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Anàlisi :: corrupció i poder
Corrupción en Madrid
28 jul 2003
La constitución del Gobierno de la Asamblea de Madrid ha puesto al descubierto la trama de corrupción y la relación entre la política âoficialâ? y las grandes operaciones inmobiliarias en la que están envueltos los bancos, las constructoras y un sinfín de pequeñas y grandes tramas pseudo-mafiosas que llegan a comprar diputados, pasearse a sus anchas por las sedes de los partidos, nombrar y destituir cargos en los ayuntamientosâ¦con la única finalidad de imponer sus planes multimillonarios
CORRUPCIÃN EN MADRID
por David Companyon


La constitución del Gobierno de la Asamblea de Madrid ha puesto al descubierto la trama de corrupción y la relación entre la política âoficialâ? y las grandes operaciones inmobiliarias en la que están envueltos los bancos, las constructoras y un sinfín de pequeñas y grandes tramas pseudo-mafiosas que llegan a comprar diputados, pasearse a sus anchas por las sedes de los partidos, nombrar y destituir cargos en los ayuntamientosâ¦con la única finalidad de imponer sus planes multimillonarios.


El caso Tamayo en la Asamblea de Madrid es, sin duda, un paso cualitativo en el âmundo de la corrupciónâ? política. Lo que ha pasado no es nuevo, pero nunca antes se había llegado tan lejos, al menos de una forma tan notoria y pública en Europa: La compra de dos diputados impide la constitución del gobierno escogido democráticamente, un gobierno de la coalición de izquierdas y obliga a repetir las elecciones tras una campaña de los medios de comunicación en manos de la derecha más conservadora y el PP que no reconoce los resultados y agita el âfantasma del frente popular⦠de la coalición social-comunistaâ?. Primer objetivo: impedir que Izquierda Unida entrase en el gobierno regional asumiendo la conserjería de Urbanismo y Vivienda, para la cual los corruptores tenían, seguro, comprados a los diputados correspondientes en el PP o en el PSOE como se ha visto. Segundo objetivo: que el gobierno de derechas pueda tener una segunda oportunidad de ganar y, de paso, seguir defendiendo los intereses de esa minoría que tiene secuestrada la voluntad popular.

Hasta ahora los episodios de corrupción, las tramas e incluso la creación de partidos (como el GIL) nacidos con el único afán de controlar el mercado inmobiliario se habían circunscrito al ámbito municipal. Los dos exdiputados del PSOE, a sueldo de una trama de intereses especulativos con beneficios multimillonarios, han puesto sobre la mesa la realidad de la política madrileña, esa que vive tan cerca del poder de la Moncloa y de la Zarzuela. Trama de la que será difícil saber la verdad vista la actitud del Fiscal General del Estado, dependiente del gobierno del PP y que a la vez es uno de los máximos responsables del Opus Dei en España, organización integrista católica a la que pertenecen algunos de los especuladores inmobiliarios de la trama.
No es un problema de honradez personal. Como escribía Marx âlos hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, bajo circunstancias elegidas por ellos mismosâ¦â? . Tamayo y Sáez sólo han sido los instrumentos, han sido ellos con sus circunstancias y ambiciones, pero sino hubieran sido otros quienes hubiesen ocupado sus escaños. Por importante que sea la honradez y la ética, sobretodo para la izquierda que quiere que otro mundo sea posible, no podemos perder de vista que quienes sólo subrayan esta cuestión nos quieren hacer perder de vista que este episodio sainetesco, esta farsa, es un episodio de la lucha de clases, más o menos claro, que tiene por un lado a los corruptores y a los beneficiarios de este âgolpe de estado en los pasillosâ?, el Partido Popular y por otro el voto mayoritario a un gobierno de izquierdas que había anunciado, como parte del programa de gobierno, frenar la especulación del suelo.
La corrupción en la globalización
Esta trama de capitalistas representa a esa parte del régimen (instalado básicamente en el PP, pero también el PSOE como se ha visto con la âcorriente renovadores por la baseâ?) que no se somete a ningún mecanismo de control democrático y esa corrupción es la que representa el nuevo neoliberalismo, la globalización, la del poder económico-financiero y especulativo que ha hecho caer al gobierno de izquierdas de Madrid con el fin de no someterse a ningún control democrático (por débil que sea). Lo que ha pasado en Madrid sucede cada día en los ministerios y parlamentos de todo el mundo donde las multinacionales compran leyes a âsu imagen y semejanzaâ? o impiden o sabotean con reglamentos imposibles las que las condicionan âmás allá de lo tolerable por ellasâ?, todo ello sin que se note o se sepa (para eso ya tienen a sueldo a los directores de los medios de comunicación). Lo diferente ha sido el sainete, la compra pública en medio del mercado y retransmitido como un show más de la tele-basuraâ¦.sólo han faltado los personajes de Hotel Glam en la habitación pagada por el constructor donde se refugiaron los dos diputados corruptos.
Tal vez forzando a Marx podríamos decir que para esa trama de especulación e intereses inmobiliarios conectada con el poder, un diputado (o un concejal) es una mercancía, como lo es el suelo con el que especular o la vivienda a construir. Marx escribía que âla forma equivalente de una mercancía es la forma de su posibilidad directa de cambio por otra mercancíaâ?. Tamayo y Sáez son la mercancía necesaria con la que esa trama ha secuestrado otra mercancía: la voluntad popular, una mercancía a la que se puede acceder comprando personas, partidos o diputados. Pero si hay mercancía ha de haber un valor y un precio. El valor de la âvoluntad popular-mercancíaâ? es directamente proporcional a la plusvalía inmobiliaria que piensan conseguir de los planes urbanísticos, de reparcelaciones, de cambios de calificación urbanísticaâ¦valoradas -según las informaciones periodísticas- en más de mil millones de eurosâ¦muy barato les ha salido el precio de comprar una mercancía llamada Tamayo y Sáez.
La corrupción forma parte de la política económica como un âmal necesarioâ?, tanto en el sector privado (recordemos los escándalos de las auditorias como el de ENRON), como en el público donde el mercado depende de las decisiones del poder político (que a su vez dependen de una estructura de partidos cerrada y clientelar como pasa en el PP, PSOE, CiU, PNVâ¦) y que decide una parte importante del negocio de las multinacionales y los bancos: infraestructuras públicas, suministros públicos, urbanismo y vivienda, energía, transporte, telecomunicaciones, etc. El auge de la corrupción va precisamente asociado a las políticas neoliberales que han sustituido la gestión política directa por la creación de "mercados paralelos" gestionados supuestos profesionales âno políticosâ?: subcontratas, empresas colaboradoras, concesiones, regulacionesâ¦siempre ligadas a las grandes corporaciones bien directamente, bien con nombre interpuesto. Discutir de corrupción es discutir sobre otra forma de política económica y neoliberalismo. La próxima reunión de la Organización Mundial del Comercio en Cancún donde se los gobiernos quieren imponer la privatización de los servicios públicos básicos para la población mundial serán la antesala de nuevas corrupciones, pues la dictadura económica de los grandes trust, la globalización, no reconoce ningún control.
El papel motor que en la economía europea juega la construcción es indudable, pero en España tiene unas características especiales ligadas al desarrollismo de los sesenta y al sector turístico. Es un sector en el que sin entender la âSanta Alianzaâ? entre el régimen, la banca y la construcción es imposible entender operaciones como el Plan Hidrológico Nacional. El descenso del precio del dinero ha sido paralelo al encarecimiento de la vivienda lo que ha permitido a la banca mantener y aumentar sus beneficios respecto a cuando el precio del dinero estaba en el 13-15%. Las hipotecas, ahora ya a 35 años, convierten a la población en ficticios propietarios en busca de una estabilidad laboral y necesariamente los vuelve âconservadoresâ? en las relaciones sociales y familiares ante la necesidad de seguir pagando la hipoteca para no perderlo todo, por eso la ausencia de una política social respecto al alquiler es todo un programa político: lo primero que hizo el PP al llegar al poder fue retirar las ayudas fiscales al alquiler para aumentar las de la compra de la vivienda, profundizó una política anti-social que empezó el PSOE con Solbes como ministro (ahora comisario en Bruselas y partidario de los recortes sociales en Francia y Alemania) de la mano de Convergencia i Unió.
Sólo con la llegada de los primeros ayuntamientos democráticos, básicamente los gobernados por la izquierda se intentó poner frenar la especulación que había creado los grandes barrios marginales de los setenta y racionalizar el urbanismo en beneficio de la mayoría de la población. Las sucesivas crisis, especialmente la del 93, permitieron que la construcción fuera uno de los sectores sobre los que se basó la recuperación y el sector recuperó su capacidad de presión política al ser uno de los factores de desarrollo pasando a representar el 15% del PIB y haber creado casi un millón de puestos de trabajo contribuyendo así al âéxito económico del PPâ? que en parte explica los resultados electorales del partido de Aznar y haberse mantenido pese al rechazo masivo a su política belicista de apoyo a Bush.
LOS LAZOS DE LA CLASE DIRIGENTE
Es innegable, tanto en los métodos como incluso en los nombres de la âclase dirigenteâ?, que hay una línea que nos conduce de la especulación y corrupción de los años sesenta a la actual. Un repaso a los consejos de administración de las grandes constructoras nos deja un hilo conductor de sus conexiones con el PP. Por poner sólo dos ejemplos ACS, la empresa de Florentino Pérez (con su proyecto político de españolización futbolística -tan bien mejorado de la época franquista- a base de convertir al Real Madrid en el espejo de la españa que va bien y cuajado tras el âpelotazoâ? de la ciudad deportiva hecho con el beneplácito del ayuntamiento de Madrid gobernado por el PP que pagó con dinero público un precio desorbitado contribuyendo así a aumentar la especulación del suelo) tiene como socio principal a la familia March la cual financió a Franco el golpe de Estado; Ferrovial, se creó en los años sesenta para ejecutar obra pública, cuando el Opus Dei accedía al poder y su propietario, Rafael del Pino, tenía a su primo López de Letona en el Gobierno. Pero por debajo de estos hay una enorme "clase media" de promotores, actuando a escala local, autonómica, con conexiones directas con sus respectivos poderes públicos y beneficiarios directos de políticas locales. Todos bien conectados con la banca y las cajas de ahorros, los grandes beneficiarios del negocio (los créditos hipotecarios son, en todo el mundo, los más rentables y donde menos morosos hay).
La corrupción forma parte del âsistema de producción capitalistaâ?, forma parte de la estructura social y des de la izquierda transformadora, revolucionaria, no podemos oponernos a ella con frases como âhonradez y transparenciaâ?. No sólo hay que demostrar que hay otra forma de hacer política, hay que tomar medidas reales contra la base social de la corrupción y eso empieza por políticas de reordenación del territorio, de planes de urbanización, de entender la vivienda como un bien social, como un derecho universal como la sanidad o la enseñanza y por tanto, el poder político ha de garantizarlo con planes masivos de vivienda social de alquiler, con una nueva tipología constructiva bioclimatica respetuosa con el medio ambiente, con políticas fiscales que incentiven el alquiler y graven la compra. Hay que eliminar las vías por las cuales la corrupción se reproduce en el sistema y eso, como demuestra el âgolpe de estadoâ? en la Asamblea de Madrid, no será fácil, tendremos delante al núcleo duro de la clase dominante, el mismo que ha secuestrado también la voluntad popular en Euskadi negando al 20% de la población vasca poder ejercer su derecho a votar a AuB.
El âpucherazoâ? de Madrid forma parte de la lucha por el poder del sector más reaccionario de la sociedad española, esa que formó, hasta en sus vínculos familiares, con el franquismo, y como todas luchas ââ¦no son, en realidad, sino la expresión más o menos clara de luchas entre clases socialesâ¦y los choques entre esas clases están condicionados a su vez por el grado de desarrollo de si situación económica, por el modo de producción y su cambio, condicionado por ésta.â? . Tamayo y Sáez son el producto de las necesidades del capital especulativo, son el reflejo de cómo la economía financiera supera, en la política economía del PP, a la economía productiva que es la que crea riqueza, son la mercancía de intercambio para secuestrar la voluntad popularâ¦y ante ello no podemos ser neutrales, ni cobardes. Hay que buscar las causas, pero también habrá que luchar para derrotar de nuevo al PP.
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