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Notícies :: criminalització i repressió
Bajo el signo de la violencia
25 mai 2016
Violencia. Palabra maldita, realidad indeseable. Violencias las hay de muchos signos y en múltiples direcciones. O se la enfrenta, o corrompe todo lo que encuentra. Es por ello que toda sociedad debe decidir qué hacer con ella: o potenciarla o dejarla en cuarentena.
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Toda sociedad, entonces, debe educar a los individuos en relación a ella. Y para ello, debe decidir qué tipo de sociedad y qué tipo de individuos genera, lo que implica reflexionar sobre los mismos fundamentos sobre los que se quiere construir y desarrollarse. Sólo hay dos caminos: o se opta por la Libertad y la Igualdad, o se opera contra ellas. No hay ni medias tintas ni existe otra quimera.
Una sociedad organizada a partir del privilegio, no puede generarse más que con una extrema violencia, pues niega la Libertad y la Igualdad con sólo su presencia. El hecho de que unos puedan decidir sobre la vida del resto no puede partir más que de un acto brutal de violencia; que unos pocos puedan poseerlo casi todo y el resto prácticamente nada, no puede empezar más que por acciones agresivas de individuos desatados en su codicia.
Las sociedades actuales son la evidencia de cómo se ha sucumbido ante un puñado de individuos organizados a partir del monopolio de la violencia. Y para mantener sus estructuras de jerarquía y sumisión, de privilegio y exclusión, no pueden más que potenciarla hasta sus últimas consecuencias. La macabra posibilidad de desatar un holocausto nuclear no plasma más que el triunfo de su demencia.
Y nos dicen, además, que la Violencia sólo pueden usarla los que están más fuertes en ella, chantajeando con una Seguridad imposible dentro de un Orden fragmentado entre ricos y miseria… Orden forjado con la paz de su Violencia.
Y uno puede regocijarse con el humo de sus creencias, que venden como “verdades” celestiales, “verdades” ancestrales, “verdades” patrioteras, e incluso, “verdades” de la ciencia. Porque curas y políticos, banqueros y usureros, catedráticos y charlatanes de los media… saborean el privilegio que les brinda la Violencia. Y por eso la apuntalan y la justifican en nombre de “verdades” eternas que se esfuman cuando quiebra su más preciada Violencia. Porque en el fondo sólo tienen miedo a que se derrumbe la estructura que los eleva: “qué terrorífico vivir como cualquiera”… y por eso, siempre requieren de más y más Violencia.
Empujar a la Violencia, es también Violencia. Es tener que recurrir a la autodefensa cuando no hay más camino que enfrentarse a ella, sabiendo que el que la provoca, dispone de mucha más fuerza. Y algunos gritan, y la condenan, y se horrorizan cuando ven que no sólo sus lacayos la despliegan: “¡oh! ¡Esto es Violencia!”. Su refinada hipocresía, es Violencia.
Porque su violencia es cotidiana, es sibilina, es silenciosa, es traicionera. Hasta que, cayendo en espiral por el agujero absurdo de la Violencia, se llega al CIE y a la mazmorra; a la Justicia y a la Sentencia; y luego a la cárcel, a la Celda de Aislamiento, a la Tortura, e incluso al Asesinato en toda regla. Y cuando su Desorden degenera, no importa, siempre se dispone del recurso de la Guerra. Poco importa donde huyas, porque siempre se llega al límite de su Violencia, como expresa toda frontera: “No molesten: tenemos más Violencia”. Callejón sin salida, el de la Violencia.

Instinto Social
Fotografía: Ea
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