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Notícies :: sexualitats
El avestruz y los trabajadores del sexo (2ª parte)
16 gen 2017
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Tal y como quedó expuesto en mi anterior artículo «El avestruz y los trabajadores del sexo» (1), en España, la prostitución se encuentra actualmente en un estado de alegalidad, eso significa que no es delito practicarla, pero sin embargo carece de un marco legal que regule la actividad. Una vez revisados los comentarios suscitados en su momento por aquel artículo, he podido comprobar que hay bastantes personas que se oponen, algunos con vehemencia, a la regularización de la práctica de la prostitución. Dado que incide en el sexo y en la explotación laboral, se trata este de un tema muy sensible y que suscita encendida controversia. Los motivos esgrimidos por quienes se inclinan a la no regulación de la prostitución y que expresaron sus opiniones como comentarios anexos al artículo mencionado, podrían englobarse en estas tres líneas de pensamiento básicas:

1.- Hay quien piensa que el hecho de regularizar la prostitución facilitaría el que más personas estuviesen en riesgo de ser explotadas y esclavizadas en este mercado. Pero lo cierto es que esta situación de explotación y esclavización se da precisamente por la falta de un marco regulador que impida el abuso de los trabajadores del sexo por parte de terceros.

2.- Hay quien piensa que la prostitución es un síntoma de enfermedad social, propia de una estructura capitalista y patriarcal. Pero normalmente las enfermedades no se curan no queriendo mirar los síntomas. Esta es la actitud propia de querer esconder la cabeza bajo tierra como un avestruz. Por otra parte, tampoco parece práctico ni justo para los trabajadores del sexo que tengamos que esperar a que el capitalismo y el patriarcado sean sustituidos por otro tipo de estructura social para que, ya entonces, la situación de estas personas se equipare a la situación de otros trabajadores en otros ámbitos ya regularizados, o incluso para que ya no sea necesario que existan.

3- Hay quien piensa que la prostitución en si misma es un acto indigno, puesto que el uso del propio sexo para obtener beneficios económicos o de otra clase es denigrante para quien vende y para quien compra. Este tipo de pensamiento no sólo tiende a oponerse a la regularización de la prostitución, sino que posiblemente también podría estar a favor de su penalización: que la práctica de la prostitución fuese un delito (que actualmente no lo es). A ellos les pregunto, ¿acaso no es denigrante e indigno verse obligado a vender a un tercero la propia fuerza de trabajo? ¿no se vende la habilidad manual, la capacidad mental, la mayor parte del tiempo de vida, para poder vivir? La única diferencia entre un trabajador y otro es la parte del cuerpo, o de la mente, que emplea al servicio de un tercero. Esclavos son todos los que para subsistir han de venderse a alguien, sea cual sea la parte del cuerpo o de la mente que tengan que vender. ¿A qué responde que los genitales sean más sagrados e intocables que las manos, o las piernas, o la mente con la que otras personas trabajan? Opino que se debe a la sacralización del sexo, herencia de nuestra herencia judeocristiana. Y es por esta creencia de que el sexo es algo sagrado e intocable (cuando no es más que una parte más del cuerpo, tan digna o sagrada como lo pueda ser cualquiera otra), que quienes emplean su sexo para ganarse la vida, son culpabilizados, estigmatizados, marginados y condenados a la negación del acceso a los mismos derechos que el resto de esclavos/trabajadores que emplean otras partes de su ser para sobrevivir.

No debería resultar inestimable el esfuerzo que el propio colectivo de trabajadores del sexo realiza por su cuenta (opinemos los demás lo que opinemos) para conseguir el mismo respeto y derechos que a otros trabajadores actualmente sí se les concede (2).

REFERENCIAS
(1) http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/508471
(2) http://www.colectivohetaira.org/web/ique-es-hetaira.html

COPYLEFT DEL TEXTO (CC) RECONOCIMIENTO-NO COMERCIAL: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es_ES
COPYLEFT DE LA IMAGEN (CC) DOMINIO PÚBLICO: https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.es_ES

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Comentaris

Re: El avestruz y los trabajadores del sexo (2ª parte)
17 gen 2017
Tal y como quedaron expuestas en ese anterior artículo, ha Bonifacia Bonobo se le plantearon una serie de dudas que ni tan siquiera ha querido responder.

Es cierto que la prostitución no tiene un marco legal que la regule, y es precisamente por este mismo motivo, que puede escapar a legalizar a la administración como el proxeneta legal de quienes se dedican a ella, sea como profesión, o no.

Lo que se le olvida a Bonifacia Bonobo, es que no todas las personas que recurren a la prostitución como medios de subsistencia, no se consideran “profesionales” del sexo.

Y sí, es cierto que hay personas que nos oponemos a esa legalización, precisamente porque conocemos a quienes ya tienen sus estructuras legales para acoger dicha legalización. Además, independientemente de si lo hacemos vehementemente o cómo lo hagamos, aportamos argumentos que, más que ser rebatidos, son tergiversados.

Más allá de las clasificaciones que se nos pretendan hacer a las personas que expresamos nuestras dudas y preocupaciones por esa legalización, algunas no lo hacemos como pensamiento, y mucho menos básico. De la misma manera se podría decir que el pensamiento básico de Bonofacia Bonobo, expresado en su anterior artículo, lo podríamos clasificas en estas “tres líneas”.

1.- Hay quien piensa que algunas pensamos que regularizar la situación de la prostitución, solucionaría los problemas de quienes la ejercen, y que no habría terceros que se aprovecharían para explotarlas y esclavizarlas. Es precisamente el marco regulador el que acaba legalizando dicha explotación y esclavización, sólo hay que ver como está el actual mercado laboral, el índice de precariedad y las condiciones de neoesclavitud de este capitalismo neoliberal, y quién se beneficia de todo ello, y no es quien vende su fuerza de trabajo.

2.- Hay quien piensa que algunas pensamos que la prostitución es un síntoma de enfermedad social, y nada más alejado de la realidad. Sin embargo, quienes piensan que pensamos eso, se dedican a especular sobre cómo se curan las enfermedades y que hay que mirar los síntomas. En esa argumentación, ni tan siquiera reconoce al capitalismo que se manifiesta en el ámbito médico, y que precisamente es el que mira los síntomas, sin importarle la raíz que produce el malestar. Bonifacia Bonobo dice que “no querer mirar los síntomas es esconder la cabeza bajo tierra como un avestruz”, aunque ya nos explicó que las avestruces no esconden la cabeza bajo tierra. Curiosa contradicción la suya.

En el ámbito de la salud, que no en el de la enfermedad, los síntomas son importantes porque en ellos se reconoce la expresión del cuerpo acerca del malestar. Pero los síntomas en sí, no son la “enfermedad”, tal y como hace este capitalismo médico, que dicho sea de paso, mantiene a la industria farmacéutica, especialista en medicar unos síntomas, y crear otros. Y esto es lo que Bonifacia no quiere entender y esconde la cabeza bajo tierra como un bonobo. Bueno, ya sabemos que los bonobos no esconden la cabeza bajo tierra, pero las avestruces tampoco, y puestas a decir disparates, qué más da una avestruz, que un bonobo o que un guisante.

Hay quien piensa que algunas pensamos que cambiando las estructuras patriarcales y capitalistas, los malestares desaparecerán. Esta no es más que una terrible idealización. Darse con el muro que no ven, en todos los morros. También hay quien tiene miedo, y asta pánico, a la libertad, a que no hayan normas, creyendo que la existencia se convierte en una “selva” o una “jungla”, como si jungla y selva fueran peor que vivir en estas ciudades.

Hay quien piensa que sin normas, se vive peor, y que con normas, es mejor. Y ni tan siquiera mira a su alrededor, o si lo hace es porque su entorno regulado, le ofrece una vida bastante cómoda. Nada de lo regulado ha sido en nuestro beneficio, entre otras cosas, porque cuando se impone la norma, desaparece el libre acuerdo entre personas.

3.- Hay quien piensa que algunas pensamos sobre una posible indignidad de quienes ejercen la prostitución o de quienes hacen uso de ella, pero tanto en unas personas, como en otras, las motivaciones son muy variadas, diversas y no es posible englobarlas en una o establecer relaciones universales. Quienes nos oponemos a la regulación de la prostitución, también lo hacemos por razones muy diversas, pero a algunas ni se nos ha pasado por la cabeza que haya indignidad en el ejercicio de la prostitución o que esta deba de ser considerada delito. Hemos visto que quienes más se han quejado de esa “alegalidad” y quienes más han hecho uso de los medios para hablar de la prostitución en la vía pública como algo denigrante, son quienes pretenden poner límites a su ejercicio y precisamente quienes más han utilizado esos mismos medios para hablar de crear normativas cívicas y ciudadanas, delimitar espacios, y también quienes más han reclamado actuaciones policiales o el desamparo ante la ley.

La prostitución, al igual que la venta ambulante de “los manteros”, ha sido objetivo de la represión de los ayuntamientos con una enorme variedad de excusas que van desde cuestiones morales, fiscales, territoriales, hasta esa misma necesidad de regulación.

Bonifacia Bonobo pregunta si no es denigrante e indigno verse obligado, obligada a vender a un tercero la propia fuerza de trabajo. Y cuando hace esta pregunta entiendo que ve algo “sucio” en la necesidad o la supervivencia. Lo denigrante es la esclavitud, no el esclavizado o esclavizada.

Bonifacia Bonobo piensa que algunas pensamos desde herencias judeocristiana o de sacralizaciones de la sexualidad, pero ella parece sólo conciba la sexualidad como un servicio del sector terciario, y no como impulso, pasión y parte de los afectos. Si alguna característica tiene la sexualidad, es la opuesta a la de “intocable” o la de “sagrada”, y reduce la sexualidad a una parte del cuerpo, tal y como reproduce la heteronormatividad patriarcal.

Quienes estigmatizan, culpabilizan, marginan a las personas que ejercen la prostitución, están hoy más próximos a la regulación que a su prohibición. La prostitución no es un derecho, es el ser libres a ejercerla o no lo que se reclama en el actual estado de situaciones, un acuerdo entre personas adultas y sin injerencias o beneficios para terceros, se llamen institución, proxenetas o empresarios. Quienes pretenden regularizar la prostitución, cosifican a las personas que la ejercen, pues la mercantilizan, convierten a las personas en una mercancía más regulada para su uso.

Desde luego que el esfuerzo del colectivo de personas que ejercen la prostitución, para no ser estigmatizadas, vistas como una lacra y tener acceso a los derechos sociales como cualquier otra persona, sea o no trabajadora, es lo que nos debería convocar a analizar cómo se establecen las relaciones sociales en este modelo global de opresiones, y reflexionar para caminar a erradicarlas, en vez de mejorar las condiciones de explotación.

Como trabajadores y trabajadoras, por lo que deberíamos de luchar, no es por convenios colectivos que nos hagan aceptar las causas de la explotación laboral, sino por la emancipación de todo tipo de explotación.

Ya basta de "bonobismo positivista"!
La ignorania es muy valiente
17 gen 2017
Como «regularizar» o «legalizar» podría ser que sólo se refiera a que tengan su propio convenio colectivo, porque NO ESPECIFICA ABSOLUTAMENTE NADA.

Soy técnico en prevención de riesgos laborales, y una vez me tocó hacer una evaluación de riesgos en un puticlub (cerca de Barcelona), para elaborar el plan de prevención y demás. Una empresa completamente legal en la que las chicas cotizan, y pasan revisión médica del seguro de la empresa. Creo que trabajan bajo el convenio de la hostelería.
Re: El avestruz y los trabajadores del sexo (2ª parte)
18 gen 2017
En castellano sólo contamos con una términología genérica para referirnos a quien vende sus servicios sexuales, esto impide establecer matices, lo que dificulta encauzar los debates. En la Grecia clásica se empleaban dos términos diferentes para este tipo de actividad, reflejando así condiciones de trabajo muy diferentes:

Pórnai (que significa «vendida») designaba a las esclavas propiedad de un pornoboskós o proxeneta, literalmente, el «pastor» de las prostitutas. El negocio de este propietario constituía una fuente de ingresos como cualquier otra y por el que tenía que pagar un impuesto proporcional a los beneficios que le generaba.

Hetaíra (que significa «compañía) es el nombre que se daba a mujeres libres e independientes que ejercían la prostitución como cualquier otra profesión bien remunerada y que estaban bien consideradas socialmente. Ellas decidían a qué clientes querían atender, qué servicios querían prestar y en qué condiciones.

La película que os recomendé en la primera parte de este artículo («The sessions» Las sesiones http://www.filmaffinity.com/es/film189922.html) podría reflejar la actividad laboral en la actualidad de una hetaíra especializada en la atención a discapacitados. Si en algún momento tenéis a bien ver esta película, es posible que estéis de acuerdo conmigo en que no parece que este tipo de actividad resulte denigrante, ni para el cliente, ni para el que presta su servicio.

La regulación de la prostitución podría encaminarse a evitar las condiciones laborales que llevan a un/a prostituto/a a ejercer como Pórnai, favoreciendo por el contrario la existencia normalizada de los/las Hetaíras.
Re: El avestruz y los trabajadores del sexo (2ª parte)
19 gen 2017
A mi me parece que haces una lectura a la inversa, y que prefieres no ver que ese "proxeneta", sería la institución de la prostitución. Por tanto, la regulación convertiría a todas las personas que se dedican libremente a la prostitución, en Pórnai.

Con un convenio colectivo, no puedes decidir qué es lo que quieres hacer, sino que estás sujeta a una normativa que regula, legisla y te exige productividad.

En cuanto a lo de la película, hay un documental, "yes, we fuck", en el que se plantea la legalización del/ de la acompañante sexual y del/de la asistente sexual. En el documental se intenta tomar distancia de la prostitución, que sería una posición muy distinta a la que propones.
https://www.youtube.com/watch?v=EuuYePr4ykc

Mantener relaciones sexuales y follar, no es lo mismo. La prostitución se acerca más a follar que a las relaciones.
https://vimeo.com/115642425

De todas maneras, esa legalización de asistentes o acompañantes sexuales, tampoco es una aportación a el cambio de relaciones patriarcales, sino más bien las encubre desde el discurso de los derechos. En esa experimentación, la figura del intermediario que garantiza el cumplimiento de los requisitos para la oferta y la demanda, está muy presente, y es precisamente esa oferta y demanda, mercado, lo que mercantiliza las relaciones, el deseo, la sensualidad, toda pasión...

Este proyecto no sólo busca la legalización de esas figuras, además reclama la subvención pública. Es decir, dar la apariencia de Hetaíra, pero siendo Pórnai, siendo en todo momento la institución quien decida y tenga el control. De ahí a crear protocolos, un paso.

Es por eso que lo que me sugiere todo ello, es buscar alternativas a la prostitución, pero esas alternativas no se deberían de fundamentar en las relaciones patriarcales, ni en la estandarización de roles, y el/la asistente, al fin y al cabo asume su rol, igual que lo puede hacer el trabajador o trabajadora que olvida su relación de clase y defiende la explotación, porque es lo que le permite comer y ocupar su tiempo de ocio con el consumo y el espectáculo.

La asistencia sexual, no es nada novedoso. La práctica nos remite a la época de Freud, en la que los terapéutas o médicos, utilizaban la masturbación como tratamiento para lo que llamaban "histeria", y que no era más que la asfixiante opresión contra la sexualidad de la mujer.

El que hoy se reclame esa asistencia para colectivos de diversidad funcional, no supone un avance en las libertades sexuales, sino un avance de cómo el estado vuelve a convertirse en intermediario para gestionar nuestros deseos y emociones.

No se puede negar que muchas personas con diversidad funcional, no tienen fácil el acceso a su desarrollo sexual, pero eso mismo sucede con otros muchos colectivos de la población, y quien hable de "soluciones", nos está engañando, pues no son más que paliativos, propuestas asistenciales que, al mitigar la necesidad personal, nos acomodamos y resignamos en la legalidad. Es decir, lo que pretendía ser un movimiento transformador, se convierte en conservador, y hasta reaccionario, pues se opone a quienes pretenden llegar más allá.

Un ejemplo lo tienes en el movimiento LTGB o los feminismos, que de ser fuerzas transformadoras, una gran parte en lo que se concentran ahora, es en mantener o ampliar sus "privilegios".
Re: El avestruz y los trabajadores del sexo (2ª parte)
19 gen 2017
Entonces ¿es más correcto mantener la actual legislación ambigua -en la que no es ilegal la prostitución, pero sin embargo no está regulada su actividad-? De esta forma las condiciones laborales pueden ser cualesquiera (generalmente la explotación salvaje del trabajador del sexo por parte de terceros, tal y como sucede en la actualidad). Esta opción parece la más cómoda: no me gusta tal y como está, pero tampoco hago nada para que mejore.

También se podría optar por una postura de oposición abolicionista... ya que la prostitución no regulada conduce a la explotación de los trabajadores del sexo, y dado que no se considera una opción válida la regulación para evitar la explotación ¿por qué no prohibir directamente la prostitución? ¿por qué no perseguir como a delincuentes a quienes la practiquen? ¡A la cárcel! ¿Parece desmesurado, no? Pues es la acción coherente a desarrollar ante un planteamiento en el que se entiende que la explotación sexual no es correcta, pero no es posible que una regulación evite esta situación de explotación.

O se prohíbe y se persigue a quienes se prostituyan para tratar de abolir la prostitución. O se regula la situación de los trabajadores del sexo para que no sufran de explotación salvaje. O se sigue como hasta ahora: no haciendo nada, manteniendo tal y como está la legislación ambigua actual, que deja en desamparo a los trabajadores del sexo, mientras se mira para otro lado... esperando a que la sociedad capitalista y patriarcal deje de serlo.

---

Respecto a la afirmación de que "mantener relaciones sexuales y follar, no es lo mismo", cabría matizar que bajo el término "relación sexual" estaría incluida como una variante más la de "follar". Las relaciones sexuales admiten tanta variedad como gustos existen, que son personales y dependen de cada individuo. Cada variante de relación sexual es igualmente legítima, siempre y cuando durante su práctica no se lesionen las libertades y derechos de otros. Es una proyección personal pensar que la forma de "relación sexual" que uno prefiere es la forma válida para otros. Por ejemplo: "como mis relaciones sexuales se sustentan en el amor, no está bien practicar sexo sin amor, y por tanto, aquellas personas que mantienen relaciones sexuales sin amor no actúan correctamente".
Re: El avestruz y los trabajadores del sexo (2ª parte)
19 gen 2017
Hablando de “proyecciones personales”, ¿quién ha hablado de amor?

Por supuesto que el follar es una manera de concebir las relaciones sexuales. A lo que me refiero es que la parte no es el todo; y eso es lo que muchas veces hacemos, convertir una parte en el todo. Y es a esa diversidad de maneras de relacionarse a las que apelo, y que en la prostitución no tienen cabida. Me refiero a sexualidad, no a genitalidad.

Y aquí podríamos hablar de los intereses múltiples de quienes ejercen la prostitución, y los intereses diversos de quienes recurren a ella. Intereses que no coinciden habitualmente más que en la transacción económico-sexual…, transformando el deseo sexual en tarifa, y la supervivencia en clientes.

No se folla, si no se puedo acceder a la tarifa. Se folla, no con quien despierta deseo, sino con quien tiene una minuta acorde a la economía exigida. Se folla con quien tiene dinero para pagar. Eso sin contar que hay quienes no disponen de ninguna economía…

Planteas un falso dilema, una dicotomía torticera con la que te contradices. Aseguras que “o se prohibe”, “o se regula”. Y dices esto cuando has reconocido si situación alegal, que es otra forma más, y de hecho la que a mi me parece más libre. Supongo que no serás de esas personas que consideran a la población migrante que no tienen papeles, como “ilegales”. Y supongo que aunque la administración las considere “ilegales”, reclamarás su derecho a la atención sanitaria pública… Fíjate que si la administración deja de considerarlas “ilegales”, una gran parte de su “problema” (el de la administración), desaparece.

A las personas que ejercen la prostitución no se le reconocen derechos porque las administraciones no quieren, prefieren reconocérselos a cambio de regular el ejercicio de la prostitución. De decir quién sí, y quién no. Pues cuando se regule, quien la ejerza sin el permiso, entonces sí que será “ilegal”, que es lo que no es ahora. Y ahí la cárcel sí que será una posibilidad. ¿Desproporcionado, no?

Es decir, para no prohibir, propones regular, y esa es precisamente la forma de que exista una prostitución legal y otra ilegal. Peor el remedio que la enfermedad.

Insisto que no abordas la cuestión desde la raíz, y sólo te remites a lo asistencial, a lo dependiente. Y ya hemos visto lo que es eso. “No hay café para todxs” en este sistema.

En no pocas ocasiones, y en diferentes ámbitos, hemos constatado que hay que eliminar intermediarios, y eso supone tomar directa y colectivamente la gestión de nuestras vidas, pero héte aquí que cada vez que nos dicen que se han “conquistado derechos”, lo que vemos es que hay unos intermediarios que son quienes deciden. Quien parte y reparte, se queda la mejor parte. Y para lxs demás, migajas para justificar la existencia de un pastel.

Si todavía no lo has aprendido. Si todavía no te has dado cuenta. Si todavía no lo quieres reconocer, entonces es que eres parte de quienes parten y reparten…, o lo quieres ser. Ya lo decía Daniel Viglietti: “si molesto con mi canto a alguno que ande por ahí, le aseguro que es un gringo o un dueño del Uruguay… A desalambrar… que si las manos son nuestras, es nuestro lo que nos den…” Sustituye manos por lo que quieras…

Damos la potestad a otros, a los de siempre, para que nos reconozcan, y eso tiene su precio. Somos dignas y no necesitamos de nadie para que nos dignifiquen, y nuestra lucha está ahí. Ser a pesar de ellos.

Tal vez la alternativa a la prostitución, sea la vida en común y la demolición de la moral, los estereotipos, los roles, las opresiones…, empezar a conocernos y reconocernos.

https://www.youtube.com/watch?v=GNm9UPW6SjM
Re: El avestruz y los trabajadores del sexo (2ª parte)
21 gen 2017
La actual situación de alegalidad, aunque haya a quien le pueda parecer la opción más libre, promueve la proliferación de los proxenetas y el que estos puedan explotar a placer y sin límites a los trabajadores del sexo. La regulación de la prostitución permitiría limitar el abuso de los trabajadores del sexo por parte de terceros.

Cierto es que esta regulación no abordaría la realidad de la prostitución desde su raíz. Cierto es también que una forma de abordar la raíz de la cuestión sería la alternativa de una «vida en común y la demolición de la moral, los estereotipos, los roles, las opresiones…, empezar a conocernos y reconocernos» (quise acercarme a este tema en el artículo «La pornografía y la represión de la libertad de amar» http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/508304/index.php), pero también es cierto que esta alternativa se presenta lejana en el tiempo. ¿Qué hacer mientras tanto?:

-> Se puede ser fiel por completo al ideal y justificar así el no hacer nada por tratar de mejorar la situación concreta de los trabajadores del sexo, que actualmente es de extrema indignidad para la mayoría de ellos.

-> O se puede concluir que el ideal de momento más se acerca a una utopía que a una realidad cercana, y que por ello -aunque no guste la raíz que subyace al hecho de que exista la prostitución- resultaría más práctico regular para evitar que proliferen proxenetas a los que nada les impida explotar a los trabajadores del sexo.

Y lo que es más importante: «No debería resultar inestimable el esfuerzo que el propio colectivo de trabajadores del sexo realiza por su cuenta para conseguir el mismo respeto y derechos que a otros trabajadores actualmente sí se les concede».

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