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Anàlisi :: globalització neoliberal
La esperanza naxalita para los oprimidos del mundo
16 set 2015
PARTE III, La “Mayor Democracia del Mundo”
Eslogan que la burguesía internacional se esmera en posicionar en la mente de la clase media de la India y en la opinión mundial (principalmente de occidente). La India suena por los medios como el país con el desarrollo más envidiable del planeta o como la “India democrática”, contrapeso de la China autoritaria gobernada por el “comunismo”. Un símbolo de ese “desarrollo envidiable” es la industria cinematográfica de Bollywood, que copia de Hollywood hasta el nombre (sin desmerecer al cine indio que tiene productores y artistas muy talentosos). En efecto, dentro de los estereotipos de la “gente bien” la India camina hacia la modernidad, símbolos de esa “modernidad” son las zonas privilegiadas de las ciudades como Nueva Delhi o Bombay, donde la pequeña y mediana burguesía consume hamburguesas y pizzas como en cualquier cafetería de occidente porque se niegan a comer la comida ladaquí o beber el tradicional té con mantequilla, porque prefieren la Coca Cola, compran ropa en las tiendas Versace o Mango, los relojes en Cartier, hablan inglés, se pasean con sus coches de lujo (ellos no utilizan el tren ni los masificados y casi imposibles medios de transporte públicos) o en sus motos de gran cilindrada y muestran sus celulares de ultimísima generación mientras, condescendientemente, lanzan una moneda a quien hace unas gracias en la acera con piruetas o cualquier tipo de actuación para poder comer algo ese día.

En esa condición viven solo 250 millones de personas, es decir el 23% de la población india (el total de la población es de 1100 millones). El 77% de la población (850 millones) es pobre y vulnerable y tiene una capacidad de consumo de 20 rupias por día (0,50 dólares). El 22% del total de la población india (242 millones) vive en la miseria más espantosa. Dentro de la “mayor democracia del mundo”, en las zonas rurales donde la revolución naxalita aun no tiene presencia, sobrevive el régimen de castas, la servidumbre feudal y la clase terrateniente. Los dalits y adivasis son considerados dentro de ese precario sistema como seres inferiores, sirvientes de la clase feudal en el campo o de la clase burguesa en las ciudades. La tradición religiosa hindú que pesa sobre la conciencia de las “castas inferiores”, sobretodo en el campo, hace que hasta rindan veneración al patrón y lo saluden haciendo reverencias a cada paso, ellos son los “bendecidos por los dioses” y la miseria de los sirvientes es el “castigo por sus pecados en la vida anterior”.

La india es una sociedad donde la clase terrateniente y la burguesía india administran el poder recibiendo órdenes de la burguesía internacional. Existe en el campo un régimen feudal y en la ciudad un capitalismo impulsado por el imperialismo que en volúmenes no aparenta ser incipiente, pero las relaciones laborales son de las más serviles. La sociedad india es una sociedad semifeudal y semicolonial. Semifeudal porque existe el poder feudal conviviendo y enlazado con la burguesía nacionalista y el imperialismo. Semicolonial porque es la burguesía extranjera (principalmente inglesa, norteamericana y judía) la que domina la economía y por ende la política. A menudo los medios lacayos de las clases dominantes lanzan por todos los medios la idea del crecimiento económico de la India (es decir la burguesía india y sus grandes empresas), pero no dicen que esa burguesía es subsidiaria del imperialismo, principalmente yanqui.

Actualmente ya es conocida la intolerancia religiosa que domina el panorama de la India. La religión hindú es el grupo religioso más poderoso e influyente en las instituciones indias. La policía nacional revela siempre su fervor fanático, llegando incluso a asesinar musulmanes que son las principales víctimas de las agresiones religiosas. Desde 2003, grupos fanáticos musulmanes vienen cometiendo una serie de atentados indiscriminados en las ciudades como producto de ese conflicto, pero parece que al Viejo Estado solo le preocupa que estos hechos no se difundan demasiado por el mundo, desde luego ello tiraría por los suelos la imagen de la “mayor democracia del mundo”. En efecto, hace años se da poca cobertura a los atentados religiosos contra el Islam, como la demolición de la mezquita de Babri en Ayodhya (Uttar Pradesh), en 1992, lo que provocó una revuelta que terminó con 900 muertos, donde los responsables policiales de la matanza fueron ascendidos y ni un solo responsable político dimitió. En 2002, en Gujarat, tuvo lugar una matanza de más de 2,000 musulmanes, pero como era de esperarse los musulmanes fueron tratados como ciudadanos de última clase, pues pertenecen a una minoría religiosa de solo 160 millones de devotos. Los cristianos (católicos y no católicos) no son producto de agresiones y matanzas religiosas, pero si existe una gran división con los religiosos hindúes. El cristianismo fue estratégicamente impulsado en la India por el imperialismo y el Vaticano (vía Teresa de Calcuta) para favorecer la difusión de algunos de los dogmas más reaccionarios del catolicismo como el de no usar preservativos ni anticonceptivos y difundir la caridad en una de las zonas más miserables del mundo, producto de siglos de dominación inglesa y una sociedad india feudal y religiosamente hindú.

Hace poco, a fines de 2008, el Viejo Estado Indio firmó un acuerdo nuclear con el imperialismo yanqui y, dentro de esta órbita armamentista, ya existen acuerdos militares con la burguesía israelí. Todo ello ha provocado la ofensiva de radicales musulmanes que actualmente atentan contra cristianos e hindúes. En esos meses estremeció a la prensa de la clase burguesa los atentados en la ciudad de Bombay, donde esta vez las víctimas fueron pequeños y medianos burgueses. Pero era de esperarse una reacción de los musulmanes radicales ante estos acuerdos con los agresores del pueblo musulmán en Irak y Palestina.

A esta “democracia mayor del mundo” el Partido Comunista de la India (Maoísta) ha respondido desarrollando más lucha armada, juntando a las castas “inferiores” del sistema hindú, a diferentes religiones, campesinos, obreros y estudiantes (del proletariado, incluso de la pequeña y mediana burguesía) para tomar el cielo por asalto y liquidar el sistema de castas, las diferencias religiosas y las diferencias de clase. En esto el PCI(M) ha aceptado dentro del Ejercito Popular Guerrillero (EPG) a simpatizantes no marxistas (creyentes religiosos y no religiosos) que están dispuestos a dar la vida por la revolución; sin el materialismo y la dialéctica, reemplazada por aquella fe de los creyentes, pero en el partido que dirige la revolución. Estos guerrilleros merecen el mayor aprecio de los comunistas del mundo y es responsabilidad del partido reemplazar aquella fe por convicción y ciencia del proletariado.

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