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El Abismo (III)
31 jul 2003
No es una crisis económica con la que nos enfrentamos. Es una crisis social y una batalla política.
EL ABISMO ( y III)
(El Abismo entre la sociedad constructora y el poder depredador)


(...)â?La Ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la Ciencia provee los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y âsi estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos- son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semiinconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad (...) El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario procura proteger su propia existencia y la de los que estén mas cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales .Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida.

Solamente la existencia de estos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad.

Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento.

El concepto abstracto âsociedadâ? significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores .El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por sí mismo: pero él depende tanto de la sociedad âen su existencia física, intelectual y emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la âsociedadâ? la que provee al hombre de alimento, de hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra âsociedadâ?. (Notas autobiográficas de Albert Einstein, 1949).


INTRODUCCIÃN

El conocimiento humano no fue nunca inculcado o impuesto a las sociedades humanas. Ni tampoco ninguna sociedad humana, de antemano, lo rechazó. Como fruto de un trabajo social colectivo determinado solamente por una cualidad intrínseca del ser pensante y sintiente fue adoptado y puesto en práctica por el conjunto de la sociedad de manera natural, paulatina y, como dice Einstein, de forma semiinconsciente. Este ha sido el proceso natural de desarrollo de las sociedades humanas.

Mas allá de cualquier forma de dominación (de las formas de su apropiación), o de los fines hacia dónde fueron dirigidos (fines deleznables o vitales y vigorosos), el conocimiento humano ha sido el motor de nuestra Historia.

En sí mismo, el conocimiento humano, nunca ha estado concebido ni mucho menos como un âfracasoâ?. Nuevos conocimientos han sido superadores de los anteriores y a su vez se han visto constantemente aventajados por otros. Su progresión ha sido constante e interrumpida. Poner en duda esta cuestión sería absurdo. Además, como tal fuerza social colectiva nunca ningún individuo o grupo humano ha podido detener su progresión. Lo que alcanzamos a conocer siempre intentamos que trascienda en la esfera de su utilización práctica en beneficio de nuestro bienestar colectivo. O también en beneficio privado si su apropiación es privada.

En sí mismo, el conocimiento humano, nunca ha fracasado, pero si ha hecho fracasar âsistemas de organización socialâ? que eran un terrible freno para su desarrollo y aplicación.

La organización (política y económica) de la sociedad feudal se resquebrajó y se vino abajo por que era incapaz de adaptar y llevar a la práctica los nuevos descubrimientos que durante largos años anteriores gestó en su seno la sociedad constructora. Implacablemente el conocimiento humano se abrió paso en los primarios centros del saber, en los talleres artesanales, en los laboratorios de investigación, ... Nada pudo detener los nuevos estudios sobre botánica, zoología, anatomía, farmacia, química, matemáticas, astronomía,... Nada pudo detener que la sociedad constructora adoptara con facilidad los nuevos saberes que en todos los órdenes hombres investigadores como Descartes, Newton, Boyle, Lavoisier, Fahrenheit, Volta, Linneo,... alcanzaron y les propusieron. Es evidente que la máquina de vapor relegó a los remeros. El ferrocarril a las diligencias. La imprenta a los pergaminos. El convertidor Bessemer a las antiguas fundiciones. La medicina a los curanderos. La Spinning Jenny a las hilanderas. Las entidades financieras a los usureros... y el trabajo colectivo en los talleres al trabajo servil individual y aislado.

La crisis política zarandeó al poder feudal hasta su derrumbe. La nueva sociedad que emergía no podía afianzarse sin desmoronar los viejos poderes sustentados en la propiedad sobre los fundamentales medios de producción de la vieja sociedad (la tierra). La nueva sociedad debería derimir en manos de quien estarían los nuevos medios de producción que imparablemente se utilizaban y aplicaban.

Esta nueva manera de producir que en la práctica impuso la sociedad constructora no podía dejar de afianzarse y de vencer también en la esfera política. En la esfera del poder.

Entonces, sin duda alguna no estuvo en discusión si los nuevos conocimientos científicos podían o no ser aplicados (aunque las antiguas fuerzas reaccionarias pusieron siempre énfasis en la moralidad y la ética en la aplicación de los nuevos conocimientos ¡hasta viajar en ferrocarril era considerado pecaminoso¡) sino únicamente qué sector social se elegiría como su apropiadora. En esta lucha por el poder político venció la burguesía. La sociedad constructora cedió, por la fuerza, a la burguesía el liderazgo de la nueva sociedad. En sus manos ha estado la decisión soberana de en qué dirección y en qué finalidad debería usarse el conocimiento científico.

De la misma manera que el poder feudal impuso que la explotación de la tierra se realizaría de forma servil , el poder burgués obligó que la producción fabril se hiciera bajo forma asalariada.

Esta claro que la dirección y los fines de su aplicación no han sido ni mucho menos vigorosos y vitales sino mezquinos y deleznables. El beneficio privado de la burguesía se ha impuesto sobre el beneficio colectivo, hasta el punto que los poderes depredadores han constreñido de tal manera a la sociedad constructora hasta llegarla a esclerotizar. Una gran parte de la población mundial está hoy absolutamente marginada del progreso social y en el camino de un irreversible proceso de carencias y de barbarie.


CRISIS ECONOMICA O CRISIS POLÃ?TICA.

K. Marx no puso nunca en duda que estas inmensas fuerzas productivas se crearon en el seno de la sociedad feudal y que burguesía y proletariado se formaron en ella. Ni tampoco que bajo su dominio de clase, la burguesía fue capaz de desarrollar las mas numerosas y colosales fuerzas adormecidas en el viejo mundo feudal. Marx no pudo prever hasta que punto la sociedad burguesa sería capaz de desarrollarlas, solamente anticipó sus límites... allá en donde el inmenso potencial de la sociedad constructora que se engendraría chocaría con las mismas leyes del mundo burgués. Estos límites ya han sido alcanzados.

Nuevamente, podría parecer que una nueva manera de producir (ya alcanzada por la sociedad constructora) se enfrenta con una vieja manera de producir. Nuevamente podría parecer que la aplicación de nuevos conocimientos científicos en todos los campos del saber se enfrentan a otros ya superados por la Historia. Es evidente que el torno robotizado relega al mecánico. El teléfono móvil a la telefonía por cable. El correo electrónico al postal. La bioquímica a la medicina. Las piscifactorías a la pesca de arrastre. Los cultivos hidropónicos a la arada. La electrónica, la informática, la biotecnología, la genética... deja años luz antiguos conocimientos. El trabajo creador relega a un segundo plano al trabajo forzado en su forma asalariada. El Capital-dinero empequeñece ante la enorme fuerza del Capital-conocimientos.

No existe en realidad tal enfrentamiento. En términos de eficacia podríamos decir que las viejas formas de producir (los antiguos métodos y las viejas herramientas) tienen de antemano la batalla perdida por mucho que se esfuercen los primitivistas, los pseudonaturalistas, los speudoecologistas, las mafias sindicales, los religiososmoralistas o los que retrógradamente creen que más de seis mil millones de seres humanos podemos sobrevivir paseándonos idílicamente a caballo, a la luz de la luna, por los vírgenes parajes de la selva colombiana. La Humanidad no desechará los inmensos beneficios que le pueden aportar los nuevos avances de la Ciencia.

Ahora tampoco puede estar en discusión si estos nuevos conocimientos pueden o no pueden ser aplicados. En la práctica la sociedad los está aplicando constantemente. Tampoco si leyes morales o éticas pueden impedir que la sociedad constructora las adopte y las aplique. No está en discusión si Ciencia si o Ciencia no. Sería absurdo.

Lo que esta nuevamente en discusión ( y en la práctica en enfrentamiento) es qué sector social será el apropiador de este inmenso Patrimonio. Y por lo tanto quien va a decidir en que dirección, en que finalidad y en beneficio de quien (privado o colectivo) se aplicará. El enfrentamiento se sitúa plenamente en el plano político. En la lucha por el poder.


PRODUCCIÃN Y DISTRIBUCIÃN

Cuando los economicistas políticos se refieren a la crisis del modo de producción capitalista confunden erróneamente dos fenómenos interrelacionados pero distintos de un modo de producción. Lo que podríamos llamar en sí mismo modo producción (o manera de producir) y la forma de distribuir lo que se produce.

La primera, la producción, viene exclusivamente determinada por los medios y conocimientos técnicos aplicados para realizarla. Es el resultado historico de una acumulación de conocimientos, cuya aplicación práctica, genera en cada epoca concreta unas determinadas relaciones de producción. Es de carácter simplemente técnico o tecnológico. Tal o cual herramienta determina, en sí misma, la manera de usarla. De las primeras máquinas de hilar se crearon las hilanderas. Cualquier avance tecnológico de la sociedad constructora determina la manera en que este debe ser aplicado. La cuestión de la propiedad de este medio de producción en cuanto a su forma de aplicación, es intrascendente. (No lo es en cuanto a la decisión de qué es lo que se produce y para quien).

La segunda, la Distribución, es exclusivamente de carácter político. Es aquí donde la apropiación (la propiedad sobre los medios de producción y sobre el resultado de la producción) adquiere un carácter de poder decisorio y soberano.

Es por esto que no podemos afirmar que exista en la sociedad capitalista una grave crisis de producción, es decir, que la sociedad no haya alcanzado una manera de producir altamente eficaz.. La sociedad capitalista produce y puede producir (tecnológicamente esta capacitada para hacerlo), enormes cantidades de mercancías, toneladas de alimentos, vacunas, compuestos químicos, medios de transporte y de comunicación, etc. En los grandes almacenes repletos de abundantes mercancías termina su ciclo verdaderamente productivo y enormemente eficaz. Y cada vez más productivo y más enormemente eficaz pues el tiempo y el trabajo necesario para producirlas se acorta cada día con más celeridad.

En los almacenes termina su triunfo y empieza su verdadera catástrofe. La mercancía debe transformarse en mercancía-dinero y cambiarse por dinero para volver a engrosar las arcas del Capital. Este círculo es cada vez más irrealizable por cuanto el único dinero posible para el consumidor es el obtenido por la remuneración del trabajo asalariado. Y este es tan escaso y tan degradado (por la propia sustitución del trabajo vivo por nuevos ingenios tecnológicos) que este circuito es cada vez mas difícil de completar. La muerte del trabajo forzado en su forma asalariada es la muerte del Capital.

Mientras que la creación de grandes riquezas tiende a independizarse del tiempo y del trabajo necesario para fabricarlas, el Capital insiste en seguir midiendo este tiempo y este trabajo en forma de salario. En realidad estas gigantescas fuerzas productivas ya no pueden ser ni medidas, ni compradas, ni vendidas, como una mercancía.

Mientras que la suma de conocimientos alcanzada por la sociedad conduce a grandes éxitos en el terreno de la producción, no sucede asi en cuanto a la distribución de los bienes producidos. Esta sociedad es portadora de un gran fracaso en cuanto al disfrute general de la riqueza producida. Nunca el abismo fue tan grande entre la capacidad de producción y los beneficios sociales de la producción. Nunca fue tan grande el abismo entre las necesidades de la sociedad constructora (la defensa de mas libertad de creación, de más innovaciones, de mas investigación, de mas capacidad de transformación ... para poderse beneficiar colectivamente de sus beneficios) y el poder depredador (solo ansioso de su apropiación para el beneficio privado).

Todo el mundo sabe que esta inmensa fuerza creadora no se detendrá. Todo el mundo sabe que nuevas y complejas máquinas sustituirán al peonaje. Todo el mundo sabe que la perpetuación del empleo asalariado es una quimera. Todo el mundo sabe que solamente el cambio de propiedad (de privada a colectiva) puede asegurar que sea la sociedad constructora la que lidere la sociedad futura en donde hombres libres por primera vez no sujetos a ningún tipo de poder depredador (ningún tipo de propiedad) continúen su proceso social creador y transformador. Los que quieran oponerse a este proceso natural de la sociedad constructura bien oponiéndose a las innovaciones científicas, bien intentando conservar la condición asalariada, bien no situando la cuestión de la propiedad privada como el eje central de la confrontación... fracasarán.

No es una crisis económica con la que nos enfrentamos. Es una crisis social y una batalla política. Dos poderes abismales enfrentados: el de la sociedad constructora y el del poder depredador. En el centro de su confrontación únicamente se dirimen dos formas de propiedad: la colectiva o la privada.

Este es el abismo y esta es la única batalla.

Josep julio 2003

(Otros escritos en http://www.enxarxa.com/G3)
Sindicat Terrassa