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XX Marxa contra les presons BCN - Manifest 2016
31 des 2016
Manifest 2016
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“Apuntar a pensar no en cómo castigar la violencia, sino en cómo terminar con el sistema que produce violencia.” Angela Davis.

“La prisión es el único lugar en el que el poder puede manifestarse de forma desnuda, en sus dimensiones más excesivas, y justificarse como poder moral.” Michel Foucault

Hace ya 20 años que en Barcelona se ha agendado el 31 de diciembre para señalar a las cárceles y el lugar que ocupan en el sistema en que vivimos: cada nochevieja salimos a las calles para terminar y empezar el año reafirmando el compromiso de luchar hasta derrumbar sus muros, desobedeciendo el calendario impuesto de supuesta paz social, de misas, de familia, de consumo… Expresiones máximas del sistema capitalista y patriarcal.

En estos 20 años hemos visto como nuestros barrios se han convertido en espejos del sistema penitenciario. Diariamente se justifica y aumenta el control social mediante el discurso de la inseguridad y el racismo institucional. Al igual que en la cárcel, la vigilancia se hace cotidiana y, a través de la idea del civismo, se intenta hacer del buen ciudadano un carcelero. Al mismo tiempo, dentro de las prisiones, mediante los llamados “módulos de respeto”, se establece también la construcción de ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda (inmigrantes), hechos que establecen nuevas formas de control y de precarización

La vigilancia normalizada a través de cámaras en nuestras calles, el aumento de presencia policial (justificada por la construcción propagandística del sujeto peligroso y la extensión de la alarma social) y el control social creciente son sin duda el objetivo oculto de la existencia de las cárceles. El sistema penitenciario forma parte de la violencia estructural de un sistema que se sostiene en base a la desigualdad: es imposible hablar del sistema punitivo sin hablar de clase, de género y de raza.

La principal finalidad de los cuerpos de seguridad del Estado y de las cárceles es proteger la propiedad privada, las fronteras y los cánones de conducta autoritarios y patriarcales, así como castigar a la disidencia política que les planta cara. La población reclusa no es más que un espejo de la pobreza y de las excluidas sociales, de aquellas que no encajamos y que intentamos buscarnos la vida como podemos.

La realidad demuestra que las rejas solo castigan y persiguen la violencia que molesta al Estado y aquellos comportamientos que ponen en peligro las estructuras del sistema que nos domina. Así, las peores violencias (como los desahucios, la destrucción a gran escala del planeta, el racismo y la insolidaridad, el control sobre las mujeres y su sexualidad, la explotación infrahumana de trabajadoras o las guerras por el espolio de los recursos de un territorio…) son legales y sus responsables no son considerados criminales. Las leyes y el sistema penitenciario son la culminación paternalista del Estado para establecer qué conductas son aceptadas y cuáles intolerables.

Nos dicen que la ley es igual para todas, pero todas sabemos que esto no es cierto: las cárceles están llenas de personas salidas de la pobreza, de migrantes y de hijas de la clase trabajadora, encarceladas por “delitos contra la propiedad” o por “delitos de tráfico de drogas”, es decir, por acciones estrictamente vinculadas a su necesidad de obtener dinero. El castigo también sirve de manera disuasoria contra la revuelta social, contra las ideas y las acciones de cualquiera que intente oponerse a los designios de este orden brutalmente injusto.

En el caso de las mujeres privadas de libertad, encontramos que una gran mayoría está recluida por “delitos contra la salud pública”, vinculados al tráfico de drogas, con condenas muy largas (de entre 7 y 9 años). Estas condenas se vuelven más agobiantes todavía para las personas migrantes encerradas en cárceles lejos de sus países de origen y de sus seres queridos, sufriendo un doble aislamiento. La situación es todavía más vulnerable cuando no se habla el idioma y, además, no se informa de las opciones legales disponibles para defenderse, ni de las opciones existentes para cumplir condena. Además, no podemos olvidar todas las violencias sexuales que se producen muy a menudo tras los muros, las cuales casi siempre son invisibilizadas y son difícilmente denunciables por las reclusas violadas o vejadas sexualmente.

Sobre Los CIE (Centros de Internamiento de Estranjeros), sabemos que no son más que cárceles racistas, dónde las personas son encerradas por su origen y clase social:. junto a La Ley de Extranjería, constituye una de las medidas racistas que emplea el Estado para criminalizar a la inmigración. La lucha de los distintos colectivos inmigrantes se mantiene viva tanto dentro de las cárceles (mediante motines, huelgas de hambre y fugas) como fuera (con la organización de colectivos como el de los manteros, que sufre persecución policial diaria, construyendo redes de solidaridad). Seguimos peleando por el cierre de los CIE’s, contra la existencia de fronteras y por la libre circulación de las personas: en los últimos meses, estas luchas han resonado con multitud de concentraciones y acciones solidarias en todo el Estado. Así como se han sumado esfuerzos y reforzado las luchas entre inmigrantes, construyendo un único discurso y tirando abajo el intento del Estado de seguir segregando a través de categorías. Desde el cruce de las fronteras hasta los “campos para refugiados” (que no son más que cárceles camufladas), la respuesta de los colectivos migrantes es clara “Todas somos refugiadas, todas somos inmigrantes”.

¿Y quién se beneficia de todo ésto? En el Estado español, muchas son las empresas que obtienen grandes ganancias a bajo coste. Bajo la falsa idea de la reinserción, tener como trabajadoras a personas privadas de libertad, sin derechos laborales, es un negocio rentable. Y eso sin contar con la gran cantidad de empresas que tienen el monopolio dentro de los centros penintenciarios en relación a los productos que pueden acceder las personas presas. Actualmente, además, muchos de los servicios en las prisiones ya dependen del sector privado, como el catering, lavandería, mantenimiento integral de instalaciones, etc. Actualmente, además, se está produciendo la privatización de la vigilancia perimetral (cámaras, muros, etc.) de los recintos exteriores de las cárceles, mediante la contratación de vigilantes de seguridad privada. En definitiva, la progresiva privatización del sistema penitenciario abre suculentas oportunidades de beneficio a las grandes empresas, hecho que augura que la tendencia a la construcción de nuevas macrocárceles y la encarcelación masiva continuarán incrementándose en los próximos años.

Todo lo descrito forma parte de un programa social bien definido, consistente en el aumento del control y de la represión con el objetivo de liquidar la amenaza potencial que suponen tanto las pobres como aquelles que deciden rebelarse contra este sistema.

El 31 de diciembre marchamos juntas contra la cárcel, hasta terminar con ellas y el sistema que las necesita.

¡Abajo los muros de las prisiones!
¡Hasta que todas seamos libres!



“Apuntar a pensar no en com castigar la violència, sinó en com acabar amb el sistema que produeix violència.” Angela Davis.

“La presó és l’únic lloc en el qual el poder pot manifestar-se de forma nua, en les seves dimensions més excessives, i justificar-se com a poder moral.” Michel Foucault

Fa ja 20 anys que a Barcelona s’ha escollit el 31 de desembre per assenyalar a les presons i el lloc que ocupen en el sistema en què vivim: cada nit de cap d’any sortim als carrers per acabar i començar l’any reafirmant el compromís de lluitar fins a esfondrar els seus murs, desobeint el calendari imposat de suposada pau social, de misses, de família, de consum… Expressions màximes del sistema capitalista i patriarcal.

En aquests 20 anys hem vist com els nostres barris s’han convertit en miralls del sistema penitenciari. Diàriament es justifica i augmenta el control social mitjançant el discurs de la inseguretat i el racisme institucional. Igual que a la presó, la vigilància es fa quotidiana i, a través de la idea del civisme, s’intenta fer del bon ciutadà un carceller. Al mateix temps, dins de les presons, mitjançant els anomenats “mòduls de respecte”, s’estableix també la construcció de ciutadans de primera i ciutadans de segona (immigrants), fets que estableixen noves formes de control i de precarització.

La vigilància normalitzada a través de càmeres als nostres carrers, l’augment de la presència policial (justificada per la construcció propagandística del subjecte perillós i l’extensió de l’alarma social) i el control social creixent són sens dubte l’objectiu ocult de l’existència de les presons. El sistema penitenciari forma part de la violència estructural d’un sistema que se sosté sobre la base de la desigualtat: és impossible parlar del sistema punitiu sense parlar de classe, de gènere i de raça.

La principal finalitat dels cossos de seguretat de l’Estat i de les presons és protegir la propietat privada, les fronteres i els cànons de conducta autoritaris i patriarcals, així com castigar a la dissidència política que els planta cara. La població reclusa no és més que un mirall de la pobresa i de les excloses socials, d’aquelles que no encaixem i que intentem buscar-nos la vida com podem.

La realitat demostra que les reixes solament castiguen i persegueixen la violència que molesta a l’Estat i aquells comportaments que posen en perill les estructures del sistema que ens domina. Així, les pitjors violències (com els desnonaments, la destrucció a gran escala del planeta, el racisme i la insolidaritat, el control sobre les dones i la seva sexualitat, l’explotació infrahumana de treballadores o les guerres pel espolio dels recursos d’un territori…) són legals i els seus responsables no són considerats criminals. Les lleis i el sistema penitenciari són la culminació paternalista de l’Estat per establir què conductes són acceptades i quins intolerables.

Ens diuen que la llei és igual per a totes, però totes sabem que això no és cert: les presons estan plenes de persones sortides de la pobresa, de migrants i de filles de la classe treballadora, empresonades per “delictes contra la propietat” o per “delictes de tràfic de drogues”, és a dir, per accions estrictament vinculades a la seva necessitat d’obtenir diners. El càstig també serveix de manera dissuasòria contra la revolta social, contra les idees i les accions de qualsevol que intenti oposar-se als designis d’aquest ordre brutalment injust.

En el cas de les dones privades de llibertat, trobem que una gran majoria està reclosa per “delictes contra la salut pública”, vinculats al tràfic de drogues, amb condemnes molt llargues (d’entre 7 i 9 anys). Aquestes condemnes es tornen més aclaparadores encara per a les persones migrants tancades en presons lluny dels seus països d’origen i dels seus sers estimats, sofrint un doble aïllament. La situació és encara més vulnerable quan no es parla l’idioma i, a més, no s’informa de les opcions legals disponibles per defensar-se, ni de les opcions existents per complir condemna. A més, no podem oblidar totes les violències sexuals que es produeixen molt sovint després dels murs, les quals gairebé sempre són invisibilizadas i són difícilment denunciables per les recluses violades o vexades sexualment.

Sobre Els CIE (Centres d’Internament de Estranjeros), sabem que no són més que presons racistes, on les persones són tancades pel seu origen i classe social: al costat de la Llei d’Estrangeria, constitueix una de les mesures racistes que empra l’Estat per criminalitzar a la immigració. La lluita dels diferents col·lectius immigrants es manté viva tant dins de les presons (mitjançant motins, vagues de gana i fugides) com fora (amb l’organització de col·lectius com el dels manters, que sofreix persecució policial diària, construint xarxes de solidaritat). Seguim barallant pel tancament dels CIE’s, contra l’existència de fronteres i per la lliure circulació de les persones: en els últims mesos, aquestes lluites han ressonat amb multitud de concentracions i accions solidàries en tot l’Estat. Així com s’han sumat esforços i reforçat les lluites entre immigrants, construint un únic discurs i tirant a baix l’intent de l’Estat de seguir segregant a través de categories. Des del creuament de les fronteres fins als “camps per a refugiats” (que no són més que presons camuflades), la resposta dels col·lectius migrants és clara “Totes som refugiades, totes som immigrants”.

I qui es beneficia de tot això? A l’Estat espanyol, moltes són les empreses que obtenen grans guanys a baix cost. Sota la falsa idea de la reinserció, tenir com a treballadores a persones privades de llibertat, sense drets laborals, és un negoci rendible. I això sense comptar amb la gran quantitat d’empreses que tenen el monopoli dins dels centres penintenciarios en relació als productes que poden accedir les persones preses. Actualment, a més, molts dels serveis a les presons ja depenen del sector privat, com el catering, bugaderia, manteniment integral d’instal·lacions, etc. Actualment, a més, s’està produint la privatització de la vigilància perimetral (càmeres, murs, etc.) dels recintes exteriors de les presons, mitjançant la contractació de vigilants de seguretat privada. En definitiva, la progressiva privatització del sistema penitenciari obre suculentes oportunitats de benefici a les grans empreses, fet que augura que la tendència a la construcció de noves macrocárceles i la encarcelación massiva continuaran incrementant-se en els propers anys.

Tot el descrit forma part d’un programa social ben definit, consistent en l’augment del control i de la repressió amb l’objectiu de liquidar l’amenaça potencial que suposen tant les pobres com aquelles que decideixen rebel·lar-se contra aquest sistema.

El 31 de desembre marxem juntes contra la presó, fins a acabar amb elles i el sistema que les necessita.

A terra els murs de les presons!
Fins que totes siguem lliures!
Mira també:
https://marxapresonsbcn.noblogs.org/

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