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Asesinato de Carrero Blanco
30 mar 2017
El asesinato de Carrero Blanco, también conocido por su nombre en clave «Operación Ogro», fue perpetrado por el grupo armado ETA el 20 de diciembre de 1973 contra el almirante Luis Carrero Blanco, el entonces presidente del gobierno de España durante la dictadura franquista. El asesinato provocó un hondo impacto en la sociedad española de la época, ya que suponía el mayor ataque contra el régimen franquista desde el final de la Guerra Civil Española en 1939.

La desaparición de Carrero Blanco tuvo numerosas implicaciones políticas, en un momento en que se hacía evidente la decadencia física del dictador y con ello, el agravamiento de los primeros signos de descomposición del aparato franquista que se venían manifestando en los últimos años. Los sectores más inmovilistas del franquismo, el denominado «búnker», salieron reforzados de este suceso y lograron influir a Franco para que nombrara como sucesor de Carrero a un miembro de la línea dura, Carlos Arias Navarro. Por su parte, con este atentado la organización terrorista ETA dio un salto cualitativo en sus acciones armadas y se convertía así en uno de los principales actores de la oposición al Franquismo.

A pesar de que las autoridades iniciaron una investigación para aclarar los hechos, el caso quedó archivado al comienzo de la Transición y nunca se esclarecieron del todo las circunstancias. Los autores del atentado tampoco llegaron a ser juzgados por estos hechos y tras la muerte de Franco se beneficiarían totalmente de la amnistía concedida en 1977.
monumento-actual_Carrero-Blanco.jpg
ANTECEDENTES

En julio de 1973 el general Franco nombró presidente del gobierno a su máximo hombre de confianza, el almirante Luis Carrero Blanco. Era la primera vez que el dictador dejaba en manos de otra persona ese cargo que él había ostentado junto con la Jefatura del Estado desde su nombramiento por sus compañeros de rebelión como Generalísimo el 1 de octubre de 1936. El marino Carrero Blanco había estado al lado del general Franco desde 1941, convirtiéndose en su máximo asesor, ocupando el cargo de subsecretario de la Presidencia del gobierno, con el rango de ministro desde 1951, y de vicepresidente del gobierno desde 1967. A medida que el general Franco iba envejeciendo, las tareas cotidianas de gobierno las fue asumiendo él. Además Franco confiaba en Carrero para que el Movimiento sobreviviera tras su muerte cuando asumiera la Jefatura del Estado el príncipe de España Juan Carlos de Borbón, a quien había designado sucesor, a instancias del propio Carrero, en julio de 1969. Así pues, cuando fue nombrado presidente del gobierno se oficializó que él era el máximo garante de la continuidad del régimen franquista en un momento en que el general Franco ya había cumplido los ochenta años.

PLANIFICACIÓN

La planificación y ejecución del atentado fue relatada por sus propios perpetradores en un libro publicado en Hendaya al año siguiente con el título Operación Ogro. Cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco. En realidad el libro fue escrito por Eva Forest, que ayudó al comando a realizar el atentando y a escapar, y que lo llenó de pistas falsas -como que el comando había huido por Portugal- para proteger a sus autores, que colaboraron con ella en su redacción en Ciboure (Francia). Fue ella quien se inventó el nombre del supuesto autor del libro Julen Aguirre y el de todo el operativo: Operación Ogro.

El grupo de tres etarras que perpetró el atentado se autodenominó comando Txikia por el nombre de un dirigente de ETA muerto a tiros por la policía. El comando lo integraban Jesús Zugarramurdi, Kiskur, José Miguel Beñarán, Argala, y Javier Larreategi, Atxulo.

Los preparativos comenzaron más de un año antes. Según Foyone los testimonios recogidos por el periodista Luis R. Aizpeolea, todo comenzó con varios viajes de Argala a Madrid en 1972 donde entró en contacto con Eva Forest, esposa del dramaturgo Alfonso Sastre, ambos disidentes del Partido Comunista de España. Al parecer fue Eva Forest la que le proporcionó a Argala la valiosa información de que el coche del almirante Carrero Blanco a primera hora de la mañana hacía siempre el mismo recorrido por las calles de Madrid, y que Argala confirma en persona. La primera intención de los jefes de ETA tras conocer la información que les dio Argala fue secuestrar al almirante Carrero y pedir a cambio la liberación de los 150 etarras que se encontraban en prisión. Los primeros preparativos van en esa dirección -llegan a construir un zulo en un piso de Alcorcón que les ha proporcionado Eva Forest donde retendrían al almirante-, pero el nombramiento de Carrero Blanco como presidente del gobierno con el consiguiente aumento de su escolta les obliga a un cambio de planes. Se descarta el secuestro y se decide asesinar a Carrero. A principios de noviembre, según Luis R. Aizpeolea, Argala «ve que en el 104 de la calle de Claudio Coello, por la que circula Carrero todos los días, se alquila un bajo. Vio enseguida el tipo de atentado. Excavar un túnel desde dentro hasta el centro de la calle y colocar allí un explosivo que haría saltar a Carrero a su paso. La dirección acepta la propuesta. Atxulo se hace pasar por escultor para justificar el ruido para excavar el túnel desde el bajo alquilado... aprovechando la experiencia de Argala, que en 1970 excavó en las cercanías de la prisión de Burgos otro túnel para tratar de liberar a los presos etarras».

En el túnel de la calle Claudio Coello de Madrid colocan tres cargas antitanque equivalentes a cincuenta kilos de dinamita para hacerlas estallar cuando pasara el coche oficial del almirante Carrero Blanco después de asistir a misa. «A las 8.55 de la mañana Carrero Blanco salía invariablemente del portal de la calle Hermanos Bécquer, donde vivía, subía a su coche oficial, un Dodge Dart negro, enfilaba la calle López de Hoyos en su comienzo, entraba en la calle de Serrano y allí se paraba a oír misa en la iglesia de los jesuitas. Terminada la misa, de nuevo al coche, doblaba por Juan Bravo, enfilaba Claudio Coello, y por Diego de León se dirigía de vuelta a su casa, en Hermanos Bécquer, a desayunar antes de acudir a su despacho en la sede de Presidencia del Gobierno, en el paseo de la Castellana». El coche no estaba blindado, a diferencia de los que utilizaba el general Franco, y solo llevaba un coche de escolta en el que viajaban dos policías y el conductor, también policía. En el coche de Carrero iba otro policía junto al conductor. «Era más un acompañamiento de protocolo o de cortesía que de seguridad». El atentado estaba previsto para el día 18 de diciembre pero la presencia en Madrid del secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger obligó a aplazarlo al día 20, ya que la calle Claudio Coello está cerca de la embajada de Estados Unidos, y por tanto en esos días era previsible que aumentaran las medidas de seguridad en esa zona de Madrid. Por otro lado, se ha especulado sobre cómo fue posible que los servicios de la embajada no detectaran la construcción del túnel donde los etarras colocaron los explosivos que provocaron la muerte de Carrero Blanco, pero, como señala el historiador británico Charles Powell, «no resulta tan sorprendente si se tiene en cuenta que por aquellas fechas no existía una clara percepción de amenaza terrorista en la capital española».

En cuanto a la noticia que difundió la agencia oficial soviética Tass ocho años más tarde de que el atentado contó con el beneplácito o la colaboración, directa o indirecta, de Estados Unidos, porque Carrero Blanco «se negaba a cumplir ciegamente con las órdenes que recibía del otro lado del Atlántico», el historiador británico Charles Powell, después de examinar la documentación norteamericana, que ya ha sido desclasificada, afirma rotundamente que «no existe evidencia alguna» de esa acusación.[cita requerida] Powell añade: «Kissinger era sin duda capaz de sugerir y ordenar el uso de métodos ilícitos para presionar e incluso derribar a gobiernos no afectos, como había hecho en Chile tras el triunfo de Allende en las elecciones presidenciales celebradas en septiembre de 1970. [...] Sin embargo, a diferencia del caso chileno,... el asesinato de Carrero Blanco... era claramente contrario a sus intereses. La muerte del almirante solo podía generar la inestabilidad y la incertidumbre que tanto aborrecían Nixon y Kissinger... En cambio, su continuidad al frente del Gobierno y al servicio de Don Juan Carlos permitía albergar la esperanza de un tránsito gradual del franquismo a la Monarquía como el que apoyaba Washington. [...] Por si fuera poco, el almirante, que siempre otorgó una gran importancia a las relaciones con Estados Unidos, podría haber sido un excelente aliado en las inminentes negociaciones para la renovación del acuerdo sobre las bases [norteamericanas en España], que se auguraban difíciles. Por último, y como se desprende claramente del contenido de su conversación con Kissinger pocas horas antes de su muerte, carece de todo fundamento la tesis según la cual Carrero Blanco fue asesinado por oponerse al ingreso de España en la OTAN».

ATENTADO

La mañana del 20 de diciembre de 1973, como solía hacer cada día antes de acudir a la sede de la Presidencia del Consejo de Ministros, Carrero Blanco fue a oír misa en la iglesia de San Francisco de Borja. Tras la celebración religiosa volvió a subirse a su coche oficial. Cuando circulaba por la calle Claudio Coello, alrededor de las 09:27, los terroristas de ETA activaron las cargas explosivas en el momento en que el vehículo pasó por encima de la zona señalada con una pintada roja sobre la pared. La explosión, que acabó en el instante con la vida de Carrero Blanco, fue tan violenta que abrió un gran cráter en el asfalto y el coche, un Dodge 3700 GT de casi 1800 kilos de peso, voló por los aires y cayó en la azotea de la Casa Profesa anexa a la iglesia donde había asistido a misa momentos antes. Su hija Ángeles, que siempre lo acompañaba, no lo hizo ese día, lo cual evitó más muertes. Posteriormente también fallecieron los acompañantes que iban en el vehículo junto a Carrero, el inspector de Policía Juan Antonio Bueno Fernández y el conductor del vehículo José Luis Pérez Mogena.

El etarra Jesús Zugarramurdi, Kiskur, había dado la señal a José Miguel Beñarán, Argala, que, subido a una escalera y camuflado con un mono de electricista, detona las cargas explosivas. Kiskur y Argala salen corriendo en dirección a la calle contigua de Diego de León donde les espera al volante de un automóvil Javier Larreategi, Atxulo. «El coche enfila hacia la glorieta de Rubén Darío, y delante de la Escuela de Policía, en la calle de Miguel Ángel, los etarras cambian de vehículo y se dirigen a su refugio en la calle del Hogar de Alcorcón (provincia de Madrid). Los tres militantes de ETA permanecerán escondidos hasta fines de mes en el refugio de Alcorcón, del que les sacará su contacto en Madrid, Eva Forest, disidente del Partido Comunista de España. Un camión les trasladará luego a Hondarribia (Guipúzcoa). Desde allí alcanzarán Francia tras cruzar el río Bidasoa».

Que se tratara de un atentado terrorista era entonces tan inconcebible que los policías que viajaban en el coche de escolta detrás del de Carrero, y que resultaron heridos a causa de los cascotes que cayeron sobre su vehículo tras la explosión, solo comunicaron por radio a la Dirección General de Seguridad: «Ha habido una explosión. Que manden otro coche para escoltar al presidente, que el mío está hundido». En principio pensaron que el coche de Carrero no había sido afectado por la explosión, pero al no encontrarlo en las calles adyacentes, llegaron a pensar que se podía hallar en el fondo del enorme socavón inundado de agua que había en el centro de la calle. Son unos jesuitas los que les comunican que el coche se encuentra en la terraza de su edificio con tres personas atrapadas dentro. Los policías siguen pensando que se ha tratado de un accidente, de una explosión de gas, y esa es la hipótesis inicial que sostiene el ministro de la Gobernación Carlos Arias Navarro, pero la inspección que realizan los técnicos sobre el terreno descarta que se tratara de gas, lo que no deja otra opción que el atentado terrorista. La hipótesis de la explosión de gas pareció plausible a mucha gente pues el año anterior había habido una en Barcelona que había causado 18 muertos, además de otros incidentes parecidos.

REIVINDICACIÓN DEL ATENTADO POR ETA

A las once de la noche del mismo día 20 Radio París en su informativo en castellano informa que ETA acaba de emitir un comunicado en el que asume la autoría del atentado, al que califica de «justa respuesta revolucionaria» a las muertes de nueve miembros de la organización a manos de la Guardia Civil, añadiendo a continuación que constituye «un avance en la lucha contra la opresión nacional, por el socialismo en Euskadi y por la libertad de todos los explotados y oprimidos dentro del Estado español».

El objetivo del atentado, según indicaba el comunicado, era también intensificar las divisiones entonces existentes en el seno del régimen franquista entre los «aperturistas» y los «puristas». Según declaraciones posteriores de uno de los miembros del Comando Txikia, Carrero Blanco era «una pieza fundamental» e «insustituible» del régimen y representaba al «franquismo puro».

El jefe del gobierno vasco en el exilio, Jesús María de Leizaola, tras conocer el comunicado declaró en París que no creía que «detrás del atentado se encuentre una facción de ETA» y que estaba convencido de que el «comunicado es falso», lo que obligó a ETA a emitir un segundo comunicado reafirmando su autoría. Unos días más tarde ETA convocaba una rueda de prensa clandestina en algún lugar del sur de Francia en la que un encapuchado explicó en euskera la planificación y objetivos del atentado mientras otro encapuchado tradujo lo que decía al francés.

REACCIONES

El atentado provocó un hondo impacto tanto en la clase dirigente como en la oposición antifranquista y en la opinión pública española por las implicaciones políticas que tenía. «No estalla el pánico, pero se instala el miedo. Y el silencio», y «en los círculos del poder hay estupor, sobre todo estupor», escribe Victoria Prego.

(...)

La oposición antifranquista

Cuando se conoció la noticia del atentado de Carrero, muchos opositores al régimen franquista descorcharon botellas de champán brindando por el tiranicidio. Como ha señalado Juan Luis Cebrián, «muchos demócratas, enemigos de la violencia y del terrorismo etarra, no tenían otro remedio que reconocer -con cuidado, no se les fuera a confundir- que, a la postre, los magnicidas habían cumplido con un destino histórico y su acción había liquidado cualquier posibilidad de continuismo franquista». «La popularidad de ETA entre la opinión antifranquista alcanzó su punto álgido en 1973 con el asesinato del almirante Carrero Blanco», afirma por su parte Charles Powell.

ESTADOS UNIDOS

Pocas horas después del atentado el secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, que precisamente el día anterior había estado en Madrid y se había entrevistado con Carrero Blanco, envió un telegrama al ministro de Asuntos Exteriores Laureano López Rodó en el que lamentaba la «trágica pérdida para España y para el mundo occidental», añadiendo a continuación que «mi consternación es tanto mayor después de la agradable e interesante entrevista que mantuve con él ayer mismo». Dos días después le envió una carta en la que calificaba el atentado de «absurdo y brutal». López Rodó le contestó: «comprendo los sentimientos que me expresa en dicho mensaje por cuanto yo fui testigo durante la última entrevista que el presidente sostuvo con un ministro de Asuntos Exteriores de la corriente de simpatía que se estableció entre ustedes y de su mutuo entendimiento en los problemas internacionales que nos confrontan».

(...)
Mira també:
https://es.wikipedia.org/wiki/Asesinato_de_Carrero_Blanco

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