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Notícies :: globalització neoliberal : laboral : amèrica llatina
México : Gasolinazo, cólera proletaria y reformismo en punto muerto.
03 feb 2017

En este comienzo de año, decenas de miles de mexicanos, hombres y mujeres, han salido a la calle, hecho huelgas, bloqueado las calles, trenes y autopistas (entre ellas las que van a los Estados Unidos), ocupado los depósitos de combustibles, saboteado oleoductos, saqueado los comercios y enfrentado las fuerzas represivas...
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En todas las regiones, de Norte a Sur del país, los manifestantes exigen la anulación de la decisión del presidente Enrique Peña Nieto de reducir fuertemente las subvenciones practicadas al precio de la gasolina, gas y electricidad, una medida – llamada Gasolinazo – que llevará el precio de consumo de 14 a 20% para los 95 octanos y 16% para el gasoil, con respecto al precio máximo establecido hace un mes.
En esta movilización participan categorías sociales bien diferentes: proletarios, pero también una parte de la pequeña burguesía (educadores, chóferes de taxi, médicos...) y campesinos. La movilización es muy fuerte en las regiones obreras del Norte – de costumbre más “calmas” que el Sur marcado por la agitación zapatista. Las manifestaciones han sido particularmente importantes en Ciudad de México, megápolis de veinticinco millones de habitantes, en el Estado petrolero de Veracruz y en el centro industriales de Puebla. Inevitable, pues, que la burguesía mejicana haya tratado de aplastar el movimiento por la fuerza, ocasionando pérdidas de vida y haciendo arrestos, limitando su uso por miedo a amplificar la revuelta.
Miseria y crisis económica
El aumento del precio de la energía fue la gota que hizo desbordar el vaso de la cólera, vaso largamente llenado con el empobrecimiento de los proletarios, de otras categorías salariales y del campesinado pobre. Desde hace cinco años, el salario real del mejicano medio ha disminuido en más de 10%. El índice de los precios de la canasta de precios para una familia de 4 personas ha aumentado en 220 pesos diarios, es decir, tres veces más que el salario mínimo diario de 3,6$ (que la mayoría de los trabajadores ni siquiera gana).
La decisión de no seguir subvencionando la energía arrastra consigo el aumento del costo de la vida. Todos los sectores de la economía son susceptibles de aumentar sus precios; por ejemplo, el transporte colectivo o de mercancías llevaría inevitablemente a un aumento del precio de las mismas mercancías.
A esto se agregan los efectos de la crisis económica que golpea a los países emergentes: las previsiones de crecimiento económico se han reducido en un 1% para este año. Las perspectivas son todavía más sombrías con la política proteccionista que anuncia Trump, en particular la rama automotriz la cual representa un 30% de las exportaciones mejicanas y cuenta con 875 mil empleos directos.
La revuelta de las masas proletarizadas no es pues el reflejo de una situación nacional, sino el efecto del curso actual del capitalismo mundial que se encuentra cada vez menos en capacidad de asegurar su estabilidad, y que recurre a maniobras de todo género.
Reformismo y social-patriotismo en un callejón sin salida
Frente a esta situación explosiva, la “extrema” izquierda ha tomado posición contra el aumento del precio de la energía y en apoyo a las movilizaciones... pero sobre bases reformistas. Tal es el caso de las múltiples fuerzas trotskistas, todas marcadas por tendencias nacionalistas y que no ofrecen como perspectiva más que un cambio de gobierno en el cuadro del sistema democrático burgués.
La mayor parte de las organizaciones ponen en primera línea una defensa del capitalismo nacional y de sus empresas estatizadas, en particular la PEMEX (Petróleos Mejicanos).
El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), sección de la IV° Internacional, acusa al gobierno de “poner el ultimo clavo al ataúd de Petróleos Mejicanos y de la soberanía nacional “. La Coordinación Socialista Revolucionaria (CSR) – que federa a los grupos simpatizantes de la IV° Internacional – llama a “vencer a la oligarquía” y a “re-nacionalizar el sector de la energía”. El Comité para el dialogo entre trabajadores, animado por los lambertistas de la Organización Socialista de los trabajadores (OST) – denuncia una “guerra social contra la nación y los trabajadores” y defiende “los derechos del pueblo trabajador y el interés nacional”. La sección mejicana de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT), el Grupo socialista Obrero, presenta la empresa capitalista PEMEX como una “conquista de los trabajadores y del pueblo mejicano” y reivindica “la refinación [del petroleo] a México y no a las importaciones”. La Izquierda Revolucionaria (IR) (que se encuentra en pleno acercamiento con el Comité por una Internacional Obrera) reivindica la re-nacionalización “bajo el control democrático de los trabajadores y la población” de la energía, la “nacionalización de los bancos y los sectores estratégicos de la economía” y un “plan público de inversiones para crear millones de empleos con salarios dignos”. Por su parte, el Partido Obrero Socialista (POS) acusa a la burguesía mejicana de ser una “clase enemiga del país y del 99%”.
Lógicamente, para alcanzar sus objetivos burgueses de defensa de la economía nacional, los grupos trotskistas proponen métodos democráticos burgueses. El PRT limita sus consignas a ¡Abajo el gasolinazo! ¡Fuera Peña!”. La Izquierda Socialista (IS), miembro de la mal llamada Corriente Marxista Internacional llama a un frente único “de todas las organizaciones obreras, campesinas, populares, estudiantiles, incluyendo a Morena (candidato nacionalista burgués disidente del Partido de la Revolución Democrática) y al EZLN (Ejército Zapatista), contra esta medida y por que Peña Nieto se vaya, y construir un programa para la clase trabajadora y los sectores populares”. El Movimiento al Socialismo (MAS) quiere “imponer elecciones extraordinarias”, el Movimiento de los Trabajadores por el Socialismo (MTS, miembro de la Fracción Trotskista) una “asamblea nacional libre y soberana”.
La “extrema” izquierda mejicana – no solo en su composición trotskista – ofrece un verdadero festival de soluciones reformistas. Esto constituye un obstáculo para los proletarios: sean privadas o estatales, las empresas siguen siendo empresas capitalistas, por tanto, sometidas a las leyes del capitalismo, cuales son las de usurpar ganancias por medio de la explotación de los proletarios. Así que incluso la PEMEX necesita capitales para combatir la disminución de su producción; pero los capitales no se invertirán en la empresa sino a condición de que genere beneficios, es decir, que esta sea suficientemente rentable. Para esto no hay otra solución que la de dejar que los precios de los productos petroleros (gasolina entre muchos más) aumenten, o si no de sacarle el jugo a cada trabajador para sacarle ganancias suplementarias y poder subvencionar el carburante; en los dos casos es sobre los proletarios y las masas pobres que los capitalistas harán caer los costos del restablecimiento económico de la PEMEX.
Contra esta perspectiva capitalista, las masas obreras y pobres no solo deben movilizarse, sino continuar luchando por sus reivindicaciones inmediatas, tanto económicas y sociales como políticas, (salarios, derechos de organización, huelga, de expresión, lucha contra la represión, por la igualdad sexual, etc.).
Pero solo lo podrán hacer si evitan la trampa de poner sus fuerzas al servicio de un objetivo reformista burgués que no les pertenece, única manera en que sabrán encontrar el camino de la organización de clase, de la constitución del partido revolucionario marxista, internacionalista e internacional.
Su objetivo será entonces, no de imponer una política keynesiana y/o de independencia nacional a una burguesía temerosa, sino de combatir y vencer a esta burguesía en la lucha por la revolución proletaria; esto desembocará en la edificación, sobre los escombros del Estado burgués, de su poprio poder que no puede ser sino de dictadura del proletariado, etapa necesaria para extirpar el capitalismo e ir hacia la sociedad comunista, en estricta asociación con los proletarios de los demás países.
Partido Comunista Internacional, 20/1/20107.
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Mira també:
http://pcint.org

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