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Notícies :: laboral
[Debate] Anarcosindicalismo: recuperar el entusiasmo
19 nov 2016
Nuestra posición es que el sindicalismo y el movimiento obrero son y deben ser la única expresión política de nuestra clase, o al menos, su primera línea. Claro que hay un impulso desde los valores, los principios y la ideología propias del anarquismo, pero por delante de ese impulso va una práctica organizativa de clase dado que sin ella los matices libertarios no valen de nada.

Creo que nos hace falta pensar lo que somos, porque he notado en el reciente “debate” sobre Sindicalismo Revolucionario (SR) una cierta falta de anclaje en la realidad y de sinceridad.
El debate sobre el SR ha aportado claridad a algunas posiciones que son necesarias y que es necesario defender en público. No paso por alto el hecho de que se hable de SR, pero por más que me gustara que de verdad estuviéramos hablando de SR no he visto ni una intervención en la que el punto de referencia no fuera lo que en nuestra Historia se llama anarcosindicalismo. En las Españas no hay un sindicalismo revolucionario como tal, aunque haya quién prefiera descargarse de los males de la doctrina cenetista quitándose hasta el nombre para que los fantasmas del pasado no nos sigan la pista. Lo más parecido a SR que tenemos hoy serían las posiciones que propugna el hoy por hoy minúsculo SUT. El sindicalismo real que se da en algunos países ibéricos de la mano de CIG, CSI, ELA o LAB, está aún lejos de plantearse ser SR y esto tampoco es una observación dicha desde una torre de marfil en medio del páramo. Es una constatación: son sindicatos vinculados a movimientos políticos que entienden el sindicalismo como un movimiento limitado. Desde luego unos y otros son sindicatos, compartimos movimiento popular con ellos y son compañeras en las calles; pero si no son nuestra opción es principalmente porque no son de tradición libertaria, seamos sinceras.


Hoy en día hay que sumar varios factores que han cambiado de nuevo el rostro del anarcosindicalismo, como pasó en los 70:

-Relevo generacional: o más que relevo, cambio generacional. En algunos ámbitos, sectores y colectivos enteros más que relevo ha habido un choque, un barrido. Este factor se ha visto en muchas expresiones del movimiento popular, pero en el anarcosindicalismo es la principal explicación del cambio de línea que ha experimentado CNT y los cambios de línea en temas como, por ejemplo, la relación con la AIT . Y por supuesto, también está detrás de las tensiones orgánicas que estallan aquí y allí por todo el espectro del anarcosindicalismo.

-Cambio de condiciones materiales: el conflicto social de los años 2010-2014 no ha traído sólo reales decretos contra los que movilizarse. Las vidas de nuestra gente han cambiado: quienes estudian hoy no tienen 24h disponibles para militar. Quienes trabajan hoy sufren aún más el terror laboral de una patronal desatada: ritmos inhumanos, movilidad forzada, pluriempleos…. Quienes cuidan tienen a más gente aún a cargo que ha quedado desamparada. El tiempo para militar ha bajado bastante comparado con el que teníamos hace una década.

-Existencia de un movimiento libertario no-cenetista: CNT ha sido el lugar de encuentro de un movimiento libertario precario y que se repetía constantemente. Según iban llegando oleadas de jóvenes, se acercaban para organizarse allí y después acabar bien lejos, experimentado en otros campos de lucha. Sin duda, la generación cuya separación ha sido más estruendosa fue la de la “Epidemia de Rabia”, pero no ha sido la única, por ello a lo largo de los 2000 asistimos al nacimiento de un “ghetto libertario”, que por muy criticado que pueda ser, ha desanclado las posiciones del anarcosindicalismo. En el ciclo de 2011, la existencia de esos polos autónomos han oxigenado las ideas y permitido que haya nuevas experiencias. Desde la FAGC a la FEL pasando por una constelación de asambleas libertarias más o menos informales que han nacido y muerto, acercando más el movimiento libertario de las Españas al mundial y alejándolo de ese movimiento ahijado de “la CNT de los 30”, lo que trastoca esa definición de anarcosindicalismo que lo sitúa en el centro del movimiento libertario.

Creo que las consecuencias de estos cambios explican nuestro estado de ánimo. El cambio en el movimiento libertario y el cambio de posiciones genera una desorientación, que junto al cansancio por el empeoramiento de nuestras condiciones de vida nos lleva a un desasosiego con el compromiso que lo hace más difícil. Además hay una percepción un tanto conspirativa que es común a casi todo el movimiento popular, pero que se agudiza en las organizaciones que han sufrido escisiones duras, como son las que componen el espacio anarcosindicalista. Esto oscurece las percepciones, vemos el futuro gris o negro y a nosotras nos vemos con aspiraciones a ser los últimos mohicanos. Creo que es un error, porque no somos ni de lejos la última barricada en una clase obrera echada a perder. Creo que la actualidad nos da constantemente cal y arena como para pensar en que perfectamente podíamos ponernos en serio a participar de dicha actualidad. Hay dificultades, por suerte.

Voy a señalar lo que creo que son nuestros límites hoy mediante tres aspectos que están en la primera línea de nuestros retos.

NUNCA MÁS UN ANARCOSINDICALISMO SIN SINDICALISMO

-El reto de la negociación colectiva: la apuesta fuerte de CNT en los últimos años se ha enfocado a poner la negociación colectiva como espacio de conflicto sindical estratégico. La revitalización sindical que apuntan algunos compas es sin duda la tarea pendiente del modelo sindical de CNT, pero no sólo. Apostar por la negociación colectiva en serio significa apuntar a desbancar a CCOO y UGT de la representatividad sindical que padecemos y que nos atenaza al resto del movimiento sindical, al menos en Castilla. Para ello hay que reconocer lo obvio: necesitamos más recursos militantes. Esto es: mejor formación y capacidad jurídica y negociadora, más horas militantes, organizaciones más dinámicas para responder ágiles y eficaces… No estamos en el mejor momento social para dedicar más tiempo a la militancia de lo no-urgente, a invertir en formación o en el trabajo militante diario de la hormiguita que va de empresa en empresa. Porque como he indicado antes nuestro tiempo militante se ha cercenado por la crisis económicas y de cuidados y a la vez, porque ese estado de crisis permanente nos obliga a estar constante en movilización y sin pasar de punto de Asuntos Urgentes.

El anarcosindicalismo ha pecado veces y veces de activista, esto es, de ir sumándose y saltando de causa en causa según la ocasión. Esto es consecuencia de una concepción demasiado instrumental y política del sindicalismo. Nuestra tarea no está en intervenir en todas las luchas, ni tener presencia en todos los frentes del conflicto social. Aunque suena peor, nuestra tarea está en organizarnos para dar nuestras propias respuestas e impulsar nuestros propios conflictos, que no es poco. La primera aclaración que necesitamos es que el sindicalismo tiene un campo de acción: las relaciones laborales de explotación. Para participar en el resto de luchas tenemos también una herramienta más que inventada: la solidaridad.

-El fetiche de la “acción directa”: se ha hecho un trabajo intensísimo por desvincular el concepto de acción directa de los petardos, los hierros y los magnicidios. Hay que dar un paso más y desvincular el concepto de acción directa del cartel-mani-acción. La negociación colectiva sindicato-empresa es acción directa mediante el conflicto colectivo. La negociación colectiva Federación de sindicatos – patronal es acción directa, mediante el conflicto social. Todos los medios para construir ese conflicto colectivo son medios para construir acción directa.

Por otro lado, con respecto la “acción mediada”, hay que dignificar el derecho laboral y sus instituciones. El estado no es una máquina burocrática que habita en unos despachos. Es parte de nuestra sociedad, que se materializa en las instituciones pero que lo atraviesa todo. Y como parte de nuestra sociedad, también opera en la lucha de clases. No voy a entrar en si el estado tiene autonomía de la clase dominante o no, porque en cualquiera de los casos el estado para mantener el orden se ha visto obligado a instituir las reivindicaciones de la parte dominada. Por eso el estado es herramienta de la clase que domina la lucha –la patronal; pero no es una simple herramienta, sino que al ser parte de la sociedad recoge las resistencias y victorias también de nuestra gente. El estado institucionaliza las victorias de nuestra clase y las enmarca en el derecho laboral y sus instituciones, aunque no solo. Si el derecho laboral es limitado es precisamente porque somos la clase oprimida, pero ese derecho, esos derechos, son el patrimonio de las luchas del pasado y renegar de él es renegar de nuestro patrimonio más valioso. De nada vale mantener limpio el local y la bandera si no conocemos ni respetamos nuestra jornada laboral, por poner un ejemplo. De nada nos vale hablar de derechos y conquistas en abstracto y no trabajarse las plataformas reivindicativas ni pelear por asentar convenios favorables a nuestra posición. La inspección de trabajo, las salas de la social y los profesionales de la abogacía laboral son herramientas en nuestras manos y saber utilizarlas es una cuestión táctica, lo que en ningún caso puede hacerse con el peso de “fallar a los principios” por recurrir a mediaciones. Debería ser intolerable para nosotras que haya compas que defiendan la idea de que los derechos laborales son privilegios de obreros blancos, machistas, heteros, taurinos y mourinhistas.

-La ausencia de debate estratégico: la definición del espacio anarcosindicalista que se ha dado en este texto incide en impulsamos prácticas libertarias en el movimiento obrero para conseguir que tenga finalidades revolucionarias. Pero el debate sobre esas prácticas está ausente o está reducido a fetiches como el de la “acción directa contra la vía jurídica”. Desde la controversia de la transición que tuvo como resultado la ruptura de la unidad organizativa, desde CNT se han puesto a punto las herramientas para reforzar su modelo sindical de secciones sindicales, cuya razón de ser es el aumento de la participación directa de cada trabajadora, no lo olvidemos.

La transformación en Principio del “boicot a las elecciones sindicales” es una perversión y una trampa. La escisión de CGT se dio sobre el papel por este motivo, aunque la realidad es que fue más la excusa que la causa, dado que la ruptura de la unidad se produce porque tal unidad nunca se había dado tras el exilio. Hoy CNT ha decidido su propia estrategia en base a esa diferencia, pero es una estrategia más de otras que quedan por definir y donde coincidimos con corrientes de CGT y de otras organizaciones. Por inercia, dogmas o falta de imaginación no estamos experimentando y depurando nuestras prácticas con la vitalidad y dinamismo con el que se mueve la realidad laboral. Pero a nuestro alrededor por suerte sí que se están dando estas experiencias.

Por otro lado me parecen muy necesarias los textos de Yeray Campos y Beltrán Roca, que nos recuerdan que los convenios colectivos no son el único ni tal vez el mejor modelo, porque desincentiva una afiliación sindical que para nosotras debería ser fundamental, como paso previo a la participación... Poner a circular ideas y prácticas variadas, opuestas y que se van superando obligadas por la realidad es la única forma de cabalgar una realidad cambiante.

Podemos seguir por las experiencias en sectores precarizados: el trabajo sexual, el trabajo doméstico, el trabajo ñapa a ñapa, la venta ambulante, la chatarra…Ahí donde CCOO y UGT ni están ni se les espera pero sin duda hay relaciones de explotación. La iniciativa de algunos sectores parece una respuesta aislada pero positiva si la reflexión que extiende es: “Estamos obsesionados con crear partidos políticos, y lo que necesitamos es un sindicato". Nuestra crítica a este tipo de experiencias es casi automática por corporativista, dado que la traducción práctica es que cada sector se construye a sí mismo y a veces, sólo a veces, se confluye en cosas. Tal vez haya que probar a hacer sindicalismo así o al menos cooperar con estas iniciativas y ver si el espacio anarcosindicalista funciona lejos de sus tradicionales casas (y mansiones).

NUNCA MÁS UN SINDICALISMO SIN TRABAJADORAS

Hoy en día nuestra clase en todo el globo se enfrenta a una crisis civilizatoria. Nos enfrentamos a la suma de la crisis ambiental y su caos climático, la crisis financiera que se mueve como un fantasma desde 2008 y la crisis de cuidados que ya se ha extendido a toda nuestra clase.

-Tenemos una clase obrera más precaria, móvil y dividida. La crisis financiera de 2008 fue el punto de partida de una crisis sistémica que en Europa ha servido para crujir a toda la clase trabajadora contra sus condiciones de vida.

Todos los sesudos analistas de internet señalan que hay una radicalización de la clase obrera de los países centrales hacía posiciones neofascistas. Es nuestro deber trabajar en el seno de esta clase obrera y no desde posiciones excéntricas atrincheradas en los locales. Esa es la esencia del anarcosindicalismo y del sindicalismo revolucionario: llevar las posiciones clasistas a los conflictos diarios de los trabajadores. Esos conflictos nos son cotidianos y aún así no siempre podemos dar una respuesta firme.

Por atacar con el ejemplo más común, el sindicalismo aún no da una respuesta eficaz ante la contratación temporal. La reciente sentencia europea sobre la indemnización a interinos y eventuales nos distrae del debate de fondo: sea o no sea fraude, la indefensión es mucho mayor ante la contratación temporal cuando el contrato acaba que con cualquier otro tipo de despido. Esta situación provoca que nuestra gente no trabaje varios años seguidos en el mismo puesto, ni en la misma empresa, ni en el mismo sector, lo que también está demostrado que es una causa de baja afiliación sindical y en consecuencia, nulo compromiso. Es curioso ver como ante esta situación, la respuesta de CCOO y UGT es, al unísono, nombrarse representantes de todo este sector y afirmar que la mejor defensa son los convenios colectivos que ellos negocian de manera casi exclusiva. Recientemente hemos tenido la victoria de un sindicato de CNT que ha eliminado la temporalidad en una empresa, poniendo en práctica la estrategia de CNT de ir empresa por empresa consiguiendo mejoras mediante la participación y la implicación. ¿es suficiente? ¿se puede extender a todo sector?

-La ruptura del suelo que pisamos. La precarización total de las condiciones de vida de nuestra clase ha sido posible por una crisis que el feminismo llama “la crisis de reproducción social” o “crisis de cuidados”. Esta crisis ha ido invadiendo todas las sociedades del planeta desde mucho antes del crack de 2008. La crisis de cuidados es esa hiperconcentración de todos los cuidados en la familia nuclear tradicional (patriarcal, por descontado), al romperse el resto de esferas de socialización (el barrio, la asociación, los compañeros de trabajo). Cuando las familias estallan y no dan más de sí , lo que quedan son personas aisladas en una sociedad atomizada, individuos que se relacionan con otras personas mediante el consumo. Esta crisis es lo que explica que haya personas cuyos problemas laborales sean la punta del iceberg. Es por esta crisis por la que la gente que entra por las puertas de un sindicato lo primero que busca no es una herramienta de emancipación de clase, sino alguien con quién desahogarse. Esta crisis está oculta en muchas de las miserias del trabajo, en mucho estrés, en mucho acoso laboral. Pero por supuesto esta hiperconcentración de los cuidados no se traduce sólo en trabajadores que no son capaces de reponerse física ni emocionalmente de la explotación capitalista, sino que tiene el epicentro del problema en quienes cargan con todo el peso de los cuidados, que en nuestra sociedad –por patriarcal- son las mujeres. Las dobles y triples jornadas laborales se pueden afrontar desde el sindicalismo propugnando la igualdad de tareas, la igualdad efectiva en las empresas, la feminización de sectores masculinos (como el metal, donde falta mucha conciliación) y la dignificación de sectores femeninos (como la limpieza de edificios donde falta mucha retribución). Pero lo que se puede alcanzar desde el sindicalismo son parches ante el reto de la crisis de cuidados, dado que luchamos con sus consecuencias y no alcanzamos a la raíz que está en las relaciones rotas por el capitalismo, que no son precisamente las de explotación sino las imprescindibles para que las comunidades humanas sean tales.

En este sentido el anarcosindicalismo debe hacer bandera de que el movimiento obrero y sindical sea efectivamente la matriz de otro mundo... El sindicato debe de reconstruir y reinventar las relaciones donde el cuidado sea la razón de ser, anticipando la sociedad del futuro por sus bases económicas reales.

NUNCA MÁS UN SINDICATO EN COMA

El tercer grupo de tareas pendientes que tenemos que analizar y resolver son las más ingratas y espinosas. Hay que hablar de la Organización y de organizarse.

-“Un gran sindicato”. La propuesta subyacente de la posición de J.L. Carretero es que necesitamos reinventar la organización sindical para tener una máquina de combate en la que se den todos estos debates y experiencias de lucha que he repasado hasta ahora. Mi posición es que esto ni es posible, ni es deseable ahora mismo.

La unidad sindical es un principio básico del movimiento obrero, pero la unidad sindical se da en torno a las propuestas y la fuerza sindical del movimiento y no al revés. Por eso la primera fase de la construcción de la unidad está en construir fuerza, como fue el inicio de las grandes organizaciones obreras del pasado. Eso en la realidad significa que las distintas organizaciones en las que operan anarcosindicalistas tienen mucho campo por recorrer tal cual están y que la unidad, de ser necesaria, se dará de manera natural y se dará en torno a las estrategias y propuestas que más fuerza sean capaces de aglutinar.

Para el día a día, lo primera es que hay que desacralizar nuestras organizaciones y darle más importancia al movimiento de clase. “Organizarse jamás ha querido decir afiliarse a la misma organización. Organizarse es actuar según una percepción común, al nivel que sea.”

-La CNT que no queremos. En CNT se han dado en la última década unos muy virulentos choques orgánicos, llevando a la organización a un estado de shock permanente que ha destruido muchas iniciativas positivas por la permanente crisis orgánica producida por una guerra fría entre posiciones de los distintos partidos anarquistas. Hay un ambiente enrarecido entre militantes por la constante sombra de la duda.

El fondo de esta cuestión es que la reconstrucción de CNT se ha hecho recurriendo las más de las veces al sustrato emocional y épico de la organización más que a su contenido de clase o a su capacidad de lucha. Esa omnipresencia de la identidad de una CNT es la primera causa de que dejar el carné se tome como una herida irreparable para algunos compañeros. Eso no quita que haya diferencias políticas, que haya maniobras burocráticas y que ha habido escándalos que merecen condena indudable. Pero la manera de resolver y afrontar estas situaciones genera conflictos inevitables entre posiciones que no pueden dirimirse sacrificando la fraternidad entre compañeras.

Vaya por delante que dentro de estas diferencias, lo que queda claro desde hace años es que el modelo de CNT supeditado a un determinado partido anarquista y envuelto en la mitología cenetista del exilio tiene los días contados y va quedando como una postura automarginal. Enfrente han surgido distintas propuestas reabriendo el debate de los 70 sobre qué debe ser CNT y como debe relacionarse con el movimiento libertario: una organización de todo el movimiento libertario con forma de sindicato, una organización que sea la correa de transmisión de movimiento libertario en el mundo obrero, un sindicato autónomo de lo libertario en la que quepan distintas posturas (marxismos, anarcomunistas, faistas…)…

Hay que recuperar el entusiasmo. Lo primero tenemos que poner en el centro son las emociones que nos impulsan a estar en la militancia y en el anarcosindicalismo. Es necesario que lo sintamos útil, que nuestro trabajo sirve, y para ello nada mejor que mirar atrás y ver que lo que hemos construido es positivo. Que ganamos conflictos. Que ayudamos a nuestra gente en su día a día y que hemos evitado que haya compañeros en situaciones extremas, tanto por los cuidados que nos hemos dado como por la lucha sindical que nos ha hecho mantener empleos con dignidad.

Lo segundo es recuperar el horizonte. Dejar de ver un mundo gris y abocado a la decadencia que nos pintan las películas americanas. Tenemos una propuesta de nuevo mundo y que es perfectamente válida en estos tiempos de caos geopolítico, caos climático y decrecimiento económico. Tenemos que inspirarnos en el movimiento libertario que va un par de pasos por delante en estos temas, que nos hablan de un decrecimiento comunal, respetuoso y cooperativo, en el que la lucha sindical tiene un espacio central. No habrá transición de civilización sin medios técnicos, sin trabajadoras con conocimientos específicos y sin la capacidad de gestionar las empresas que hoy nos explotan y destruyen el planeta, y esa fuerza transformadora es la que se organiza en el sindicalismo.

Gaspar ( CNT Valladolid )

Texto completo: http://alasbarricadas.org/noticias/node/37432
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http://alasbarricadas.org/noticias/node/37432

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Comentaris

Re: [Debate] Anarcosindicalismo: recuperar el entusiasmo
21 nov 2016
manido, con una iluminada espiritual, sin ningun enfoque practico sobre los problemas reales que tiene el anarcosindicalismo(Uno de los problemas mas importantes es el verticalismo interno de sus organizaciones en representacion de sus comités. No es guerra fria es la imposición por la fuerza de una linea concreta... gabinetes que no presentan informes mientras asesoran a otros sindicatos, comisiones de investigación internas a dedillo... .la readmisión de alguno explulsado por unicamente ser secretario del comité confederal, donde esta la guerra fria... si me pegas una paliza no digas que estamos crispados deja de pegarme)
Pero bueno, dejemos de ver los horizontes tan grises... gracias, swi no lo dices tu no se que hariamos... si, reinventemos el sindicalismo... con limpiarlo igual nos damos cuenta que ya esta arreglado el problema

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