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Notícies :: globalització neoliberal : educació i societat : immigració : laboral : dones
Reflexiones acerca de la familia burguesa
20 jun 2017
Ya dentro de una línea del marxismo ortodoxo, unas reflexiones acerca de la familia burguesa, de la que Engels decía: "En el seno de la familia, el varón representa al burgués, y la mujer al proletariado"
Uno de los aspectos más destacados a lo largo de la evolución histórica, fundamentalmente en la edad media, moderna y contemporánea a nivel social es, sin duda alguna, el aspecto de la familia.

A pesar de que tanto su esencia en sí haya sido criticada y cuestionada a lo largo de la historia ( Sócrates, Engels, Marx, Bakunin, Kollontai...) así como el papel jugado por la mujer dentro de ella incluso dentro del mundo cristiano ( los apócrifos) no hay duda que no obstante, la figura de la familia tradicional o moderna ha subsistido y es hoy en día un elemento incuestionable y omnipresente en nuestras sociedades, hasta el punto de que dudar o vivir al margen de ella, produce extrañeza, asombro o en algunos casos, marginalidad por parte de la mayoría social.

El patriarcado, ya en la época prehistórica como lo definió Engels, surge con el surgimiento de la propiedad privada y la acumulación por parte de ciertos sectores de la sociedad, y con el surgimiento del papel de la guerra y la violencia, como ya definiría Beauvoir, monopolizado por los hombres, se reduce el papel de la mujer al ámbito domestico y la crianza y sustento de los hijos de la familia; había nacido formalmente la familia.

Como vemos, la familia surge en un periodo histórico mucho anterior al capitalismo, al feudalismo, e incluso al esclavismo clásico, y es de alguna manera ese patriarcado el que, como hilo conductor, está presente en todos aquellos periodos históricos.

Ya en época clásica, encontramos la dialéctica en torno a la cuestión socio-familiar, y como fiel ejemplo de la lucha de clases entre hombres libres y esclavos, la cuestión familiar también lleva inmersa en la Grecia clásica la problemática de la interpretación moviéndose entre la concepción tradicionalista y conservadora de Aristóteles frente a una concepción más abierta propugnada por Sócrates a favor de la crianza comunal de los hijos.

De esta forma, el modelo clásico de familia se mantiene en toda la edad media y moderna, entendida además como lugar de producción económica, definida por los ideólogos ilustrados como Rousseau o Hegel, en la cual se mantiene un papel subordinado a la mujer, y la familia como plasmación individual del estado absoluto.

Con el surgimiento de la revolución industrial, se produce una modificación y adaptación de esta familia tradicional y se pasa al modelo de familia burguesa, donde si bien el patriarcado fue y es el pilar base, la familia pasa a ser de lugar de producción a lugar de consumo, y se asientan los pilares fundamentales del moderno concepto de familia. Dotando de una serie de derechos mínimos a la mujer (educación y voto) se la cree libre y liberada, dotando de una serie de derechos mínimos a la familia (matrimonio libre, igualdad teórica del demos familiar...) se la cree moderna, justa y democrática.

Además, desde los diversos medios político-religiosos, se vende desde el siglo XIX-XX la idea de que no se puede vivir al margen de la familia burguesa, de que es el pilar básico y clave del sustento social y ello, por desgracia, como esencia del patriarcado, pasa y cala a todas las ideologías, burguesas y proletarias. La burguesía hace suyo el concepto de familia moderna y actual (modelo parental exclusivo hombre-mujer, matrimonio cristiano, hijos educados en obediencia a los padres, jerarquía dura y estricta, sometimiento de la mujer al varón) y lo generaliza entre el proletariado, de forma que la variación de este modelo será un duro escoyo que el movimiento obrero deberá superar.

Karl Marx y Federico Engels, en el “El Manifiesto Comunista” , hablan ya de la necesidad real de quebrar la familia burguesa y la idea de familia moral, y que solo con la disolución de la familia se conseguirá la disolución de la sociedad burguesa y las diferencias de clase que, en el ámbito intimo y familiar encuentran sus sustento básico para mantener y reproducir fielmente el modelo del estado burgués.

Federico Engels, en su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”, llama a disolver los vínculos familiares y teoriza sobre una sociedad socialista al margen de estos, poniendo además, ejemplos históricos sobre diversas formas de organización social al margen de la clásica estructura judeo-cristiana de organización familiar, ofreciendo como solución un modo de vida colectivo y socialista.

El pensador anarquista Mijail Bakunin también habla a finales del siglo XIX a romper con los lazos clásicos de la burguesía, que oprimen a la mujer, y que pervive el modelo capitalista y burgués del estado a nivel íntimo en cada casa, en cada hogar. En su obra “La mujer, el matrimonio y la familia” el anarquista ruso habla también de la abolición de la familia a favor de la libre unión personal, la educación y crianza colectiva de los hijos en sociedad, que pasan de ser propiedad privada de la familia burguesa, individualista y egoísta a ser parte de la sociedad socialista y colectiva y el matrimonio una lacra del pasado totalitario de la burguesía.

Con la llegada de finales del siglo XIX y el siglo XX, no obstante, la socialdemocracia, infiltración de la burguesía en el movimiento obrero, consigue vaciar de contenido político las proclamas de Engels y Bakunin y acepta el modelo tradicional y tradicionalista de familia, reubica nuevamente a la mujer a la tiranía de la familia ( hogar, hijos, marido) de la que había sido liberada por un breve espacio de tiempo en la incipiente teoría del socialismo científico y consigue con ello influir a las nuevas y jóvenes generaciones de socialistas en todo el mundo.

Y es que, a pesar de contar con destacados ejemplos de honradez revolucionaria como Lenin o Kropotkin, el modelo de familia tradicional consigue convertirse en vehicular en los estados burgueses y consigue infiltrarse en algunas de las primeras experiencias socialistas.

Sin embargo, es aquí donde aparece la teoría del proletariado, el marxismo revolucionario en su pleno apogeo, como el arma de la clase obrera para golpear en plena frente el modelo patriarcal de familia y sociedad y reventar las cadenas de la opresión familiar tradicional.

Así, en el siglo XX y al calor de la revolución obrera rusa de 1917 surge la figura de Alexandra Kollontai, la cual en sus múltiples obras (“La nueva moral y la clase obrera”, “Las bases sociales de la cuestión femenina”, “Autobiografía de una mujer comunista sexualmente emancipada”...) asienta las bases de lo que será el pensamiento marxista revolucionario y la lucha de clases por fin, en el ámbito familiar.

De la misma forma que Wollstonecraft criticaba a Rousseau haber llevado la revolución científica a todos los ámbitos de la vida salvo en el ámbito familiar e intimo, Kollontai rompe con las bases de la familia y la moral burguesa, criticando para ello a socialistas sexual y familiarmente no emancipados que se niegan a romper con este modelo.

Lleva la lucha de clases al hogar, y consigue colocar la teoría revolucionaria de la moral por encima de la concepción clásica de la burguesía.

Así, Kollontai recoge el testigo de luchadoras como Zetkin, Luxemburg o Krupskaia, pero coloca la lucha feminista de una forma mucho más autónoma e independiente, al poder contemplar desde época temprana como algunos sectores masculinos, embriagados de patriarcalismo, ignoran los problemas de la mujer o se resisten a la disolución de la familia y la liberación sexual.

A ellos, responderá Kollontai afirmando que “la mujer no depende ya del hombre” que la lucha feminista y por la liberación esta en el día a día coherente y no en fechas más o menos emblemáticas como el 8 de marzo o de palabras huecas, afirma la necesidad de romper y destruir, como afirmaron Marx, Engels, y Bakunin la familia burguesa como una carga de la mujer en la sociedad, afirma la necesidad de la crianza colectiva de los hijos por parte del estado obrero socialista ( educación, vestido, alojamiento, sustento con casas, guarderías, jardines de infancia, colonias de niños, comedores, sanatorios…) para liberar a la mujer de la tiranía familiar de antaño, todo ello financiado y asumido por parte del estado, con el objeto de limitar el aspecto individualista de la familia burguesa, el matrimonio también deberá desaparecer y dejará de ser un contrato o atadura para ser sustituido por la unión libre y personal de las personas, deroga la prostitución, y propone la liberación sexual absoluta, el amor libre y la libre relación sentimental y sexual de hombres y mujeres.

Como vemos, Kollontai pone el dedo en la yaga que mas dolía al pensamiento burgués; disolución de la familia tradicional burguesa y liberación sexual. Estos dos elementos han ido siempre íntimamente unidos y ligados en la familia tradicional burguesa (familia como obediencia y sexualidad dentro de ella como sometimiento). La mujer y el hombre ahora podían relacionarse libremente con quien quisieran al margen de las costumbres morales, obligaciones familiares y validaciones ante instituciones civiles o religiosas.

Este ejemplo también se pudo vivir brevemente en España en la guerra contra el fascismo de 1936-1939 donde se vive un proceso de ruptura del modelo de familia burguesa en pos del modelo revolucionario y socialista de relaciones sociales entre las personas. Este concepto escuece y mucho en los sectores más reaccionarios de la sociedad.

La familia, el hogar, la casa…es un campo de batalla. Es un campo de batalla más donde se debe librar la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado. Cada hogar, cada lumbre, cada cocina…es una batalla más que ganar en la guerra general contra la reacción burguesa. Por ello, debemos erradicar el concepto de la familia burguesa.

Porque la burguesía prefiere antes un modelo social-fascista de familia antes que el modelo de relación social que Alexandra Kollontai proponía para la mujer y la sociedad. Sin disolución de la familia burguesa, no habrá liberación de la mujer, y sin liberación de la mujer es imposible la realización del socialismo y la revolución proletaria en su totalidad.

Para ello, se deben reventar desde dentro los lazos tradicionales de la familia, basarse en la unión libre y voluntaria de las personas indistintamente de su orientación o postura sexual, derogando por fin y para ello toda forma jurídica de matrimonio, de forma que no se tenga que validar ante nadie la unión libre de dos seres humanos, asentando un modelo de relación sexual y sexualidad libre, abierta y sin complejos, educando a los hijos de la clase obrera, si hay un acuerdo común, entre todos, en instituciones creadas por la sociedad socialista, como responsabilidad colectiva de todos y no personal de unos pocos, y desarrollando los mismos derechos para todos, pero sin por ello, como dicen los miembros de la burguesía, perfectamente ejemplificado en los ataques a la URSS, pretender "arrebatar", o "robar" a los hijos de los brazos de sus madres o padres, si no basándonos en un concepto de familia común o social, con el consentimiento de todos.

La familia burguesa, lo quieran o no los ideólogos de la burguesía va encaminada a su destrucción; del modelo de producción al de consumo actual, todo se va degenerando hasta su destrucción total y absoluta.

La liberación revolucionaria deberá desarrollarse a nivel de clase y a nivel de género, todo ello de forma simultánea, y es por ello que la lucha de clases debe llevarse dentro de la familia, vencer a los ideólogos y tendencias reaccionarias que aun pretenden conservar el modelo tradicional de familia burguesa, frenando los avances del proletariado en su afán por construir un mundo nuevo, una nueva sociedad y construirla desde las ruinas y las ceniza del viejo mundo burgués.

Y de él, en un concepto dialéctico, nace y muere la familia burguesa, que es y ha sido siempre la translación del poder estatal a cada hogar, la prerrogativa que el monarca absoluto concedía a cada varón “pater familias” para que en cada hogar perviviera el modelo del estado absoluto; reproducir el modelo económico de producción mercantil-capitalista, el modelo moral cristiano y el modelo social clasista y desigual en cada hogar, hacer “de cada casa un pequeño estado” , una pequeña reproducción íntima del estado absoluto.

Así lo definía ya en el siglo XIX el propio Engels, el cual ya veía esta misma situación, este mismo parangón de la familia nuclear patriarcal que lo vemos hoy en día, como una reproducción de la sociedad de clases, como una unidad económica, en la cual, y según decía él mismo;

"En el seno de la familia, el varón representa al burgués, y la mujer al proletariado"

¿Quien, después, de ver esos antecedentes, puede dudar o negar la disolución de ese modelo de familia burguesa, cadena de la mujer, modelo continuador del estado reaccionario?

Y es que como dijo la feminista Kate Millett, la familia burguesa, tal y como se entiende actualmente, debe desaparecer.

Shuiv

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Comentaris

La aristocracia obrera interna y el proletariado
20 jun 2017
Veamos, la Familia Juridicamente Burguesa existe por la propiedad privada. Si se abole jurídicamente la familia jurídica burguesa en realidad no se hace nada si no se abole la propiedad privada, lo cual solo sucederá en una revolución social internacional.

Es más, de hecho, como demostró el proceso en la URSS, detrás de la familia nuclear hay fuerzas nucleares de la especie que no meras construcciones de clase o reflejos infraestructurales. Esto si lo tuvo muy en cuenta el multitergiversado Engels cuando dejó abierta la cuestión de que del modo de producción socialista puede surgir tanto la abolición de toda forma familia "como unidad económica básica de la sociedad" como el surgimiento de una forma familia verdadera, netamente socialista, sin las constricciones materiales de la totalidad social que a lo largo de la historia de la Sociedad de Clases han mediado la forma familia. ¿Por qué ocultar esto?

Engels dijo que en la familia BURGUESA (esto es, monogámica, patrimonárquica y con propiedad privada) la mujer es el proletario y el hombre es el burgués. Es cierto, pero, además de que pierde todo el sentido de lo dicho por Engels cuando se lo trunca y descontextualiza, la familia burguesa actual ha cambiado mucho porque las propiedades de los burgueses masculinos y femeninos se encuentran divididas, existe el derecho al divorcio y la monogamia lo es en serie, - cuatro o cinco parejas a lo largo de la vida de pareja - lo cual es una forma de poligamia colectiva. Es reaccionario ocultar estas realidades.

Más lo es ocultar lo ocurrido en la URSS, primer Estado Ateo que legalizó el aborto y luego lo prohibió, para volver a legalizarlo de la mano de la burocracia. Volvió además a una forma de familia nuclear, y no parece ser una cosa del fumanchesco Stalin cuando Kollontai al parecer lo aceptó, y esto hay que deducirlo del hecho de que fue ella quien recibió, como representa del estado, a Garcia Oliver en la URSS en 1940 cuando este pedía paso para ir a Mexico. ¿Por qué prohibir y volver a legalizar el matrimonio? Por la despoblación, resultante del lanzamiento de las mujeres a la esfera de la producción para suplir los millones de hombres muertos en los frentes de combate. ¿Es marxista y revolucionario estos pequeños detalles? Cuando se vuelve a implantar el aborto, la natalidad cae y el envejecimiento social se recrudece, de donde cree esta gente que provenían las bases materiales de la gerontocracia del partido y de gran parte de la URSS?

En cambio en nuestro medio, eso puede suplirse con importación de fuerza de trabajo a partir del imperialismo demográfico que se aprovecha de la reproducción biológica y social de otras formaciones para abaratar la producción interna de la fuerza de trabajo proletaria.¿Por qué ocultar esto? explotar la forma familia nuclear de otras formaciones económico-sociales de lla periferia pero a la vez fingir estar luchando contra la forma familia en lo interior. Es repugnante y nada tiene de marxista.

Eric Hobsbaun, creo que se escribe así, en su critica al movimiento comunista del siglo XX decía que los marxistas no habían tenido en cuenta a las fuerzas nucleares que constituyen a la especie humana, que es la base del sujeto de la revolución socialista. Los seres humanos no somos plastilina, la negación de la paternidad y maternidad no rentables que hoy en día se está produciendo masivamente en el proletariado sobrante en el centro capitalista, en proceso de agudización en la fase de robotización, no es una disolución revolucionaria de la familia como base económica de la sociedad, tal y como sostiene el aristocrata obrero reaccionario de aquí arriba, un disolución revolucionaria a la engelsiana, sino la condición necesaria para emplear al proletariado endogeno como combustible humano de la producción de plusvalía.

Los sectores más reaccionarios de la aristocracia obrera, vendida hasta las cachas a los monopolios, embellecen este proceso hasta criminalmente cuando lo califican de revolucionario.

Si ese es un resultado de este tipo de reducción del marxismo al generismo, intentándolo fundamentar en Engels, finalmente un embellecimiento de la explotación en general del proletariado en su conjunto, la destrucción del marxismo es pulverizadora con todo tipo de falsedades y tergiversaciones orientadas a ocultar las contradicciones reales.

Están llegando a afirmar que las mujeres son una clase social en lugar de una condición antropológica, para asentar un interclasismo que se desmorona a ojos vista a medida que va quedando claro cual es el futuro que nos reserva el capital y su bloque social de apoyo al proletariado en un medio en el que un enorme bloque de clase media necesita estas ideologías interclasistas para posicionarse ideológicamente en su función reformista. No, las mujeres no son una clase social, pues una cosa es el oficio y otra la función que se realiza en el aparato productivo cuyo organizador principal es el dinero, el capital-dinero, como vehiculizador de lo producido: Plusvalia.

Finalmente, todo este radicalismo que sin embargo es paralisis creciente en casi toda resistencia a la explotación ¿a quién beneficia?

Lo hemos visto en el caso de la prostitución reproductiva, en el caso de la deshumanización del embrión justo cuando aumentan continuamente los abortos en las mujeres con empleo pero no en las mujeres no salarialmente activas. Lo hemos visto en la declaración de guerra a la maternidad y paternidad no rentables, asentándola ideológicamente en teorías malthusianas y eugenésicas. Y lo vemos en la destrucción masiva de familias nucleares por cosas tan revolucionarias como que no pueden pagar el alquiler o no disponen de trabajo y rsidencia coincidente, una vez que el salario familiar queda restringido a la clase media del blqoue social de apoyo a los monopolios. Pero la farsa prosigue, y, estas fracciones de la aristocracia obrera en lugar de bregar hacia la socialización de los medios de producción se concentra en dar visos de revolucionario a la supresión de la familia nclear en el seno del proletariado. Señores y señoras de la aristocracia obrera socialdemócrata, (reformista de todas las reformas feministas -divorcio, aborto, derecho al voto - pero de ninguna relativa ala propiedad privada a lo largo de un siglo,al par que base política del imperialismo), más temprano que tarde su farsa de marxismo caerá.
Re: Reflexiones acerca de la familia burguesa
23 jun 2017
Uy "karmela", ahí me pillaste. No me había dado cuenta que la mujer eras tú, guapa.

¿Por casualidad, sr ".", no será usted el de las fotos?, parece que algo así intenta decir un comentarista. Lo de "perfecto timador", no me late. Usted me resuena más a manipulador que a timador. Lo de "perfecto", es un exceso. Aquí hay demasiada mediocridad.

En su comentario, el sr “,” intenta distraernos, como haría cualquier prestidigitador, con una paradoja irresoluble. ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?

¿La familia burguesa, existe por la propiedad privada, o es la propiedad privada la que existe por la familia burguesa? Lo que sucede, es que a diferencia del anterior dilema de huevos y gallinas, aquí no hay gallo y lo más probable es que la familia burguesa y la propiedad privada sean ambas consecuencia de lo mismo, junto a otra serie más de cuestiones.

Usted habla y afirma, porque sí, que aboliendo la familia burguesa, no se acaba con la propiedad privada, pero por su afirmación original, como usted dice que la “familia jurídicamente burguesa” existe por ella, si se acabara con esta familia debería de dejar de existir la propiedad privada. Y me temo que eso no es así, pues ya antes de la aparición de la burguesía, la propiedad privada era un hecho.

La descontextualización de la frase de Engels, la hace usted en su mente. En el texto encaja perfectamente en esa concepción de “la translación del poder estatal a cada hogar”, en la que su reproducción en el seno de la familia, “el varón representa al burgués, y la mujer al proletariado”. Le acepto que la sociedad ha cambiado desde entonces, igual que el estado ya no es aquel estado, pero se sigue reproduciendo y es por eso que esa translación actualmente difiere de la de entonces. Es Engels quien hace esa comparación, no los y las marxistas actuales, que sólo recogen sus palabras, para entender el mundo que les ha tocado vivir y que no es el de Marx y Engels.

También habla de una supuesta “reducción del marxismo al generismo”, pero de nuevo tergiversa la cuestión, pues no se trata de una reducción, sino de una ampliación que pretende incluir la desigualdad entre hombres y mujeres, en el seno del marxismo, algo que a usted le fastidia enormemente y por eso tiene esa tendencia a descalificar toda propuesta marxista que contemple esa propuesta igualitaria.

Desde los planteamientos marxistas actuales, se concibe la lucha desde la condición de clase, raza y género.

A mi no me sorprende que usted se exprese en contra de las reivindicaciones que se hacen desde el feminismo, algunas de las cuales también son reivindicaciones de mujeres que no nos consideramos feministas, y demuestra en ese rechazo y en su manera de expresarlas, cuales son sus reaccionarias ideas.
Por ejemplo, llama reformistas a estas reivindicaciones, cuando ellas no son un fin, sino el medio para conseguir el plano de igualdad del que surja la lucha revolucionaria.
Por ejemplo, habla de “derecho al voto”, pero no de “derecho al aborto”. Eso también nos expresa hacia dónde se orientan sus ideas sobre los derechos…
Por ejemplo, pretende despistarnos diciendo que “no se hace mención a la desaparición de la propiedad privada”. Le añado que tampoco hace mención a la autoorganización, o a la autogestión, ni a la colectivización de los medios de producción, etc, etc… Y no habla de nada de eso porque son REFLEXIONES SOBRE LA FAMILIA BURGUESA, y esta no surge exclusivamente de la propiedad privada, sino en paralelo con el monopolio de la violencia, el papel de la guerra, la pérdida del espacio público para la mujer, la división sexual del trabajo, etc.

“La parálisis creciente”, es negar una realidad que, por mucho que el capital y sus estados pretendan integrarla completamente, siempre surgen líneas refractarias disidentes que se resisten a la enajenación.
Re: Reflexiones acerca de la familia burguesa
24 jun 2017
Karmelita, ni veo, ni entiendo esa relación de igualdad. La trigonometría nunca fue mi fuerte. SI me la explicas, te atiendo.

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