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Notícies :: corrupció i poder
Reflexiones en voz alta sobre el Procès
28 set 2017
En Catalunya y en el resto del estado español, estamos al borde de una encrucijada. Más que de caminos, de incertidumbres. Se propone una ruptura abierta con la carta magna constitucional, a través de una herramienta que no tiene tan altas posibilidades: el referéndum.
Pero antes de entrar en la cuestión, vamos a ver muy rápidamente cómo se ha desarrollado este proceso y como poco a poco haciendo arte de recursos de prestidigitación dialéctica y emocional, y siendo el pueblo supuestamente los actores principales, nos han cambiado los papeles.

Supongo que estaremos de acuerdo en que todo parte por la cuestión de la independencia de Catalunya del estado español. Es decir, en Catalunya, hay un alto porcentaje de población que dice que no quiere pertenecer a España. Aquí seguramente los argumentos de cada cual, van a depender de sus entornos y sus condiciones de vida. Por ejemplo, las personas jubiladas se imaginan viviendo mejor su jubilación, en una Catalunya independiente. Hay quienes argumentan que Catalunya aporta más dinero del que recibe, y en la situación de crisis económica que ha sacudido a los países neoliberales, se necesita que ese dinero se quede en Catalunya y no vaya a otras comunidades, pues se están perdiendo servicios básicos de sanidad, educación, etc… También hay quienes sostienen que Catalunya no es España, y que quieres acabar con ese estado de colonización. Luego hay quienes plantean la ruptura con la España franquista y su Constitución, y plantean un proceso constituyente que acabe con el agravio impuesto por la dictadura y su monarquía y pretenden recuperar la república. Y así, cada cual va añadiendo a la larga lista de reivindicaciones la suya propia, sin reparar demasiado que salir de España, no garantiza la supervivencia y mucho menos la salida del capitalismo, la gran bestia que nos devora a todos los que trabajamos o llenamos las bolsas del paro y la pobreza.

Es complicado el relato porque las sensibilidades que nos motivan, se han mezclado intencionadamente con los sentimientos. De eso también va el nacionalismo, que como podemos comprobar históricamente, al subir al poder nunca consigue resolver lo que se propuso.

Pero tampoco voy a cagar tintas sobre el nacionalismo. Hay quienes es su motivo de vida y existencia, hay quienes lo odian, quienes les es indiferente, etc… Para esto también hay diversidad de maneras de vivirlo, y una no es más importante que la otra, pues cada una de ellas arrastra su propio equipaje de prejuicios.

A lo que quería llegar, para no alargar más la cuestión con mil detalles que distorsionan nuestra lucidez. Esta situación que se inicia hace tiempo, se propone como la consecución de la independencia y nos plantean si queremos la autodeterminación. Aquí nadie explica a qué se refieren con autodeterminación. Si se trata de que los de siempre, pero catalanes, nos autodeterminen, o que seamos el pueblo catalán quien se autodetermine. Sea como sea, ese nuevo origen es el derecho a la autodeterminación del pueblo catalán, y era el que nos movía. Posteriormente, esa reivindicación adquiere un giro insospechado, pues el reclamo de autodeterminación es sustituido por el derecho a decidir, y claro, quién en su sano juicio va a renunciar a su derecho a decidir. Tanto nadie nos aclara qué es lo que nos otorga ese derecho. SI es a decidir quién nos va a gobernar en Catalunya, algo que ya lo teníamos concedido por el estado español y sus leyes democráticas, o que en Catalunya, seremos todas las personas las que decidiremos cuales son nuestras prioridades y necesidades. A la par de este reclamo también se exige, esta vez con una razón más rotunda por las medidas del gobierno español, libertad de expresión. Esta es otra cuestión que nadie que luche por las libertades puede renunciar. Por tanto, todo va sumando.

A todo esto, lo que sucede es que poco tiempo después, todas esas reivindicaciones, que son memoria, se van quedando como en un horizonte y se van desdibujando cada vez que otra nueva se convierte en principal, es decir, coreada institucionalmente y jaleada popularmente. Y así llegamos a la situación actual, casi a punto del día “D”, el 1-O. Y sucede que hoy lo que se está reclamando, ya no es esa autodeterminación originaria, ni ese derecho a decidir o la libertad de expresión, sino la defensa del referémdum, es decir, defender las urnas, que son el medio y no el fin.

Pero en este juego de luces de gas y de falsificaciones, mentiras y recursos del poder que ni Maquiavelo podría retratar mejor, no podemos olvidarnos de la otra parte. Esa parte a la que llaman España, y de la que muchos hablan con “honor” y “patriotismo” por pertenecer a ella.

Esa España está hoy perfectamente representada por el gobierno español y su presidente español Mariano Rajoy. Es decir, por el PP en su totalidad y por comparsas y marionetas con aspiraciones de poder, como pueden ser Ciudadanos, PSOE, etc…, y la silenciosa monarquía.

En su totalidad, esas fuerzas políticas contrarias e instituciones defensoras de la unidad de España, nos hablan de ilegalidad por inconstitucionalidad, y abren al mismo tiempo los frentes represivos policiales y judiciales, y con ellos empiezan el asalto de Catalunya a través de la intervención no oficial de la autonomía, y pretendiendo dirigir las instituciones catalanas, bajo todo un extenso repertorio de amenazas, justificándose que los políticos “independentistas” catalanes, están secuestrado por los radicales de la CUP, cometiendo ilegalidades y atentando contra las reglas de juego de la democracia.

De todas esas acusaciones voy a destacar la de la inconstitucionalidad. Al estado español, al gobierno de España, al PP y todos los defensores de la unidad constitucional de España, la Constitución les importa una mierda. Pues han hecho todas sus necesidades parlamentarias encima de ella. Desde la impunidad por los delitos del franquismo, hasta toda una serie los derechos y libertades principales que aparecen en ella y que nunca han sido llevadas a los tribunales por no cumplirlas, más bien al contrario, han legislado para que su incumplimiento no se pueda realizar en nuestra vidas, y en las de todas las personas que nos van a preceder.

Citaré dos ejemplos muy evidentes, como son el derecho a la viviendo y el derecho al trabajo. ¿Cuántas personas hay en este país que tienen completamente vulnerados esos derechos, y en vez de repararlos, los agravan y legitiman creando oficinas de paro y servicios sociales.

¿Y qué puedo decir de la libertad de expresión que con razón ahora se reclama en Catalunya? El estado español ha cerrado medios de comunicación con la excusa de “no estar con los demócratas” y ser parte de los “violentos”. Y en eso ha habido casi unanimidad entre todos los partidos políticos, nacionalistas de un lado y de otro y no nacionalistas de un lado y de otro.

¿Quiénes cierran las empresas y las deslocalizan? Todavía no hay ni una sola denuncia de inconstitucionalidad por vulnerar el derecho al trabajo de todas las personas que han sido arrojadas al paro o afectadas por expedientes de regulación de empleo. Al contrario, ha sido el propio gobierno, tanto del PP como del PSOE, quienes han pactado todos esos “ajustes” y “reformas laborales”, sumiendo a las clases trabajadoras, en connivencia con las grandes fuerzas sindicales, en la más absoluta precariedad laboral. ¿Es ese el derecho al trabajo que expresa la constitución?, ¿el trabajo agotador y el derecho a la miseria?

De la vivienda qué puedo decir. Sin trabajo que nos garantiza apenas el sustento alimentario y la especulación urbanística e inmobiliaria, es difícil que ese derecho a la vivienda pueda consumarse. Entonces, ¿de que anticonstitucionalidad están hablando, si todo lo que han hecho los gobiernos han sido atentados a esa constitución?

Por continuar un poquito más con los herederos y continuadores del franquismo, es sorprendente que a nadie le llame la atención del silencio de la casa real, del rey. ¿Alguien cree que no están preocupados y haciendo lo posible para no enviar las trpoas del ejército a Catalunya?. De momento, y después de confirmarse que el Pròces seguía su curso y ya con las tensiones altas, el ejército inició maniobras militares en una zona del Empordà. Dijeron que las hacían siempre, pero en un momento con tensiones, esas maniobras no envían un mensaje de “normalidad” y más bien son una señal de intimidación.

Luego sucede el envío de fuerzas policiales de la policía nacional y la guardia civil que, ante la “poca efectividad” de los mossos para intervenir policialmente la autonomía, son relegados a ser testigos de la “efectividad” de la guardia civil. Y no es que los mossos sean “mejores” o “peores” que las otras policías, no, son también policías y atienden a sus responsables de mando que, como se comprenderá, no les van a ordenar que los detengan a ellos, y los envían para constatar que las concentraciones y las convocatorias en defensa del referéndum sean pacíficas y nadie se salte el guión, pues cualquier respuesta fuera de ondear banderas y lanzar consignas o pegar carteles, va a ser interpretada en clave de “kale borroka”, y como no han tenido todavía la oportunidad, pues la ETA cerró persianas y la izquierda abertzale decidió remar junto a las “traineras” institucionales, pues solo le quedan excusas como la de los “yihadistas” o los “anarquistas” para justificar el acostumbrado uso de la fuerza física violenta. Y reconozcamos, las policías democráticas del estado español y de Catalunya y Euskadi, aún no están preparadas para controlar situaciones sin repartir palos, romper brazos, sacar ojos a pelotazos, aunque poco a poco van aprendiendo. La escuela 15-M fueron sus primeros cursos, y van aprendiendo, Si no los propios policías que están entrenados para matar, pues sino no llevarían armas como las pistolas, y lo que haga falta, sí los políticos que las dirigen y que dan órdenes.

Al igual que los medios de comunicación de Catalunya promueven el referéndum en su programación, la caverna mediática de los medios controlados y afines a la unidad de España, utilizan sus habituales recursos, añadiendo la creación de esa figura monstruosa del nacionalismo catalán, a través de grabaciones, difusión de noticias manipuladas y todo tipo de noticias y reportajes que destacan, por una parte esa figura monstruosa que es capaz de manipular a niños y niñas indefensas, tanto en escuelas como en el entorno familiar, en el adoctrinamiento del nacionalismo, como la confrontación entre dos Catalunyas. Una que quiere seguir perteneciendo a España y de clase social trabajadora y humilde, y otra mucho más sofisticada, burguesa y tradicional catalana de barrios pijos y modernos.

Lo que está poniendo en evidencia esta situación, es un gran secreto a voces. El gobierno español, esté PSOE, PP o quien lo sostenga, son incapaces de resolver nada por la vía política. Son ineptos en todo menos en corrupción. Y este conflicto tampoco les ha venido nada mal para que las familias Pujol, Bárcenas, Millet, Gurtel, Rato, Mata, etc…, desaparezcan de la escena de visibilidad pública. Ahí tampoco hubo inconstitucionalidad alguna con el saqueo de las arcas públicas. Será que hay algún derecho en la constitución que avale el expolio de lo común y por eso los juzgados constitucionales, inconstitucionales y de cualquier instancia, investigan, o hacen ver que lo hacen, pero al final se abstienen. Y de las empresas que hay detrás moviendo todos esos hilos de corrupción, ni se supo, ni se sabrá. Hasta casi se le ha pedido perdón a la casa real porque no robaron “lo suficiente” como para encausarles y además fue para causas justas y legítimas para mantener sus niveles de vida.

Y solo voy a nombrar de otra larga serie de agravios que no fueron anticonstitucionales, la ruina causada por los bancos, empobreciendo a toda la población y la utilización del dinero público, dicen que para “rescatarlos”.

De todo lo mencionado y que ha supuesto malversación y apropiación de millones y millones de euros, ninguno de los encausados ha devuelto lo robado. Alguno ha pasado algunos días y noches en cárceles de “alto standing”, para “calmar” los posibles ánimos encendidos, pero todo se vivió con bastante normalidad. Hasta los escraches a estos corruptos acabaron siendo normales y se aceptaron como parte del “precio” a pagar.

¿Y qué decimos los anarquistas frente a este marasmo de putrefacción y bombardeo ideológico emocional? Pues los anarquistas no defraudamos a nadie porque tenemos recetas para todos los gustos. Si una no es de tu medida, busca que seguramente encuentras otra que haga juego con el pin de la “A” circulada.

De las opiniones o comunicados que he leído y que me parece que vale la pena destacar, citaré de entre varios el de Tomás Ibáñez (http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/38976), con un análisis lúcido del significado de lo que es la participación en este tipo de actos de sufragio popular que ya están decididos de antemano, y que los resultados suelen coincidir con las intenciones de quienes lo organizan. Nadie convoca un comicio para perderlo. Los nacionalistas catalanes han esperado su tiempo para hacerlo y lo han hecho en el momento que saben que van a ganar.

Y aunque la lucidez de Ibáñez es clarificadora, tengo la sensación de que no se da cuenta de todo lo que se mueve en esta ocasión. Sí, el resultado formal va a ser el previsto, pero hay otras cuestiones que se le escapan y que traspasan esa formalidad, y es por eso que me parece que Ibáñez, con su relato impecable, no acierta en las conclusiones. El tiempo lo demostrará. No a corto y posiblemente tampoco a medio plazo, tal vez habrá que esperar un poquito más. En el texto de Ibañez publicado en “a las barricadas”, hay además una respuesta de Miquel Amorós, otra persona que por lo general tiene discursos afinados y certeros, pero que, en mi opinión, en este caso le ha vencido su calidad de docente, cuando debiera de prevalecer no la exclusiva mirada individual, sino colectiva y militante.

Lo que sí que inquieta es constatar cómo afinidades libertarias de pronto se suman al carro ganador, pero no como arrieros, sino como animales de carga.

También están esa parte de estética dialéctica más radical que su repertorio está salpicado de multitud de consignas sobre lo que es ser anarquista y qué es lo que hacen, sin darse cuenta que decirles a los demás qué es lo que deben hacer o dejar de hacer, es completamente autoritario. El anarquista de Chile no tiene las mismas necesidades u oportunidades que el de Catalunya, por ejemplo, y es por eso que el análisis y la comprensión del contexto se hace siempre indispensable.

Otro de los comunicados que me gustaría destacar, es el de la “organización” Embat (http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/515443). Pongo entrecomillas lo de organización porque no me queda muy claro cuál es su papel y cometido, aunque siempre he tenido la sensación de que sus actuaciones han sido muy oportunistas, que no oportunas. Y destaco este comunicado, no por las simpatías que de entrada no siento por todo lo oportunista y mediático, sino porque pone en evidencia todo lo que expone Ibáñez, a demás de resaltar la torpe capacidad de quienes elaboran los discursos, pues a aparte de resaltar esa cuestión del oportunismo convertido en oportunidad, recalcan e insisten en la corrupción del partido de gobierno, como si el resto de partidos no hubiesen hecho lo mismo. Otra de sus grandes confusiones es afirmar que las tesis independentistas han sido asumidas mayoritariamente por la movilización, confundiendo independentismo con nacionalismo. Y por ello incluso hacen un llamamiento a secundar convocatorias de la ANC y hablan de “República catalana”. Embat tiene un enorme déficit de pisar el territorio de Catalunya. Si lo hiciera se daría cuenta que, más allá de ciudades como Barcelona donde hay mucho activismo, en otros lugares son los partidos y sus asociaciones quienes dirigen todo a golpe de pito y sin espontaneidad.

Sí, es cierto que hay una parte de independentistas que están por la ruptura con el “Régimen del 78”, pero esa motivación no es mayoritaria. Hay cierta lógica que si se trata de una ruptura con España, se rompa con lo que en el fondo significa, el legado franquista y monárquico, pero el franquismo también tuvo firmes colaboradores en Catalunya. Las olimpiadas de Barcelona en el año 92, es otro de los legados de esa continuidad franquista, donde Samaranch era presidente del COI, y de ahí salió buena parte de la tradición actual del voluntariado…, y de las comisiones del 3%.

De los comunicados que me parecen más próximos a su realidad, sólo mencionaré uno entre varios: el del Banc Expropiat. Y lo destaco por su sinceridad, porque señala cual es el trabajo de organización que habíamos abandonado y que desde hace poco tiempo, aunque en ocasiones más atropelladamente y desbordándonos, se está intentando recuperar. Y ese trabajo organizativo es el de la calle. No solo en el sentido de la movilización, sino en el sentido del contacto con las personas de los barrios, y eso es la labor que desde ateneos y centros sociales se está intentando trabajar, con grandes dificultades, aunque la falta de recursos se supera con el compromiso y la convicción.

Desde un anarquismo estético radical, hay opiniones criticonas a planteamientos “interclasistas”. En ocasiones hay aviesas intenciones en criticar, pues no se trata de un interclasismo, sino de organizarse más allá de las ideas y por cuestiones comunes que nos afectan a todas. Y eso se hace desde planteamientos de horizontalidad y antiautoritarismo, hablando y debatiendo sobre las cosas que nos preocupan y cómo podemos afrontarlas desde diferentes niveles de implicación.

Esto para las ideas dogmáticas y totalitarias es bastante demoledor, pues se atienden a las capacidades y a las necesidades de cada cual en la relaciones colectivas, teniendo en cuenta que el colectivo, en sí, también tiene sus necesidades.

Mi opinión ya más personal para ir concluyendo, es que como anarquista, no puedo ignorar lo que está sucediendo y hacer como que nada de eso va conmigo. Sí que va. Me afecta ahora y me afectará sea cual sea el resultado, si es que hay alguno concreto.

La manera como puedo responder individualmente aún no la tengo clara, pero debe de ser en la calle, y según los acontecimientos, actuar de una u otra manera. De manera colectiva, compañeros y compañeras han expuestos sus diferentes maneras de participar, todas en la calle, una siendo parte del proceso e intentando que se cumplan las cuestiones que han hecho que esto sea un movimiento popular, y otras estando dispuestas a intervenir si las fuerzas del orden arremeten contra las personas que quieren participar del proceso, siendo críticas con toda colaboración con el nacionalismo y luchando contra el capitalismo.

Las convocatorias de huelgas generales por una parte apoyan las movilizaciones por el referéndum, son huelgas políticas que no reclaman los medios de producción, cuando podrían ser otra muestra más de desobediencia plantear que no se trabaja sin unas condiciones dignas y que la clase trabajadora, también tenga el derecho a decidir sobre su trabajo.

Aquí se juntan el hambre y las ganas de comer, y los sindicatos convocantes, ni tienen ambición, ni la persiguen, sólo es una muestra más de vasallaje hacia un gobierno que esperan, si triunfa la independencia, sea más benevolente.

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Comentaris

Carta a Tomás Ibáñez de Miquel Amorós
29 set 2017
Alacant, 27-09-2017. [Kaos en la Red]

Compañero Tomás

Tus “perplejidades intempestivas” son el mayor exponente leído por mí del sentido común y del seny revolucionario que debieran reinar no sólo entre los libertarios, sino entre todos aquellos que quieren abolir esta sociedad en lugar de administrarla. No obstante, no me extraña que un mogollón de gente que se dice anarquista se haya apuntado a la movida nacionalista y proclame con bríos el derecho a decidir el material del que estarán hechas sus cadenas: ¡hay de Ricardo Mella y “la ley del número”!. Tampoco escasearon los que en su día se subieron al carro de Podemos o al del plataformismo y cambiaron los harapos de la lucha de clases por la ropa nueva de la ciudadanía. Es propio del anarquísmo filisteo ante la menor encrucijada histórica el optar por hacerle el juego al Poder establecido. La guerra civil española es el ejemplo más palmario de ello. Confusión, atracción irresistible del jaleo, desclasamiento, táctica del mal menor, el enemigo de mi enemigo, lo que sea. El resultado final es ese: una masa de paletos esclavos de cualquier causa ajena y un montón de egos enfermizos estilo Colau o Iglesias que pagarían por venderse. En fin, negras tormentas agitan los aires y nubes oscuras nos impiden ver. Intentemos disiparlas.

La cuestión que cabría preguntarse no es por qué un sector local de la clase dominante decide resolver sus diferencias con el Estado por la vía de la movilización callejera, sino por qué una porción considerable de gente con intereses contrapuestos, principalmente jóvenes, actúa como decorado escenográfico y fuerza de choque de la casta que ha patrimonializado Cataluña, clasista, católica, corrupta y autoritaria como la que más. El juego del patriotismo catalán no es difícil de desentrañar y quienes lo promueven y aprovechan nunca han pretendido ocultarlo. El “Procès” ha sido una arriesgada operación de clase. La consolidación de una casta local asociada al desarrollo económico exigía un salto cualitativo en materia autonómica que la estrategia del “peix al cove” (“pájaro que vuela…”) no podía lograr. La negativa de la plutocracia central a “dialogar”, o sea, a transferir competencias, principalmente financieras, bloqueaba el ascenso de dicha casta y mermaba peligrosamente su influencia y capacidad política de cara a unos empresarios, industriales y banqueros dispuestos a dejarse liderar por soberanistas con tal de triplicar sus beneficios. La decisión por la cúspide de ir al “choque de trenes” significó una ruptura radical de la política pactista del catalanismo político. No iba en serio, es decir, nunca tuvo como finalidad la declaración unilateral de independencia, puesto que sólo pretendía forzar una negociación desde posiciones más ventajosas. Sin embargo, como tenía que aparentar que sí, necesitó de un aparato de agitación bien engrasado con el fin de inocular una mística patriotera que pusiera a hervir de forma controlada el caldo identitario. Y la movilización se hizo realidad. Fue todo un espectáculo. La demagogia independentista, armada con el marketing de la identidad, supo prolongarse en un ciudadanismo democrático con el que pudo sacar a la calle a masas demasiado domesticadas para hacerlo por propia voluntad. Con gran habilidad tocó la fibra oscura de las emociones reprimidas y los sentimientos gregarios que anidan en los siervos del consumo, es decir, supo remover en provecho suyo el poso de la alienación. El objetivo, según mi punto de vista, ha sido alcanzado, y la casta dirigente estatal está mucho más dispuesta a modificar la constitución del posfranquismo para mejor encaje de la casta catalanista, aunque para ello ésta tendrá que sacrificar algunas figuras por el camino, quizás al mismo Puigdemont. Poderosos representantes del gran capital (por ejemplo, Felipe González) así parecen indicarlo.

El nacionalismo está manejado por timadores, pero en sí mismo no es un timo. Es el reflejo sentimental de una situación frustrante para una mayoría de subjetividades pulverizadas. No actúa de forma racional, puesto que no es fruto de la razón; es más una psicosis que un pálpito de liberación. La explicación de la eclosión emocional patriótica en la sociedad catalana habrá que irla a buscar en la psicología de masas y para ello nos serán más útiles Reich, Canetti o incluso Nietzsche, que teóricos como Marx, Reclus o Pannekoek. La convicción y el entusiasmo de la multitud no provienen de fríos razonamientos lógicos o de rigurosos análisis socio-históricos; más bien tiene que ver con las descargas emocionales sin riesgo, la sensación de poder que producen los amontonamientos, el fetichismo de la bandera u otros símbolos, la catalanidad virtual de las redes sociales, etc., características de una masa desarraigada, atomizada y desclasada, y, por lo tanto, sin valores, objetivos e ideales propios, predispuesta a comulgar con las ruedas de molino que se repartan. La vida cotidiana colonizada por el poder de la mercancía y del Estado es una vida repleta de conflictos latentes e interiorizados, dotados de un exceso de energía que los hace emerger en forma de neurosis individuales o colectivas. El nacionalismo, de cualquier signo, ofrece un excelente mecanismo de canalización de esos impulsos que, si se hicieran conscientes, constituirían un temible factor de revuelta.

El nacionalismo divide la sociedad en dos bandos paranoicos enfrentados artificialmente por sus obsesiones. Los intereses materiales, morales, culturales, etc., no cuentan. Nada que ver con la justicia, la libertad, la igualdad y la emancipación universales. El pueblo catalán es algo tan abstracto como el pueblo español, un ente que sirve de coartada para una soberanía de casta con su policía notablemente represora. Un pueblo únicamente se define contra todo poder que no emane de él o que se separe de él. Por consiguiente, un pueblo con Estado no es un pueblo. Convendrás conmigo en que la historia la hace la gente común mediante asambleas y organismos nacidos de ellas, pero tal como están las cosas, la historia es de quien la manipula mejor. Lo que dicha gente hace es proporcionar el marco popular de una mala función de teatro donde se ventila un prosaico reparto de poder. Cualquiera puede hacer sus cálculos y navegar en consideración dentro o fuera de las aguas nacionalistas, de una turbulencia más bien calma, pero nunca deberá perder de vista el meollo de la cuestión.

Fraternalmente,

Miquel Amorós

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