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La Pirámide
07 ago 2003
Hemos de luchar por una sociedad equilibrada desde la base de La Pirámide
"Una democracia fuerte no es la que quita la palabra a sus enemigos, sino la que hace oír la suya sin acallar la de ningún miembro de la comunidad". "Resulta paradójico que la democracia sea el único sistema de gobierno en el que el pueblo elige qué dictador le va a gobernar" La historia de la democracia está cuajada de incongruencias. El poder real nunca ha estado, ni estará, en manos del pueblo. De hecho, para que pueda decirse que un país o un gobierno es “democrático? se revisa antes la definición de pueblo que la de la propia palabra que se erige como defensora de una legalidad inexistente. Con un orgullo pueril, se afirma desde los altos sillones que retomamos el significado originario de ese vocablo, sin percatarse, inmersos como se hallan en su ignorancia, que en origen el “pueblo? se hallaba constituido por unos pocos: nunca la mayoría. Me doy cuenta de que, por triste que me parezca semejante aserto, sí es cierto la existencia de unos paralelismos que, más que animar, me llenan de pavor. Hablando con una amiga, concluí que se retoma sin escrúpulos ese mando oligárquico en el cual los adinerados dominan a un vulgo que, más que nada, está hastiado y sin ganas de levantarse. Hoy por hoy, Grecia ha regresado con vehemencia a la mentalidad de los que gobiernan. Pero no nos equivoquemos. No hablamos de la Grecia de Esquilo, de Sófocles, de las letras y las artes... de la filosofía, en su sentido más amplio y embellecido, donde había un apego a la sabiduría que nunca, en el resto de culturas, ha encontrado parangón. Hablamos, en cambio, de esa Grecia oscura que procura obviarse, porque no es estética, porque es tiránica y opresiva, y nadie desea reconocer que la cuna de su civilización está manchada de estiércol. Nos referimos a aquellos días en que los esclavos, las mujeres, los extranjeros e incluso los menores o discapacitados no eran considerados parte del pueblo. Los libertos, los orfebres, las personas de clase baja, no tenían los mismos derechos que un ciudadano. Aquellos días en que se formuló un orden social piramidal que en la actualidad sigue vigente, aunque los personajes que se hallan en la cumbre, por lógica, hayan variado. En nuestra época, los inmigrantes no se consideran ciudadanos, y menos si no poseen un papel que les reconozca sus derechos (los “ilegales? a los que, mediante un eufemismo digno de nuestros días, se les denomina los “sin papeles?, con ese mohín despectivo que aclara que no pertenecen a ningún sitio, porque están desterrados del mundo). Ellos se equiparan a los esclavos de Grecia, gente que trabaja por un sueldo ínfimo, en condiciones infrahumanas, pero que no se pueden quejar, porque hay que comer cada día. Sobreviven por la terquedad que la existencia humana ofrece a los desheredados, por esa fortaleza que únicamente la ignominiosa pobreza puede otorgarte, al saber que siempre hubo épocas peores y lugares donde se muere por pensar. Si hay suerte, a uno de estos desheredados se les concede la gracia de aliviarlos de sus cargas, de permitirles el acceso a determinados (aunque limitados) derechos, a ciertas libertades; se les regala esa hoja que indica que ya no son ilegales: ahora son libertos. Porque nadie olvida su antigua condición de esclavos, esa diferencia que los separa del resto, que es la de la lucha, la del afán de conseguir una vida mejor. Pero les queda en la frente un cartel invisible que los marca de por vida; ese que dice: “soy culpable hasta que se demuestre lo contrario?. Porque a un inmigrante, o a un liberto, no se le da la gracia de la presunción de inocencia. Si alguien roba, es él. Si hay un homicidio, lo habrá cometido él. Aunque ni siquiera se hallase presente (todo el mundo conoce el don de la ubicuidad de los inmigrantes...). De hecho, las cárceles españolas, ese ejemplo de castigo sin reforma, están plagadas de inmigrantes. Sudamericanos, marroquíes, subsaharianos... Y, según las encuestas partidistas y parciales de un gobierno sobradamente clasista, se asegura que “ellos? (los despojos de esta pulcra sociedad) son los que generan violencia e inseguridad en las calles. Cuando ellos son, precisamente, las víctimas más recurrentes de esa violencia fascista. Si ascendemos un escalón más en la pirámide, hallamos a los metecos. En la escala de valores de los princeps, hay una diferencia más que sutil entre un inmigrante (que puede ser esclavo o puede ser liberto) y un extranjero. No es que a los extranjeros se les tenga respeto, pero sí cierta reverencia, porque traen dinero a las arcas del rex. El mote impuesto a estos metecos, que no son ciudadanos, mas tienen unos privilegios adquiridos por el mero hecho de nacer (principal diferencia con los anteriores) es el de guiris; pero no se cofundan: los guiris, son siempre tratados con deferencia porque ofrecen mayor calidad de vida al ciudadano. Nunca roban. Nunca matan. No estafan. Son estúpidos y sueltan pasta. Porque cuando no hacen nada de esto, pasan directamente a la categoría de inmigrante. Entre los libertos y los metecos, en tierra de nadie, el vulgo vive y sobrevive en un estadio de letargo. Obreros, camareros, limpiadores, informáticos, vendedores y hasta determinados funcionarios del estado: los maestros, celadores y médicos. Ahogados todos en lo que se denomina la clase media, porque tienen créditos en el banco, hipotecas que pagar, hijos que alimentar y un sueldo lo suficientemente aceptable como para no llegar al desahucio y lo bastante escaso como para que su tiempo de ocio (para aquel que lo tenga) quede limitado a horas vacías de televisión y, de cuando en cuando, el cine. Desde tiempos inmemorables todo líder sabe que debe mantener adormecido al pueblo. Para ello, nada mejor que anestesiar sus ideas. Durante la Edad Media la religión fue la morfina que se usó para que, aun cuando la plebe careciese de fe, siempre tuviese miedo. Ya lo dijo Marx: la religión es el opio del pueblo. En nuestros días, morir y matar por dios, sea cual sea y con el nombre que tenga, sigue tan vigente como en la época de la inquisición, cuando se torturaban y quemaban almas en nombre de la fe. Sin embargo, resulta más triste habida cuenta que se supone que hemos evolucionado un poco. De cualquier forma, ese dios tan válido para moldear espíritus maltrechos carece de efectos a la hora de dominar a un pueblo perezoso y cuasi agnóstico. Quizá porque aburren siempre los mismos argumentos. Ahora son más listos. Ahora nos mantienen en esa dulce ignorancia que siempre ha tenido la clase llana, pero disfrazada de información y de noticias. Y, para cuando eso no funciona, no existe droga mejor ni más eficaz que la alienación televisiva... Sin embargo, siempre existe algún desaprensivo que se dedica a desbaratar un sistema tan elaborado. Siempre surgen pensadores que miran alrededor y apenas ven un mundo grisáceo, hundido en la miseria del consumo, de los créditos y la pobreza. Gente cuyo olfato les permite descubrir que la verdad apesta. Para estos personajes, tan incómodos para los princeps, la difamación no es suficiente. No basta con prohibir sus libros o censurar sus programas. Hay que ir más allá. Para que un pueblo no se revolucione, para evitar que sus ideas vayan más allá del mero pensamiento, tiene que haber medidas represoras que controlen directamente la actividad del ciudadano. Y es en estos momentos cuando ascendemos otro escalón en la pirámide. En Grecia, en Roma, durante todas las épocas en cualquier civilización, los miles se han ocupado de la tediosa tarea de vigilar al vulgo. Caminan de un lado a otro, con cuartelillos ubicados estratégicamente, ofreciendo una más que falaz sensación de seguridad. Porque, ¿cuántos de ustedes han ido a denunciar algo y se les ha hecho caso? ¿Desde cuando la “justicia? en este país funciona con celeridad para el que no tiene con qué pagarla? ¿Cuánta gente ha sido atacada o robada a lo largo de un año sin que la policía sea capaz de mover un dedo? ¿Cuántos comercios atracados, cuántos ajustes de cuentas? ¿En serio creéis que ellos están para protegernos? Cuando hay una manifestación, sea en pro de lo que sea, las fuerzas del estado (los policías) siempre están preparados para que la cosa no se desmadre. Y frente a las palabras (que todo el mundo sabe que son como dardos envenenados) tienen sus porras, y toda la mala leche del mundo. A priori no hacen nada. Se dedican a pasear alrededor del ganado como los perros de los pastores, siempre atentos para que ninguna oveja se aleje del rebaño... si alguno de los manifestantes “se pasa de la raya? (ya sea hacer una pintada, tirar huevos a un edificio o destrozar mobiliario urbano, no importa), es duramente reprendido. Luego, ya se ocuparán de meterlo en la cárcel y calumniarle en los medios. El estado policial es fundamental para que un gobierno pueda oprimir libremente. La oligarquía de nuestros días, en cambio, se asemeja más a los señores feudales de la Edad Media. Es menos selecta y está basada en el dinero. Ellos, los privilegiados, pueden hacer casi todo lo que les plazca. Roban, estafan, maltratan a sus mujeres, consumen cocaína y hasta trafican con ella. Efectúan asesinatos en masa, con el descaro de quien no tiene escrúpulos y el respaldo de una legalidad dudosa. Pues, me digan lo que me digan, todas las guerras son un asesinato a sangre fría. Ministros, jueces y fiscales, dueños de equipos de fútbol, empresarios y banqueros, sacerdotes, cardenales y obispos son los que conforman hoy por hoy nuestra insigne aristocracia. Las leyes, se quiera o no admitir, son diferentes para ellos. Si un camarero roba o mata, se quedará de por vida en el penal. Si lo hace un aristócrata, tiene dos o tres años de prisión preventiva y una vida de libertades. Y que me expliquen qué significa eso de la prisión preventiva, porque: ¿qué prevé? Al cabo, desde su celda de lujo seguirá estafando o trapicheando con kilos de coca, cuya propiedad endilgará a un muerto de hambre que nada tiene que ver y que, en otro alarde eufemístico, se le denomina testaferro. Un poco más arriba, en este escalafón, se asienta el rex. La marioneta. Una especie de florero de mal gusto que apenas da imagen y presencia, pero nada más. La mayor parte de las veces, ni eso. Es la excusa para sostener y mantener un sistema que no tiene lógica; se le puede llamar Primer Ministro, Rey, Presidente de la República (o de los Estados Federados). Es quien da la cara y cree, con una convicción que casi da risa (o pena, según se mire), que en sus manos está el poder. La marioneta es quien manda tropas a la guerra, el que declara la paz, el que ratifica las leyes y el que se erige como jefe supremo del Estado. Camina con la seguridad que le ofrece su puesto y su dinero, sin darse cuenta de que en la sombra están los que realmente abarcan el poder, los que hacen las normas, los que establecen qué es lo bueno y qué es lo malo... Los que en realidad, y como se diría vulgarmente manejan el cotarro: Las Multinacionales.

Comentaris

Re: La Pirámide
07 ago 2003
Erratas:
No son "miles"; es milicia
¿Y la alternativa?
08 ago 2003
Modificat: 02:05:21
Vamos a pasar de tanta tonteria y tanto tenebrismo.La imagen de que da este garrulo de una inmensa clase media baja que no puede pagarse mas ocio que la television alienante es mentira y es una estupidez: mis amigos obreros se van de monte todos los fines de semana, hacen wind, tienen hondas VFR 800 para correr y en verano a Egipto por 2000 euros, crucero por el nilo incluido.El piso esta casi pagado y en cuanto hereden el de los viejos, el chalet.

Pero incluso aunque esto fuera cierto: ¿CUAL ES LA ALTERNATIVA? ¿Que ofreceis a cambio? ¿la economia planificada sovietica, donde un platano era un lujo? ¿los soviets como organizacion politica, bien controlados por los revolucionarios profesionales, para eliminar a los "fascistas"? ¿de que sirve denunciar las supuestas fallas de un sistema cuando no se tiene recambio? Cada vez que posteais una denuncia de estas os poneis en ridiculo ya que demostrais LA FALTA TOTAL DE UNA ALTERNATIVA

PD: diferencia entre esclavos e inmigrantes.Los segundos pueden volver a casa cuando quieran, nadie los ha secuestrado, nadie les ha pedido que vengan.En realidad se hace lo posible por evitar su llegada.
Re: ESO LA PUTA ALTERNATIVA
08 ago 2003
ESO NO SON CURRANTES, SINO MARICONES QUE LE VA LA MARCHA MODERNA. ¿ESA ES LA ALTERNATIVA QUE PROPONEIS LOS CERDOS TERRORISTAS?. PUES VAYA UNA MIERDA DE VACACIONES EN LA QUE NO HAY VINO NI MARISCO, NI CERVEZA FRIA. MUCHA TONTERIA TIENES ENCIMA DANDO ESAS ALTERNATIVAS. VAYA UNA MIERDA. A VER SI TENEMOS SUERTE Y TE ATROPELLA ALGUNO DE TUS AMIGOS OBREROS CON LA HONDA O LA TABLA DE WIND. ¡PAYASOS GARRULOS DE MIERDA, YA SABES POR DONDE TE PUEDES METER ESE PLATANO DE LUJO!
Re: EL PUTO MARISCO
08 ago 2003
JODER RACIONAL, PERDONA TRONCO, NO SE QUE ME HA PASADO, DEBIO SER EL PUTO MARISCO QUE ESTARIA PASADO DE CHAPAPOTE O QUIZAS ESTE VINO DE TERRORISTAS DE LA RIOJA QUE NE HA ENAJENAO Y NO ME HE DADO CUENTA DE QUE ERAS TU. DEJA QUE ESTO LO ARREGLO AHORA MISMO.
VENGA YA JODIDOS TERRORISTAS RESPONDER A MI AMIGO Y CAMARADA RACIONAL ME CAGO EN EL PNV, ¿CUAL ES LA ALTERNATIVA?. SOIS BASURA QUE NO TENEIS RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS INTELIGENTES Y YA LA GENTE SE VA DANDO CUENTA DE QUE NO TENEIS NI PUTA IDEA QUE SOLO RAJAIS POR ESA BOQUITA QUE UN DIA DE ESTOS OS VOY A PARTIR. JODEROS CABRONES QUE YO ESTOY DE VACACIONES, BRONCEANDOME CON LA PANTALLA DEL ORDENADOR, MIENTRAS VOSOTROS ESTAIS AHI ENECRRADOS EN UN TALEGO TOMANDO EL SOL DE LAS REJAS.
NO TENEIS NI PUTA IDEA, NO SABEIS QUE LA DIFERENCIA ENTRE UN INMIGRANTE Y UN ESCLAVO ES QUE EL INMIGRANTE SE PUEDE IR CUANDO QUIERA Y EL ESCLAVO TAMBIEN, AHORA QUE AMBOS SE ATENGAN A LAS CONSECUENCIAS PORQUE NADIE LES HA PEDIDO QUE VENGAN Y SI OS GUSTAN TANTO LOS ESCLAVOS Y LOS INMIGRANTES, IROS CON ELLOS A SU PUTA PATRIA, A VER SI ALLI APRENDEIS LO BIEN QUE SE VIVE EN ESPAÃA JODIDOS ROJOS DE MIERDA. MAS WIND SURFIN Y MENOS TONTERÃ?AS EN LA CABEZA, CACHO MARICONES DE PLAYA QUE SOLO HACEIS QUE TOMAR EL SOL.
A TUS ORDENES RACIONAL Y ARRIBA ESPAGGGGHÃA
BUEN SERVICIO Y CUANDO QUIERAS, QUEDAMOS Y NOS HACEMOS UNAS PAJILLAS.
Sindicat