante el referéndum de independencia y allí pude ver resistiendo cargas policiales a gente que seguramente hasta hace poco no se había movilizado nunca, con dignidad y orgullosa de defender aquello que anhela. Como respuesta del Estado, abuso policial, entrada en medios de comunicación, ilegalizaciones, detenciones, encarcelamientos… Vamos, lo que lleva tanto tiempo pasando en Euskal Herria bajo la excusa de que nuestra violencia atentaba contra la democracia, ahora en Catalunya bajo la excusa de que poner urnas atenta contra su ley, de la que luego hablaré.

Y en ese contexto de permanente violencia de estado, hemos escuchado en infinidad de ocasiones a los representantes de los partidos políticos independentistas que no hay que caer en provocaciones, que la llamada Comunidad Internacional se dará cuenta de que los violentos son los otros y defenderán los derechos democráticos de los catalanes. Ante todo mantener la imagen de ser ‘gent de pau’. Y mientras, esos bancos que financian las armas con las que nos abren la cabeza, esos que nos cobran millones en intereses por prestarnos el dinero que previamente les hemos ingresado, se marchan chantajeando a Catalunya con sumirla en la miseria. Y los empresarios que se hicieron millonarios a costa de la plusvalía del trabajo de otros y otras o de las herencias de sus antepasados franquistas, dicen que se marchan si la clase trabajadora no hace lo que a ellos les da la gana, porque así es su democracia, una basada en todo tipo de violencia, ya sea física, psíquica o económica, que abarca las dos anteriores.

Y como somos gente de paz, en vez de defender que en una república socialista los medios de producción quedarían en manos de la clase trabajadora y esas amenazas se quedarían en palabrería, nos empeñamos en dar argumentos estúpidos y en decir que la Unión Europea haría esto o lo otro. Hablar de república socialista nos pone irremediablemente en una situación de guerra ante el capitalismo, porque por medio de la guerra se ha resuelto históricamente esa contradicción, y nos da vértigo porque sabemos que el Estado español prefiere una Catalunya bombardeada como Donbass que una Catalunya independiente y socialista. Nosotros, que somos gente de paz, no tenemos claro si en ese caso no será mejor seguir sometidos, que igual la libertad tampoco vale tanto.

Por cierto, que en esa Catalunya que aún forma parte de la próspera UE vi por todas partes gente sin un techo bajo el que dormir, vi a un indigente minusválido que olía tan mal que las moscas no paraban de rondarle, y no porque sea mierda, sino porque como mierda le trata la Catalunya española y capitalista. También esto es violencia, y de las peores. No hace falta esperar a ninguna independencia para ver miseria.

Está claro que la violencia ha de ser siempre la última alternativa, que antes es necesario explorar el resto de vías, y el pueblo catalán lo ha hecho de manera ejemplar dejando al descubierto el carácter fascista del Estado español. Lo ha hecho gracias a su actitud pacífica, por lo que no seré yo quien diga a los catalanes lo que tienen que hacer, ya que han demostrado sobradamente que no necesitan los consejos de nadie para seguir haciendo camino. Sólo les pido que no acepten que la represión se normalice y que no olviden nunca que defenderse es su derecho, uno más entre tantos, uno más de los eternamente criminalizados.

Decía antes que hablaría de las leyes del Estado español, aunque no me extenderé porque todos sabemos que emanan de una Constitución nacida al amparo del franquismo y de la pólvora de los militares. Las leyes las hace el matón de la clase, una vez más las hace el más fuerte y encima garantiza por medio de ellas que podrá seguir abusando del resto cada vez que le dé la gana, que para eso se han inventado los artículos 2, 8, 155 y algunos otros de la Constitución española. En definitiva, que como los estados capitalistas nos imponen sus leyes a hostias, a quienes queremos crear en nuestro entorno una mentalidad revolucionaria nos toca defender que no puede haber ley que suplante a la justicia y que sin justicia no hay paz. Y donde no hay paz la justicia se gana dando a nuestros enemigos, por lo menos, tantos golpes como ellos a nosotros. Para ganar derechos siempre hay que saltarse alguna ley.

Tampoco puedo dejar de mencionar a esos pseudo pacifistas que nos echan en cara que digamos que estamos ante un sistema fascista o que se parece al franquismo. Dicen que eso es quitarle gravedad a lo que ya se ha vivido, y que lo que hay es un déficit de democracia. Parece ser que para denunciar el fascismo hay que esperar a que tiren nuestros cadáveres a las fosas comunes. Sólo quiero recordarles que el fascismo se amolda a cada coyuntura según su propio interés, y que los caciques de ahora son los hijos de los caciques del franquismo. El que quiera comprobarlo sólo tiene que indagar un poco en la estirpe de los ricos de ahora y en la mayoría de los casos encontrará una saga de franquistas. En cualquier caso, lo que determina si un estado es fascista no es su nivel de represión actual, sino la violencia que está dispuesto a usar y los fines con los que lo hace.

Quiero haceros una aclaración a quienes acabáis de descubrir que en el Estado español existen presos políticos, y es que hace más de 80 años sin interrupción que existen: los hay anarquistas, comunistas e independentistas. Algunos usaron la violencia a lo largo de su militancia (siempre defensiva ante la violencia de estado), otros no, pero todos comparten el honor de haber hecho frente al fascismo institucional y el merecimiento de la amnistía total para ellos y ellas. Sin una solución global como la amnistía en su sentido más amplio, el de solucionar de raíz las razones por las que existen los represaliados, estaremos condenados a que esta historia se repita siempre.

Para terminar quisiera volver referirme a la situación de Euskal Herria. Acabamos de saber de las peticiones de cárcel contra 48 personas por su trabajo en el ámbito de los presos políticos vascos, algunas de ellas de más de 20 años. Por encima de los desacuerdos ideológicos actuales, mi solidaridad ante la represión y la denuncia de esta nueva burrada. A continuación una afirmación que los acusados tal vez no compartan (o sí, porque no pondré yo palabras que no hayan dicho en su boca): la represión se amolda, pero por encima de coyunturas se aplica sin piedad, y es por ello que las únicas maneras de vaciar las cárceles son ceder o ganar. Entiendo que nadie pretende ceder (a mí tampoco me gusta que me acusen de decir lo que no he dicho), por lo que hago una invitación a todo el mundo a seguir luchando hasta ganar. Hace tiempo que nos metimos en este lío y ya no tiene vuelta atrás.

Tal vez algún día, esperemos que pronto, nos demos cuenta de que los que nos pisotean no lo hacen porque no sepan que nos hacen daño. Tal vez nos enteremos de que si nos reprimen es porque les da resultado a la hora de mantener sus privilegios, y que solamente el día que sientan tanto miedo como sentimos nosotros a rebelarnos, sólo entonces, querrán negociar para tratar de no perder todo y volver al punto de partida. Porque tan caprichosa es la paz que hay que ganársela a hostias.

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